UN CARAMELO EN LA MANO PARA EL LEGO CIUDADANO[1]

 

Señor mío: con la investidura de lego, listo y abonado, y además con la de español rancio y la de ciudadano en el ejercicio de sus derechos, se consideró usted autorizado para amagar con su desprecio eterno a los señores Exdiputado[2] y Fernandino,[3] si aún seguían su debate, y lo que es más gracioso, protestaba usted condenar al fuego los papeles que escribiesen, y fuesen a sus manos. Enhorabuena sea, clamé lleno de risa, ¿pero qué impone el desprecio de este hombre, aún suponiéndole muy alto caballero, desfacedor de agravios, y de caballo y lanza? ¿Por ventura los pueblos no han de escuchar contiendas diplomáticas tan sólo porque si le disgustan, ha de dar iracundo al fuego los papeles? ¡Al fuego! Cáspita, ¿Si habrá sido este lego curial del Santo Oficio?

No lo sé; pero sea como fuere, camarada, mi investidura no es otra que la del moderno español; y me honra tanto más, cuanto que si las ideas rancias se acomodaban mucho al servilismo, a las modernas se debe el rompimiento del ominoso yugo.

Así es que me ofrezco a usted un título tan noble, y prescindo del arrepentido Fernandino, y justos cuartazos[4] que le dieron. Mi objeto se reduce, pues que tanto le espantan los chasquidos del látigo, a remitir a usted un caramelo: los muchachos le llevarán en la mano, y usted si gusta, se lo podrá comer. [...][5]

Aquí había concluido mi sermón (también los legos predican) cuando un grito... Primer cuartazo al Fernandino... nada menos que empezando con cuartazos. ¿Si serán de algún cochero? ¡Ésta sí es agudeza!, ¿esto es ser crítico a las mil maravillas!

¿Cómo habremos de concluir? Trágicamente, sin duda. Amigo mío: por eso yo le remito a usted un dulce. Si nuestra contienda sigue, ¿cómo habrá de concluirse? En almíbar sin duda.

Mas si en lo sucesivo anima usted mi pluma, ya por ahora mi mano está cansada. A Dios, pues, ¿pero qué iniciales me pondré? Ya me ocurre  como debo nombrarme en esta vez: sí, no hay duda, porque si el que da cuartazos es cochero, yo que doy dulces, ¿qué seré?


El Dulcero[6]

 


[1] México: Impreso en la Oficina de don Alejandro Valdés, 1820, 4 pp. Lego Ciudadano. Se refiere a El Ciudadano, autor de Censura de un Ciudadano..., en este volumen.

[2] Exdiputado. Cf. nota 16 a Censura de un Ciudadano..., en este volumen.

[3] Fernandino. Cf. nota 17 a Censura de un Ciudadano..., en este volumen.

[4] justos cuartazos. Cf. nota 12 a Censura de un Ciudadano..., en este volumen. Cuartazo. Cf. nota 2 a Cuartazos y más cuartazos..., en este volumen.

[5] Resumen de texto omitido: El autor insta a los escritores a dedicar sus talentos a otras materias que no sean la filosofía o la teología, por ejemplo, la poesía. Solicita que ambos autores dejen de ilustrar a los españoles en la Constitución, porque ya son un pueblo de “hotentotes”, en lugar de ilustrarla debieran obedecerla. Los insta también a dejar de acudir en sus respectivos papeles a los nombres de los reyes antiguos, culpa a El Lego de radical, pues éste quisiera quemar lo escrito en el pasado y arrasar con todo, porque en el presente nada aprovecha; lo culpa de pedante por preferir las materias sublimes en desprecio de las de interés social.

[6] El Dulcero. No tenemos más datos de este autor. Nota [al final del folleto] Queda abierta subscripción a la Apología de Nuestra señora de Guadalupe, cuyo autor es el doctor don José Guridi y Alcocer, a 10 reales [Cf. nota 4 a Carbón en abundancia, en este volumen] a la rústica, y 14 en pasta para los que se subscriben; y para los que no lo hicieren, a 12 reales y dos pesetas [Cf. nota 8 a Piénsalo bien, en este volumen] en la forma dicha.