Vol. 8, núm. 1

"FILOLOGÍA Y ARCHIVÍSTICA"

 

DOSSIER

 

 

Presentación del dossier

Filología y archivística

 

Los libros antiguos constituyen una parte fundamental del patrimonio cultural universitario. Son testimonios históricos y materiales de los procesos de producción, circulación y apropiación del conocimiento que marcaron el desarrollo de las sociedades europeas, americanas y asiáticas durante la época moderna. Conservarlos, estudiarlos y difundirlos forma parte de la misión académica de las instituciones que los resguardan.

El Fondo Antiguo Zesati-Rougier de la Biblioteca "Rubén Bonifaz Nuño" del Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México ofrece una oportunidad excepcional para acercarse a ese legado. Adquirido por la UNAM en 2019, constituye parte del acervo reunido por Carlos Zesati Estrada a partir de la biblioteca Félix de Jesús Rougier del Instituto de Humanidades y Ciencias A. C., formada originalmente con libros procedentes de diversos establecimientos de los Misioneros del Espíritu Santo en México, España e Italia. Actualmente resguarda más de tres mil ejemplares impresos entre los siglos XVI y XVIII: 702 del siglo XVI, 1,062 del XVII y 1,303 del XVIII. Cerca de la mitad de las obras están en latín, mientras que una proporción semejante se encuentra en español; el resto incluye biblias trilingües en hebreo, griego y latín, así como libros en francés, inglés y alemán. Entre sus páginas se conservan testimonios excepcionales de la cultura escrita de esas centurias: encuadernaciones, grabados, mapas, marcas de propiedad y ejemplares salidos de algunos de los talleres tipográficos más importantes de Europa y la Nueva España.

El presente dossier tiene su origen en el curso presencial Libro, imprenta y lectura en Europa: un recorrido histórico del siglo XV al XVIII, diseñado e impartido por la autora de esta presentación en el Departamento de Educación Continua del Instituto de Investigaciones Filológicas durante el primer semestre de 2025. Concebido como una introducción a la historia del libro desde la perspectiva de la historia cultural, buscó familiarizar a los alumnos con los procesos de producción, edición, circulación y lectura de los impresos europeos de la época moderna, así como con las herramientas básicas de la bibliografía material y la investigación histórica aplicada a los testimonios impresos.

Como parte de las actividades académicas, los alumnos visitaron el Fondo Antiguo Zesati-Rougier y trabajaron directamente con algunos de sus ejemplares. El contacto con los libros permitió poner en práctica los conocimientos adquiridos en clase y desarrollar habilidades de observación, descripción y análisis. Organizados de manera individual o en pequeños equipos, seleccionaron una obra del acervo y elaboraron una ficha bibliográfica acompañada de un comentario centrado en algún aspecto de la edición, la materialidad o la historia del ejemplar.

Los trabajos estuvieron vinculados a la preparación de la muestra bibliográfica "Biblia y exégesis en el Fondo Antiguo Zesati-Rougier" del Instituto de Investigaciones Filológicas, presentada entre septiembre y diciembre de 2025. La exposición reunió ejemplares relacionados con la transmisión, interpretación y estudio de las Sagradas Escrituras: biblias en distintas lenguas, comentarios exegéticos, paráfrasis, concordancias, obras patrísticas y otros textos vinculados con la tradición bíblica. Su propósito fue doble. Por una parte, acercar a los alumnos al trabajo directo con fuentes antiguas y ofrecerles una experiencia formativa vinculada con la investigación histórica. Por otra, difundir entre la comunidad universitaria la riqueza y diversidad de uno de los acervos patrimoniales más importantes de la UNAM.

Los textos que integran este dossier constituyen una selección de los trabajos elaborados para dicha exposición. No representan la totalidad de las investigaciones realizadas durante el curso, sino una primera muestra. En números posteriores de Senderos Filológicos se buscará publicar nuevos estudios desde distintas perspectivas relacionadas con este fondo. 

Las páginas que siguen reflejan la diversidad de aproximaciones que suscita el libro antiguo. Algunos autores privilegiaron el análisis de los ejemplares desde su dimensión material, partiendo de encuadernaciones, grabados, marcas de fuego, ex libris o sellos de propiedad; otros se interesaron por las prácticas editoriales, los contextos de producción de las obras o las trayectorias de circulación de los impresos; otros más, sobre la historia de la edición desde el punto de vista del contexto político y sociocultural que rodeaba a sus autores, incluidos antecedentes bibliológicos o bibliográficos de esos ejemplares. En conjunto, estos trabajos muestran que cada volumen conserva múltiples rutas o senderos por explorar, y que el estudio del patrimonio bibliográfico universitario constituye un espacio privilegiado para la formación de nuevas generaciones de investigadores.

Con la publicación de este dossier, la revista Senderos Filológicos se suma a los esfuerzos de difusión del Fondo Antiguo Zesati-Rougier como parte medular de la biblioteca "Rubén Bonifaz Nuño" del Instituto de Investigaciones Filológicas, y reafirma el compromiso de este Instituto con la preservación, el estudio y la divulgación de los testimonios escritos que forman parte de nuestra memoria cultural.

Referencias

  • Carreño Velázquez, Elvia (coord.). “Biblioteca Félix de Jesús Rougier. Catálogo bibliográfico del Fondo Antiguo. México: Instituto de Humanidades y Ciencias, A. C. / Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas de México (ADABI)”, inédito.
  • Moreno Gamboa, Olivia. “Libros antiguos / Ancient Books. Biblioteca del Instituto de Investigaciones Filológicas”, en UNAM Internacional. Universidad, Humanidades y Sociedad, núm. 8 (noviembre 2024-febrero 2025), pp. 212-215.
  • Moreno Gamboa, Olivia. “Libro, imprenta y lectura en Europa: un recorrido histórico del siglo XV al XVIII. Programa del curso presencial”. Impreso por el Departamento de Educación Continua del Instituto de Investigaciones Filológicas, UNAM, 2025.

 

Cartel de difusión de la muestra abierta al público celebrada en la biblioteca "Rubén Bonifaz Nuño" entre septiembre y diciembre de 2025
Diseñado por el Departamento de Diseño y Difusión del Instituto de Investigaciones Filológicas. Cedidos los derechos de reproducción para los fines divulgativos y de difusión de esta publicación.

 

Olivia Moreno Gamboa

Centro de Estudios Literarios
Instituto de Investigaciones Filológicas
oli_moreno@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0003-3435-7390

 

 


 

Commentaria in Pentateuchum Mosis de Cornelio a Lapide: descripción bibliográfica y análisis del retrato del exégeta

 

Horacio José Almada Anderson
horacioalmada@filos.unam.mx

 

Signatura Ubic. y No. ZR:

313

Título:

R. P. Cornelii Cornelii A Lapide e Societate Jesu, S. Scripturae Olim Lovanii, Postea Romae Professoris, Commentaria in Pentateuchum Mosis, indicibus Necessariis Illustrata. Coloniae & venueunt Lugduni, Apud Fratres de Tournes, 1732

Autor:

Cornelii Cornelii A Lapide (1567-1637)

Editor:

Fratres de Tournes

Lugar de impresión:

Coloniae & venueunt Lugduni, Apud Fratres de Tournes

Marca del impresor:

En portada, grabado en metal. La marca de los impresores Frères de Tournes está representada por un medallón en cuyo centro pende una cartela sostenida por el cuerpo de una serpiente. En ella se puede leer un versículo del Antiguo Testamento.

Año:

1732

Formato:

Folio (37.5 x 24.5 cm)

Total de páginas:

[12] 824 [38]

Idioma:

Latín

Letras capitulares:

Capitular floreada grabada en metal: A (dos diseños), C (tres diseños), D (dos diseños), H (tres diseños), I, L (dos diseños), P, Q.

 

 

 

Ejemplo de la tipografía y la letra capitular de uno de los capítulos. Pueden apreciarse los elementos anteriormente descritos.

 

Material provisto por el autor de esta contribución. Dominio público.

 

 

Grabados:

En la portada, marca de los impresores; en los interiores, retrato del autor en grabado calcográfico; en las apostillas marginales, tres frisos y cinco ornamentos para finales de capítulo.

Paratextos:

Introducción (2 pp.). Próposito General (1616) y Censura (1615) (1 p.). Prólogo (1 p.). Nota al Benévolo Lector (1 p.), Índices: Locorum S. Scriturae quae in hoc opere (3 pp.), Rerum Memorabilium (25 pp.) y Materiarum Pro Concionibus Evangeliorum Dominicarum (5 pp.).

Marcas de propiedad:

Marca de fuego del Convento de la Merced de las Huertas, Tacuba, Ciudad de México.

Encuadernación:

Pergamino

Estado de conservación:

Manchas de humedad, daños por polilla y hongo. Lomo parcialmente desprendido.

* * *

La revisión minuciosa de un ejemplar antiguo requiere de paciencia, dedicación y una rigurosa aproximación metodológica. El curso que dio origen a este brevísimo ejercicio da fe de los conocimientos adquiridos durante su desarrollo. Revisar el volumen página por página, como lo haría un editor moderno, permite descubrir grabados, letras capitales —también llamadas capitulares— apostillas marginales, remates de capítulo y un retrato grabado del autor.

Por la portada sabemos que Cornelio a Lapide fue un sacerdote de la Compañía de Jesús y profesor de Sagrada Escritura en la Universidad de Lovaina y posteriormente en Roma; que esta obra constituye un comentario a los cinco primeros libros del Antiguo Testamento (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio); que esta edición cuenta con índices destinados a facilitar su consulta; y, finalmente, que fue impresa en Colonia y distribuida en Lyon por los hermanos de Tournes en 1732.

La portada del libro fue decorada con un hermoso grabado en metal de estilo clásico y forma rectangular. En el centro se observa un gran medallón flanqueado por dos figuras alegóricas: del lado derecho, la Justicia con los ojos vendados, sosteniendo una balanza en la mano derecha, y del lado opuesto, la Prudencia, portando un espejo en la mano derecha y una serpiente en la izquierda. En el centro del medallón aparece la marca de los impresores: una cartela suspendida del cuerpo de una serpiente, en cuyo interior puede leerse el versículo Quod tibi fieri non vis alteri ne feceris (“No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti”; Tobías 4,15.). En parte inferior del medallón se aprecia un óvalo con las iniciales “F D T”, Fratres de Tournes.

Otra versión puede consultarse en https://www.academiacolecciones.com/estampas/inventario.php?id=GR-0453.

Marca de los Hermanos de Tournes, impresores de Francia, activos desde el siglo XVI. En el centro del grabado se aprecia una cartela con la leyenda “Qvod tibi fieri non vis alteri ne feceris” (trad. “No hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti”, Tobías 4, 15).

Material provisto por el autor de esta contribución. Dominio público. Se reproduce con fines educativos y de difusión.

La costumbre de incluir un retrato del autor, ya fuera con palabras o mediante una imagen, fue retomada por la literatura profana del Siglo de Oro: Cervantes lo hizo en el primer caso, en el Prólogo a sus Novelas Ejemplares, y Lope en el segundo, en las ediciones de su lírica y narrativa. Cervantes lo hizo en el primer caso, en el Prólogo a sus Novelas ejemplares; Lope, en el segundo, en las ediciones de su lírica y narrativa.

El grabado calcográfico del exégeta Cornelio a Lapide lo representa de perfil hacia la derecha, vistiendo el hábito religioso y con las manos en actitud de plegaria. Sus ojos, semicerrados, se dirigen hacia un libro abierto en cuyas páginas aparece una representación de Moisés. El profeta está vestido con el hábito hebreo antiguo, espada en la mano derecha desenvainada, con la punta recargada en el suelo, que simboliza a la Ley Hebrea, y el brazo izquierdo señalando hacia la derecha fuera del grabado de su retrato, donde nos encontramos al comentador del texto. El libro (a todas luces un ejemplar del Antiguo Testamento) está recargado en una cruz con un Cristo crucificado, situado frente a un librero. Los tres estantes, están ocupados por libros semejantes en tamaño y encuadernación. Frente al grabado de Moisés sobre la mesa, un tintero y una pluma, instrumentos para la reflexión de Lapide. En la parte inferior el identificador: P. Cornelius a Lapide, Compañía de Jesús, murió en el año de la salvación 1637 a la edad de 71 años (P. Cornelius Lapide Societatis Jesu. Obiit Anno Salutis MDCXXXVII. Aetatis Suae LXXI).

Cornelio a Lapide escribió su retrato en una plegaria en otra de sus obras, su comentario a Daniel: “Durante casi treinta años sufro con alegría, contigo y por ti, el martirio continuo de la vida religiosa, el martirio de la enfermedad, el martirio del estudio y la escritura; consígueme también, te suplico, para coronarlo todo, el cuarto martirio, el de la sangre. Por ti he gastado mi espíritu vital y animal; también gastaré mi sangre.” (Cfr. https://www.newadvent.org/cathen/04377a.htm).

Grabado de fina hechura de Cornelio a Lapide, sacerdote de la Compañía de Jesús y profesor de Sagrada Escritura en la Universidad de Lovaina. Se lo representa de perfil hacia la derecha, vistiendo el hábito religioso y con las manos en actitud de plegaria. Su mirada se posa sobre un libro abierto donde figura una representación de Moisés. Imagen provista por el autor de esta colaboración. Dominio público. Se reproduce con fines educativos y de difusión.

 

 


Frontispicio & evangelio: El grabado de Gerónimo Antonio Gil en la Sacra Biblia Vulgata de Madrid

 

Ricardo Briseño López
Investigador independiente
richie.b.dcv@gmail.com

Signatura Ubic. y No. ZR:

t. 1 (371); t. 2 (372)

Título:

Biblia Sacra: vulgatae editionis, Sixti V. et Clementis VIII. PP. MM. auctoritate recognita / cum annotationibus et indice geographico I. B. Du-Hamel, notisque chronologicis, atque historicis exemplaris vitreani; a clarissimis viris praeposito, et sacerdotibus Oratorii Salvatoris digesta olim, recensita, & emmendata; cum novissime, tum etiam accuratissime castigata prodeunt opera, & studio quorumdam monachorum Ordinis S. Benedicti è Congregatione Vallisoletana

 

 

Editores:

Sixti V. et Clementis VIII. PP. MM. auctoritate recognita. Anotaciones e índice geográfico de Jean-Baptiste du Hamel (1624-1706)

Lugar de impresión:

Madrid, España

Imprenta:

Typis Iosephi de Urrutia [En la imprenta de José de Urrutia]

Año:

1790

Formato:

Folio (27 x 36 cm). Texto a dos columnas con apostillas marginales y notas a pie de página

Marca del impresor:

Marca del impresor en portada. Dos putti alados sosteniendo un tablero circular coronado que contiene un monograma compuesto por las letras TYUR (posible contracción de las palabras Typis y Urrutia).

Estado de conservación:

Corte y desgarro del papel de las pp. 89-90. Daños de polilla, t. 2.

Total de páginas:

t. 1 [6] h., LXXVI, 671 p.; t. 2, 771 p.

Idioma:

Latín

Letras capitulares:

Tipográficas

Frontispicio:

Grabado calcográfico elaborado por Gerónimo Antonio Gil, estilo neoclásico.

Grabados:

12 grabados en t. 1 (pp. frontispicio, portada, 50, 111, 148, 226, 230, 259, 283, 340, 405, 482) y 15 grabados en t. 2 (pp. portada, 59, 236, 250, 254, 281, 341, 402, 434, 590, 717, 739, 747, 755, 771), incluyendo la marca del grabador en ambas portadas.

Paratextos:

Licencia del Rey Carlos III; Advertencia al lector; Decreto del Concilio de Trento, con permiso del pueblo; Permiso superior.

Marcas de propiedad:

Marca de fuego del Ex Libris manuscrito en la guarda anterior: "De los Libros de Mora", t. 1, t. 2

Encuadernación:

En piel sobre cartón con guardas de papel marmolado. Lomos con seis nervaduras estructurales; título, número de tomo y ornamentación dorados. Cantos decorados en color rojo.

* * *

La biblioteca Zesati-Rougier nos invita a dialogar con su colección de libros novohispanos por medio de su fondo antiguo. Fondo útil para los amantes de los libros que deseen aprender de la historia y la preservación de los textos religiosos durante los últimos cuatro siglos en el corazón de México (Moreno, 2025, s. p.).

De esta rica colección de libros religiosos, resalta la Biblia Sacra: vulgatae editionis, Sixti V. & Clementis VIII. PP. MM. auctoritate recognita, con anotaciones e índice geográfico del francés Jean-Baptiste du Hamel, quien publicó dichas anotaciones originalmente en Francia en 1705; casi un siglo más tarde, este ejemplar de la Biblia Sacra fue impreso en 1790 por Iosephi de Urrutia en Madrid.1

Frontispicio de la Biblia Sacra: vulgatae editionis, Sixti V. et Clementis VIII. PP. MM., impresa en Madrid en los talleres de José de Urrutia en 1790. Cabe destacar el estilo neoclásico del grabado realizado por Gil y su maestría en el manejo del claroscuro.

Material provisto por el autor de esta colaboración. No se conocen restricciones de derechos de autor. Se reproduce con fines educativos y de difusión.

Sobre esta Biblia Sacra, impresa en dos volúmenes, es de notar el frontispicio de la Pars Prima realizado por Gerónimo Antonio Gil, quien la grabó en Madrid en 1767. Antonio Gil es de especial importancia para la historia del arte en México ya que, en 1781, durante el reinado de Carlos IV, fue fundador y primer director de la Real Academia de San Carlos (Fernández et al., 2013: 237).

La Academia se fundó como parte del proyecto ilustrado que germinaba en la Nueva España en el siglo XVIII, tanto por la necesidad de una Academia de las Bellas Artes en América que demostrara las capacidades de sus artistas, como por la necesidad de tener más y mejores grabadores para la Real Casa de Moneda.

La imagen del frontispicio no es inusual para la época puesto que, tras el periodo de frontispicios de estilo barroco (a manera de retablos llenos de escenas de la biblia y grutescos), sucedió el periodo neoclásico donde la imagen se volvió más sobria, natural y realista. Por esto, no es de extrañar que en vez de retablos llenos de decoraciones los protagonistas del frontispicio de este ejemplar sean personajes de la Biblia y alegorías.

En el frontispicio de la Biblia Sacra, Gil incluye la imagen de Aarón, hermano de Moisés, sosteniendo la tabla de los mandamientos, en representación del Viejo Testamento. Opuesta a Aarón, Gil representa la alegoría de la Iglesia sosteniendo la cruz, las llaves del paraíso, el cáliz y el pan, y con la inscripción ΧΡΣ (Cristo Salvador) en el pecho, en representación del Evangelio o Nuevo Testamento. Ambos erguidos a los lados de la Biblia como pilares de la fe (Real Academia de Bellas Artes, 2025, s. p.).

El libro que sostienen ambas figuras juntas es la misma Biblia Sacra : vulgatae editionis rodeada por los símbolos de los evangelistas: hombre alado, águila, toro y león.

Se observa un juego de miradas interesante en el que Aarón mira hacia abajo, hacia los mandamientos y en dirección al suelo, mira al plano terrenal de los mortales condenados por el pecado original en el Antiguo Testamento, pero también es el plano que Cristo habitó como hombre.

Por su parte, la alegoría de la Iglesia mira hacia el plano celeste, en dirección al rompimiento de gloria que representa la salvación por medio de Dios, quien se presenta en forma de espíritu santo. La figura del espíritu santo ilumina a la Iglesia ––la luz recae directamente en la Iglesia mientras que una nube obscura impide que alcance a Aarón–– y a su vez la Iglesia redirige la luz de salvación, por medio del nombre de ΧΡΣ, hacia la esfera del mundo en la base de la composición. Antonio Gil no dudó en dirigir los rayos de luz directamente hacia “EUROPA”, en cuyo centro se colocan la península itálica y su capital Roma.

En la base del grabado, a los pies de Aarón y la Iglesia, se encuentran, respectivamente, la Menorá y una representación simbólica de la Pasión: el corazón de Cristo rodeado de las manos y pies del salvador, con los cinco estigmas de la crucifixión. De estas heridas brota la sangre de Cristo hacia lo que parece ser una pila bautismal en forma de cáliz y de esta hacia una piscina de salvación. La sangre de Cristo es, acorde a la fe católica, la que limpia del pecado y salva de la condena eterna a sus creyentes.

Detalle del frontispicio con el sagrado corazón y los estigmas de Cristo de los que brota la sangre que derramó durante la crucifixión, sangre que limpia del pecado y otorga la salvación acorde con la tradición.

Imagen provista por el autor de esta comunicación. Dominio público. Se reproduce con fines educativos y de difusión.

La habilidad técnica del maestro grabador para plasmar esta escena es digna de destacar, ya que cada trazo implica el esfuerzo de años de práctica del grabador. Años de práctica que se reflejan en cada trazo realizado cuidadosamente sobre la placa calcográfica, con los cuales lograr los más sutiles contrastes de luz y sombra a través del metal y la tinta, y con esto demostrar la devoción y la cercanía con Dios de la Iglesia católica.

Cada trazo realizado meticulosamente con la paciencia y devoción de un santo es parte del inmenso grabado que inflamará los corazones de quienes acudan a las Sagradas Escrituras.

Referencias

 

1 En este ejemplar de la Biblia del Fondo Antiguo Zesati-Rougier resulta fascinante observar las huellas de uso y los deterioros causados por la acción de insectos, pues invitan a reflexionar sobre la materialidad del libro novohispano y sobre la importancia de analizar estos indicios como parte de la historia del libro, de sus formas de uso y de sus periodos de abandono.

 

 


Comentario sobre un Apocalípsis del convento del Carmen de la Ciudad de México

 

Melissa Ortega Torres
melissarollsroyce@gmail.com

Jair Daniel Villada Victoria
jairdanielv@hotmail.com

Velia Marcela Gómez Hernández
cuquioprocoro@gmail.com

 

Signatura Ubic. y No. ZR:

345

Título:

Primitivae Observantiae; Sacrae Theologiae Qvondam Salmanticensis. Collegij Lectoris, nunc Prioris Conuentus Civitatis Burgenfis, eiufdem Ordinis. Commentarij Literales, & Morales In /Apocalypsin B. Ioannis Apostoli

Autor:

Francisco de Jesús María, O.C.D., (1599-1677)

Traductor, comentarista y editor:

Ioannis Bavdrand

Lugar de impresión:

Lugduni (Lyon, Francia)

Imprenta:

Sumptibus Ioannis Bavdrand [“A expensas de Juan Baudrand”]

Año:

1648

Formato:

Folio

Total de páginas:

[6] h., 30 p., [19] h., 368 p., [39] h.

Idioma:

Latín

Letras capitulares:

Tipográficas: C, F, E, I, O, Q, P, U, D, H, N.

Grabados:

En la portada, grabado en metal (cobre) mediante la técnica de punta seca. En el interior, viñetas xilográficas triangulares y rectangulares empleadas como remates de capítulos, decoradas con motivos figurativos y vegetales.

Viñeta decorativa, probablemente grabada en madera, utilizada como remate de capítulo, compuesta por un mascarón al centro flanqueado por dos figuras aladas, rodeadas de motivos florales y arquitectónicos. Imagen provista por los autores de esta colaboración. No se conocen restricciones de derechos de autor. Se reproduce con fines educativos y de difusión.

Cenefa o filete decorativo formado por una repetición de ornamentos tipográficos.

Paratextos:

Legales: censuras, aprobaciones y licencias de impresión. Literarios: Prólogo.

Marcas de propiedad:

Presenta dos marcas de fuego, una atribuida al Convento de la Merced de la Ciudad de México y otra al Convento de la Purísima Concepción de Toluca, de los carmelitas descalzos. Asimismo, en la portada se conserva el ex libris manuscrito: “es del S[an]to. desierto del Monte Carmelo”.

Encuadernación: 

Pergamino

Observaciones:

El ejemplar conserva algunos testigos.

* * *

De acuerdo con las marcas de propiedad, este ejemplar de comentarios al Apocalípsis de San Juan perteneció a la librería común del Convento de Nuestra Señora de la Merced, fundado en la Ciudad de México a inicios del siglo XVII, donde se formó una de las bibliotecas corporativas más importantes de Nueva España. Desconocemos si fue antes o después cuando el ejemplar pasó a la librería del Convento de la Purísima Concepción de Toluca y, de allí, al Santo Desierto del Monte Carmelo, es decir, a la casa de recogimiento que la Orden del Carmen tenía en la zona boscosa de Cuajimalpa, al poniente de la capital novohispana.

La construcción de dicho convento inició en 1605, con el nombre del Santo Desierto de Quauhximalpa, y culminó en 1611. Se erigió con licencia del rey y de los superiores de la Orden en España. Su patrono, Melchor Cuéllar, Ensayador Mayor de la Real Hacienda, lo dedicó a la Virgen María del Monte Carmelo.

Tras varios obstáculos políticos y eclesiásticos, se eligió la ubicación en un bosque cerca de Santa Fe, considerado milagroso por sus descubridores. La construcción del convento se dio en condiciones adversas, sobre todo por disputas sobre la propiedad. La vida conventual era austera, de silencio riguroso, ayuno y penitencia. Con el paso del tiempo sufrió saqueos y abandono. Finalmente, en el siglo XIX, el gobierno tomó posesión del lugar.

Uno de los personajes más importantes de este exconvento fue fray Agustín de la Madre de Dios, autor de una crónica religiosa titulada Thesoro escondido en el Monte Carmelo Mexicano. Mina rica de ejemplos y virtudes en la historia de los Carmelitas Descalzos de la Provincia de San Alberto de la Nueva España. En ella, fray Agustín dejó constancia de la vida monástica de su corporación y las normas que la regían, además dedicó numerosas páginas al Santo Desierto.

Marca de propiedad manuscrita atribuida al Santo Desierto de la Provincia de San Alberto de Nueva España de los carmelitas descalzos.

A continuación, transcribimos un verso de fray Joaquín de la Natividad sobre la biblioteca del Desierto carmelitano, escrito hacia 1667:

En vn quarto se ue la librería
Es en suma de los libros mui crecida
En otros La Espiritual Armeria
De uarios silicios abastecida
Oficinas son de Sabiduría
Donde vn Alma, se halla bien socorrida
Porque junta mui bien la buena Sciencia
Con altas noticias la Penitencia.

(Nicolás León, 1922. Cosmos Magazine).

La descripción lírica nos acerca al espacio destinado a la biblioteca del convento, que debía ser un lugar bien dotado de libros sacros, iluminado en todos los sentidos. Un lugar de estudio y conocimiento, pero también de recogimiento y penitencia. En ese ambiente de contemplación y disciplina espiritual estuvo resguardado este ejemplar de los comentarios al Apocalípsis. Es probable que su lectura alimentara la reflexión escatológica de los religiosos, ofreciendo imágenes y explicaciones sobre el fin de los tiempos, el juicio divino y la salvación.

Hoy en día se conoce a ese antiguo y apartado recinto como Exconvento del Desierto de los Leones, aunque también se le puede encontrar con el nombre antes mencionado de Santo Desierto de Cuajimalpa o con el de Santo Desierto de Carmelitas Descalzos.

Grabado en metal ubicado en el interior del libro. La escena representa a la Virgen María con el Niño Jesús entregando el escapulario a un religioso carmelita. Imagen provista por los autores de esta colaboración. Dominio público. Se reproduce con fines educativos y de difusión.

Referencias

        • Gómez de Orozco, Federico, "El Desierto de los Leones", en Anales del Instituto Nacional de Antropología e Historia, vol. 4, núm. 1 (1922), pp. 280-292.
        • León, Nicolás, “El Santo Desierto de Cuajimalpa o Desierto de los Leones”, en Cosmos Magazine, México, pp. 28-30.
        • Pérez Martínez Ramón Manuel, “Argumentación ejemplar en una historia religiosa novohispana del siglo XVII: el Tesoro escondido (1646-1653) de fray Agustín de la Madre de Dios, o. c. d.”, en Rumbos del hispanismo en el umbral del Cincuentenario de la AIH, Patrizia Botta, Aviva Garriba, María Luisa Cerrín Puga y Debora Vaccari (coords.), vol. 7, 2012, pp. 154-161.
        • Reyna, María del Carmen, “El Desierto de los Leones: sus aguas y la adjudicación de su monasterio en el siglo XIX”, en Historias, núm. 19 (1988), pp. 97-107.

Páginas web


 

Un éxito editorial de la espiritualidad francesa: la Pharáphrasis moral del obispo Masillon

 

 

Lilia Rosas Martínez
Centro de Investigación y Documentación Histórica y Cultural de Coyoacán
liliarosasmartinez@gmail.com

Marina Téllez González
Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, UNAM
marina.tellez.glez@gmail.com
https://orcid.org/0009-0003-3435-7390

Samuel Leyva Navarro
Licenciatura en Historia, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
samueleyvan@gmail.com

 

Signatura Ubic. y No. ZR:

Tomo IX (606)

Título:

Paraphrasis moral de algunos psalmos, por el Illmo. Señor D. Juan Bautista Massillon, uno de los quarenta de la Academia Francesa, y Obispo de Clermont, traducidos al español por el P. Don Pedro Diaz de Guereñu, de la Congregacion de Clerigos Regulares de San Cayetano.

Autor:

Jean-​​Baptiste Massillon (1663-1742), obispo de Clermont y miembro de la Academia Francesa

Traductor:

Pedro Díaz de Guereñu, Congregación de Clérigo Regulares de San Cayetano.

Lugar de impresión:

Madrid, España

Imprenta:

En la oficina de Pedro Marin

Año:

1778

Formato:

4º (23 x 17 cm), considerando la encuadernación

Total de páginas:

[1] h., 342 p. Presenta un error en la ordenación de los cuadernillos, pues las páginas 155-170 aparecen al final del volumen.

Idioma:

Español y latín.

Letras capitulares:

El ejemplar presenta tres tipos de letras decoradas con motivos geométricos y florales, así como historiadas. Se registran, entre otras, las iniciales O (dos tipos distintos), S, E (dos tipos distintos), G (cuatro tipos distintos), V (dos tipos distintos), L, Y, Q, A.

Ejemplo de letras capitulares, grabado metálico

Ejemplo de capitular "G", grabado metálico

 

Ejemplos de letras capitulares utilizadas para decorar los inicios de los capítulos. Material privisto por los autores de la presente comunicación. Dominio público. Se reproduce con fines educativos y de difusión

Grabados:

​En la portada, un grabado xilográfico que probablemente corresponda a la marca del impresor; y en la anteportada, un grabado xilográfico en la cabecera del título.

Paratextos:

Privilegio ​p​ara toda la obra. Nota: Aquí acaba en el Manuscrito la Paraphrasis del Psalmo XXX, ò por no haber hecho mas el Autor, ò por haberse perdido lo que faltaba, p. 324.

Marcas de propiedad:

En la portada se observan dos sellos institucionales en tinta, colocados a ambos lados de la probable marca del impresor. ​El de la izquierda dice: “BIBLIOTECA FELIX DE JESUS ROUGIER M. Sp. S.”; el de la derecha, parcialmente tachado, consigna la fecha y el lugar: “15 de AGOS. 94 MEXICO”.

Encuadernación: Encuadernación en piel jaspeada.

* * *

Recepción de la oratoria francesa en España

Los sermones, oraciones fúnebres, conferencias y discursos del obispo francés Jean-​​Baptiste Massillon (1663-1742), publicados póstumamente, gozaron ​​de una gran difusión a finales del siglo XVIII en toda Europa. Reconocido por su talento como predicador y por su cercanía con la corte francesa, las obras del presbítero de la Congregación del Oratorio fueron traducidas ​​rápidamente al castellano, ​​al inglés y al italiano.

Massillon fue una figura destacada de la élite intelectual ​​de su época. Afamado orador, su labor religiosa estuvo orientada principalmente a la reflexión moral. En 1717 fue nombrado obispo de Clermont, en Francia, y dos años después, miembro de la ​​prestigiosa Académie française. Conviene recordar el carácter literario de esta institución dentro de su horizonte dieciochesco, no simpre identificable con la Ilustración, pues entre sus objetivos se encontraba regular y normalizar el uso de la lengua francesa. De este modo, Massillon reunía una doble autoridad: la eclesiástica, que legitimaba su interpretación moral de los salmos, y la literaria e intelectual, derivada de su pertenencia a la Academia.

En España, la traducción y publicación de su obra fue una empresa editorial de altos vuelos, desarrollada en Madrid entre 1773 y 1778 bajo la dirección del clérigo regular Pedro Díaz de Guereñu. En ella participaron distintos impresores, de modo que Pedro Marín no fue el único. Al parecer, la colección llegó a reunir once tomos, que agrupaban sus sermones, discursos y tratados espirituales, y de ella se conocen al menos dos ediciones. Su éxito en el ámbito hispánico tuvo como telón de fondo el prestigio alcanzado por la oratoria sacra francesa durante el siglo XVIII.

La Pharaphrasis moral de algunos psalmos es la traducción al castellano de Sentimens d’une âme toucheé de Dieu tirés des pseaumes de David [Sentimientos de un alma tocada por Dios, tomados de los salmos de David].

La primera edición en francés, publicada en un sólo volumen, data de 1759, mientras que la primera traducción al español apareció en 1774 como el tomo IX de la colección. Sin embargo, puede inferirse que las obras de Massillon tuvieron buena recepción en los reinos hispánicos, puesto ​​que volvió a imprimirse en 1778; precisamente, el ejemplar que nos ocupa forma parte de esta segunda edición. En Francia, una segunda edición parisina de los Sentiments, publicada dos volúmenes, apareció hasta 1791.

Fig. 3. Portada del tomo IX de la colección de los escritos de Massillon, traducidos y publicados en Madrid entre 1773 y 1778.

La obra consiste en un manual de oración basado en la paráfrasis de 27 salmos, a saber, los números 1, 3, 4, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 21, 22, 23, 24, 25, 26, 27, 28, 29, 30 y 31. Los comentarios revelan una modalidad particular de lectura. Primero, se coloca como título el número del salmo. Luego, se presenta una síntesis, más que una traducción, del salmo en castellano mediante una frase. Posteriormente, se señala en letra cursiva y con un número consecutivo el verso en latín. Finalmente, se incluye uno o dos párrafos que, a manera de oración, ofrecen al lecto​​r la explicación y reflexión moral del verso citado.

Es de llamar la atención que en la misma portada se anuncien los lugares de venta del libro en Madrid, señalados en el plano siguiente: la librería de Juan de Llera, ubicada en la Plaza del Ángel (también llamada plazuela), y la portería de las casas de la Congregación de San Cayetano, a la que, precisamente, pertenecía el traductor.

Plano de Madrid según Pedro Teixeira (1656).
Los puntos rojo y negro representan, respectivamente, *Librería de Juan de Llera, Plaza del Ángel y *Parroquia de San Cayetano, antes Convento de Nuestra Señora del Favor.

Imagen provista por los autores de esta colaboración. No se conocen restricciones de derechos de autor. Se reproduce con fines educativos y de difusión.

Desde el punto de vista material, el ejemplar conservado en el Fondo Antiguo Zesati-Rougier presenta características de especial interés. El formato del libro (19.5 ​​cm de largo, 14.4 de ancho y 2.7 de espesor), equivalente a un octavo, es decir, a un libro de bolsillo fácil de transportar y decleer sin la necesidad de colocarlo sobre un atril o una mesa. Su encuadernación es singular porque ​​posee una cartera entera en piel rameada, y en su lomo puede observarse 7 costillas marcadas con dorado y seis casillas, siendo la más larga la última, contando de arriba hacia abajo. En la segunda casilla se encuentra un tejuelo de piel roja en el que se lee “Sermones de Massillon” en letras doradas. En la cuarta casilla aparece el número “9”, rodeado por una guirnalda igualmente dorada. Las guardas que protegen el cuerpo del libro son de papel marmoleado o decorado; sus colores amarillo, negro y blanco forman diseños semejantes a gotas de aceite.

El volumen conserva además importantes huellas de su historia posterior. Los sellos institucionales de la Biblioteca Félix de Jesús Rougier testimonian su incorporación a una de las colecciones que dieron origen al actual Fondo Antiguo Zesati-Rougier.

Referencias

Ejemplo de uno de los grabados de inicio capitular al interior de la edición traducida del libro de Masillon. Material provisto por los autores de esta colaboración. No se conocen restricciones de derechos de autor. Se reproduce con fines educativos y de difusión.

 


 

Una Biblia comentada en tiempos de conflicto: notas sobre un ejemplar de Hugo de Sancto Charo impreso en Colonia (1621)

 

Sofía Valadés Galeana
sofia.valadesgaleana@gmail.com

 

Signatura Ubic. y No. ZR:

360

Título:

Opera omnia in universum Vetus & Novum Testamentum / Ugonis de S. Charo, S. Romanae Ecclesiae tit. S. Sabinae cardinalis primi Ordinis Praedicatorum. Nunc primum in Germania post venetas impressiones diligentissimè in lucem editum

Traductor, Comentarista, Editor:

Hugo de Sancto Charo, card., (ca. 1200-1263).

Lugar de impresión:

Colonia, Alemania

Imprenta:

Johann Gymnich IV

Marca tipográfica del impresor:

Caballito de mar acompañado del lema Discite iustitiam moniti [“Aprended justicia, ¡oh vosotros que habéis sido advertidos!”], tomado de la Eneida de Virgilio.

Año:

1621

Formato:

Folio (23x36.2 cm)

Total de páginas:

[11], 459 h.

Idioma:

Latín

Letras capitulares:

Grabadas con motivos florales: S, V, H, P, F, I, E, B, D, T, M.

Grabados:

La portada tipográfica a dos tintas está decorada con un grabado del emblema de la Compañía de Jesús.

Emblema de la Compañía de Jesús representado por el monograma “IHS”. Su presencia en la portada sugiere una posible vinculación de la edición con el ámbito jesuita. Material provisto por la autora de esta contribución. Dominio público. Se reproduce con fines educativos y de difusión.

Paratextos:

Prólogo de Sancto Charo

Marcas de propiedad:

El ejemplar presenta dos marcas de fuego sin identificar.

 

 

Marcas de fuego sin identificar. Fotografías tomadas por la autora de esta colaboración. Dominio público. Se reproducen con fines educativos y de difusión.

 

Testimonios de lectura:

Anotación manuscrita en la guarda posterior: “Arco la Maddalina - f 13 [arcu miy porg]”; y en la hoja 13, una pequeña “x”.

Encuadernación:

Pergamino

* * *

Inicialmente, este ejemplar me llamó la atención por su rica portada historiada, que ofrece al lector una serie de imágenes bíblicas memorables, comparables a las representadas en los vitrales de iglesias medievales. Su apariencia material revela la importancia del texto que contiene: impreso en formato de folio, con portada tipográfica a dos tintas, incorpora los comentarios de Hugo de Sancto Charo, primer cardenal de la Orden de Predicadores en el siglo XIII. Se trata, sin duda, de un ejemplar excepcional. En la portada se anuncia que corresponde a la primera edición alemana de esta obra, “después de las venecianas”, y que ha sido “cuidadosamente ilustrada”. Asimismo, se destaca su utilidad práctica: “muy necesaria para los profesores de teología, en la cual se declaran las cuestiones más importantes en sus sentidos literal, alegórico, tropológico o moral y anagógico, con gran provecho para los estudiantes”. En la portada destaca el monograma de la Compañía de Jesús (IHS), así como la marca y el lema del impresor Johann Gymnich IV, quien, inferimos, perteneció a una dinastía de impresores alemanes.

Son numerosos los aspectos que hacen de este ejemplar un objeto de particular interés; sin embargo, lo que más me cautivó fue el hecho de que se imprimiera en Colonia a comienzos del siglo XVII, en pleno conflicto religioso dentro del Sacro Imperio Romano Germánico. ¿Por qué la ciudad de Colonia permaneció fiel al catolicismo? ¿Qué propósito perseguía la impresión de estos comentarios o glosas en dicha ciudad a principios del siglo XVII? ¿Quiénes promovieron o financiaron esta edición y qué papel desempeñó el impresor en su producción y distribución? ¿Sería posible reconstruir el itinerario de este ejemplar hasta la Nueva España, suponiendo que cruzó el Atlántico durante la época colonial?

El contexto histórico en el que fue impreso este volumen es sumamente complejo y vasto. Colonia constituía uno de los principales centros urbanos del Sacro Imperio y contaba, durante el siglo XVI, con una población cercana a los 40,000 habitantes. Desde los inicios de la Reforma protestante, la ciudad acató las disposiciones del Edicto de Worms de 1521 y organizó la quema pública de las obras de Lutero. A las autoridades de Colonia les interesaba mantener su condición de ciudad imperial libre. La decisión de defender el catolicismo frente a la expansión del protestantismo respondió a una combinación de factores económicos, políticos y estratégicos. Era fundamental proteger las rutas comerciales hacia los territorios situados al norte y noroeste, así como garantizar la seguridad la región del Bajo Rin, donde numerosas comunidades permanecieron fieles al catolicismo. La defensa de esta confesión religiosa también constituía un medio para preservar la autonomía de la ciudad frente al emperador y al arzobispo. Su estructura política descansaba en la estrecha relación entre el Consejo Municipal y la Universidad, en particular su Facultad de Teología: muchos consejeros se habían formado en ella y las autoridades universitarias eran designadas por el propio Consejo. La diseminación de ideas estaba muy controlada, pues la Universidad ejercía funciones de censura sobre todo lo impreso. El flujo de ideas protestantes era obstaculizado en otros ámbitos sociales; por ejemplo, los gremios de artesanos estaban controlados por un grupo de mercaderes ricos que seguían las directrices del Consejo. El aparato político y social de Colonia se comprometió con la defensa del catolicismo y así se mantuvo durante largo tiempo.

Frontispicio grabado exprofeso para la obra de Santo Charo. Es un ejemplo destacado de las portadas y frontispicios de estilo humanista, decorados con escudos, emblemas y criaturas reales y fantásticos.

Los paratextos de la Opera omnia in universum de Hugo de Sancto Charo no indican quiénes fueron los responsables de esta edición. Asimismo, la información disponible sobre el impresor Johann Gymnich IV es escasa. Su lema Discite ivstitiam moniti (“Aprended justicia, ¡oh vosotros que habéis sido advertidos!”), tomado de un verso de Virgilio, funciona más bien como exhortación moral dirigida al lector. Es posible inferir que esta edición fuera promovida por personas vinculadas a la Universidad de Colonia, a la Compañía de Jesús, al Consejo de la ciudad o incluso a comerciantes acaudalados. Una Biblia de gran formato y elevado costo, publicada en 8 tomos, debió cumplir con diversas funciones, entre ellas, la de servir de propaganda de la Contrarreforma. Para 1621, año de su publicación, la Guerra de los Treinta Años había comenzado. Sería interesante ahondar en el efecto que tuvo este conflicto en los talleres de imprenta, el comercio y la circulación del libro en el Sacro Imperio Romano Germánico y otras zonas de Europa.

Para el siglo XVII, las diferencias doctrinales entre el catolicismo, el luteranismo y las iglesias reformadas estaban mucho más definidas. El Concilio de Trento había declarado a la Vulgata latina como la versión oficial de la Biblia. Para la Iglesia católica, la tradición, entendida como una fuente de revelación complementaria a las Escrituras y transmitida desde la época de Cristo y los apóstoles, poseía una autoridad doctrinal equivalente. Hugo de Sancto Charo fue un teólogo dominico del siglo XIII que hizo importantes correcciones y comentarios a la Vulgata durante su magisterio en la Universidad de París. Su pensamiento estuvo influido por el renacimiento intelectual del siglo XII y por el desarrollo de la filosofía escolástica. Entre los métodos exegéticos empleados destaca la Quadriga, sistema de interpretación bíblica que distinguía cuatro niveles de significado: literal, moral, alegórico y anagógico,1 mencionados en el prólogo a esta edición. En el contexto postridentino, sus comentarios fueron ampliamente aceptados y elogiados, lo que explica la publicación de numerosas ediciones de esta obra.

El ejemplar que nos ocupa viajó desde Colonia hasta la Ciudad de México, probablemente durante el siglo XVII. Conserva lo que parecen dos marcas de fuego distintas que no logré identificar, pues ninguna tiene semejanza con las registradas hasta el día de hoy en el Catálogo Colectivo de Marcas de Fuego y la Colección Francisco Guerra de la Biblioteca Histórica Marqués de Valdesillas de Madrid. Uno de los indicios de lectura más interesantes que presenta el ejemplar es una nota manuscrita en la guarda posterior: “Arco la Maddalina - f 13 [arcu miy porg]”. Adicionalmente, en el folio 13 se observa una pequeña “x” al margen del párrafo que describe el llanto y la penitencia de María Magdalena, así como una bellísima metáfora de la transformación de su llanto en un arcoiris. María Magdalena fue una figura central de la Contrarreforma y fue adoptada como patrona por numerosos penitentes en la Nueva España. El propósito de promover los valores del catolicismo postridentino por medio de esta Biblia comentada por Sancto Charo tuvo una continuidad a lo largo de la época moderna tanto en Europa como en América.

 

 

 

Nota manuscrita a la izquierda en la guarda posterior del libro: “Arco la Maddalina - f 13 [arcu miy porg]”. La anotación parece estar relacionada con una pequeña “x” trazada en la hoja 13 (imagen de la derecha), la cual señala un pasaje referente a María Magdalena. El texto latino que muestra la "x" bajo el parágrafo "Maria Magdalena", describe el pasaje del Nuevo Testamento donde la santa vierte su llanto, su penitencia y cómo el llanto se convierte en arcoiris.

 

Referencias

 

1 El sentido anagógico alude en la hermenéutica medieval al "sentidio espiritual de la Escritura, es decir, al sentido que eleva el alma a Dios y su plan salvífico" (en Vattimo, 1993: 122 [N. del T.]).

 


 

La impresora Manuela Contera Mañas, viuda de Joaquín de Ibarra

 

Gabriela Carbajal Nava

too18chan@gmail.com

 

Signatura Ubic. y No. ZR:

2119

Título:

Interpretacion clara y sencilla, ó sentido propio y literal, en una paráfrasis continuada, de los Salmos de David [...].

Traductor o comentarista:

Doctor Don Eugenio García (?-1785), Presbítero, catedrático que fue de Historia Literaria en el Seminario Palafoxiano de la Puebla de los Ángeles; teniente Vicario Ecesiástico de Madrid y su Partido, provisor y Vicario General del Obispado de Cartagena y Murcia.

Lugar de impresión:

Madrid, España

Imprenta:

Imprenta de la Viuda de Ibarra

Año:

1790

Formato:

17 cm.

Total de páginas :

XXXII, 539 p.

Idioma:

Latin / Español, a doble columna.

Capitales: 

B/D, C/C, E/E, Y/C, V/E, D/S, M/M, B/B, N/A, O/B.

Grabados:

Un grabado en aguafuerte que representa a David anciano con el arpa, realizado por “Moreno y Tevada del.aq. F” [dibujó y grabó; del. = delineavit, aq. f. = Faqua forti fecit] al inicio del corpus.

Grabado de fino trazo que representa al rey David, del Antiguo Testamento. Realizado por “Moreno y Tevada. Imagen provista por la autora de esta contribución. Dominio público. Se reproduce con fines educativos y de difusión.

Paratextos:

Dedicatoria del traductor al “Ilustrísimo señor Don Victoriano López Gonzalo, del Consejo de S[u] M[agestad], antes Obispo de Puebla de los Ángeles, después de Tortosa y ahora de Cartagena y Murcia [...] me estimulan sobremanera a que le dedique con la mejor complacencia el fruto de un trabajo, que aunque prolijo, quedará suficientemente compensado, con que solo llegue a merecer su aprobación y patrocinio [...]”; discurso preliminar del traductor, aprobaciones y elogios de diferentes prelados de Francia [incluye de distintos Arzobispos y del Censor ordinario, fechadas entre 1707 y 1708]; prefacio del autor, notas a pie de página. En cuanto a las licencias de impresión, bajo la mención de impresión por la Viuda de Ibarra se lee “con las licencias necesarias”.

Dedicatoria al Opispo de Puebla de los Ángeles

Discurso preliminar del traductor Don Eugenio García

 

Dedicatorias y Discurso preliminar del traductor a Interpretacion clara y sencilla, ó sentido propio y literal, en una paráfrasis continuada, de los Salmos de David.... Material privisto por la autora de la presente nota. No se conocen restricciones de derechos de autor. Se reproduce con fines educativos y de difusión

 

Marcas de propiedad:

Sellos en tinta: Bibliotheca Domus S. Filipi a Lesu, Mexici; Vicariato de México; Domus M. S. S., México; Bibilioteca Félix de Jesús Rougier.

Encuadernación:

Pergamino sobre cartón.


* * *

La característica que se destaca en este ejemplar es el pie de imprenta “en la imprenta de la viuda de Ibarra”. Resalta ya que su marido es un impresor español de ediciones de alta calidad y lujo ampliamente reconocido, “impresor de Cámara de S. M., del Ayuntamiento de Madrid desde 1772 y de la Real Academia Española” (Carpallo, A., 2018); a la muerte de éste en el año de 1785, el taller pasó a poder de su viuda. Doña Manuela Contrera mantuvo las ediciones con tintas negras intensas, papel verjurado, márgenes amplios y sellos de calidad que caracterizaron al taller de su marido. Sin embargo, actualizó el pie de imprenta “Por la Viuda de D. Joaquin Ibarra", "En la imprenta de la Viuda de Ibarra" o en la "Imprenta de la Viuda de Don Joaquin Ibarra” (Villegas, 2001) son las menciones más comunes.

La actividad editorial de Doña Manuela fue bastante amplia. La Biblioteca Nacional de España señala su participación en al menos 977 ediciones (BNE, 2025), y obtuvo una renovación de algunos privilegios que antes tuvo su esposo, entre ellos: Impresor de Cámara de su Majestad, de la Real Academia Española, de la Real Academia de la Historia, del Arzobispo Primado, entre otros, estos reconocimientos hasta la fecha son una confirmación de haber sido uno de los mejores maestros impresores en la España del siglo XVIII. Doña Manuela mantuvo estos nombramientos hasta su muerte en 1805, y su labor en la imprenta mantuvo los estándares de calidad que anteriormente caracterizó al trabajo de su marido, haciendo reimpresiones y nuevas impresiones que igualmente rivalizaron con las de la original Ibarra.

En cuanto a la presencia de mujeres impresoras en el Fondo Reservado de la Biblioteca Félix de Jesús Rougier, tras una búsqueda de la palabra clave “viuda” se encontraron 94 entradas y una variedad de 21 imprentas dirigidas por una mujer. De las anteriores, 6 resultados corresponden al papel de las viudas como mecenas y de los 88 restantes se observa la participación de sus imprentas en campos muy diversos, desde teología moral hasta comercio, pasando por diversas disciplinas de la historia.

Cabe recalcar que, si bien estas mujeres impresoras incursionan en el campo de las publicaciones religiosas, el sistema sólo arroja 2 resultados para la edición de Biblias, siendo ambas de dos herederas de Ibarra, la viuda y la hija.

La excepción a esta característica es la impresión de estos salmos puesto que se asigna dentro del catálogo el tema “Biblia”, lo que la hace destacar; por otro lado, es necesario considerar que, aunque el presente ejemplar es una impresión realizada por el sello de la Viuda de Ibarra, ésta es una tercera edición. De las anteriores se ha identificado una edición de 1785, impresa aún con el pie de imprenta “Por D. Joaquín Ibarra, Impresor de Cámara de S. M. CON LAS LICENCIAS NECESARIAS”, para la bibliografía comparativa resultaría interesante el contraste entre dichas ediciones.

Detalle del pie de imprenta de la presente traducción de los Salmos. Imagen provista por la autora de esta contribución. Dominio público. Se reproduce con fines educativos y de difusión.

 

 

MISCELÁNEA

 


La neurosis en El hombre de arena de E. T. A. Hoffmann


Pablo Esteban Valdés Flores
Posgrado en Letras
Universidad Nacional Autónoma de México
pabvalflo@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0000-3325-7329

Introducción

El cuento El hombre de arena (Der Sandman, 1817) de Ernest Theodor Amadeus Hoffmann, consta de varios elementos narrativos y simbólicos que pueden abordarse de manera aislada y detallada. En este texto pretendo ahondar en la psique del protagonista, Nathanael, con el fin de detectar cualquier rastro en su conducta y en su pensamiento asociado con lo que llaman neurosis, reconocido por los psicoanalistas como “un trastorno provocado por conflictos infantiles de naturaleza sexual reactualizados en la vida adulta” (Real Academia de Medicina, 2012). Con base en tal definición, cabe identificar en Nathanael un miedo que parte de una creencia mítica del folclore sajón y celta a cierta criatura conocida como Sandman ("el hombre de arena"), quien, según el autor:

Cuando los niños no quieren irse a la cama, les arroja un puñado de arena a los ojos haciéndolos llorar sangre. Luego los mete en un saco y se los lleva a la luna creciente para divertir a sus hijos, que esperan en el nido y tienen picos encorvados como las lechuzas para comerles los ojos a picotazos (Hoffmann, 2000: 236).

Imagen atribuida a Abbie Norton. Promocional para un podcast en YouTube consistente en un resumen de la trama y lectura de extractos de The Sandman bajo la modalidad de audiolibro. Créditos: Talebot - The Talent; The Taleoids - The Talent's Helpers; Benjamin Cook - Writer, Director, & Voice Actor; Abbie Norton - Art Director & Asset Artist (https://abbienortonart.com) • Alexander Cuenin - Animator & Editor (http://www.alextheanimator.com/) • Bazz Bartlett - Audio Engineer (https://www.bartlettaudio.com.au/) • Austin Elizabeth Gaines - Researcher & Writer • Rachel Doud - Packaging & Asset Artist. Disponible en https://iifilologicas.unam.mx/senderosFilologicos/index.php/senderosPhilologicos/eta_hoff_2. Por tratarse de un podcast con propósitos ilustrativos, con fines educativos y de difusión en una revista de divulgación, se exhibe según los términos de la segunda condición del numeral 2 de sus Términos de servicio: "You are a small-scale production company, non-profit, or artist, in which case you may use the YouTube Service to showcase or promote your own creative works", así como del acuerdo establecido en el numeral 9.1 de YouTube respecto a las Licencias para otros usuarios, mediante el que el creador de obra, o los detentores de los derechos patrimoniales, "grant all users of the YouTube Service permission to view your videos for their personal, non-commercial purposes. This includes the right to copy and make derivative works from the videos solely to the extent necessary to view the videos".

Vale atender algunos aspectos estéticos importantes para categorizar la obra. Uno de ellos es la convergencia de elementos del género fantástico con ciertos rasgos del terror gótico, donde se recrean espacios tétricos cuyo propósito consiste en generar una atmósfera de miedo en el lector u oyente.

La estética sublime del siglo dieciocho ayudó a estimular el movimiento de lo gótico. Progresivamente, el adjetivo gótico se irá asociando con lo que esas historias ofrecían de macabro y sensacionalista: la referencia temporal subraya épocas pasadas, y la arquitectónica, los aspectos más oscuros de las construcciones medievales (criptas, pasadizos secretos, ruinas, castillos amenazadores). Además, el término se fue aplicando a los motivos fantásticos o al tratamiento de temas que habían sido expulsados y cercenados de la literatura neoclásica, como el incesto, el asesinato, la violación o la tortura (Sánchez, 2013: 23).

En el cuento de Hoffmann aparecen algunos de esos rasgos, representados en emociones degenerativas como la inseguridad, la desdicha y la conmiseración.1 Mientras Nathanael cuenta la trágica historia de su niñez, él mismo asegura que su enamorada, Clara, así como su hermano Lotario, se ríen de él al momento de leer su carta, creyéndolo fuera de sus cabales. Esta y otras sospechas que reflejan desconfianza dejan entrever en el protagonista comportamientos de tipo neurótico, que irán aumentando conforme se desenvuelve el hilo narrativo. Se pueden identificar en esto una concentración de distintos signos o señales:

Poseídos por un profundo anhelo, dominados por la nostalgia, íntimamente melancólicos y a veces visiblemente lánguidos y llorosos, son en general pesimistas, con frecuencia amargos y algunas veces cínicos. Los rasgos asociados son lamentación, queja, desánimo y autocompasión (Naranjo, 1994: 183).

Hay que notar en la personalidad de Nathanael un visible pesimismo, así como un complejo de escritor lírico que proyecta efímeros lapsos de alegría enturbiados con algún recuerdo de la infancia.2 Cabe traer a contexto que el temor infantil de Nathanael sucede cuando el abogado de la familia, Coppelius, intenta sacarle los ojos en medio de un rito satánico en el que secretamente participa su padre.3 Aquel hecho producirá en el niño una discapacidad afectiva con su madre, sus amistades y, de manera particular, con su futura enamorada, Clara, con quien mantiene cierta distancia pero, al mismo tiempo, un apego emocional y una necesidad de validación. Con base en ello, cabe reconocer el carácter de Nathanael como el de un joven melancólico, torvo y solitario; pesimista, de mal humor, con una necesidad de conmover y otro tipo de comportamientos relacionados con una posible neurosis. Siguiendo a Naranjo, el carácter neurótico sugiere una necesidad de conmover, donde se ponen en juego una serie de conductas como la emocionalidad, la arrogancia competitiva, el refinamiento o los intereses artísticos sombríos.

Pueden ser llamados adictos al amor y su ansia de amor es a su vez mantenida por una necesidad de reconocimiento que son incapaces de darse a sí mismos. La dependencia que de ello se deriva puede manifestarse no sólo como un aferrarse a las relaciones frustrantes, sino como una adherencia, un sutil abuso de contacto que parece provenir no sólo de la necesidad de contacto, sino también de una anticipada prevención o aplazamiento de la separación (185).

En algún momento ocurre un cambio en la voz narrativa e interviene Clara, quien a través de la comunicación epistolar resalta su carácter solícito y amoroso con el protagonista. Desde un punto de vista racional, el personaje femenino muestra un pensamiento objetivo y lógico que recuerda la ideología de la época del autor donde predominaba el discurso ilustrado antes que la superstición. Clara responde a Nathanael una frase que provocará en él inseguridad y desconfianza ante sus temores: “convéncete de que esas extrañas figuras no tienen influencia sobre ti. Solo la creencia en su poder enemigo las vuelve enemigas” (Hoffmann: 254). Vale la pena notar que Clara trasluce una sincera disposición de lealtad, incluso en los momentos de zozobra que mantienen al protagonista en un estado taciturno, en muchas ocasiones malhumorado por su supuesta locura.4 Dichos estados parecieran responder a un trastorno infantil que se refleja en un comportamiento violento y depresivo, y en cambios repentinos donde pasa del amor al odio hacia su enamorada. Sigmund Freud habla sobre distintos tipos de pulsiones relacionadas con lo sexual, entre ellas, la crueldad, que representa un estímulo causado por excitaciones externas:

La contribución de [la crueldad] se hace indispensable para comprender la naturaleza penosa de los síntomas, y casi regularmente gobierna una parte de la conducta social de los enfermos. Por medio de este enlace de la libido con la crueldad se produce también la mudanza de amor en odio, de emociones tiernas en emociones hostiles, característica de toda una serie de casos de neurosis y aún, al parecer, de la paranoia en su conjunto (Freud, 1976: 152).

De acuerdo con esto, el estado neurótico de Nathanael aumenta durante la narración al grado de volverse agresivo con Clara, a quien se dirige repetidamente con voz violenta (Hoffmann, 2000: 266). Se produce un aparente quiebre emocional entre ambos que no tarda por enmendarse luego de la intromisión de Lotario al defender el honor de su hermana. Por su parte, los conflictos infantiles de Nathanael se reactualizan durante su juventud, ya que no es capaz de mantener su relación amorosa por el recuerdo que trastornó su mente desde niño.

Hay que tener en cuenta tres tipos de relaciones afectivas presentes en la historia: en primer lugar, el amor maternal entre Nathanael y su madre, el cual pierde relevancia luego de la muerte del padre;5 en segundo, el amor pasional entre él y Clara, que pese a sus reconciliaciones no es de larga duración; por último, una segunda relación de tipo pasional con Olimpia, personaje esencial para identificar el rasgo patológico del protagonista. Olimpia, hija del profesor Spalanzani, es en realidad una muñeca mecánica que parece una joven real, al menos ante los ojos de Nathanael, quien al verla por primera vez

[t]uvo que confesarse que no había visto nunca una belleza como la suya, pero la imagen de Clara seguía instalada en su corazón, y la inmóvil Olimpia le fue indiferente, y solo de vez en cuando dirigía una mirada furtiva por encima de su libro hacia la hermosa estatua, eso era todo (270).

El hombre de arena y la psicología de la ciencia ficción

Tomando en cuenta el estilo de la obra, además del elemento fantástico, Hoffmann introduce lo siniestro por medio de la personificación de la muñeca autómata. Siguiendo a Freud y su escrito “Lo sinestro” (Das Unheimliche), en términos generales el concepto se refiere a algo familiar que se torna extraño, inquietante y perturbador.6. En ese texto Freud aborda directamente la historia Der Sandman y reconoce en Olimpia el elemento siniestro, ejemplificando su presencia en el entorno clínico; sin embargo, es en realidad en el "hombre de arena" donde enfoca su teoría sobre aquella parte reprimida en el inconsciente que emerge de manera disfrazada.7.

Titelblatt der Erstausgabe [Portada de la edición]. Primera edición de Der Sandmann, de E. T. A. Hoffmann, Berlín, 1817. Fotografía y digitalización a cargo de H. P. Haack, Leipzig, 2007. Distribuida para su reproducción bajo los términos de una licencia Creative Commons CC-BY 3.0. Se reproduce con fines educativos y de difusión.

Freud comenta:

Los cuentos de Hoffmann. Debo decir, sin embargo —y espero contar con el asentamiento de casi todos los que hayan leído este cuento— que el tema de la muñeca Olimpia, aparentemente animada, de ningún modo puede ser considerado como único responsable del singular efecto siniestro que produce el cuento; más aún: que ni siquiera es el elemento al cual se podría atribuir en primer término este efecto. […] El centro del cuento lo ocupa más bien otro tema, precisamente el que le ha dado título y que siempre vuelve a ser destacado en los momentos culminantes: se trata del tema del arenero, el “hombre de la arena” que arranca los ojos a las criaturas (1998: 109).

Con base en la lectura de Freud, Olimpia produce una atmósfera que abarca lo fantástico siguiendo la tradición de Mary Shelley desde el punto de vista de la ciencia ficción, consistente en dar vida a lo inanimado como símbolo de la lucha entre realidad e idealización.8 La neurosis de Nathanael aumenta al grado de acelerar el quiebre de su relación con Clara, pues su obsesión no sólo reside en el “hombre de arena” sino que ahora se orienta a Olimpia. Surge una pregunta inquietante: ¿Nathanael no es consciente de la realidad debido a su "locura", o acaso se encuentra en una especie de posesión demoniaca tramada por Coppelius? Sea cual fuere la interpretación más verosímil, resulta innegable que dicha conducta neurótica no sólo afecta la capacidad del protagonista de asumir con claridad el mundo y los objetos que lo rodean, sino que de alguna manera lo convierten, al igual que Olimpia, casi en autómata. Le dice un día Segismundo: “Dime, por favor, amigo, dime, ¿cómo es posible que una persona sensata como tú se haya enamorado del rostro de cera de una muñeca?” (Hoffmann, 2000: 272). Cabe advertir que Nathanael queda prendado de la rigidez mecánica de Olimpia al límite no sólo de idealizarla, sino de también pensar en desposarla. Luego de que el protagonista descubre que Olimpia no es más que una muñeca sin vida controlada por engranes, se asalta una repentina locura que se refleja a través de un lapsus de pérdida de la conciencia, cuando intenta estrangular a Spalanzani mientras macabramente repite las siguientes palabras: “—¡Huy… Huy…! ¡Círculo de fuego! ¡Círculo de fuego! ¡Gira, círculo de fuego! ¡Linda muñequita de madera, gira! ¡Qué divertido…!” (276).

Otros diagnósticos

Felipe G. Arias plantea una doble lectura crítica que contempla la posibilidad de psicosis, pues aquella parte del texto

[e]s antecedida por la narración de que el delirio se había apoderado de él; y surge la pregunta sobre si es un delirio o la ruptura de éste, si hablamos de una psicosis o si es un caso en donde la neurosis saca a relucir los recovecos que la entraman en lo real, son preguntas que cabe discutir y sobre todo de tener en cuenta a manera de ilustración para estudiar qué es aquello que le enseña la literatura a la clínica (2009: 5).

Insoslayable es reparar en torno a la íntima relación entre la literatura y la psicología (clínica), pues ambas permiten crear nuevas interpretaciones relacionadas con la mente humana. Como se ha expuesto, Hoffmann demuestra un ingenio singular en el campo psicopatológico al exponer el deterioro progresivo de la estabilidad psíquica de Nathanael bajo algunos rasgos específicos de lo que hoy entendemos por neurosis. El hombre de arena posee un gran valor literario que, además, puede apreciarse desde diferentes enfoques fundamentales en aquel campo, entre ellos, tópicos como el somnium imago mortis, o "el sueño, imagen de la muerte"; o el tópico del “mundo al revés”; se vinculan con lo fantasioso, con lo onírico, bajo la manifestación neurótica del protagonista. Resulta interesante que Nathanael pierde el conocimiento en los momentos de mayor tensión, y tiempo después despierta de un largo sueño, lo que permite suponer diversas interpretaciones. Al resumir el trágico enamoramiento de Nathanael el autor menciona: “—Honorables damas y caballeros, no se dan cuenta de cuál es el quid del asunto. Todo ha sido una alegoría, una metáfora continuada. ¿Comprenden? ¡Sapienti sat!” (Hoffmann, 2000: 278).

Palabras finales

En El hombre de arena se ilustran enfoques como la depresión, la ira, el masoquismo, el carácter paranoide, relacionados con la neurosis proyectada en Nathanael, que a su vez afectan tanto su percepción del mundo como su destino. La historia puede considerarse un recordatorio de la fragilidad de la mente, así como de las creencias irracionales que conllevan a la desgracia. Así sucede al final del texto donde el protagonista, en un giro sorprendente, decide suicidarse cayendo de una torre. Cabe añadir por último que la obra de Hoffmann, si bien como obra literaria es atemporal, también lo son diversas intuiciones relevantes para la psicología actual, como las que a lo largo de la narración presentan una mirada perspicaz sobre la mente y su capacidad para desdibujar los límites entre lo real y lo imaginario.

Referencias

  • Arias, Felipe Galeano, "Lo ominoso y la mirada, lo real en el Hombre de arena", en Affectio Societatis, vol. 6, núm. 10 (2009), pp. 1-7.
  • Chevalier, Jean, Diccionario de los símbolos. Barcelona: Herder, 1995.
  • Freud, Sigmund, "Lo siniestro", en Revista de Occidente, núm. 201 (1998), pp. 101-109.
  • Freud, Sigmond, Obras completas. Buenos Aires: Amorrortu, 1976.
  • Hoffmann, Ernest Theodor Amadeus, Cuentos de Hoffmann. México: Grupo Anaya, 2000.
  • Real Academia Nacional de Medicina, Diccionario de términos médicos, 2012. En línea en https://dtme.ranm.es/presentacion.aspx
  • Naranjo, Claudio, Carácter y neurosis. Una visión integradora. Chile: Edita y Distribuye, 1994.
  • Sánchez Pérez, Francisco Javier. "Lo Gótico: semiótica, género, estética. Herejía y belleza", en Revista de estudios culturales sobre el movimiento gótico, núm. 1 (2013), pp. 23-38.

Grabado de Vilhelm Pedersen que representa al Hombre de Arena o Sandman, al interior de las páginas de la primera edición de Ole Lukøje [Pegaojos] de H. C. Andersen, inspirado tanto en el relato de Hoffmann como en el folclor germánico (1841).

Tomado de https://es.wikipedia.org/wiki/Sandman_%28folclore%29#/media/Archivo:Vilhelm_Pedersen,_0k-06,_ubt.jpeg. Dominio público. Se repoduce con propósitos educativos y de difusión.

1 Este tipo de cuadro descriptivo se percibe desde el comienzo hasta el final del texto; de igual modo, tal descripción se produce a partir de una triple perspectiva, la cual obedece al modo narrativo en el que la obra está escrita; es decir, de manera epistolar, donde alternadamente ocurre un cambio en la de voz narrativa —a las que se suma el narrador omnisciente.

2 Coppelius, el abogado de la familia, era percibido de forma metafórica como el “hombre de arena”, cuyo temor acrecentó en Nathanael a partir de la muerte de su padre, presuntamente a manos del mismo Coppelius, quien se mantiene prófugo e inadvertido en toda la obra.

3 Los ojos funcionan como un motivo recurrente. Su referencia particular se encuentra asociada con el rito diabólico de Coppelius al querer sacar los ojos a Nathanael, conforme al mito del “hombre de arena”.

4 Debe suponerse que el comportamiento frío y aburrido de Nathanael motivó la posterior disolución amorosa. Tal idea se refleja de manera particular en el momento en el que tal el personaje realizaba la lectura de algunos de sus poemas a Clara. No se trataba de composiciones románticas ni de encomios a la hermosura de la dama, sino de desesperadas tonadas lúgubres y lacrimosas, reflejo de una conducta depresiva tendiente al suicidio.

5 El símbolo de la arena puede tener cierta relación con el contacto materno. Por ejemplo, Jean Chevalier menciona que es “fácil de penetrar y plástica, adopta las formas que la moldean: a este respecto, es un símbolo de matriz. El placer que experimentamos al andar sobre la arena, al echarnos sobre ella, al hundimos en su masa flexible —que se manifiesta en las playas— se emparenta inconscientemente con el regressus ad uterum de los psicoanalistas. Es efectivamente como una búsqueda de descanso, de seguridad, de regeneración” (Chevalier: 203).

6 El término siniestro fue acuñado por el psiquiatra alemán Ernst Jentsch (1867-1919). Según Freud: “La voz alemana Unheimlich es antónimo de Heimlich y de heimisch (íntimo, secreto, y familiar, hogareño, doméstico), imponiéndose en consecuencia la deducción de que lo siniestro causa espanto precisamente porque no es conocido, familiar. Pero, naturalmente, no todo lo que es nuevo e insólito es por ello espantoso, de modo que aquella relación no es reversible. Cuanto se puede afirmar es que lo novedoso se torna fácilmente espantoso y siniestro; pero sólo algunas cosas novedosas son espantosas; de ningún modo lo son todas” (Freud, 1998: 107).

7 Hay una relación entre la castración y la perdida de los ojos en el cuento, mismo que aparece como un motivo recurrente. Freud, en su artículo publicado por primera vez en 1919, sugiere que lo siniestro está vinculado a lo reprimido en la mente, a los deseos y conflictos que se mantienen fuera de la conciencia.

8 Ante este reconocimiento de Nathaniel se produce un giro sorpresivo ya que, a través de la revelación del origen de Olimpia, todo aquello inanimado que resulta familiar se torna repentinamente extraño, irreconocible. Esta incapacidad para separar lo real de lo imaginario es una característica común de la neurosis, donde los pensamientos irracionales y las creencias del individuo se convierten en una fuente de angustia y ansiedad.

 

 


Dos poemas de Abraham Cowley sobre las reliquias de la Cierva Dorada


M. Lizbeth Calvario Solis
El Colegio de México
mlcalvario@colmex.mx
https://orcid.org/0000-0003-2858-8670

 

¿El pelícano o la cierva?

Isidoro de Sevilla cuenta que, según la creencia popular, los pelícanos derraman su propia sangre para revivir y alimentar a sus crías (Barney, 2011: 265). No resulta sorprendente, por lo tanto, que con el surgimiento del cristianismo este emblema de abnegación paterna se asociara con la figura de Jesús, por cuya sangre, según el Nuevo Testamento, halló redención la humanidad. Más impredecible, sin embargo, es que el primer capitán inglés en circunnavegar el globo, Sir Francis Drake (ca. 1540-1596), emprendiera su viaje a bordo de un navío (entre una carraca y un galeón) nombrado Pelican.

Drake recorrió el mundo de 1577 a 1580 —es decir, casi sesenta años después del primer viaje de circunnavegación comandado por Fernando de Magallanes, de origen portugués, y el español Juan Sebastián Elcano—. Contó para ello con el patrocinio de la reina Isabel I, quien tenía dos símbolos predilectos: el fénix, que representaba su fortaleza y largo reinado, y el pelícano, que expresaba el sacrificio altruista de una figura materna hacia sus súbditos. No obstante, pese al fecundo simbolismo de este primer nombre, la nave de Drake pasó a la historia como Golden Hind o la Cierva Dorada, pues así la rebautizó su capitán en honor a uno de sus inversionistas, el lord canciller Christopher Hatton, en cuyo escudo de armas figura una cierva parada como cimera. Según el Diccionario de los símbolos, los atributos simbólicos de la cierva son la feminidad y el cuidado materno o “la cualidad anímica opuesta a la agresividad dominadora” (Chevalier y Gheerbrant: 286-287), algo irónico considerando los logros de Drake y su tripulación en altamar.

El corsario como héroe y la nave como reliquia

Acompañaban a la Cierva Dorada otros cuatro navíos —el Elizabeth, el Marigold [“Caléndula”], el Swan [“Cisne”] y el Benedict—, que, entre otras proezas, capturaron un barco mercante portugués (y a su experimentado capitán, Nuno da Silva);1 asaltaron varios barcos españoles repletos de oro peruano, plata y joyas; ejecutaron a un amotinado; descubrieron una isla (¡ahora perdida!) que Drake bautizó como “Isla Elizabeth”; reclamaron Nova Albion —actual California— para la Corona inglesa, y el 26 de septiembre de 1580 (no sin las respectivas bajas de la travesía) regresaron al puerto de Plymouth colmados de riquezas. No nos equivoquemos: entre un corsario y un pirata sólo había una patente de por medio, que les autorizaba para atacar las embarcaciones de los Estados enemigos y, en teoría, los protegía de ser juzgados como criminales ―a cambio, eso sí, de un porcentaje de sus ganancias para el monarca que les había extendido esta protección―.

Mapa intitulado Novissima et Accuratissima Totius Americae Descriptio [La más nueva y precisa descripción cartográfica de las Américas] atribuido al explorador Nicholas Janzoon Visscher, en 1658. Se muestra Nueva Albión, nombre que los ingleses quisieron atribuir a la pensada 'isla de California' (con el tiempo, los españoles descubrieron que se trababa de una península). Dominio público. Tomada de http://www.geographicus.com/mm5/cartographers/visscher.tx.

A su heroico regreso la reina Isabel I nombró caballero (Sir) a Francis Drake, consagró la Cierva Dorada y ordenó anclarla en un dique seco para la admiración pública en la ribera sur del Támesis, en Deptford, donde estuvo a merced del tiempo durante más o menos setenta años. En ese lapso, varios de los visitantes se llevaron consigo secciones del barco como recuerdo, por lo que, ante el inevitable desgaste de la atracción en el siglo XVII, se encargó desmantelarla a John Davis, veedor de las provisiones de la Marina en Deptford, quien seleccionó las planchas de roble que aún estaban en buen estado para confeccionar una silla. He aquí la génesis del poema que, hasta donde me fue posible comprobar, se presenta ahora por primera vez en traducción al español.

Abraham Cowley y la oda pindárica

Dio la casualidad de que uno de los oficiales en Deptford era hermano del poeta Abraham Cowley (1618-1667), cuya poesía era culta y ornada, pues tenía por modelos a los ingleses Edmund Spenser y John Donne, así como el extravagante estilo poético del griego Píndaro. Cuando Davis donó la silla a la Bodleian Library, en Oxford, en 1662, Cowley fue el encargado de componer los versos, en inglés y en latín, que se grabaron en una placa de metal reversible fijada al respaldo de la silla:

Empató este barco la carrera
que el Sol da alrededor de esta Tierra.
La nave pitagórica permitan
(no hay arrogancia: el nombre amerita,
por su sapiencia y transmigración)
que ancle en puerto sacro cual es hoy.
Ni Drake ni ella hubieran deseado
condición más sagrada o legado:
ambos han un asiento de reposo,
él, en el Cielo, y su navío, en Oxford.

(“Drake’s Chair Lands in Oxford”).2

Portadilla y frontispicio de la quinta edición (1678) de las Obras completas de Abraham Cowley. No se conocen restricciones de derechos de autor. Se reproduce con fines educativos y de difusión.

Aún inspirado por los vestigios de la nave y por la (para entonces) mítica figura de Sir Francis Drake, como muchos otros curiosos de la época, el poeta aventuró una composición más sobre el tema en la forma conocida como “oda pindárica” ―de mayor extensión― que Cowley buscó adaptar y adoptar para la literatura inglesa, aunque con cierta laxitud, en Pindarique Odes (1656).

Las odas celebran algún acontecimiento, monumento o personaje, por lo general de forma extensa, con dicción elevada y haciendo lujo de un amplio repertorio de figuras poéticas. En específico, la forma como la concibió Píndaro se conformaba por triadas con una estrofa, una antistrofa y un epodo que marcaban el ritmo de los músicos y bailarines, así como por cambios abruptos en la imaginería, garigoleo caótico de las figuras poéticas y digresiones en el desarrollo del tema. En contraste, la oda pindárica que presentó Cowley en sus traducciones libres al inglés fue, según el mismo poeta, el resultado de “extraer, omitir y añadir lo que quise, pues no fue tanto mi empeño hacerle saber al lector de manera exacta lo que dijo, sino el cómo y de qué manera, lo cual (hasta donde sé) aún no se había trasladado al inglés” (en Kinney, 2007 [1656, Aaa2v]; traducción mía).3 Tras ese primer ejercicio, Cowley compuso otras odas, entre las que se incluye la “Oda a estar sentado tomando en la silla hecha de las reliquias del barco de Sir Francis Drake”, que se publicó en Verses on Several Occasions (1663).

El capitán sanguinario y la heroica nave

En su oda, Cowley se inserta a bordo de la nave entre los experimentados marinos de la tripulación de Drake, aunque este ambiente marítimo se descubre pronto como una mera fantasía etílica inspirada por las reliquias del barco. En su poema, la Cierva Dorada deja de ser un mueble para convertirse en la protagonista, sobreviviente y heroica figura de la circunnavegación que desplaza a la figura del héroe sanguinario (Jowitt, 2020: 544, 550): la problemática inestabilidad del corsario de mano dura (descrito con ironía por Cowley como un “pío aventurero”) que ejecutó al amotinado Thomas Doughty —quien, además de noble, era el secretario personal de Christopher Hatton— se ve reemplazada así por la estabilidad de la afable Cierva Dorada, que descansa tras su ardua labor.4 Casi 370 años después, la silla aún permanece bajo el resguardo de la Bodleian Library, en el edificio de la Escuela de la Divinidad (Oxford Divinity School).

"Oda a estar sentado tomando en la silla hecha de las reliquias del barco de Sir Francis Drake"5

I

Anímense, mis hombres, que el viento
nos muestra su favor: icen más velas,
que no hay que escatimar cuando navegas.
Adiós a tierra firme, pues es nuestro
el mar de la bebida adonde vamos.
¡Qué calor! Sirvan vino en otro vaso
que aplaque este bochorno: compañeros,
surca ella en buena hora y comprendo
que circunnavegamos. ¿Qué hombres necios
prefieren resguardarse bajo techo
pudiendo, como yo, estar a sus anchas,
colmados de experiencia en otras patrias?
Le ruego, timonel, cuide las aguas:
no olvidemos tocar tierras peruanas
para atestar de oro nuestra nave
y asegurar con esta exuberancia
la fortuna de cada tripulante.

 

II

¿Qué tanto estoy diciendo? ¿Desvarío?
Cual bruja en su escoba que, imagino,
remonta el aire en vuelos fantasiosos,
navego en esta silla el mar redondo,
pues este enser hoy mudo y silente
ha visto errancia y viaje más frecuentes
que antes árbol, bestia, pez o ave.
De océanos y vientos todo sabe:
ha abarcado la tierra y firmamento.
En nada se compara al asiento
del mismísimo Papa: en verdad
solo esta es la silla universal.

Bahía Drakes, justo debajo de la península de Punta Reyes, al norte del Golden Gate y la Bahía de San Francisco, California. Realizado en 2004 por Matthew Trump. Imagen compartida bajo una licencia Creative Commons CC-BY-SA 3.0. No se conocen restricciones de derechos de autor. Se reproduce con fines educativos y de difusión.

III

A salvo de las flamas el galeón
del pío aventurero —que por paga
se embolsó las reliquias troyanas—,
se ha convertido ahora en escuadrón
de ninfas inmortales que cual remos
van usando los brazos hacia nuevos
e incluso más grandiosos derroteros.
No ha anclado aún el primer barco poeta
de la Grecia —pese a que, cual estrella
victoriosa, guía a sus herederos
como antes la orientó el vellocino—
ni ha encontrado algún puerto tranquilo,
pues la marea celeste la desplaza.
Solo de Drake la nave consagrada
ha visto y hecho más que todas ellas
en tiempo inmemorial cuando aún eran
deidades y un astro; en recompensa
por toda su labor al fin se asienta.
Se transforman ahora los papeles:
saliste antes a ver los continentes,
hoy vienen los viajantes para verte.

IV

Es la curiosidad como la fe
a la hora de atraer a peregrinos,
y aunque también disfruto del descanso
(casi como lo haría cualquier banco)
de buena gana iría a otro destino
con tal de ver la rueda de aquel
carruaje que desvió el hijo apolíneo.
Aun así, los restos del navío
comandado por Drake son la reliquia
que zarpará del puerto hacia otra vía:
el soplo de la fama es viento en popa,
alisios oportunos que pilotan
tu viaje por el mundo que recorres
igual que el sol por todo el horizonte.
Los estrechos del tiempo son muy cortos
para el viaje que emprendes a lo ignoto,
donde llevas mi verso como vela
y a mí de timonel que el curso lleva.

Palabras finales

Con estos humorísticos versos nos convertimos en aventureros de sillón y acompañamos a Abraham Cowley a bordo de los vestigios de la Cierva Dorada. Claro que el legado de Sir Francis Drake es complejo y problemático, entre otras cosas, por su papel en el comercio de esclavos en la década de 1560. En años recientes, incluso se ha pedido quitar las estatuas de Drake y otros personajes que ayudaron a constituir Inglaterra como uno de los principales agentes de la trata transatlántica de esclavos. Sin embargo, la idealización (tanto en vida como póstuma) de hombres como Drake por sus habilidades marítimas y militares es una parte ineludible del pasado colonial inglés y de la literatura del imperio, de la cual esta oda representa una pequeña pero significativa muestra y cuya traducción contribuye a preservar la riqueza y complejidad de la memoria cultural.

Referencias


Von Uffenbach señala que la silla fue expuesta al público originalmente en la Bibliotheca Bodleiana, en Oxford. Entre una de las cientos de curiosidades que pueden apreciarse en ese recinto, acumuladas por años en la Galería, la llamada 'Drake Chair' es la única que aún se mantiene en sitio original en la Bodleian Library desde el siglo XVII, luego de haber sido exhibida en numerosos museos y universidades a lo largo de los años. Al día de hoy puede apreciarse en el edificio central de la Divinity School, Bodleian Library, en Oxford. Fotografía tomada por Xavier Laurent en 2019. Usada con el permiso de Oxford and Empire Project. Tomada de https://www.cabinet.ox.ac.uk/drake-chair-1662. No se conocen restricciones de derechos de autor. Se reproduce con fines educativos y de difusión.

1 La traducción al español del relato que hizo Da Silva puede leerse en Moreno Madrid, José María, y David Salomoni. “Nuno de Silva’s Third Relation: An Unknown Report on Francis Drake’s Voyage (1577-1580). Terrae Incognitae, vol. 54, núm. 1 (2022): 64-82.

2 Traducción mía. “To this great Ship which round the Globe has run, / And matcht in Race the Chariot of the Sun, / This Pythagorean Ship (for it may claim / Without presumption so deserv’d a Name, / By knowledge once and transformation now) / In her New Shape this sacred Port allow. / Drake and his Ship could not have wish’d from Fate, / A more blest Station, or more blest Estate. / For (Lo!) a Seat of endless Rest is given, / To her in Oxford, and to him in Heaven”.

3 “I have in these two Odes of Pindar taken, left out, and added what I please ; nor make it so much my aim to let the Reader know precisely what he spoke, as what was his way and manner of speaking; which has not been yet (that I know of) introduced into English”.

4 Existe una réplica navegable de tamaño real en la ribera sur del Támesis y otra más pequeña de exhibición en el puerto de Brixham (Devon, Inglaterra). Otros barcos históricos también cuentan con réplicas navegables, como la Nao Victoria de Magallanes y Elcano, que, a la fecha de escritura de este texto, se encuentra en Andalucía; la Nao Santa María de Cristóbal Colón, actualmente atracada en Málaga; o los tres barcos de los fundadores de Jamestown, Virginia, que hacen recorridos periódicos por la bahía de Chesapeake.

5 Traducción mía. Para la versión inglesa, véase Cowley, “Ode. Sitting and Drinking in the Chair, made out of the Reliques of Sir Francis Drake’s Ship”.

 


 


Los valores caballerescos y su influencia en los conquistadores españoles en La Florida del Inca Garcilaso


Karen Escobedo Villalón
Universidad Autónoma Metropolitana - Iztapalapa
karen.ravenclaw@gmail.com
https://orcid.org/0009-0007-4311-930X

 

Introducción

La Florida (1605) del Inca Garcilaso de la Vega es una de las más relevantes crónicas de expediciones al norte del “nuevo mundo”. Durante los siglos XVI y XVII se perdieron miles de vidas entre españoles e indios por los constantes enfrentamientos entre ambos grupos, lo que hizo imposible la Conquista en aquella región. Se sumó a ello las dificultades del territorio y las inclemencias del tiempo, debido a que era un lugar agreste, pantanoso, con constantes tormentas, huracanes, inundaciones y, por tanto, escasez de alimentos.

Expediciones precedentes fueron las de Juan Ponce de León (1513 y 1522) y Pánfilo de Narváez (1527), aunque no fueron las únicas. La de Narváez es contada en Naufragios (1542) de Cabeza de Vaca, donde el título es más que indicativo de lo catastrófico que fue el viaje, con la alarmante cifra de cuatro (en realidad fueron cinco) soldados sobrevivientes de entre seiscientos tripulantes. En 1539 se emprendió una nueva expedición a cargo de Hernando de Soto, quien llegó a la bahía del Espíritu Santo, en la actual Tampa. Dicho viaje duró cuatro años, de 1539 a 1542. Su balance no fue del todo trágico, en comparación: de los cerca de mil hombres que partieron sobrevivieron alrededor de trescientos.

The Bay of Espiritu Santo on the Western Coast of East Florida, ca. 1777. Mapa de autoría desconocida. Fuente: Thomas D. Jefferys, The North American Atlas, Selected from the most Authentic Maps, Charts, Plans, &c. Hitherto Published (Londres: William Faden, 1777). Ejemplar [raro] resguardado en el Departamento de Colecciones Especiales de la University of South Florida. Dominio público. Tomada de https://fcit.usf.edu/florida/maps/pages/4100/f4179/f4179.htm.

De acuerdo con la visión que el Inca Garcilaso reporta en La Florida según los testimonios de tres sobrevivientes: Gonzalo Silvestre, Rodrigo Pantoja y Garcí Sánchez de Figueroa, un elemento que marcó diferencia entre este viaje y el narrado en Naufragios se debió a las acciones, en extremo diferentes, impulsadas por Pánfilo de Narváez y por Hernando de Soto, respectivamente. De ahí surge mi interés por la cuestión de cómo se refleja la figura del caballero proveniente de la literatura medieval para representar a los conquistadores españoles en La Florida. El Inca Garcilaso hace uso de recursos narrativos que enfatizan la virtud y los buenos valores de Hernando de Soto y sus soldados. Para resolver lo anterior es necesario presentar los modelos heroicos en que se basaron las acciones de Hernando de Soto y los matices de este retrato en la escritura del Inca para narrar el viaje a La Florida.

Los valores del caballero medieval

¿Qué es lo que dicen los textos preceptivos sobre el buen caballero? El modelo descrito por Baltasar de Castiglione en El cortesano (1528), traducido por Juan Boscán en 1534, refiere las excelentes características de un hombre de letras y de armas, valiente, esforzado, que busca la fama con sus hechos. El ejercicio de la caza y el buen cabalgar también los considera importantes. El caballero debe ser un hombre de bien, de integridad y fiel. Boscán traduce la obra de Castiglione luego de que Garcilaso de la Vega le envía un ejemplar cuando se halla en Italia, por lo que no es de sorprender que el no tan lejano descendiente suyo, el Inca, conociera la obra en sus años de educación española.

Ramon Llull, en los capítulos VI y VII del Libro de la orden de caballería (1281) especificaba las virtudes que debe poseer el caballero: la nobleza de costumbres, el alto sentido del honor; así como otras siete virtudes (tres teologales y cuatro cardinales): Fe, Esperanza y Caridad, cuyo origen bíblico se encuentra en 1° de Corintios 13, 13; y Justicia, Prudencia, Fortaleza y Templanza, desarrolladas por Platón en la República y por Aristóteles en la Ética. Las virtudes teologales y cardinales habían sido retomadas por Santo Tomás de Aquino en la Suma teológica (1265-1274). Todas las virtudes mencionadas por Llull las adjudica al caballero, quien se dedica a Dios y debe, por tanto, empuñar las armas contra los infieles; los valores contrarios para el lIluminatus son la cobardía, la crueldad, la mala voluntad, la injusticia, el mal actuar y la poca sabiduría, que después se conforman en los siete pecados capitales. Llull enfatiza la importancia del honor. Se requiere que el buen caballero sea honrado, temido por su fortaleza y amado por ser bueno; aquellos que no son caballeros, por tanto, están obligados a honrar al que sí lo es.

Ideales caballerescos en los conquistadores y algunos indios: símil del caballero cristiano y el infiel

Mencionaré algunos aspectos que la crítica realiza respecto al tema, y las varias acepciones del concepto de honor que se tenía en España en los siglos XVI y XVII (Fernández, 2005: 1-19). El contexto de la recién culminada Reconquista influye en el pensamiento e ideal del caballero y soldado español, además, en una época de conquista de tierras americanas. Valores como la valentía en la guerra, la lealtad y la identidad nacional religiosa repercuten en el deseo de luchar contra los infieles.

La Florida del Inca Garcilaso permite observar actos ejemplares de hombres como Hernando de Soto, Vasco Porcallo, Juan Ortiz, los curacas (o "caciques" en el mundo incaico) Mucozo y Ochile, en contraposición de los viles, traicioneros y poco sabios de Hirrihigua, Acuera y Vitachuco.

Vasco Porcallo de Figueroa es uno de los hombres que encarna al orgulloso, valiente y esforzado caballero. Cuando la expedición de Hernando de Soto llega a la bahía del Espíritu Santo pasan algunos días en las embarcaciones; al bajar a tierra firme son atacados, y Vasco Porcallo no duda en ser el primero en defender, adelantando a los de a caballo. No solo el caballero recibe las primeras flechas, sino que le “holgó mucho [ser] el primer caballero que en la conquista se empleó y la primera lanza que en los enemigos se estrenó” (140). La muerte no es a lo que el caballero teme, sino a la falta de honra y fama de sus actos. El caballo de Vasco muere por una flecha que entra en su costado y el hecho también lo alegra; se sabe victorioso y valiente, ha burlado la muerte para continuar probándose.

El caballero cristiano que padece las crueldades del destino y se encomienda a Dios es Juan Ortiz, a quien tortura su captor con “palos, bofetadas y azotes [...] y demás tormentos” (144): lo hace correr hasta la puesta de sol en los días de fiestas, padecer la constante sed y hambruna y, sobre todo, el castigo más cruel que le imponen es asarlo vivo. En varios de los episodios, sobre todo cuando Hirrihigua le encomienda cuidar de los muertos, el joven Juan Ortiz no deja de encomendarse a Dios. La señal más clara de que es un cristiano puede considerarse al encontrarse sumido en la cultura y forma de vida de los indios, luego de pasar con ellos once años. Se cuenta de él que años después, bajo las órdenes del curaca Mucozo, fue enviado a averiguar sobre una nueva expedición de españoles que se encontraba en tierras cercanas. Cuando los soldados no lo reconocen intenta decir su ciudad natal, luego de casi perder la habilidad de hablar en castellano: “Xivilla”, es decir, Sevilla. Su vida peligra aún porque no le entienden y recurre a hacer “con la mano y el arco la señal de la cruz para que el español [que tras él iba] viese que era cristiano” (160). De esta forma, pese a los años y la amistad —que raya en hermandad— con Mucozo, Ortiz no deja de lado ni su fe, ni sus creencias religiosas.

Mucozo o Mocoso “recibe a Juan Ortiz afablemente [...], lo abrazó y lo besó en el rostro en señal de paz” (152). Aunque no es cristiano, es decir, un infiel, Mucozo tiene actitudes caballerescas como vemos en los moros en la novela bizantina a la par de cualquier español cristiano. Es un indio que jura a Juan Ortiz guardar su vida, le da su palabra, que guarda con honor prefiriendo morir cumpliéndola. Mucozo y Juan Ortiz viven diez años de gran amistad. El curaca es “aunque bárbaro […] mucho mejor que otros príncipes cristianos” (152).

El Inca Garcilaso afirma que Mucozo “nació digno de ánima, generoso y heroico, digno de haber nacido y de vivir en la bárbara gentilidad de aquella tierra. Mas Dios […] produce semejantes ánimas” (154) para vergüenza de quienes conocen el bien y no lo practican. El Inca no es el único que alaba a Mucozo, sino el mismo Hernando de Soto luego de que el curaca libera por su propia cuenta a Juan Ortiz y se presenta ante él, “besa las manos y pies del gobernador con toda veneración y acatamiento” (164). Además, conoce a cada uno de los que conforman la expedición y es servicial, incluso con los que Ortiz dice que no son caballeros. Mucuzo confiesa a Soto que sus actos por Ortiz, quien se encomendó a él, quedan por “ley de quien era obligado a hacer, y que le parecía todo poco porque la virtud, esfuerzo y valentía de Juan Ortiz [...] merecía mucho más” (165). Es evidente que en Mucozo impera su palabra y el honor de su deber como curaca, es decir, proteger a los desvalidos y menesterosos, sean de su propio pueblo o de uno ajeno.

En el extremo opuesto está Hirrihigua. Si bien el Inca reconoce el rencor que guarda contra los españoles debido a las aberraciones cometidas por Pánfilo de Narváez (a su madre la echan a los perros para que se la coman viva; a él le cortan la nariz), encuentra consuelo en torturar a inocentes, quienes nada tienen que ver con Narváez y son demasiado jóvenes para tener culpa alguna. Hirrihigua es quien tortura a los cuatro españoles de la expedición de Narváez que logra capturar: tres de ellos son flechados hasta morir; el cuarto es Juan Ortiz, que llega al punto de quemar atado por encima de una fogata porque está “amedrentado y odioso de los españoles […] ofendido y lastimoso” (140). El Inca lo describe como “cruel y vengativo” (164). En el curaca vemos lo que Llull menciona como vicios contrarios al caballero, pues se deja dominar por la ira y la soberbia.1

El cacique Acuera encarna también los vicios descritos por Llull. Cuando se dirige a los Apalache, Soto envía algunos indios a Acuera con el mensaje de que va en paz. Sin embargo, Acuera acusa a los extranjeros de robar, saquear y matar, calificándolos de "criados" que trabajan por conquistar tierras y riqueza, y poniendo en riesgo sus vidas para el deleite de un rey que se encuentra lejos y a salvo. Algunos de los castellanos mueren al encontrarse descansando en sus tierras; luego, los indios del cacique los “hacían tasajos y los colgaban de los árboles” (205). Vitachuco es otro desleal que se acerca con palabra de paz a los españoles, aunque “depone el mal ánimo y odio que a los castellanos tenía, guardándolos para mejor tiempo y ocasión, la cual pensaba hallar en el descuido y la confianza que los españoles tuviesen en su fingida amistad” (222). El curaca arma a su ejército con el pretexto de mostrarlo a Soto y éste, prevenido por indios mensajeros, también lo hace. Los españoles atacan primero y capturan a Vitachuco. El Inca le llama “ciego en su pasión”, “orgulloso”, “precipitado en su obstinación y ceguera” (252); representa al hombre deshonroso, que prefiere ver muertos a sus siervos, fieles y valientes hombres, antes que perder la oportunidad de dañar a Soto y sus soldados.

Episodios inverosímiles con recursos narrativos de la prosa de ficción áurea

Refiero aquí tres episodios en que la exageración se utiliza como recurso narrativo, proveniente de los libros de caballerías y de la novela bizantina, principalmente. Cabe resaltar lo que el Inca pretende con esto: enaltecer la heroicidad de los soldados españoles y su habilidad con las palabras y las armas; crear tensión para que el lector quede inmerso en la acción descrita; darle un sentido de legitimidad a la Conquista; justificar la necesidad de dominar a los indios con el ideal de hacerlos cristianos civilizados, dignos de ser conquistados, y reflejar la percepción de los soldados, sobre sí mismos y sobre su misión.

  • Matar a un león es una acción digna de un caballero, así lo observamos en el rey Perión, padre del Amadís de Gaula (Libro I). Algo parecido sucede con la extrema fuerza del Cid Campeador para tomar por el pescuezo a un león que ha escapado y llevarlo a su jaula ("Cantar de la afrenta de Corpes"). Juan Ortiz mata a un león, tal vez un puma, con un solo dardo. El joven busca al animal para “quitarle al muerto o morir en sus manos” (146). Tira el dardo y así “aguardó hasta que amaneciese, encomendándose a nuestro Señor le socorriere en aquella necesidad […] y le diese fuerza para morir confesado otro día y llamando su nombre” (147).
  • Otro ejemplo es el engrandecimiento de los valores como la fuerza, la valentía y la lucha con que doscientos indios de Vitachuco escapan a una laguna para no ser prendidos. Veinticuatro horas en el agua. Hernando de Soto les promete respetar su vida si salen; varios lo hacen. El Inca hace énfasis en la descripción de las condiciones en que emergen de la laguna: “era gran lástima verlos salir medio ahogados, muy hinchados de la mucha agua que habían bebido, traspasados del trabajo, hambre, cansancio y falta de sueño que habían padecido” (239). Siete indios permanecieron en el agua durante casi tres días. El Inca hace uso de otro recurso, la comparación, como acto admirable: “Mandó a doce españoles grandes nadadores que, llevando las espadas en la boca a imitación de Julio César en Alejandría de Egipto y de pocos españoles que, haciendo otro tanto en el río Albis, vencieron al duque de Sajonia y a toda su liga, entrasen en la laguna y sacasen los siete valerosos indios que en ella estaban” (239).
  • Por último, está el ejemplo de las amenazas exacerbadas de los Apalache, que por no perder la opinión de los pueblos vecinos sobre su gran valentía y coraje afirman que a los españoles “los habían de asaetear, descuartizar, quemar y destruir” (265). Al final los españoles los “desengañaron de la opinión y jactancia que en sí tenían, que habían de matar y destruir a estos castellanos como hicieron a los pasados” (272). Los soldados de Soto vengan, además, lo que sufrió la expedición de Narváez. Cabe mencionar que la invención, más que exagerada es maravillosa, pero no como un recurso del Inca, sino como una forma de justificación que acuerdan los españoles para que no decaiga su honra, ni haya habladurías sobre su falta de sabiduría y esfuerzo para mantener la vigilancia del infiel vencido.2

Palabras finales

Destaco en este texto ejemplos tanto de caballería como de falta de valores caballerescos en el Libro II de La Florida del Inca Garcilaso de la Vega, así como su finalidad, sea por creación del Inca, de los soldados o de los indios, con relación al ideal e imaginario de otros géneros narrativos medievales y áureos. Veo una relación entre la Conquista, de acuerdo con convenciones literarias que los lectores de la época reconocen, y el enaltecimiento de las figuras heroicas de los soldados. El Inca crea un sentido de dramatismo y tensión el obtener una obra atractiva y emocionante que alienta de manera muy consciente el género, pues, entre sus paratextos, menciona que en el pasado fue afecto a los libros de caballerías.3

Referencias

      • Bordes, J. S. I., “Recursos y aprendizaje narrativo en La Florida del Inca Garcilaso”, en Cuadernos Americanos [Nueva Época], vol. 4, núm. 174, pp. 109-122.
      • Castiglione, B. D., El cortesano. Trad. de Juan Boscán. Ed. de Teresa Suero. Barcelona: Bruguera, 1972.
      • Fernández, M. F., “El honor español en las crónicas americanas de los siglos XVI y XVII”, en Construyendo Historias: Aportes para la Historia Hispanoamericana a partir de las Crónicas (2005), pp. 1-19.
      • Garcilaso de la Vega, I., El inca garcilaso de la vega: La Florida del Inca. Ed. de Sylvia-Lyn Hilton. Madrid: Fundación Universitaria Española, 1982.
      • Llull, R., Libro de la orden de caballería. Ed. de Luis Alberto de Cuenca. Madrid: Alianza, 1992, pp. 82-95 y 109-122.
      • Toledo, L. O., “El Inca Garcilaso ¿amanuense, historiador, intérprete? Su escritura entre la historia y la tradición literaria”. [Tesis doctoral]. Universidad Autónoma Metropolitana, pp. 38-53.

 

Bautizado como Gómez Suárez de Figueroa, fue considerado como el Príncipe de los escritores del nuevo mundo. Composición tomada de Paula Elizalde y Ernesto Astonitas, "Inca Garcilaso de la Vega, el hijo de la conquista que enrumbó su vida por el valor del mestizaje. La búsqueda de contar la historia incaica antes de la conquista virreinal, el debate por su mestizaje y hechos que marcaron su carrera literaria se conmemoran a más de 400 años de su fallecimiento" , en Infobae (24 de abril, 2022)..

Ilustración original del retrato del Inca Garcilaso por F. Gonzalo Gamarra. No se conocen restricciones de derechos de autor. Se reproduce aquí con motivos educativos y de difusión.

1 Lucía Ortega Toledo compara la crueldad, la injusticia y el aprovechamiento de Pánfilo de Narváez con la fama, honra y justicia de Hernando de Soto narradas en La Florida, que le presenta como hombre devoto, cuyo fin es que los indios se proclamen súbditos del rey y buenos cristianos. Hirrihigua y su odio contra los españoles se debe sin duda a las atrocidades de Narváez. Por otro lado, la exaltación al curaca Mucozo es también una alabanza a Soto, pues ambos se hallan en la misma altura, compiten en amabilidad y regalos; así como lo es la versión femenina de Mucozo, Cofachiqui. Ortega asimila el episodio como un rezago del ideal del amor cortés, pues Soto queda embelesado de la discreción, servicio y hermosura de la dama. Sobresalen las virtudes caballerescas de Soto al socorrer el hambre del pueblo de Cofachiqui y ponerse a su servicio, y las de la dama al llegar a Soto con la buena disposición de regalarle lo poco que posee: cobre, perlas y semillas (2013: 40-52).

2 Es evidente la influencia en La Florida tanto de los libros de caballerías, la novela bizantina, la novela corta o italianizante, como de los poemas épicos, según Juan Solé i Bordes; principalmente obras como el Amadís, Tirante el Blanco y La Galatea (2020: 109-122). Ejemplos de la influencia de esta literatura en La Florida se encuentran en la valentía de Juan Ortiz durante la tortura que vive con Hirrihigua; la habilidad del indio que no consiguen matar cientos de lanzadas; la increíble desigualdad en la lucha en que se enfrentan españoles e indios de los cuales mueren, respectivamente, ochenta y dos contra once mil; la habilidad del curaca inválido que huye con la ayuda de un demonio, o la historia del conquistador convertido en estatua.

3 Sin embargo, para contar la historia de la expedición de Soto creo que hay que dejar de lado fantasías e idealizaciones, aunque es innegable la exaltación de los soldados españoles; incluso los indios se comportan con tan alto honor y virtud que son idealizados y enaltecidos por la valentía, los valores y los logros en batalla. Para Bordes, si bien el Inca Garcilaso dice no dejarse llevar por la ficción en la narración de los hechos, es evidente el uso de los recursos novelescos para remarcar "la verosimilitud de la crónica" (122).

 

 

 

Un breve acercamiento a la obra minificcional de José Emilio Pacheco


Éder Élber Fabián Pérez
Universidad Autónoma Metropolitana - Iztapalapa
edervanfabian@gmail.com
https://orcid.org/0009-0002-3371-1717

 

Introducción

El presente artículo tiene como objetivo principal analizar la producción minificcional de José Emilio Pacheco. Desde una perspectiva estructural, la minificción se caracteriza por su naturaleza híbrida, lúdica y experimental. De manera adicional, el género integra características que funcionan como catalizadores semánticos, logrando concentrar en un mínimo espacio una compleja red de significaciones. Estos elementos incluyen los títulos, la caracterización de los personajes, la intertextualidad, el uso estratégico de la retórica, entre otros elementos. Mediante una metodología de análisis estructural y crítico-ideológico se busca examinar algunas producciones breves de Pacheco. Aunque ha sido analizada en menor medida, la obra minificcional de José Emilio demuestra una notable complejidad temática y formal. Textos como “La lechera” o “Cuitzeo”, además de presentar características como la elipsis y la intertextualidad, abordan problemáticas filosóficas y sociales con un énfasis marcado en la crítica sociopolítica y la concientización ambiental. Por todo ello, la minificción es una vía crucial —aunque subestimada— en la obra de José Emilio Pacheco para generar una profunda crítica de su tiempo y del entorno actual.

Entre el rechazo y la aceptación: controversias de un género 

Desde su nacimiento, el género minificcional ha estado envuelto en diversas polémicas. La principal se centra en su carácter de expresión mínima, cuya extensión oscila entre las cinco y diez palabras y, en el mejor de los casos, las mil palabras según designe su categorización.Esta concisión resulta para más de un crítico un chiste sin sentido, algo carente de originalidad, que es todo menos literatura. Ante estas críticas surge la pregunta: ¿Acaso la brevedad no es un elemento estructural que también se manifiesta en géneros canónicos como el cuento y la novela? Pese a esto, varios investigadores señalan que en la minificción no existe la profundidad ideológica, técnica y temática que proporcionan otras expresiones literarias. Es curioso que varios de estos comentarios negativos provengan de círculos académicos europeos, quienes, a través de la historia, han defendido el canon tradicional, relegando a un espacio ínfimo a las expresiones consideradas “nuevas”, 1 muchas de las cuales han tenido su origen en Hispanoamérica.

Como es conocido entre especialistas, la primera obra que debe ser considerada el libro inaugural de minificción en Hispanoamérica es Ensayos y poemas (1917) del mexicano Julio Torri. Esta colección propuso varios rasgos que los autores subsiguientes integrarían al género, por ejemplo, la brevedad, la sorpresa final, la hibridación, la intertextualidad, entre otros elementos más. Si bien Torri sentó las bases del género, autores como Juan José Arreola y Augusto Monterroso consolidaron la minificción como una de las aportaciones culturales más originales de la literatura hispanoamericana. Dentro de las distintas contribuciones que estos autores le otorgaron al género, la más destacable fue la de producir bestiarios, no al estilo europeo, sino en la “poetización alegórica de bestias naturales o imaginarias” (Zavala, 2009: 14). Esto se hace evidente en Arreola con su Bestiario (1958), donde las breves menciones de animales oscilan entre el imaginario particular del autor y el uso de una prosa semipoética. En Monterroso, quizá la minificción más conocida es El dinosaurio: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí” (en Zavala, 2006: 270). En exactamente siete palabras, el autor desarrolla una intriga que ha dado como resultado desde exploraciones de índole psicológica, reescrituras de dicha pieza, hasta tesis de grado demostrando la capacidad de síntesis, fuerza imaginativa y astucia literaria que puede proveer el género. Este primer auge se complementó por la importancia trascendental que tuvo la revista El Cuento de Edmundo Valadés, donde, además de publicarse obras minificcionales de autores de renombre provenientes de distintas partes del continente, comenzó una nueva época donde se le concedió la importancia debida al género.2

Hacia un breve listado de las características principales de la minificción

Resulta imprescindible ofrecer una definición concisa del género. Según Zavala, una minificción es una “narración literaria cuya extensión no rebasa una página, es decir, aproximadamente 250 palabras” (Zavala, 2007: 49). A esta definición deben sumarse dos elementos centrales: su carácter experimental y su rasgo lúdico. Es experimental por su capacidad de admisión e hibridación genérica, pues no sólo incorpora otros géneros como pueden ser el lírico, el teatral y, obviamente, el narrativo, sino también otros formatos que no son necesariamente literarios, tales como el ensayo, el aforismo, la adivinanza, los tuits, las notas, etc. De esto se deriva su naturaleza proteica, lo cual le permite adoptar la forma que mejor se ajuste a su propósito comunicativo. En lo que respecta a su rasgo lúdico, este elemento concentra su fuerza en la astucia creativa del autor y tiene como objetivo fomentar una relación activa entre los receptores y la totalidad de los elementos textuales, promoviendo una lectura que exige una alta participación interpretativa.

Si bien estas son dos características básicas en la minificción, existen otros elementos estructurales que configuran la arquitectura del género. Iniciemos por el título o los posibles subtítulos, cuya función es “indicar el contenido de la obra, la anticipación de los elementos constitutivos, los modelos a tratar, etc.” (Rodríguez 53-54). De este modo, los títulos no son simples encabezados, sino que funcionan como disparadores semánticos que establecen un primer contacto de lectura y análisis; un ejemplo ilustrativo se encuentra en la minificción “Receta” de Miguel Gonzáles Avelar, donde el título evidencia la naturaleza híbrida del texto. Al remitirnos a un género no narrativo (el instructivo culinario), el título anticipa al lector que el suceso se desarrollará siguiendo una estructura de pasos preestablecidos.

A través de lo que Azucena Rodríguez ha denominado “mínimos personajes”, se establece el conjunto de rasgos esenciales que deben poseer los personajes de la minificción. Entre los atributos designados se encuentran el nombre propio y sus implicaciones semánticas, la descripción de su apariencia, los rasgos de carácter, su discurso (verbal y no verbal), el comportamiento externo e interno, etc. A estos rasgos se añade el recurso del vínculo intertextual, que ocurre entre personajes provenientes de otras historias (cuentos, novelas, poemas, etc.). Estos personajes preexistentes cumplen una doble función; por un lado, facilitan la renovación de la historia original y, por otro, permiten la parodia o la reapropiación crítica de un texto canónico. Igual de importante es considerar la presencia de personajes simbólicos, históricos o míticos que son recreados o transformados. En este contexto, la categoría personaje se amplía para incluir objetos animados o animales, como lo ejemplifica de manera paradigmática “El dinosaurio” de Augusto Monterroso.

El tercer elemento, que se venía anticipando, es la intertextualidad, definida como la “[p]resencia en el cuento de elementos provenientes de otros textos o sus respectivas convenciones genéricas, códigos o cualquier otro elemento textual en el plano del discurso o la historia” (Zavala, 2007: 44). Este rasgo trasciende la mera inclusión de personajes preexistentes; se manifiesta también mediante alusiones temáticas, estilísticas, guiños a otros autores minificcionales o incluso a través del pastiche y el plagio intencional. Un ejemplo destacado de esta estrategia es “La venganza de Flaubert” de Adela Fernández, donde, desde el título, la obra establece una referencia doblemente significativa al aludir al autor de Madame Bovary. Esta alusión no sólo evoca a una figura canónica de la literatura universal, sino que, como señala Rodríguez, el título en la minificción funciona como un elemento deíctico; o, en palabras llanas, recalca “el proceso de reconocimiento del original y las modificaciones a tal texto” (Rodríguez 65-66), obligando al lector a reactivar el conocimiento del texto base para comprender el nuevo sentido propuesto por la minificción.

Un cuarto elemento a considerar es el espacio, que se relaciona con una quinta característica esencial: el tiempo. Rodríguez integra ambos conceptos bajo el título “Dónde y cuándo”, señalando que ambos elementos deben someterse a una máxima reducción. En lo que respecta al espacio debe limitarse a un escenario inmediato, reducido e íntimo; esto no implica que carencia de valor; por el contrario, a menudo los espacios adquieren una poderosa carga simbólica que confiere una significación profunda. El tiempo ofrece una mayor flexibilidad narrativa. Los autores de minificción gozan de la libertad para establecer diferentes temporalidades, ya sea mediante la ausencia de tiempo o su modificación. Esto les permite jugar con las distintas modalidades de las perspectivas narrativas, como lo son la analepsis (un salto al pasado) y la prolepsis (un salto hacia el futuro), reorganizando la cronología del relato.

Hay que enfatizar la importancia de la retórica. El uso estratégico de las distintas figuras retóricas existentes es esencial, ya que su aplicación permite potenciar múltiples dimensiones del texto favoreciendo “el contenido, la expresión, el significante, el ritmo...” (79). En tal sentido, la elipsis es la figura predominante, pues es clave para alcanzar brevedad, siendo su función “elimina[r] del discurso una parte de lo ocurrido en la historia, con el fin de acortar su extensión” (Zavala, 2007: 42).

José Emilio Pacheco y su breve mundo ficcional

Contrario a la opinión de Luzelena Gutiérrez de Velasco, hoy día se observa que, de toda la obra que José Emilio Pacheco construyó a través de los años, la más apreciada y difundida es su narrativa, en particular su novela breve Las batallas en el desierto (1981). De igual relevancia, aunque menos conocida, es Morirás lejos (1967), catalogada entre las narraciones metaficcionales más destacadas de la literatura mexicana y considerada pionera en experimentación narrativa debido a su compleja mezcla de tiempos, espacios, voces y personajes.

Considero que la obra poética de Pacheco es el segundo género que mejor recepción ha tenido, pues sus poemas concentran temas recurrentes como la fugacidad del tiempo, el desgaste de las cosas, el devenir de la historia, la búsqueda de momentos precisos que han dejado huella en la humanidad. Un tercer género significativo es el que el propio José Emilio creó y denominó Inventario, donde la inteligencia de Pacheco se vio plasmada a través de “las mejores lecciones culturales que hemos podido recibir en las páginas periódicas” (Gutiérrez: 22). Finalmente se localiza el cuento, de los géneros que más han captado la atención como El principio del placer (1972), parte trascendental del canon del cuento moderno y posmoderno mexicano. Frente a estos géneros "mayores" valdría la pena preguntarse: ¿Qué ha ocurrido con la recepción y el estudio de las minificciones de José Emilio Pacheco?

Fotografía del escritor en sus años de producción temprana. Atribuida a Rogelio Cuéllar. Material provisto por el autor de este artículo. No se conocen restricciones de derechos de autor. Se reproduce con fines educativos y de difusión.

Desafortunadamente, la producción minificcional de Pacheco ha pasado desapercibida tanto para los lectores como para la crítica especializada. Esto se debe, como se ha señalado, a privilegiar el resto de su obra literaria (novelas, poesía, cuentos mayores), relegando a los textos breves a una importancia secundaria. No obstante, estos textos poseen una configuración compleja, abordando una diversidad de temáticas que integran agudas problemáticas sociales. Tomemos como primer ejemplo “La lechera”. Desde el título, la obra establece un anclaje externo al referenciar un universo narrativo preexistente (probablemente la fábula tradicional). Este título sitúa inmediatamente al lector en un espacio rural evocando a un personaje conocido e inocente de la tradición popular, mostrando la forma en que Pacheco utiliza la intertextualidad para la economía narrativa al condensar contexto y personaje en una sola alusión. En lo que respecta al anclaje interno, el título concentra la atención del lector en el personaje central:

La lechera hacía proyectos mientras caminaba por la ciudad. De pronto, ella, su jarra y sus ilusiones se volvieron añicos en la explosión nuclear (2014: 95)

Es evidente que Pacheco omite cualquier rasgo físico o psicológico detallado, tanto particular como general; sin embargo, esta elipsis descriptiva y la elección de una figura inocente consiguen un efecto retórico de alto grado. La falta de caracterización individual obliga al lector a suplir los vacíos; por consiguiente, el acto final (la explosión nuclear) intensifica el horror, la rabia y la melancolía, pues la destrucción no sólo es física, sino que aniquila la simpleza de la vida cotidiana y los proyectos humanos. El final epifánico de la historia no se limita a la mera revelación de una verdad en sus últimas líneas. Su función más relevante es enfatizar la escasa conciencia de las élites de poder y la nula valoración de la vida humana por parte de quienes toman decisiones a nivel global.

En “Cuitzeo” también se plantea una crítica social por medio de una sola frase que pronuncia el personaje principal:

—No tengo nada que ocultar —dijo el lago al secarse (100).

Si bien parecería que el diálogo carece de sentido y se comporta como un mero chiste, a través de la expresión anunciada del lugar, Pacheco deja entrever su preocupación por la desaparición de los recursos naturales. Es importante destacar el uso de los espacios en la minificción, pues en este caso al aludir al vacío se propicia una toma de conciencia por parte de los lectores. Este espacio también consigue que, dentro de la historia, se juegue con las temporalidades. Así, el tiempo pasado alude a un espacio lleno de belleza, armonía y de vitalidad; mientras que el presente alude a la esterilidad del lago, con lo cual se intensifica el mensaje final.

Una perspectiva distinta, de orden filosófico, se explora en “Nadie”. En este caso el título no sólo funciona como un indicio temático; aporta la descripción preliminar del final:

En el valle ocurre un hecho sobrenatural. Un labrador sale de su choza para atestiguar el prodigio. Dialoga unos minutos con el que hizo el milagro. Al volver, su esposa le pregunta:

—¿Quién era?

El labrador toma asiento en la mesa y responde:

—Nadie. Era Dios (95)

Esto revela la visión escéptica del autor, la cual desmitifica el encuentro divino al mostrar la indiferencia o la alienación del hombre rural ante lo trascendente. En cuanto al espacio queda comprimido a un escenario bastante conocido; no obstante, caracteriza a uno de los personajes: el labrador. Sobre este personaje, bien se puede pensar que responde a un personaje tipo que encarna “una figura representativa de grupos reducidos dentro de una colectividad” (Rodríguez 32). Lo cierto es que pierde tal clasificación y se presenta como un personaje existencialista que, en lugar de sorprenderse ante esta aparición divina, la muestra como algo sin importancia.

En “Memorias de Juan Charrasqueado” Pacheco usa el humor, específicamente la ironía, la cual funciona para “dar a entender lo contrario de lo que se dice, casi siempre con la ayuda de un tono específico” (96). Cuando Juan Charrasqueado pronuncia:

—Yo no lo maté: él solito se le atravesó a la bala (97),

el sentido se vuelve doblemente importante. Primero, en un nivel superficial, entenderemos que el protagonista niega su culpabilidad al señalar que de alguna forma él no fue el culpable, sino la bala. En un sentido más profundo nos enteramos que, a partir de la visible contradicción entre lo que ocurrió y sus acciones, el sentido de este enunciado comunica un ridículo a partir de su incompatibilidad, lo cual debería producir un motivo risible y con ello favorecer el giro inesperado de las acciones. Pese a ser una de las minificciones más breves, no deja de ser curiosa la intertextualidad propuesta por el autor, pues logra “reducir la extensión del texto mediante referentes que, por su universalidad, son conocidos” (Rodríguez: 74). En este caso, el personaje es muy reconocido debido a que forma parte de la conciencia popular, enraizada en el corrido de Jorge Negrete.

El vínculo intertextual, por último, también se observa en “Odisea”, donde se “reescribe el hipotexto proponiendo un giro distinto al original, en una actualización o re-contextualización…” (74). Pacheco consigue generar incertidumbre al final y, produciendo una catáfora narrativa:

Ulises regresó por fin a Ítaca.

—¿Quién eres? —le preguntó Penélope—. Tu cara me es familiar pero tu nombre ya no lo recuerdo (Pacheco: 97)

Conclusiones

A pesar de su rechazo inicial la minificción se ha consolidado como un género legítimo y complejo. La polémica es clara señal de su carácter innovador y del desafío a las concepciones literarias tradicionales. La brevedad como estrategia estructural confirma que la concisión no es una limitación, sino un elemento primordial que le brinda al género fuerza. Mediante la economía narrativa, la minificción obliga a los lectores a una alta participación interpretativa, supliendo los vacíos, activando la imaginación y su conocimiento cultural.

En lo que respecta al trabajo minificcional de Pacheco, es claro que ha sido desatendido, pienso, de manera injusta por la crítica en favor de sus obras mayores; no obstante, el análisis de los textos demuestra que esta breve narrativa posee una configuración compleja, abordando temas con gran inteligencia. Las minificciones de Pacheco demuestran la manera en que, por medio de un formato breve, se muestra tanto una crítica social y política como una crítica de índole ecológica, dotadas todas ellas de varias reflexiones filosóficas. Es de este modo que José Emilio Pacheco utiliza la intertextualidad y la ironía como elementos constitutivos de una economía narrativa con el propósito de condensar así el contexto como los personajes, proponiendo una reapropiación crítica y humorística de textos canónicos y populares.

Referencias

  • De Báez, Ivette Jiménez, Diana Morán y Edith Negrín, La narrativa de José Emilio Pacheco. Ciudad de México: El Colegio de México, 1979.
  • López Aguilar, Enrique. “Una lectura personal de los cuentos de José Emilio Pacheco”, en Tema y Variaciones de Literatura, vol. 60 (2023), pp. 69-85.
  • Pacheco, José Emilio. De algún tiempo a esta parte: relatos reunidos. Ciudad de México: Era, 2014.
  • Rodríguez, Adriana Azucena. Permanente fugacidad. Ensayos sobre minificción. Ciudad de México: Universidad Autónoma Metropolitana, 2020.
  • Shua, Ana María. Cómo escribir un microrrelato. México: Siglo XXI Editores, 2024.
  • Zavala, Lauro. La minificción bajo el microscopio. Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2006.
  • Zavala, Lauro. Manual de análisis narrativo literario, cinematografía, intertextual. Ciudad de México: Trillas, 2007.
  • Zavala, Lauro. Cómo estudiar el cuento. Teoría, historia, análisis, enseñanza. Ciudad de México: Trillas, 2009.

1 Me parece que la mejor definición sobre los límites permitidos en la minificción ha sido señalada por Ana María Shua: "Si bien trescientas palabrases el máximo permitido, el límite mínimo no existe" (2014: 23).

2 En lo que respecta a los estudios especializados, cabe destacar que la investigación en México se ha desarrollado de manera relativamente reciente. Una aportación fundamental es El microrrelato en México: Torri, Arreola y Monterroso (1986) de Dolores Koch. De igual forma, se deben mencionar los manuales y las antologías en el reconocimiento de la minificción, tanto en nuestra nación como más allá de ella. De las distintas obras destacaría cuatro estudios: Breve manual para reconocer minicuentos (Koch, 1997); Minificción mexicana (2003) y La minificción bajo el microscopio (2006), ambos de Zavala, y Permanente fugacidad. Ensayos sobre minificción (A. Rodriguez, 2020). Añadiría Cómo escribir un microrrelato de Ana María Shua, que también posee gran valor para comprender la importancia del género.