TODOS PENSAMOS CARTA DE UN PENSADOR TAPATÍO

A EL PENSADOR MEXICANO[1]

 

Muy señor mío: aunque es cierto que todos pensamos y, por consiguiente, que todos somos pensadores; pero usted justamente es El Pensador por antonomasia, y como a tal le dirijo ésta, suplicándole me diga qué juzga de mis malos pensamientos, entendido de que si usted es del mismo modo de pensar en alguna parte, tendré la satisfacción de que muchas gentes de bien, que tienen de usted la misma opinión ventajosa que yo, darán buena acogida a mis pensamientos por ser de su aprobación, y en lo que no vayamos de acuerdo, tendré el gusto de ver impugnado mi papel con razones claras e inteligibles que me desengañen y convenzan como usted usa y no con desvergüenzas como usan otros.

Es ya punto de moda hablar contra los poderosos, clérigos, frailes, canónigos y aun contra el mismo rey, tratándolo con un modo tan grosero como ciertamente no se trata a un pillo de cocina,[2] y esto todo a título de patriotismo y de amor al sistema constitucional,[3] y uno de los pensamientos más porfiados que tengo es que esto más bien es egoísmo, por las razones que voy a apuntar.

Pero ante todas cosas sepa usted, señor Pensador, que yo no soy clérigo, ni fraile, ni pudiente, sino un Quidam[4] ciudadano, casado, arrancado[5] y con familia, y, por consiguiente, que poco hay aquí de pasión. Sepa usted más, que soy[6] un hombre sin estudios ni cultura, porque aunque estuve cuatro años en un colegio, como no fue en tiempo de la Constitución,[7] me tocaron unos maestros azotadores que me hicieron aborrecer para siempre los colegios y los libros; y así lleve usted por delante que este papel ha de abundar de disparates. Pero también sepa usted que soy de veras católico, apostólico, romano, que soy fiel súbdito del señor DON FERNANDO VII, a quien he de guardar siempre todo el amor y respeto que todo hombre debe guardarle como a rey y rey co[n]stitucional, y en cuanto[8] a amor a la patria[9] y a la Constitución ni el mismo Pensador Mexicano me lleva ventaja. Mis pensamientos, pues, son los siguientes:

 

 

PODEROSOS

 

Por este nombre entiendo a los que tienen mucho dinero. No sé por qué sin más motivo se les ha de llamar pérfidos, perversos, enemigos del trono y de la religión, como les llama cierto autor. Es verdad que un hombre con mucho dinero, si es malo, puede hacer mucho daño; pero también puede hacer mucho bien, si es bueno, y no puedo averiguar contra qué ley divina o humana sea el tener dinero. Castíguese en buena hora al que fuere malo, sea pobre o rico; pero no se tenga por un delito lo que más bien es una prueba de ser el hombre honrado. El autor que he dicho quisiera que a todos los poderosos se despojara de cuanto tienen y que entrara en la nación. Cosa que jamás querrá ni debe querer la nación[10] porque es contra justicia, cuyo oficio es dar a cada uno lo que es suyo, y contra la Constitución, cuyo empeño es que se defiendan y respeten las propiedades de los ciudadanos,[11] aunque cada uno contribuya proporcionalmente para los gastos del Estado. De lo contrario, ¿quién había de trabajar y sudar para llegar a tener un capital que le proporcionara una vejez descansada, sabiendo que en una nación, que se precia de liberal y justa, se admitía la ley dela cordón? Abusan algunos poderosos del dinero y oprimen al infeliz, es verdad, y yo soy uno de esos oprimidos; pero pídase el castigo de esos abusos, y déjeseles su plata. Ya se quitaron los privilegios, ya no hay exenciones,[12] y es muy de esperar se remedie pronto elb despotismo de muchos hacendados que enriquecen sacrificando a los pobres con tratos usurarios, cosa en que hacen muy mal y que se les debe corregir; pero sin confiscarles sus bienes. También me ocurre que este término poderosos es relativo, de modo que en un rancho es poderoso el que tiene cien pesos;[13] en un pueblo el que tiene mil y en una ciudad el que tiene cien mil. De que resulta que si se diera gusto al señor A. R.,[14] empobreciendo a los más ricos, de aquí a un mes se seguirían los que ahora son medianos, y sucesivamente se irían siguiendo todos hasta llegar al mismo Amante de la Constitución que, según mis conjeturas, no ha de estar muy sobrado. Yo soy un pobrete, como llevo dicho, pero tengo siquiera capote,[15] y hasta aquí he sido o me han llamado don Benito, y pienso que si se despojara a todos de lo que tienen para repartirlo después por iguales partes, me había de tocar menos de lo que ahora tengo: tal es la multitud de arrancados en cuya comparación soy poderoso.[16]

Con que dejemos que los señores ricos disfruten de los pesos que buscaron y hallaron ellos o sus mayores, y aunque no hagan en un año entero un par de zapatos, ni una tarea de adobes, ni caven la tierra y por lo mismo sean (según el modo de hablar del día) unos ociosos, como no quebranten ley alguna, vivan enhorabuena y progresen que, por mi voto, harto ayuda quien no estorba. ¡Ojalá usted y yo, señor Pensador, tuviéramos un capital que alcanzara para contribuir mucho a la patria y nos sobrara para vivir con descanso, esto es, sin precisión de trabajar en nada! A esto aspira todo hombre, para esto se afana y no me persuadirán otra cosa frailes[17] descalzos.[18]

 

 

CANÓNIGOS Y CLÉRIGOS QUE NO SON CANÓNIGOS

 

¡Válgame Dios, señor Pensador, y qué enojados están contra estos hombres los señores de la Confederación Patriótica de Málaga,[19] el Amante de la Constitución y otros señores de España! Tanto dicen y tanto he leído, y soy poco aficionado a leer, que he venido a formar juicio de que el clero de España es muy diferente del de América. Porque ¿cómo habían de mentir tantos, con tanta publicidad y sin que nadie lesc contradiga? Cuentan muchos casos particulares de acciones malas que hizo el obispo H[20] y el cabildo R, y supongo que estos casos van por modo de, verbigracia, porque si no, no sería buena la consecuencia contra todo el clero de España. Por lo menos en mi tiempo, en que se estudiaban las súmulas de Babénstuber y Arriaga,[21] de un particular no se valía sacar consecuencia universal, pena de quince azotes. Pero siendo así que todos o la mayor parte de clérigos de España sean malos, ¡pobres españoles[22] y pobre España!, porque según predicaba un padre, que no es de esos engañadores y perversos, sicut populus, sic sacerdos.[23]

Gracias a Dios que en nuestra América no es así. Lejos de ser malos, seductores, enemigos de la religión[24] y del trono,[25] como dicen que son los de allá, aquí, aunque no falte uno u otro Judas en el apostolado,[26] son todo lo contrario y, por lo mismo, al tiempo que en la Península las 2/3 de españoles aborrecen a los clérigos; aquí, las 99/100 los aman, respetan y ponen en ellos toda su confianza. Usted y yo sabemos que esto es de público y notorio; pero era bueno que así también lo supieran en Madrid, porque será dolor que nuestros diputados, confundidos o equivocados con los clérigos de allá, sean recibidos con puñaladas. Asegúrole a usted, señor Pensador, que si yo fuera clérigo y me hicieran diputado, ni por una de las nueve cosas me determinaría a ir, y pienso que las Cortes darían por justa mi excusa, porque ya yo he oído decir no sé qué del varón constante, del miedo grande y muchas cosas que usted sabrá mejor, y cate usted que con esto todos quedábamos contentos: yo, porque no salía de mi tierra, dejando mi mujer y familia, y los señores Patriotas de Málaga porque no veían en el congreso este Catilina. De este modo piensan muchos clérigos y se alegrarían mucho si las Cortes pudieran eximirlos de tal cargo.

Pero ya que hablamos de esto, dígame usted, señor Pensador, ¿el excluir a los clérigos de ser diputados no es ir contra la Constitución y contra la soberanía del pueblo?... El pueblo tiene derecho para elegir a quien quiera del estado seglar o del eclesiástico secular (artículo 91 de la Constitución),[27] conque intentar que el pueblo no sea libre para elegir clérigos es lo mismo que querer despojar al soberano de uno de sus derechos. ¿Los señores de la Confederación de Málaga reflexionarían en esto? Jamás consentiremos, dicen, en ser representados por nuestros enemigos en el Congreso Nacional. Pregunto ¿quiénes hablan en esta palabra consentiremos? Si son solos los que firman, no me parece puesto en el orden que tres hombres amenacen con muertes al soberano, si no determina lo que ellos quieren; y se podría decir de ellos lo que en defensa de la Constitución decía un sabio prelado de este reino,[28] que este modo de explicarse “es un efecto propio de aquella orgullosa desmedida libertad de todo díscolo libertino que quiere hacer superior su juicio al de los otros y que prevalezcan sus dictámenes particulares, dictados siempre por el capricho y preocupación, contra los del gobierno que deben suponerse efectos de una madura premeditación.” Si en esta palabra consentiremos hablan todos, o la mayor parte de los ciudadanos, los patriotas malagueños no tienen por qué acongojarse ni amenazar, porque en caso [de] que todos los ciudadanos o la mayor parte estén contra los clérigos, seguro está que [no] salgan clérigos diputados. Yo no entiendo cómo es el que el clero tiene fascinado al pueblo a su favor y, al mismo tiempo, se dice que las dos tercias partes de la nación tienen al clero por enemigo suyo. Dígame usted, señor Pensador, ¿si me equivoco o ésta es una contradicción de los señores confederados? Si en Málaga salen diputados clérigos es señal que el pueblo los quiso, y que prevaleció la opinión general a la particular de los señores patriotas: el que ha jurado la Constitución ha jurado estar y pasar por lo que vote la pluralidad; luego, los señores confederados, en ese caso, están obligados, aunque les pese, a ser representados por clérigos, y no les es lícito matar a nadie porque no se hizo lo que ellos querían.

Me ocurre otra cosa en favor de los clérigos. La Constitución seguramente es un libro de oro, sapientísimo, cuya puntual observancia es capaz de hacer feliz a la nación. En esto convenimos todos. Pues, señores confederados, la Constitución fue formada por las Cortes Extraordinarias,[29] en que ciertamente hubo muchos clérigos; luego, los clérigos son capaces de hacer alguna cosa muy buena.

A esto dirán que ya en las notas de su exposición confiesan que hay algunos sacerdotes ex[c]elentes, y que de éstos fueron los diputados de las Cortes Constituyentes. Tantos de esos ex[c]elentes habrá que, si los fuéramos contando, pudiera ser mayor su número que el de los malos; pero ya se conoce que en este punto sucede lo que con los malos médicos, que llevan lista exacta de los enfermos a quienes sanan y dejan en el tintero el gran número de los que matan.

Muchos de los jesuitas, dice una nota de los malagueños, ni aun conocían el proyecto de aspirar a la tiranía y todos fueron extrañados.[30] Debió añadirse, para que valiera el argumento, y esto se hizo en tiempo de reyes constitucionales,d [31] que es decir, por unos jesuitas malos se hizo bien en extrañarlos a todos. Luego, será bien acabar con cualquiera[32] clase del estado, si en ella hay alguna porción de hombres malos. Prescindiendo del asunto de jesuitas, que debe ser punto aparte ¿a dónde iríamos a parar con ese argumento?, ¿cuál[33] de las clases permanecería en el Estado? No quedarían sastres, porque entre ellos hay muchos borrachos; no comerciantes, porque hay muchos usureros; no labradores, porque hay muchos amancebados; no alcabaleros, porque algunos son ladrones, y por este estilo ni frailes, ni obispos, ni soldados, ni vir[r]eyes,[34] ni subdelegados; y lo único que podía quedar serían los comandantes de los pueblos, que son, por lo común, los más justificados como usted y todo el mundo sabe.

En cuanto a la opulencia del clero, sus ex[c]esivas rentas, y que se ha absorbido las del Estado, que son otras cosas de que están llenos los impresos de España, supongo que también se habla del clero de la Península, porque en el reino[35] no hay tales carneros. En América se pagan los canónigos de los diezmos, y son en número tan corto que por cada canónigo de América habrá cincuenta en España, con la añadidura de que si en España bastan mil pesos para pasarlo con decencia, en el reino no bastan tres mil. En el cabildo de esta iglesia,[36] que es de los más ricos, los seis más antiguos y que ocupan los primeros puestos son los únicos a quienes les sobra algo; los doce que siguen apenas tienen qué comer y todos los restantes necesitan endrogarse para subsistir. Pero dicen que los canónigos son unos ociosos. Cogiera yo a los señores que dicen esto para que por dos meses siguieran la distribución de los coros de América, y supieran por experiencia[37] si esto es estar ociosos. Mas aun cuando fuera así, y no tuvieran más oficio que levantarse y volverse a acostar, digo que estarían muy bien dadas las rentas, como que no se les dan por lo que ahora trabajan, sino por lo que se supone que han trabajado, y si hay algunos que se hayan colocado sin mérito, esto no es culpa del establecimiento, si no de los que proveen los empleos. Estos doce o veinte que llaman ociosos, aunque lo sean, hacen trabajar a los demás clérigos que se empeñan en su ministerio, cátedras, curatos y demás, con la esperanza de llegar a tener por premio de sus tareas un lugar entre estos ociosos. Así como sucede en todas las clases del Estado que siempre tienen más sueldo los que trabajan menos, sirviendo esto de aliciente para los que están abajo y trabajan más. Trabaja más el soldado que el capitán general; más el cajero,[38] que el amo; más el gañán que el hacendado;[39] más un escribiente, que el jefe[40] de la oficina, etcétera, etcétera, y siempre tienen menos renta los primeros que los segundos. Pero nadie hace caso de esto, porque no se tiene tema sino contra los eclesiásticos.

Tan lejos estoy de pensar que el clero se ha absorbido las rentas del Estado, que antes pienso que el Estado se ha absorbido las rentas eclesiásticas. Los diezmos que seguramente son rentas de la Iglesia, y no de la nación,[41] por derecho divino según he oído decir, en América se reparten entre los obispos, canónigos, catedrales, colegios y hospitales; pero en términos que al rey[42] se aplican ante toda división un noveno íntegro de la gruesa,[43] y luego otro noveno del resto, de modo que en el clero verdaderamente no se queda ni una cuarta parte de los diezmos. Con que la nación se lleva más de la mitad.

De todas clases del Estado, no hay otra más mal pagada ni más pensionada que el clero, y sólo puede competirle la militar. Éstas son las dos que gozan fuero[44] y ya quisieran, por lo menos los eclesiásticos, no gozarlo. Después de pagar sus alcabalas, comidas de presos, tanto por ciento de casas y toda otra gabela, sin excepción alguna, pagan, como no pagan los seculares, subsidios, medias anatas, mesada eclesiástica, pensión conciliar[45] y otra multitud de cosas, que con diversas voces significan lo mismo. Si hacemos una comparación menuda de eclesiásticos con seculares, lejos de tenerle envidia[46] por sus rentas y vida regalona, les tendremos compasión. Ya dije que en mi concepto una de las clases más mal pagadas es la militar, comparemos no obstante los clérigos con los militares. En América un clérigo o vive de particular con sus capellanías y patrimonio heredado, o es vicario, cura, canónigo u obispo. No hay que hablar de los primeros, que aunque tengan millones, no los tienen de la Iglesia, así como puede haber un cadete más rico que un coronel. Hablando de las demás supongo que un clérigo, vicario o ministro, haga el papel de un capitán: un cura equivaldría a un coronel; un canónigo a un brigadier y un obispo a un general. Y ¿será necesario, señor Pensador, perder el tiempo en hacer ver la diferencia de sueldos, descanso y representación? Tengo muchos conocidos clérigos y sé lo que pasa. Un clérigo para llegar a serlo ha gastado ocho o diez años en los colegios y ha invertido, por lo mismo, cuatro[47] o cinco mil pesos de su patrimonio, cosa que, a excepción de los abogados y médicos, no sucede en otra carrera del estado secular. Se ordena y va al ministerio donde por un ímprobo trabajo tiene menos renta que un escribiente de oficina, menos que un teniente de capitán, menos que un dependiente de comercio. Si lo que gastó en habilitarse para ser clérigo lo hubiera puesto en la negociación más ruin, ésta le hubiera proporcionado más renta con menos trabajo. Al cabo de diez o doce años de ministerio lo hacen cura ¡gran cosa!:e destierro, vivir sin sociedad, trabajos, responsabilidad, y ¿qué hay de pesos? Ciento veinte y cinco curas hay en esta mitra; ya de ellos los ciento quince quisieran la renta de un coronel, y la mitad se conformaran aun con la de un capitán. ¡Y después de todo esto ser tratados como los enemigos de la religión[48] y como la polilla del Estado!...No de balde[49] ya no hay quien se quiera meter de eclesiástico.

Señor Pensador, no nos cansemos: o se borra el artículo 12 de la Constitución,[50] o se varía de modo de pensar. Mientras haya religión, ha de haber ministros; mientras haya ministros, han de comer y han de ser hombres como todos, con faltas y defectos. Si matamos a todos los actuales, no han de ser más buenos los sucesores[51] siempre que sean de la misma masa y estén vestidos de la misma frágil humana carne.

 

 

FRAILES

 

Confieso ingenuamente que juntos todos los frailes no tienen tanto amor a las órdenes religiosas como yo solo, aunque ni soy fraile, ni tengo parientes frailes, ni trato con frailes. Estoy muy persuadido de que en América son utilísimos y casi necesarios, sea lo que fuere en España, donde puede ser inútil y aun perjudicial la misma cosa que aquí es de necesidad.

Mucho se ha escrito contra los pobres frailes, y si todos lo hicieran como el Observador de Madrid (números 2 y 13) sería una cosa excelente. Yo no en todo convengo con el señor Observador; pero me encanta su moderación y modo [de] decir. Él habla siempre con todo el respeto debido a las venerables órdenes religiosas, y tan lejos está de los dicterios que ni aun usa la palabra frailes que, aunque no es injuriosa, no es la más comedida. Y ¿qué ha perdido con esto? Antes bien, los mismos defensores de los frailes le están agradecidos, porque todos deseamos que con ellos se haga lo que sea justo y dicte la razón, y no lo que sugiera el capricho; ni los mismos frailes les desearan otra cosa.

Cuando no hubiera otro motivo para apreciar a los frailes en general, bastaría saber el odio que les han tenido los herejes y libertinos. En el año de trece se predicó en la Capilla Real de México[52] un sermón de que conservo un párrafo en la memoria, y es el siguiente... “La impiedad, ese monstruo infernal que, pasando los Pirineos, ha atravesado los mares para infestar con su mortífero veneno este hermoso reino... ha conseguido en parte sus detestables designios.” Vuestra alteza habrá leído ya un cuaderno impreso últimamente en Cádiz... cuyo título es Proyecto de los impíos descubiertos en las obras de Federico,[53] y en él habrá visto, como yo, con dolor que Voltaire, Rousseau, D’Alembert y otros corifeos de la irreligión han conseguido en mucha parte sus deseos de que los reyes y magistrados llegaran a discurrir y obrar como incrédulos, persuadidos de que sólo se manejaban como políticos.

En efecto, cualquiera que haya visto el cuaderno citado en el párrafo anterior, estará satisfecho de que el gran proyecto de estos filósofos para atacar a la religión[54] era empobrecer primero a los reyes, y persuadir después la riqueza, inutilidad y relajación de los frailes para que, comenzando con título de reformarlos, se llegara a destruirlos, dando principio por los guardias de corps del pontificado,[55] nombre que daban a los jesuitas.

Cuando éstos se expatriaron,[56] Federico y sus amigos escribieron sendos parabienes, burlándose de los reyes a quienes habían engañado, haciéndoles creer que con sólo las riquezas jesuíticas iban a socorrer todas las necesidades del Estado, y a hacer felices a sus vasallos. Si tenían razón o no para esta burla, díganlo los que saben cuánto adelantó el erario español con el aumento de los inmensos caudales que fueron de los jesuitas, y por este antecedente se sacará lo que debe adelantar la nación, si ahora entra en posesión de los haberes de los frailes que, según la opinión, no tienen tanto entre todos como tenían los jesuitas.

Y ¿habrá razón, será justo que la nación se apodere de las posesiones de los frailes? He aquí una de las cosas en que no convengo con el señor Observador.[57] Todo lo que tienen los frailes es tan suyo como es mío lo que me dejó en herencia mi abuelo, o mi tío, y tienen en ello tanto y tan perfecto dominio, como cualquiera otro en lo suyo. Luego, si a ningún ciudadano se le han de confiscar sus bienes, sí se han de proteger y respetar las propiedades de todos. La nación está obligada no sólo a no cogerse nada de los frailes, sino a cuidar de que nadie les perturbe en su posesión, supuesto que son ciudadanos como todos y pagan sus pechos[58] algo más que todos.

Mientras los frailes existen, está bien, dirá el Observador, pero no cuando se quiten. “Los bienes --dice-- que poseen los regulares, han sido desmembrados de la masa general del Estado, y si se disolviesen éstos en todo o en parte por extinción de la orden o por una reforma parcial, los bienes deben volver a la masa común de donde salieron.” En América ni para la fundación, ni para la manutención de ningún convento, se ha sacado jamás un peso de las cajas reales,[59] y lo que tienen es lo que les han donado Pedro, Juan o Diego. Luego, si Pedro, Juan y Diego no son el Estado, los bienes de los regulares no se han desmembrado de la masa general del estado, si no de la particular de Pedro, Juan o Diego. Luego, si se disuelven las órdenes regulares, en todo o en parte sus bienes, deberán volver a los descendientes de Pedro, Juan o Diego.

Sería injuriar gravemente a la nación si se le atribuyera la bajeza de querer extinguir a los frailes, sólo por entrar en posesión de sus intereses que, aunque valgan algunos millones, es cantidad infinitésima respecto de las urgencias del Estado. Conque, para expatriación debe haber otras causas gravísimas y, por supuesto, aun para reforma, consentimiento del Papa que es cabeza de todos los frailes. Aquí entra el decir algo de la utilidad y aun necesidad de ellos en América; dos cosas que podrían llenar cómodamente dos libros, y que no caben en una carta. Vaya[n] algunos apuntes.

Deben quitarse los frailes, dicen, por ociosos. Si a todos los ociosos se han de quitar del Estado, ¡pobre de mí y de otros mís que hacemos menos que los frailes! Pero los frailes además se están comiendo las rentas del Estado. Y dale con las rentas del Estado. Ya hemos quedado en que no se comen, si no lo que les han dado Pedro, Juan o Diego. Este Pedro, que dejó una hacienda verbigracia para los agustinos,[60] ¿no pudo haberla dejado para Mevio, su pariente secular? Sin duda. Y este pariente secular ¿no tenía un derecho inconcuso para estarse comiendo los productos de la hacienda, sin hacer nada?... Algunas docenas de estos Mevios conozco que ciertamente son más ociosos que los frailes, con la diferencia que la hacienda dejada a un secular, por lo común, a los veinte años ya está consumida en convites, bailes[61] y juegos, y la hacienda dejada a los frailes puede buscarse a los cien años con el seguro de que, después de haber mantenido una comunidad, está en el mismo o en mejor estado. En México hay muchos sujetos cuyo gasto anual pasa de veinte mil pesos, cantidad que no gasta un convento entero de frailes, y, sin embargo, esos señores ¿en qué emplean todo su tiempo?, ¿qué ocupación es la suya para que no merezcan, como el fraile más potrón,[62] el nombre de ociosos? Usted señor Pensador y yo[63] conocemos algún señorón de éstos, cuyas haciendas le produjeron[64] en veinte años más de diez millones de pesos, que los disipó todos y algo más en el mismo tiempo. Y con la mitad de este dinero, con la tercia parte, ¿no hubieran subsistido todos los frailes del reino?[65] Es evidente. Pero nadie habla ni se mete con aquellas sumas, y a todos les duele el miserable chinto[66] de los pobres frailes. Y de paso acuérdese usted cuantos ocurren a las porterías de los conventos a partir con ellos los mendrugos, cuando las sobras de los señores se destinan, por lo regular, de otro modo.

En todas las ciencias y de todas artes he oído decir que hay tanto escrito por los frailes que igualara el número de libros a los que han escrito los seculares, y entonces esto no es estar muy ociosos. En el reino casi no hay pueblo que no haya sido catequizado y civilizado por los frailes. Ellos han construido muchísimas iglesias,[67] han conservado su aseo y sostenido el decoro del culto, y han tenido el dolor de que luego que ya está un pueblo organizado, se hace curato de clérigos. Bien y justamente los lloran los pueblos que han sido curatos suyos. Y esto no porque sean malos los clérigos, sino porque tienen proporción de ser mejores los frailes. A un cura clérigo le cuestan 200 pesos unos hábitos; y con 200 pesos se visten diez frailes. Un cura clérigo necesita tener criados, mantener madre, hermanas, sobrinos, y así gasta por fuerza en comer más que una docena de frailes. De este modo los curatos que, cuando eran de frailes estaban asistidos con doce sacerdotes, es imposible que mantengan tres eclesiásticos seculares. De donde infiero que en el reino no sólo no han sido ociosos, si no que han sido útiles, y voy a dar una sola razón por qué en mi concepto son necesarios.

La necesidad de los eclesiásticos crece a proporción que crece el número de los fieles, porque si un eclesiástico basta para bautizar, confesar y asistir a una población de 500 individuos, para una de mil, serán necesarios dos eclesiásticos. Crece también en razón de lo disperso que estén los fieles, de modo que si un eclesiástico puede asistir a mil gentes unidas en un solo pueblo, no podrá asistir a 500 repartidas en diez pueblos distantes. Siendo pues esto así, cotejemos el número de eclesiásticos de este reino con el de España, y cotejemos el terreno de España con el de este reino. No sé cómo estarán las cosas actualmente; pero calculando por lo que pasaba el año de [1]803, según las tablas de barón de Humboldt, en España el clero asciende a 228 mil individuos, en 15,700 leguas cuadradas, y en el reino no llegan los clérigos a cinco mil en más de 81 mil leguas cuadradas.[68] Que es decir que en la Península para cada 50 personas hay un eclesiástico, y en N[ueva] E[spaña] un clérigo es para más de mil personas. En la Península a cada legua cuadrada corresponden más de 14 eclesiásticos, y en N[ueva] E[spaña] corresponden más de 20 leguas cuadradas a cada clérigo. En este obispado,[69] que ni es el más despoblado ni el más escaso de clérigos, hay curato servido por tan pocos eclesiásticos que, repartido entre ellos el terreno, corresponden a cada uno más de mil leguas cuadradas. De esto resulta que si la Península está bien servida con la décima parte de los eclesiásticos que tiene, para estar igualmente bien servida la N[ueva] E[spaña] necesita no sólo que no le quiten ni un fraile, sino que se octupliquen los eclesiásticos que hay actualmente.

Confieso que hay algunos frailes muy malos; pero esto no les viene de ser frailes, porque ninguna de sus reglas les manda ser jugadores, borrachos o ladrones, sino de ser hombres frágiles, hechos de carne y hueso, como todos, y es creíble que esos mismos, si a pesar del noviciado, estudio, oración, buenos ejemplos,[70] correcciones y distribución, son defectuosos, si se hubieran quedado en el siglo, hubieran sido mucho más malos.

Siempre he deseado que las profesiones se hicieran a los 25 años, como pretende el señor Observador; pero nunca he tenido valor para decir que así debe ser, porque me puede mucho la autoridad del Tridentino que juzgó conveniente permitirla a los 16 años. En el Concilio de Trento es inconcuso que concurrió lo más ilustrado de la cristiandad, que muy [d]espacio se examinaron todos los puntos de disciplina, y que se determinaron con una particular asistencia de Dios. Pero al fin también es cierto que los puntos de disciplina admiten variación, y representados al Papa por las Cortes o por el señor don Fernando VII, los inconvenientes que tenga la profesión antes de los 25 años se determinará lo conveniente, así como en otros puntos relativos al clero secular.

Concluyo por ahora, señor Pensador, porque ya he estado molesto. Tenga usted la bondad de aprobar, impugnar y hacer lo que le parezca en cada punto, y sólo le suplico sea en estilo corriente para que lo entienda el soberano.[71]

 

Soy de usted afectísimo que su mano besa

 

El Pensador Tapatío[72]

 


[1] Guadalajara: En la Imprenta de Doña Petra Manjarrés, 18 pp. La imprenta primero perteneció a Mariano Valdés Téllez Girón, hijo de Manuel Valdés, editor de la Gazeta de México, quien originalmente solicitó a la Real Audiencia de México se le permitiera abrir un taller en Guadalajara, lo cual le fue concedido el 7 de febrero de 1792. Esta primera imprenta y tienda de libros estuvo instalada en la Vía Lauretana [calle cerrada de Loreto, a un lado de la capilla del mismo nombre del Colegio de la Compañía de Jesús], después se localizó “frente a la Plaza de Santo Domingo, en la finca que hoy se conoce como Casa de los Perros.” En 1808 pasó a manos de José Fructo Romero, quien en 1820 la heredó a su viuda Petra Manjarrés y Padilla, quien la vendió en mayo de 1821. “Para llevar a cabo la venta fue necesario elaborar un inventario del taller y la tienda [...] describe, además de los instrumentos y muebles que había en el taller, 409 títulos de libros, con un total de 103 439 ejemplares. Rara vez aparece el nombre del autor, pero sí informa del número de tomos o volúmenes de la obra, del formato o tamaño, de su precio y del tipo de encuadernación que tenían algunos libros [...] la imprenta de Guadalajara vendía, además de los libros que imprimía, libros editados en otros lugares de la Nueva España y Europa”. Cf. Carmen Castañeda, “Libros para todos los gustos...” en Suárez de la Torre, Laura (coord.). Empresa y cultura en tinta y papel..., pp. 246-248. En la imprenta de Manjarrés se imprimieron entre otros El espectador del régimen constitucional en el reyno de Nueva Galicia, en 1820; El fanal del imperio mexicano. (Contrato de asociación de los estados del Anáhuac), en 1823; La fantasma y la cruz, en 1824. Cf. Celia del Palacio Montiel, La disputa por las conciencias..., pp. 60, 62, 72 y 211-213.

[2] pillo de cocina. Sinónimo de galopín (golfillo). Niño o muchacho desarrapado y desvergonzado. María Moliner, Diccionario de uso...

[3] constitucional con mayúscula en el original.

[4] Quidam. Francisco Palacios. Poeta. Usó varios seudónimos en el Diario de México; antes de Palacios lo usó José Francisco de Isla en 1740. Quidam: uno, alguno, o designación indeterminada. Fernández de Lizardi escribe: “Salga usted al frente, fírmese, descríbase, que el escribir anónimo no le puede honrar nunca”. Cf. Obras III- Periódicos, p. 485.

[5] arrancado. “Dícese del sujeto que habiendo tenido bienes de fortuna, los pierde todos y queda pobre y desvalido”. Pero también se llama arrancado al que está pobre, haya o no tenido bienes; y aún al que los posee, cuando carece de moneda efectiva. Santamaría, Dic. mej. En Don Catrín de la Fachenda Fernández de Lizardi escribe: “En aquel momento quedamos todos amigos. Uno de ellos, sin ninguna ceremonia, dijo a Simplicio: —Vaya, hermano, haz que nos traigan de almorzar, pues tú estás de vuelta y nosotros arrancados. Hoy por mí, y mañana por ti.” Cf. Obras VII-Novelas, p. 574.

[6] El autor usa soi y voi en el folleto.

[7] Se trata del decreto de fecha 17 de agosto de 1813, que dice a la letra: “Las Cortes Generales y Extraordinarias, queriendo desterrar de entre los españoles de ambos mundos el castigo ó corrección de azotes, como contrario al pudor, á la decencia y á la dignidad de los que lo son ó nacen y se educan para ser hombres libres y ciudadanos de la noble y heróica nación española, han tenido á bien decretar lo siguiente: Se prohibe desde el día de hoy la corrección de azotes en todas las enseñanzas, colegios, casas de corrección y reclusión y demás establecimientos de la Monarquía, bajo la más estrecha responsabilidad.” Cf. La Constitución de 1812..., t. II, p. 129.

[8] quanto así en todo el texto.

[9] patria con mayúscula en el original.

[10] nación con mayúscula en el original.

[11] Título I, capítulo I, artículo 1: “La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios”. Artículo 2: “La Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona”. Articulo 3: “La soberanía reside esencialmente en la Nación, y por lo mismo pertenece a ésta, exclusivamente, el derecho de establecer sus leyes fundamentales”. Artículo 4: “La Nación está obligada a conservar y proteger por leyes sabias y justas la libertad civil, la propiedad y los demás derechos legítimos de todos los individuos que la componen.” Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., p. 60.

a Se cuenta que hay bárbaros cuyo monarca para evitar los daños que pueden causar los poderosos, luego que alguno sobresale en riqueza, le envía por modo de regalo un cordón de seda. Si con él se ahorca, sus hijos son nobles y heredan la mitad de los bienes del padre; y si no se ahorca, el rey se da por ofendido, le confisca todos sus bienes, él y sus hijos quedan infames.

[12] exenciones en el original.

b Esto merece capítulo por separado.

[13] peso. Unidad monetaria de México. Al establecerse la moneda mexicana dentro del sistema decimal, teniendo como unidad al peso, éste tuvo valor de ocho reales. Un real equivalía a doce centavos y medio.

[14] A. R. Cf. nota 5 a El Teólogo Imparcial, número 2, en este volumen.

[15] capote. Capa de abrigo hecha con mangas y con menor vuelo que la capa común.

[16] poderoso con mayúscula en el original.

[17] El autor usa ambas formas: frayles y frailes.

[18] La orden regular menor de los dieguinos son franciscanos descalzos de la reforma de San Pedro de Alcántara, provincia de San Diego de Alcalá (1599). Cf. Peter Gerhard, Geografía histórica..., p. 22. Sabemos de un papel titulado Sermón predicado por Fr. José Maria Orruño en la celebración del capítulo de los dieguinos. 25 de Septiembre de 1814, que dice: “¿Para qué sirven los frailes en el mundo?—Sermón panegirico que el dia 25 de septiembre de 1814 dixo Fr. José María Orruño, Irasusta y Uranga, con motivo de la celebración del capítulo provincial de Frayles menores descalzos de la provincia de S. Diego de México.” Cf. Hernández y Dávalos, Colección de documentos..., t. V, p. 686.

[19] Confederación Patriótica de Málaga. Conocemos un folleto titulado La Confederación Patriótica al Obispo de Málaga, impreso en Cádiz, y por su original en Méjico: Oficina de D. Mariano Ontiveros, año de 1820, 11 pp. Fechado en Málaga el 21 de abril de 1820 y firmado por su presidente, Cipriano Palafox, Josef Duran y Josef María Bermúdez, secretario. El folleto se dirige al obispo en vista de la proximidad de las elecciones de Diputados para las Cortes; en él se recuerda el papel que jugaron algunos miembros del clero desde la invasión napoleónica, facción “conocida con los nombres de serviles, no conformistas, etc., [que] se componía de eclesiástico, seculares y regulares, de consejos de todos los ramos, de grandes y personas privilegiadas, de mandarines de palacio, de empleados de real hacienda, de fatuos é infatuados, de las hermandades de la luz y vela, etc.” (p. 3). Por sus medios se realizó”un simulacro de entierro de la Carta Constitucional”, incluso el folleto refiere la representación de un auto de fe al que se llevó la “lápida constitucional” (p.3). Más adelante se lee: “gran parte del clero de España en nuestra edad calamitosa, por lo menos, ha realizado con los tiranos aquel antiguo y abominable pacto, á saber: dadme honores, autoridad y riqueza, yo haré descender nuestro poder del mismo cielo [...]. [Pero] no se dejan perder  en un instante las ventajas adquiridas en quince siglos [...]. Así que los vemos guardar silencio ceñudo [...] los vemos hacer ensayo de su crédito, apoderarse de la nominación de ayuntamientos, y sitiar la capitales con municipalidades de su facción: los vemos hacerse dueños de la elección de Diputados para las proximas Cortes, y poblar con sus partidarios el Congreso nacional”. (pp. 6-7). La confederación recomienda al obispo “dígnese hablar á sus ovejas: que sepan de su boca que la religión de Jesucristo no hace esclavos; que es lícito a los pueblos establecer la forma de gobierno que ellos quieran, elegir los gobernantes que ellos gusten, y promulgar las leyes civiles que mas juzguen convenientes. Dígnese al mismo tiempo hablar á los señores sacerdotes; exhórtelos á entregarse enteramente al cultivo de las alas, y á dejar á los seglares el régimen del estado” (pp. 10-11).

c Salvo el que no contradecir sea porque Iriarte no les cuente el cuento de la Lagartija. [Se refiere a  la siguiente fábula de Iriarte: “¿Y querrán luego/ Que no se engrían/ Ciertos autores/ De obras inicuas?/ Los honra mucho/ Quien los critica./ No seriamente;/ muy por encima/ deben notarse/ sus fruslerías,/ que hacer gran caso/ de lagartijas,/ es dar motivo/ de que repitan:/ valemos mucho,/ por más que digan.” en Fábulas completas de Samaniego e Iriarte..., p. 171.]

[20] obispo con mayúscula en el original.

[21] Tenemos noticia de Ludwig Babenstuber (1660-1726), autor de Ethica supernaturalis salisburgensis, sive, Cursus theologiae moralis ordine & methodo in celeberrima, archi–episcopali, benedicta universitate Salisburgensi usitatis consinnatus. Ed. Secunda, Augustae Vindelicorum: Sumptibus Haeredum Martini Happach & Confort, 1735, y Prolusiones academicae: libri tres. Augustae Vindelicorum: Sumptibus Georgii Sclüter: Martini Happach: Maximiliani Heiss, 1724.  

[22] españoles con mayúscula en el original.

[23] sicut populus, sic sacerdos. Como es el pueblo, así el sacerdote.

[24] religión con mayúscula en el original.

[25] trono con mayúscula en el original.

[26] apostolado con mayúscula en el original.

[27] Artículo 91 de la Constitución: “Para ser diputado se requiere ser ciudadano que esté en el ejercicio de sus derechos, mayor de 25 años, y que haya nacido en la provincia o esté avecindado en ella con residencia a lo menos de siete años, bien sea del estado seglar o del eclesiástico secular; pudiendo recaer la elección en los ciudadanos que componen la Junta, o en los de fuera de ella”. Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., p. 70.

[28] reino con mayúscula en el original.

[29] Cortes de Cádiz. Cortes Generales y Extraordinarias fue el nombre que recibieron las Cortes de Cádiz reunidas en 1812. Se formó un Congreso en una sola cámara con los diputados de todos los dominios españoles de Europa, América y Asia, nombrándose uno por cada setenta mil habitantes, eran elegibles también los eclesiásticos; la elección era indirecta, pasando por tres juntas electorales: de parroquia, de partido y de provincia. Sobre ellas Fernández de Lizardi escribió en El Pensador Mexicano, t. II, núm. 1: “El Soberano Congreso de las Cortes Generales y Extraordinarias, representando a toda la nación española, acaba de sancionar a La Constitución, compuesta de unos sabios artículos, bajo cuya religiosa observancia no se puede esperar otra cosa que la defensa y seguridad del Estado, la libertad del ciudadano, la exaltación de las ciencias, los progresos de las artes, y el aumento del comercio, el fomento de la industria, la perfección de la agricultura, y, finalmente, la felicidad general de la monarquía.” Cf. Obras III-Periódicos, p. 159.

[30] estrañados en el original.

d Entonces se publicó el famoso bando que entre otras preciosidades decía: Al vasallo sólo le toca obedecer; y no es libre para hablar, discurrir ni pensar. ¡Qué conformidad de este bando con la Constitución!, ¡qué ideas tan liberales! ¿De esta calidad será el liberalismo [con mayúscula en el original] de la Confederación de Málaga?

[31] reyes y constitucionales con mayúsculas en el original.

[32] qualquiera en el original.

[33] qual en el original.

[34] virreyes con mayúscula en el original.

[35] reino con mayúscula en el original.

[36] iglesia con mayúscula en el original.

[37] esperiencia en el original.

[38] cagero en el original.

[39] hacendado en el original.

[40] gefe en el original.

[41] nación con mayúscula siempre en el original.

[42] rey con mayúscula en el original.

[43] El diezmo era la contribución que se pagaba a la iglesia y consistía en el diez por ciento del producto bruto de todos los frutos de la tierra. Obligaba a todos los miembros de la comunidad, bajo pena de pecado mortal. El arzobispado de México recomendaba a sus fieles que se pagara para evitar “la torpe avaricia, ingratitud y fraudes, para no provocar la severa y divina indignación” que se podía traducir en el “castigo de esterilidad, secas, malos temporales e infelices sucesos”. Cf. Vera, F. H., Colección de documentos eclesiásticos de México, México: 1887, p. 425. La contribución para el rey “se trataba de dos novenos reales que se trasladaban tradicionalmente a las arcas del gobierno virreinal, a lo cual se agregó el ‘nuevo noveno decimal’ que debían entregar las iglesias americanas a partir de la ratificación en todo en imperio de la Consolidación de Vales Reales en diciembre de 1804”. Cf. Carlos Marichal, “La iglesia y la corona: La bancarrota del gobierno de Carlos IV y la consolidación de Vales Reales en la Nueva España”, en María del Pilar Martínez López-Cano (comp.), Iglesia, Estado y Economía. Siglos XVI al XIX, p. 252.

[44] fuero militar y eclesiástico. Cf. nota 22 a El Irónico Hablador..., y cf. nota 19 a El Teólogo Imparcial, número 2, ambos en este volumen.

[45] A finales del siglo XVIII el número de ramos fiscales de raíz eclesiástica era notable: Novenos o diezmos, bulas de santa cruzada, mesadas y media anata eclesiástica, espolios y vacantes mayores y menores. El ramo de temporalidades consistía de las expropiedades jesuitas administradas por la Corona. Se ha señalado que los aportes de estos ramos eclesiásticos a la real hacienda entre 1800 y 1808 superaron con creces el total recabado por medio de la Consolidación de Vales Reales entre 1805 y 1808. Cf. Carlos Marichal “La iglesia y la corona: La bancarrota del gobierno de Carlos IV y la consolidación de Vales Reales en la Nueva España”, en María del Pilar Martínez López-Cano (comp.), Iglesia, Estado y Economía. Siglos XVI al XIX, p. 252.

[46] embidia en el original.

[47] quatro en el original.

e Se habla de tejas abajo.[Hablar de tejas abajo. “Se dice quando lo que se habla es natural, y que puede suceder en el mundo, desando aparte la voluntad de Dios, ò sus juicios, que pueden ser diversos de lo que se está pensando o tratando.” Dic. autoridades.]

[48] religión con mayúscula en el original.

[49] de balde. En vano, de gratis.

[50] Artículo 12 de la Constitución, título II, capítulo II: “La religión de la nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica romana, única verdadera. La Nación la protege por leyes sabias y justas, y prohíbe el ejercicio de cualquiera otra.” Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., p. 62. En el Plan de Iguala (24 de febrero de 1821) se proclamó como punto primero: “La religión católica, apostólica, romana, sin tolerancia de otra alguna.” Ibidem, p. 114.

[51] succesores en el original.

[52] Capilla Real de México. También llamada Capilla de San José de los Naturales o capilla de indios; construida en el siglo XVI junto al Convento de San Francisco de México, fue la primera capilla abierta en la Nueva España. La capilla abierta era un recinto abierto hacia el atrio de los conventos mexicanos del siglo XVI. Su función consistió en permitir oficiar ante grandes grupos de población indígena recién evangelizados. Manuel Toussaint estableció una clasificación en cuatro tipos para estas capillas según sus plantas: 1) Un solo arco; 2) una o varias naves parale