UN BOFETÓN SIN MANO AL PAYO PREGUNTÓN[1]

 

 

Señor Pensador, todos pensamos, aunque en esto de pensamientos andamos los hombres desiguales. Unos piensan guiados de la razón, otros precipitados de las pasiones, unos piensan fundados en principios de rectitud, y como no hagan malas aplicaciones de tales principios, deducirán buenos pensamientos; al revés, los que piensan faltos de conocimientos universales de la justicia, o acomodando mal estos conocimientos a los casos particulares, estos pensadores son pensadores extraviados o sofistas. Dígame usted ¿pienso bien en esta doctrina de pensar, y de hacer crítica de pensamientos? Pues vamos un ratito según ella a ver si el Payo Amante de los Religiosos Desvalidos[2] pensó bien en el artículo que comunicó a usted, y que se reduce a diez preguntas y que se halla en el número 16 de El Conductor Eléctrico, página 134.[3] Comienzo: ¿qué dice usted, Payo?, y ¿pensar bien sobre asuntos del trato interior de los cenobitas?[4] Yo pienso que ese disfraz es muy extraño y ridículo, y mal pensado para hablar de tal materia. Mas dejemos estas quisquillas,[5] y vamos al meollo. Examinemos el espíritu del Payo interrogante: si es en favor o en contra de los padres graves, o graduados, o empleados en las comunidades religiosas, yo pienso que el Payo preguntón está enconado contra esos padres de jerarquía. ¿Y usted qué piensa? Yo no afirmo un encono personal que mire con odio a dichos padres, sino una aversión a las distinciones de particulares tratamientos que se suelen dar en algunas religiones a los prelados, graduados y sujetos de mérito y carrera, y un aborrecimiento clamoroso al abuso que dichos padres (según dice el Payo) hacen de su graduación, etcétera, en ultraje de los demás sacerdotes de inferior condición regular.[6] Conque es decir que el Payo está de cuerpo derecho, aunque embozadito, contra la distinción y grados de algunos religiosos en sus corporaciones; y está en que los frailes de distinción son déspotas, y viles ultrajadores de los sujetos sus hermanos no distinguidos. ¿Y por qué piensa y declama el Payo contra el orden jerárquico en las corporaciones claustrales? ¡Oh, si no estuviese yo de prisa!, yo le acordaría al Payo y le demostraría que en el Cielo, y en el Infierno hay órdenes, jerarquías y graduaciones, y en la Tierra hay lo mismo en todos los seres, y si hablamos de los entes racionales unidos en familias, en ciudades, en reinos, y aun en sociedades de maldad, hay, y debe haber, unos mayores, otros menores, unos graduados, otros sin distinción: unos mandando, otros obedeciendo; unos con más sueldo o congrua,[7] otros con menos, etcétera, etcétera, pero este régimen universalísimo, y necesarísimo en todo lo criado y admitido, y sancionado por todas las naciones del orbe, y de todas las edades, este régimen, sin el cual todo el universo sería un caos y toda sociedad se hundiría en el abismo de la anarquía, este régimen, ¿por qué lo condena el Payo de despótico en las comunidades religiosas? El estudio, el trabajo, el desvelo y tareas sobre los libros, sobre las cátedras, sobre los púlpitos, y el honor del individuo que aniquila su salud en obsequio de su religión, ¿no merece[n] algún premio, algún descanso, alguna distinción, algún peculiar alivio para su sustento y necesidades? Deberán mirarse con iguales ojos, y ser tratados con iguales socorros, y ser colocados en los primeros asientos de los monasterios una turbamulta (hablo en común) de frailes holgazanes, idiotas o semilárragos que abominan la ciencia de su estado, y sacerdocio, que viven día y noche (en cuanto pueden) en cafés, figones[8] y tertulias, donde se acrimina y aun maldice la santidad del ropón que los viste? Señor Payo, yo no abono aquí abusos que hay en algunas comunidades, como en todas corporaciones de todas clases. Si algunos padres tienen guardadas sus onzas de oro, de ahí no se infiere que están necesitados los frailes no graduados a andar de aquí para acullá en solicitud de limosna para decir o aplicar la misa. Los padres graduados son libres en guardar o mal gastar sus onzas, y los padres rasos son libres en solicitar o no solicitar limosnas[9] pro sacriflicio altaris.[10] Luego, está mal pensada, y digerida, y dirigida al público esa inferencia. Protesto una y mil veces que a ningún religioso quiero zaherir, ni aun tocarle al pelo del sagrado ministerio que le hace respetable, y que sólo enderezo mis palabras al señor Payo. Oiga usted señor mío y calcule usted. A los padres graduados de las religiones suelen asistir sus comunidades, con diez, doce, o veinte pesos[11] mensuales: estos padres suelen ser viejos, débiles, ocupados, o tal vez vergonzosos para andar zanqueando limosnas de misas. Los padres no graves suelen ser mocitos, robustos, ociosos, y tal vez sin sangre en la cara para arrojarse a sacar la congrua del sacrificio, aunque sea del Baratillo,[12] o Plaza de Toros,[13] y así cuentan estos padres con treinta pesos mensuales por lo menos. ¿Quiénes tendrán o deberán tener más onzas guardadas? ¿Quiénes deberán tener algún socorro extraordinario de su comunidad en esto de alimentos? Y así la causal, porque algunos religiosos suelen tener algún dinerillo de reserva, y otros no suelen tener ni la amanezca[14] (hablando en general), es porque unos disipan en... y otros economizan para... Yo conozco religiosos que tienen sus tomines,[15] que han ido economizando, y esto ha sido de sus misas. Payo mío, remito a usted que lea la fabulilla de La hormiga y la cigarra[16] para que no crea usted contra caridad que los padres graves esconden las llaves de la gaveta a presencia de los desvalidos, que usted ve con tanta compasión. Eso otro de que los prelados y gente distinguida en los claustros comen como marqueses, y que los demás se salen del refectorio como entran, es mucho afirmar, y eso gratis.[17] A los padres graves han solido dar, o dan, algún plato más que al común; y en lo demás como a todos. ¿Y eso es trato de marqueses? Lo de ración doble[18] será acaso en alguna comunidad, y esa doble ración será para que coma el criado, porque, ya se ve, podrá ser que a las personas religiosas de distinción les sea preciso un mozo, y a las de no distinción les sea superfluo. Todo oficial de regimiento veterano tiene asistente, y el erario público paga al soldado (raso) el mismo sueldo que al que está en campaña porque sirva al militar graduado. Payo querido: raje usted contra ese orden, jerarquía y asistencia de los jefes militares, y no se meta en las raciones dobles de los padres religiosos beneméritos. El que los frailes se salen del refectorio como entran lo niego redondamente, porque los platos vuelven vacíos al boquete de la cocina, de donde se infiere que o se comen las viandas, o las guardan para después, o las remiten a sus consanguíneos, o pagan con ellas al sirviente. Si la comida está mal sazonada, mi Payito, debía saber aquel dichito antiguo: que en casa de comunidad, el alimento Dios lo da, y el diablo lo guisa.

La pregunta séptima del patán, o Payo, con su respuesta[19] es muy denigrativa, calumniante y maliciosa contra los prelados regulares que han presidido, y presiden, las comunidades de mendicantes, que tienen síndicos, o administradores de sus intereses. Es falso el universal que piensa y comunica al público: que pruebe el Payo su aserto con testimonios y documentos irrefragables, y si no, que se abstenga de sus payadas anti-monarcas, etcétera. El público sabe muy bien que eso de morirse de hambre, y más los frailes, y más los mendicantes, es una quimera, una impostura contra la divina Providencia.

El colocar a favoritos en los puestos de elevación, dignidad, etcétera, es abuso universal de toda sociedad y corporación; pero no por eso hemos de afirmar que todo colocado, graduado o elevado en las comunidades regulares es un inepto e indigno, esto es pensar sin saber pensar; esto es vomitar odio contra todas las elecciones, etcétera, de los claustrales; esto es hablar a tontas y a locas, y no sólo a lo Payo. “ Se postergan a infinitos hombres de bien y de conducta en las religiones, como ha sucedido en ciertos capítulos”.[20] Digo que ese término infinitos, y el término ciertos no los puedo concertar. Y si por término infinitos entiende el Payo aquel número de stultorum que, expresó un sabio había en el mundo, entrando el estado monacal, ese infinito número no es digno de ser atendido, ni por ciertos capítulos, ni aun por fe de erratas.

De dónde y cómo probará el Payo que trabaja más un simple fraile sacerdote mísero (y no muy mísero), que: un fraile estudiante, como Dios manda; que un fraile lector, como es debido; que un fraile predicador, cual le obliga; que un fraile confesor, cual lo exige el ministerio.[21] ¿Cuál es el trabajo apostólico, que tanto nos encarece el Payo, de los padres que andan de iglesia en iglesia, anhelando la misa? Dentro de su convento no es más que ir a coro, una u otra asistencia extraordinaria, y... Santa María todo el mundo. ¡Bellos operarios de la viña del Señor! Excelentes personajes para provinciales, priores, comendadores, guardianes, etcétera. ¡Pobrecitos! Los magnates de las religiones los ultrajan, los descreditan, los abaten, los vilipendian, los tratan como a esclavos, no los condecoran, no les dan alimentos, les dan media tajada, ¿qué más? Los seculares los miran en poco por el mal trato que les dan los déspotas, los graduados, los... de las religiones. Señor Payo, miente usted y dispense mi claridad. Si estos pobrecitos no anduvieran entre seculares de ..., si tomaran una hora diaria del estudio de..., si apreciaran, y no prostituyeran, el estado de..., si no abusaran del ministerio de..., si..., y si..., y si..., los frailes serían estimados, respetados, y cuánto usted quiera, de los seculares. ¡Pobres religiones, y cuánto mal, cuánto descrédito, cuánto vilipendio, cuánto y cuánto les ha sobrevenido, y sobrevendrá, por causa, por motivo, y por... de estos pobrecitos objeto de la compasión del Payo! El Payo sabrá, o deberá saber de toradas, caballadas, yegüadas; pero no de frailadas en buen sentido.

Señor Pensador: yo voy a dar estos mis pensamiento al público en letras de molde, y regalaré a usted cien ejemplares de balde para que gratifique a sus suscriptores sólo con esta condición: que explique usted si debe haber distinción y graduación en toda sociedad y corporación, entrando en esta cuenta las religiones. Satisfaga usted como gustare las preguntas del Payo, pero no me deje usted desairado. Ya vaya de cuajo.[22] Usted manda imprimir sus pensamientos o propios, o comunicados; se vende el impreso, y después que el impresor saca sus justos costos, queda alguna utilidad al que publicó sus pensamientos. Está bien. ¿Y esta utilidad la reparte usted en iguales porciones al muchacho o viejo que vende sus papeles cantándolos?[23] No, ni es debido. Y ¿por qué? Porque usted trabaja en leer, idear y combinar sus pensamientos, y el vendedor no trabaja más de en andar chillando el título del nuevo impreso. ¡Sopla! Pues diga usted esto al Payo para que no quiera que todos los frailes tengan igual derecho a lo que llaman de la comunidad, siendo así que no todos trabajan, piensa, idean, combinan, se desvelan, se enferman, se atarean, se..., y se..., por servir con honor, etcétera, en sus corporaciones.

Me dejo una resma[24] por escribir, contra las ilusiones del Payo. El Payo alega caridad, fraternidad, igualdad,[25] contra todo orden justo, recto y santificado, para que en las religiones monásticas lo de abajo suba a arriba, y lo de arriba caiga al suelo; y lo más salado del Payo es que para ese trastorno piensa que lo apadrine la sabia Constitución.[26] ¡Qué payadas! ¿Qué mano[27] que este Payo es algún religiosito de aquellos que se metieron religiosos contra el divino beneplácito! Pues, amigo mío, con mano, y sin mano, yo soy fraile, y no de graduación, ni de distinción, ni de empleo, ni de onzas, sino de arrobas de miserias, con su corridito de libras de escaseces; y, según parece, sé leer y escribir, y medio pensar, sé decir misa, aunque muy pocas limosnas suelo tener, etcétera, y, con todo y eso, mi religión de predicadores jamás me ha hecho daño. Con un fiat volutas tua de un Pater noster[28] sofoco mis sentimientos, si acaso tengo algunos de mis concolegas: arriba está quien reparte. Y bastó. ¿Qué dice usted, soy imparcial? ¿Pienso precipitadamente como el Payito? ¿Distingo los buenos establecimientos contra los abusos? En las ordenanzas penales de los militares podrá el Payo instruirse de que la insubordinación del inferior al superior merece castigo, y castigo crudo, y cruelísimo. El raso está sujeto al cabo, el cabo al sargento, el sargento al oficial, etcétera, y ¡cuenta con quien se desmanda! Y nuestro patán quiere que en las religiones, porque todos son sacerdotes, como allá todos son soldados, todos sean iguales, y de esta ilusoria igualdad infiere que es despotismo que un religioso de mérito y graduación exija algún respeto y subordinación del fraile raso. Parece que el Payo debe mirar mal que el jefe militar tenga mayor sueldo y distinción, que el que ayer se metió soldado por indigencia, o porque lo alistaron por picardihuelas.[29] Parece que el Payo quisiera ver en sus días andar de iglesia en iglesia, buscando un peso para la misa al ilustrísimo prelado, a las dignidades del Cabildo Eclesiástico,[30] etcétera. Y ¿por qué los señores virreyes tienen miles de sueldo, y el soldado raso un triste prest? Y ¿por qué un arzobispo de México ha de gozar una congrua tan cuantiosa, que no tiene un pobrecito sacerdote, que no es obispo? ¡Ah!, ¡qué payadas! Sepa el Payo que no es contra caridad lo que es conforme al orden recto de la justicia. Sepa el Payo que, si acaso, los que están en grado superior exigen ser honrada [sic] de los subalternos, tal exigencia no puede ser sinónimo del vocablo ultraje, si no es en un diccionario anárquico.

En fin, amigote, si entre los religiosos viere usted o experimentare algunos, que hacen ostenta de su graduación y que tratan con efectivo desprecio a sus hermanos, entienda usted que tal porte es vileza; pero, no obstante, debe besarse la peana por el santo.[31] Y si viere usted a algunos sujetos ineptos o indignos en los puestos de honor, y de prelacías,[32] y a algunos beneméritos y honrados sin ascensos ni prelaturas, eche usted una ojeada por ese gran mundo: mírele usted bien, repáselo y reflexione: compadézcase usted y ríase del universal trastorno, y diga con aquel

 

Marqués mío, no te asombre

ría y llore, cuando veo

tantos hombres sin empleo,

tantos empleos sin hombre.

 

Conque ¿qué cosa hay de nuevo entre regulares, que no haya sobre todo el orbe político? Y así, para otra vez, piense usted bien lo que ha de preguntar, porque esto de dar al público un interrogatorio tan apayado, como verbigracia el de usted, es exponerse el interrogante a que le suelten un BOFETÓN SIN MANO, como a usted le ha acaecido en la presente.

Besa a usted la suya, señor Pensador, y a su Payo diga usted que soy su servidor

 

F[ray] M[ariano] S[oto][33]

 

Agosto 12.

 

 



[1] México: Oficina de don Alejandro Valdés, calle de Santo Domingo [Cf. nota 1 a El Colegial a El Pensador..., en este volumen], [1820], 8 pp.

[2] El Payo Amante de los Religiosos Desvalidos. Así firma el autor de un artículo comunicado titulado Clamores de los religiosos en El Conductor Eléctrico, núm. 16. Cf. Obras IV-Periódicos, p. 367.

[3] El remitido aparece en las páginas 134 y 135 del número 16 de El Conductor Eléctrico. Idem.

[4] cenobitas. Del latín coenobita. Persona que practica la vida monástica. Se entendía por fraile, monje, anacoreta, y sinónimo de ermitaño y religioso.

[5] quisquillas. Reparos o dificultades de poco momento.

[6] En su tercera pregunta el Payo dice: “¿Por qué los graduados de las religiones han de ultrajar a un súbdito como si fuera un esclavo? ¿Pues no son también sacerdotes? ¡Ah, amigo mío, de aquí depende que lo mismo hagan muchos seculares!” Cf. Obras IV-Periódicos, p. 367.

[7] congrua. Cuota que se considera estrictamente necesaria para sustento de los eclesiásticos. “Porción congrua”. Aquella parte que se da al eclesiástico que tiene cura de almas y no percibe los diezmos por estar unidos a una comunidad o dignidad por estar secularizados.

[8] figones. Casa donde se guisan y venden cosas ordinarias de comer. Guillermo Prieto menciona en Memorias de mis tiempos: “las cabezas [platillos] en los figones y pulquerías de Nana Rosa rumbo a la Viga”.

[9] El Conductor Eléctrico, núm. 16, sobre onzas y limosnas. El remitido asienta en su cuarta pregunta lo siguiente: “¿Qué causa hay para que dichos graduados [de las religiones] y prelados tengan las onzas de oro guardadas y los subalternos anden mendigando la misa de a cuatro reales de iglesia en iglesia?” Y en su séptima pregunta dice: “¿Por qué en algunas religiones mendicantes ya no hay quienes quieran ser síndicos de ellas? Creo que porque muchos prelados malversan las limosnas en sí mismos, y los súbditos se mueren de hambre; usted me dirá su padecer.” Cf. Obras IV-Periódicos, p. 367.

[10] Pro sacrificio altaris. Para el sacrificio de la misa.

[11] peso. Cf. nota 13 a Todos pensamos..., en este volumen.

[12] Baratillo. Mercado destinado a la compra-venta de prendas usadas. Estuvo en la Plaza de Armas. El virrey Revillagigedo mandó construir tiendas de madera en la que fue Cámara de Diputados.

[13] Plaza de toros. Se hicieron corridas de toros de forma más o menos frecuente en la Plaza Mayor, donde se realizó la primera corrida el 21 de agosto de 1529, para conmemorar el octavo aniversario de la caída de Tenochtitlán. De 1554 a 1810 se jugaron toros en la Plaza del Volador, en el lugar que hoy ocupa el Palacio de Justicia. En el siglo XVIII hubo plazas en Guardiola, en el lugar del Quemadero de la Inquisición (frente a la actual calle de Dr. Mora), en San Lucas, en San Pablo, en Tarasquillo (Plaza Santos Degollado). En 1778 se edificó la Plaza de San Pablo, que fue demolida en 1860. En 1815 se inauguró la Plaza del Paseo Nuevo, que derribaron en 1873.

[14] No tener ni la amanezca. Usado por los pobres con referencia a los primeros gastos del día, y suelen decir: con esto tengo para la amanezca. Santamaría, Dic. mej.

[15] tomín. 1 tomín pesaba 596 miligramos de plata. Moneda equivalente a 30 centavos de peseta.

[16] La hormiga y la cigarra. Fray Mariano Soto la inserta al final de su folleto: “Cantando la cigarra/ pasó el verano entero/ sin hacer provisiones/ allá para el invierno./ Los fríos la obligaron/ a guardar el silencio,/ y a acogerse al abrigo/ de su estrecho aposento./ Vióse desproveída/ del preciso sustento/ sin mosca, sin gusano,/ sin trigo, sin centeno,/ habitaba la hormiga/ allí, tabique en medio,/ y con mil expresiones/ de atención y respeto/ la dijo: doña hormiga,/ pues que vuestros graneros/ sobran las provisiones/ para vuestro alimento,/ prestad alguna cosa/ con que viva este invierno/ esta triste cigarra,/ que alegre en otro tiempo,/ nunca conoció el daño,/ nunca supo temerlo./ No dudéis en prestarme,/ que fielmente prometo/ pagaros con ganancias/ por el nombre que tengo./ La codiciosa hormiga/ respondió con denudo,/ ocultando a la espalda/ las llaves del granero:/ ¡yo prestar lo que gano/ con un trabajo inmenso!/ Dime, pues, holgazana,/ ¿qué has hecho en el buen tiempo?/ Yo, dijo la cigarra,/ a todo pasajero/ cantaba alegremente/ sin cesar un momento./ ¡Hola!, ¿con qué cantabas/ cuando yo andaba al remo?/ pues ahora que yo como,/ baila, pese a tu cuerpo.” Cf. Fábulas completas de Samaniego e Iriarte..., pp. 5-7.

[17] En el remitido mencionado, inserto en El Conductor Eléctrico, núm. 16, se lee lo siguiente: “Pregunto, ¿pues a qué van a los refectorios? ¡Ah! Creo que salen como entran, porque los prelados sólo quieren comer y regalarse como unos marqueses.” Cf. Obras IV-Periódicos, p. 367.

[18] doble ración. Fernández de Lizardi escribió en El Conductor Eléctrico, núm. 16: “Novena pregunta. ¿Qué motivo hay para que se les dé [a los favoritos de los graduados] ración duplicada a unos y a otros, ni media tajada, trabajando más que ellos?”. Cf. Obras IV-Periódicos, p. 367.

[19] Cf. nota 9 de este folleto.

[20] Se trata de la octava pregunta del Payo: “¿Por qué se colocarán en los puestos más ilustres a muchos favoritos de los graduados, no siendo idóneos, abandonando y postergando a infinitos hombres de bien y de conducta que hay en las religiones, como ha sucedido en ciertos capítulos?” Cf. Obras IV-Periódicos, p. 367.

[21] Cf. nota 18 de este folleto.

[22] vaya de cuajo. Vaya desde el principio. Además de referirse a la sustancia estomacal “de los animales que aún no pacen”, cuajo significa “raíz ò cimiento de alguna cosa”, como en la frase “arrancar de cuajo, que es lo mismo que arrancar una cosa con toda su raíz ò fundamento”. Dic. autoridades.

[23] Sobre el voceo de publicaciones, Fernández de Lizardi dice: “Mil papeluchos salen cada día,/ maldito lo que dicen y a fe mía,/ los pregonan a gritos,/ y algunos los celebran por bonitos.” Tercer diálogo crítico. El crítico y el poeta. Aunque apareció sin pie de imprenta, corresponde a 1811. En el ejemplar obtenido no tenemos los datos de imprenta, 8 pp. Reproducido por Paul Radin en Some newly discovered, pp. 34-39. Cf. Obras X-Folletos, p. 18. Sobre esta vieja costumbre, el 9 de marzo de 1821 apareció, por bando, la prohibición de Juan Ruiz de Apodaca de vender papeles impresos en las calles: “Por cuanto conviene que los papeles que se impriman de cualquier clase, se vendan en las oficinas de los impresores, ó en el puesto que elija el autor, pero que de ninguna manera se den á nadie para que los expenda por las calles, pues con los gritos y molestas importunaciones incomodan a este fiel y respetable vecindario: por tanto mando que así se ejecute, bajo multa de veinte y cinco á los contraventores, y las demás de la ley que los jueces á quienes corresponde juzguen de justicia; y a fin de que tenga exacto cumplimiento desde luego el presente decreto, se notificará por el Escribano de diligencias á todos los dueños, ó administradores de imprenta, y recogiendo las constancias respectivas á continuación lo devolverá á mi Secretario de Cámara. Del Venadito (rúbrica)” Cf.  La Constitución de 1812..., t. I, pp. 122-123. En el decreto de 31 de mayo de 1823, Molinos del Campo prohibió los impresos con títulos “alarmantes”, “injuriosos” y “subversivos”, y declara que el impreso que sea contrario a lo que anuncie, sea considerado fraudulento. Además prohibió el voceo. Fernández de Lizardi protestó repetidamente al respecto, y se quejó ante el Congreso el 14 de noviembre de 1823, sin que se tomaran en cuenta sus palabras. Véanse sobre este tema: Ataque al Castillo de Veracruz y prevenciones políticas contra las Santas Ligas; Advertencias a las calaveras de los señores diputados para el futuro Congreso; La victoria del perico; Representación de El Pensador al Soberano Congreso y defensa de Urbina por El Pensador Mexicano, este último folleto de 1824, publicados en Obras XIII-Folletos, pp. 435-446; 517-525; 509-511; 535-543 y 641-650 respectivamente. De este hecho también da cuenta El Sol, segunda época, año I, t. I, núm. 154 del sábado 15 nov. 1823, p. 613. Por su lado, Pablo de Villavicencio escribió en 1823: Tres palabritas al señor jefe político y otras tantas al señor Marín, a favor de la libertad de imprenta y de los vendedores de papeles; o gritan los papeleros o grita el señor Molinos, o grita El Payo del Rosario. Segunda parte de las tres palabritas al señor jefe político y otras nuevas  a su barbero el del Tejocote (El Payo del Tejocote escribió El Payo del Tejocote contra El Payo del Rosario, donde defendió la medida del jefe político Molinos). Asimismo El Amigo de la Ley escribió Ni la Inquisición prohibió el grito de los muchachos (1824).

[24] resma. Conjunto de veinte manos (cinco cuadernillos) de papel.

[25] El remitido del Payo en la décima pregunta dice: “Por último, dígame usted amigo mío: ¿será esto hermandad? ¿Se podrá llamar caridad? ¿Diremos que premian los méritos? ¿Con estas injusticias querrán trabajar los religiosos de honor? Y, en conclusión, amigo, sin comer ¿podrán estos buenos operarios del Señor dar cumplimiento a sus obligaciones? No, porque donde no hay refectorio no hay obediencia: y creo, en fin, que para estos pobrecitos religiosos la chanfaina ni sequita ni aguadita.” Cf. Obras IV-Periódicos, p. 367.

[26] Constitución. Cf. nota 4 a El Irónico Hablador..., en este volumen. La primera pregunta del Payo es la siguiente: “Por ventura ¿qué a los religiosos que han jurado nuestro sabio Código no les comprende?”. Idem.

[27] Qué mano. Mano. Aventura, percance, lance desfavorable, caso inadvertido o cosa por el estilo. Santamaría, Dic. mej. Fernández de Lizardi usa también de esta expresión en ¿Qué va que nos lleva el diablo con los nuevos diputados?: “¿Qué mano que esta venerable anciana sea una de las señoras ilustradas que tenemos en nuestro país, digna por serlo de ocupar un taburete en el Salón de Cortes?” Cf. Obras XI-Folletos, p. 431-432; así como en Lo que escribe El Pensador todo es del Goatemalteco: “¡Qué mano que la alma del Goatemalteco se me ha metido en el cuerpo sin sentirlo!”. Cf. Obras XII-Folletos, p. 104.

[28] Fiat voluntas tua de un Pater noster. Hágase tu voluntad. Palabras del Padre Nuestro que se emplean como fórmula de consentimiento resignado.

[29] picardihuela. Femenino diminutivo de picardía.

[30] cabildo eclesiástico. La Catedral de México fue erigida por fray Juan de Zumárraga en 9 de septiembre de 1534, por bula de Clemente VII, bajo el título de la Asunción de Nuestra Señora. El cabildo eclesiástico “se compone de cinco dignidades, que son deán, arcediano, chantre, maestrescuelas y tesorero, de diez canonjías, de las cuales la penitenciario, lectoral y magistral se proveen en virtud de públicas pruebas y ejercicios literarios, cinco de merced o gracia, y la venta de la otra está aplicada al tribunal de la Inquisición: seis prebendas de ración entera, seis de media ración, tres curas párrocos, treinta capellanes, seis acólitos, y diez y seis infantes de coro; veinte músicos, un sacristán mayor y dos menores, con varios mozos de la sacristía, dos celadores, dos apuntadores del coro, periquero, caniculario, y otros ministros y dependientes. Es metropolitana de la Nueva España y tiene por sufragáneas las iglesias de Tlaxcala, Puebla de los Ángeles, Valladolid de Michoacán, Antequera de Oaxaca, Guadalajara de la Nueva Galicia, Yucatán, Durango de la Nueva Vizcaya, Sonora y Monterrey del Nuevo Reino de León: y hasta el año de 1743, lo fueron también Guatemala, Chiapas, Nicaragua y Comayagua [...] Ha tenido hasta este año de 1811, veinte y nueve arzobispos, venerables todos por su virtud y doctrina, de los cuales nueve han sido virreyes de la Nueva España, tres prelados grandes cruces de la Orden de Carlos III, y un arzobispo de Toledo y cardenal de la Santa Iglesia Romana. Sus capitulares en la mayor parte doctores teólogos o canonistas, han resplandecido siempre por su nobleza, gravedad de costumbres, letras, virtudes eclesiásticas, y de ellos ha habido tres arzobispos de la metropolitana, y más de cincuenta obispos y arzobispos de otras iglesias de las Américas, de Asia y de Europa”. Cf. Mariano Beristáin de Souza, Biblioteca Hispanoamericana..., t. III, p. 217.

[31] besar la peana por el santo. Peana: tarima que hay delante del altar, arrimada a él. Equivale a por la peana se adora, o se besa, al santo. Expresión con que se denota que uno hace la corte u obsequio a una persona por ganarse la voluntad de otra que tiene con ella ínfima relación o dependencia.

[32] prelacías. Cf. nota 30 de este folleto.

[33] Fray Mariano Soto. Cf. nota 13 a Verdadera prisión y trabajos del padre Lequerica, en este volumen.