Comentario


Apuntes sobre la poesía de Lêdo Ivo


Luis Ricardo Arévalo Arias
Escritor y crítico independiente
arevalo777@gmail.com

 

Leer la poesía de Lêdo Ivo es un menester ingente imbuido en la fragilidad conceptual, es un poeta herméticamente realista y objetivo neutralizado de influencias externas. Ivo atrapa al lector con su conciencia poética proveida de voz propia muy original entre virtuales prospectos. Oriundo del gigante sudamericano, Brasil, ha orientado su poética en el marco de la ideología de la liberación, es vivencialista y empírica. Induce en el lector un ánimo de enfrentamiento social, soliviantando a las almas jóvenes.

Ivo describe con gran sentido de objetividad, dejando explicito el contexto y el sintagma entre los vocablos hechos paradogmas; pero también se resigna al vacío existencial, a la soledad urticante, prefiere transferir solo a otro estadio de vida, en este mundo en el que prevalecen las irreverencias, siente urgencia de apelar a la intuición individual y el silencio mental. Su poesía incentiva al morbo y a veces se esgrime en el humor negro.

Leamos fragmentos de tres piezas, de una frescura y por momentos crueldad fascinante:

"Los pobres en la estación de autobuses"

Los pobres viajan. En la estación de autobuses levantan los pescuezos como gansos para mirar los letreros de autobús. Sus miradas son de quien teme perder alguna cosa: la maleta que guarda un radio de pilas y una chaqueta que tiene el color del frio en un día sin sueños, el sándwich de mortadela en el fondo de la mochila, y el sol del suburbio y polvo mas allá de los viaductos. Entre el rumor de los alto parlantes y el traqueteo de los autobuses temen perder su propio viaje escondido en la neblina de los horarios. Los que dormitan en las bancas despiertan asustados, aunque las pesadillas sean un privilegio de los que abastecen los oídos y el tedio de los psicoanalistas en consultorios asépticos como el algodón que tapa la nariz de los muertos. En las filas los pobres asumen un aire grave que une temor, impaciencia y sumisión. ¡Que grotescos son los pobres! ¡Y cómo molestan los olores aun a la distancia! No tienen la noción de lo conveniente, no saben portarse en público. El dedo sucio de nicotina restriega el ojo irritado que del sueño retuvo apenas la lagaña. Del seno caído e hinchado un hilillo de leche escurre hacia la pequeña boca habituada al lloriqueo.

En los andenes van y vienen, saltan y aseguran maletas y paquetes, hacen preguntas impertinentes en las ventanillas, susurran palabras misteriosas y contemplan las portadas de las revistas con aire espantado de quien no sabe el camino del salón de la vida. ¿Por qué ese ir y venir? ¿Y esas ropas extravagantes esos amarillos de aceite dendê que lastiman la vida delicada del pasajero obligado a soportar tantos olores incomodos, y esos rojos chillantes de feria y parque de diversiones? Los pobres no saben viajar ni saben vestirse. Tampoco saben vivir: No tienen noción del confort aunque algunos de ellos tengan hasta televisión. Verdaderamente los pobres no saben ni morir (tienen casi siempre una muerte fea y de mal gusto). Y en cualquier lugar del mundo molestan, viajeros inoportunos que ocupan nuestros lugares aun cuando vayamos sentados y ellos viajen de pie.


‘’Verdad y mentira’’ con ingenio contempla la existencia y canta: “El mar al revés: las constelaciones son barcos. La poesía es una mentira. Las estrellas no son barcos. El cielo es una ilusión. La verdad está en la tierra, en los barcos anclados a lo largo del muelle.” El poeta ostenta un espíritu de aventura, inspirado quizá en la literatura homérica cuando Ulises emigra hacia puertos pintorescos en la anchura oceánica.

O en "Finisterra":

Voy en la multitud. Y mi nombre es nadie. En la ciudad donde hiede a pescado podrido, a gasolina y a demagogia, oprimiéndome el atardecer voy junto a las escamas de las paredes que cosen mi dolor. Bajo este cielo color de vinagre, absorbido por turbinas, un vértigo de cifras me entorpece.

¿Cuál es el mejor lugar para escribir un poema? ¿En la capilla Sixtina? ¿Es en la muralla china? ¿Al borde de la piscina? ¿Entre aves de rapiña? ¿Escuchando la turbina del jet entre la neblina? ¿Viendo en una vagina un prado de margaritas? ¿O, como un rey, sentado en la placida letrina?

El escritor, cuentista, poeta y novelistaz brasileño en su gabiete de trabajo. Fotografía cedida por el autor de esta colaboración para su publicación en este medio. Se reproduce aquí con fines educativos y de difusión..