TAMBIÉN AL VERDUGO AZOTAN[1]

 

 

 

Hay autores que en voces misteriosas,

estilo fanfarrón y campanudo,

nos anuncian ideas portentosas;

pero suele a menudo

ser el gran parto de su pensamiento,

después de tanto ruido, sólo viento.

 

Samaniego... Fábulas, tomo I.[2]

 

 

 

¿Qué le parecía a usted, señor Pensador, que no había algún atrevidillo que le dijera alguna cosita?[3] Pues ya lo hubo para decirle a usted muchas, siendo la primera que nos ha engañado usted como a unos negros con su periódico eléctrico.[4] Usted nos prometió en su decantado Prospecto [5]que nos hablaría de derecho público, nos explicaría algunos capítulos de la Constitución[6] y nos insertaría poesías agradables, conduciéndonos eléctricamente de este modo por el camino de la ilustración al de la perfecta felicidad, sin meterse en críticas ni trabar cuestiones que molestan y no son útiles a la sociedad. En esto ha faltado completamente, ¿en cuántos números nos ha hablado usted del principal objeto que se propuso? Sólo en el primero lo hizo usted, y aquí paz y después gloria, siendo una cosa en el día tan interesante que no debía usted haberse separado de ella. Nos dijo usted en sus Advertencias[7] que nos electrizaría los martes, jueves y sábados de cada semana. También en esto nos ha faltado usted con el simple pretexto que las imprentas están muy ocupadas y otras sandeces por este estilo.[8]

Usted tiene la culpa de que en las imprentas no lo atiendan, pues va usted (por ejemplo) en casa de Ontiveros,[9] se pelea con el administrador[10] porque éste justamente le hace a usted presente lo recargada que está la casa de trabajo, y que no puede darle a usted cumplimiento para el día que se le antoja. Le dice usted un atajo de desvergüenzas, lo incomoda y ya no hay Conductor. Por esta causa ha faltado usted a nada menos que al respetable público de México:[11] qué le parece a usted, ¿que no ha fastidiado al público que nos haya ocupado siete números con el Dictamen de Ruiz Padrón[12] sobre la Inquisición?[13] No hay que dudar que es digna [sic] del mayor aprecio y de toda atención, pero para tenerlo sólo en un cuaderno y no inserto en ningún periódico. Usted quizá pensó que con electrizar esta grande obra le añadía un nuevo mérito; pero no, amigo mío, no necesita este benemérito eclesiástico de ninguna recomendación: su integridad y amor a la patria nos está sumamente manifiesto y nosotros convencidos de esta verdad. No crea usted que nos ha gustado nada que nos haya ido enflautando[14] la verdadera causa de la prisión del padre Lequerica,[15] ni que a consecuencia de esto se haya promovido la contienda entre usted y el padre Soto,[16] y lo peor es que le ha metido a usted el resuello[17] para dentro y se ha quedado calladito como un p... Yo alabo su prudencia en este punto y le aplico aquel refrancito castellano: cuando azotar, callar.[18] En fin, nos ha llenado usted veinte y un números que van hasta hoy de innumerables cosas que no son de ningún provecho. Si le faltaban a usted discursos, podía habernos insertado unos parrafitos de la vida de la madre Ágreda,[19] del devoto Peregrino[20] y otras cositas buenas que pudieran ilustrarnos. Por lo perteneciente a la imprenta, le suplico a usted muy encarecidamente por la señorita y los niños no se pelee tan frecuentemente con los impresores, porque los deja usted de tan mal humor que no hay quien se les acerque en tres días (y tienen sobrada razón). El nueve del presente estuvo usted por la mañana en la oficina de don Mariano Ontiveros, echándole la jaca[21] al administrador, y todo el motivo fue que le hizo a usted presente el mucho trabajo que había en la casa, y que buscara usted dónde acabarnos de electrizar. Aquí fue Troya.[22] Le dijo usted una porción de desatinos y aun que se presentaría contra él y le pondría pleito. ¿Hombre, usted es el diablo? Habla continuamente de libertad y quiere valerse de la fuerza para que le impriman. ¿Que los impresores no gozan de este precioso don?[23] Dígamelo usted para ahorcarlos cuando no me quieran imprimir pronto alguna esquela de convite, que es en lo único que yo los ocupo, pues mis escasos talentos no producen ninguna de estas selectas ideas con que usted nos saluda cotidianamente. Pero voy a darle un consejito sobre este particular: llévese usted bien con los impresores porque no hay más que cuatro en esta capital,[24] y en enojándose con todos no hay quien lo quiera servir, y se quedarán sus elegantes pensamientos sin tener el gusto de ver la luz del día, porque, amigo, no estamos en la época pasada que cuando sabía un impresor que moría un sujeto de campanillas,[25] era el primero que iba a dar el pésame por el interesillo que le mandaran hacer las papeletas de convite para las honras; conque así, prudencia y al buen callar llaman Sancho,[26] no le suceda a usted lo mismo que con el Proyecto que llamó realizado de la Sociedad Pública de Lectura[27] que nos anunció usted en la calle de Cadena,[28] la cual apenas salió cuando las muchas oraciones de todos los escritores públicos la hicieron descender al oscuro caos del olvido por el infinito perjuicio que les originaba su santísimo egoísmo, sí, señor, no mire usted a los ojos, su santísimo egoísmo de usted, pues no era otra cosa la tal sociedad de lectura: usted pretendía con ella arruinar todos los puestos de papeles públicos y, por consiguiente, a todos los autores, pues por el corto estipendio de un real[29] (como usted decía) les facilitaba la lectura a los concurrentes de todos los papeles, de que resultaba que tendrían muy poca venta y muy en breve quedarían reducidos a leer sólo los de usted,[30] pues nadie da palos de balde.[31] Me parece que con esto queda probado que era egoísta su idea de usted, y así muy contraria a la moral evangélica y a los divinos preceptos de nuestra religión que mandan expresamente: no quieras para otros lo que no desees para ti.[32]

Amigo mío: no hay que descuidarse, porque yo tengo correspondencia con don Chilibrán de las Siete Alforjas[33] y soy muy amigo de Moderato Malas Pulgas,[34] también tengo un hermano remero de La Canoa[35] (en la que ya está usted amonestado), y siempre me parece que irá usted a acompañar a Cayo-Puto[36] a aquellos señores que tienen mucha gana de conocerlo.

En el número 22 que aguardaba yo se hubiese usted enmendado, nos abre la escena con el altisonante título de “Despotismo de las imprentas”[37], nos cuenta su pelotera con Paredes, y hasta le sentencia usted las costas.[38] Sabe usted que estoy mirando que si por nuestra fortuna no se acabara pronto su máquina eléctrica de usted, nos había de insertar un día hasta si hacía las diligencias corporales a su tiempo, así como nos encaja en este número la gracia de su niña de usted,[39] que antes se tapaba su carita con el regazo de su madre cuando iba a los toros y veía un caballo herido, y ahora no se asusta por nada. ¿Y quién tiene de esto la culpa? Usted, señor mío, que la ha acostumbrado a ver estas escenas trágicas con la continuación de llevarla a los toros. Con este último número me parece que ya está usted sentenciado por el señor don Chilibrán para pasar a mudar temperamento a Cayo-Puto: si esto sucede, me alegraré infinito y avíseme usted por su Eléctrico para darle una recomendación para dicho señor.

Es regular que se haya usted enfadado con mi papelucho, y que trate de contestarme con toda la efusión de un ánimo irritado, pero..., poquito a poco: para su inteligencia y gobierno le prevengo que no se tome esa molestia, pues aunque me lo mande la burra de Balahán,[40] y usted me diga que soy fra[n]cmasón, luterano, calvinista, sacramentario, arriano y jansenista, no le ha de volver a hablar una palabra su afectísimo

 

El Chirrión[41]

 


[1] México: Imprenta de Ontiveros, 1820, 4 pp. Fernández de Lizardi contesta a este folleto en Rociada de El Pensador a sus débiles rivales. Cf. Obras X-Folletos, pp. 313-330.

[2] Moraleja de la fábula XIX “El parto de los montes”. El resto dice: “Con varios ademanes horrorosos/ Los Móntes de parir dieron señales:/ Consintieron los hombres temerosos/ Ver nacer los abortos más fatales./ Despues que con bramidos espantosos/ Infundieron pavor á los mortales,/ Estos Móntes, que al mundo estremecieron,/ Un ratoncillo fué lo que parieron.” Cf. Fábulas completas de Samaniego e Iriarte..., pp. 33-34.

[3] Fernández de Lizardi escribe en Rociada de El Pensador...: “No señor, cómo lo habría de pensar cuando para todo hay gente en esta vida, y por lo regular todo necio es atrevido. No lo digo por usted sino por los atrevidos”. Cf. Obras X-Folletos, p. 318.

[4] Fernández de Lizardi contesta: “Sobre lo que dice de que los he engañado como a unos negros, traslado a lo dicho al mal titulado Fabulista, porque al mismo santo el mismo rezo, y a las mismas sandeces iguales respuestas”. Idem.

[5] Prospecto de El Conductor Eléctrico. Cf. nota 3 a Respuesta del padre Soto..., en este volumen. En este folleto, Fernández de Lizardi escribe: “He puesto al presente periódico el altisonante título de Conductor Eléctrico, porque así como este instrumento sirve para recibir el fluido ígneo y conducirlo adonde se quiera, así yo deseo que este periódico sea un conductor por donde se comuniquen muchas verdades importantes al gobierno y al pueblo con la misma violencia, si es posible, que el fluido eléctrico; y he aquí el motivo porque le he puesto un título tan análogo a su objeto y a la sinceridad de mis deseos [...] instruiremos a los lectores en algunos elementos del derecho público, cuya ciencia se hizo inaccesible en estos reinos, en tiempo de los gobiernos desgraciados [...] haremos por explicar algunos artículos de la Constitución, no porque este sabio código carezca de la necesaria claridad, sino porque aun teniéndola, no basta para que la comprendan algunas cabezas enfermas por la preocupación o la ignorancia [...] No se quedarán sin lugar las bellas letras, y se lo haremos muy distinguido a las poesías sobresalientes [...] sabios conciudadanos que vivís en estos climas, que respiráis el aire que respiro, que os sentís movidos de dulce amor a vuestros semejantes, derramad el saludable fuego de vuestra ilustración en este Conductor que se os franquea, para que por él se comuniquen a todo el pueblo en general.” Cf. Obras IV-Periódicos, pp. 257, 260.

[6] Constitución. Cf. nota 4 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[7] Advertencias de El Conductor Eléctrico. Cf. nota 3 a Sátiras a El Pensador..., en este volumen.

[8] Fernández de Lizardi escribe en Rociada de El Pensador...: “Usted es el sandio hasta más no poder en llamar simple pretexto a una cierta y legítima disculpa”. Cf. Obras X-Folletos, p. 318.

[9] Imprenta de Mariano de Zúñiga y Ontiveros. Cf. nota 1 a Respuesta del padre Soto..., en este volumen. Fernández de Lizardi contesta en Rociada de El Pensador...: “Usted en el segundo párrafo dice: que yo tengo la culpa de que en las imprentas no me atiendan, pues voy, por ejemplo, ‘en casa de Ontiveros’ (¡qué gramática tan fina!, que voy en casa de Ontiveros dice usted, y no a casa de Ontiveros: ya me parece que voy andando con casa y todo como quien va en un coche)”. Cf. Obras X-Folletos, p. 318.

[10] administrador de la imprenta de Ontiveros. Cf. nota 3 a La prensa libre, en este volumen.

[11] Fernández de Lizardi responde en Rociada de El Pensador...: “Así se dispara, amigo mío: sin vergüenza, sin verdad y sin justicia. Usted sin duda será algún adulón pagado por la imprenta de Ontiveros para defender los caprichos de su administrador o de su dueño; pero lo ha hecho tan mal que no merece un bledo su defensa. En primer lugar yo no voy a pelearme con el administrador, sino a reclamarle el puesto y debido cumplimiento de su obligación para que salga mi papel, no el día que se me antoja, sino aquél en que lo espera el público como que se le tiene señalado. En segundo lugar, cuándo he reconvenido jamás he usado desvergüenzas, los principios de mi educación me prohíben tal dialecto: que diga el mismo administrador qué desvergüenzas ni malas razones ha oído jamás de mi boca. Si las ha oído que las diga y que las pruebe, y si no lo prueba ni lo dice, usted no pasa de un calumniante adulador. En tercer lugar, dice usted que no hay ‘Conductor porque incomodo al administrador’; pregunto: en el supuesto de que mis reconvenciones son justas, y de ellas nacen su incomodidad, ¿es disculpa racional para faltar a su palabra?” Cf. Obras X-Folletos, pp. 318-319.

[12] Fernández de Lizardi escribe: “Usted, a quien me parece que le tocan las generales con la Inquisición, se habrá fastidiado; pero el público sabio no; y la prueba es que lo ha comprado. Ni menos yo he dicho que su dictamen necesita de mi recomendación; y así el decirlo usted, es pito y cantar fuera del coro”. Ibidem, p. 319. El dictamen de Ruiz Padrón abarca los números 4 a 10 de El Conductor Eléctrico. Cf. Obras IV-Periódicos, pp. 285-328.

[13] Inquisición. Cf. nota 4 a El Teólogo Imparcial, número 3, en este volumen.

[14] enflautado. Enflautar, acepción vulgar. Encajar. Es verbo que se presta a mala interpretación, y vale más no usarle, pues tenemos encajar que le reemplaza con ventaja. Mexicanismo familiar, encajar, decir a uno algo inoportuno o molesto. Fernández de Lizardi responde a El Chirrión: “Que no le haya a usted gustado la queja del padre Lequerica, lo entiendo, y el porqué”. Cf. Rociada de El Pensador..., en Obras X- Folletos, p. 319.

[15] Ignacio de Lequerica. Cf. nota 25 a El Teólogo Imparcial, número 1, en este volumen.

[16] fray Mariano Soto. Cf. nota 14 a Verdadera prisión y trabajos del padre Lequerica, en este volumen.

[17] Fernández de Lizardi escribe: “Que el padre Soto me haya metido el resuello, es chongo, y lo va usted a ver [...] es necesario decir algo, para que Chirrión fanfarrón vea que yo no soy hombre que me dejo meter el resuello de ninguno”. Cf. Rociada de El Pensador..., en Obras X-Folletos, pp. 319, 321.

[18] cuando azotar, callar. Esta frase equivale al refrán consignado como “Cuando tocan a fregar, no hay más que poner los trastes”. Recomienda sumisión a las órdenes dadas, sin contradicción o apelación alguna; conformidad con el contratiempo que se sufre o que hay que sufrir. Cf. Darío Rubio, Refranes, proverbios..., p. 103.

[19] María de Jesús Ágreda (1602-1655). Mística española cuyo apellido paterno era Coronel y el materno Arana. Abadesa del convento de la Inmaculada Concepción de Ágreda, fundado con los fondos de sus padres, durante 35 años en su villa natal. Fue acusada, procesada y absuelta por el Tribunal de la Inquisición por profesar doctrina herética. Su obra más importante es La mística ciudad de Dios o historia de la Reina de los Ángeles, relato novelado de la vida de María.

[20] Devoto Peregrino. Se refiere a El devoto peregrino, viage de Tierra Santa, escrito por el P. F. Antonio del Castillo. En la Biblioteca Nacional de México se conservan tres ejemplares editados en 1654 en Madrid, uno de ellos en la Imprenta Real; hay también una edición de 1768 impreso en Madrid por la Imprenta y Librería de don Manuel Martín y otro en la misma ciudad en el año de 1806 en la Imprenta de la viuda de Barco López. El texto refiere viajes de peregrinos a Palestina. En la edición del siglo XVII se incluyen ilustraciones, grabados y mapas plegables.

[21] jaca. Apócope de jácara. Jácara. Molestia o enfado por alusión al que causan los que andan de noche cantando jácaras. Mentira o patraña. Cuento, historia, razonamientos.

[22] aquí fue Troya. Dícese cuando hay escarapela, o en el lugar donde la hubo; “damos a entender que sólo han quedado las ruinas de alguna gran población o edificio, o bien que ha ocurrido algún acontecimiento infausto o ruidoso, ya sea con relación a un hecho pasado o presente. Alude a la ruina de Troya, célebre y antiquísima ciudad de Asia Menor, situada en la falda del Monte Ida, a la que tuvieron sitiada los griegos con mil naves por espacio de más de 10 años, rindiéndose al fin de 1282 antes de la venida de J. C.” José María Sbarbi, Diccionario de refranes, adagios, proverbios, modismos, locuciones y frases proverbiales de la lengua española, t. II, p. 418, citado por Horacio López Suárez, La paremiología en la obra de..., t. I, p. 8.

[23] Fernández de Lizardi responde en Rociada de El Pensador...: “Últimamente, acordándose usted de que ofrecí seguir el punto judicialmente, pregunta ¿que si los impresores no gozan de libertad? No, señor, no la gozan para obrar por capricho ni contra justicia, en tal caso también el ladrón quería gozarla para aprovecharse de lo ajeno”. Cf. Obras X-Folletos, p. 319.

[24] Los cuatro impresores son: Alejandro Valdés, María Fernández de Jáuregui, Juan Bautista de Arizpe y Mariano de Zúñiga y Ontiveros.

[25] campanillas. De campanillas, o de muchas campanillas. Dícese de la persona de grande autoridad o de circunstancias muy relevantes.

[26] al buen callar llaman Sancho. Frase que se usa como una recomendación de ser prudente, de ser moderado al hablar. También se usa como “al buen callar llaman Sancho; al bueno bueno, Sancho Martínez”; “al buen callar llaman Sancho: yo llamo santo [sic] al callar.” De este modo usan muchos de este refran; y en esta acepción enséña la conveniencia y utilidad que se halla á cada passo el guardar prudentemente silencio. [...] Cerv. Quix. tom. 2. cap. 43., “pero no los diré porque al buen callar llaman SanchoDic. autoridades.

[27] Sociedad pública de lectura. Gabinete de lectura fundado por Fernández de Lizardi el 23 de julio de 1820, con objeto de facilitar al pueblo la lectura de periódicos y libros. Fernández de Lizardi publicó un folleto con este título. Cf. Obras X-Folletos, pp. 225-227.

[28] calle de Cadena. Se le dio este nombre porque tuvo en ella su casa Antonio de la Cadena, uno de los conquistadores de México. Actualmente es la calle de Venustiano Carranza, entre Bolívar e Isabel la Católica.

[29] real. Cf. nota 5 a El Moledor Constitucional..., en este volumen.

[30] Fernández de Lizardi en Rociada de El Pensador... escribe: “Sabía yo que en Londres, en París, Washington y aun ahora en Madrid, hay casas de iguales sociedades: quería que en México gozaran del mismo beneficio; gasté y perdí mi dinero en la empresa, que no tuvo efecto porque el público, sin duda, no se impuso de las ventajas que debían de resultarle más que a mí; y me pregunto: ¿el haber sacrificado más de cien pesos, siendo un pobre, porque el público se instruyese y divirtiese tan a poca costa, se podrá apellidar egoísmo? Sólo por un crítico como usted. Asegurar usted que yo pretendía arruinar con mi sociedad todos los puestos de papeles públicos, y por consiguiente a todos los autores, es una sandez de buen tamaño, pues en tal caso yo era arruinado por dos partes: por tener puestos de papeles públicos en el Portal y por ser escritor; y ¿dónde ha visto usted un egoísta que trate de arruinarse por servir a otro?” Cf. Obras X-Folletos, p. 320.

[31] de balde. Cf. nota 49 a Todos pensamos..., en este volumen.

[32] no quieras para otros lo que no desees para ti. Cf. nota 12 a El gran hospital de Cayo Puto..., en este volumen.

[33] Chilibrán de las Siete Alforjas. Cf. La Canoa, número 1, en este volumen.

[34] Moderato Malas Pulgas. Cf. La Canoa, número 1, en este volumen.

[35] La Canoa. Cf. nota 1 a La Canoa, número 1, en este volumen.

[36] Cayo Puto. Cf. nota 27 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[37] “Despotismo de imprentas”. Cf. nota 8 a Sátiras a El Pensador..., en este volumen.

[38] costas. En los juicios legales, vale por “determinar ò aplicar el gasto ò expensas que se hacen en alguna cosa”. Dic. autoridades.

[39] Fernández de Lizardi escribió en el número 22 de El Conductor Eléctrico lo siguiente: “Tengo una niña de siete años y meses; ésta, cuando tenía apenas tres años, lloraba demasiado, y escondía la carita en el regazo de su madre cada vez que veía un caballo herido o el mismo toro con sangre; en cuatro años no le he llevado diez veces a la plaza, y con toda esta economía advierto que ya se necesita mucho para que se contriste a la vista de este espectáculo sangriento”. Cf. Obras IV-Periódicos, p. 410. En su Rociada de El Pensador..., Fernández de Lizardi responde a El Chirrión: “En su penúltimo párrafo, con una comparación muy indecente, muy grosera y muy soez para representársela a un respetable público, trae con la mayor importunidad el ejemplo que pongo de mi niña en el número 22 de mi periódico. Mas esto no merece contestarse, porque usted no volverá a responder una palabra: nada importa; y si les hablare, ya sabe usted que a palabras necias oídos sordos”. Cf. Obras X-Folletos, p. 320.

[40] Balaam, profeta enviado por el rey Balac y los príncipes de Moab para que maldijera a los israelitas que, guiados por Moisés, se disponían a invadir Canaán. La burra que monta Balaam ve a un ángel que, con su espada desenvainada, impide el paso. Balaam golpea en tres ocasiones a la burra; ésta habla a su amo, quien finalmente ve al ángel. Balaam es enviado de vuelta sobre su burra para dar un mensaje a Balac, rey de Moab. Nm. 22, 22-35.

[41] El Chirrión. Únicamente sabemos que es autor del presente folleto. Fernández de Lizardi se equivocó al suponer que era Mariano Soto. En Descubierto el carácter de la pluma impía, blasfema y anti-militar de El Pensador Mexicano, Soto escribe: “Primeramente engañado Fernández en que yo era el autor de un impreso que se escribe con la palabra alegórica de ‘El Chirrión’...”, véase en este volumen.