SUPLEMENTO AL NOTICIOSO GENERAL[1]

 

20 de octubre de 1820

 

Artículo remitido

 

 

Albricias... albricias..., señor editor[2] del Noticioso y demás conciudadanos míos... Albricias, repito otra vez, pues al paso que vamos y siguiendo el buen uso que hasta ahora hemos hecho de la libertad de imprenta,[3] pronto lograremos la incomparable felicidad de rompernos todas las cabezas y despedazarnos unos a otros.[4] ¿Y qué más dicha podemos apetecer? Yo había leído en no sé que librejo de uno de los sabios de la antigüedad, que la primera virtud de los hombres libres, es la humanidad, y así estaba en que nuestro digno vir[r]ey,[5] de quien se ha dicho en uno de los papeles que han salido haciéndole justicia, que debería estar canonizado si no por santo, por amigo de los hombres, en fuerza de las repetidas pruebas que nos ha dado de su clemencia y demás virtudes cívicas que lo adornan,[6] sería de los ciudadanos más liberales que teníamos en nuestra nación; pero después que he visto al gran Pensador Mexicano, que tanto nos ha ilustrado con sus Cuartazos[7] y a un soldadito desertor del Regimiento de Milicias de esta capital, al que fue aplicado por leva, apellidado Dávila,[8] cuyos talentos e instrucción podemos inferir cuáles serán,[9] poner en duda la adhesión del virrey a la Constitución[10] en agradecimiento de haberlo indultado antes de ahora del mismo delito de deserción, al ver también lo que nos ha dicho acerca de esto mismo el llamado Liberal de Puebla,[11] y al leer finalmente tanto lindo papel en que se nos dice que el árbol de la libertad se ha de regar con sangre y más sangre. No me queda duda de que aquel sabio de la antigüedad debía ser algún majadero en sentar semejante proposición, y que muy al contrario para ser liberales debemos ser todos unos tigres sedientos de la sangre humana. Después recuerdo que así lo hicieron en Francia todos los que se decían liberales, degollándose unos a otros por espacio de treinta años; que en Buenos Aires ha sucedido y sucede hoy día otro tanto,[12] y que por último en la Costa Firme[13] se han dado también y continúan dándose tal priesa a matarse los blancos, que según una carta de fecha reciente de allí, se andan ya veinte y treinta leguas sin encontrar un hombre de aquel color; y de todo saco en conclusión que, con efecto, nuestro ínclito vir[r]ey, siendo tan humano como es, no puede ser buen liberal, y que debemos nosotros todos unir nuestros clamores a los de los autorcitos de los papeles incendiarios de Dávila, el de Las Zorras y otros,[14] cl[aman]do [a] [u]na voz por sangre y más sangre hasta que no quedemos uno vivo. Gracias a los tales papelitos, mucho tenemos adelantado ya, pues desde que han salido se nota más espíritu de partido y más efervescencia en los ánimos; pero todavía no ha corrido la sangre, todavía estamos algo distantes de la felicidad que disfrutó la Francia, y de que se goza en Buenos Aires y en la Costa Firme, [y] de que participábamos también aquí hace algún tiempo... reunamos, pues, nuestros esfuerzos para que vuelvan a renacer tan venturosos días. Usted, señor [e]ditor, por su parte procure imitar el celo de otros impresores que diariame[n]te nos dan a luz con toda presteza y más oportunidad, para que pue[dan] ir por los correos antes que se censuren y manden recoger los escritos e[n] que se nos excite a la crueldad y a la matanza. ¿No ha visto usted con qué prontitud salió a la luz el suplemento de Las verdades amargan?[15] ya se ve, como al pobrecito Dávila lo iban a llevar al patíbulo, y su pobrecito padre,  a quien mantenía con los vicios que obligaron a los farautes del despotismo a sentenciarlo por leva a las armas, se iba a quedar sin este buen hijo, ¿qué habían de hacer en la imprenta, si no volar en su socorro?... Los demás papeluchos que hablen de otra suerte, debe usted excusarse a imprimirlos diciendo que no tiene tiempo... que está muy recargada su oficina..., o, en fin, arrinconándolos hasta que se aburran sus autores y los retiren... pero en siendo como los que firma Dávila y Las Zorras, u otros semejantes, no pierda usted un momento y así contribuirá al exterminio de la humanidad, que es cuanto podemos desear.[16] En el teatro[17] que se representen muchas tragedias, para que nuestras costumbres se hagan duras y feroces; y las canciones que sean llenas de fuego hasta que nos abrase a todos. Es verdad que el gobierno nos ha recomendado tengamos mucho cuidado en evitar la exaltación de las pasiones... pero ¿qué sabe el gobierno lo que nos conviene? Cualquiera sabe en el día más... El vir[r]ey debemos creer que desea ardientemente nuestra paz y felicidad, pues le hemos visto trabajar incesantemente cuatro años para procurárnosla[18]... sin duda sigue aquella máxima que nos dejó aquel simplón de la antigüedad, y las demás que recomienda la piedad cristiana... pero esto son vejeces; así no debemos hacer otra cosa, sino seguir los consejos e instigaciones de los que han escrito los papeles de Dávila y demás que dejo indicados, y pronto verá usted como logramos el santo fin de exterminarnos unos a otros y libertarnos de una vez de la feliz existencia que todos gozaríamos, si estuviéramos unidos con amor, concordia y fraternidad. Esto sería una desgracia, procure usted, pues, señor editor,[19] evitarla como he dicho por su parte, y hágame además el gusto de insertar en su periódico estas reflexiones, por si todos nuestros amados conciudadanos, los españoles de ambos mundos, les parece bien y nos damos un poco de más priesa a irritarnos unos contra otros y a renegar más y más de toda autoridad sea con razón o sin ella, pues esto no es del caso, y lo que importa es introducir bien la insobordinación y el poco respeto aunque sea al mismo rey,[20] que, como ha dicho Dávila, no es más que un hombre... Es verdad que es un hombre cuya persona está declarada sagrada e inviolable, y que además tiene otros derechos al reconocimiento de todo buen español; pero, ¿quién se para en pelillos?, lo que conviene es que no haya rey, ni vir[r]ey ni nadie que mande ni gobierne, y esto es a lo que todos deben propender, pues de lo contrario podremos ser felices, y no es esto de lo que se trata, sino de hacernos cada día más y más desgraciados, para que se cumplan los deseos de cuatro insensatos que sin cesar están anhelando trastornar el orden de la sociedad, de que se alegraría verlos fuera cuanto antes para tranquilidad de los demás este su atento servidor que su mano besa

 

El Observador del Observador J. V.[21]

 


[1] Núm. 751, 2 pp. Fernández de Lizardi respondió a este folleto en Dar que vienen dando. O respuesta a lo que estampó el Observador en el Suplemento al Noticioso número 751: “Señor Observador de los observadores: si usted no me hubiera hecho objeto de su observación, desde luego no tenía yo para qué atravesar ni palabra con usted; mas pues le plugo el meterme en su ensalada, haciéndome sospechoso, o más bien acusándome de los feos vicios de atrevido con loas autoridades, de incendiario y cruel, según califica a los escritores con quienes me acompaña en su ridícula ironía, está muy en el orden de justicia volver por mi honor”. Cf. Obras XFolletos, pp. 337-339, y nota 1 a Pregunta a El Pensador Mexicano sobre el Montepío, en este volumen.

[2] editor del Noticioso. Cf. nota 2 a Artículos comunicados, en este volumen.

[3] libertad de imprenta. Cf. nota 7 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[4] Fernández de Lizardi en su folleto Dar que vienen dando, dice: “Jamás probará que tenemos ganas de rompernos las cabezas, pues esto siempre es efecto de odio, y nosotros no aborrecemos a los españoles, sino a los vicios de un gobierno que ellos mismos detestan, y cuyas quejas deben permitirse en la América, así como se permiten en la Península. ¿Por qué lo que allá es lícito, acá ha de ser punible y escandaloso?”. Cf. Obras X-Folletos, p. 345.

[5] virrey con mayúscula siempre en este texto.

[6] Fernández de Lizardi responde en Dar que vienen dando: “Éstas, amigo, son unas sandeces sin tamaño [la inversa de tamaño. Lo que es ‘mui estimado y aplaudido por sus prendas naturales’. Dic. autoridades]. Los verduguillos [navaja para afeitar más angosta que las usuales] de estos miserables barberos se pasan de afilados y se llevan hasta el pellejo de aquel a quien hacen la barba [adular u obsequiar con fines interesados]”. Cf. Obras X-Folletos, p. 341.

[7] Cuartazos. Cf. nota 13 a La Canoa, número 1, en este volumen.

[8] Rafael Dávila. Cf. nota 4 a Al que le venga el saco..., en este volumen.

[9] Fernández de Lizardi en Dar que vienen dando escribe: “Éste es, amigo, el modo de deducir cuando nos perturban las pasiones. ¿Conque, según usted, soldado es sinónimo de necio y de principios ordinarios? ¡Grande honor hace usted a los primeros ciudadanos de la patria! [...] Los destinos de los hombres no prueban ni la calidad de sus principios ni el tamaño de sus talentos”. Cf. Obras X- Folletos, p. 348.

[10] Fernández de Lizardi en Dar que vienen dando... : “Dije en mi citada defensa [Justa defensa del excelentísimo señor virrey de Nueva España. Ibidem, pp. 331-334] esta proposición: ‘Si el virrey es adicto o no a la Constitución es discutible’. De aquí infiere usted que pongo en duda la adhesión de su excelencia, cosa que yo no debía creer, a no leerlo de tan gran Observador como usted. Pero, señor mío: usted no entiende lo que es crítica, y perdone la ingenuidad. No es tan fácil criticar como se piensa. Criticar es el arte de juzgar rectamente. Esta lección jamás se repetirá en vano.” Ibidem, pp. 339-340.

[11] Liberal de Puebla. Se refiere a Félix Merino. Cf. nota 14 a El Liberal a los bajos escritores, en este volumen.

[12] El 25 de mayo de 1810 en la capital del virreinato del Río de la Plata se constituyó la Junta Provisional Gubernativa, después de haberse convocado a un congreso público “a fin de que [...] exprese la voluntad el pueblo”. Ese mismo día, el Ayuntamiento solicitó al virrey Baltasar Hidalgo Cisneros su dimisión. En 1819 se preparaba en Cádiz una gran fuerza expedicionaria para enviar a Buenos Aires. Su objetivo era quitarle Montevideo a los portugueses, (dueños de esa ciudad), para establecer allí un base que les permitiera intentar capturar Buenos Aires y terminar con sus diez años de independencia. Además, se pretendía también consolidar la seguridad del virreinato del Perú y tratar de reconquistar Chile. Calleja había recibido el nombramiento de comandante en jefe de ese ejército expedicionario. La rebelión de las tropas de Cádiz el 1° de enero de 1820 acabó con el proyecto. Cf. Tarsicio García Díaz, Independencia nacional. Antecedentes. Vol. I. México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Bibliográficas, 1986, pp. 129-130 y Timothy Anna, La caída del gobierno español..., p. 109.

[13] Costa Firme. La actual costa de Guerrero y Oaxaca. En el actual San Nicolás Tolentino, en Guerrero; y en Oaxaca Tehacahua y Pinotepa Nacional, entre otros sitios.

[14] Las Zorras. Se refiere al folleto anónimo titulado Las zorras de Sansón, México: Imprenta de Alejandro Valdés, 1820, 12 pp. Es un papel contra los serviles, cuyos fines eran la desunión y la servidumbre. Exhorta a los ciudadanos a luchar contra ellos y obtener la libertad. Véase también Las zorras de Sansón desolladas, en este volumen.

[15] Suplemento de Las Verdades amargan. Se refiere al Suplemento número 1 del papel titulado La verdad amarga, cf. nota 5 a Al que le venga el saco..., en este volumen.

[16] Cf. nota 5 a Al que le venga el saco..., en este volumen.

[17] Teatro. Cf. nota 5 a Gaceta de Cayo Puto..., en este volumen.

[18] Cf. a Carta a El Pensador y No rebuznaron en balde..., ambos en este volumen.

[19] editor con mayúscula en el original.

[20] rey con mayúscula en el original.

[21] El Observador del Observador J. V. En el mismo Suplemento al número 751 del Noticioso General aparece el artículo titulado Diálogo entre don Ruperto y el impresor. Traslado al Observador del Observador J. V., México: Oficina de don J. M. Benavente y Socios, año de 1820.