Semblanza

Frida Kahlo: un alma agitada

 

Félix Horta García

Investigador independiente

Biblioteca Municipal “Hugo Riveros Álamos”

San José de las Lajas, Cuba

 


…una obra bella es para mí una hermana, un golpe de calor,
para mí revelación clarísima de los pensamientos e ideas
que agitaban el alma del pintor.
José Martí

I.

En un México conmocionado bajo el poder dictatorial de Porfirio Díaz, nació el 6 de julio de 1907, en Coyoacán, Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón. Era hija del segundo matrimonio de un inmigrante alemán de oficio fotógrafo que cambio su nombre por el españolizado “Guillermo” y de Matilde Calderón, mestiza, dedicada a las labores del hogar.

Su padre fue su mentor y guía, le enseñó el oficio de la fotógrafía y a apreciar el gusto por la música, la lectura y el dibujo. A falta de un hijo varón, llevó a la niña por caminos poco convencionales en las costumbres mexicanas, pese a la oposición de su madre, devota católica en extremo.

Frida tuvo una herencia genética de espina bífida, que le ocasionó en su niñez nueve meses encamada, con la consiguiente deformación y cojera del pie derecho, lo cual disimulaba con varias medias o un tacón más grueso, que no le fue impedimento para practicar deportes de gran esfuerzo.

El triunfo de la Revolución Mexicana que estalló en los últimos meses de 1910 cambió radicalmente la fisonomía del país. Significó una renovación en todos los aspectos de la sociedad, lo que incluyó a la cultura, con énfasis especial en la pintura muralista: José Clemente Orozco (1883-1949), Diego Rivera (1886-1957) y David Alfaro Siqueiros (1896-1974) basaron sus creaciones en una estética monumental, de tema anticolonial y antimperialista, a través de la búsqueda de la identidad nacional. Estas obras se nutrieron del indigenismo, las clases populares y las luchas sociales, influencia que recibió Frida, más tarde, de Diego Rivera.

No hay certeza del lugar de estudio al que asistió Frida antes de 1922, aunque un año después estaba matriculada en la Escuela Nacional Preparatoria de San Ildefonso. En esta institución hubo de relacionarse con futuros intelectuales y artistas mexicanos, y formó parte de un grupo conocido como los “Cachuchas” –así denominado por las gorras que utilizaban–, quienes mantenían una actitud rebelde ante las injusticias y se movilizaban en defensa de sus ideales. Allí tuvo su primer novio, Alejandro Gómez Arias, y comenzó a simpatizar con el socialismo.

En 1925 comenzó a trabajar el grabado con Fernando Fernández Domínguez, un amigo de su padre, con quien aprendía rápidamente; sin embargo, el 17 septiembre de ese año la fatalidad cayó sobre ella cuando el autobús en el que viajaba de la escuela a su Casa Azul, en la calle de Londres, fue impactado por un tranvía y deshecho contra un muro. El resultado: fractura en su espina dorsal, las costillas, la clavícula, la pierna derecha, la pelvis y un pasamano de hierro que le produjo una herida al penetrarle por la cadera y salirle por la vagina. Como consecuencia del accidente, durante toda su vida padeció de múltiples intervenciones quirúrgicas, corsés de diferentes tipos, otros tratamientos molestos y permaneció hospitalizada por largos periodos de tiempo.

Obligada a una dilatada convalecencia comenzó a pintar con más intensidad. En septiembre de 1926 realizó el lienzo “Autorretrato con vestido de terciopelo”, dedicado a su novio Alejandro. Fue un modo de reflejar su rostro a partir de un espejo, acorde a los sentimientos que producían los avatares de la vida. En este primer periodo, tuvo influencia de la pintura retratista mexicana del siglo XIX, de inspiración italiana.

En 1928 Frida se había recuperado y abandonó el lecho para salir al encuentro de sus antiguos compañeros “Cachuchas” y otros políticos que se reunían en cantinas a discutir entre balazos y tequila. En uno de esos grupos conoció a Julio Antonio Mella y a su compañera la fotógrafa Tina Modotti, con la que entabló amistad y quien le presentó con el pintor Diego Rivera.

La artista contrajo matrimonio con Diego Rivera el 21 de agosto de 1929. Fue una relación de amor, infidelidades, creación, odio, un divorcio en 1939 y unas segundas nupcias en 1940. Aquella pareja disímil llamaba la atención por sus características físicas. Frida era pequeña de estatura y vestía con prendas autóctonas, que contrastaba con la descomunal altura y obesidad de Rivera.

Frida Kahlo y el muralista Diego Rivera

Frida fue una “chaparrita” morena, delgada, lisiada de por vida. Con una risa estrepitosa que se expresaba a veces con comentarios ingeniosos, en otras, indiscretos, incluso con palabras de la jerga callejera propia de los campesinos mexicanos. Cuando adolescente usó ropa masculina, que en su matrimonio alternaba con rebozos, trajes vistosos de tehuana y llamativas joyas exóticas. Fue coleccionista de muñecas, juguetes de madera y exvotos o retablos, todos procedentes del arte popular. A la vez era amante de la exuberante vegetación, los frutos y los animales. El patio central de la Casa Azul se convirtió en un hervidero de la naturaleza, en donde árboles, macetas repletas de plantas y flores, habitaban en armonía con gatos, monos, aves parlantes, venaditos, pastores alemanes y xoloitzcuintles. Su adicción mayor y obsesiva, por encima del alcohol, el tabaco y los analgésicos, a pesar de todos sus desmanes amorosos, fue Diego Rivera.

El nombre de Frida seguramente fue sugerido por su padre de origen germano, cuyo significado es: “la que trae la paz”. Sin embargo, si la acercáramos a la cultura afrocubana, su modo de vivir se asemejó más a una hija predilecta de Ochún, diosa del amor, la sensualidad y la coquetería, de acuerdo con la Regla de Ocha. El color representativo del oricha es el amarillo, que según el criterio de los practicantes de esta religión Yoruba es símbolo del sufrimiento y las penas. En México, de modo similar a Cuba, un tipo de flores amarillas –cempasúchil– son usuales para ofrendar en las tumbas. No por gusto Ochún, en algunos de sus caminos, se presenta como entidad “muertera”.[1].

La vida erótica tan intensa y abarcadora de Frida, escape de su quejumbroso cuerpo, fue quizá un reflejo de esta oricha en su camino: Ochún Yeyé Moró, la más revoltosa y caliente de todas, o sea, la Panchagára. Sus protegidas cuando son solteras El Hospital Henry Fordprefieren a los hombres casados, mientras que prometidas, en matrimonio, suelen ser infieles, características muy coincidentes con la artista mexicana.[2]

Durante su estancia en Cuernavaca, en 1930, Frida sufrió un aborto de su primer embarazo. Dos años después, otro le sucedería en Detroit, Estados Unidos, y el último en 1934, en las Casas Gemelas de Ciudad de México. La litografía “Frida y el aborto” o “El Aborto”, y los óleos “Frida y la operación cesárea” y el “Hospital Henry Ford o La cama voladora”, creados en 1932, muestran todo el desarrollo de la formación del feto hasta el golpe doloroso de la pérdida y la certeza de la imposible descendencia. Su primer aborto lo pintó en el Hospital Henry Ford en la ciudad de Nueva York. http://www.cubadebate.cu, 13 de julio del 2019

El cese de encargos, en 1931, unido a la represión del gobierno de Plutarco Elías Calles contra los miembros del Partido Comunista y la demanda de murales en los Estados Unidos, provocó el traslado de la pareja a Nueva York, San Francisco y Detroit. En estas ciudades llevó al óleo, entre otros: “Autorretrato (de pie) en la frontera entre México y Estados Unidos”, “Allá cuelga mi vestido” y “Nueva York”, todos exponentes de una mordaz crítica a la forma de vida americana, a sus instalaciones industriales y tecnológicas contaminadoras de la atmósfera, así como a grupos militares dispuestos a enfrentarse a obreros desempleados.

Frida realizó allí algunas litografías y retratos, aunque nunca le gustó tener que vivir en una cultura tan diferente a la suya, con un idioma difícil de dominar. Aunque como artista estuvo en buena medida a la sombra de su esposo, por lo menos pudo apreciar los originales de los surrealistas y expresionistas en el Museo de Arte de Nueva York.

II.

Frida siempre estuvo unida a su hermana menor Cristina, quien se convirtió en la modelo predilecta de Diego y a la vez en su amante. El golpe debido a esta traición, los intensos dolores que sufría y el tercero de sus abortos la inspiró a realizar una de las más desgarradoras de sus pinturas en 1935, que tituló “Unos cuantos piquetitos”, donde una mujer desnuda yace asesinada entre sábanas y piso ensangrentados. Las dos FridasEl autor del crimen de pie aún sostiene en su mano derecha el cuchillo manchado de sangre y en el rostro expresa una sonrisa irónica y de satisfacción. De forma similar a la tradición mexicana de los exvotos, Frida dejó sobre este metal parte de su aflicción, a modo de desahogo.

En 1938, el poeta francés André Breton calificó su obra de surrealista en un ensayo que escribió para el catálogo de la exposición de Frida en la Galería Julien Levy de Nueva York. Aunque la plástica de la mexicana es difícil de clasificar, al balancearse entre un primitivismo y elementos evidentes del surrealismo y del expresionismo, nunca admitió que la situaran en ningún “ismo”; incluso se burlaba de los europeos por ello, según expresó: “nunca pinté mis sueños, pinté mi propia realidad” (en Tibol, 2012: 126). Al año siguiente expuso en París, auspiciada por el propio Breton. A su regreso a México, en 1939, pintó su obra más conocida “Las dos Fridas”, donde expresa la disyuntiva entre la vestida con traje indígena, el favorito de Diego, y la otra, a la usanza europea, alusión a su estirpe paterna.

Dentro de la obra erótica de Frida se destaca “La flor de la vida” de 1943, óleo en que una flor de pistilos y ovarios es penetrada por un falo sostenido por una espesa fronda, en un cromatismo de rojo deslumbrante.

En junio de 1940 Diego viajó a San Francisco y Frida lo siguió tres meses después para someterse a una nueva cirugía. Por ese tiempo la artista logró el reconocimiento de su obra y participó en exposiciones colectivas en Nueva York, Boston y Filadelfia.

Cuatro años más tarde pintó su óleo titulado “La columna rota”, que la muestra desnuda hasta la cintura y ceñida a las correas de un corsé. La sostiene una columna jónica fragmentada y vista a través de una incisión a todo lo largo, mientras que el rostro y el cuerpo se encuentran acribillados de puntillas, así como de sus ojos corren lágrimas, en una impactante imagen de dolor.

La columna rota, de Frida Kahlo

III.

Frida dio clases en la Escuela Experimental de Pintura y Escultura de la calle La Esmeralda, en la colonia Guerrero, las que por su estado de salud trasladó a su Casa Azul. A estos estudiantes se les llamó “Las Fridas” Estudio azul, Latin america viso studyblue.com 191x96 C cubadebate.cu .

En sus pinturas Frida manifestó un fuerte mexicanismo, amor a la tierra natal y a su ideario, todos en un desfile de imágenes, la gran mayoría de pequeño formato, con perspectiva plana, rigidez y sobre soportes de lienzo, madera y metal, en una apropiación muy original de los exvotos o retablos tradicionales.

Existe un gran contraste en el uso del color. Por un lado, aplicó los que provocan tristezas para señalar lo estéril y tormentoso, mientras que, por otro, se acentuaban los tonos brillantes, en una metáfora del estallido de la vida y sus placeres.

En sus autorretratos se plasmó con rasgos masculinos, Autorretrato. Frida Kahlocomo posible muestra de la igualdad de géneros: cejas copiosas cual dos alas negrísimas, ojos penetrantes, bozo pronunciado y labios unidos estrechamente en una expresión desafiante al espectador y rodeada de una tupida vegetación o de sus mascotas preferidas.

Frida incluyó en su discurso temas sorprendentes y extraños no antes plasmados en un soporte, donde se balanceaba la dualidad, entre la vida y la muerte, el valor y el miedo, el amor y los celos, el día y la noche, el placer y el dolor, y lo femenino y lo masculino de su propio yo.

La única exposición individual en vida de Frida organizada en su país se efectuó en 1953. Su salud estaba quebrantada y, a pesar de la prohibición médica, se presentó en una ambulancia sobre una cama de hospital. Ese mismo año le tuvieron que amputar la pierna derecha, por debajo de la rodilla, a causa de una gangrena.

Su última creación se exhibe en el museo Frida Kahlo, en la Casa Azul, y consiste en un óleo con un bodegón que tituló: “Sandias. Viva la vida”, compuesto de varios cortes de esos frutos en colores muy vivos. Sintió el final y escribió en su diario: “…espero alegre la salida y espero no volver jamás”. Un fatídico martes 13 de julio de 1954, en la misma vivienda que la vio nacer, a causa de una embolia o un infarto pulmonar, su alma agitada trazó el largo camino hacia la eternidad.

Collage de la artista en homenaje el 2 de noviembre de 2018, preparado en el teatro de San José de las Lajas, Cuba

Fotografía de un altar dedicado a la pintora en homenaje en San José de las Lajas, provincia de Mayabeque, Cuba

Frida Kahlo en Cuba

 

 

Referencias

  • Fernández Olmos, Margarite y Lizabeth Paravisini-Gebert. Creole Religions of the Caribbean. An Introducción from Vodou and Santería to Obeah and Espiritismo. Nueva York: New York University Press, 2003.
  • Garduño Pulido, Blanca. “Influencia del exvoto en la obra de Diego Rivera y Frida Kalhlo y el arte contemporáneo”, Fe, arte y cultura. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes - Instituto Nacional de Bellas Artes / Museo Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, 2011.
  • Tibol, Raquel, Frida Kahlo: una vida abierta. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2012.

Frida Kahlo, Simón Bolívar, Fidel Castro y el Ché Guevara

 

[1]La Regla de Ocha refiere a la iglesia de San Agustín de Regla, el Africano. En esa iglesia, ubicada en la bahía de La Habana, se practica el sincretismo entre el catolicismo y la religión yoruba, creencia espiritual del pueblo del mismo nombre, procedente del África noroccidental (Nigeria). Su deidad principal es Yemayá, diosa del mar, madre de todos los dioses u orichas, en la terminología de ese panteón afroantillano. Una de las deidades femeninas es Ochún, deidad de los manantiales, de la fertilidad y del amor. La celebración a esta deidad cubana ha sido asociada al Día de Muertos mexicano.

[2]La diosa Ochún Yeyé (u Ochún Yeyé Moró), en uno de sus avatares Panchagára, "representa la sensualidad femenina, el amor, la belleza y el deseo sexual. Se le identifica en Cuba con la santa patrona la Virgen de la Caridad del Cobre, [entre otras cosas] protectora de las embarazadas" (Fernández y Paravisini, 2003: 45). Traducción de los editores.