
Artículo de divulgación
Elementos de la elegía erótica en la poesía inicial de Ramón López Velarde
Éder Élber Fabián Pérez
Universidad Autónoma Metropolitana - Iztapalapa
edervanfabian@gmail.com
https://orcid.org/0009-0002-3371-1717
Introducción
Como indicaba Italo Calvino, un clásico es aquella obra que “nunca termina de decir lo que tiene que decir” (7). Esto, sin lugar a dudas, es lo que ocurre con la obra de Ramón López Velarde. A pesar de las múltiples lecturas e investigaciones de los estudiosos en torno a la vida y obra del jerezano, aún existen zonas enigmáticas por descubrir. El presente ensayo pretende ser una aproximación a la obra poética de López Velarde, con especial atención sobre un tema poco atendido por la crítica: los elementos de elegía erótica dentro de su poesía. Intento señalar la manera en que López Velarde, en más de una ocasión, recurrió a tales elementos (fuera o no consciente de ello) en sus poemas.
La elegía erótica y sus principales componentes
Antes de explorar los vínculos existentes es necesario que se exponga, grosso modo, las características más relevantes de la elegía erótica. Comencemos con un rasgo que es de gran importancia para comprender la diferencia entre esta y la elegía funeral. Mientras que en la segunda se llora o se lamenta por la muerte de un ser cercano o amado, en la elegía erótica la temática no es otra que la lamentación amorosa. Sin embargo, como indica Paul Veyne existen otros conceptos que la hacen única; primeramente, la protagonista o heroína a la que se le canta ya no es una dama noble como lo fueron Laura y Beatriz para Petrarca y Dante, respectivamente, sino que se trata de damas “irregulares”, es decir, “aquellas con quienes uno no se casa” (Veyne: 8). Este es quizá uno de los elementos centrales, ya que el poeta puede desear casi todo con su dama menos casarse, pues sería una falta de delicadeza. El segundo concepto es que el poeta no enmascara su personalidad: asume consciente lo que implica este amor, expresa su pasión, “nos confía sus sufrimientos y recorre todo el camino real del corazón humano” (id.).
La tercera característica es el humor, en particular el humor irónico; sin embargo, como indica el propio Veyne: “Tranquilícese el lector; la ironía elegiaca suele ser más sutil que esos juegos de segundo grado” (10); es decir, en la elegía erótica existe un refinado sentido del humor al grado que, como estrategia central, se elaboran juegos con los nombres de las heroínas, provocando confusión entre los referentes onomásticos y otras connotaciones dentro del poema. Existe un punto clave para entender la importancia del humor en la elegía erótica, y es que, cuando este desaparece, en su lugar surge un sentimiento de melancolía y con ello aparece otra característica: los cambios de tono.
Estas transiciones de tono tratan, ante todo, de buscar variedad en el poema. De ahí que estas transformaciones son señaladas como: “un montaje de citas y de gritos del corazón” (11). Otro rasgo es la extrañeza, por medio de la cual se nos ofrecen “efectos poderosos de claroscuros y con ese aire tan extraño que es verdaderamente bello” (12).
Aunque la lista de elementos podría prolongarse es pertinente señalar un rasgo más, que, aunque pareciera baladí, representa un eje central en la elegía erótica: el carácter ficcional, pues por este el poeta puede crear un mundo que sólo él conoce, o bien retomar fantasías de diversos tipos, como hizo Propercio, con el objetivo de aludir a mundos bucólicos o espacios mitológicos.
La sangre devota y erótica de López Velarde
Como bien se sabe, a Ramón López Velarde se le conoce con muchos calificativos: poeta pueblerino, poeta posmodernista, poeta criollista, poeta vanguardista y en general, el "poeta nacional", o el más nacional de nuestros poetas. Esto se debe a que la crítica de su tiempo le concedió este título gracias a su poema La suave patria (1921);
no obstante, durante las últimas décadas los investigadores han redescubierto a un poeta cosmopolita, sensual, provocativo, contrastante, etc.
Estas etiquetas y muchas más hacen que nos preguntemos ¿Desde qué punto podemos leer y analizar la obra de Ramón López Velarde? A mi juicio, es necesario retomar al poeta amoroso, erótico y, por ende, pasional. Aquel que veía, a decir de José Emilio Pacheco, a la amada con su niñez perdida. De igual forma, me parece relevante rescatar al poemario La sangre devota (1916) de aquel estigma impuesto por Allen W. Phillips, que lo consideraba una obra con poemas “ingenuos y de calidad inferior” (Phillips: 127). En contraste, me sitúo con Blanca Rodríguez, quien reconoce “el cuidado constante de la forma, correspondiente también, a la tónica de sus versos iniciales y los de su primer libro, La sangre devota, publicado en 1916” (Rodríguez: 21).
Como indica Evodio Escalante:
La sangre devota cumple con lo que ofrece. Más allá de la evocación de la provincia y del elogio de las mujeres pueblerinas […] el libro puede leerse como el recuento de una vida de un poeta en formación, desde los primeros escarceos del Seminario de provincia, hasta las tentaciones que ofrece la vida adulta en la capital del país” (Escalante: 6).
De esta forma, el poemario de Velarde se muestra como una obra que, si bien evidencia a un poeta joven, termina mostrándonos la destreza del vate zacatecano a la hora de expresar sus amores. Octavio Paz señalaba como uno de los temas centrales de este libro (y otros) el amor; sentimiento contradictorio, complejo y que “[e]ncarna los placeres ingenuos, pero no inocentes de la adolescencia” (Paz: 93). Placeres que se convertirán en fantasías, en ensoñaciones y en paraísos donde convive el poeta y su amada Fuensanta.

Original manuscrito del poema dedicado a Fuensanta, "Elogio a Fuensanta", compuesto alrededor de 1908 y recopilado en La sangre devota del poeta zacatecano (1916). Se desconoce el sitio de resguardo del material original..
Reproducción facsimilar tomada de https://www.poesi.as/rlv01014afoto.htm. Dominio público.
Sobre este amor no correspondido y la figura de Fuensanta se han escrito diversos ensayos. De entre ellos destaca la opinión de Blanca Rodríguez, quien al analizar la obra poética de Velarde entre 1908 y 1910 hace hincapié en el recuerdo de Fuensanta como una de las bases para la construcción de algunos de sus "poemas trascendentales": “Para entonces, la mitad de los poemas que integrarían La sangre devota ya se habían escrito entre 1908 y 1915, y la otra mitad brotaría en ese mismo 1915; los primeros estarían caracterizados por la presencia de Fuensanta, su amor de adolescencia” (Rodríguez: 28). Amor platónico y carnal, amor del que se desprenderían poemas fascinantes llenos de religiosidad y de carnalidad. El comentario de Rodríguez es doblemente importante ya que, por un lado, refuerza el ideal amoroso en la poesía de Velarde y, por el otro, nos indica un antecedente poético a considerar antes de analizar los poemas que conforman La sangre devota; sin lugar a dudas refiere a “Elogio a Fuensanta” (1908).
Los primeros poemas de Velarde como una iniciación a la elegía erótica
Antes de centrar nuestra atención en algunos de los poemas que constituyen La sangre devota es preciso señalar a “Elogio a Fuensanta”, como uno de los primeros poemas que evidencian el uso de la elegía erótica. En el poema aparece la primera mención a la novia “imaginaria y constante” Josefa de los Ríos. Centro mi atención en dos cuestiones; la primera es que López Velarde no llama a su dama por su nombre real, sino que, como los poetas clásicos latinos, le adjudica un nuevo nombre: Fuensanta. ¿Cuál es su significado? Paz proponía que, aunque se ignore, bien pudo haber provenido de un cuadro de Romero de Torres titulado Ángeles y Fuensanta.

Cuadro al que se hace alusión, de título idéntico al mencionado por Paz, autoría del pintor español Julio Romero de Torres (1874-1930). Compuesto aproximadamente en 1909.
Wikimedia Commons: https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:%C3%81ngeles_y_Fuensanta_by_Julio_Romero_de_Torres.JPG. Dominio público (según las leyes españolas de derechos de autor).
Hoy en día se conoce que el nombre proviene de origen latino y su significado no es otro que el compuesto ‘fuente’ ‘santa’ (fons sanctus). Es curioso que las mujeres que llevan este nombre se caracterizan por ser nobles y respetuosas; pero también intentan mantener el control de las situaciones en todo momento. Estas dualidades las notó Luis Noyola Vázquez en su estudio Fuentes de Fuensanta. Tensión y oscilación de López Velarde. Para él, el nombre Fuensanta proviene de las dualidades funestas que siempre entraban en conflicto con el poeta zacatecano; esta idea es reiterada por Paz cuando indica que, en el retrato de Fuensanta, se congregan la imagen de la Virgen Madre y la Dama, o sea, la unión espiritual y el principio femenino. Esto implicaría que a la heroína a la que le canta Velarde es, por un lado, una "dama irregular" y, por otro, una imagen erótica dentro del mundo irreal del poeta. Estos dos conceptos están claramente vinculados a la elegía erótica.
Si nos adentramos en el poema encontraremos más elementos de elegía erótica. Por ejemplo, los cambios de tono. Entre la segunda estrofa y la tercera se pueden notar (López: 5-6):
y gozoso dejé mis quince abriles
cual un ramo de flores de pureza
entre tus manos blancas y gentiles.
Humilde te ha rezado mi tristeza
el campesino ante la Virgen reza.
Mientras en la segunda estrofa impera el placer con un ligero tono de inocencia, en la tercera se nota cómo la tristeza atrapa a la voz poética; se pasa de un tono casi celebratorio a uno nostálgico. Es curioso, y por demás sorprendente, cómo Velarde utiliza estos cambios para manifestarnos una intensidad única en su poesía.
Me parece que lo mismo sucede en la sexta estrofa, donde el poeta acaricia las manos de Fuensanta sin temor alguno:
Las palmas de tus manos son ungidas por mí,
que provocando tus asombros
las beso en las ingratas despedidas.
No obstante, enseguida muestra un sesgo de timidez:
Soy débil, y al marchar por entre escombros
me dirige la fuerza de tu planta.
Si bien aún Velarde no utilizará propiamente figuras antitéticas, estas ya pueden verse esbozadas con el propósito de intensificar la significación de los versos.
Otro elemento a considerar es el mundo ficcional que el poeta ha creado para convivir solamente él y su dama. En “Elogio a Fuensanta” el lugar principal donde se desarrolla todo es un locus amoenus, donde conviven la tranquilidad y la seguridad. Un lugar idílico donde se encuentran el huerto, los ramos de flores, nardos, etc. Este sitio será el apropiado para revelar la pasión que el poeta siente por su amada. Me parece obvio que el poeta no se cubra aquí bajo una máscara, o adopte un pseudónimo, sino que asuma lo que implica esta pasión "sin tapujos", brindándonos un rasgo más de la elegía erótica.
La elegía erótica en algunos poemas de La sangre devota
Hablemos de algunos poemas de La sangre devota que refieren, explícitamente, a Fuensanta. En “Ofrenda aromática” (41) la segunda estrofa nos sitúa en un mundo fantástico en que convergen la religiosidad y la naturaleza:
La corona de espinas,
llevándola por ti, es suave rosa
que perfuma la frente del Amado.
Las referencias a estos elementos se multiplican: el madero pesado, el crucifijo, el ruiseñor, los jardines, el palacio, las rosas. El poeta logra crear así una sensibilidad única por medio de imágenes frágiles que rozan entre elementos reales y la fantasía. Ahora bien, cuando hablamos de la ironía que podemos encontrar en el poema habría que dejar en claro que Velarde no recurre a un humor desagradable, feroz o sádico ("sutil", como lo describía Veyne en un buen exponente del género). Su humor, tal como lo ha visto Phillips, apenas es disimulado. ¿Y cómo es que surge este elemento en la obra poética de López Velarde? Según Phillips por el particular “juego de contrastes inesperados” (193). Regresemos a Velarde y tomemos como ejemplo el verso: “Por ti el estar enfermo es estar sano” (López: 41) que, si bien no logra desbordarnos de risa, por lo menos nos saca una ligera mueca. Estos versos nos muestran la forma en que el vate zacatecano utilizaba la paradoja como un recurso tanto humorístico como antitético, para intensificar el significado del amor. No hay que olvidar que la "enfermedad del amor" fue un tópico muy utilizado por los poetas del Siglo de Oro español y Velarde lo utiliza para indicar su condición enferma de angustia amorosa.
En otro poema que lleva por título “Para tus pies” el jerezano logra colocarse a las plantas de los pies de Fuensanta, o por lo menos, es lo que anhela. Para ello crea un mundo donde se convierte en un ente inferior dispuesto a estar “bajo los pies ideales” de Fuensanta. Aquí aparece otro elemento de la elegía erótica: la extrañeza. Por medio de ella se nos ofrecen poderosos contrastes que de alguna forma nos proveen bellas imágenes; los siguientes versos dan constancia de ello (41):
Hoy te contemplo en el piano, señora mía, Fuensanta,
las manos sobre las teclas, en los pedales la planta,
y ambiciona santamente la dicha de los pedales
mi corazón, por estar bajo tus pies ideales.
Se vuelve algo irreal e incluso absurdo que el corazón de la voz lírica pretenda colocarse por debajo de los pies de la amada; no obstante, esta imagen contrastante tiende a revelarnos la sumisión como uno de los rasgos más pasionales en la literatura, específicamente en la elegía erótica. De alguna forma, esa extrañeza que nos produjo el primer contacto con los versos se trasforma en una imagen erótica-amorosa. Más adelante encontramos de nuevo este elemento (42):
Y así te imploro, Fuensanta, que en mi corazón camines
para que tus pies aromen la pecaminosa entraña,
cuyos senderos polvosos y desolados jardines
te han de devolver en rosas la más estéril cizaña.
Esta imagen llena de fantasía implica un atisbo de placer en las acciones ejecutadas en el tiempo presente. El sentimiento erótico se intensifica por medio de aromas y sensaciones dinámicas a las que alude el poeta; por ejemplo: implorar, caminar, perfumar, etc.
Por último, revisemos “Hermana, hazme llorar…”, donde aparecen varios elementos de elegía erótica. Como el cambio de tono (52):
Hazme llorar, hermana,
y la piedad cristiana
de tu manto inconsútil
enjúgueme los llantos con que llore.
Es visible una sutil nota de erotismo, por ejemplo, cuando la mano de la dama limpia el rostro (en clara alusión al Nuevo Testamento). Es verdad que el cambio es casi imperceptible; no obstante, ese grito del corazón al que aludía Veyne nos deja en claro que la pasión se encuentra entre los amantes a pesar del momento. De igual forma, en los siguientes versos puede notarse dicho cambio (id.):
Fuensanta:
¿tú conoces el mar?
Dicen que es menos grande y menos hondo
que el pesar.
Yo no sé ni por qué quiero llorar:
será tal vez por el pesar que escondo,
tal vez por mi infinita sed de amar.
Si en los versos anteriores pasábamos de lo nostálgico a lo amoroso, en este caso pasamos de lo indagatorio a un sentimiento de melancolía, y de este, de nueva cuenta, a lo amoroso. Con esto Velarde buscaba confesarse, cosa llamativa si recordamos que los elegiacos eróticos veían en la confesión uno de sus objetivos centrales. Otro rasgo que llama la atención es la manera de utilizar el humor irónico para suponer el cambio de tonalidades. Si leemos en su totalidad el poema encontraremos que en varios momentos se indaga en las razones o motivos del llanto, lo que permite concluir que el yo lírico los desconoce. Este humor “le posibilitará [al poeta] enfrentar sus descalabros con una cierta alegría y desenfado” (Rodríguez: 150).
Cabe por último señalar que el joven poeta asume lo que implica esta pasión por la dama, y que, por medio de los recursos antes citados, consigue deslumbrar a los lectores por medio de un tono final que oscila entre la esperanza y la desilusión.
A manera de epitafio
Quisiera concluir de la forma en que inicié, citando otra nota de Italo Calvino que recuerda a un clásico como “una obra que suscita un incesante polvillo de discursos críticos, pero que la obra se sacude continuamente de encima” (Calvino: 8). Y esto es lo que precisamente ha sucedido con la crítica en torno a la obra poética de Ramón López Velarde: a pesar de ser cuantiosa, en mi juicio pocos estudios nos han develado esta faceta erótica-elegiaca del vate jerezano. Con esto no quisiera desestimar las voces eruditas que han marcado el camino para leer la obra lopezvelardiana. Sin embargo, es evidente que existen vacíos que pueden y deben llenarse, como en este caso, insistir en que Velarde es un poeta elegiaco erótico (quizá uno de los primeros en nuestra tradición poética mexicana, al menos en el siglo XX); logra cantarle a la dama con tal autenticidad e intensidad, conformando una estética imaginaria de lo erótico pocas veces vista en nuestra poesía.
Referencias
- Calvino, Italo. Por qué leer los clásicos. Madrid: Siruela, 2015.
- De Aguinaga, Vicente. “El siglo de Ramón López Velarde”, en Rogelio Guedea (ed.), Historia crítica de la poesía mexicana, I. México: Fondo de Cultura Económica / Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2015, pp. 418-430.
- Escalante, Evodio. “Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo. Cien años de La sangre devota y Caro Victrix”, en La Jornada [Suplemento Cultural], núm. 17 (junio de 2016), pp. 6-7.
- López Velarde, Ramón. Poesías completas. El Minutero. Don de Febrero. México: Promexa, 1979.
- Pacheco, José Emilio. Antología del modernismo (1884-1921). México: Universidad Nacional Autónoma de México / Ediciones Era, 1999.
- Paz, Octavio. Cuadrivio. México: Joaquín Mortiz, 1985.
- Phillips, Allen. Ramón López Velarde. El poeta y el prosista. México: Instituto Nacional de Bellas Artes, 1988.
- Rodríguez, Blanca. El imaginario poético de Ramón López Velarde. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1996.
- Veyne, Paul. La elegía erótica romana. El amor, la poesía y el Occidente. Trad. de Juan José Utrilla. México: Fondo de Cultura Económica, 1991.

Página inicial en reproducción facsimilar al inicio de la magna obra Églogas (o Bucólicas, o Las bucólicas) de Virgilio, escrito entre el 41-77 a. C., aproximadamente.
Wikimedia Commons: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:RomanVirgilFolio001rEclogues.jpg. Dominio público (según las leyes españolas de derechos de autor).

.jpg)

