
Nota de divulgación
Las otras letras de Filológicas
Muestra bibliográfica de literatura LGBTIQ+ de la Biblioteca “Dr. Rubén Bonifaz Nuño”1
Jonathan Rico Alonso
Instituto de Investigaciones Filológicas
Universidad Nacional Autónoma de México
j.rico@unam.mx
https://orcid.org/0000-0001-5659-7721
Para empezar
Con motivo de las celebraciones del Mes del Orgullo en 2025, el personal de la Biblioteca “Dr. Rubén Bonifaz Nuño” junto con la Comisión Interna para la Igualdad de Género del Instituto de Investigaciones Filológicas preparamos una muestra bibliográfica LGBTIQ+, conformada, principalmente, por materiales literarios puestos entre dos pastas de autores nacidos en América Latina durante el siglo XX.
El grueso de ejemplares está compuesto por la obra de voces mexicanas que, pese a las adversidades impuestas por prejuicios, creencias, fobias, normativas y conservadurismos, dieron a luz creaciones que nos hablan honestamente de espacios homo y lesboeróticos, de los escarnios y las ignominias enfrentados en el paredón de los fusilados, de las vejaciones y los vituperios sufridos en el hogar y en la esfera pública, de los encuentros y despedidas de hombres que se besan en la boca y de mujeres que se toman de las manos, de las incertidumbres y negaciones del propio ser que ama y se place con otro idéntico, del alma agenérica que busca ser huésped en el “cuerpo correcto”, del varón que se jacta al portar prendas “contrarias” o no correspondidas con sus genitales, de las relaciones privadas, sociales y políticas entre quienes hoy en día forman parte de las denominadas sexualidades e identidades sexodiversas.
Plumas canónicas, plumas por descubrir, plumas disidentes, plumas que escribieron al margen de las buenas costumbres, plumas leídas en complicidad con quienes se advierten con la mirada y con los gestos, cuentan historias, odiseas, ficciones, fantasías y realidades que aún nos son frescas, atractivas y que nos llenan, las mejores, de esperanza y orgullo; aquellas que evocan anécdotas y experiencias compartidas que, aunque gestadas algunas en la imaginación, nacieron con referentes reales de la sociedad mexicana, como la famosa redada de los 41, caricaturizada por Posadas y mofada ad infinitum en la prensa porfiriana, o la Primera Marcha del Orgullo Homosexual que avanzó el 29 de junio de 1979 entre señalamientos y acusaciones inquisitoriales: “mujercitos”, “jotos”, “maricones”, “putos”; pero también entre exigencias y gritos de reivindicación como “fuera razias” y “en mi cama mando yo”.

Fotografía sobre la muestra bibliohemorográfica resguardada en el acervo de la biblioteca "Dr. Rubén Bonifaz Nuño" del Instituto de Investigaciones Filológicas. Material proporcionado por el responsable de esta colaboración, con expresos propósitos para su publicación en este medio. Derechos cedidos por el autor.
A vuelo de pájaro: acotación a las obras
Si para muestra basta con un botón, nuestro recinto “Dr. Rubén Bonifaz Nuño” es una mercería que resguarda botones lacados, de cerámica y porcelana metamorfoseados en primeras ediciones, en semilleros o textos fundacionales, en libros autografiados, en facsímiles prácticamente inconseguibles, en estudios críticos de alto nivel gestados en el seno de la academia mexicana; en fin, obras que se escapan de los anaqueles de las librerías de viejo por su rareza y dificultad de hallazgo para quienes se dedican a coleccionar títulos de esa naturaleza.2
Uno de ellos es El Norte (1958) de Emilio Carballido, novela corta que narra, a la par de su historia principal, una amistad que levanta sospechas entre un adolescente marinero llamado Max (¿acaso tu “Nocturno de los ángeles”, Villaurrutia?) y un hombre maduro de clase baja, Aristeo Sanabria, cuyo hermano Florencio (¿Flor porque es…?) calificó de divinos unos pantalones y le “encantaba vestirse de mujer, y a veces le daba por contonearse más que la hermana” (17-18); el mismo que, frente al Atlántico, le daba un parecido al “mulato joven [que] pasó contoneándose y sonriéndole” (26). Lo mejor que he escrito, aseguró el dramaturgo veracruzano Carballido. Y tan bien escrito que gozó de traducciones, reediciones y presencia en antologías dentro y fuera de nuestro país. Hoy en día, es posible su lectura en acceso abierto en el portal de La novela corta. Una biblioteca virtual, coordinado por Gustavo Jiménez Aguirre, investigador de este Instituto.
El desconocido (1977) de Raúl Rodríguez Cetina es la primera novela mexicana que habla de la prostitución masculina. Rara avis eclipsada por las lecturas repetidas del Boom latinoamericano; desconocida, en anatema de su título, para las historias y reseñas de la literatura mexicana y latinoamericana. Heredera contemporánea de las Bildungsroman, recrea las memorias de un joven en un internado para varones en Quintana Roo, donde, a falta de chicas, “los maestros nos permitían bailar muchacho con muchacho esas noches de comedor transformado en pista de baile. Sudorosos nuestros cuerpos se topaban entre la naturalidad de varones en movimiento” (9). Salones acondicionados involuntariamente para el homoerotismo, cuyas coreografías improvisadas revelaban “quién era quién” (9).
Dos años después, el conocido Vampiro de la colonia Roma (1979) de Luis Zapata, audaz tanto por su contenido lenocínico como por su técnica narrativa a modo de grabaciones en cintas, que permiten oír-leer-reírse de las aventuras sexuales de Adonis García, un pícaro actualizado, un vividor, un prostituto vanidoso, guapo y complaciente; un chichifo en el argot homosexual,3 solicitado por muchos, hasta en el baño de los Sanborns pues, se asegura, da “la cogida de tu vida” (61).
Coetánea y con el mismo lenguaje descarnado, la crónica-manifiesto “Ojos que da pánico soñar” (1979) de José Joaquín Blanco, publicada en el suplemento Sábado del periódico Unomásuno y sin miedo a la censura principia: “¿Alguna vez el lector se ha topado con algún puto por la calle? ¿Ha sentido su mirada fija; lo ha visto aproximarse a pedirle un cigarro, hacerle conversación, sugerirle…?” (8). Puto: la incomodidad de ver impresa la última palabra oída por las víctimas del homicidio doloso, del premeditado, con intencionalidad y alevosía; también del transfeminicidio y de cualquiera surgido por motivos de orientación sexual.
El cronista, sin embargo, concluye optimista, vaticinando un porvenir en comunión y sin etiquetas, que día a día se antoja sugerente; el planteamiento de un proyecto utópico: “Homosexualidades, heterosexualidades y otros membretes desaparecerán entonces. Recobraremos el sexo polimorfo, sin trabas ni mistificaciones: el fuego sagrado de Prometeo” (10).
En los albores de la década de los ochenta, aparecieron los nueve relatos de El vino de los bravos (1981) de Luis González de Alba, con ilustraciones eróticas de Luis Mauricio García Vega. Cuatro de ellos, por lo menos, merecen ser releídos varias veces, no por la complejidad estructural, sino por la propia belleza del lenguaje y de las imágenes que evocan masculinidades hegemónicas, corporalidades hipervaroniles y efébicas, apologías a la juventud, adolescentes furiosamente deseados en fresco recuerdo de sus antepasados Ganimedes y Narciso, cada uno con su corte de admiradores helénicos; juventudes imberbes de pelo rubio, de ojos dorados y cejas acordonadas que, junto con encanto, sonrisa y alegría, consiguieron una “enorme cantidad de cervezas” (37) aquella noche de viernes en que David flirteó con el protagonista en una cantina “mientras Rocío Dúrcal llenaba el aire” (33).
El jinete azul (1985), “primera novela leather en México” —de cuero, sumisión y dominación—, según lo aseverado por su autor José Rafael Calva, quien, dos años antes, había dado a las planchas de la editorial independiente Oasis Utopía gay (de la cual también nuestra biblioteca posee un ejemplar), nos sorprende junto con su predecesora por su ingenio, provocación y atrevimiento. En la segunda, Adrián, esposo de Carlos, espera un hijo suyo... (se presuponen los motivos de la intriga); en la primera, en voz de su personaje: “Tengo cuarenta años. Soy homosexualmente activo desde los dieciocho. Muy activo, además. Y orientado hacia el sadismo desde entonces. Por eso medicina, con especialidad en cirugía”
(Calva, 1985: 32).
Y dentro de este panorama de textos mecanografiados por hombres, apareció en 1989 Amora, de Rosamaría Roffiel, que ostenta la etiqueta de “primera novela lésbica-feminista en la narrativa mexicana”. Una novela que entreteje datos ficticios con la supuesta veracidad de la autobiografía; que celebra la sororidad y el eros femenino en tiempos violentos dedicada a mujeres reales, amigas de la autora, pero también a las anónimas que se atreven a amar a otras, en paráfrasis a su dedicatoria. Amora es, desde luego, continuum semántico de Corramos libres ahora (1986), poemario de la misma Roffiel dado a conocer algunos años antes.
En Infinita (1992) de Ethel Krauze se explora un tipo de relación aún más fresca, y por ende menos aceptada: un triángulo amoroso entre dos mujeres y un hombre. Hallamos en Delfina, la protagonista, la subversión, la innovación y la contradicción en los conceptos de identidad sexual y de género. En ella, lo contemporáneo de la mujer (independencia) intenta comulgar con lo tradicionalista (el amor incondicional hacia su esposo, pese a las largas ausencias, cual Penélope mexicana). Las carencias se transforman en las presencias de Leonor, su amiga, que, luego de dos matrimonios, se identifica como lesbiana.
Afectuosamente, su comadre (1993) de José Dimayuga presenta a una mujer transgénero/transexual (travesti en su momento) de manera digna y humana, por primera vez en teatros mexicanos. Y por “digna” quiero decir apartada de estereotipos, burlas y tipos ridiculizados exhibidos en la televisión y el cine, donde el homosexual varón, principalmente, era acusado de enfermo, de vil remiendo de mujer debido a su “excesivo” afeminamiento, de pederasta como en la escena de Los olvidados (1950), donde un hombre mayor le toca el rostro al jovencísimo Pedro y le ofrece dinero a cambio de irse con él. Digo también “humana” porque dialoga con sujetos terrenales y reconoce la complejidad de nuestra naturaleza, de nuestra condición, que nos demanda/exhorta a convivir con el otro, con “lo otro” que, en realidad, no es ajeno ni otro, sino un yo extendido, aunque en ocasiones fisurado. Se tematizan el “yo” y el “tú” de la profesora conservadora y la trabajadora sexual del drama de Dimayuga, cuyas confrontaciones y notorias diferencias le permiten al público ver y pensar en la dificultad de convivir y llegar a estimar a quien habita una piel distinta.
Aunque escrita entre 1945 y 1946, La estatua de sal vio la luz en 1998, veinticuatro años después de haber muerto su autor Salvador Novo. Recuerdos que,
a diferencia de su alusión bíblica (la esposa de Lot transfigurada en montículo salino), apartaron la mirada de lo prohibido durante décadas, hasta la edición póstuma a cargo del extinto Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. La excelente memoria del prosista y poeta de los jocosos diecinueve sonetos eróticos alimenta las páginas con detalles, curiosidades, nombres comprobables, sucesos, escándalos, festejos, chismes, toda clase de informaciones acerca de la vida cotidiana homosexual y heterosexual del México de la primera mitad del siglo pasado.
Destaquemos aquí la escena en que la presencia absoluta del yo goza y se ufana en hablar de sí mismo y de sus amoríos preferidos, los taxistas, soldados y cadetes:
Lo que necesitaba era una comprobación de mi propia belleza, ya más objetiva que la simple admiración doméstica. […] Le pregunté si también aquel militar que estaba con él en la esquina —y entonces él colmó sádicamente mi asombro al expresar que sí, que ese militar también, y que ya iría yo comprobando cómo los militares, particularmente, se inclinaban por acostarse con los hombres” (51, 89).
Sus brazos labios en mi boca rodando de Sergio Loo (2007) es un poemario amoroso cuyo título y parte de su contenido recuerdan, muy en la lejanía, el hipérbaton áureo y algunas citas latinas, las cuales, a su vez, revelan el espacio geográfico del yo lírico: el bar exclusivo para hombres Tom’s de la Ciudad de México, que proyecta “videos [pornográficos] en las pantallas” (18) mientras el elenco masculino de gogós baila desnudo con el falo erecto. El cover incluye la entrada, tres cervezas y el acceso al cuarto oscuro en el que el sujeto poético yace
demasiado ebrio
para
tener
la
obligación
de
mentir
y mira
cómo
bajo tu cadera
la oscuridad de ensancha
se derrama.
Es allí donde, varones con varones experimentan la renovación de cuerpos que entran y salen todo el tiempo del cuarto ennegrecido en que Ubi Baccus regnat Venus saltat,4 como sentencian felizmente el inicio del poema citado y uno de los techos del Tom’s.
La muerte temprana de este poeta y narrador capitalino nos hace pensar de inmediato en sus antecesores románticos del siglo XIX: Fernando Calderón, Ignacio Rodríguez Galván, Manuel Acuña y Juan Díaz Covarrubias.Y como algunos de ellos, falleció cual canto de cisne dejando —en una computadora, en una libreta o en hojas mecanografiadas, no lo sé— la novela Narvarte pesadilla, cuya publicación póstuma se logró gracias a la convocatoria organizada por la editorial Moho, de la que fue ganadora en 2013.
Líneas finales
Poemarios, cuentarios, crónicas, ensayos, obras teatrales, la totalidad del mosaico de prosas, poesías y dramas tanto de autores y autoras que forman parte de los actuales planes y programas de estudios de las licenciaturas y posgrados en Letras como de escritores en vías de serlo; construcción, relaboración y reinterpretación de los cánones literarios en México; ejercicios escriturales de constante inclusión y crítica, que registran valoraciones, continuidades y rupturas en la forma y el contenido: Sergio Loo, Luis González de Alba, Eve Gil, Carlos Monsiváis, Xavier Villaurrutia, Jorge López Páez, Abigael Bohórquez, Nancy Cárdenas, Juan Carlos Bautista, Rosamaría Roffiel, Carlos Pellicer, Mario Bellatin, Ethel Krauze, sólo por mencionar parte de una robusta lista.
Tampoco olvidemos a nuestros especialistas en literatura y estudios de género, cuya producción va desde los recorridos panorámicos y revisiones históricas hasta los ensayos académicos más rigurosos y nutridos por la interdisciplinariedad, quienes vislumbran oportunamente la entrelínea, descifran la dedicatoria, los peritextos y epitextos y atienden con justicia lo sobreentendido para encontrar esas sugerencias y esos guiños no heterosexuales, donde las sospechas y dudas auguran certezas; entre esas páginas, es cierto, el amor por fin se atrevió a decir su nombre: Michael K. Schuessler y Miguel Capistrán, coordinadores de México se escribe con J (2010); Víctor Saúl Villegas Martínez con El personaje gay: un acercamiento crítico desde la perspectiva de género, los estudios gay y la teoría queer en seis cuentos mexicanos (2018); los títulos El coloquio de las perras: retrato de Oswaldo Calderón con su hermandad vampiresca Joteando por un sueño (2010) y El crepúsculo de Heterolandia: mester de jotería: ensayos sobre cultura de las exuberantes tierras de la Nación Queer (2006) de Antonio Marquet; María Elena Olivera Córdova, del Centro de Estudios de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de nuestra Universidad, con Entre amoras: lesbianismo en la narrativa mexicana (2015), y la bibliografía de José Ricardo Chaves, investigador del Centro de Poética de nuestro Instituto, quien ha dado a conocer Andróginos. Eros y ocultismo en la literatura romántica (2005), Los hijos de Cibeles. Cultura y sexualidad en la literatura de fin del siglo XIX (1997), Paisaje con tumbas pintadas en rosa (1998), entre otros.
Referencias
- Blanco, José Joaquín. “Ojos que da pánico soñar”. Sábado. Suplemento de Unomásuno (17 de marzo de 1979): 8-10.
- Calva, José Rafael. El jinete azul. México: Katún, 1985.
- Calva, José Rafael. Utopía gay. México: Oasis, 1993.
- Carballido, Emilio. El Norte. Xalapa, México: Universidad Veracruzana, 1958.
- Dimayuga, José. Afectuosamente, su comadre. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1993.
- González de Alba, Luis. El vino de los bravos. México: Katún, 1981.
- Krauze, Ethel. Infinita. México: Joaquín Mortiz, 1992.
- Loo, Sergio. Sus brazos labios en mi boca rodando. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2007.
- Novo, Salvador. La estatua de sal. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1998.
- Rodríguez Cetina, Armando. El desconocido. México: Duncan, 1977.
- Roffiel, Rosamaría. Amora. México: Planeta, 1989.
- Zapata, Luis. Las aventuras, desventuras y sueños de Adonis García, el vampiro de la colonia Roma. México: Grijalbo, 1979.

Participación de alumnos de distintas escuelas y facultades de la UNAM, tanto como de instituciones externas, en la muestra bibliográfica organizada por el Instituto de Investigaciones Filológicas el 11 de junio de 2025..
Fotografía cedida por el autor de esta colaboración para su publicación en este medio. Se reproduce aquí con fines de difusión.
1 Texto leído el 11 de junio de 2025 en las instalaciones del Biblioteca “Dr. Rubén Bonifaz Nuño” del Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, con motivo de las celebraciones del Mes de Orgullo.
2 La muestra bibliográfica abarca más títulos, pero por razones temporales sólo he seleccionado un número limitado de primeras ediciones y "textos semilla", o iniciadores en la temática y el género propuestos.
3 Hombre que recibe en especie el pago de su compañía y favores sexuales. Posiblemente tiene su origen en el italiano cicisbeo, cuyo significado es ‘coqueteo, galanteo’, de acuerdo con la Academia Mexicana de la Lengua.
4 [Donde Baco reina, Venus baila].


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