Reseña

Cinthia María Hamlin, “Dante, la crisis del siglo XIV y el exilio: invectiva y profecía en la representación de la realidad”, en Medievalia 41, 2009, pp. 60-72.

 

Cossette Galindo Ayala

Programa de Estancias Postdoctorales

Instituto de Investigaciones Filológicas

 

El artículo que presenta Cinthia María Hamlin contiene claves de interpretación cardinales para acercarnos al universo de Dante Alighieri y la Divina Comedia. El contexto de “la crisis del siglo XIV” puede explicar procesos político-religiosos importantes que definen la Edad Moderna y Contemporánea. Dicha crisis no trata sobre un conflicto menor si observamos que enmarca también una de las novelas italianas más célebres de nuestro tiempo: El nombre de la rosa de Umberto Eco. Se trata de un trance complejo y decisivo, pues significó la desarticulación de una estructura que funcionó a lo largo de la Edad Media, es decir, el poder religioso en coordinación con el poder monárquico (militar y político). La Florencia del siglo XIV se convierte en escenario de la disputa entre güelfos –partidarios de la dinastía de la Casa de Bavaria (los Welfen)– y gibelinos –partidarios de la Casa de los Hohenstaufen de Suabia (señores del castillo Waiblingen)–, sostenida desde el siglo XII en el Sacro Imperio Romano Germánico. Los güelfos, promotores del poderío papal, en ese momento el papa Bonifacio VIII, sobre el imperial, encarnado por Felipe IV de Francia, se dividieron a su vez en bianchi y neri. Dante, como hombre de letras y política, se adscribirá a los bianchi, defensores de la supremacía del poder papal y la autonomía de las ciudades, aunque sin el férreo nacionalismo de los neri. De ahí que cuando éstos tomen el control de la ciudad con el apoyo del papa, Dante será exiliado. Este hecho marcará la noción del mal o la corrupción del mundo, la "invectiva" profética y el sentido de redención en la Divina Comedia.

Cinthia Maria Hamlin se interna en la forma mediante la cual Dante logra trasladar los hechos políticos e históricos de su presente a la realidad poética de la Divina Comedia en un tenor similar al de los profetas bíblicos. Como explica la autora, Dante se habría apoyado en el recurso de vaticinia ex aeventu, es decir, de la pseudo profecía, al hacer que su personaje vaticine un futuro que ya ha acontecido (post-factum), aunque también predecirá eventos que aún no acontecen (ante-eventum). Las primeras profecías estarán dominadas por la nostalgia y el dolor, la segundas por el deseo, pues son motivadas por la esperanza de “contemplar el sol”, cuando la visión de la felicidad se realice tanto en la Tierra como en el Cielo, tanto para el cuerpo como para el alma.

En otro horizonte histórico, Victor Hugo también evocará el símbolo del sol como esperanza de justicia para el exiliado: “Un hombre tan arruinado que nada le queda salvo su honor; tan despojado que nada le resta salvo su conciencia; tan aislado que no tiene a su lado sino la equidad; tan arrojado a las tinieblas que nada le queda salvo el sol: ¡he aquí lo que es un proscrito!” (2013: 26). En la Divina Comedia, como sucede en la tradición bíblica, los acontecimientos históricos son representados por elementos cósmicos con la intención de que la historia se funda con la realidad universal y atemporal, procedimiento que Hamlin agrupa bajo el término de alegoría. Ésta permite que exista un movimiento de gradación que va de lo general a lo particular en la utopía o “visión de plenitud”: de la paz de los cristianos a la paz entre los grupos políticos discordantes en Florencia. Al igual que en la tradición bíblica, para Dante la realidad política ideal se realizará en un reino mesiánico, similar al Paraíso o al Jardín del Edén restaurado. Sin embargo, en este caso, la Tierra Prometida será identificada con el Imperio.

Florencia en época renacentista

Lo anterior se explica porque, según el tratado De Monarchía del poeta florentino, la justicia se opone a la cupiditas (avaricia o codicia), por lo que el emperador será el único que, al poseer todo, no puede desear más y, por tanto, represente el signo de la justicia. Irónica forma de comprensión a la que nos conduce Dante, pues los profetas pertenecían a una tradición que aún preservaba la memoria nómada del pueblo de Israel en su lealtad a un Dios que era quien le guiaba en el éxodo por el desierto. Dios no era una divinidad de la acumulación, sino de la repartición; no estaba en el espacio, altar o trono fijos, sino en el tiempo; se revelaba en el propio caminar que conducía al aprendizaje de la ley, cuyo cumplimiento alejaba o acercaba el pueblo a la justicia. Al instaurarse la monarquía en Israel, la profecía mantendrá su fuerza como voz crítica ante el estamento con pretensión de perpetuidad que ocupan los monarcas y denunciará la injusticia derivada de una sociedad de castas. Según esta visión, monarquía y profecía, imperio y pueblo están en permanente oposición y tensión. Y en Dante estos dos extremos se tocan.

Dante, como personaje literario, se compara con una higuera que tiene que exiliarse para dar buen fruto e impedir ser afectado por los frutos amargos de la Florencia corrupta, a la que imagina como una planta cuya raíz es Lucifer y cuya flor (el florín) está maldita (maladetto fiore), ya que ha convertido al pastor (el papa) en un lobo. El exilio se ve como un medio de salvación. Exilio individual y éxodo comunitario están así entreverados y servirán uno como símbolo del otro.

Aquí, como en otros casos, se presenta una conexión entre el exilio y el oficio de profeta. San Juan Bautista, profeta de Cristo y patrón de Florencia, sigue la tradición de la “voz que clama en el desierto”, cuyo origen se encuentra en el profeta Isaías (Mt 3,1-3; Is 40,3). Es probable que Victor Hugo también se enlace con esta tradición al declarar: “Fue abandonado por todos y no abandonó a nadie. Conoció la excelencia del desierto; en el desierto se encuentra el eco. Ahí se escucha el clamor de los pueblos” (2013: 72-73). Así como Dante habría sido el poeta por excelencia del dolce stil novo, “anunciado” por su amigo y precursor Guido Cavalcanti, Dante, el personaje, será el profeta del monarca universal anunciado en su Divina Comedia. Estas y otras posibilidades de interpretación alienta el artículo de Cinthia María Hamlin.

Referencias

    • Victor Hugo, El exilio. Presentación, traducción y notas de Mauricio López Noriega. Universidad Nacional Autónoma de México, 2013 (Pequeños Grandes Ensayos).

 

Leer el artículo completo en: https://revistas-filologicas.unam.mx/medievalia/index.php/mv/article/view/248/256