SERMÓN POLÍTICO-MORAL[1]

 

Que para dar principio a la misión extraordinaria, formada de venerables sacerdotes de ambos cleros, dirigida a la concordia y unión de los habitantes de esta América, y el restablecimiento de la paz, predicó en la Plaza de Santo Domingo[2] de México el 17 de enero de 1813, y repitió a petición de muchos sujetos celosos del bien público en la iglesia de nuestra señora de la Merced[3] de la misma ciudad el 24 del propio mes, con asistencia del excelentísimo señor virrey,[4] nobilísima ciudad etc., etc., etc.

El padre fray Diego Miguel Bringas y Encinas,[5] predicador apostólico y de S. M., calificador del Santo Oficio de la Inquisición, y actual guardián del colegio de misioneros de la Santa Cruz de Querétaro.

Quien lo dedica a la admirable y heroica virgen sor María de Jesús Agreda[6]


A expensas


del alférez del Regimiento Urbano del Comercio de esta capital don Domingo de Ugarte y Hacha, que destina su producto al socorro de las actuales urgencias del religiosísimo convento de monjas de la Purísima Concepción de la Villa de Agreda[7]

 

 

[…][8]

¿Pues qué? ¿Audacisimus ego omnium?[9] Soy yo acaso el más resuelto de todos? De ningún modo; porque habiendo consagrado anticipadamente sus lenguas y santificado su ministerio sobre esta misma materia tantos varones de mayor opinión,a ¿qué extraño será que yo añada una gota para extinguir el incendio que nos abrasa, cuando se trata de nuestra salud, que ciertamente peligra, cuando claman todas las leyes humanas y divinas, cuando se hace una libre y escandalosa fracción de todos los derechos más inconcusos, cuando se vende la mentira por verdad, la iniquidad por justicia, la pasión dominante por patriotismo, la astucia y malicia más delicada, por sinceridad y libertad noble para hablar y escribir, cuando se convicia con arrojo e imprudencia a los hombres y autoridades más respetables, cuando se abusa de las leyes, cuando a pretexto de curar las llagas se rasgan más las heridas dolorosas, cuando se abusa de la docilidad e ignorancia de un pueblo digno de todas las consideraciones,I cuando se va próximamente a abrir un abismo tan profundo como espantoso de desgracias, en cuyo paralelo, es sólo un sorbo el mar de desastres, que por el espacio de veinte y ocho meses han devorado las entrañas de nuestro florido y bello país, cuando se trata de consumar la iniquidad, en tales circunstancias yo sufriré de buena gana la nota de atrevido, las censuras más amargas, las sátiras más picantes, con tal que mis últimos alientos sean consagrados fielmente en las aras de la verdad, en obsequio de la salud pública, y de los verdaderos intereses, no solo de los americanos, cuyo suelo me es común, por ser mi país nativo, sino de cualquiera que tenga la suerte de pisarle en las circunstancias más críticas y ominosas [...]

 

 

ADDENDA

 

I. No es este el lugar propio para combatir dignamente algunos periódicos que vio este público en el breve espacio de tiempo que corrieron libres las prensas de México; es materia esa digna de ocupar seria y espaciosamente una buena pluma: mas sin embargo, yo debo calificar de algún modo la verdad de las expresiones que vertí en este periodo. El Juguetillo[10] y El Pensador,[11] no son más que unos fuelles que hicieron levantar la llama a la rebelión que iba calmando. ¿Qué objeto podía tener el empeño de denigrar con expresiones las más atrevidas a la mayor parte de los papeles publicados en México hasta la época en que bajo el nombre de chubasco[12] comprendió El Pensador a la mayor parte de los defensores de la justa causa, con la precaución de no individuar sino uno u otro muy superficialmente para quedar a cubierto? ¿A qué venía el renovar la queja de los pretendidos agravios, cuando ya estaba aplicada la medicina de la nueva Constitución[13] que iguala a todos los ciudadanos, desata todas las manos, y abre todas la puertas que supone el autor atadas y cerradas,[14] aunque se le puede demostrar lo contrario? ¿Qué mayor imprudencia, arrojo y injusticia, que condenar la conducta de todos los virreyes, pues la excepción de uno solo reprueba a todos los demás[15] si exceptio firmat regulam in contrarium?[16] ¿Qué crítica más insulsa y sospechosa que acusar a los escritores (aun cuando fuese así) de que no han hecho más que decir, que la insurrección es mala, y que los rebeldes cometen mil excesos, cuando sabe todo el reino que los rebeldes en voz y por escrito procuran sostener que es buena, justa, y que observan una conducta irreprensible como pretende especialmente Cos?[17] ¿Y no hay muchos simples que les creen? ¿Y no hay otros que se fingen en una perfecta duda sobre resolver en cuál de los dos partidos está la justicia? A los predicadores no les incumbe tanto, ni en primer lugar ir a buscar el origen de la insurrección, como hacer ver a las gentes ignorantes que es perversa y everista de todas las leyes, esto es lo que calma la tempestad, y lo demás corresponde a la política. Exitus acta probant:[18] el partido por quien se decidió uno de estos escritores manifiesta el espíritu con que produjo sus periódicos, y el sumo acierto con que suspendió el superior gobierno la libertad de imprenta,[19] que tan ominosa ha sido y debía ser en América en sus primeros pasos. ¿Cuánto más lo sería después?

 
 


[1] México: En la Imprenta de don Juan Bautista de Arizpe. [Estuvo en la esquina de la Monterilla (nombre dado por los alcaldes de Montera que asistían al ayuntamiento. Monterilla es hoy 5 de Febrero) y Capuchinas hoy, Venustiano Carranza.] 1813, 44 pp. La adenda de este documento corresponde a la nota 6 del autor, la reproducimos como parte del texto debido a que en ésta se hace mención de nuestro autor.

[2] Plaza de Santo Domingo. Está a dos calles del noroeste de la Catedral Metropolitana. Al este de la plaza e iglesia estaba la calle de Santo Domingo que corría de norte a sur, actualmente se llama República del Brasil. Completan la manzana de la plaza y convento las calles de Belisario Domínguez, República de Chile y República de Perú. La calle de Leandro Valle fue abierta a través del convento.

[3] Iglesia de nuestra señora de la Merced. El convento de la orden de los mercedarios, que estuvo en la esquina de las hoy calles de Uruguay y Roldán, fue casi destruido; en cambio, la iglesia fue derribada y en su lugar se construyó un mercado de mucho comercio y muy conocido. Del convento de la Merced se conserva el claustro, que es una joya del barroco mexicano.

[4] Francisco Xavier Venegas. Cf. nota 9 a Respuesta del virrey Venegas a don José Joaquín Fernández de Lizardi, en este volumen.

[5]  Diego Miguel Bringas y Encinas. (¿ - 1822?) En la Universidad de México se doctoró en Teología. Se hizo franciscano de la Propaganda Fide en el Colegio de Santa Cruz de Querétaro. El Templo y el Convento de la Santa Cruz fueron fundados en la Loma de San Gremal por fray Antonio Linaz de Jesús María, guardián del convento de San Juan del Río, el 14 de agosto de 1683. El nombre original del convento fue Recolección de San Buenaventura y cambió por el de Primer Colegio Apostólico de Propaganda Fide. De acuerdo con las 14 constituciones que aprobara el general de la Orden de San Francisco, confirmadas por el Papa Inocencio XI, la institución fue separada de la provincia de San Pedro y San Pablo de Michoacán, y sólo quedó sujeta al comisario general de Indias. De este Colegio dependían, a su vez, los de Cristo Crucificado en Guatemala, de Nuestra Señora de Guadalupe en Zacatecas, de San Fernando en México, de San Francisco de Pachuca, de San José de Gracia de Orizaba, de Nuestra Señora de Zapopan en Jalisco y San Luis Rey de California. Llegó a guardián en 1814 y fue cronista de dicho convento. Sus principales escritos son; Musa Americana, o traducción de los poetas del P. Diego Abad (1783); Sermones Panegíricos Morales (1792); Sermón sobre la inmodestia de los vestidos (1802); Impugnación al Manifiesto del doctor Cos, cura que había sido de S. Cosme (1812); Sermón al ser vencidos los insurgentes en Tenango del Valle (1812). Fernández de Lizardi se refiere a él en Otra afeitada de El Pensador al miserable Barbero: “Hasta un santo sacerdote, estando yo preso por haber defendido la inmunidad del estado eclesiástico, ayudaba santamente a que nos mataran. El padre Bringas, célebre predicador de Venegas y de todos los chaquetas alucinados, predicó un sermón de disparates en la plazuela de Santo Domingo, el que repitió en la Merced ante el virrey, Audiencia y Tribunales, y después lo imprimió para que viera el mundo que es verdad que en los púlpitos se puede desatender impunemente. Este buen fraile, compañero de usted en el oficio, imprimió un sermón, que ahora es cuando sale a la luz: lo dedicó a su santísima madre, la madre Sor María de Jesús de Ágreda virgen tan favorecida de Dios que mereció que Su Majestad le revelara lo que no quiso revelar a sus apóstoles. Puso al gran Hidalgo de su mano; no le bajó un punto de hereje sólo porque no creía las visiones de la madre Ágreda; ¿y por qué piensa usted que era tan devoto y defensor de la madre Ágreda? No más porque aquella santa monja dizque era de la casa de Ágreda de España. El conde de Casa de Ágreda que vive, quizá sabrá algo más en el asunto. En el prólogo o dedicatoria del sermón, o por mejor decir, en las notas, dice el padre Bringas estas palabras: ‘El Pensador y el Juguetillo son dos fuelles que han soplado la insurrección que iba calmando’ y continúa haciendo nuestro panegiris que a mí me pudo haber costado bien caro, como que estaba en la ratonera , y no era muy piadoso don Miguel Bataller. Usted, señor Barbero, no podrá creer que mintiese al reverendo Bringas, y menos en la cátedra de la verdad [...]”. Cf. Obras X-Folletos, pp. 161-162.

[6] María de Jesús Ágreda. (1602-1655). Mística española cuyo apellido paterno era Coronel y el materno Arana. Abadesa del convento de la Inmaculada Concepción de Ágreda durante 35 años en su villa natal, fundado con los fondos de sus padres. Fue acusada, procesada y absuelta por el Tribunal de la Inquisición por profesar doctrina herética. Su obra más importante es La mística ciudad de Dios o historia de la Reina de los Ángeles, relato novelado de la vida de María.

[7] Villa de Ágreda. Convento de la Concepción, de monjas franciscanas, fundado por la Venerable Sor María de Jesús Ágreda “en las afueras de la ciudad, cerca del convento [...] de San Julián. El 10 de julio de 1633 se procedió a la inauguración del nuevo convento”. Antes de esta fecha el convento fue la propia casa de Sor María de Ágreda, cuyos padres tomaron la decisión de convertir su hogar en convento. La iglesia del Convento es de planta de cruz latina, con retablos y esculturas del siglo XVII. Información de la página www.mariadeagreda.com (Enero 2003).

[8] Resumen de texto omitido: El sermón contiene una dedicatoria a la virgen María de Jesús Ágreda, en ella el padre Bringas considera a Miguel Hidalgo como un acérrimo rival de dicha virgen por haber hecho públicas sus invectivas en su contra en marzo de 1809, lo reta a discutir sobre la materia; para introducir sus puntos de vista hace una severa crítica a aquellos que no dijeron nada en contra del movimiento insurgente ya sea por aceptación o por cobardía, crítica que incluye a los periódicos Juguetillo y El Pensador Mexicano por avivar el movimiento. La exposición de su tema está divida en dos partes. En la primera sostiene que: “La justicia y la política patrocinan decisiva y manifiestamente la causa de España y condenan la insurrección”; la segunda se refiere a la unión de americanos y españoles para guardar fidelidad al rey Fernando VII y evitar la independencia, puesto que todos tienen igualdad de derechos y obligaciones con la monarquía como ciudadanos españoles —de acuerdo a la Constitución Política de la Monarquía Española.

[9] Audacissimus ego omnium? Soy yo el más audaz de todos.

a “Ninguna contradicción envuelve esta expresión con la que inmediatamente le procede: en la primera se habla de los que han callado; y en ésta se hace relación a los muchos que tan dignamente han esforzado su voz, como ejercitado su pluma.”

[10] El Juguetillo. Cf. nota 1 a Primer número de [El] Juguetillo... y nota 19 a Carta de los Guadalupes a don José María Morelos. Diciembre 7 de 1812, ambos en este volumen.

[11] El Pensador. Cf. nota 3 a Primer número de [El] Juguetillo..., en este volumen.

[12] Fernández de Lizardi había escrito en El Pensador Mexicano, t. I, núm. 6: “El reino está enfermo, y de mucha gravedad, el gobierno es el médico de cabecera que desea la salud de este enfermo; si vosotros, escritores cobardes o aduladores, que sois los asistentes, informáis al médico contra la verdad y los gritos de vuestro corazón, ¿no es consecuencia necesaria que el enfermo perezca a pesar de la vigilancia y sensibles deseos del diestro físico?. Responded. En el chubasco de papeles públicos que sobre la materia ha visto México yo no hallo sembradas otras cosas (en la mayor parte de ellos) que pasiones, iras, venganzas, adulaciones, sátiras, chocarrerías, mentiras, exageraciones, milagritos, provocaciones y quizá hasta impiedades y proposiciones escandalosas (como aquello de que no sé qué papelucho en que a uno de los presbíteros insurgentes se le dice ‘ex -sacerdote’ y otras que tengo en mi librito). Y digo, ¿esto a qué se reduce? ¿A convertir a los insurgentes? No lo creo. ¿A ilustrar al gobierno? Ni por pienso. ¿A fingir patriotismo? Vaya que ya adiviné. Pero hermanos de mi alma éste es un sistema muy bozal.” Cf. Obras III- Periódicos, p. 66.

[13] Constitución. “La Constitución que expidieron las Cortes de Cádiz, jurada en España el 19 de marzo de 1812, lo fue en Nueva España el 30 de septiembre del mismo año. Suspendida por el virrey Venegas poco después, fue restablecida por Calleja al año siguiente en algunas de sus partes: elecciones de ayuntamientos, de diputados para las Cortes de España y de representantes para las juntas Provinciales, así como en lo referente a la organización de los tribunales, encargados de sustituir a las audiencias. El decreto de Fernando VII de 4 de mayo de 1814, que restauraba el sistema absolutista al desconocer lo hecho por las Cortes, fue publicado en Nueva España el 17 de septiembre del propio año, con lo que concluyó por lo pronto la precaria y limitada vigencia de aquella Constitución. En el mes de marzo de 1820, como consecuencia del levantamiento de Riego, Fernando VII se vio obligado a restablecer la Constitución de Cádiz. En México se adelantaron a prestarle adhesión Campeche y después Veracruz, por lo que el virrey Apodaca hubo de jurarla el 31 de mayo. De acuerdo con la Constitución se reinstalaron los ayuntamientos, así como las seis Diputaciones Provinciales que en 1812 se habían autorizado para el territorio de Nueva España”. Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., p. 59.

[14] Fernández de Lizardi había publicado en el núm. 6, t. I de El Pensador Mexicano, una reflexión titulada “Manos atadas”; y el siguiente número del periódico llevó el nombre de “Puertas cerradas”. Cf. Obras III- Periódicos, pp. 64-69 y 70-76, respectivamente.

[15] Véase El Pensador Mexicano, t. I, núm. 9, titulado “Al excelentísimo señor don Francisco Xavier Venegas. Virrey, gobernador y capitán general de esta Nueva España en el día 3 de diciembre de 1812. El Pensador Mexicano dedica afectuoso el siguiente periódico”. Ibidem, pp. 83-90.

[16] si exceptio firmat regulam in contrarium? Pues que la excepción confirma la regla en contrario.

[17] José María Cos (¿ - 1819). Nació en Zacatecas y murió en Pátzcuaro, Michoacán. Doctor en Teología por la Real Universidad, catedrático de Gramática, Retórica, Filosofía, Teología, Latinidad y Vicerrector del Seminario Tridentino de Guadalajara. Publicó El Ilustrador Nacional, el segundo periódico insurgente. A esta publicación siguió El Ilustrador Americano, en la que colaboró Quintana Roo.

[18] Exitus acta probant. Los hechos prueban el éxito, o bien, lo hecho prueba el éxito.

[19] libertad de imprenta. El primer decreto sobre libertad de imprenta es de 10 de noviembre de 1813, que modifica y amplía el primero debido a los “varios recursos y consultas” hechas a las Cortes generales y extraordinarias sobre la materia. En la Constitución de 1812, el artículo 371, capítulo único del título IX se registra la libertad de imprenta. El 5 de diciembre de 1812 el virrey Venegas suspendió esta libertad, misma que fue restablecida el 19 de junio de 1820 por el virrey Ruiz de Apodaca.