
Artículo de divulgación
Dos poemas de Abraham Cowley sobre las reliquias de la Cierva Dorada
M. Lizbeth Calvario Solis
El Colegio de México
mlcalvario@colmex.mx
https://orcid.org/0000-0003-2858-8670
¿El pelícano o la cierva?
Isidoro de Sevilla cuenta que, según la creencia popular, los pelícanos derraman su propia sangre para revivir y alimentar a sus crías (Barney, 2011: 265). No resulta sorprendente, por lo tanto, que con el surgimiento del cristianismo este emblema de abnegación paterna se asociara con la figura de Jesús, por cuya sangre, según el Nuevo Testamento, halló redención la humanidad. Más impredecible, sin embargo, es que el primer capitán inglés en circunnavegar el globo, Sir Francis Drake (ca. 1540-1596), emprendiera su viaje a bordo de un navío (entre una carraca y un galeón) nombrado Pelican.
Drake recorrió el mundo de 1577 a 1580 —es decir, casi sesenta años después del primer viaje de circunnavegación comandado por Fernando de Magallanes, de origen portugués, y el español Juan Sebastián Elcano—.
Contó para ello con el patrocinio de la reina Isabel I, quien tenía dos símbolos predilectos: el fénix, que representaba su fortaleza y largo reinado, y el pelícano, que expresaba el sacrificio altruista de una figura materna hacia sus súbditos. No obstante, pese al fecundo simbolismo de este primer nombre, la nave de Drake pasó a la historia como Golden Hind o la Cierva Dorada, pues así la rebautizó su capitán en honor a uno de sus inversionistas, el lord canciller Christopher Hatton, en cuyo escudo de armas figura una cierva parada como cimera. Según el Diccionario de los símbolos, los atributos simbólicos de la cierva son la feminidad y el cuidado materno o “la cualidad anímica opuesta a la agresividad dominadora” (Chevalier y Gheerbrant: 286-287), algo irónico considerando los logros de Drake y su tripulación en altamar.
El corsario como héroe y la nave como reliquia
Acompañaban a la Cierva Dorada otros cuatro navíos —el Elizabeth, el Marigold [“Caléndula”], el Swan [“Cisne”] y el Benedict—, que, entre otras proezas, capturaron un barco mercante portugués (y a su experimentado capitán, Nuno da Silva);1 asaltaron varios barcos españoles repletos de oro peruano, plata y joyas; ejecutaron a un amotinado; descubrieron una isla (¡ahora perdida!) que Drake bautizó como “Isla Elizabeth”; reclamaron Nova Albion —actual California— para la Corona inglesa, y el 26 de septiembre de 1580 (no sin las respectivas bajas de la travesía) regresaron al puerto de Plymouth colmados de riquezas. No nos equivoquemos: entre un corsario y un pirata sólo había una patente de por medio, que les autorizaba para atacar las embarcaciones de los Estados enemigos y, en teoría, los protegía de ser juzgados como criminales ―a cambio, eso sí, de un porcentaje de sus ganancias para el monarca que les había extendido esta protección―.

Mapa intitulado Novissima et Accuratissima Totius Americae Descriptio [La más nueva y precisa descripción cartográfica de las Américas] atribuido al explorador Nicholas Janzoon Visscher, en 1658. Se muestra Nueva Albión, nombre que los ingleses quisieron atribuir a la pensada 'isla de California' (con el tiempo, los españoles descubrieron que se trababa de una península). Dominio público. Tomada de http://www.geographicus.com/mm5/cartographers/visscher.tx.
A su heroico regreso la reina Isabel I nombró caballero (Sir) a Francis Drake, consagró la Cierva Dorada y ordenó anclarla en un dique seco para la admiración pública en la ribera sur del Támesis, en Deptford,
donde estuvo a merced del tiempo durante más o menos setenta años. En ese lapso, varios de los visitantes se llevaron consigo secciones del barco como recuerdo, por lo que, ante el inevitable desgaste de la atracción en el siglo XVII, se encargó desmantelarla a John Davis, veedor de las provisiones de la Marina en Deptford, quien seleccionó las planchas de roble que aún estaban en buen estado para confeccionar una silla. He aquí la génesis del poema que, hasta donde me fue posible comprobar, se presenta ahora por primera vez en traducción al español.
Abraham Cowley y la oda pindárica
Dio la casualidad de que uno de los oficiales en Deptford era hermano del poeta Abraham Cowley (1618-1667), cuya poesía era culta y ornada, pues tenía por modelos a los ingleses Edmund Spenser y John Donne, así como el extravagante estilo poético del griego Píndaro. Cuando Davis donó la silla a la Bodleian Library, en Oxford, en 1662, Cowley fue el encargado de componer los versos, en inglés y en latín, que se grabaron en una placa de metal reversible fijada al respaldo de la silla:
Empató este barco la carrera
que el Sol da alrededor de esta Tierra.
La nave pitagórica permitan
(no hay arrogancia: el nombre amerita,
por su sapiencia y transmigración)
que ancle en puerto sacro cual es hoy.
Ni Drake ni ella hubieran deseado
condición más sagrada o legado:
ambos han un asiento de reposo,
él, en el Cielo, y su navío, en Oxford.
(“Drake’s Chair Lands in Oxford”).2

Portadilla y frontispicio de la quinta edición (1678) de las Obras completas de Abraham Cowley. No se conocen restricciones de derechos de autor. Se reproduce con fines educativos y de difusión.
Aún inspirado por los vestigios de la nave y por la (para entonces) mítica figura de Sir Francis Drake, como muchos otros curiosos de la época, el poeta aventuró una composición más sobre el tema en la forma conocida como “oda pindárica” ―de mayor extensión― que Cowley buscó adaptar y adoptar para la literatura inglesa, aunque con cierta laxitud, en Pindarique Odes (1656).
Las odas celebran algún acontecimiento, monumento o personaje, por lo general de forma extensa, con dicción elevada y haciendo lujo de un amplio repertorio de figuras poéticas. En específico, la forma como la concibió Píndaro se conformaba por triadas con una estrofa, una antistrofa y un epodo que marcaban el ritmo de los músicos y bailarines, así como por cambios abruptos en la imaginería, garigoleo caótico de las figuras poéticas y digresiones en el desarrollo del tema. En contraste, la oda pindárica que presentó Cowley en sus traducciones libres al inglés fue, según el mismo poeta, el resultado de “extraer, omitir y añadir lo que quise, pues no fue tanto mi empeño hacerle saber al lector de manera exacta lo que dijo, sino el cómo y de qué manera, lo cual (hasta donde sé) aún no se había trasladado al inglés” (en Kinney, 2007 [1656, Aaa2v]; traducción mía).3 Tras ese primer ejercicio, Cowley compuso otras odas, entre las que se incluye la “Oda a estar sentado tomando en la silla hecha de las reliquias del barco de Sir Francis Drake”, que se publicó en Verses on Several Occasions (1663).
El capitán sanguinario y la heroica nave
En su oda, Cowley se inserta a bordo de la nave entre los experimentados marinos de la tripulación de Drake, aunque este ambiente marítimo se descubre pronto como una mera fantasía etílica inspirada por las reliquias del barco. En su poema, la Cierva Dorada deja de ser un mueble para convertirse en la protagonista,
sobreviviente y heroica figura de la circunnavegación que desplaza a la figura del héroe sanguinario (Jowitt, 2020: 544, 550): la problemática inestabilidad del corsario de mano dura (descrito con ironía por Cowley como un “pío aventurero”) que ejecutó al amotinado Thomas Doughty —quien, además de noble, era el secretario personal de Christopher Hatton— se ve reemplazada así por la estabilidad de la afable Cierva Dorada, que descansa tras su ardua labor.4 Casi 370 años después, la silla aún permanece bajo el resguardo de la Bodleian Library, en el edificio de la Escuela de la Divinidad (Oxford Divinity School).
"Oda a estar sentado tomando en la silla hecha de las reliquias del barco de Sir Francis Drake"5
I
Anímense, mis hombres, que el viento
nos muestra su favor: icen más velas,
que no hay que escatimar cuando navegas.
Adiós a tierra firme, pues es nuestro
el mar de la bebida adonde vamos.
¡Qué calor! Sirvan vino en otro vaso
que aplaque este bochorno: compañeros,
surca ella en buena hora y comprendo
que circunnavegamos. ¿Qué hombres necios
prefieren resguardarse bajo techo
pudiendo, como yo, estar a sus anchas,
colmados de experiencia en otras patrias?
Le ruego, timonel, cuide las aguas:
no olvidemos tocar tierras peruanas
para atestar de oro nuestra nave
y asegurar con esta exuberancia
la fortuna de cada tripulante.
II
¿Qué tanto estoy diciendo? ¿Desvarío?
Cual bruja en su escoba que, imagino,
remonta el aire en vuelos fantasiosos,
navego en esta silla el mar redondo,
pues este enser hoy mudo y silente
ha visto errancia y viaje más frecuentes
que antes árbol, bestia, pez o ave.
De océanos y vientos todo sabe:
ha abarcado la tierra y firmamento.
En nada se compara al asiento
del mismísimo Papa: en verdad
solo esta es la silla universal.

Bahía Drakes, justo debajo de la península de Punta Reyes, al norte del Golden Gate y la Bahía de San Francisco, California. Realizado en 2004 por Matthew Trump. Imagen compartida bajo una licencia Creative Commons CC-BY-SA 3.0. No se conocen restricciones de derechos de autor. Se reproduce con fines educativos y de difusión.
III
A salvo de las flamas el galeón
del pío aventurero —que por paga
se embolsó las reliquias troyanas—,
se ha convertido ahora en escuadrón
de ninfas inmortales que cual remos
van usando los brazos hacia nuevos
e incluso más grandiosos derroteros.
No ha anclado aún el primer barco poeta
de la Grecia —pese a que, cual estrella
victoriosa, guía a sus herederos
como antes la orientó el vellocino—
ni ha encontrado algún puerto tranquilo,
pues la marea celeste la desplaza.
Solo de Drake la nave consagrada
ha visto y hecho más que todas ellas
en tiempo inmemorial cuando aún eran
deidades y un astro; en recompensa
por toda su labor al fin se asienta.
Se transforman ahora los papeles:
saliste antes a ver los continentes,
hoy vienen los viajantes para verte.
IV
Es la curiosidad como la fe
a la hora de atraer a peregrinos,
y aunque también disfruto del descanso
(casi como lo haría cualquier banco)
de buena gana iría a otro destino
con tal de ver la rueda de aquel
carruaje que desvió el hijo apolíneo.
Aun así, los restos del navío
comandado por Drake son la reliquia
que zarpará del puerto hacia otra vía:
el soplo de la fama es viento en popa,
alisios oportunos que pilotan
tu viaje por el mundo que recorres
igual que el sol por todo el horizonte.
Los estrechos del tiempo son muy cortos
para el viaje que emprendes a lo ignoto,
donde llevas mi verso como vela
y a mí de timonel que el curso lleva.
Palabras finales
Con estos humorísticos versos nos convertimos en aventureros de sillón y acompañamos a Abraham Cowley a bordo de los vestigios de la Cierva Dorada. Claro que el legado de Sir Francis Drake es complejo y problemático, entre otras cosas, por su papel en el comercio de esclavos en la década de 1560. En años recientes, incluso se ha pedido quitar las estatuas de Drake y otros personajes que ayudaron a constituir Inglaterra como uno de los principales agentes de la trata transatlántica de esclavos. Sin embargo, la idealización (tanto en vida como póstuma) de hombres como Drake por sus habilidades marítimas y militares es una parte ineludible del pasado colonial inglés y de la literatura del imperio, de la cual esta oda representa una pequeña pero significativa muestra y cuya traducción contribuye a preservar la riqueza y complejidad de la memoria cultural.
Referencias
- Barney, Stephen A., W. J. Lewis, J. A. Bleach, y Oliver Berghof (eds.; trads.). The Etymologies of Isidore of Seville. Cambridge: Cambridge University Press, 2011.
- Chevalier, Jean, y Alain Gheerbrant. Diccionario de los símbolos. Manuel Silvar y Arturo Rodríguez (trads.). Barcelona: Herder, 2015.
- Jowitt, Claire, Craig Lambert, y Steve Mentz (eds.). The Routledge Companion to Marine and Maritime Worlds, 1400-1800. Londres: Routledge, 2020.
- Kinney, Daniel (dir.), The Abraham Cowley Text and Image Archive. Abraham Cowley, “Preface”, Pindarique Odes, Written in Imitation of the Stile [sic] & Manner of the Odes of Pindar. Londres: Impreso por Humphrey Moseley, 1656. University of Virginia Library, 2007. https://cowley.lib.virginia.edu/1656tpIII.htm.
- Kinney, Daniel (dir.), The Abraham Cowley Text and Image Archive. Abraham Cowley, “Drake’s Chair Lands in Oxford”. University of Virginia Library, 2007, https://cowley.lib.virginia.edu/small/drake.html.
- Kinney, Daniel (dir.), The Abraham Cowley Text and Image Archive. Abraham Cowley, “Ode. Sitting and Drinking in the Chair, made out of the Reliques of Sir Francis Drake’s Ship”. University of Virginia Library, 2007, https://cowley.lib.virginia.edu/works/drakeshipode.html

Von Uffenbach señala que la silla fue expuesta al público originalmente en la Bibliotheca Bodleiana, en Oxford. Entre una de las cientos de curiosidades que pueden apreciarse en ese recinto, acumuladas por años en la Galería, la llamada 'Drake Chair' es la única que aún se mantiene en sitio original en la Bodleian Library desde el siglo XVII, luego de haber sido exhibida en numerosos museos y universidades a lo largo de los años. Al día de hoy puede apreciarse en el edificio central de la Divinity School, Bodleian Library, en Oxford. Fotografía tomada por Xavier Laurent en 2019. Usada con el permiso de Oxford and Empire Project. Tomada de https://www.cabinet.ox.ac.uk/drake-chair-1662. No se conocen restricciones de derechos de autor. Se reproduce con fines educativos y de difusión.
1 La traducción al español del relato que hizo Da Silva puede leerse en Moreno Madrid, José María, y David Salomoni. “Nuno de Silva’s Third Relation: An Unknown Report on Francis Drake’s Voyage (1577-1580). Terrae Incognitae, vol. 54, núm. 1 (2022): 64-82.
2 Traducción mía. “To this great Ship which round the Globe has run, / And matcht in Race the Chariot of the Sun, / This Pythagorean Ship (for it may claim / Without presumption so deserv’d a Name, / By knowledge once and transformation now) / In her New Shape this sacred Port allow. / Drake and his Ship could not have wish’d from Fate, / A more blest Station, or more blest Estate. / For (Lo!) a Seat of endless Rest is given, / To her in Oxford, and to him in Heaven”.
3 “I have in these two Odes of Pindar taken, left out, and added what I please ; nor make it so much my aim to let the Reader know precisely what he spoke, as what was his way and manner of speaking; which has not been yet (that I know of) introduced into English”.
4 Existe una réplica navegable de tamaño real en la ribera sur del Támesis y otra más pequeña de exhibición en el puerto de Brixham (Devon, Inglaterra). Otros barcos históricos también cuentan con réplicas navegables, como la Nao Victoria de Magallanes y Elcano, que, a la fecha de escritura de este texto, se encuentra en Andalucía; la Nao Santa María de Cristóbal Colón, actualmente atracada en Málaga; o los tres barcos de los fundadores de Jamestown, Virginia, que hacen recorridos periódicos por la bahía de Chesapeake.
5 Traducción mía. Para la versión inglesa, véase Cowley, “Ode. Sitting and Drinking in the Chair, made out of the Reliques of Sir Francis Drake’s Ship”.
Anímense, mis hombres, que el viento
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