VERDADERA PRISIÓN Y TRABAJOS

DEL PADRE LEQUERICA[1]

 

 

 

Por orden del Tribunal de la Fe,[2] antes de su extinción, se trasladó de aquella casa a este convento[3] al padre Lequerica. Extinguido el Tribunal ha permanecido dicho presbítero recluso aquí mismo por orden del ilustrísimo señor arzobispo.[4] El lugar del separo o reclusión del padre Lequerica ha sido y es una celda amplia y de suficientes luces, como lo prueba haber escrito dentro de ella el reo, ya a El Pensador, ya al excelentísimo señor virrey,[5] ya otros varios pliegos, de donde también se desmiente al dicho clérigo, cuando se produce diciendo que le estorban sus ocursos, los padres dominicos.[6] En la celda tiene el padre recluso cuantos muebles le son necesarios para dormir, sentarse, comer, etcétera. Un religioso lego está encargado de su custodia y asistencia, y también hay un criado destinado a que haga diariamente todos los oficios de limpieza al padre Lequerica. A este presbítero se le dan los mismos alimentos en calidad y cantidad que al prelado provincial y al resto de esta comunidad, con sola la diferencia que al padre Lequerica se le da chocolate a mañana y tarde, y se le administra pulque[7] a pasto porque alega enfermedad, lo cual no se verifica con los individuos de esta corporación. Al padre Lequerica se le ponen cada semana en la mano ocho reales[8] para puros o cigarros o lo que quiera; a más de esto se le ha dicho por el reverendo padre prior, repetidas veces y ante testigos seculares de distinción, que avise y pida cuanto necesite o apetezca. Al padre Lequerica se le dan zapatos, ropa limpia, etcétera, y en una grave disentería que no ha mucho lo enfermó, se le asistió cual no se le hubiera asistido en su casa, si la tuviera. Por el padre Lequerica se ha apersonado el prelado local de esta casa al señor ilustrísimo con el empeño de que se le permita pasearse por los tránsitos de este convento, y su señoría ilustrísima ha respondido: que solicite el reo tal desahogo por medio de un escrito al señor provisor; mas el padre Lequerica no ha querido verificar tal diligencia; sin embargo el inocentón lego, su custodio o asistente, auctoritate qua fungitur,[9] lo ha solido sacar a que se desahogue y hasta a que se divierta en el huerto de recreación de casa de novicios y, también, laicali compassione[10] lo deja lo más del día fuera de la celda donde debe estar encerrado por mandamiento del señor ilustrísimo, y le permite que se esté paseando lo que guste, en un salón de más que mediana amplitud y que tiene vista a un patio que llaman de la sacristía.

Es falso, y más que fuera de toda verdad, que el padre Lequerica haya pedido, ni aun insinuándose una sola vez, que le den el sacramento de la penitencia. Si al padre Lequerica no se saca a oír misa, el porqué debe preguntarse a su juez el señor arzobispo, cuyos mandatos no están a disposición de los padres dominicos. El señor Mendívil,[11] mayor de plaza, ha poco tiempo que estuvo aquí con el reo y, hablándole del lugar de su reclusión, se le expresó así: “Padre, aquí está usted como en un palacio.” Si los religiosos de este convento no quieren o se abstienen de comunicar al padre Lequerica, ¿quién o por qué los forzará a ello? Además que no saben si el padre clérigo tendrá censuras de la iglesia, que lo hagan incomunicable; item, que temen no hubiese un reclamo del prelado ilustrísimo. Mas sí juraré que no ha habido religioso que no haya estado compadecido de la suerte del padre Lequerica.

Esta relación sencilla y breve por lo que toca al presbítero Lequerica, recluso en este convento, me parece bastante para satisfacer al público, desimpresionándolo de las falsedades que ha estampado y divulgado El Pensador, llevado de..., de una nimia credulidad al papel que le remitió el buen presbítero Lequerica contra los padres dominicos de esta corte y convento grande de México. Mas para que no se presuma en el público que esta narración labora sobre excusas improbables, bueno sería que El Pensador u otro creyente al padre Lequerica[12] tomase la acción de hacer una demanda a un competente tribunal, que viniese en toda forma a inquirir y juzgar sobre tal negocio.

Subscribo con mi nombre y apelativo estos renglones satisfactorios al público, para que directa y descubiertamente me desmienta El Pensador o quien hubiere ganas, y para poder yo responder sin embozo ni máscara de iniciales alfabéticas enigmáticas.

Convento de nuestro padre santo Domingo de México, agosto 6 de 1820.


Fray Mariano Soto[13]

 
 


[1] Sin pie de imprenta. Reimpreso en El Conductor Eléctrico, núm. 17, Obras IV-Periódicos, pp. 371-372, con la contestación de Fernández de Lizardi a Mariano Soto en el mismo número, pp. 373-376. Con motivo de la publicación de la carta del padre Ignacio Lequerica en El Conductor Eléctrico número 15, Mariano Soto escribe este folleto. Cf. nota 25 a El Teólogo Imparcial, número 1, en este volumen.

[2] Tribunal de la Fe. Cf. nota 4 a El Teólogo Imparcial, número 3, en este volumen.

[3] Convento de Santo Domingo. Cf. nota 5 a El Teólogo Imparcial, número 4, en este volumen.

[4] Pedro José de Fonte Hernández y Miravete (1777-1839). Cf. nota 4 a El Teólogo Imparcial, número 4, en este volumen.

[5] Juan Ruiz de Apodaca (1754-1835). 61° virrey de la Nueva España (1816-1821). Marino español; teniente general de la Real Armada y capitán general de Cuba, embajador de España en Inglaterra, fue destituido del cargo de virrey el 5 de julio de 1821. Hombre instruido como lo demuestra su opúsculo sobre la aplicación de los pararrayos a los buques. Obtuvo el título nobiliario de Conde del Venadito por su campaña contra Mina. En Nueva España contuvo a los monopolistas, fijando el costo del maíz y socorrió a los miserables. En El indio y la india del pueblo de Actopan se lee: “Empezaron a gretar,/ todos cuantos ayí estabas,/ y a dicir: que Viva, Viva/ la Constetución amada,/ veva noestro grande rey,/ porque a sus vasayos manda/ [...]/ viva noestro degno jefe/ do Juan Ruiz de la Podaca/ que obedeció este grande orden/ que trajiero desde España”, en Obras X-Folletos, p. 252. También Fernández de Lizardi le repudió no apoyar la libertad de imprenta, en Respuestillas sueltas de El Pensador Mexicano se lee: “estamos en el año de [18]20, [...] el rey ha jurado solemnemente la Constitución que está al frente [...] para hacerla observar el señor Apodaca, que tantas pruebas nos ha dado de su adhesión a este nuevo sistema de gobierno.” Ibidem, p. 274. Varios folletos lizardianos sostendrían esta constitucionalidad virreinal: Primer y Segundo cuartazo(s) al Fernandino, Justa defensa del excelentísimo señor virrey de la Nueva España, Dar que van dando, No rebuznó con más tino el pobre alcalde argelino.

[6] Fernández de Lizardi había publicado lo siguiente enviado por Lequerica a nuestro autor: “ ‘P. D. Dispense usted que me valga del conducto de la estafeta, porque los frailes de Santo Domingo me están estorbando todos mis recursos legales (será por encargo de la Inquisición, que ni la limpieza me hace) para que yo no hable con nadie, más que con un solo lego bien encargado’”. Cf. Obras IV-Periódicos, p. 361.

[7] pulque. Bebida que se obtiene del agua miel fermentada. Es derivada del jugo del maguey.

[8] real. Cf. nota 23 a El Pensador Tapatío a sus Censores..., en este volumen.

[9] auctoritate qua fungitur. Con la autoridad de mi cargo.

[10] laicale compassione. Por laica compasión.

[11] José de Mendívil. Tenemos datos de Feliciano Mendívil, catedrático del Seminario tridentino de esta capital; doctor en teología, cura y juez eclesiástico de Tequisquiac. Escribió Elogium Caroli IV hispaniarum regis inagurati. Y de José de Mendívil. Por orden del virrey dio a conocer una escisión del partido iturbidista. Se lee en Llega a Toluca, con la tropa de su mando del comandante de División D. Juan Nepomuceno Rafoes que se hallava a las órdenes del Coronel D. Agustín de Iturbide y se separó de su partido. México: Oficina de los Ciudadanos Militares Joaquín y Bernardo de Miramón, 1821. José de Mendívil es autor de la Proclama  del 23 de marzo de 1821. Afirma que la Nueva España debía seguir unida a su metrópoli; y dice que el ejército estaba dispuesto a morir por conservar la religión, integridad del territorio español y obediencia a las autoridades.

[12] Fernández de Lizardi responde: “yo no me constituyo abogado del padre Lequerica. Pruébese que yo suplanté su firma o añadí una palabra a la carta que me envió y entonces tirenseme las pedradas de que yo estampé falsedades, como dice el padre Soto, o siquiera que las creí; pero pues yo no hice sino cumplir con el encargo de un infeliz [...] porque el público ni es tonto ni es injusto, y en todas partes han hecho el análisis de la carta del padre Lequerica y del papel del padre Soto, y sacan que aquél dice mil verdades que éste confirma, como es que estaba separado, sin comunicación, que no lo dejaban oír misa, que no está sentenciada su causa”. Fernández de Lizardi pone en duda que a Lequerica se le dé de comer lo mismo que al virrey en calidad y cantidad; Lizardi dice que si se le da pulque a pasto o no, no es tan importante como las infracciones de la Constitución y cita los artículos 300, 302 y 304 que indican que “dentro de las veinticuatro horas, se manifestará al tratado como reo la causa de su prisión y el nombre de su acusador [...] después de la confesión de éste, el proceso en adelante será público [...] tampoco se impondrá la confiscación de bienes”. Concluye Fernández de Lizardi que es necesario que a Lequerica se le juzgue públicamente, sin “soterrarlo” ni prohibirle los “recursos legales” atropellando su causa, sin desterrarlo antes de la sentencia que deberá darse en México, donde se inició su juicio, de todo lo cual ha de darse noticia al gran público en los periódicos, en quien reside la soberanía, y quien reclama la obediencia de la ley porque faltarle al respeto es “jugar a la Constitución”. Cf. Obras IV-Periódicos, pp. 373-376.

[13] Fray Mariano Soto. Nacido alrededor de 1775. Vistió el hábito de dominico en 1792 y estudió, con fray Ramón Casaus, filosofía y teología en el Colegio de Porta Coeli, durante nueve años. Obtuvo la cátedra de Artes del mismo colegio, y allí mismo enseñó lugares teológicos y Teología por espacio de diez años. En dos actos públicos sustentados en la iglesia grande de Santo Domingo, refutó el Homo attritus del carmelita fray Antonio de San Fermín. Sucesivamente desempeñó los cargos de regente de estudios, lector supernumerario y vicerrector del colegio. No admitió algunos cargos honoríficos que le fueron conferidos por la comunidad. Murió el 9 de enero de 1821. Además de sermones, escribió poesías algunas publicadas bajo el título Agonías de un filosofo. Sien embargo se le recuerda más bien por sus polémicas sostenidas con El Pensador Mexicano. “No hay, empero, gran cosa que señalar en los escritos del padre dominico: la forma es fácil y á ratos tiene buen sabor castizo, pero la argumentación es siempre desmañada y virulenta.” Soto es autor de Contra ira paciencia. Respuesta de Fr. M. S. al furibundo impreso “No hay peor cuña que la del propio palo”. México, Imprenta de Mariano Ontiveros, 1820. Donde responde a las censuras publicadas contra su escrito intitulado Un bofetón sin mano al Payo preguntón, [México], Oficina de Alejandro Valdés, [1820], en este volumen, en el que había criticado el papel titulado El Payo amante de los religiosos desvalidos. Fray Mariano Soto discutió también con Fernández de Lizardi en los siguientes folletos: Respuesta del padre soto a El Pensador Mexicano sobre la Verdadera prisión y trabajos del padre Lequerica; “Artículos comunicados” en Noticioso General, del 13-oct.-1820, y 13-nov.-1820. En defensa de su Proclama militar escribe: Descubierto el carácter dela pluma impía, blasfema y anti-militar de El Pensador Mexicano en su papel La Palinodia en Respuesta al padre Soto; El carácter de El Pensador  descubierto y desafiado; La Palinodia de J. F. de L. periodista eléctrico, e Incitativa del padre Soto a El Pensador Mexicano, incluidos en este volumen.