
Vol. 7, núm. 1-2
"FILOLOGÍA Y FRONTERAS"

ARTÍCULOS DE DIVULGACIÓN
No lugar(es)
Representaciones del transporte público en Agustín Ramos, Armando Ramírez y Vicente Leñero
Joshua Córdova
Universidad Nacional Autónoma de México
joshuacrdova@gmail.com
https://orcid.org/0009-0004-2018-0253
Introducción
En 1992, el antropólogo francés Marc Augé publicó su obra Los no lugares. Una antropología de la sobremodernidad, un ensayo en el que desarrolla sus postulados acerca de los espacios intercambiables donde los individuos permanecen anónimos.1 Es evidente que sus reflexiones parten de una perspectiva occidental, europeizada y, hasta cierto punto, privilegiada: sus referentes, por ejemplo, son vuelos intercontinentales y los espacios aeroportuarios de consumo. En ese sentido, la visión de Augé sobre los no lugares aporta una herramienta de análisis geográfico, antropológico, espacial, cultural e incluso literario, aunque debe matizarse según el contexto o fenómeno por analizar. En el caso de la literatura, existen manifestaciones que abordan una gran amplitud de espacios, sean semejantes o no a los ejemplificados por Augé. Según el antropólogo,
Los no lugares son tanto las instalaciones necesarias para la circulación acelerada de personas y bienes (vías rápidas, empalmes de rutas, aeropuertos) como los medios de transporte mismos o los grandes centros comerciales, o también los campos de tránsito prolongado donde se estacionan los refugiados del planeta (41).
En el caso particular de México ―concretamente, la capital del país, con la carga histórica, moderna y centralizadora que ha adquirido a lo largo de los siglos―, el transporte público ―metro, camión, combi, microbús, pecero o cualquier denominación semejante― es un ámbito fértil para el análisis y la teorización de los no lugares, pues sus representaciones adquieren diversas cargas ideológicas a partir de las descripciones y las acciones de quienes se sitúan ahí. Tales manifestaciones pueden acercarse, partir, subvertir o caricaturizar los imaginarios populares, de acuerdo con el tratamiento autoral brindado. Tres obras de la segunda mitad del siglo XX mexicano dan cuenta de ello, además de los intereses estéticos, culturales, sociales e intelectuales de la época: Los albañiles (1964) de Vicente Leñero, Chin chin el teporocho (1971) de Armando Ramírez y Al cielo por asalto (1979) de Agustín Ramos.

Fotografía de autoría desconocida del transporte público en las rutas urbanas de la Ciudad de México, hacia los años setenta. No se conocen restricciones de derechos de autor. Se reproduce aquí con fines educativos y de difusión.
Los no lugares en tres novelas mexicanas contemporaneas
En todos los casos, las escenas a glosar tienen al menos tres elementos en común: 1) el camión de transporte público como no lugar; 2) la colectividad y la transitoriedad como componente permanente del transporte; 3) la presencia de algún tipo de violencia. Particularmente, la óptica surrealista de Agustín Ramos es la más experimental de los tres autores, ya que abreva en referentes bíblicos, surrealistas y sociales del México de los 70 para construir sus situaciones narrativas. En Al cielo por asalto el protagonista toma el transporte
―conducido por un personaje de nombre Noé― y su viaje se ve interrumpido por un diluvio que provoca la destrucción de la ciudad. Al final de la escena, los estragos pasan y se vuelven secundarios al priorizar la preocupación generalizada por el retardo de trabajo ocasionado por la catástrofe:
Noé exprimió su cachucha y subió al autobús sin ocuparse de mí. A bordo, los pasajeros se notaban conmovidos, alarmados, con el rictus propio de los citadinos que acaban de presenciar un cataclismo o un accidente.
Noé dio un arrancón y continuó su ruta cual si nada hubiera pasado. En el cielo resplandecía el arco iris, como presagiando que no me despedirían, pese al retardo (Ramos: 50-51).
A través de la pluma de Armando Ramírez el transporte cobra otro sentido, incluso estético, desde la enumeración caótica de los elementos, el lenguaje particular de la narración, así como factores sociales como el machismo. En Chin chin el teporocho, Rogelio, el protagonista, se aproxima al transporte para acudir al trabajo, al igual que el personaje de
Ramos y, como se verá más adelante, el de Leñero. Sin embargo, su trayecto, además de efímero, está marcado por una perspectiva abyecta y casi grotesca de la realidad: “subirse al camion atestado de gente que huele a sabanas, el mal olor de las axilas, las miradas vagas que deambulan, los pisotones y los gritos malhumorados del chofer” (Ramírez: 24).
Por su parte, en el relato de Leñero, el personaje central de la escena en el transporte público es Sergio García, un plomero que en su juventud fue seminarista y a causa de ello es segregado por los albañiles de la historia. Sergio se dirige hacia su trabajo ―al igual que los otros dos personajes― y se encuentra con un entorno acelerado, agresivo, convulso. Al subir al camión, el personaje coincide con una mujer que lleva huacales. En una confrontación con otro vehículo, el chofer frena y ocasiona la caída de la mujer. De inmediato, la discusión entre la afectada y el chofer surge; la mujer involucra discretamente a Sergio, quien termina por defenderla y riñe con él hasta que ambos ―la mujer y Sergio― son expulsados del camión:
Allí la mujer quiso darle un puntapié ―¡suélteme!―, pero hábilmente el chofer esquivó el golpe, y de un empellón la arrojó contra el barrote de la entrada. La mujer cayó de nalgas y cuando el chofer se disponía a darle otro empujón intervino Sergio tapándole el paso (204).
Ramos, Ramírez y Leñero en la mirada de Augé
Para Augé, el no lugar surge en la medida en que se contrapone a la idea del lugar antropológico como sitio cargado con un sentido fijo y referencial, ya sea para una comunidad o un individuo (Augé: 104). Sin embargo, el no lugar encierra un dinamismo singular en el que es imposible para el individuo establecer una relación auténtica, tanto con el espacio como con sus habitantes: “Esa persona sólo es lo que hace o vive como pasajero, cliente, conductor” (106).
Por tanto, en las escenas antes citadas los protagonistas se vuelven seres anónimos, con una mera relación transitoria y contractual. No es casual que se establezca una variable económica para poder viajar en los camiones, ni tampoco que los tres protagonistas se dirijan a sus trabajos e, incluso, en situaciones catastróficas como en Al cielo por asalto, tenga ello menor relevancia en contraste con la penalización en los sueldos a causa de los retardos: “No es difícil pues imaginar la ansiedad de un empleado que sale de su casa con media hora de retraso (y todo por dilatarse viendo los periódicos)” (44).
Así, destaca la importancia del contexto posmoderno e industrializador que cosifica a los individuos (cf. Jameson, 2012), pues los dota de una degradación humana que refuerza la relación capital-trabajo como manifestación del capitalismo tardío. De ahí la importancia de replantear la categoría del no lugar, no sólo como un espacio superabundante de imágenes, tránsito casual y, por momentos, recreativo, sino más bien despersonalizado por los estragos de esta “pauta cultural dominante” (Jameson: 34) llamada posmodernidad.2 La idea de que “el espacio del no lugar no crea ni identidad singular ni relación, sino soledad y similitud” (Augé: 107)
se refuerza por las consecuencias de la marginalización (Chin chin el teporocho) y la necesidad de traslado laboral de los sectores asalariados (Los albañiles y Al cielo por asalto). Independientemente de lo anterior, el no lugar favorece la heterogeneidad de los individuos despersonalizados y, por tanto, inestables en el espacio y sus dinámicas de coexistencia:
Mientras que la identidad de unos y otros constituía el “lugar antropológico”, a través de las complicidades del lenguaje, las referencias del paisaje, las reglas no formuladas del saber vivir, el no lugar es el que crea la identidad compartida de los pasajeros, de la clientela o de los conductores del domingo (Augé: 104).
Otro de los elementos en común mencionados atrás es la violencia. La figura del conductor se vuelve un símbolo de intolerancia, intransigencia y despotismo. En buena medida, resulta ser el detonante de las dinámicas agresivas y, al mismo tiempo, un elemento indispensable más del imaginario popular del transporte. En la obra de Ramos, por ejemplo, se menciona lo siguiente:
Para colmo, el autobús donde viajaba dejó de tijeretear en medio de la tempestad y detuvo atrabancadamente su carrera. Una vez repuesto del zangoloteo y habiendo comprobado que ni cráneo ni coyunturas estaban en su lugar, fui de los primeros que protestaron por el enfrenón. Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo sin que prosiguiéramos la marcha, los susurros se tornaron en apremios e insultos generalizados contra el conductor. Pero éste, con displicencia, ponía más atención en sus uñas y en la trepidación de los limpiadores que en el motín que se gestaba a sus espaldas (44).
En Ramírez, el personaje se construye así:
Los timbrasos de tataratata para el chofer y los gritos desesperados de: agarrenlo me robo mi cartera, me arrebato mi bolso, el reloj, el radio de transistores y el grito angustioso de esquina chofer baaajan, señora gorda con canasta del mandado y marido briago. luego las carreritas de los choferes con sus camiones que parecen vitrinas y que toman las calles de la ciudad como las pistas de indianapolis (24).
Finalmente, en Los albañiles:
El chofer del camión insultaba al del automóvil, y el del automóvil le respondía agitando en alto, hacia atrás, el puño cerrado.
―¡La suya, pendejo! ―gritó el del camión al reanudar la marcha―. ¡Abra los ojos! Entre tanto, la mujer de los huacales se tocaba los labios y miraba sus dedos para averiguar si se había hecho sangre. Pero no (202).
Para los escritores mexicanos, esa presencia de agresiones verbales, accidentes, cruce de palabras y arrebatos constantes también forma parte de la configuración de este tipo de no lugares. De este modo, la categoría de Augé cobra otra dimensión según estas perspectivas y geografías.
Cada uno de los camiones, en las tres novelas, al ser espacios itinerantes, pasajeros y de alguna manera, masivos, conforman una coexistencia de múltiples elementos, de ahí que en Chin chin el teporocho la enumeración sea el recurso predominante para la escenificación del paisaje.
La atmósfera caótica en los tres relatos surge, en parte, desde lo precipitado de las acciones y de la multiplicidad de elementos coexistentes en un mismo espacio o percibidos desde la mirada de los narradores. En el caso de Ramírez y Ramos hay una narración en primera persona, mientras que en Leñero se trata de un narrador externo a la ficción. De esta manera, este exceso de componentes narrativos propicia una mayor impersonalidad, al tiempo que refuerza el entorno de desorganización: “Los no lugares, al ser transitorios, demandan un exceso de imágenes desde la mirada, una pluralidad de lugares que provocan un efecto de desarraigo impuesto a la mirada y a la descripción” (Augé: 89).
En Chin chin el teporocho, la superabundancia de imágenes en el no lugar parte del estatismo de Rogelio, que observa como una especie de pasajero pasivo aunque perciba acciones colectivas concretas:
―orale ese jovenaso pasele para adentro, subase pa’rriba, circule sin manosear a la señorita, ese chango no se haga güey con lo del pasaje que por el espejo lo lique cuando se subio por la puerta de atras― y los lamentos de los pasajeros ―ora no me empuje, pos si quiere ir comodo vayase en taxi o que se cree muy muy, que me ve güey soy o me paresco y si no le paso vamonos bajando para rompernos la madre, hijo de la chingada vaya agarrarle las nalgas a la puta que lo pario, que paso mi miss ya nos llevamos a mentadas ademas yo ni se las agarre, ni que estuviera tan buena para que me calentara (24).

Tanto para Ramírez como para Leñero estos episodios tienen una base realista en el ambiente citadino, sea o no caricaturizada. Sin embargo, el giro narrativo en la obra de Ramos no sólo surge de referentes sociales, sino que recae en una parodia que abreva del diluvio bíblico: caída de diques y montañas, presas reventadas, lanchas de rescate y edificios enteros cubiertos por agua son algunos de los elementos del capítulo. Incluso, el narrador satiriza los hábitos del capitalismo al mencionar que en los rascacielos había “sociedades anónimas que alquilaban lugares por metro cuadrado, cobraban rentas que ascendían a mayor velocidad que el agua y elaboraban contratos de arrendamiento.
Por supuesto que esos traficantes de cada vez menor espacio no garantizaban ningún servicio, ninguna compostura ni diferencia alguna para echarnos al agua si no pagábamos a tiempo” (48).
En estas tres novelas existe una problematización que tensa la historia a partir de las escenas en los no lugares. Si en la obra de Leñero existe el pleito entre Sergio García y el conductor, en Al cielo por asalto el narrador y protagonista lucha por su supervivencia ante las inclemencias apocalípticas de su contexto. Es él, junto con Noé y unas cuantas personas más, quien logra mantenerse con vida: “Éramos cardúmenes atacados por la supervivencia” (47). Sólo en el caso de Chin chin el teporocho, Rogelio se muestra como un individuo ajeno a los conflictos sucedidos en el camión.
Palabras finales
En resumen, el transporte público ―concretamente, los camiones en las tres novelas analizadas― puede considerarse como un no lugar, según la teoría del antropólogo Marc Augé. Al ser espacios de dinamismo, tránsito inacabable, individuos anónimos e impersonales, así como de carencia de un sentido de identidad espacial, los camiones representados en Los albañiles, Chin chin el teporocho y Al cielo por asalto conforman un espectro de análisis vasto por sus conformaciones ideológicas. Sirvan estas líneas para bosquejar una posible ruta de estudio a estas obras representativas de la segunda mitad del siglo XX en México.
Referencias
- Augé, Marc, Los no lugares. Espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad. Trad. de Margarita Mizraji. Barcelona: Gedisa, 2000.
- Jameson, Frederic, Posmodernismo. La lógica cultural del capitalismo avanzado, I. Trad. de Martín Glikson. Buenos Aires: La Marca Editora, 2012.
- Leñero, Vicente, Los albañiles. México: Gandhi Ediciones, 2014.
- Ramírez, Armando, Chin chin el teporocho. México: Océano, 2022.
- Ramos, Agustín, Al cielo por asalto. México: Fondo de Cultura Económica, 2004.
Fotografía de autoría anónima de las aglomeraciones humanas en la estación del metro Pantitlán de la Ciudad de México, en una escena cotidiana que evocan millones de personas con fines de traslado laboral.
Sin restricciones de derechos de autor. Dominio público. Se reproduce con propósitos educativos y de difusión.
1 Para Augé, la sobremodernidad alude al periodo contemporáneo en el que permea una superabundancia de acontecimientos, una superabundancia espacial y la individualización de las referencias humanas (112). En otras palabras, la sobremodernidad existe con base en un exceso de información, una aceleración de los medios de transporte y las tecnologías de la comunicación que lleva a una suerte de “reducción planetaria”, así como una despersonalización de los individuos desde la soledad y la pasividad.
2 Esta concepción no surge de la categoría de posmodernismo de Jameson, sino de su propia teoría de la sobremodernidad. En ese sentido, la propuesta de Augé no rechaza o se opone a la de Jameson, sino que plantea otra manera de abordar el cambio o las transiciones del pensamiento moderno, con mayor vigencia hasta la primera mitad del siglo XX.
Fronteras textuales, corporales y afectivas para la filología

Biagio Grillo
Instituto de Investigaciones Filológicas
Universidad Nacional Autónoma de México
biagio.grillo@gmail.com
https://orcid.org/0000-0003-3937-8724
Introducción
El trabajo filológico va adquiriendo nuevos matices para responder a la tensión que los paradigmas críticos de la modernidad tardía plantean. Si bien hay textos que continúan exigiendo una atención arqueológica —una lectura atenta a sus condiciones de producción, transmisión y materialidad—, también hay otros que desbordan esos marcos, toman cuerpo e invitan a dejarse ‘afectar’ a través de lecturas corporizadas (es decir, lecturas con el cuerpo y desde el cuerpo). Se trata, en este caso, de objetos textuales que reclaman la cooperación sensible del filólogo: no solo como lector informado, sino como sujeto situado y capaz de exponerse e implicarse.
Esta segunda forma de práctica textual, que no excluye la primera, despliega implicaciones teóricas decisivas. Como advertía Gayatri Spivak (2009: 26) a finales del siglo XX —en su diagnóstico sobre el “final” del comparatismo—, el estudio crítico de la literatura solo puede sostenerse si deja de organizarse en torno a un centro epistémico estable y se abre a formas de alteridad que permitan reconocer al "Otro" como productor legítimo de conocimiento. Se planteaba entonces una desestabilización del sujeto lector tradicional que anticipaba la disposición ética hacia la vulnerabilidad y la exposición propia de los desarrollos posteriores (del giro afectivo y corporal, del descentramiento epistémico del posthumanismo a las interrogaciones en torno al lugar ético y político del sujeto lector).
En este desplazamiento, al transformarse las configuraciones literarias y sus modos de interpelación, también es necesario reconsiderar las formas de aproximación a ellas: entonces, ¿qué sucede cuando la filología y sus objetos ya no se dejan delimitar con claridad, sino que se abren al otro, se encarnan, se expanden?
Acercamiento a un fragmento de la portada a la segunda edición de Death of a Discipline (2003) de Gayatri C.Spivak, publicado por University of Columbia Press. Diseño de cubierta: Chang Jae Lee. Se reproduce esta imagen de conformidad con los derechos de autor bajo los principios del Acceso Abierto, que permite reproducir, copiar fragmentos y compartir hipervínculos siempre y cuando se cite adecuadamente la fuente y respete el derecho de primera publicación.
Estos debates en torno al texto, el sujeto, su punto de vista situado y su otredad han llevado también a la emergencia del cuerpo como clave hermenéutica. Como superficie de inscripción y de resonancia discursiva, el cuerpo se ofrece en los textos como huella de una experiencia que no puede asumirse como evidencia originaria, y requiere ser explicada y contextualizada; tal como propone la historiadora Joan W. Scott (2001) a propósito de The Motion of Light in Water de Samuel Delany, donde el trabajo crítico hace visibles los desplazamientos, las rupturas y los reclamos de referencialidad que esas presencias corporales entrañan.
En este sentido,
el cuerpo deja de ser solo objeto del discurso y, al ofrecerse como condición de posibilidad del mismo, se hace corpus: en palabras de Meri Torras, es “un cuerpo que se encarna discursivamente a la par que desafía los discursos, un cuerpo hecho corpus, textualizado en la arena del combate pluri y transmedial de estos discursos, los códigos y los lenguajes de la literatura en diálogo” (Torras, 2024: 180).
Desde este horizonte reflexivo y dialógico, también a la filología le corresponde incorporar preguntas sobre la permeabilidad de sus propias fronteras disciplinares. No se trata de contraponer una vieja y una nueva filología. Se trata de pensar sus posibles desplazamientos a partir de los ejes de la corporalidad, la emoción y la otredad, y de explorar la oportunidad de leer filológicamente desde el roce, desde el temblor, desde el encuentro —o el desencuentro.
El cuerpo y las emociones como centros de experiencia y significación
¿Por qué el cuerpo? ¿Por qué las emociones? No se trata de simples objetos de estudio. En las últimas décadas, las humanidades y las ciencias sociales han comenzado a interrogar el cuerpo como un lugar de sentido, una condición de posibilidad de conocimiento y experiencia. Esta transformación conceptual ha desplazado las fronteras de las dicotomías tradicionales entre mente y cuerpo, razón y emoción, y ha dado lugar a lo que podría llamarse una sensibilidad epistémica renovada, donde lo corporal y lo afectivo participan activamente en la producción de significado a través de diálogos interdisciplinares.
Desde la filosofía a la antropología, el cuerpo ya no es concebido como simple materia biológica, sino como una realidad simbólica y social que organiza nuestra experiencia de lo real. En términos de Maurice Merleau-Ponty, el cuerpo es “el centinela que asiste silenciosamente a mis palabras y mis actos” (1986: 11). Así, nuestra presencia corpórea configura los límites y articula tanto la
experiencia sensorial como la acción en un flujo incesante con el mundo: el antropólogo Thomas Csordas (2025) define este proceso como embodiment, es decir, la forma en que el cuerpo actúa como superficie de resonancia y texto encarnado, dando forma a nuestra relación significativa con el entorno que habitamos.
Lo mismo ocurre con las emociones. Durante mucho tiempo, estas fueron relegadas al ámbito de lo subjetivo, de lo anecdótico o, incluso, estigmatizadas culturalmente como expresión de lo femenino en contraposición a una supuesta racionalidad masculina. Frente a estas oposiciones jerárquicas, la crítica feminista ha reivindicado el lugar epistémico de la emoción. Sarah Ahmed (2015), por ejemplo, sostiene que los afectos no son meras interioridades individuales, sino modos de inscripción social que emergen en las superficies de contacto entre cuerpos, en dinámicas relacionales que configuran tanto lo particular como lo colectivo.
Expansión de la filología: hacia un archivo expuesto y vulnerable
Estas reconfiguraciones críticas nos llevan a poner en tela de juicio las fronteras mismas de la filología, interrogándonos por sus condiciones de posibilidad: ¿qué objetos estudiamos?, ¿desde qué modos de saber?, ¿para qué prácticas lectoras? Durante siglos, se entendió como una disciplina garante de la estabilidad textual, orientada a fijar obras y recuperar sentidos originarios. En la actualidad, sin embargo, esta concepción puede resultar insuficiente. No porque las prácticas tradicionales hayan perdido valor, sino porque se vuelve relevante integrar saberes que permitan pensar los textos también en su dimensión afectiva, material y política.
Desde esta perspectiva, el trabajo del crítico ahora no responde únicamente a qué leemos, sino a cómo y desde dónde leemos, con qué cuerpo, con qué afectos, con qué responsabilidades críticas. En otras palabras, se trata de "desposeer" al lector de su autoridad epistémica para poder escuchar otras voces y otras formas de inscripción textual.
El resultado de este desplazamiento es una expansión del archivo que, en primer lugar, entraña una apertura cognoscitiva a otras formas de textualidad, a otros regímenes de sentido, a otras corporalidades de lectura. Se reconoce así que la literatura no se agota en los textos legitimados por la tradición académica, ni se restringe a una lengua o una forma.
No es casual que la misma teoría literaria haya contribuido a desdibujar las fronteras del objeto “literatura”: como señala Jonathan Culler (2004), lo literario no se define por rasgos intrínsecos del texto, sino por las formas en que este produce sentido y suscita interpretación. En esta línea, ¿puede dicha producción de sentido rehuir de sus dimensiones culturales y materiales?
En segundo lugar, esta expansión puede leerse como un desplazamiento desde la autoridad del texto hacia su zona de indeterminación, allí donde los cuerpos, las memorias, las emociones y los gestos se inscriben como marcas legibles. Aquí, el archivo deja de ser un repositorio cerrado de obras para convertirse en una trama inestable de huellas y afectos. Como lo ha argumentado María Isabel Filinich desde una perspectiva semiótica que incorpora aspectos fenomenológicos, el proceso de enunciación no puede reducirse al plano racional del sujeto: se configura también desde lo perceptivo, lo sensible y lo corporal. La “instancia enunciante” (Filinich, 2009: 96) es, en este sentido, una configuración plural que incluye tanto la dimensión inteligible como la dimensión corporal.
Ampliar el archivo, entonces, implica finalmente una expansión metodológica: una lectura crítica que atienda a historizar lo que late, lo que vibra, lo que duele en el texto. Es decir, una lectura que decida “encarnar la crisis”, como propone Meri Torras (2024), asumiendo que la propia noción de corpus ya no puede sostenerse sin su dimensión corporizada, situada y vulnerable. En esta reconfiguración, la filología se vuelve una práctica atenta a la pluralidad de las voces, al valor también político de sus procedimientos, al espesor fenomenológico de la lectura y a la exposición afectiva del cuerpo que lee.
Reconfigurar la experiencia crítica: hacia una filología afectiva
La expansión del archivo filológico no solo interpela los objetos y los métodos, sino también los modos en que se movilizan las emociones en la lectura. En las últimas décadas, el llamado giro afectivo (affective turn) ha cuestionado la presunta neutralidad de la experiencia intelectual, poniendo en primer plano la dimensión emocional del conocimiento. Esto nos recuerda que la lectura no es solo una operación intelectual, sino también una experiencia que implica al cuerpo, al deseo, al temblor del recuerdo.
De aquí que las emociones configuran núcleos estructurantes del vínculo entre el texto, el lector y el crítico.
En este marco, la narrativa no impacta únicamente por su contenido o su forma estética, sino por su capacidad de activar en el lector un campo afectivo compartido, de instalar una experiencia sensible en la que se conjugan expectativas, tensiones, proyecciones y resonancias personales. En consecuencia, una filología que vuelve su atención al afecto es también una filología encarnada que intenta leer entre las diferentes texturas del texto (en su ritmo, en sus silencios, en sus repeticiones, en sus modulaciones perceptivas).
De esta forma, en sintonía con el desdibujamiento de las fronteras del objeto “literatura”, el giro corporal y afectivo contribuye a desestabilizar la noción de lector entendido como sujeto eminentemente racional y objetivo. Así, por ejemplo, al enfrentarnos críticamente a la experiencia migratoria inscrita en el Libro centroamericano de los muertos de Balam Rodrigo (2018), podemos dejarnos afectar por una corporalidad textual que interpela de manera directa: poemas que no tienen títulos sino coordinadas de nuestra propia realidad, por una estética que pasa por testimonios fragmentados y fotografía familiares. O al sumarnos a la búsqueda afligida que estructura Antígona González de Sara Uribe (2022), donde listas de desaparecidos y notas periodísticas conviven con lo poético, dejarnos convocar como testigos de un duelo que no puede resolverse desde la distancia crítica tradicional.
En este entrelazamiento de memorias, deseos y emociones, el texto actúa sobre el lector tanto como el lector responde a él. La crítica, entonces, no se limita a interpretar, y asume una postura receptiva, atenta a sus registros corporales, históricos y éticos, como acto relacional, intersubjetivo y transmodal.
Cierre
Pensar el ejercicio contemporáneo de la filología desde las fronteras corporales y afectivas implica imaginar recorridos que expandan sus fundamentos sin renunciar a su espesor crítico. Esta apertura requiere una reflexividad que autorice interrogar el archivo, no para desecharlo, sino para leer en él lo que vibra, lo que tiembla, lo que escapa a las fijaciones canónicas. No porque este sea el único camino posible, sino porque en él se vislumbra una potencia crítica que no teme desbordarse, incorporando una densidad cuerpo-afectiva y sensorial que complejiza, sin sustituir, la dimensión intelectual.
En este posible itinerario, el sujeto filológico no olvida la distancia analítica ni se refugia en ella: se reconoce como lector expuesto, descentrado y vulnerable. Y si la literatura deja testimonios mediatos, la filología profundiza en las formas históricas de esa inscripción, pero también los habita y los deja resonar. Al seguir estas perspectivas, la filología puede abrirse a un campo más amplio: los afectos se vuelven conocimiento situado, forma encarnada de memoria y amparo de lo que en el texto no se deja domesticar del todo.
Referencias
- Ahmed, Sara. La política cultural de las emociones. Trad. de Cecilia Olivares Mansuy. México: Universidad Nacional Autónoma de México - Programa Universitario de Estudios de Género, 2015.
- Balam, Rodrigo. Libro centroamericano de los muertos. México: Fondo de Cultura Económica, 2018.
- Csordas, Thomas J. “Something other than its own mass: Embodiment as corporeality, animality, and materiality.” Anthropological Theory, 25/1 (2025), pp. 3-29. DOI: https:/doi.org/10.1177/14634996241230169
- Culler, Jonathan. Breve introducción a la teoría literaria. Trad. de Gonzalo García. Barcelona: Crítica, 2004.
- Filinich, María Isabel. “El cuerpo en el proceso de enunciación”. Antropología. Revista Interdisciplinaria del INAH, 87 (2009), pp. 95-101. https://revistas.inah.gob.mx/index.php/antropologia/article/download/2820/2721
- Merleau-Ponty, Maurice. El ojo y el espíritu. Trad. de Jorge Romero Brest. Barcelona: Paidós, 1986.
- Scott, Joan W. "Experiencia". Revista de Estudios de Género: La Ventana, 2/13 (2001), pp. 42-74. DOI: https://doi.org/10.32870/lv.v2i13.551
- Spivak, Gayatri Chakravorty. La muerte de una disciplina. Trad. de Irlanda Villegas. Xalapa: Universidad Veracruzana, 2009.
- Torras, Meri. “Encarnar la crisis: cuerpos, corpus y literatura comparada”. Nuevas Polografías. Revista de Teoría Literaria y Literatura Comparada, 9 (2024), pp. 163-179. DOI: https://doi.org/10.22201/ffyl.29544076.2024.9.2089
- Uribe, Sara. Antígona González. México: El Quinqué Cooperativa Editorial / Sur+, 2022.

Detalle de una ilustración del XIX, de autoría desconocida, dentro del sitio web "La Noche más Oscura".
En http://lanochemasoscura.com/index.php/sonambulos/garcia-cardiel/hemeroskopeion/1145-jugurta. No se conocen restricciones de derechos de autor. Se reproduce aquí con propósitos educativos y de difusión.
Filología y análisis del discurso: aportes para la interpretación lingüística de la adivinanza
Enrique Meléndez Zarco
Seminario Permanente de Análisis del Discurso
Universidad Nacional Autónoma de México
zarcounam@gmail.com
https://orcid.org/0000-0001-8436-2970
Introducción
El estudio científico de la lengua ha consolidado, a lo largo de los años, múltiples teorías y metodologías para la interpretación lingüística tanto en una dimensión léxico-gramatical como textual o transoracional. Así, ámbitos como la filología y el análisis del discurso, aunque con categorías, tradiciones y enfoques distintos, establecen puntos de encuentro fundamentales para aportar al tratamiento integral de textos tan antiguos como arraigados al saber, sentir y solaz popular como las adivinanzas.
Una de las obras en que es posible observar la riqueza expresiva de las adivinanzas, las cuales despliegan una gama amplia de unidades temáticas, referentes tanto al mundo de lo concreto como de lo alegórico o lo abstracto, es Si quieres que te lo diga, ábreme tu corazón. 1001 adivinanzas y 51 acertijos de pilón, de la investigadora mexicana María Teresa Miaja. Se trata de un conjunto de adivinanzas y acertijos mexicanos en español, publicado en 2016 bajo el cobijo institucional de El Colegio de México y la Secretaría de Educación Pública, que fue merecedor del Premio Antonio García Cubas otorgado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.
Sin duda, la adivinanza ha significado un espacio propicio para poner en práctica la capacidad de atención, observación, metaforización y sensibilidad de los seres humanos en lo comunitario, quienes se han encargado de mantenerla viva como parte de un tesoro cultural, transmitido secularmente de generación en generación, debido al ejercicio lingüístico creativo de sus usuarios. Sobre el carácter popular y ancestral de la adivinanza señala Miaja (2016):
Gracias a su plasticidad lingüística la adivinanza ha sido, es y seguirá siendo parte del acervo literario tradicional […].
No podemos olvidar ni negar que las adivinanzas surgen de una cosmovisión popular y que en ellas se refleja la espléndida capacidad y poder de descripción del pueblo. Por boca de la adivinanza habla la sabiduría popular, en verso, y esto a través del primer sistema didáctico que ha existido en el mundo, el de las preguntas y respuestas (68).

Reproducción del cartel elaborado por el Departamento de Difusión del Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México para invitar a la presentación del libro Si quieres que te lo diga, ábreme tu corazón. 1001 adivinanzas y 51 acertijos de pilón, de María Teresa Miaja. Cedidos los derechos de reproducción a este medio con fines educativos y de difusión.
Aunque resulta difícil (si no es que imposible) conocer con exactitud el origen de las adivinanzas y, en general, de cualquier género poético de tradición oral (Morote, 2001), sí es posible trazar diferencias entre composiciones literarias con las que aquella colinda, a saber, el acertijo. De acuerdo con los expertos, acertijo y adivinanza convergen en el hecho de plantear una pregunta ingeniosa; no obstante, mientras que el acertijo se manifiesta en prosa, la adivinanza lo hace en verso con parámetros más definidos en su construcción (Gárfer y Fernández, 1994; Miaja, 2016).
La adivinanza ha sido recuperada, sobre todo, desde el punto de vista literario, atendiendo aspectos como su pertenencia a la lírica tradicional, las funciones que presenta, su clasificación temática, así como sus recursos estilísticos y retóricos. Gracias a ello se ha podido definir, entre otros, la estructura prototípica de la adivinanza popular, configurada poéticamente en cuartetas octosilábicas, de rima consonante o asonante cruzada, y con el uso de la forma paralelística (Miaja, 2016). Entre los casos representativos de la adivinanza mexicana destacan:
Adivina adivinanza,
¿qué tiene el rey en la panza?
(El ombligo)
Agua pasa por mi casa,
cate de mi corazón,
el que no me lo adivine
es un burro cabezón.
(El aguacate)
En casa de Chi,
mataron a Ri,
vino Mo
y dijo Ya.
(La chirimoya)
Menos prolífico, sin embargo, ha resultado el tratamiento lingüístico de la adivinanza en nuestro país. Tan solo en la UNAM, su base de datos registra únicamente dos trabajos de titulación que han considerado la adivinanza como objeto de estudio: 1) Algunas reflexiones de la adivinanza (1985), a nivel licenciatura y 2) Los entramados del significado en las adivinanzas y adagios de los antiguos nahuas (2001), a nivel maestría. Dentro de la lingüística contemporánea en el siglo XXI, dos de las aproximaciones posibles ―coincidentes y fronterizas a la vez― para examinar a cabalidad la adivinanza son la filología y el análisis del discurso.
Filología, lingüística y análisis del discurso
Sobre la filología, aunque enternecedora y hermosa su definición habitual (‘amor por las palabras’) resulta, en cambio, poco informativa o clara para quien no ha escuchado ni leído antes acerca de ella. En opinión de Moreno de Alba (1992), para muchos, términos como lingüística o filología simplemente no existen o, a lo sumo, son vagamente considerados como entretenimientos sofisticados de personas un tanto estrafalarias. A pesar de ello, tanto la lingüística como la filología tienen como foco principal el patrimonio intangible de los seres humanos, es decir, la lengua, aunque con abordajes y mecanismos específicos. Para este académico, mientras que el filólogo se ocupa sobre cuestiones relativas a la interpretación de textos, labor para la cual debe allegarse a cuanta información pueda iluminarlo respecto de la cultura,
la época y las circunstancias en que este se produce, al lingüista, por su parte, le interesa cómo funciona el lenguaje humano y las lenguas específicas de cada comunidad, así como la comunicación que establecen entre sí unas personas con otras.
Este último punto sería aplicable particularmente si pensamos en una lingüística tradicional y teórica cuyo límite es la cláusula o la oración. Y es que hoy día la lingüística contemporánea, en especial la aplicada, ha expandido sus alcances de estudio hasta involucrar el funcionamiento del lenguaje y de las lenguas naturales en el uso interaccional de los sujetos hablantes y de los grupos sociales en contextos específicos a través de la manifestación de sus textos (orales, escritos o digitales). De ahí la existencia de ámbitos tan nutridos y eclécticos como el análisis del discurso, desarrollado en el seno de la lingüística anglosajona. Fue Zellig Harris, mentor de Chomsky, quien acuñó en 1952 la noción análisis del discurso para aludir a la extensión de los procesos distribucionales superiores a la oración (Nadal, 2018), lo que sentó las bases para el influjo de ramas como la gramática textual.1
Análisis filológico y análisis del discurso
Ahora bien, aunque más antigua que la lingüística,2 la filología se hermana con el análisis del discurso por tener como eje rector el texto, o bien un compendio de textos, y por pretender ofrecer una interpretación científica sobre ellos; la filología como el análisis del discurso se valen de la interdisciplinariedad con el propósito de que sus propuestas interpretativas tengan un fundamento para explicar la lengua en uso, en su diversidad, articulando el componente lingüístico con el extralingüístico, lo que justifica que disciplinas como la historia, la literatura, la lingüística (y muchas otras) sean tan importantes para llevar a cabo sus complejas tareas. Importa añadir que en la actualidad ya no se piensa al filólogo simplemente como un fijador de textos antiguos en lo escrito (Moreno, 1992), sino que su praxis es mucho más abarcadora en tanto disciplina que busca en los textos orales o escritos la cultura o identidad de un pueblo (cf. Company, 2017) o un conjunto de pueblos hermanados entre sí a través de su manifestación lingüística dentro de un marco histórico que los determina y explica (cf. Lope, 2005).
Tomemos como referencia las siguientes adivinanzas inscritas en el ámbito religioso, relevantes en la cultura mexicana:
¿Quién hizo la tierra,
el cielo y el mar?
¿Quién todo lo puede
y todo lo da?
(Dios)
Ternura infatigable,
afán amoroso,
un amor adorable
para un hijo doloroso.
(La Virgen)
¿Quién es aquel infeliz
que hasta la gloria llegó
y por querer subir más
hasta el suelo se cayó?
(Lucifer)
Las adivinanzas anteriores, en el marco del juego y del desafío intelectual, ya en modo de declaración o ya de interrogación, exponen atributos que sirven como claves para el intérprete a fin de desentrañar la identidad oculta de tres figuras centrales para la comunidad católica: Dios, la Virgen y el demonio. Un análisis filológico podría determinar cómo pasajes bíblicos como el Génesis, la Pasión de Cristo o la expulsión de Lucifer del Paraíso
se materializan lingüísticamente en la adivinanza y cómo históricamente se ha ido representando en las adivinanzas a los actores de estos episodios teológicos, desde la cultura mexicana, haciendo comparaciones entre textos como las pastorelas, las canciones o los romances. Asimismo, podría realizar un trabajo ecdótico3 minucioso para comprobar si esta clase de textos han tenido variantes lingüísticas en el tiempo, como suelen tenerlas los poemas de la lírica popular.
Con relación al análisis del discurso son diversos los fenómenos que se pueden revisar, por ejemplo, cuál es el lenguaje evaluativo (juicios de valor) que se aprecia en las adivinanzas con base en sus elecciones lingüísticas; de qué manera se inscriben en el texto las personas o voces del discurso, o bien cómo se instancia el efecto retórico de la omnipotencia, la piedad maternal o la soberbia ―por referir los casos expuestos― a partir de los rasgos seleccionados por el emisor en las adivinanzas.
En tanto que ciencias humanas, la filología y el análisis del discurso deben obligatoriamente partir de evidencia y de criterios puntuales explicados al momento de emprender sus interpretaciones;
sin embargo, es manifiesto que cada una de ellas comporta solo una propuesta, una aproximación (de entre muchas posibles) sobre un texto, y no el hallazgo de un sentido único o completo de lo que en este caso las adivinanzas pretenden transmitir. Y es que la interpretación, como subraya Charaudeau (2009), consiste en una operación a posteriori que relaciona los resultados de un análisis con presupuestos teóricos, lo cual significa que ni el filólogo ni el analista del discurso derivan de sus interpretaciones “datos brutos” o puramente descriptivos.
Líneas finales
En síntesis, son muchas las directrices que se pueden seguir para escudriñar un fenómeno lingüístico tan expresivo e imaginativo como las adivinanzas, con gran tradición en la literatura mexicana. Tanto la filología como el análisis del discurso poseen las herramientas necesarias mediante las cuales puede sustentarse una interpretación lingüística seria y llenar un vacío de investigación que mucho nos diría sobre el espíritu inquisitivo de los seres humanos y su necesidad de diversión, al margen del sexo, el género, la clase social o la edad. La adivinanza es un producto verbal del que podemos participar todas y todos, en calidad de intérpretes, maestras y maestros, difusores o investigadores.
Referencias
- Charaudeau. Patrick. “Análisis del discurso e interdisciplinariedad en las ciencias humanas y sociales”. El discurso y sus espejos. Luisa Puig (ed.). México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2009. 99-132.
- Company, Concepción. Los opuestos se tocan: indiferencias y afectos sintácticos en la historia del español. México: El Colegio Nacional, 2017.
- Farfán, Rosa María. Algunas reflexiones sobre la adivinanza. México: Universidad Nacional Autónoma de México - Facultad de Filosofía y Letras. Tesis de licenciatura, 1995. Recuperado de: https://tesiunam.dgb.unam.mx/F/?func=findb&local_base=TES01&find_code=WRD&request=adivinanza&adjacent=N.
- Gárfer, Jose Luis y Concha Fernández. Adivinancero antológico español. Madrid: Ediciones del Prado, 1994.
- Lope Blanch, Juan M. Cuestiones de filología española. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2005.
- Mercenario, Mariana. Los entramados del significado en las adivinanzas y adagios de los antiguos nahuas. México: Universidad Nacional Autónoma de México - Facultad de Filosofía y Letras. Tesis de maestría, 2001. Recuperado de: https://tesiunam.dgb.unam.mx/F/EAUG2VN7YB7P1D9SJQELN5G417Q7FQ1TGBBDC6U3KEICRBIF95-26713?func=full-set set&set_number=078019&set_entry=000001&format=999
- Miaja, María Teresa. Si quieres que te lo diga, ábreme tu corazón. 1001 adivinanzas y 51 acertijos de pilón. México: Secretaría de Educación Pública / Colegio de México, 2016.
- Moreno de Alba, José. Minucias del lenguaje. México: Fondo de Cultura Económica, 1992.
- Morote, Pascuala. “La adivinanza en la enseñanza del español como lengua extranjera”. Actas XII (ASELE), 2001. Recuperado de: https://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/asele/pdf/12/12_0143.pdf
- Nadal, Juan. “Hermenéutica, pragmática y análisis del discurso”, en Mauricio Beuchot y Alberto Vital (eds.), Manual de hermenéutica. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2018. 195-211.
1Con el paso de los años, el análisis del discurso ha expandido su panorama y se ha constituido como un campo con variados modelos y perspectivas, como la Lingüística Sistémico Funcional de Michael Halliday, el Análisis Interaccional de Adriana Bolívar o el Análisis Crítico del Discurso de Teun van Dijk. De ahí que una de las definiciones del análisis del discurso sea el estudio de la relación entre el lenguaje, el sentido y el vínculo social, un campo disciplinar abierto y en permanente construcción (Charaudeau, 2009).
2Apunta Moreno (1992) que es muy probable que la lingüística haya nacido a partir de la filología, pues se piensa que los primeros filólogos, interesados en la "lectura correcta", la versión más confiable de los textos sagrados o religiosos, tuvieron que aprender “lingüística” para comprender puntualmente las variables textuales y determinar así cómo debían transmitirse dichos textos a las futuras generaciones.
3Esto es, de crítica textual.

El origen o antecedente primigeneo de estos temas se encuentra en las tradiciones oraculares, al menos entre los pueblos occidentales. El ejemplo por antonomasia es el enigma planteado por la esfinge a Edipo, por el cual este causa la muerte de su padre Layo. Difícil sería establecer un paralelismo en términos comparatistas que acerque a esta antigua forma lógico-literaria, bien al acertijo, o bien a la adivinanza, pues la versión métrica de la historia griega varía entre las distintas tradiciones doxológicas, así como de sus traducciones u otros medios de transmisión. Es casi imposible definirlo por su mera forma estilística, en tanto verso rimado o composición en prosa. La gran diferencia con el acertijo o la adivinanza, en todo caso, se encuentra en la privación de su sentido trágico, esencial entre los antiguos griegos.
"Representación de Edipo y la esfinge, un ejemplo de adivinanzas y acertijos en la mitología griega", o "Edipo y la Esfinge". Tondo de kylix ático de figuras rojas, 480-470 BC. de Vulci. Subido en línea el 14 de diciembre de 2009 en https://es.wikipedia.org/wiki/Adivinanza#/media/Archivo:Oidipous_sphinx_MGEt_16541_reconstitution.svg. Dominio público.
Una perspectiva crítica en las humanidades actuales

Joaquín R. Beltrán
Universidad de Guadalajara
jrobe@gmail.com
https://orcid.org/0000-0002-9956-285X
Se aprende mucho sobre la mentalidad de una época al observar cómo suele interpretar y evaluar su propio pasado. Le debemos al Renacimiento, por ejemplo, el retrato de la Edad Media como época de oscurantismo donde el brillo del conocimiento estaba completamente eclipsado. Y ese retrato no nos informa casi nada sobre la Edad Media, sino más bien sobre cómo el Renacimiento se entendió a sí mismo. Cada momento histórico tiene una nota característica en cuanto a su manera de acercarse a su pasado.
Toda época tiene entonces la tarea de asumir su pasado, y esto está ligado con una pregunta muy relevante: ¿para dónde vamos ahora? Cualquier momento presente es un proyectil que viene en una cierta dirección y fuerza desde el pasado. Por esa inercia, no podemos virar la trayectoria así nada más. Antes hay que saber en qué consiste esa inercia.
Así, la interpretación del pasado nunca termina. En los clásicos grecolatinos esto es evidente. Hace un siglo había traductores de Los Amores de Ovidio que decidían no traducir aquel poema en que se retrataba la intensa frustración masculina ante la disfunción eréctil. A Grant Showerman, quien vertió Los Amores al inglés en la prestigiosa colección
Loeb Classical Library de Harvard, seguramente le pareció impúdico ese poema 7 del libro 3, por lo que, sencillamente, no lo tradujo. Lo publicó en la colección autonombrada “bilingüe” únicamente en latín, enviado hasta el final del volumen. ¡Que lo entiendan sólo los iniciados! Pero si el señor Showermann procedió de esta manera con un poema completo, ¿qué otros versos “obscenos” de Ovidio habrá omitido u oscurecido? Se trata, claro, de una traducción descontinuada. Se dice que, “por regla”, una traducción de una obra clásica queda obsoleta después de unos 60 años. Cada época tiene entonces una obligación: releer, reexaminar, reanalizar y reinterpretar los textos heredados. Es una de las labores más características de las humanidades.
Llego a la pregunta que quiero explorar: ¿cómo nos ayuda o nos estorba nuestra época en ese ejercicio de interpretación de textos de otros momentos? La formulo así por dos motivos: 1) nuestro momento histórico particular nos ofrece en esto tanto una cara positiva como una negativa; 2) tener clara consciencia de esas “caras” es la condición básica inicial para que podamos hablar de una perspectiva crítica en el estudio de nuestra herencia histórica, pues no hay una perspectiva crítica sin la disposición a analizar nuestro entorno más inmediato, es decir, sin asumir nuestro propio “horizonte histórico”, como diría Gadamer.
I.
Comienzo por lo bueno. El hito determinante para nuestra época es la revolución digital. La manera en que ahora podemos localizar y recopilar información sobre un tema específico mediante simples búsquedas en bases de datos, es la diferencia más elemental respecto a otros momentos. Yo mismo, sin tener que salir de México, hice mi tesis de doctorado sobre un tema muy específico de la retórica en el Renacimiento, cosa que antes habría sido imposible, pues habría que tenido que consultar muchos impresos en latín del siglo XVI que sólo se encuentran en bibliotecas europeas. Aún no hemos dimensionado con precisión las enormes implicaciones y potencialidades que tiene esta "democratización del saber" para quienes hacen investigación en medios tradicionalmente considerados periféricos.
Pero más allá de esto, la revolución digital ha hecho posible un cambio muy significativo en los instrumentos de análisis, que es en lo que son auténticamente distintas las humanidades digitales respecto a las tradicionales. Quizá donde mejor se ve esto es en las bases de datos construidas gracias a la digitalización y en las herramientas actuales de procesamiento de textos. Se me ocurren dos ejemplos: uno es una aplicación que a mí me cambió la vida en la investigación; el otro tiene que ver con la utilidad de un corpus diacrónico en nuestra lengua.

Imagen tomada de Javier J. González Martínez, "El humanismo digital", en la sección cultural de Nueva Revista, publicado el 30 de noviembre de 2021, en el sitio https://www.nuevarevista.net/el-humanismo-digital/. Imagen de autoría desconocida. Se reproduce aquí con fines educativos y de difusión, bajo los principios del Acceso Abierto, que permite leer, copiar y compartir hipervínculos con fines de expansión del conocimiento, bajo la condición de citar la fuente adecuadamente, y en apego estricto a los derechos de autor.
Veamos el primero. Desde ya hace tiempo existe Transkribus, una aplicación creada por la European Cooperative Society: es un programa que permite transcribir automáticamente documentos antiguos y adaptarlos a procesador de texto. De uso prácticamente libre (o "código abierto"), se puede "cargar" un libro completo escaneado en formatos PDF o en JPG, por ejemplo, un libro impreso en el siglo XVI, y la aplicación automáticamente arroja el texto transcrito como un archivo digital. Con Transkribus se han empezado a crear bases de datos temáticas, de modo que permite hacer búsquedas especializadas. Por ejemplo, existe una llamada Noscemus, que recopila todos los libros en latín impresos en Europa entre los siglos XV y XVIII que tengan que ver con Ciencia.
En una ocasión, en un manuscrito en latín del siglo XVIII —que estoy estudiando— me apareció una palabra muy extraña: elaterium. Ni los diccionarios ni las búsquedas básicas en Google o en otras bases de datos me llevaban a algo relevante para averiguar sobre su significado. Con Noscemus logré dar con pasajes específicos de autores de la época que hablaban sobre ese elaterium, que resultó ser una oscura hipótesis científica que hablaba de una “fuerza elástica” (vis elastica) de las cosas y que se le atribuía al aire para explicar ciertos fenómenos.
Transkribus también permite hacer transcripciones de manuscritos antiguos. Para su correcto funcionamiento se necesita proveer modelos de lectura, es decir, que se haya recopilado un corpus significativo de folios manuscritos bien paleografiados para indicar a Transkribus cómo debe leer cada texto. Cuanto más amplio es el corpus, menor es el margen de error. Yo mismo creé un modelo para manuscritos novohispanos en latín, que intitulé Manuscritos de la Nueva España en latín, de libre acceso en esa plataforma, con casi 50 mil palabras. Me ha bastado para que, en folios que he seguido transcribiendo de manuscritos parecidos, me tarde de 10 a 15 minutos en obtener una transcripción correcta de cada folio. Quien se dedica a esto sabe que es un tiempo récord, y podría ser menor: uno o dos minutos para la transcripción inicial con el programa y el resto en corregir los errores por cuenta propia. Hay modelos mucho más amplios: el Spanish Sage, para manuscritos en español, está hecho con un corpus de 12 millones de palabras.

Ejemplo de un folio del manuscrito medieval de Las siete partidas de D. Alfonso procesado en la plataforma Transkribus bajo el modelo denominado "El Coloso español" desarrollado en la Universitat Autónoma de Barcelona, parte del proyecto más amplio Spanish Sage.
José Manuel Fradejas Rueda, "El Coloso español", en Hypotheses.org, publicado el 19 de diciembre de 2023: https://7partidas.hypotheses.org/11531. No se conocen restricciones de derechos de autor. Se reproduce aquí con fines educativos y de difusión.
Mi segundo ejemplo es la enorme utilidad de dos de los corpora más importantes para el español: el Corpus Diacrónico del Español (CORDE) y el Corpus Diacrónico y Diatópico del Español de América (CORDIAM). Supongamos que lo que nos interesa es el cambio semántico a través del tiempo: más específicamente, rastrear los cambios en la palabra discreción. Quienes estudiamos los siglos XVI y XVII sabemos que en aquella época la palabra tenía una carga distinta a la actual. Para nosotros es quizás sinónimo de tacto, pero en aquella época era algo más amplio. No en vano el Diccionario de autoridades definía así discreción: “Prudencia, juicio y conocimiento con que se distinguen y reconocen las cosas como son, y sirve para el gobierno de las acciones y modo de proceder, eligiendo las más a propósito”.1 ¿En qué época podemos situar la transición al sentido moderno?
Gracias al CORDE y al CORDIAM llegué a estas conclusiones en una media hora acotando mis búsquedas a "México": desde el siglo XVI al XVIII, discreción es antónimo de necedad,
y gravita en torno a palabras como virtud, sabiduría y entendimiento. Uno podía “ver algo” o “entender algo” con discreción. Pero a finales del XIX e inicios del XX vemos que discreción es cercana a timidez y modestia: alguien “no se atreve” a decir algo por discreción, sentido moderno que hoy tenemos.
En los dos ejemplos hay un denominador común, propio de las humanidades digitales: las posibilidades para analizar y procesar, mediante programas digitales, enormes cantidades de texto. Esto es un beneficio innegable de nuestra época.
II.
¿Cuál es la cara negativa? Sí hay una, pero es más abstracta o general, quizá por ello menos evidente. Para alguien que se dedica a las humanidades, la vida moderna le ofrece dos aspectos que, en mi opinión, pueden convertirse en verdaderos peligros. El primero tiene que ver con lo laboral; el segundo, con el vertiginoso ritmo de la vida moderna.
En cuanto al primero, se ha hecho casi normal que hablemos de un “desprecio a las humanidades”. Pero esto no es más que un caso particular de un rasgo general característico de nuestra época: todas las actividades humanas se han nivelado para tener un solo rasgo que les pueda dar sentido: tienen que ser labor (en el sentido que Hannah Arendt dio al término). Si a algo le dedicamos tiempo y esfuerzo, "debe ser" para ganarnos la vida. Si Cicerón, que perteneció a una de las sociedades más volcadas a la política que haya habido en la historia, renaciera y pudiera ver nuestro mundo actual, quizá su primera reacción sería una gran extrañeza ante el hecho —corriente hoy en día— de que haya gente que se dedica a la política para “ganarse la vida”. Los romanos hubieran dicho, más bien, que hay que ganarse la vida —solventar las necesidades básicas— para después dedicarse a la política.
Cualquiera se percata hoy del vicio de fondo si, en lugar de “comer para vivir”, “vivimos para comer”. Pero, ¿nos damos cuenta con igual rapidez de la enorme diferencia entre “dedicarse a la política para ganarse la vida” y “ganarse la vida para dedicarse a la política”? Si hacer política es ante todo buscar el bien común, significa que poner cualquier otro fin ulterior implica la posibilidad de corromper tal actividad. Arendt lo decía en estos términos:
“la utilidad establecida como sentido genera sinsentido” (1959: 135). Es decir, si el único criterio que tenemos para dar sentido a lo que hacemos es la utilidad (mediante la lógica de “fines y de medios”), entonces nos quedamos sin la capacidad de dar sentido a lo que hacemos.
Lo mismo aplica para las humanidades. En la Antigüedad, a la ciencia y a las humanidades se les caracterizó como “artes liberales” porque son las actividades que requieren técnica y aprendizaje, pero se hacen solamente si ya no se está atado a la necesidad de laborar para tener techo y alimentarse. Por eso eran propias del “hombre libre”. Con eso querían decir que entender el mundo, analizarlo, conocerlo y explicarlo es un fin en sí mismo que sólo puede buscar quien le puede dedicar tiempo.
Pero nuestra época se caracteriza justo por colocarnos en la posición de dedicarnos al conocimiento como un medio para subsistir. Y encima, se nos exige una y otra vez que los objetos de investigación se elijan con miras a su utilidad; en México, para que "cuadren" con los Programas Nacionales Estratégicos del otrora CONACyT. Pero aquí se esconde una trampa, que nos lleva a producir y publicar a destajo porque "nos beneficia" como profesores-investigadores. Sin embargo, no hay duda alguna de que producimos una cantidad abrumadora de textos que nadie lee. ¿Esto lo leerá alguien? Para evitar el peligro, acercarse al estudio de la lengua y la literatura debería comenzar por la pregunta: ¿estoy investigando esto sólo para publicar algo? ¿O hay un interés genuino por comprender y comunicar algo?
La hondura del problema anterior sólo se entiende mediante el segundo peligro que mencionaba: el que tiene que ver con el ritmo vital moderno. Nietzsche lo decía mejor de lo que yo jamás podría:
La filología es, efectivamente, un arte venerable que exige ante todo a sus admiradores que se mantengan al margen, que se tomen tiempo, que se vuelvan silenciosos y pausados. Es un arte de orfebrería y de pericia en la palabra, un arte que no es sino un trabajo sutil y delicado, y en el que no se logra nada si no se consigue de un modo lento. Precisamente por ello es hoy más necesaria que nunca; precisamente por eso nos atrae y encanta tanto en una época de “trabajo”, quiero decir, de prisa, caracterizada por esa precipitación indecente y sudorosa que pretende “acabar” con todo enseguida, también con cualquier libro, viejo o nuevo —este arte al que me refiero no logra acabar fácilmente nada: enseña a leer bien, a saber, despacio, profundamente, en detalle, con cuidado, con doble intención, con buena predisposición, con ojos y dedos delicados (Nietzsche, 2022: s. p.).
La idea se podría extender a las humanidades en general: nuestro trabajo al leer, analizar, investigar y escribir es, en su esencia más profunda, una labor detenida y pausada.
El componente constitutivo de las humanidades es la crítica, pues es lo que dio sentido a la filología como disciplina en el Renacimiento. Es exactamente lo que hizo alguien como Lorenzo Valla al tomar documentos como la Donación de Constantino y someterla al análisis lingüístico e histórico para ver si realmente podía haber sido escrita por el emperador Constantino. Para otro gran humanista, Ángelo Poliziano,
la filología se convirtió en un modo de vida definido por un ideal de lectura sin limitaciones y una investigación intelectual abarcadora (Celenza, 2021: 107). Y con limitaciones, se referían no sólo a la especialización, sino también a las instituciones. Por eso, los recursos digitales deberían ayudarnos a abarcar más, pero no hacernos caer en la trampa de la rapidez e inmediatez.
Hannah Arendt citaba un pasaje de Kafka: “Encontró el punto de Arquímides, pero lo usó contra sí mismo. Tal parece que se le permitió encontrarlo sólo bajo esta condición”. Se refería al famoso dicho de Arquímides: “denme un punto de apoyo y moveré el mundo”, que aludía a lo que se podía lograr mediante la ciencia y la técnica humana. Nuestra época encontró ese punto de Arquímides, desde donde llegamos a la Luna y a las partículas subatómicas, pero el peligro que señalaba Arendt, de que terminaríamos usando ese punto de apoyo contra nosotros mismos, es aún más evidente ahora: la tecnología siempre tiene la capacidad de influir en quien la emplea. La herramienta no sólo moldea a las cosas, sino a la mano misma.
Hace ya casi un siglo Ortega y Gasset decía algo de una actualidad sorprendente:
Vivimos en un tiempo que se siente fabulosamente capaz para realizar, pero no sabe qué realizar. Domina todas las cosas, pero no es dueño de sí mismo. Se siente perdido en su propia abundancia. Con más medios, más saber, más técnicas que nunca, resulta que el mundo actual va como el más desdichado que haya habido: puramente a la deriva (Ortega y Gasset, 2020: 111).
Por eso es hoy más necesario que nunca nuestro trabajo en humanidades. El hecho de que las consecuencias de lo que hacemos sean poco inmediatas o poco palpables no significa que sean menos significativas. En esta área trabajamos con la palabra y el pensamiento. Y si de algo tenían conciencia clara los antiguos grecolatinos es que lo que nos hace seres políticos, lo que nos permite abandonar el ámbito privado y actuar como grupo es la palabra. “Qué pensamos y qué decimos” es el paso previo básico antes del “qué hacemos”. Ortega y Gasset (1955: 28-29) lo decía así: “de lo que hoy se empieza a pensar depende lo que mañana se vivirá en las plazuelas” (1955: 28-29).
La perspectiva crítica fundamental consistiría entonces en saber con “discreción”, en el sentido antiguo de la palabra, aprovechar los beneficios que nos ofrece nuestra época y así esquivar al mismo tiempo sus peligros.
Referencias
- Arendt, Hannah. The Human Condition, A Study of the Central Dilemmas Facing Modern Man. New York: Doubleday Anchor Books, 1959.
- Celenza, Christopher S., The Italian Renaissance and the Origins of the Modern Humanities, An Intellectual History, 1400-1800, Cambridge University Press, Cambridge, 2021.
- Nietzsche, Friederich. Aurora, Pensamientos sobre los prejuicios morales. Trad. de Germán Cano. Madrid: Biblioteca Nueva, 2022.
- Ortega y Gasset, José. El tema de nuestro tiempo. Madrid: Espasa-Calpe, 1955.
- Ortega y Gasset, José. La rebelión de las masas. Barcelona: Espasa / México: Planeta, 2020.
1 Fuente Diccionario de autoridades

Real Academia Española. Tomado de la entrada del Corpus diacrónico del español (CORDE), en https://www.rae.es/banco-de-datos/corde. Se reproduce aquí con fines educativos y de difusión. No se conocen restricciones de derechos de autor..
Elementos de la elegía erótica en la poesía inicial de Ramón López Velarde
Éder Élber Fabián Pérez
Universidad Autónoma Metropolitana - Iztapalapa
edervanfabian@gmail.com
https://orcid.org/0009-0002-3371-1717
Introducción
Como indicaba Italo Calvino, un clásico es aquella obra que “nunca termina de decir lo que tiene que decir” (7). Esto, sin lugar a dudas, es lo que ocurre con la obra de Ramón López Velarde. A pesar de las múltiples lecturas e investigaciones de los estudiosos en torno a la vida y obra del jerezano, aún existen zonas enigmáticas por descubrir. El presente ensayo pretende ser una aproximación a la obra poética de López Velarde, con especial atención sobre un tema poco atendido por la crítica: los elementos de elegía erótica dentro de su poesía. Intento señalar la manera en que López Velarde, en más de una ocasión, recurrió a tales elementos (fuera o no consciente de ello) en sus poemas.
La elegía erótica y sus principales componentes
Antes de explorar los vínculos existentes es necesario que se exponga, grosso modo, las características más relevantes de la elegía erótica. Comencemos con un rasgo que es de gran importancia para comprender la diferencia entre esta y la elegía funeral. Mientras que en la segunda se llora o se lamenta por la muerte de un ser cercano o amado, en la elegía erótica la temática no es otra que la lamentación amorosa. Sin embargo, como indica Paul Veyne existen otros conceptos que la hacen única; primeramente, la protagonista o heroína a la que se le canta ya no es una dama noble como lo fueron Laura y Beatriz para Petrarca y Dante, respectivamente, sino que se trata de damas “irregulares”, es decir, “aquellas con quienes uno no se casa” (Veyne: 8). Este es quizá uno de los elementos centrales, ya que el poeta puede desear casi todo con su dama menos casarse, pues sería una falta de delicadeza. El segundo concepto es que el poeta no enmascara su personalidad: asume consciente lo que implica este amor, expresa su pasión, “nos confía sus sufrimientos y recorre todo el camino real del corazón humano” (id.).
La tercera característica es el humor, en particular el humor irónico; sin embargo, como indica el propio Veyne: “Tranquilícese el lector; la ironía elegiaca suele ser más sutil que esos juegos de segundo grado” (10); es decir, en la elegía erótica existe un refinado sentido del humor al grado que, como estrategia central, se elaboran juegos con los nombres de las heroínas, provocando confusión entre los referentes onomásticos y otras connotaciones dentro del poema. Existe un punto clave para entender la importancia del humor en la elegía erótica, y es que, cuando este desaparece, en su lugar surge un sentimiento de melancolía y con ello aparece otra característica: los cambios de tono.
Estas transiciones de tono tratan, ante todo, de buscar variedad en el poema. De ahí que estas transformaciones son señaladas como: “un montaje de citas y de gritos del corazón” (11). Otro rasgo es la extrañeza, por medio de la cual se nos ofrecen “efectos poderosos de claroscuros y con ese aire tan extraño que es verdaderamente bello” (12).
Aunque la lista de elementos podría prolongarse es pertinente señalar un rasgo más, que, aunque pareciera baladí, representa un eje central en la elegía erótica: el carácter ficcional, pues por este el poeta puede crear un mundo que sólo él conoce, o bien retomar fantasías de diversos tipos, como hizo Propercio, con el objetivo de aludir a mundos bucólicos o espacios mitológicos.
La sangre devota y erótica de López Velarde
Como bien se sabe, a Ramón López Velarde se le conoce con muchos calificativos: poeta pueblerino, poeta posmodernista, poeta criollista, poeta vanguardista y en general, el "poeta nacional", o el más nacional de nuestros poetas. Esto se debe a que la crítica de su tiempo le concedió este título gracias a su poema La suave patria (1921);
no obstante, durante las últimas décadas los investigadores han redescubierto a un poeta cosmopolita, sensual, provocativo, contrastante, etc.
Estas etiquetas y muchas más hacen que nos preguntemos ¿Desde qué punto podemos leer y analizar la obra de Ramón López Velarde? A mi juicio, es necesario retomar al poeta amoroso, erótico y, por ende, pasional. Aquel que veía, a decir de José Emilio Pacheco, a la amada con su niñez perdida. De igual forma, me parece relevante rescatar al poemario La sangre devota (1916) de aquel estigma impuesto por Allen W. Phillips, que lo consideraba una obra con poemas “ingenuos y de calidad inferior” (Phillips: 127). En contraste, me sitúo con Blanca Rodríguez, quien reconoce “el cuidado constante de la forma, correspondiente también, a la tónica de sus versos iniciales y los de su primer libro, La sangre devota, publicado en 1916” (Rodríguez: 21).
Como indica Evodio Escalante:
La sangre devota cumple con lo que ofrece. Más allá de la evocación de la provincia y del elogio de las mujeres pueblerinas […] el libro puede leerse como el recuento de una vida de un poeta en formación, desde los primeros escarceos del Seminario de provincia, hasta las tentaciones que ofrece la vida adulta en la capital del país” (Escalante: 6).
De esta forma, el poemario de Velarde se muestra como una obra que, si bien evidencia a un poeta joven, termina mostrándonos la destreza del vate zacatecano a la hora de expresar sus amores. Octavio Paz señalaba como uno de los temas centrales de este libro (y otros) el amor; sentimiento contradictorio, complejo y que “[e]ncarna los placeres ingenuos, pero no inocentes de la adolescencia” (Paz: 93). Placeres que se convertirán en fantasías, en ensoñaciones y en paraísos donde convive el poeta y su amada Fuensanta.

Original manuscrito del poema dedicado a Fuensanta, "Elogio a Fuensanta", compuesto alrededor de 1908 y recopilado en La sangre devota del poeta zacatecano (1916). Se desconoce el sitio de resguardo del material original..
Reproducción facsimilar tomada de https://www.poesi.as/rlv01014afoto.htm. Dominio público.
Sobre este amor no correspondido y la figura de Fuensanta se han escrito diversos ensayos. De entre ellos destaca la opinión de Blanca Rodríguez, quien al analizar la obra poética de Velarde entre 1908 y 1910 hace hincapié en el recuerdo de Fuensanta como una de las bases para la construcción de algunos de sus "poemas trascendentales": “Para entonces, la mitad de los poemas que integrarían La sangre devota ya se habían escrito entre 1908 y 1915, y la otra mitad brotaría en ese mismo 1915; los primeros estarían caracterizados por la presencia de Fuensanta, su amor de adolescencia” (Rodríguez: 28). Amor platónico y carnal, amor del que se desprenderían poemas fascinantes llenos de religiosidad y de carnalidad. El comentario de Rodríguez es doblemente importante ya que, por un lado, refuerza el ideal amoroso en la poesía de Velarde y, por el otro, nos indica un antecedente poético a considerar antes de analizar los poemas que conforman La sangre devota; sin lugar a dudas refiere a “Elogio a Fuensanta” (1908).
Los primeros poemas de Velarde como una iniciación a la elegía erótica
Antes de centrar nuestra atención en algunos de los poemas que constituyen La sangre devota es preciso señalar a “Elogio a Fuensanta”, como uno de los primeros poemas que evidencian el uso de la elegía erótica. En el poema aparece la primera mención a la novia “imaginaria y constante” Josefa de los Ríos. Centro mi atención en dos cuestiones; la primera es que López Velarde no llama a su dama por su nombre real, sino que, como los poetas clásicos latinos, le adjudica un nuevo nombre: Fuensanta. ¿Cuál es su significado? Paz proponía que, aunque se ignore, bien pudo haber provenido de un cuadro de Romero de Torres titulado Ángeles y Fuensanta.

Cuadro al que se hace alusión, de título idéntico al mencionado por Paz, autoría del pintor español Julio Romero de Torres (1874-1930). Compuesto aproximadamente en 1909.
Wikimedia Commons: https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:%C3%81ngeles_y_Fuensanta_by_Julio_Romero_de_Torres.JPG. Dominio público (según las leyes españolas de derechos de autor).
Hoy en día se conoce que el nombre proviene de origen latino y su significado no es otro que el compuesto ‘fuente’ ‘santa’ (fons sanctus). Es curioso que las mujeres que llevan este nombre se caracterizan por ser nobles y respetuosas; pero también intentan mantener el control de las situaciones en todo momento. Estas dualidades las notó Luis Noyola Vázquez en su estudio Fuentes de Fuensanta. Tensión y oscilación de López Velarde. Para él, el nombre Fuensanta proviene de las dualidades funestas que siempre entraban en conflicto con el poeta zacatecano; esta idea es reiterada por Paz cuando indica que, en el retrato de Fuensanta, se congregan la imagen de la Virgen Madre y la Dama, o sea, la unión espiritual y el principio femenino. Esto implicaría que a la heroína a la que le canta Velarde es, por un lado, una "dama irregular" y, por otro, una imagen erótica dentro del mundo irreal del poeta. Estos dos conceptos están claramente vinculados a la elegía erótica.
Si nos adentramos en el poema encontraremos más elementos de elegía erótica. Por ejemplo, los cambios de tono. Entre la segunda estrofa y la tercera se pueden notar (López: 5-6):
y gozoso dejé mis quince abriles
cual un ramo de flores de pureza
entre tus manos blancas y gentiles.
Humilde te ha rezado mi tristeza
el campesino ante la Virgen reza.
Mientras en la segunda estrofa impera el placer con un ligero tono de inocencia, en la tercera se nota cómo la tristeza atrapa a la voz poética; se pasa de un tono casi celebratorio a uno nostálgico. Es curioso, y por demás sorprendente, cómo Velarde utiliza estos cambios para manifestarnos una intensidad única en su poesía.
Me parece que lo mismo sucede en la sexta estrofa, donde el poeta acaricia las manos de Fuensanta sin temor alguno:
Las palmas de tus manos son ungidas por mí,
que provocando tus asombros
las beso en las ingratas despedidas.
No obstante, enseguida muestra un sesgo de timidez:
Soy débil, y al marchar por entre escombros
me dirige la fuerza de tu planta.
Si bien aún Velarde no utilizará propiamente figuras antitéticas, estas ya pueden verse esbozadas con el propósito de intensificar la significación de los versos.
Otro elemento a considerar es el mundo ficcional que el poeta ha creado para convivir solamente él y su dama. En “Elogio a Fuensanta” el lugar principal donde se desarrolla todo es un locus amoenus, donde conviven la tranquilidad y la seguridad. Un lugar idílico donde se encuentran el huerto, los ramos de flores, nardos, etc. Este sitio será el apropiado para revelar la pasión que el poeta siente por su amada. Me parece obvio que el poeta no se cubra aquí bajo una máscara, o adopte un pseudónimo, sino que asuma lo que implica esta pasión "sin tapujos", brindándonos un rasgo más de la elegía erótica.
La elegía erótica en algunos poemas de La sangre devota
Hablemos de algunos poemas de La sangre devota que refieren, explícitamente, a Fuensanta. En “Ofrenda aromática” (41) la segunda estrofa nos sitúa en un mundo fantástico en que convergen la religiosidad y la naturaleza:
La corona de espinas,
llevándola por ti, es suave rosa
que perfuma la frente del Amado.
Las referencias a estos elementos se multiplican: el madero pesado, el crucifijo, el ruiseñor, los jardines, el palacio, las rosas. El poeta logra crear así una sensibilidad única por medio de imágenes frágiles que rozan entre elementos reales y la fantasía. Ahora bien, cuando hablamos de la ironía que podemos encontrar en el poema habría que dejar en claro que Velarde no recurre a un humor desagradable, feroz o sádico ("sutil", como lo describía Veyne en un buen exponente del género). Su humor, tal como lo ha visto Phillips, apenas es disimulado. ¿Y cómo es que surge este elemento en la obra poética de López Velarde? Según Phillips por el particular “juego de contrastes inesperados” (193). Regresemos a Velarde y tomemos como ejemplo el verso: “Por ti el estar enfermo es estar sano” (López: 41) que, si bien no logra desbordarnos de risa, por lo menos nos saca una ligera mueca. Estos versos nos muestran la forma en que el vate zacatecano utilizaba la paradoja como un recurso tanto humorístico como antitético, para intensificar el significado del amor. No hay que olvidar que la "enfermedad del amor" fue un tópico muy utilizado por los poetas del Siglo de Oro español y Velarde lo utiliza para indicar su condición enferma de angustia amorosa.
En otro poema que lleva por título “Para tus pies” el jerezano logra colocarse a las plantas de los pies de Fuensanta, o por lo menos, es lo que anhela. Para ello crea un mundo donde se convierte en un ente inferior dispuesto a estar “bajo los pies ideales” de Fuensanta. Aquí aparece otro elemento de la elegía erótica: la extrañeza. Por medio de ella se nos ofrecen poderosos contrastes que de alguna forma nos proveen bellas imágenes; los siguientes versos dan constancia de ello (41):
Hoy te contemplo en el piano, señora mía, Fuensanta,
las manos sobre las teclas, en los pedales la planta,
y ambiciona santamente la dicha de los pedales
mi corazón, por estar bajo tus pies ideales.
Se vuelve algo irreal e incluso absurdo que el corazón de la voz lírica pretenda colocarse por debajo de los pies de la amada; no obstante, esta imagen contrastante tiende a revelarnos la sumisión como uno de los rasgos más pasionales en la literatura, específicamente en la elegía erótica. De alguna forma, esa extrañeza que nos produjo el primer contacto con los versos se trasforma en una imagen erótica-amorosa. Más adelante encontramos de nuevo este elemento (42):
Y así te imploro, Fuensanta, que en mi corazón camines
para que tus pies aromen la pecaminosa entraña,
cuyos senderos polvosos y desolados jardines
te han de devolver en rosas la más estéril cizaña.
Esta imagen llena de fantasía implica un atisbo de placer en las acciones ejecutadas en el tiempo presente. El sentimiento erótico se intensifica por medio de aromas y sensaciones dinámicas a las que alude el poeta; por ejemplo: implorar, caminar, perfumar, etc.
Por último, revisemos “Hermana, hazme llorar…”, donde aparecen varios elementos de elegía erótica. Como el cambio de tono (52):
Hazme llorar, hermana,
y la piedad cristiana
de tu manto inconsútil
enjúgueme los llantos con que llore.
Es visible una sutil nota de erotismo, por ejemplo, cuando la mano de la dama limpia el rostro (en clara alusión al Nuevo Testamento). Es verdad que el cambio es casi imperceptible; no obstante, ese grito del corazón al que aludía Veyne nos deja en claro que la pasión se encuentra entre los amantes a pesar del momento. De igual forma, en los siguientes versos puede notarse dicho cambio (id.):
Fuensanta:
¿tú conoces el mar?
Dicen que es menos grande y menos hondo
que el pesar.
Yo no sé ni por qué quiero llorar:
será tal vez por el pesar que escondo,
tal vez por mi infinita sed de amar.
Si en los versos anteriores pasábamos de lo nostálgico a lo amoroso, en este caso pasamos de lo indagatorio a un sentimiento de melancolía, y de este, de nueva cuenta, a lo amoroso. Con esto Velarde buscaba confesarse, cosa llamativa si recordamos que los elegiacos eróticos veían en la confesión uno de sus objetivos centrales. Otro rasgo que llama la atención es la manera de utilizar el humor irónico para suponer el cambio de tonalidades. Si leemos en su totalidad el poema encontraremos que en varios momentos se indaga en las razones o motivos del llanto, lo que permite concluir que el yo lírico los desconoce. Este humor “le posibilitará [al poeta] enfrentar sus descalabros con una cierta alegría y desenfado” (Rodríguez: 150).
Cabe por último señalar que el joven poeta asume lo que implica esta pasión por la dama, y que, por medio de los recursos antes citados, consigue deslumbrar a los lectores por medio de un tono final que oscila entre la esperanza y la desilusión.
A manera de epitafio
Quisiera concluir de la forma en que inicié, citando otra nota de Italo Calvino que recuerda a un clásico como “una obra que suscita un incesante polvillo de discursos críticos, pero que la obra se sacude continuamente de encima” (Calvino: 8). Y esto es lo que precisamente ha sucedido con la crítica en torno a la obra poética de Ramón López Velarde: a pesar de ser cuantiosa, en mi juicio pocos estudios nos han develado esta faceta erótica-elegiaca del vate jerezano. Con esto no quisiera desestimar las voces eruditas que han marcado el camino para leer la obra lopezvelardiana. Sin embargo, es evidente que existen vacíos que pueden y deben llenarse, como en este caso, insistir en que Velarde es un poeta elegiaco erótico (quizá uno de los primeros en nuestra tradición poética mexicana, al menos en el siglo XX); logra cantarle a la dama con tal autenticidad e intensidad, conformando una estética imaginaria de lo erótico pocas veces vista en nuestra poesía.
Referencias
- Calvino, Italo. Por qué leer los clásicos. Madrid: Siruela, 2015.
- De Aguinaga, Vicente. “El siglo de Ramón López Velarde”, en Rogelio Guedea (ed.), Historia crítica de la poesía mexicana, I. México: Fondo de Cultura Económica / Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2015, pp. 418-430.
- Escalante, Evodio. “Ramón López Velarde y Efrén Rebolledo. Cien años de La sangre devota y Caro Victrix”, en La Jornada [Suplemento Cultural], núm. 17 (junio de 2016), pp. 6-7.
- López Velarde, Ramón. Poesías completas. El Minutero. Don de Febrero. México: Promexa, 1979.
- Pacheco, José Emilio. Antología del modernismo (1884-1921). México: Universidad Nacional Autónoma de México / Ediciones Era, 1999.
- Paz, Octavio. Cuadrivio. México: Joaquín Mortiz, 1985.
- Phillips, Allen. Ramón López Velarde. El poeta y el prosista. México: Instituto Nacional de Bellas Artes, 1988.
- Rodríguez, Blanca. El imaginario poético de Ramón López Velarde. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1996.
- Veyne, Paul. La elegía erótica romana. El amor, la poesía y el Occidente. Trad. de Juan José Utrilla. México: Fondo de Cultura Económica, 1991.

Página inicial en reproducción facsimilar al inicio de la magna obra Églogas (o Bucólicas, o Las bucólicas) de Virgilio, escrito entre el 41-77 a. C., aproximadamente.
Wikimedia Commons: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:RomanVirgilFolio001rEclogues.jpg. Dominio público (según las leyes españolas de derechos de autor).
ENTREVISTA
Entrevista a Alice Jacquelin, directora de la Biblioteca de Literaturas Policiales (BiLiPo) de París
Héctor Fernando Vizcarra
Instituto de Investigaciones Filológicas
Universidad Nacional Autónoma de México
hf.vizcarra@gmail.com
https://orcid.org/0000-0001-8937-9966
La Bibliothèque des Littératures Policières (BiLiPo) se ubica en el número 48-50 de la calle Cardinal Lemoine, en el quinto distrito de París, es de acceso gratuito y forma parte de la red de bibliotecas públicas especializadas de la ciudad.
Fue creada en 1984 y, de acuerdo con su presentación institucional, “es el único establecimiento francés consagrado a la conservación y a la promoción de las literaturas policiales y de espionaje” (https://www.paris.fr/lieux/bibliotheque-des-litteratures-policieres-bilipo-2879). Además de esas labores, la biblioteca organiza encuentros con escritores/as, conferencias y exposiciones en su sala de recepción; recibe libros y revistas sobre el tema, así como volúmenes académicos en distintas lenguas, lo que la hacen, también, un centro de documentación invaluable para estudiantes e investigadores. Establecida en su ubicación actual desde 1995, la BiLiPo se ha consolidado como un centro de referencia tanto para investigadores como para aficionados al género.
Más allá de las ficciones policiales literarias, su acervo incluye textos sobre criminología, justicia, cine y casos criminales, así como fascículos y archivos de autores y editores.
Bajo la dirección de la doctora Alice Jacquelin desde junio de 2024, la BiLiPo planea ampliar su alcance con proyectos como el préstamo de novelas policiales sobresalientes y el desarrollo de un centro de archivos especializados. A partir de la presente dirección, uno de los principales objetivos de la BiLiPo es reflejar la evolución del género policial en Francia, desde su carácter militante durante la segunda mitad del siglo XX hasta su diversificación contemporánea.
El 13 de noviembre de 2024 Alice Jacquelin nos permitió entrevistarla en sus oficinas para conocer más sobre este centro de documentación.
Héctor Fernando Vizcarra: Agradezco su amabilidad para aceptar esta conversación, que estará dedicada al público hispanohablante interesado en los temas de la biblioteca. En primer lugar, me gustaría saber un poco sobre su trayectoria académica antes de ser nombrada directora de la BiLiPo.
Alice Jacquelin: Asumí la dirección de la Bibliothèque des Littératures Policières el 1 de julio de 2024. Antes de eso, fui docente e investigadora en la Universidad de Nanterre, trabajando en el ámbito del relato policial. En 2019 presenté mi tesis sobre el polar1 rural, el country noir, y luego fui contratada para un proyecto de investigación europeo llamado DETECt (Detecting Transcultural Identity in European Popular Crime Narratives), el cual involucró a varios países. Durante dicho periodo, organizamos una exposición en la BiLiPo, lo que me permitió trabajar aquí como investigadora. Después, fui asistente de investigación en Nanterre, en el máster de Profesiones del Libro y la Edición, en la especialidad de Bibliotecas. Allí conocí estudiantes interesados en biblioteconomía y me familiaricé con temas relacionados. Trabajar intensamente en este lugar fue para mí una revelación y por ello decidí presentarme al concurso cuando la antigua directora, Catherine Chauchard, se jubiló, y su sucesora también estaba por jubilarse. Además, coincidió con que viví diez años en esta misma calle, frente a una librería llamada L’Amour du Noir, especializada también en género policial
HFV: Entonces, usted está vinculada desde hace tiempo a la novela policial desde el ámbito académico. Me gustaría saber un poco sobre la historia de la biblioteca, por ejemplo, las condiciones de su fundación.
AJ: Fue creada en los años 80, específicamente en 1984. Inicialmente, era un fondo patrimonial para conservar ediciones de novelas policiales que estaba integrado a la biblioteca Mohammed Arkoun, en la calle Mouffetard. En los años 80 y 90 hubo una comunidad de entusiastas de la novela policial que se unió en torno al proyecto de la BiLiPo, y gracias a su apoyo la biblioteca se independizó. Una asociación de lectores y autores de novelas policiales llamada 813, que aún existe, desempeñó un papel clave para que el acervo tuviera su propio espacio. Finalmente, en 1995, el material fue instalado en este edificio por la ciudad de París.
HFV: ¿Cuántas personas trabajan en la biblioteca actualmente?
AJ: Somos seis. En realidad, somos una biblioteca patrimonial de la ciudad de París. El sistema de bibliotecas de la ciudad cuenta con más de setenta, de las cuales unas diez son patrimoniales. Entre estas, hay bibliotecas grandes, como la Biblioteca Histórica, que tiene más de cuarenta empleados, y otras más pequeñas, como la nuestra o la Biblioteca Marguerite Duras, sobre feminismo. Se trata de bibliotecas muy especializadas, como la Biblioteca François Truffaut, dedicada al cine. Lo particular de la BiLiPo es que nos enfocamos en un género literario, pero no solo tenemos ficción. Contamos también con no-ficción, como derecho, criminología, historia de la policía, justicia. Mi colega Brigitte, por ejemplo, ha reunido expedientes de prensa sobre grandes casos criminales.
HFV: Entonces el acervo no solo está conformado por literatura policial. Por lo que he visto, en la sala de consulta hay, sobre todo, libros alrededor del tema.

Fotografía de la sala principal de consulta de la BiLiPo, ubicada al interior del recinto que va a dar en su costado poniente con el no. 50 de la rue Cardinal Lemoine no. 50 del cinquième arrondisement de Paris. Tomada por el autor de esta entrevista. Cedidos los derechos sobre la imagen a este medio con fines educativos y de difusión.
AJ: En el fondo reservado tenemos lo que llamamos "segmentos documentales". Casi todo es patrimonial y está destinado a la conservación. Disponemos de casi toda la producción francesa de novela policial, y también algunas colecciones extranjeras, como gialli italianos, dime novels estadounidenses, entre otras. Además, tenemos una colección de fascículos: pequeños formatos de materialidad efímera, con pocas páginas, vendidos a inicios del siglo XX por entregas o en periódicos. En su mayoría son franceses, pero también tenemos algo de la colección norteamericana Black Mask. Por otro lado, en el sótano, tenemos literatura científica sobre novela policial, criminología y temas relacionados. Adquirimos material en francés, español, italiano y alemán. También contamos con expedientes de prensa sobre nota roja, archivos de autores, editores y cineastas.
HFV: ¿Qué tipo de libros consulta más el público usuario de la biblioteca?
AJ: No se puede llevar el material en préstamo; todo es únicamente para consulta en sala. Sin embargo, a partir de abril de 2025 abriremos un servicio de préstamo de una “biblioteca ideal” para los lectores aficionados al género. Muchas veces las personas se sienten un poco frustradas porque vienen a la biblioteca y se dan cuenta de que, aunque es una biblioteca de literatura policial, no pueden llevarse las novelas para leerlas. La idea de esta “biblioteca ideal” es ofrecer una selección de lo mejor del género, ya que algunos lectores nos dicen: “Me encantaría leer novela policial, pero hay tanta producción que no sé por dónde empezar”. Por eso, creamos una selección con la ayuda de especialistas, bibliotecarios e investigadores, y ya hemos recopilado varias listas de lectura para formar ese fondo de préstamo. Es probable que hayamos olvidado incluir algunas cosas o que algunas no sean “ideales”, pero el objetivo es ofrecer una visión amplia del género policial: novela negra, thriller, cozy crime, historias de espionaje y más.
HFV: A propósito del cozy crime, que acaba de mencionar, me parece que aún no existe una producción importante en América Latina. En España comienza a tener presencia, y en las librerías de Francia incluso hay una pequeña sección dedicada a esta vertiente de literatura policial. ¿Es un fenómeno reciente?
AJ: No conozco mucho sobre el cozy crime, ya que mi especialidad es el polar rural o el polar social, además de la novela negra. Sin embargo, dirigí la tesis de una estudiante que trabajó sobre el cozy crime y los juegos de mesa.
Ella veía el cozy crime como un heredero de la novela de investigación clásica, con historias ambientadas en pequeños pueblos burgueses, entre personas respetables, con crímenes que no suelen ser muy dramáticos ni atroces, y cuya resolución se basa en la deducción. Podríamos traducirlo como “crimen acogedor”. Es una forma de literatura policial sin grandes cargas emocionales, casi como un juego intelectual.
HFV: A pesar de llevar poco tiempo como directora, ¿cómo ha sido su experiencia en la BiLiPo? ¿Es la primera vez que dirige una biblioteca?
AJ: Sí, es la primera vez que trabajo en una biblioteca y que asumo un puesto de dirección. Hay muchos desafíos, ya que ser responsable de una biblioteca implica gestionar las colecciones, el equipo de bibliotecarios y, como en nuestro caso, incluso un edificio. Sobre esto, es importante señalar que en el vestíbulo de la BiLiPo hay un fragmento de la muralla del rey Philippe-Auguste, que data del siglo XII. Es algo hermoso, pero también plantea retos patrimoniales y arquitectónicos. Justo ahora estoy descubriendo todos estos aspectos que no imaginaba.
HFV: Además de su labor como directora, ¿continúa con su trabajo de investigación universitaria?
AJ: Sí, colaboro con una revista llamada Belphégor. La edición científica consume tiempo, pero es interesante. También participo en coloquios y jornadas de estudio sobre novela policial y escribo artículos sobre novela negra regionalista, un tema que ya había comenzado a explorar. Laborar en la BiLiPo tiene la ventaja de disponer libremente del acervo, lo cual considero un privilegio. Una de las razones por las que decidí convertirme en conservadora [de bienes patrimoniales] y tomar este puesto fue porque había trabajado con estas colecciones en el marco del proyecto Polarisation. La idea, en resumen, era digitalizar los materiales para hacerlos accesibles a los investigadores. Organizamos un coloquio titulado Polar et Traduction en colaboración con la Universidad de Nanterre, que incluyó varias ponencias basadas en las colecciones de la BiLiPo.
HFV: En términos prácticos del impacto a la comunidad, ¿cuánta gente es usuaria de la biblioteca? ¿Qué tipo de lectores recibe con mayor frecuencia?
AJ: No tenemos cifras exactas, pero planeo realizar una encuesta para entender mejor a nuestros usuarios. Es un público muy variado: tenemos personas habituales que vienen todos los días a leer simplemente porque la sala es cómoda y silenciosa; investigadores que acuden para consultar archivos o preparar sus seminarios y conferencias; y una franja muy interesante de aficionados y eruditos que, aunque no son académicos, son verdaderos apasionados. También llega gente que busca información específica, como el caso de un estudiante de cerrajería que vino a investigar sobre robos y cerraduras. Con el próximo servicio de préstamo esperamos atraer más gente del barrio (quartier) y también al público joven.
HFV: Además de la conservación de material, ¿qué otras actividades se ofrecen en la biblioteca?
AJ: Organizamos conferencias y actividades culturales. Nuestro público frecuente sigue de cerca las conferencias porque suelen contar con ponentes de alta calidad: profesores universitarios y especialistas que imparten charlas abiertas, algo que no es tan común, ya que este tipo de eventos suele estar reservado para círculos académicos. Por ejemplo, en octubre pasado tuvimos una conferencia sobre criminología y análisis de rastros de sangre con dos expertas de la gendarmería que trabajan en la unidad de casos no resueltos, los cold cases.
Aunque su labor no es exactamente como en las series de televisión, para los que asistimos fue fascinante entender cómo ambas investigan las escenas del crimen.
HFV: Dentro de su gestión como directora de la biblioteca, ¿qué proyectos futuros tiene en mente?
AJ: El primer proyecto a corto o mediano plazo es lanzar el servicio de préstamo. A largo plazo, me gustaría desarrollar la colección de archivos y convertirnos en un verdadero centro de archivo. Por ejemplo, recuperar dossiers de escritores influyentes en el ámbito de la novela policial, como Michel Lebrun o Marvin H. Albert. También pienso en científicos y académicos: me gustaría adquirir archivos de investigadores y editores. De hecho, me planteo la pertinencia de seguir con el nombre de Bibliothèque des Littératures Policieres, dado que no solo preservamos material sobre literatura policial. Trabajamos con relatos criminales en general, criminología, narrativas y publicaciones populares. Es un ámbito mucho más extenso, y creo que actualmente el nombre ya no refleja del todo nuestra identidad.
HFV: Aunque el término literaturas es amplio y permite abarcar más, en español no tenemos esa tradición de llamar en plural al policial o policiaco. Se sigue prefiriendo “ficción”, como en “ficción criminal”. ¿No podría ser una opción, en vez del nombre actual?
AJ: Lo que pasa es que nosotros no solo tenemos ficción, pues también manejamos no-ficción. Además contamos con mucho material sobre cine negro, series televisivas de temática criminal, etc. Estamos en un ámbito casi transmedial. Necesitamos encontrar una denominación que refleje con precisión nuestra identidad, pero por ahora no lo hemos definido claramente.
HFV: Para terminar, ¿cuáles considera que serían los principales retos de la biblioteca en los años siguientes?
AJ: Pienso que necesitamos una imagen más moderna. El género policial en Francia se asoció mucho con los movimientos militantes después de 1968, con el neopolar, que era muy de izquierda, crítico, políticamente comprometido. Hoy, en cambio, estamos en una época donde el género se ha vuelto más mediático y mainstream. Ya no tiene la misma característica militante que antes, aunque eso sigue siendo una parte importante de la historia de la biblioteca. Fue crucial en la constitución de nuestras colecciones y en los vínculos que tenemos con autores y editores. Sin embargo, hoy en día existe una gran diversidad: cozy crime, thrillers y muchos subgéneros que se han desarrollado y que también deberían formar parte de nuestra configuración. Me gustaría que esta diversidad estuviera mejor representada en nuestras colecciones y en cómo se percibe a la biblioteca.
1 Polar es la denominación en francés para el género policial, la novela negra, y el relato criminal, entre otros, y que puede abarcar literatura, cine y narrativa gráfica.
El catálogo de la Bibliothèque de Littératures Policières se puede consultar aquí:
https://bibliotheques-specialisees.paris.fr/
https://www.facebook.com/profile.php?id=100067507830029
https://www.instagram.com/bilipobibliotheque/
NOTAS DE DIVULGACIÓN
Las otras letras de Filológicas
Muestra bibliográfica de literatura LGBTIQ+ de la Biblioteca “Dr. Rubén Bonifaz Nuño”1
Jonathan Rico Alonso
Instituto de Investigaciones Filológicas
Universidad Nacional Autónoma de México
j.rico@unam.mx
https://orcid.org/0000-0001-5659-7721
Para empezar
Con motivo de las celebraciones del Mes del Orgullo en 2025, el personal de la Biblioteca “Dr. Rubén Bonifaz Nuño” junto con la Comisión Interna para la Igualdad de Género del Instituto de Investigaciones Filológicas preparamos una muestra bibliográfica LGBTIQ+, conformada, principalmente, por materiales literarios puestos entre dos pastas de autores nacidos en América Latina durante el siglo XX.
El grueso de ejemplares está compuesto por la obra de voces mexicanas que, pese a las adversidades impuestas por prejuicios, creencias, fobias, normativas y conservadurismos, dieron a luz creaciones que nos hablan honestamente de espacios homo y lesboeróticos, de los escarnios y las ignominias enfrentados en el paredón de los fusilados, de las vejaciones y los vituperios sufridos en el hogar y en la esfera pública, de los encuentros y despedidas de hombres que se besan en la boca y de mujeres que se toman de las manos, de las incertidumbres y negaciones del propio ser que ama y se place con otro idéntico, del alma agenérica que busca ser huésped en el “cuerpo correcto”, del varón que se jacta al portar prendas “contrarias” o no correspondidas con sus genitales, de las relaciones privadas, sociales y políticas entre quienes hoy en día forman parte de las denominadas sexualidades e identidades sexodiversas.
Plumas canónicas, plumas por descubrir, plumas disidentes, plumas que escribieron al margen de las buenas costumbres, plumas leídas en complicidad con quienes se advierten con la mirada y con los gestos, cuentan historias, odiseas, ficciones, fantasías y realidades que aún nos son frescas, atractivas y que nos llenan, las mejores, de esperanza y orgullo; aquellas que evocan anécdotas y experiencias compartidas que, aunque gestadas algunas en la imaginación, nacieron con referentes reales de la sociedad mexicana, como la famosa redada de los 41, caricaturizada por Posadas y mofada ad infinitum en la prensa porfiriana, o la Primera Marcha del Orgullo Homosexual que avanzó el 29 de junio de 1979 entre señalamientos y acusaciones inquisitoriales: “mujercitos”, “jotos”, “maricones”, “putos”; pero también entre exigencias y gritos de reivindicación como “fuera razias” y “en mi cama mando yo”.

Fotografía sobre la muestra bibliohemorográfica resguardada en el acervo de la biblioteca "Dr. Rubén Bonifaz Nuño" del Instituto de Investigaciones Filológicas. Material proporcionado por el responsable de esta colaboración, con expresos propósitos para su publicación en este medio. Derechos cedidos por el autor.
A vuelo de pájaro: acotación a las obras
Si para muestra basta con un botón, nuestro recinto “Dr. Rubén Bonifaz Nuño” es una mercería que resguarda botones lacados, de cerámica y porcelana metamorfoseados en primeras ediciones, en semilleros o textos fundacionales, en libros autografiados, en facsímiles prácticamente inconseguibles, en estudios críticos de alto nivel gestados en el seno de la academia mexicana; en fin, obras que se escapan de los anaqueles de las librerías de viejo por su rareza y dificultad de hallazgo para quienes se dedican a coleccionar títulos de esa naturaleza.2
Uno de ellos es El Norte (1958) de Emilio Carballido, novela corta que narra, a la par de su historia principal, una amistad que levanta sospechas entre un adolescente marinero llamado Max (¿acaso tu “Nocturno de los ángeles”, Villaurrutia?) y un hombre maduro de clase baja, Aristeo Sanabria, cuyo hermano Florencio (¿Flor porque es…?) calificó de divinos unos pantalones y le “encantaba vestirse de mujer, y a veces le daba por contonearse más que la hermana” (17-18); el mismo que, frente al Atlántico, le daba un parecido al “mulato joven [que] pasó contoneándose y sonriéndole” (26). Lo mejor que he escrito, aseguró el dramaturgo veracruzano Carballido. Y tan bien escrito que gozó de traducciones, reediciones y presencia en antologías dentro y fuera de nuestro país. Hoy en día, es posible su lectura en acceso abierto en el portal de La novela corta. Una biblioteca virtual, coordinado por Gustavo Jiménez Aguirre, investigador de este Instituto.
El desconocido (1977) de Raúl Rodríguez Cetina es la primera novela mexicana que habla de la prostitución masculina. Rara avis eclipsada por las lecturas repetidas del Boom latinoamericano; desconocida, en anatema de su título, para las historias y reseñas de la literatura mexicana y latinoamericana. Heredera contemporánea de las Bildungsroman, recrea las memorias de un joven en un internado para varones en Quintana Roo, donde, a falta de chicas, “los maestros nos permitían bailar muchacho con muchacho esas noches de comedor transformado en pista de baile. Sudorosos nuestros cuerpos se topaban entre la naturalidad de varones en movimiento” (9). Salones acondicionados involuntariamente para el homoerotismo, cuyas coreografías improvisadas revelaban “quién era quién” (9).
Dos años después, el conocido Vampiro de la colonia Roma (1979) de Luis Zapata, audaz tanto por su contenido lenocínico como por su técnica narrativa a modo de grabaciones en cintas, que permiten oír-leer-reírse de las aventuras sexuales de Adonis García, un pícaro actualizado, un vividor, un prostituto vanidoso, guapo y complaciente; un chichifo en el argot homosexual,3 solicitado por muchos, hasta en el baño de los Sanborns pues, se asegura, da “la cogida de tu vida” (61).
Coetánea y con el mismo lenguaje descarnado, la crónica-manifiesto “Ojos que da pánico soñar” (1979) de José Joaquín Blanco, publicada en el suplemento Sábado del periódico Unomásuno y sin miedo a la censura principia: “¿Alguna vez el lector se ha topado con algún puto por la calle? ¿Ha sentido su mirada fija; lo ha visto aproximarse a pedirle un cigarro, hacerle conversación, sugerirle…?” (8). Puto: la incomodidad de ver impresa la última palabra oída por las víctimas del homicidio doloso, del premeditado, con intencionalidad y alevosía; también del transfeminicidio y de cualquiera surgido por motivos de orientación sexual.
El cronista, sin embargo, concluye optimista, vaticinando un porvenir en comunión y sin etiquetas, que día a día se antoja sugerente; el planteamiento de un proyecto utópico: “Homosexualidades, heterosexualidades y otros membretes desaparecerán entonces. Recobraremos el sexo polimorfo, sin trabas ni mistificaciones: el fuego sagrado de Prometeo” (10).
En los albores de la década de los ochenta, aparecieron los nueve relatos de El vino de los bravos (1981) de Luis González de Alba, con ilustraciones eróticas de Luis Mauricio García Vega. Cuatro de ellos, por lo menos, merecen ser releídos varias veces, no por la complejidad estructural, sino por la propia belleza del lenguaje y de las imágenes que evocan masculinidades hegemónicas, corporalidades hipervaroniles y efébicas, apologías a la juventud, adolescentes furiosamente deseados en fresco recuerdo de sus antepasados Ganimedes y Narciso, cada uno con su corte de admiradores helénicos; juventudes imberbes de pelo rubio, de ojos dorados y cejas acordonadas que, junto con encanto, sonrisa y alegría, consiguieron una “enorme cantidad de cervezas” (37) aquella noche de viernes en que David flirteó con el protagonista en una cantina “mientras Rocío Dúrcal llenaba el aire” (33).
El jinete azul (1985), “primera novela leather en México” —de cuero, sumisión y dominación—, según lo aseverado por su autor José Rafael Calva, quien, dos años antes, había dado a las planchas de la editorial independiente Oasis Utopía gay (de la cual también nuestra biblioteca posee un ejemplar), nos sorprende junto con su predecesora por su ingenio, provocación y atrevimiento. En la segunda, Adrián, esposo de Carlos, espera un hijo suyo... (se presuponen los motivos de la intriga); en la primera, en voz de su personaje: “Tengo cuarenta años. Soy homosexualmente activo desde los dieciocho. Muy activo, además. Y orientado hacia el sadismo desde entonces. Por eso medicina, con especialidad en cirugía”
(Calva, 1985: 32).
Y dentro de este panorama de textos mecanografiados por hombres, apareció en 1989 Amora, de Rosamaría Roffiel, que ostenta la etiqueta de “primera novela lésbica-feminista en la narrativa mexicana”. Una novela que entreteje datos ficticios con la supuesta veracidad de la autobiografía; que celebra la sororidad y el eros femenino en tiempos violentos dedicada a mujeres reales, amigas de la autora, pero también a las anónimas que se atreven a amar a otras, en paráfrasis a su dedicatoria. Amora es, desde luego, continuum semántico de Corramos libres ahora (1986), poemario de la misma Roffiel dado a conocer algunos años antes.
En Infinita (1992) de Ethel Krauze se explora un tipo de relación aún más fresca, y por ende menos aceptada: un triángulo amoroso entre dos mujeres y un hombre. Hallamos en Delfina, la protagonista, la subversión, la innovación y la contradicción en los conceptos de identidad sexual y de género. En ella, lo contemporáneo de la mujer (independencia) intenta comulgar con lo tradicionalista (el amor incondicional hacia su esposo, pese a las largas ausencias, cual Penélope mexicana). Las carencias se transforman en las presencias de Leonor, su amiga, que, luego de dos matrimonios, se identifica como lesbiana.
Afectuosamente, su comadre (1993) de José Dimayuga presenta a una mujer transgénero/transexual (travesti en su momento) de manera digna y humana, por primera vez en teatros mexicanos. Y por “digna” quiero decir apartada de estereotipos, burlas y tipos ridiculizados exhibidos en la televisión y el cine, donde el homosexual varón, principalmente, era acusado de enfermo, de vil remiendo de mujer debido a su “excesivo” afeminamiento, de pederasta como en la escena de Los olvidados (1950), donde un hombre mayor le toca el rostro al jovencísimo Pedro y le ofrece dinero a cambio de irse con él. Digo también “humana” porque dialoga con sujetos terrenales y reconoce la complejidad de nuestra naturaleza, de nuestra condición, que nos demanda/exhorta a convivir con el otro, con “lo otro” que, en realidad, no es ajeno ni otro, sino un yo extendido, aunque en ocasiones fisurado. Se tematizan el “yo” y el “tú” de la profesora conservadora y la trabajadora sexual del drama de Dimayuga, cuyas confrontaciones y notorias diferencias le permiten al público ver y pensar en la dificultad de convivir y llegar a estimar a quien habita una piel distinta.
Aunque escrita entre 1945 y 1946, La estatua de sal vio la luz en 1998, veinticuatro años después de haber muerto su autor Salvador Novo. Recuerdos que,
a diferencia de su alusión bíblica (la esposa de Lot transfigurada en montículo salino), apartaron la mirada de lo prohibido durante décadas, hasta la edición póstuma a cargo del extinto Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. La excelente memoria del prosista y poeta de los jocosos diecinueve sonetos eróticos alimenta las páginas con detalles, curiosidades, nombres comprobables, sucesos, escándalos, festejos, chismes, toda clase de informaciones acerca de la vida cotidiana homosexual y heterosexual del México de la primera mitad del siglo pasado.
Destaquemos aquí la escena en que la presencia absoluta del yo goza y se ufana en hablar de sí mismo y de sus amoríos preferidos, los taxistas, soldados y cadetes:
Lo que necesitaba era una comprobación de mi propia belleza, ya más objetiva que la simple admiración doméstica. […] Le pregunté si también aquel militar que estaba con él en la esquina —y entonces él colmó sádicamente mi asombro al expresar que sí, que ese militar también, y que ya iría yo comprobando cómo los militares, particularmente, se inclinaban por acostarse con los hombres” (51, 89).
Sus brazos labios en mi boca rodando de Sergio Loo (2007) es un poemario amoroso cuyo título y parte de su contenido recuerdan, muy en la lejanía, el hipérbaton áureo y algunas citas latinas, las cuales, a su vez, revelan el espacio geográfico del yo lírico: el bar exclusivo para hombres Tom’s de la Ciudad de México, que proyecta “videos [pornográficos] en las pantallas” (18) mientras el elenco masculino de gogós baila desnudo con el falo erecto. El cover incluye la entrada, tres cervezas y el acceso al cuarto oscuro en el que el sujeto poético yace
demasiado ebrio
para
tener
la
obligación
de
mentir
y mira
cómo
bajo tu cadera
la oscuridad de ensancha
se derrama.
Es allí donde, varones con varones experimentan la renovación de cuerpos que entran y salen todo el tiempo del cuarto ennegrecido en que Ubi Baccus regnat Venus saltat,4 como sentencian felizmente el inicio del poema citado y uno de los techos del Tom’s.
La muerte temprana de este poeta y narrador capitalino nos hace pensar de inmediato en sus antecesores románticos del siglo XIX: Fernando Calderón, Ignacio Rodríguez Galván, Manuel Acuña y Juan Díaz Covarrubias.Y como algunos de ellos, falleció cual canto de cisne dejando —en una computadora, en una libreta o en hojas mecanografiadas, no lo sé— la novela Narvarte pesadilla, cuya publicación póstuma se logró gracias a la convocatoria organizada por la editorial Moho, de la que fue ganadora en 2013.
Líneas finales
Poemarios, cuentarios, crónicas, ensayos, obras teatrales, la totalidad del mosaico de prosas, poesías y dramas tanto de autores y autoras que forman parte de los actuales planes y programas de estudios de las licenciaturas y posgrados en Letras como de escritores en vías de serlo; construcción, relaboración y reinterpretación de los cánones literarios en México; ejercicios escriturales de constante inclusión y crítica, que registran valoraciones, continuidades y rupturas en la forma y el contenido: Sergio Loo, Luis González de Alba, Eve Gil, Carlos Monsiváis, Xavier Villaurrutia, Jorge López Páez, Abigael Bohórquez, Nancy Cárdenas, Juan Carlos Bautista, Rosamaría Roffiel, Carlos Pellicer, Mario Bellatin, Ethel Krauze, sólo por mencionar parte de una robusta lista.
Tampoco olvidemos a nuestros especialistas en literatura y estudios de género, cuya producción va desde los recorridos panorámicos y revisiones históricas hasta los ensayos académicos más rigurosos y nutridos por la interdisciplinariedad, quienes vislumbran oportunamente la entrelínea, descifran la dedicatoria, los peritextos y epitextos y atienden con justicia lo sobreentendido para encontrar esas sugerencias y esos guiños no heterosexuales, donde las sospechas y dudas auguran certezas; entre esas páginas, es cierto, el amor por fin se atrevió a decir su nombre: Michael K. Schuessler y Miguel Capistrán, coordinadores de México se escribe con J (2010); Víctor Saúl Villegas Martínez con El personaje gay: un acercamiento crítico desde la perspectiva de género, los estudios gay y la teoría queer en seis cuentos mexicanos (2018); los títulos El coloquio de las perras: retrato de Oswaldo Calderón con su hermandad vampiresca Joteando por un sueño (2010) y El crepúsculo de Heterolandia: mester de jotería: ensayos sobre cultura de las exuberantes tierras de la Nación Queer (2006) de Antonio Marquet; María Elena Olivera Córdova, del Centro de Estudios de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de nuestra Universidad, con Entre amoras: lesbianismo en la narrativa mexicana (2015), y la bibliografía de José Ricardo Chaves, investigador del Centro de Poética de nuestro Instituto, quien ha dado a conocer Andróginos. Eros y ocultismo en la literatura romántica (2005), Los hijos de Cibeles. Cultura y sexualidad en la literatura de fin del siglo XIX (1997), Paisaje con tumbas pintadas en rosa (1998), entre otros.
Referencias
- Blanco, José Joaquín. “Ojos que da pánico soñar”. Sábado. Suplemento de Unomásuno (17 de marzo de 1979): 8-10.
- Calva, José Rafael. El jinete azul. México: Katún, 1985.
- Calva, José Rafael. Utopía gay. México: Oasis, 1993.
- Carballido, Emilio. El Norte. Xalapa, México: Universidad Veracruzana, 1958.
- Dimayuga, José. Afectuosamente, su comadre. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1993.
- González de Alba, Luis. El vino de los bravos. México: Katún, 1981.
- Krauze, Ethel. Infinita. México: Joaquín Mortiz, 1992.
- Loo, Sergio. Sus brazos labios en mi boca rodando. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2007.
- Novo, Salvador. La estatua de sal. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1998.
- Rodríguez Cetina, Armando. El desconocido. México: Duncan, 1977.
- Roffiel, Rosamaría. Amora. México: Planeta, 1989.
- Zapata, Luis. Las aventuras, desventuras y sueños de Adonis García, el vampiro de la colonia Roma. México: Grijalbo, 1979.

Participación de alumnos de distintas escuelas y facultades de la UNAM, tanto como de instituciones externas, en la muestra bibliográfica organizada por el Instituto de Investigaciones Filológicas el 11 de junio de 2025..
Fotografía cedida por el autor de esta colaboración para su publicación en este medio. Se reproduce aquí con fines de difusión.
1 Texto leído el 11 de junio de 2025 en las instalaciones del Biblioteca “Dr. Rubén Bonifaz Nuño” del Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, con motivo de las celebraciones del Mes de Orgullo.
2 La muestra bibliográfica abarca más títulos, pero por razones temporales sólo he seleccionado un número limitado de primeras ediciones y "textos semilla", o iniciadores en la temática y el género propuestos.
3 Hombre que recibe en especie el pago de su compañía y favores sexuales. Posiblemente tiene su origen en el italiano cicisbeo, cuyo significado es ‘coqueteo, galanteo’, de acuerdo con la Academia Mexicana de la Lengua.
4 [Donde Baco reina, Venus baila].
Apuntes sobre la poesía de Lêdo Ivo
Luis Ricardo Arévalo Arias
Escritor y crítico independiente
arevalo777@gmail.com
Leer la poesía de Lêdo Ivo es un menester ingente imbuido en la fragilidad conceptual, es un poeta herméticamente realista y objetivo neutralizado de influencias externas. Ivo atrapa al lector con su conciencia poética proveida de voz propia muy original entre virtuales prospectos. Oriundo del gigante sudamericano, Brasil, ha orientado su poética en el marco de la ideología de la liberación, es vivencialista y empírica. Induce en el lector un ánimo de enfrentamiento social, soliviantando a las almas jóvenes.
Ivo describe con gran sentido de objetividad, dejando explicito el contexto y el sintagma entre los vocablos hechos paradogmas; pero también se resigna al vacío existencial, a la soledad urticante, prefiere transferir solo a otro estadio de vida, en este mundo en el que prevalecen las irreverencias, siente urgencia de apelar a la intuición individual y el silencio mental. Su poesía incentiva al morbo y a veces se esgrime en el humor negro.
Leamos fragmentos de tres piezas, de una frescura y por momentos crueldad fascinante:
"Los pobres en la estación de autobuses"
Los pobres viajan. En la estación de autobuses levantan los pescuezos como gansos para mirar los letreros de autobús. Sus miradas son de quien teme perder alguna cosa: la maleta que guarda un radio de pilas y una chaqueta que tiene el color del frio en un día sin sueños, el sándwich de mortadela en el fondo de la mochila, y el sol del suburbio y polvo mas allá de los viaductos. Entre el rumor de los alto parlantes y el traqueteo de los autobuses temen perder su propio viaje escondido en la neblina de los horarios. Los que dormitan en las bancas despiertan asustados, aunque las pesadillas sean un privilegio de los que abastecen los oídos y el tedio de los psicoanalistas en consultorios asépticos como el algodón que tapa la nariz de los muertos. En las filas los pobres asumen un aire grave que une temor, impaciencia y sumisión. ¡Que grotescos son los pobres!
¡Y cómo molestan los olores aun a la distancia! No tienen la noción de lo conveniente, no saben portarse en público. El dedo sucio de nicotina restriega el ojo irritado que del sueño retuvo apenas la lagaña. Del seno caído e hinchado un hilillo de leche escurre hacia la pequeña boca habituada al lloriqueo.
En los andenes van y vienen, saltan y aseguran maletas y paquetes, hacen preguntas impertinentes en las ventanillas, susurran palabras misteriosas y contemplan las portadas de las revistas con aire espantado de quien no sabe el camino del salón de la vida. ¿Por qué ese ir y venir? ¿Y esas ropas extravagantes esos amarillos de aceite dendê que lastiman la vida delicada del pasajero obligado a soportar tantos olores incomodos, y esos rojos chillantes de feria y parque de diversiones? Los pobres no saben viajar ni saben vestirse. Tampoco saben vivir: No tienen noción del confort aunque algunos de ellos tengan hasta televisión. Verdaderamente los pobres no saben ni morir (tienen casi siempre una muerte fea y de mal gusto). Y en cualquier lugar del mundo molestan, viajeros inoportunos que ocupan nuestros lugares aun cuando vayamos sentados y ellos viajen de pie.
‘’Verdad y mentira’’ con ingenio contempla la existencia y canta: “El mar al revés: las constelaciones son barcos. La poesía es una mentira. Las estrellas no son barcos. El cielo es una ilusión. La verdad está en la tierra, en los barcos anclados a lo largo del muelle.” El poeta ostenta un espíritu de aventura, inspirado quizá en la literatura homérica cuando Ulises emigra hacia puertos pintorescos en la anchura oceánica.
O en "Finisterra":
Voy en la multitud. Y mi nombre es nadie. En la ciudad donde hiede a pescado podrido, a gasolina y a demagogia, oprimiéndome el atardecer voy junto a las escamas de las paredes que cosen mi dolor. Bajo este cielo color de vinagre, absorbido por turbinas, un vértigo de cifras me entorpece.
¿Cuál es el mejor lugar para escribir un poema? ¿En la capilla Sixtina? ¿Es en la muralla china? ¿Al borde de la piscina? ¿Entre aves de rapiña? ¿Escuchando la turbina del jet entre la neblina? ¿Viendo en una vagina un prado de margaritas? ¿O, como un rey, sentado en la placida letrina?

El escritor, cuentista, poeta y novelistaz brasileño en su gabiete de trabajo. Fotografía cedida por el autor de esta colaboración para su publicación en este medio. Se reproduce aquí con fines educativos y de difusión..
MEMORABILIA
Mercedes de la Garza, universitaria
Laura Elena Sotelo Santos
Instituto de Investigaciones Filológicas
Universidad Nacional Autónoma de México
biblos.2@att.net.mx
https://orcid.org/0000-0003-2713-0596
Esta es una historia que abarca más de 60 años, y que se refiere al vínculo permanente de Mercedes de la Garza con la Universidad Nacional Autónoma de México, primero como estudiante y más tarde como académica. Comienza con su amor por la literatura. Por ello ingresó a esta Universidad a los 18 años para cursar la licenciatura en Letras Españolas. A partir de entonces su inclinación por las letras también ha sido una constante de más de 60 años, que se ha reflejado de múltiples formas en sus textos y que la llevó a escribir, por ejemplo, un capítulo titulado “Sor Juana Inés de la Cruz. Poeta” en una obra colectiva denominada Vidas mexicanas. Diez biografías para entender México (Von Wobeser, 2015). Razonablemente, la literatura, como práctica de la escritura, le ha dado un estilo claro, pulcro y fluido, presente en sus más de 30 libros y dos centenas de capítulos y artículos. Y un rigor que la convirtió en editora de diez volúmenes de la revista Estudios de Cultura Maya (del Vol. IX al XVIII). El quehacer editorial siempre le ha fascinado.
Sin embargo, a contracorriente de su predisposición romántica, Mercedes de la Garza encontró otra vía para entender al ser humano: la historia. Una especie de llamado interno, que habría de definir muchos años después como una trascendente significación que se encuentra al dotar de nueva vida a las creaciones de los hombres antiguos, y que prolonga al propio ser, enriqueciéndolo hacia el pasado y hacia el futuro, habría de motivar dicho cambio. Mercedes se formó en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM entre 1967, año en que ingresó a la licenciatura en Historia, y 1982, cuando obtuvo el doctorado en esta disciplina. Desde entonces alcanzaba resultados que presagiaban un brillante futuro: por la calidad de sus estudios fue galardonada con el diploma de "Mejor estudiante de la Licenciatura en Historia"; por la excepcional solidez de sus tesis de licenciatura en Historia y maestría en Historia de México recibió Mención Honorífica; en el doctorado obtuvo la Medalla Alfonso Caso, distinción que otorga nuestra Universidad, como es sabido, al graduado más distinguido de cada generación.

Dos de sus maestros dejaron en ella una huella profunda, al guiar con sus cursos, textos y ejemplo su vocación de mayista y mesoamericanista: Alberto Ruz y Miguel León Portilla.
La trayectoria propiamente académica de Mercedes de la Garza se inició hace ya más de 50 años, cuando ingresó como profesora en la Facultad de Filosofía y Letras, y como investigadora en el Centro de Estudios Mayas. Impartió durante más de 25 años la asignatura Civilización Maya, en la licenciatura en Historia, y desde 1979 el Seminario de Cultura Maya en el posgrado, siendo ambos cursos ámbitos privilegiados de formación de especialistas en el mundo mesoamericano. Muchos tuvimos la fortuna de ser sus estudiantes.
Como investigadora del Centro de Estudios Mayas ha pasado por todas las categorías y niveles. Su primer nombramiento correspondía a su naciente carrera: Investigadora Asociada A de medio tiempo; ahora posee una categoría que corresponde al más alto nivel que confiere el Estatuto del Personal Académico: Investigadora Emérita.
Estas dos actividades, investigación y docencia, para ella son inseparables, pues sostiene: “ser investigador en historia es ser historiador, es decir, hacer historia (ciencia histórica) y explicar la historia (el acontecer humano)” (De la Garza, 1993: 113). En un par de líneas, con la claridad que distingue su trabajo, puntualiza las dos grandes vertientes del quehacer del historiador. A lo largo de su carrera, Mercedes ha sido congruente con su disciplina y con su vocación: ha explicado la historia mesoamericana y ha hecho historia de Mesoamérica, trabajo caracterizado siempre por una profunda pasión por los mayas.
Dos temas medulares de su quehacer como historiadora están presentes en su obra: las categorías temporales indígenas y las fuentes escritas sobre los mayas. En cuanto al tiempo mesoamericano destaco algunos de sus textos fundamentales: el capítulo que apareció en inglés en 1991 “Time and World in Maya and Nahuatl Thought” (Dascal, 1991)
(titulado en español, “El universo temporal de los mayas y los nahuas”, en Olivé, 1992), así como los que se refieren exclusivamente a los mayas: “Origen, estructura y temporalidad del cosmos” (De la Garza, 2002), “El universo temporal en el pensamiento maya” (De la Garza, 2010), su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Historia como miembro de número (sillón 6, de 2005 a 2019): “El Sol, señor del tiempo y de la vida en la religión maya” (De la Garza, 2005) y el capítulo “Los mayas y la urdimbre del tiempo” en el libro colectivo El Tiempo de los dioses-tiempo. Concepciones de Mesoamérica (De la Garza, 2015). Desde este enfoque es indispensable mencionar la curaduría de la magna exposición que denominó “Mayas, revelación de un tiempo sin fin”, en la que a través de expresiones materiales se recorre todo el territorio maya, durante más de tres mil años.
En cuanto a las fuentes escritas sobre los mayas, destaca la creación en 1980 de la serie Fuentes para el Estudio de la Cultura Maya del Centro de Estudios Mayas de la UNAM, y la dirección de la misma.1 Los 21 volúmenes publicados hasta ahora constituyen un referente indispensable para la investigación sobre esta cultura.
La obra titulada Literatura maya, aparecida por primera vez en 1980, tiene un prólogo de 57 páginas impresas que componen simultáneamente un análisis literario e histórico del corpus de textos en lenguas mayas en caracteres latinos. En él define qué se entiende por literatura maya. Entre sus páginas es posible consultar ocho libros esenciales en versión española: Popol Vuh, Memorial de Sololá, Libro de Chilam Balam de Chumayel, Rabinal Achí, Libro de los Cantares de Dzitbalché, Título de los Señores de Totonicapán,
Las historias de los Xpantzay y el Códice de Calkiní.2 En 2012 publicó El legado escrito de los mayas, una obra de síntesis, accesible y clara, editada en la colección Breviarios por el Fondo de Cultura Económica, que ya también cuenta con reimpresiones.
Entre los libros que se inscriben más claramente en el campo de la historia como explicación de los mayas en general se encuentran La conciencia histórica de los antiguos mayas, publicado en 1975, y Los mayas, tres mil años de civilización, obra de divulgación que apareció por primera vez en 1992, reimpresa en español en varias ocasiones y editada además en francés, inglés, alemán, italiano y japonés, que vio su segunda edición en 2015 y que ha sido publicada en español, inglés y francés.
Por otra parte, su libro Palenque (1992) es un ejemplo metodológico para hacer historia prehispánica, pues integra los distintos tipos de fuentes: históricas, arqueológicas y epigráficas. Desde una perspectiva estética y religiosa, en esa obra Mercedes busca hallar el significado de “una de las más grandiosas creaciones de los hombres antiguos” al “hacer inteligible para el lector no especializado esa expresión del alma interior de los mayas que es Palenque”. Y en coautoría con Martha Cuevas García y Guillermo Bernal apareció en 2012 Palenque-Lakamha’: Una presencia inmortal del pasado indígena.
"Impresionada desde el recibimiento de los saraguatos, subí al Templo de las Inscripciones, la pirámide más alta de la zona arqueológica. Sentada en la puerta del templo, en lo alto de la pirámide, decidí, para el resto de mis días, investigar quiénes fueron los creadores de esas maravillas".
Muy posiblemente, la fuente de la que se presenta en el costado izquierdo, que resulta en una paráfrasis muy cercana donde Mercedes de la Garza nos revela de viva voz la profunda impresión que le causó descubrir por primera vez las ruinas de la ciudad sagrada de Palenque, y consecuentemente su decisión y dedicación plena por los estudios de la cultura maya. Fragmento de un audio editado resguardado en la Fonoteca de la Universidad Nacional, en los archivos de Radio UNAM. Propiedad patrimonial de la Universidad Nacional Autónoma de México. Cedidos los derechos de reproducción con fines educativos y de difusión.
La contribución central de Mercedes de la Garza a las investigaciones mayas radica en el estudio de la religión como fenómeno histórico. En El universo sagrado de la serpiente entre los mayas (1984), texto que se originó en su tesis de doctorado, aborda una historia de más de dos milenios. En esta obra, de la mano de la autora podemos recorrer el territorio y el imaginario maya, a través del arte prehispánico, la escritura jeroglífica, los diccionarios y documentos coloniales, las fuentes indígenas, los cronistas europeos, los viajeros precursores de la arqueología y los relatos actuales. Esta obra pionera es un parteaguas teórico, metodológico y conceptual. Aquí aplica de manera rigurosa la metodología de la Ciencia de las religiones al tiempo que la adapta al estudio de los mayas: dilucida símbolos, esclarece rituales, aclara funciones de los dioses, explica mitos, muestra las distintas expresiones plásticas de la serpiente. Además reconoce, como historiadora, la singularidad de los fenómenos religiosos, sus constantes, rupturas, continuidades, así como los elementos comunes del pensamiento universal, presentes también entre los mayas.
A partir de este tratado fundamental para el estudio y la comprensión del pensamiento maya, desarrolla una nueva línea de investigación:
la historia de la religión maya, dentro de la cual se inscribe la mayor parte de su obra y donde se encuentran, sin duda, sus aportaciones más significativas. Es ella misma quien explica que desarrolló “un enfoque metodológico para la investigación de las religiones mesoamericanas, por el que opté después de haberme internado en ese pantanoso terreno de las ideas y las creencias de hombres tan lejanos y distintos de nuestra cultura occidental”.
Entre sus libros más importantes de religión maya cabe destacar: El hombre en el pensamiento religioso náhuatl y maya (1978), Sueño y alucinación en el mundo náhuatl y maya (1990. Traducido al francés y al inglés), y la segunda versión de la aproximación al chamanismo titulada Sueño y éxtasis. Visión chamánica de los nahuas y los mayas (2012). Aves sagradas de los mayas (1995) y Rostros de lo sagrado en el mundo maya (1998), así como el segundo volumen de la Enciclopedia Iberoamericana de Religiones, que la editorial Trotta publicó en Madrid en 2002, bajo su dirección, titulado Religión maya, del que además es coautora y editora junto con Martha Ilia Nájera (De la Garza y Nájera, 2002).
Su espíritu inquisitivo, su curiosidad académica, constantemente la han llevado a buscar respuestas sobre temas cuyos límites se ubican más allá de Mesoamérica o de la Historia. Ejemplos de esto son el capítulo titulado “I Ching. Una milenaria e inmortal sabiduría”, que publicó en 2003 en El ethos del filósofo,
así como sus trabajos sobre bioética, entre los que destaca “Dilemas éticos en torno a la genómica de poblaciones en comunidades indígenas de América” (2009).
Su labor docente no se circunscribe a impartir cursos y dirigir tesis, sino que también comprende la creación de estudios de posgrado. En 1981 creó la Especialización en Literaturas Maya y Náhuatl que ella misma coordinó hasta 1993,3 cuando inició el Posgrado en Estudios Mesoamericanos, programa multi e interdisciplinario que tiene como objetivo formar especialistas en el mundo indígena de ayer o de hoy, del cual también fue coordinadora hasta 2001.4 Eminente maestra, formadora de recursos humanos, la tarea magistral de Mercedes de la Garza, además de los cursos ya mencionados, se puede resumir desde 1975 en la dirección de tesis de licenciatura, maestría y doctorado, así como su participación en múltiples comités tutorales. Quienes hemos tenido la oportunidad de crecer al amparo de su conducción, sabemos de su rigor académico y de su crítica constructiva, a la vez que de su generosidad para compartir conocimientos y tiempo.5 Nuestra Universidad reconoció su excelente desempeño en esta área al otorgarle el Premio Universidad Nacional en Docencia en Humanidades, en 1995.
Mercedes de la Garza ha ocupado durante toda su vida académica diversos cargos académico-administrativos en los que ha fomentado la investigación, la docencia y la difusión, principalmente de los mayas, aunque no de manera exclusiva.
Como directora y más tarde coordinadora del Centro de Estudios Mayas estuvo al frente de la Comisión Editorial de nuestro centro durante 24 años. En ese tiempo dirigió la revista Estudios de Cultura Maya y creó la ya mencionada serie Fuentes para la Cultura Maya. Gracias a su iniciativa, en 1984, se inició la tradición de efectuar reuniones periódicas entre los mayistas del mundo para establecer diálogos académicos. Desde 1985, muchos nos reunimos cuando se llevó a cabo el Primer Coloquio Internacional de Mayistas. Hace poco tiempo se celebró la más reciente edición XII del Congreso, en el que sus palabras iluminaron la ceremonia de inauguración.
No puedo dejar de mencionar los años que se dedicó a dirigir dos de las instituciones de cultura más importantes en el país: el Museo Nacional de Antropología de 1997 a 2000, y el Instituto de Investigaciones Filológicas de esta Casa de Estudios de 2001 a 2009.

Fotografía tomada por la autora del presente texto durante la ceremonia de entrega de la Medalla Yuri Knórozov en el Museo del Arte Maya en Mérida, Yucatán, en 2017. Cedidos los derechos de reproducción a este medio con fines educativos y de difusión.
Entre las múltiples distinciones académicas que ha recibido, además de las conferencias magistrales y los homenajes en Campeche (2012) y Puebla (2018), se encuentran la Medalla Yuri Knórozov otorgada por el Gobierno del Estado de Yucatán en 2017; destaco los cuatro nombramientos que ahora ostenta como académica emérita: es Investigadora Emérita en el Sistema Nacional de Investigadores (1999), en la Universidad Nacional Autónoma de México (2012), en el Sistema Nacional de Creadores, por su trayectoria en Historia, Ciencias Sociales y Filosofía (2018), y de número emérito por la Academia Mexicana de la Historia (2019). Recibió el Premio Nacional de Artes y Literatura, en el Campo de Historia, Ciencias Sociales y Filosofía en 2017 y el Doctorado Honoris Causa conferido por la Oficina del Rector de nuestra Universidad, también en 2017. El emeritazgo no alcanza a opacar, sin embargo, su profunda cordialidad y sencillez, su disposición generosa, su talento, muestra de su humanismo comprometido.
Palabras finales
Aprendí matemáticas mayas con Mercedes de la Garza. En 1978 el doctor Alberto Ruz y ella impartían la asignatura Civilización Maya. Habían dividido el programa del curso; cada uno abordaba temas distintos en diferentes sesiones: por ejemplo, Alberto Ruz nos enseñó Palenque y ella religión maya. La clase en que Mercedes nos explicó las fuentes para el conocimiento de la cultura maya comenzó por las históricas: indígenas y españolas. Después pasó a las arqueológicas. Con un tono divertido, mientras fumaba, recuerdo que señaló que si esa clase nos la estuviera dando el doctor Ruz, él habría comenzado por las arqueológicas, pues era arqueólogo y trabajaba en primer lugar con las evidencias materiales. La sesión dedicada a matemáticas mayas fue fantástica. Pude escribir cifras enormes con puntos y barras, y usar el cero, al comprender el sistema vigesimal; además pude hacer las operaciones básicas de aritmética empleando la numeración maya. Conforme realizaba los ejemplos que Mercedes nos presentaba, pensé que el sistema maya era más fácil que el nuestro. Sin embargo, en la siguiente sesión, cuando Alberto Ruz abordó el complejo sistema calendárico maya, me di cuenta de la enorme facilidad que tiene ella para enseñar, facilidad que también se evidencia cuando explica el arte plástico o la religión.
Dice Mercedes de la Garza que entre los chamanes mayas había una jerarquía en Yucatán encabezada por el Ahau Can, señor serpiente, junto con los Ah Kín, los del Sol. Eran los especialistas de tiempo completo que se ocupaban de cultivar sus “ciencias”, de escribir libros sobre ellas y de enseñarlas. Presidían ceremonias públicas y dirigían las labores de otros especialistas.
Destaca además que los chamanes mayas tienen varias entidades anímicas: al igual que el resto de los humanos, comparten espíritu y conciencia, pero aquellos especialistas poseen un Don, y se acompañan de hasta trece compañeros animales.
En más de una ocasión he pensado que ella es como una poderosa chamana maya que nació con un don especial, que lo ha cultivado paciente y exitosamente a lo largo de los katunes, que le ha permitido indagar, descubrir y compartir sus conocimientos, que es señora de la serpiente cósmica, moderna ahau can, como dice Landa, pues conoce los diversos rincones del universo maya, que también es ah kin, señora del tiempo, pues transita por los ciclos pasados y futuros de los mayas. Que escribe libros, que enseña a otros, que ha tenido la experiencia de separarse de su cuerpo, que tiene como espíritus compañeros no sólo serpientes, sino también aves y perros, que asciende hasta lo más alto del cielo, donde están Itzamna y Gucumats, o a lo más profundo del Xibalbá con Hun Camé y Vucub Camé; que transita las profundas aguas de los cenotes, mientras trabaja en el gran acuífero maya. Que identifica plantas y reconoce sus usos y significados. Que su espíritu generoso le permite acompañar a sus estudiantes, reconocerlos y apoyarlos, trabajar en equipo y coordinar labores con sus colegas y compañeros; que mira más allá de lo que la mayoría vemos, que hace realidad sueños y nos permite reconocer la belleza y singularidad del arte maya. Y su espíritu siempre inquisitivo, alegre, entusiasta, lleno de energía, se cuestiona sobre el significado de los múltiples aspectos de la cultura maya.
Hoy tengo claro que soy mayista y que estudio religión maya porque Mercedes ha sido mi mentora. Es, pues, para aquella alumna que te escuchó con admiración en el aula enseñar la civilización maya y para la mujer que ha tenido el privilegio de estar cerca de ti durante más de dos katunes, conociendo tus múltiples facetas académicas y personales, una distinción escribir estas palabras con las que deseo concluir mi intervención, a nombre de muchos de sus alumnos y colegas, de connacionales, del gran público interesado por los mayas,
Mercedes, muchas gracias.
Referencias
- Dascal, Marcelo (ed.), Cultural Relativism and Philosophy North and Latin American Perspectives, Leyden: Bryll, 1991.
- De la Garza, Mercedes. La conciencia histórica de los antiguos mayas. México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Filológicas, Centro de Estudios Mayas, 1975.
- De la Garza, Mercedes. El hombre en el pensamiento religioso náhuatl y maya. México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Filológicas, Centro de Estudios Mayas, México: 1978.
- De la Garza, Mercedes. El universo sagrado de la serpiente entre los mayas. México: Universidad Nacional Autónoma de México - Instituto de Investigaciones Filológicas - Centro de Estudios Mayas, 1984.
- De la Garza, Mercedes, edit. Memorias del Primer Coloquio Internacional de Mayistas. México: Universidad Nacional Autónoma de México - Instituto de Investigaciones Filológicas - Centro de Estudios Mayas, 1987.
- De la Garza, Mercedes, Sueño y alucinación en el mundo náhuatl y maya. México: Universidad Nacional Autónoma de México - Instituto de Investigaciones Filológicas - Centro de Estudios Mayas, 1990.
- De la Garza, Mercedes. Los mayas, tres mil años de civilización. Florencia: Monclem/Bonechi, 1992a.
- De la Garza, Mercedes. Palenque. México: Gobierno del Estado de Chiapas / Porrúa, 1992b.
- De la Garza, Mercedes, “¿Cómo abordar el estudio de las religiones mesoamericanas? La historia hoy. México: Universidad Nacional Autónoma de México - Facultad de Filosofía y Letras, 1994,113-121.
- De la Garza, Mercedes. Aves sagradas de los mayas. México: Universidad Nacional Autónoma de México- Instituto de Investigaciones Filológicas - Centro de Estudios Mayas / Facultad de Filosofía y Letras, 1995.
- De la Garza, Mercedes. “Origen, estructura y temporalidad del cosmos”. Religión maya. Vol. 2, Enciclopedia Iberoamericana de Religiones. Mercedes de la Garza y Martha Ilia Nájera Coronado (eds.). Madrid: Trotta, 2002. 53-81.
- De la Garza, Mercedes y Martha Ilia Nájera Coronado (eds.). Religión maya, Vol. 2, Enciclopedia Iberoamericana de Religiones. Madrid: Trotta, 2002.
- De la Garza. “I Ching. Una milenaria e inmortal sabiduría”, en El ethos del filósofo. Antología. Juliana González y Lizbeth Sagols (coords.). México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2003.
- De la Garza, Mercedes. “El Sol, señor del tiempo y de la vida en la religión maya”. Discurso de Ingreso a la Academia Mexicana de la Historia. Memorias de la Academia Mexicana de la Historia, Correspondiente de la Real de Madrid. T. XLVIII. México, 2005. 103-149.
- De la Garza, Mercedes. “Dilemas éticos en torno a la genómica de poblaciones”. Diálogos. Revista Digital del Seminario de Ética y Bioética, México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2009.
- De la Garza, Mercedes. “El universo temporal en el pensamiento maya”. Arqueología Mexicana. Vol. XVII, Núm. 103, México: Raíces, 2010.
- De la Garza, Mercedes. Sueño y éxtasis. Visión chamánica de los nahuas y los mayas. México: Universidad Nacional Autónoma de México - Instituto de Investigaciones Filológicas - Centro de Estudios Mayas: México, 2012.
- De la Garza, Mercedes. El legado escrito de los mayas. México: Fondo de Cultura Económica, 2012.
- De la Garza, Mercedes, Guillermo Bernal y Martha Cuevas. Palenque-Lakamha’: Una presencia inmortal del pasado indígena, México: Fondo de Cultura Económica, 2012.
- De la Garza, Mercedes (coord.). El tiempo de los dioses-tiempo. Concepciones de Mesoamérica, México: Universidad Nacional Autónoma de México - Instituto de Investigaciones Filológicas - Centro de Estudios Mayas, 2015.
- Literatura maya. Prólogo, selección de textos y notas de Mercedes de la Garza. Caracas: Galaxis, 1980.
- Olivé, León (ed.), Relativismo cultural y Filosofía, Perspectivas norteamericana y latinoamericana. México: Universidad Nacional Autónoma de México - Instituto de Investigaciones Filológicas - Centro de Estudios Mayas, 1992.
Una de las tantas visitas de la doctora De la Garza a las ruinas mayas de Palenque, Chiapas, que como ella misma narra, le motivaron su profunda curiosidad por desentrañar los secretos de esa cultura.

Fotografía de Mercedes de la Garza y su grupo de acompañantes en el sitio maya de Palenque. Publicada en Portal político.tv, en la nota "Aún por decifrar los secretos de la cultura Maya: Mercedes de la Garza", sin autoría visible en el sitio. Publicado el 14 de mayo de 2012. Tomada de https://www.portalpolitico.tv/cultura/aun-por-decifrar-los-secretos-de-la-cultura-maya-mercedes-de-la-garza. No se conocen restricciones de derechos de autor.
1 Trece números aparecieron en la Serie de Fuentes para el Estudio de la Cultura Maya, fundada por Mercedes de la Garza en 1980.
2 Literatura maya, 1980; primera reimpresión, 1992; segunda edición, corregida y aumentada, con una nueva Introducción de 150 cuartillas y nuevas notas a todos los textos, 2008.
3 Autora única del plan de estudios: Especialización en Literaturas Maya y Náhuatl. División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Aprobado por el Consejo Universitario en 1981. En funciones hasta 1993.
4 Autora única del plan de estudios Maestría y Doctorado en Estudios Mesoamericanos. División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Aprobado por el Consejo Universitario en marzo de 1993. En funciones desde septiembre de ese mismo año.
5 Entre los alumnos que ha formado y que han destacado en la vida académica, se pueden mencionar algunos investigadores del Centro de Estudios Mayas, como Ana Luisa Izquierdo, Martha Ilia Nájera, Carmen Valverde, Guillermo Bernal o Erik Velásquez García; en el INAH a Jorge Villanueva Villalpando, Martha Cuevas García y Luis Alfonso Grave Tirado y en otras instituciones del país a Alberto Morales Damián, Michela Craveri.

¡Y cómo molestan los olores aun a la distancia! No tienen la noción de lo conveniente, no saben portarse en público. El dedo sucio de nicotina restriega el ojo irritado que del sueño retuvo apenas la lagaña. Del seno caído e hinchado un hilillo de leche escurre hacia la pequeña boca habituada al lloriqueo.
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