Artículo de divulgación


La neurosis en El hombre de arena de E. T. A. Hoffmann


Pablo Esteban Valdés Flores
Posgrado en Letras
Universidad Nacional Autónoma de México
pabvalflo@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0000-3325-7329

Introducción

El cuento El hombre de arena (Der Sandman, 1817) de Ernest Theodor Amadeus Hoffmann, consta de varios elementos narrativos y simbólicos que pueden abordarse de manera aislada y detallada. En este texto pretendo ahondar en la psique del protagonista, Nathanael, con el fin de detectar cualquier rastro en su conducta y en su pensamiento asociado con lo que llaman neurosis, reconocido por los psicoanalistas como “un trastorno provocado por conflictos infantiles de naturaleza sexual reactualizados en la vida adulta” (Real Academia de Medicina, 2012). Con base en tal definición, cabe identificar en Nathanael un miedo que parte de una creencia mítica del folclore sajón y celta a cierta criatura conocida como Sandman ("el hombre de arena"), quien, según el autor:

Cuando los niños no quieren irse a la cama, les arroja un puñado de arena a los ojos haciéndolos llorar sangre. Luego los mete en un saco y se los lleva a la luna creciente para divertir a sus hijos, que esperan en el nido y tienen picos encorvados como las lechuzas para comerles los ojos a picotazos (Hoffmann, 2000: 236).

Imagen atribuida a Abbie Norton. Promocional para un podcast en YouTube consistente en un resumen de la trama y lectura de extractos de The Sandman bajo la modalidad de audiolibro. Créditos: Talebot - The Talent; The Taleoids - The Talent's Helpers; Benjamin Cook - Writer, Director, & Voice Actor; Abbie Norton - Art Director & Asset Artist (https://abbienortonart.com) • Alexander Cuenin - Animator & Editor (http://www.alextheanimator.com/) • Bazz Bartlett - Audio Engineer (https://www.bartlettaudio.com.au/) • Austin Elizabeth Gaines - Researcher & Writer • Rachel Doud - Packaging & Asset Artist. Disponible en https://iifilologicas.unam.mx/senderosFilologicos/index.php/senderosPhilologicos/eta_hoff_2. Por tratarse de un podcast con propósitos ilustrativos, con fines educativos y de difusión en una revista de divulgación, se exhibe según los términos de la segunda condición del numeral 2 de sus Términos de servicio: "You are a small-scale production company, non-profit, or artist, in which case you may use the YouTube Service to showcase or promote your own creative works", así como del acuerdo establecido en el numeral 9.1 de YouTube respecto a las Licencias para otros usuarios, mediante el que el creador de obra, o los detentores de los derechos patrimoniales, "grant all users of the YouTube Service permission to view your videos for their personal, non-commercial purposes. This includes the right to copy and make derivative works from the videos solely to the extent necessary to view the videos".

Vale atender algunos aspectos estéticos importantes para categorizar la obra. Uno de ellos es la convergencia de elementos del género fantástico con ciertos rasgos del terror gótico, donde se recrean espacios tétricos cuyo propósito consiste en generar una atmósfera de miedo en el lector u oyente.

La estética sublime del siglo dieciocho ayudó a estimular el movimiento de lo gótico. Progresivamente, el adjetivo gótico se irá asociando con lo que esas historias ofrecían de macabro y sensacionalista: la referencia temporal subraya épocas pasadas, y la arquitectónica, los aspectos más oscuros de las construcciones medievales (criptas, pasadizos secretos, ruinas, castillos amenazadores). Además, el término se fue aplicando a los motivos fantásticos o al tratamiento de temas que habían sido expulsados y cercenados de la literatura neoclásica, como el incesto, el asesinato, la violación o la tortura (Sánchez, 2013: 23).

En el cuento de Hoffmann aparecen algunos de esos rasgos, representados en emociones degenerativas como la inseguridad, la desdicha y la conmiseración.1 Mientras Nathanael cuenta la trágica historia de su niñez, él mismo asegura que su enamorada, Clara, así como su hermano Lotario, se ríen de él al momento de leer su carta, creyéndolo fuera de sus cabales. Esta y otras sospechas que reflejan desconfianza dejan entrever en el protagonista comportamientos de tipo neurótico, que irán aumentando conforme se desenvuelve el hilo narrativo. Se pueden identificar en esto una concentración de distintos signos o señales:

Poseídos por un profundo anhelo, dominados por la nostalgia, íntimamente melancólicos y a veces visiblemente lánguidos y llorosos, son en general pesimistas, con frecuencia amargos y algunas veces cínicos. Los rasgos asociados son lamentación, queja, desánimo y autocompasión (Naranjo, 1994: 183).

Hay que notar en la personalidad de Nathanael un visible pesimismo, así como un complejo de escritor lírico que proyecta efímeros lapsos de alegría enturbiados con algún recuerdo de la infancia.2 Cabe traer a contexto que el temor infantil de Nathanael sucede cuando el abogado de la familia, Coppelius, intenta sacarle los ojos en medio de un rito satánico en el que secretamente participa su padre.3 Aquel hecho producirá en el niño una discapacidad afectiva con su madre, sus amistades y, de manera particular, con su futura enamorada, Clara, con quien mantiene cierta distancia pero, al mismo tiempo, un apego emocional y una necesidad de validación. Con base en ello, cabe reconocer el carácter de Nathanael como el de un joven melancólico, torvo y solitario; pesimista, de mal humor, con una necesidad de conmover y otro tipo de comportamientos relacionados con una posible neurosis. Siguiendo a Naranjo, el carácter neurótico sugiere una necesidad de conmover, donde se ponen en juego una serie de conductas como la emocionalidad, la arrogancia competitiva, el refinamiento o los intereses artísticos sombríos.

Pueden ser llamados adictos al amor y su ansia de amor es a su vez mantenida por una necesidad de reconocimiento que son incapaces de darse a sí mismos. La dependencia que de ello se deriva puede manifestarse no sólo como un aferrarse a las relaciones frustrantes, sino como una adherencia, un sutil abuso de contacto que parece provenir no sólo de la necesidad de contacto, sino también de una anticipada prevención o aplazamiento de la separación (185).

En algún momento ocurre un cambio en la voz narrativa e interviene Clara, quien a través de la comunicación epistolar resalta su carácter solícito y amoroso con el protagonista. Desde un punto de vista racional, el personaje femenino muestra un pensamiento objetivo y lógico que recuerda la ideología de la época del autor donde predominaba el discurso ilustrado antes que la superstición. Clara responde a Nathanael una frase que provocará en él inseguridad y desconfianza ante sus temores: “convéncete de que esas extrañas figuras no tienen influencia sobre ti. Solo la creencia en su poder enemigo las vuelve enemigas” (Hoffmann: 254). Vale la pena notar que Clara trasluce una sincera disposición de lealtad, incluso en los momentos de zozobra que mantienen al protagonista en un estado taciturno, en muchas ocasiones malhumorado por su supuesta locura.4 Dichos estados parecieran responder a un trastorno infantil que se refleja en un comportamiento violento y depresivo, y en cambios repentinos donde pasa del amor al odio hacia su enamorada. Sigmund Freud habla sobre distintos tipos de pulsiones relacionadas con lo sexual, entre ellas, la crueldad, que representa un estímulo causado por excitaciones externas:

La contribución de [la crueldad] se hace indispensable para comprender la naturaleza penosa de los síntomas, y casi regularmente gobierna una parte de la conducta social de los enfermos. Por medio de este enlace de la libido con la crueldad se produce también la mudanza de amor en odio, de emociones tiernas en emociones hostiles, característica de toda una serie de casos de neurosis y aún, al parecer, de la paranoia en su conjunto (Freud, 1976: 152).

De acuerdo con esto, el estado neurótico de Nathanael aumenta durante la narración al grado de volverse agresivo con Clara, a quien se dirige repetidamente con voz violenta (Hoffmann, 2000: 266). Se produce un aparente quiebre emocional entre ambos que no tarda por enmendarse luego de la intromisión de Lotario al defender el honor de su hermana. Por su parte, los conflictos infantiles de Nathanael se reactualizan durante su juventud, ya que no es capaz de mantener su relación amorosa por el recuerdo que trastornó su mente desde niño.

Hay que tener en cuenta tres tipos de relaciones afectivas presentes en la historia: en primer lugar, el amor maternal entre Nathanael y su madre, el cual pierde relevancia luego de la muerte del padre;5 en segundo, el amor pasional entre él y Clara, que pese a sus reconciliaciones no es de larga duración; por último, una segunda relación de tipo pasional con Olimpia, personaje esencial para identificar el rasgo patológico del protagonista. Olimpia, hija del profesor Spalanzani, es en realidad una muñeca mecánica que parece una joven real, al menos ante los ojos de Nathanael, quien al verla por primera vez

[t]uvo que confesarse que no había visto nunca una belleza como la suya, pero la imagen de Clara seguía instalada en su corazón, y la inmóvil Olimpia le fue indiferente, y solo de vez en cuando dirigía una mirada furtiva por encima de su libro hacia la hermosa estatua, eso era todo (270).

El hombre de arena y la psicología de la ciencia ficción

Tomando en cuenta el estilo de la obra, además del elemento fantástico, Hoffmann introduce lo siniestro por medio de la personificación de la muñeca autómata. Siguiendo a Freud y su escrito “Lo sinestro” (Das Unheimliche), en términos generales el concepto se refiere a algo familiar que se torna extraño, inquietante y perturbador.6. En ese texto Freud aborda directamente la historia Der Sandman y reconoce en Olimpia el elemento siniestro, ejemplificando su presencia en el entorno clínico; sin embargo, es en realidad en el "hombre de arena" donde enfoca su teoría sobre aquella parte reprimida en el inconsciente que emerge de manera disfrazada.7.

Titelblatt der Erstausgabe [Portada de la edición]. Primera edición de Der Sandmann, de E. T. A. Hoffmann, Berlín, 1817. Fotografía y digitalización a cargo de H. P. Haack, Leipzig, 2007. Distribuida para su reproducción bajo los términos de una licencia Creative Commons CC-BY 3.0. Se reproduce con fines educativos y de difusión.

Freud comenta:

Los cuentos de Hoffmann. Debo decir, sin embargo —y espero contar con el asentamiento de casi todos los que hayan leído este cuento— que el tema de la muñeca Olimpia, aparentemente animada, de ningún modo puede ser considerado como único responsable del singular efecto siniestro que produce el cuento; más aún: que ni siquiera es el elemento al cual se podría atribuir en primer término este efecto. […] El centro del cuento lo ocupa más bien otro tema, precisamente el que le ha dado título y que siempre vuelve a ser destacado en los momentos culminantes: se trata del tema del arenero, el “hombre de la arena” que arranca los ojos a las criaturas (1998: 109).

Con base en la lectura de Freud, Olimpia produce una atmósfera que abarca lo fantástico siguiendo la tradición de Mary Shelley desde el punto de vista de la ciencia ficción, consistente en dar vida a lo inanimado como símbolo de la lucha entre realidad e idealización.8 La neurosis de Nathanael aumenta al grado de acelerar el quiebre de su relación con Clara, pues su obsesión no sólo reside en el “hombre de arena” sino que ahora se orienta a Olimpia. Surge una pregunta inquietante: ¿Nathanael no es consciente de la realidad debido a su "locura", o acaso se encuentra en una especie de posesión demoniaca tramada por Coppelius? Sea cual fuere la interpretación más verosímil, resulta innegable que dicha conducta neurótica no sólo afecta la capacidad del protagonista de asumir con claridad el mundo y los objetos que lo rodean, sino que de alguna manera lo convierten, al igual que Olimpia, casi en autómata. Le dice un día Segismundo: “Dime, por favor, amigo, dime, ¿cómo es posible que una persona sensata como tú se haya enamorado del rostro de cera de una muñeca?” (Hoffmann, 2000: 272). Cabe advertir que Nathanael queda prendado de la rigidez mecánica de Olimpia al límite no sólo de idealizarla, sino de también pensar en desposarla. Luego de que el protagonista descubre que Olimpia no es más que una muñeca sin vida controlada por engranes, se asalta una repentina locura que se refleja a través de un lapsus de pérdida de la conciencia, cuando intenta estrangular a Spalanzani mientras macabramente repite las siguientes palabras: “—¡Huy… Huy…! ¡Círculo de fuego! ¡Círculo de fuego! ¡Gira, círculo de fuego! ¡Linda muñequita de madera, gira! ¡Qué divertido…!” (276).

Otros diagnósticos

Felipe G. Arias plantea una doble lectura crítica que contempla la posibilidad de psicosis, pues aquella parte del texto

[e]s antecedida por la narración de que el delirio se había apoderado de él; y surge la pregunta sobre si es un delirio o la ruptura de éste, si hablamos de una psicosis o si es un caso en donde la neurosis saca a relucir los recovecos que la entraman en lo real, son preguntas que cabe discutir y sobre todo de tener en cuenta a manera de ilustración para estudiar qué es aquello que le enseña la literatura a la clínica (2009: 5).

Insoslayable es reparar en torno a la íntima relación entre la literatura y la psicología (clínica), pues ambas permiten crear nuevas interpretaciones relacionadas con la mente humana. Como se ha expuesto, Hoffmann demuestra un ingenio singular en el campo psicopatológico al exponer el deterioro progresivo de la estabilidad psíquica de Nathanael bajo algunos rasgos específicos de lo que hoy entendemos por neurosis. El hombre de arena posee un gran valor literario que, además, puede apreciarse desde diferentes enfoques fundamentales en aquel campo, entre ellos, tópicos como el somnium imago mortis, o "el sueño, imagen de la muerte"; o el tópico del “mundo al revés”; se vinculan con lo fantasioso, con lo onírico, bajo la manifestación neurótica del protagonista. Resulta interesante que Nathanael pierde el conocimiento en los momentos de mayor tensión, y tiempo después despierta de un largo sueño, lo que permite suponer diversas interpretaciones. Al resumir el trágico enamoramiento de Nathanael el autor menciona: “—Honorables damas y caballeros, no se dan cuenta de cuál es el quid del asunto. Todo ha sido una alegoría, una metáfora continuada. ¿Comprenden? ¡Sapienti sat!” (Hoffmann, 2000: 278).

Palabras finales

En El hombre de arena se ilustran enfoques como la depresión, la ira, el masoquismo, el carácter paranoide, relacionados con la neurosis proyectada en Nathanael, que a su vez afectan tanto su percepción del mundo como su destino. La historia puede considerarse un recordatorio de la fragilidad de la mente, así como de las creencias irracionales que conllevan a la desgracia. Así sucede al final del texto donde el protagonista, en un giro sorprendente, decide suicidarse cayendo de una torre. Cabe añadir por último que la obra de Hoffmann, si bien como obra literaria es atemporal, también lo son diversas intuiciones relevantes para la psicología actual, como las que a lo largo de la narración presentan una mirada perspicaz sobre la mente y su capacidad para desdibujar los límites entre lo real y lo imaginario.

Referencias

  • Arias, Felipe Galeano, "Lo ominoso y la mirada, lo real en el Hombre de arena", en Affectio Societatis, vol. 6, núm. 10 (2009), pp. 1-7.
  • Chevalier, Jean, Diccionario de los símbolos. Barcelona: Herder, 1995.
  • Freud, Sigmund, "Lo siniestro", en Revista de Occidente, núm. 201 (1998), pp. 101-109.
  • Freud, Sigmond, Obras completas. Buenos Aires: Amorrortu, 1976.
  • Hoffmann, Ernest Theodor Amadeus, Cuentos de Hoffmann. México: Grupo Anaya, 2000.
  • Real Academia Nacional de Medicina, Diccionario de términos médicos, 2012. En línea en https://dtme.ranm.es/presentacion.aspx
  • Naranjo, Claudio, Carácter y neurosis. Una visión integradora. Chile: Edita y Distribuye, 1994.
  • Sánchez Pérez, Francisco Javier. "Lo Gótico: semiótica, género, estética. Herejía y belleza", en Revista de estudios culturales sobre el movimiento gótico, núm. 1 (2013), pp. 23-38.

Grabado de Vilhelm Pedersen que representa al Hombre de Arena o Sandman, al interior de las páginas de la primera edición de Ole Lukøje [Pegaojos] de H. C. Andersen, inspirado tanto en el relato de Hoffmann como en el folclor germánico (1841).

Tomado de https://es.wikipedia.org/wiki/Sandman_%28folclore%29#/media/Archivo:Vilhelm_Pedersen,_0k-06,_ubt.jpeg. Dominio público. Se repoduce con propósitos educativos y de difusión.

1 Este tipo de cuadro descriptivo se percibe desde el comienzo hasta el final del texto; de igual modo, tal descripción se produce a partir de una triple perspectiva, la cual obedece al modo narrativo en el que la obra está escrita; es decir, de manera epistolar, donde alternadamente ocurre un cambio en la de voz narrativa —a las que se suma el narrador omnisciente.

2 Coppelius, el abogado de la familia, era percibido de forma metafórica como el “hombre de arena”, cuyo temor acrecentó en Nathanael a partir de la muerte de su padre, presuntamente a manos del mismo Coppelius, quien se mantiene prófugo e inadvertido en toda la obra.

3 Los ojos funcionan como un motivo recurrente. Su referencia particular se encuentra asociada con el rito diabólico de Coppelius al querer sacar los ojos a Nathanael, conforme al mito del “hombre de arena”.

4 Debe suponerse que el comportamiento frío y aburrido de Nathanael motivó la posterior disolución amorosa. Tal idea se refleja de manera particular en el momento en el que tal el personaje realizaba la lectura de algunos de sus poemas a Clara. No se trataba de composiciones románticas ni de encomios a la hermosura de la dama, sino de desesperadas tonadas lúgubres y lacrimosas, reflejo de una conducta depresiva tendiente al suicidio.

5 El símbolo de la arena puede tener cierta relación con el contacto materno. Por ejemplo, Jean Chevalier menciona que es “fácil de penetrar y plástica, adopta las formas que la moldean: a este respecto, es un símbolo de matriz. El placer que experimentamos al andar sobre la arena, al echarnos sobre ella, al hundimos en su masa flexible —que se manifiesta en las playas— se emparenta inconscientemente con el regressus ad uterum de los psicoanalistas. Es efectivamente como una búsqueda de descanso, de seguridad, de regeneración” (Chevalier: 203).

6 El término siniestro fue acuñado por el psiquiatra alemán Ernst Jentsch (1867-1919). Según Freud: “La voz alemana Unheimlich es antónimo de Heimlich y de heimisch (íntimo, secreto, y familiar, hogareño, doméstico), imponiéndose en consecuencia la deducción de que lo siniestro causa espanto precisamente porque no es conocido, familiar. Pero, naturalmente, no todo lo que es nuevo e insólito es por ello espantoso, de modo que aquella relación no es reversible. Cuanto se puede afirmar es que lo novedoso se torna fácilmente espantoso y siniestro; pero sólo algunas cosas novedosas son espantosas; de ningún modo lo son todas” (Freud, 1998: 107).

7 Hay una relación entre la castración y la perdida de los ojos en el cuento, mismo que aparece como un motivo recurrente. Freud, en su artículo publicado por primera vez en 1919, sugiere que lo siniestro está vinculado a lo reprimido en la mente, a los deseos y conflictos que se mantienen fuera de la conciencia.

8 Ante este reconocimiento de Nathaniel se produce un giro sorpresivo ya que, a través de la revelación del origen de Olimpia, todo aquello inanimado que resulta familiar se torna repentinamente extraño, irreconocible. Esta incapacidad para separar lo real de lo imaginario es una característica común de la neurosis, donde los pensamientos irracionales y las creencias del individuo se convierten en una fuente de angustia y ansiedad.