VA DE CUENTO[1]

 

 

 

Si el señor editor[2] de los Apuntes para la historia[3] quisiere dar un huequecito en su principiante periódico al presente papel, sea en buena hora. Desde el momento le damos las gracias, pero si no lo tuviere a bien, en corriendo por separado estamos a mano, tan amigos como siempre.

 Sabe usted, y nosotros también sabemos, que el siempre grande constitucional Fernando VII, en siete de mayo de este año, expidió un decreto acerca de las profesiones religiosas.[4] Lo repetiremos porque hay sordos, tan voluntariamente sordos, a quienes no tan sólo es preciso gritarles para que oigan, si no decirles muchas veces una misma cosa, y plegue a Dios que aun entonces quieran oírnos.

“Solicito siempre, dice el rey, mi paternal corazón en procurar todos los medios que se dirijan al bien general del Estado, y puedan influir en el aumento de su población, notablemente disminuida, en especial desde la última guerra desoladora, y anhelando también, porque los institutos regulares lleguen al grado de perfección debido, y sean los claustros el asilo de la virtud, y no de la imprevisión, he venido en resolver de acuerdo con la Junta Provisional, que se suspenda toda profesión en las comunidades religiosas hasta la resolución de las Cortes convocadas”... hasta aquí a nuestro intento. Ahora va de cuento:

 ¿Ya ustedes ven esta tan clara y terminante disposición? No tiene palabra que indique ambigüedad, ni excepción. Pues hete aquí que el día domingo inmediato pasado del inmediato mes, habrá profesado porque era señalado, una joven que estaba de novicia en el convento de la Santísima Trinidad de Puebla,[5] y ahora se llama sor María Guadalupe del Santísimo Sacramento. Díganos ustedes ¿desde cuándo obliga el cumplimiento de la ley? Su publicación aquí ¿es de mera solemnidad? Aquellos a quienes obliga su observancia y ejecución ¿son árbitros para demorar o suspender hasta que se les antoje?

 Nos parece que el editor del Noticioso General,[6] al oírnos este cuentecillo, nos sale con que estamos frescos con contarle esta anécdota, cuando él nos refirió otra igual en su periódico número 725 del día 21 del propio mes. No esperamos que tal cosa nos diga; pero si lo hiciere, sepa desde ahora que la repetición de infracciones de la ley nunca las canoniza. Que en México acaeciera idéntico caso que en Puebla,[7] lo que prueba es que en mi casa cuecen habas, y en la ajena calderadas.[8] Mañana u otro día se volverán a repartir convites para profesión de otras infelices, que por solo el hecho de haber cumplido su noviciado, se encierran perpetuamente por no haberse dado cumplimiento al decreto del rey que les favorecía; el cual las redimiría de aquel eterno perjuicio, si hubiese llegado a su noticia, o no se les hubiera ocultado de intento por los mismos que en esto debían instruirlas.[9] Ni es temeridad que se les ocultase, cuando es cierto que, a pretexto de no distraer a las enclaustradas, no ha faltado quien les prohíba leer, y aun oír cosa alguna que huela a papeles o noticias públicas. ¿Y sabrían estas inocentes novicias la resolución del rey? Por último, señores editores del Noticioso, y de los Apuntes para la historia, si ustedes no quieren oír nuestro cuentecillo, no necesitamos de ustedes para ser cuenteros.

Pero si tan sabihondos quieren ser, ¿a que no saben este pasajito? A tiempo en que estábamos escribiendo este papel, un curioso, no sabemos si impertinente, nos hizo estas tres preguntas: 1a ¿Por qué el domingo 20 inmediato no predicó, o hizo la exhortación que previene la Constitución,[10] para las elecciones parroquiales de partido,[11] el señor capitular de más dignidad? 2a ¿Por qué se fue a dar hasta el tercero en el orden de su graduación en el coro? 3a ¿Por qué al tiempo del Te Deum se cometió el descuido de no descubrir al Santísimo Sacramento, hasta que, por dos señores electores comisionados por su presidente, se advirtió al preste, que era el señor deán, quien por lo mismo, tuvo que esperar que los sacristanes pusiesen las [l]uces, y demás necesario al decoro y reverencia del tabernáculo?

En esto de preguntillas he visto que regu[l]armente buscan algunos preguntones la respuesta de El Pensador;[12] pero nosotros, sin oponernos a su mérito, no lo tenemos por el único que pueda sacarnos de dudas o como un oráculo. Sin embargo, ya sea él, o ustedes, u otro, sírvanse decirnos si habremos contestado bien a nuestro curioso, diciéndole a sus preguntas ¿por qué no predicó el señor capitular de mayor dignidad? No sabemos. ¿Por qué paso hasta el tercero este encargo? Tampoco sabemos. ¿Por qué hubo ese descuido en el Te Deum? Ni aun eso sabemos.

Sírvanse ustedes contar en el número de sus servidores, a sus afectísimos que besan sus manos

 

Unos Cuenteros

 
 


[1] México: Oficina de don Alejandro Valdés, 1820, 4pp.

[2] Se refiere a Alejandro Valdés. Cf. nota 17 a La prensa libre, en este volumen.

[3] Apuntes para la historia. Véase en este volumen.

[4] Decreto de 7 de mayo de 1820. Manda que se suspenda toda profesión en las comunidades religiosas hasta la reunión de las Cortes. El Suplemento al Noticioso General número 698 del 9 de junio de 1820, México, reimpreso en la Oficina de Arizpe, publica la “Proclama de Fernando VII a los habitantes de Ultramar” para que se unieran al juramento de la Constitución, y exhorta a los insurgentes a deponer las armas. Cf. Meza Oliver y Olivera López, Catálogo de la Colección Lafragua..., pp. 234-235.

[5] Convento de la Santísima Trinidad de Puebla. En 1619 la familia Rivera Barrientos compró al obispo De la Mota y Escobar su palacio para establecer un convento de monjas concepcionistas trinitarias. En 1673 se estrenó el edificio gracias a la ayuda del obispo Escobar y Llamas. La iglesia de este convento es un ejemplo distinguido del barroco poblano del siglo XVII. La portada principal fue hecha de cantera entre 1670 y 1672. Con motivo del cuarto centenario de la fundación de la ciudad de Puebla (1931) la fachada fue cubierta de este mismo material. En su abanico decorativo resalta el escudo del obispo benefactor del convento. Al igual que los conventos de la Purísima Concepción, Santa Clara, Capuchinas y san Jerónimo, el convento de la Santísima Trinidad está emplazado de manera que radialmente confluía hacia el centro tomando como referencia a la Catedral angelopolitana. Véase Rosalva Loreto López, Los conventos femeninos y el mundo urbano de la Puebla de los Ángeles del siglo XVIII. México: El Colegio de México, 2000, pp. 39, 42; www.puebla.gob.mx

[6] Editor del Noticioso General. Este periódico se fundó el 24 de julio de 1815 y duró hasta 1824. En el Diario de México (26 jul. 1815) se atribuye su fundación a J. G. (Joaquín Conde). Salió primero dos veces por semana, y luego los lunes, miércoles y viernes en tamaño mayor. Constaba de 4 páginas. Se imprimió en las oficinas de José María de Benavente; en la redacción intervino Wenceslao de la Barquera. Cf. Justo Sierra, Antología del Centenario, II, p. 1072.

[7] Puebla. Cabecera de la municipalidad del mismo nombre. Fue fundada del 27 de septiembre de 1531 y se dividió en treinta y tres sitios. En 1532 fray Toribio de Benavente trazó la ciudad y comenzó a construirse. En el actual Estado de ese nombre sobreviven comunidades que hablaban náhuatl, otomí, totonaco, mixteco-zapoteco y populoco.

[8] en mi casa cuecen habas, y en la ajena calderadas. Es variante de: “En cada casa cuecen, y en la nuestra calderadas. Refr. que dá à entender que en todas partes hai trabajos, y que cada uno mide los suyos por los mayores.” Dic. autoridades.

[9] voto perpetuo de monjas. Fernández de Lizardi escribió sobre este tema en su periódico Conversaciones del Payo y el Sacristán, en el número 14 del tomo primero se lee lo siguiente: [Una ley] “que determine la edad en que las mujeres puedan profesar de monjas y ordene que los votos no sean perpetuos, sino que hay de renovarse dentro de periodos en cada tres o cuatro años [...] [porque] ha habido y por desgracia hay actualmente monjas arrepentidas, y las habrá en adelante, si los legisladores, en uso de sus principales deberes, no ponen término a esta desgracia lamentable.” Cf. Obras V-Periódicos, pp. 176-177. Nuestro autor continúa tratando el tema en los números 16, 17, 19, 20, 21 y 22 de este mismo periódico; además sostiene una polémica con Gabiño Baños sobre este mismo asunto, véanse sus folletos: Hoy truena Gabino Baños como Juditas de a real, Qué mal quedó el virginote defensor del doncellazgo, y Observaciones que El Pensador hace a las censuras de los señores doctores don Ignacio María Lerdo y don Ignacio Grajeda hicieron de sus Conversaciones sexta, vigésima y vigésima segunda entre el Payo y el Sacristán. Cf. Obras XIII-Folletos, pp. 319-333; 335-341 y 415-535, respectivamente.

[10] Constitución. Cf. nota 4 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[11] elecciones de parroquia, de partido y provincia. Cf. nota 3 a El Colegial a El Pensador..., en este volumen.

[12] Entre los impresos en que se pregunta a Fernández de Lizardi publicamos aquí los siguientes: Preguntillas sueltas; Primera pregunta a El Pensador Mexicano sobre pasaportes y caballos; Segunda pregunta de El Hijo de la Constitución a El Pensador Mexicano. Sobre el impuesto del peaje o pillaje, como lo llama el pueblo; Pregunta a El Pensador sobre bagajes y coches de providencia; Pregunta a El Pensador sobre las pensiones de casas y coches; La Cómica Constitucional a El Pensador Mexicano; Pregunta a El Pensador sobre el Montepío, entre otros.