SÉPTIMO JUGUETILLO DEDICADO A EL PENSADOR MEXICANO[1]

 

No basta persuadir al pueblo la debilidad

de la antigua legislación: debe prevenírsele

en favor de la nueva, valiéndose para ello

de argumentos sensibles que nazcan

del concepto mismo que suele formar el pueblo de las cosas.

 

Filangieri[2]

 

MOTIVOS DE MI AFECTO A LA CONSTITUCIÓN

 

Decir la verdad pura

sin usar de ficción ni compostura

 

Hemos llegado a la época de la charlatanería. Todos hablan de la Constitución española que se acaba de jurar;[3] unos la bendicen y elevan hasta los astros; otros la vituperan y deprimen hasta los abismos. Pregúntesele a aquéllos por qué la elogian, y a esotros por qué la vituperan, y muy pocos darán una razón concluyente de su conducta. Yo he asistido en varias partes a uno u otro sermón predicado por tan fausto motivo; prometíame oír unos razonamientos que forzasen al auditorio a dar humildes gracias a Dios, porque había dado a este pueblo semejante código; pero cuando esperaba ver analizadas las ventajas de esta carta de libertad sobre las antiguas compilaciones que nos han gobernado por tres siglos, sólo oí generalidades en la parte moral, y el auditorio salió tan ignorante como entró de lo que debía saber, esto es, si no ha salido disgustado por la profanación de la cátedra de la verdad con la lisonja descarada.

   Hasta ahora no se ha puesto entre nosotros una cátedra de Constitución como hay varias en España.[4] Por nuestra desgracia este código se publicó a la sazón en que este Reino estaba revuelto;[5] y así es que sus habitantes no pudieron conocer si perdían o ganaban con la reforma. Por otra parte, en los lugares que estaban tranquilos a medias, que se trató de realizar, se hizo una mezcolanza y baturrillo de libertad y esclavitud inconcebible que, sólo sirvió para desacreditarla. La libertad de la imprenta,[6] que era una de las partes más principales de ella, y por la que se habría hecho amable, fue violada escandalosamente, porque fue suprimida:[7] los magistrados, de observadores religiosos que deben ser, se constituyeron legisladores supremos, y creyeron ver todavía más que los diputados de Cádiz,[8] que sabían muy bien que el estado de la América era violento, como prueban los diarios de Cortes. Dieron caza a los escritores,[9] como a bestias dañinas, después de haberlos garantido con la Constitución, formóseles causa, y persiguió, hasta arruinarlos de todo punto con sus familias; después se dijo anatema a la misma Carta a que se había dicho ¡hossanna!, y se incurrió en contradicciones tan ruines y groseras, que sólo su memoria basta para sacar los colores a la cara aun a los que no tuvieron el menor influjo en ella. Si se hubiera dejado escribir, se habrían convertido muchos engañados, pues la verdad y no el fierro cautiva el corazón. Un buen gobierno no teme a la luz radiante que ilumina, porque ésta lo guía, y no usa de artificios, cavilaciones y tretas vergonzosas, muy ajenas de la majestad y santidad de las leyes. Esto ha engendrado desconfianza en unos, odio en otros, predisposición poco favorable en muchísimos; y, de consiguiente, es necesario trabajar con tenacidad para borrar estas ideas, y fijar la que ahora se debe tener del nuevo gobierno; esto es difícil, vive Dios, pues a los hombres de bien no se les burla dos veces: antes se engañaba a los niños con juguetes, y a los hombres con juramentos.

   Jurada ya, nuevamente, la Constitución, puesto a la cabeza de la nación el rey constitucional para hacerla efectiva, pactada solemnemente su observancia para con su pueblo, cimentada su estabilidad con lágrimas, con sangre, y desengaños adquiridos en el decurso de seis años de amargura, y que hicieron borrar la memoria de las calamidades de la guerra con Francia, es obligación de todo magistrado ocurrir cada uno con el mayor esmero a dar la última mano a la conclusión de este edificio majestuoso... Obras son amores, y no buenas razones: obras, y no palabras dulces e insignificantes, deben garantir lo que se nos ofrece; el que no lo hiciere será un perjuro, y tema los efectos de su perfidia. Será igualmente propio de su obligación dar idea, en la parte que cada uno pueda, de las ventajas que adquirirá por ahora la América observando la Constitución española. Este grande objeto no podrá llenarse, sino haciendo un juicio comparativo entre la antigua y moderna legislación. Semejante cotejo demanda tiempo, estudio y afanes. Sin embargo, yo, aunque no [me] precio de sabio, espero presentarlo con tanta sencillez y claridad, que cada uno se persuada de que debe amar la Constitución, como la única tabla que debe salvarlo en la tormenta borrascosa del despotismo de tres siglos,[10] así en España como en América, y debe dar la vida antes que consentir en la menor trangresión de ella. Comencemos ya, y sea analizándonos algunas pocas de las innumerables leyes que no gobernaron, y que por ministerio de la misma Constitución han quedado paralizadas. ¡Sabio Pensador Mexicano!, quisiera tu claridad, y aquella noble majestad con que hablas a la multitud: a ti dedico mis afanes; si los suspiros de un perseguido y calumniado como tú pueden enjugar las lágrimas que hizo brotar a tus ojos una multitud de pasioncillas ruines, recíbelas como un homenaje debido a tu constancia en el sufrimiento, y al amor a una patria, cuyas desgracias hemos llorado en lo más obscuro de las prisiones y calabozos.[11] Si no llenare cumplidamente mis ideas, tú me perdonarás a trueque del buen deseo. Oprimido mi corazón con el peso de infandas pesadumbres, apenas acertaría a desempeñar sus votos.

   El ciudadano español, considerado bajo las principales relaciones de un ente sociable, es el objeto de la Constitución política de la monarquía. El rey Alfonso el Sabio, que reunió la filosofía al trono, reconoció su dignidad; y para mandar que ninguno fuese condenado a muerte a menos de que hubiesen contra él pruebas más claras que la luz del día, dijo: “Porque el hombre es la más bella  del mundo”... Pocos legisladores de los siglos medios han honrado más nuestra especie, ni pocas leyes han sido más justas que las suyas; pero es signo fatal de la nación española que sus mejores establecimientos están más expuestos a grandes contradicciones. Formado este Código bajo sus auspicios, al modo que la traducción de los setenta de la Biblia bajo los de Ptolomeo de Alejandría,[12] como chocase de frente con los poderosos y prelados que ejercían una autoridad absoluta sobre los pueblos, cuando creía que éstos verían como el mayor de los bienes aquella admirable compilación que los redimía de las vejaciones, vio, contra todo lo que era de esperar, que un cuerpo de leyes tan meditado como instructivo, que ha hecho siempre la admiración de las edades y naciones, fue motivo para que se le llenase de disgustos por su intempestiva publicación. No estaba el pueblo español en sazón de recibir tamaño bien. Añadiéronse varias desazones de su familia, y la rebeldía de su hijo, y desafueros de los ricos omes, le hicieron bajar al sepulcro sin haber conseguido el objeto de la publicación de tan sabio Código, el cual bajó a ocultarse bajo el polvo de sus bibliotecas, hasta que en las Cortes de Alcalá[13] (no con gusto de todos) se acordó su publicación y cumplimiento, teniéndolo como supletorio de los fueros, y a falta de aquéllos. ¡Desgraciada nación, en que no se ha conocido el mérito del saber hasta después de tres o más centurias de años, y hasta que las potencias rivales no nos abrieron los ojos, señalándolos con el dedo a los sabios que mantuvieron nuestros padres en la obscuridad y menosprecio! Tal fue la suerte de un Solano de Luque,[14] de un Cervantes, y por poco lo es también de nuestro crítico Feijoo. Sin embargo de todo esto, y de que la pretendida Constitución antigua exista en los primeros códigos y fueros, privado el ciudadano del uso de su dignidad y derechos, ha sido restituido a ellos por medio del artículo octavo de la Constitución, que declara que: “la soberanía reside esencialmente en la nación, y por lo mismo pertenece a ésta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales”.[15] ¡Qué dolor! Ha sido necesario el decurso de muchos siglos, el derramamiento de ríos de sangre en las campañas, y el choque más deshecho contra el fanatismo y la ignorancia más servil y degradada, para deslindar esta verdad importante, y presentar a la faz del universo una proposición tan sencilla como verdadera. Pretendióse hacerla pasar por una herejía y blasfemia abominable; para impugnarla, se han revuelto con sacrilegio las Escrituras, se ha abusado de la letra y espíritu del Evangelio y autoridad de san Pablo,[16] porque los perversos hallan probado el ateísmo en la misma boca de David,[17] truncando sus palabras, y todo se ha hecho para persuadirnos que nacimos para obedecer, para ser instrumentos ciegos de la voluntad de algunos señorones, y para ser dirigidos e impulsados por la voz y chirrión[18] de un capataz sin réplica, como lo son las grandes manadas de guajolotes[19] que pueblan la Plaza del Volador de México.[20] Aún resuena en mis oídos, con el retintín más desagradable que los cerrojos de mi prisión, la voz de aquel ministro Gálvez,[21] que en su Bando sobre expulsión de los padres jesuitas,[22] concluye diciendo: (oiga la especie humana y pásmese) y sabed que nacistéis para obedecer. Hablara más modesto aquel Xerxes que echa dos puentes sobre el Helesponto, lo pasa provisto de cadenas para conducir maniatados a los griegos, y lo repasa a vuelta de dos meses, haciéndolo azotar por inobediente a sus órdenes soberanas; o reservárase esta alocución para aquellos rusos que apenas acaban de darnos el espectáculo de que son hombres.

   Tal ha sido el lenguaje de nuestros mayores. Debe, pues, la América a la Constitución la declaración solemne de sus sagrados derechos.[23] El mundo hermoso de Colón es parte integrante del imperio español; ella abre con mano prepotente la puerta de la virtud y merecimiento para ser ciudadanos a los que hicieren servicios calificados a la patria, a los que se distinguen por su talento, aplicación y conducta, ejerciendo algún oficio o industria útil.[24] Ley sabia, porque honra la virtud donde la encuentra, porque fomenta y remunera el matrimonio, proscribiendo indirectamente la prostitución,[25] y porque da impulso a la industria y a las artes, castigando la holgazanería.[26] Indios humildes, zapateros hasta aquí despreciados,[27] alzad vuestras frentes, puesto que habéis sido condenados a la humillación por tres siglos, y reducidos a la clase de abyectos miserables: que habéis limitado el estrecho círculo de vuestras ideas a no pensar más que en el grosero alimento que había de satisfacer vuestras urgentes necesidades. Vosotros, a quienes hacía estremecer el relumbrón de un llamado caballero, cuya dorada carroza hacia retemblar vuestra accesoria humilde, levantad, digo otra vez, la frente, porque al pie de las columnas de Hércules,[28] filósofos modestos y sensibles pesaron vuestros derechos en el fiel de la justicia. Levantaos al imperio de su voz, voz augusta, porque es la voz de los pueblos; recobrad ánimo, y marchad con el continente majestuoso, con que el sabio observa la naturaleza y las revoluciones de los astros. Vosotros, que enmedio de vuestro abatimiento conocéis el mérito del ciudadano afligido por la calumnia, id a la plaza pública, y decid voto por F. para tal empleo, y voto, porque la soberanía reside esencialmente en una nación de que soy miembro, yo la sirvo con mis brazos, como el magistrado con su pluma y el militar con su sable; yo tomo interés en su prosperidad y exaltación; mas para que mi voz no se repute por una alarma seductora, mirad si está conforme con el espíritu de la legislación moderna, que quizás no ha sido examinada como debiera por algunos, que se precian de sabios, y deciden soberanamente sobre vuestra capacidad para votar en las elecciones de parroquia.[29] “Declaro (dice la ley 8, título 23, libro 8 de la Novísima Recopilación de Castilla)[30] que no sólo el oficio de curtidor, sino también las demás artes y oficios de herrero, sastre, zapatero, carpintero, y otros a este modo, son honestos y honrados: que el uso de ellos no envilece la familia ni la persona del que los ejerce, ni la inhabilita para obtener los empleos municipales de la república en que están avencidados los artesanos o menestrales que los ejerciten; y que tampoco han de perjudicar las artes y oficios para el goce y prerrogativas de la hidalguía, a los que la tuvieran legítimamente, aunque los ejercieran por sus mismas personas; siendo exceptuados de esta regla los artistas o menestrales, o sus hijos, que abandonaren su oficio, o el de sus padres, y  no se dedicaren a otro, o a cualesquiera arte o profesión, con aplicación y aprovechamiento, aunque el abandono sea por causa de riqueza y abundancia; pues en tal caso, viviendo ociosos y sin destino, quiero les obsten los oficios y estatutos como hasta de presente: en la inteligencia de que el mi Consejo, cuando hallare que en tres generaciones de padre, hijo y nieto ha ejercitado, y sigue ejercitando una familia el comercio o las fábricas con adelantamientos notables y de utilidad al Estado, me propondrá, según le he prevenido, la distinción que podrá concederse al que supiere y justificare ser director o cabeza de la tal familia que promueve y conserva, sin exceptuar, la concesión y privilegio de nobleza, si le considerare acreedor por la cantidad de los adelantamientos del comercio o fábricas. Y mando se observe inviolablemente esta mi real resolución, sin embargo de lo dispuesto en las leyes 4 y 9, título 10, libro 4 del Ordenamiento Real;[31]la 2 y



[1] Por Carlos María de Bustamante. México: Imprenta de don Alejandro Valdés, 1820 (7 de julio de 1820, Veracruz), 44 pp.

[2] Cayetano Filangieri.(1752-1788). Es de suponer que se refiere al filósofo, jurisconsulto, economista y político italiano. Autor de La ciencia de la legislación, documentos de economía política en que también fueron estudiados como reformadores del derecho penal. Escribió Tratado de la educación pública y privada; Moral de los principios; Relaciones políticas, entre otras obras.

[3] Constitución. Cf. nota 13 a Sermón político-moral, en este volumen.

[4] Tenemos noticia del establecimiento de esta cátedra en México por el impreso de Blas Osés, A mis discípulos. [Oración pronunciada con motivo de la inauguración de la cátedra de Constitución, establecida en México el 28 de diciembre de1820.] [México, s. i, 1820], 19 p. Cf. Meza Oliver y Olivera López, Catálogo de la colección Lafragua... 1811-1821, p. 225.

[5] El movimiento insurgente inició en 1810, concluyó 11 años después.

[6] libertad de imprenta. Cf. nota 19 a Sermón político-moral, en este volumen.

[7] suspensión de la libertad de imprenta. Cf. nota 9 a Comunicación de don Félix María Calleja..., en este volumen.

[8] La Constitución de Cádiz estableció que las “Cortes son la reunión de todos los diputados que representan la Nación, nombrados por los ciudadanos” (artículo 27). Por cada 70 mil habitantes habría un diputado en Cortes (artículo 31). En los artículos 91 a 102 se establecen los requisitos para ser diputado y las facultades que adquieren.

[9] escritores perseguidos. Los números 1 y 2 de El Pensador Mexicano, t. I, los dedica Fernández de Lizardi a la libertad de imprenta. El primero inicia: “¡Gracias a Dios y a la nueva Constitución española que ya nos vamos desimpresionando de algunos errores en que nos tenían enterrados nuestros antepasados! Errores tanto más perniciosos cuanto que su trascendencia era el resultado de innumerables daños a la sociedad” Cf. Obras III-Periódicos, p. 35. El número 9 de este periódico (diciembre de 1812) dio motivo a la suspensión de la libertad de imprenta y al encarcelamiento de Fernández de Lizardi. Ibidem, pp. 83-90, véase el proceso en Obras XIV-Miscelánea, pp. 371-441.

[10] Se refiere al gobierno español a partir de la Conquista en 1521.

[11] encarcelamiento de Fernández de Lizardi. Cf. nota 8 a Carta de los Guadalupes a don José María Morelos. Marzo 3, 5 y 6 de 1813, en este volumen.

[12] Ptolomeo II. Filadelfo. Rey de Egipto de 285 a 246 a. de J. C. Protector de las letras y administrador eficiente. La tradición atribuye a su iniciativa la traducción en griego de la Biblia hebraica, conocida con el nombre de Versión de los Setenta. Mandó construir el célebre Faro de Alejandría.

[13] Cortes de Alcalá. En 1348 fueron reunidas por el rey Alfonso XI las Cortes que promulgaron el Ordenamiento de Alcalá. Hasta entonces se había dado el particularismo de la legislación, por consecuencia de la ruptura de la unidad de la misma con la invasión arábiga reflejada en la multitud de Fueros por los que se regían los pueblos de la monarquía castellana o leonesa. Fernando III el Santo, primero, y su hijo Alfonso X el Sabio, después, fueron reduciendo esa variedad a la unidad, y con tal objeto el segundo hizo formar sus célebres Códigos, especialmente el Fuero Real (destinado a irse dando por fuero a los pueblos) y las Partidas. Esto planteó una lucha entre la legislación municipal y la general. Durante todo el periodo que medió entre Alfonso X el Sabio y Alfonso XI el Justiciero, este dualismo de legislación y estas luchas existieron, sin que lograsen las Partidas ser admitidas como ley oficialmente.

[14] Pedro María Solano de Luque (¿ - 1836). Bachiller. Fue catedrático de Moral en el Colegio de Tepotzotlán como consta en Carta familiar, que para utilidad pública, y con anuencia de su obediencia perpetuó el Exmo. Illmo. Señor Arzobispo, da a luz la Venerable santa Escuela de la Inmaculada Concepción de la Parroquia de la Santa Veracruz, remitida a ésta por el bachiller don Pedro María Solano..., en el Real Colegio de Tepotzotlán. México: Casa de Arizpe, 1810; en el que el autor se expresa contra el revanchismo de los americanos hacia los europeos. Está en la Nómina de Capitularios de la Catedral, hecha por José María Marroqui. Cf. La ciudad de México, t. III, p. 143.

[15] Es el artículo tercero el que establece que “La soberanía reside esencialmente en la Nación, y por lo mismo pertenece a ésta exclusivamente en derecho de establecer sus leyes fundamentales.” Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., p. 60.

[16] San Pablo. Ga. 3, 10. Porque todos los que son de las obras de la ley están bajo maldición. Porque escrito está: Maldito es todo aquel que no permaneciere en todas las cosas que están escritas en el libro de la ley, para hacerlas. En la versión católica: “Malditos cualquiera que no observare constantemente todo lo que está escrito en el libro de la ley.” 3, 11 “Por lo determinado, [está escrito] el que nadie se justifica delante de Dios por la ley, está claro porque el justo vive por la fe. Mas la ley no tiene el ser, o no se deriva, de la fe; sólo, sí, el que la cumpliere, reñirá en ella.” 3, 13 “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho por nosotros objeto de maldición...”

[17] “Y respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es menester obedecer á Dios antes que á los hombres”. Hch. 5, 29.

[18] chirrión. Látigo tosco, largo y grueso, hecho de correas trenzadas o retorcidas, y sujeto a un mango de madera corto. Úsanle especialmente los carreteros. Santamaría, Dic. mej.

[19] guajolote. (Del mex. huey-xolote). Nombre que recibe el pavo mexicano, tanto doméstico como montés. Ambas especies son originarias del país. Se dice también totol, cócono, concho o conche; en Tabasco, mulito. La hembra se llama pípila o cihuatotolin, además de guajolota. Santamaría, Dic. mej.

[20] Plaza del Volador. En los terrenos de esta plaza actualmente se encuentra el edificio de la Suprema Corte de Justicia, en la calle de Pino Suárez.

[21] José de Gálvez (1729-1786). Visitador real en Nueva España. A sus informes se debió la destitución del virrey marqués de Cruillas. Su extensa labor junto al nuevo virrey, marqués de Croix, favoreció al virreinato y a España. Posteriormente fue ministro de las Indias. Carlos III le concedió el título de marqués de Sonora por haber fundado colonia en esta región de México.

[22] El 25 de junio de 1777, el marqués de Croix publicó el bando en que se dio a conocer la expulsión de la Compañía de Jesús, en su parte final dice: “pues de una vez para lo venidero deben saber los súbditos del gran monarca que ocupa el trono de España que nacieron para callar y obedecer, y no para discurrir, ni opinar en los altos asuntos del gobierno.” Cf. Miguel León-Portilla, et al. Historia documental de México, t. I, p. 358.

[23] Título I, capítulo I, artículo 1: “La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios”. Artículo 2: “La Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona”. Articulo 3: “La soberanía reside esencialmente en la Nación, y por lo mismo pertenece a ésta, exclusivamente, el derecho de establecer sus leyes fundamentales”. Artículo 4: “La Nación está obligada a conservar y proteger por leyes sabias y justas la libertad civil, la propiedad y los demás derechos legítimos de todos los individuos que la componen.” Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., p. 60.

[24] Título II, capítulo IV, artículo. 22: “A los españoles que por cualquier línea son habidos y reputados por originarios del África, les queda abierta la puerta de la virtud y del merecimiento para ser ciudadanos a los que hiciesen servicios calificados a la patria, o los que se distingan por su talento, aplicación y conducta, con la condición de que sean hijos de legítimo matrimonio de padres ingenuos, de que estén casados con mujer ingenua, y avecindados en los dominios de las Españas, y de que ejerzan alguna profesión, oficio o industria útil con un capital propio.” El subrayado es nuestro. Ibidem, p. 63.

[25] Corresponde al título II, capítulo IV, artículo 24: “El ejercicio de los mismos derechos [de ciudadano] se suspende: Primero. En virtud de interdicción judicial, por incapacidad física o moral”. Idem.

[26] Corresponde al título VI, capítulo II, artículo 325: “En cada provincia habrá una diputación llamada provincial, para promover su prosperidad, presidida por el jefe superior”; artículo 335: “Tocará a estas diputaciones: [...] Quinto: Promover la educación de la juventud conforme a los planes probados; y fomentar la agricultura, la industria y el comercio, protegiendo a los inventores de nuevos descubrimientos en cualquiera de estos ramos”. Ibidem, pp. 98-99.

[27] Sobre el desprecio de que eran objeto algunos oficios, Fernández de Lizardi escribió dos folletos: La igualdad en los oficios. Diálogo entre un zapatero y su compadre y No es señor el que nace, sino el que lo sabe ser. O sea la continuación del Diálogo entre el zapatero y su compadre, sobre la igualdad en los oficios. El autor expone las diferencias jerárquicas entre, por ejemplo, zapateros y plateros. El desprecio por los trabajos manuales o mecánicos se remonta a Platón, quien llama a los trabajadores banausus. Fernández de Lizardi considera que no hay mucha diferencia entre “engastar diamante y forjar oro, a estirar vaqueta con los dientes” Cf. Obras X-Folletos, pp. 61-64 y 65-69, respectivamente.

[28] columnas de Hércules. (Stélai Herakleús) Nombre que dieron los navegantes griegos y romanos a los dos promontorios (Abila y Calpe) que se levantan a cada lado del estrecho de Gibraltar. Una leyenda griega afirmaba que Hércules, durante su viaje al Jardín de las Hespérides (Occidente), separó las dos rocas para abrirse paso desde el Mediterráneo hasta el Atlántico. A partir del siglo X los fenicios las cruzaron frecuentemente en sus viajes a Gádir (Cádiz).

[29] elecciones de parroquia. El artículo 34 de la Constitución estableció que para la elección de diputados de Cortes se celebraran juntas electorales de parroquia, de partido y de provincia. Los capítulos III, IV y V del título III se ocupan de las elecciones respectivas en cada instancia. Las elecciones parroquiales debían celebrarse “el primer domingo del mes de diciembre, quince meses antes de la celebración de las Cortes” (artículo 37). Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., p. 64. Fernández de Lizardi trata el tema de las elecciones de parroquia en su periódico El Pensador Mexicano; en el número 8 del tomo primero publica una “Prevención” en la que señala que: “El primer domingo de diciembre se ha de proceder a las juntas electorales por parroquias, según el artículo 37 del capítulo III de la Constitución.” En esta breve nota el autor informa sobre la naturaleza y conformación de tales juntas. Cf. Obras III-Periódicos, pp. 77-82. Dedicó además dos folletos al tema: Aviso importante sobre las juntas parroquiales citadas para el próximo domingo 29 del corriente, y Reflexión patriótica sobre la primera elección. Cf. Obras X-Folletos, pp. 75-80 y 163-166, respectivamente.

[30] Libro VIII De las Ciencias, Artes y Oficios, título 23 De los oficios, sus maestros y oficiales, ley 8. “El mismo por res. á cons. De 5 de Febrero, y céd. del Cons. de 18 de Marzo de 1783. Habilitación para obtener empleos de República los que execren artes y oficios, con declaración de ser estos honestos y honrados. Declaro, que no solo el oficio de curtidor, sino tambien los demas artes y oficios de herrero, sastre, zapatero, carpintero y otros á este modo son honestos y honrados: que el uso de ellos no envilece la familia ni la persona del que los exerce; ni la inhabilita para obtener los empleos municipales de la República en que esten avecindados los artesanos ó menestrales que los exerciten; y que tampoco han de perjudicar las artes y oficios para el goce y prerrogativas de la hidalguía, á los que la tuvieren legítimamente conforme á lo declarado en mi ordenanza de reemplazos del Exército de 3 de Noviembre de 1770, aunque los exercieren por sus mismas personas; siendo exceptuados de esta regla los artistas ó menestrales, ó sus hijos que abandonaren su oficio ó el de sus padres, y no se dedicaren á otro, ó á qualesquiera arte ó profesion con aplicación o aprovechamiento, aunque el abandono sea por causa de riqueza y abundancia; pues en tal caso, viviendo ociosos y sin destino, quiero, les obsten los oficios y estatutos como hasta de presente: en inteligencia de que el mi Consejo, quando hallare que en tres generaciones de padre, hijo y nieto ha exercitado y sigue exercitando una familia al comercio ó las fábricas con adelantamiento notable y de utilidad al Estado, me propondrá , segun le he prevenido, la distincion que podrá concederse al que se supiere y justificare ser director ó cabeza de la tal familia que promueve y conserve su aplicacion, sin exceptuar la concesión ó privilegio de nobleza, si le considerase acreedor por la calidad de los adelantamientos del comercio ó fábricas. Y mando, se observe inviolablemente esta mi Real resolución, sin embargo de los dispuesto en las leyes 6 y 9. tit. 10. lib. 4 del Ordenamiento Real, las 2 y 3. tit. 1. lib. 6 [Por las dos citadas leyes se previno, que los caballeros para gozar de la caballería no vivan en oficios baxos de sastres, pellejeros, carpinteros, pedreros, herreros, tundidores, barberos, especieros, regatones ni zapateros, ni usen de otros baxos y viles. (leyes 2 y 3 tit. 1. lib. 6.R.)], y la 9. tit. 15. lib. 4. de la Recop. [Véase la citada ley puesta por ley 10. tit. 11. lib. 10], que tratan de los oficios baxos, viles y mecánicos, y todas las demas que hablen de este punto, aunque aquí no se especifiquen; pues las derogo y anulo en quanto traten y se opongan á lo referido, y quiero, que en esta parte queden sin ningun efecto, como tambien qualesquiera otras opiniones, sentencias, estatutos, usos, costumbres, y quanto sea en contrario. Esta resolución se copie en los libros capitulares de los Ayuntamientos, para que se tenga presente al tiempo de las elecciones de oficios municipales de República, y no se pueda alegar ignorancia ni contrario uso en tiempo alguno; á cuyo fin tambien se registre y copie por el escribano de Ayuntamiento á continuación de las ordenanzas de los Gremios, Cofradías, Congregaciones, Colegios, ó otros cuerpos en que haya estatutos contrarios á lo dispuesto en ella: y encargo particularmente á los Tribunales y Sociedades Económicas, de que cuiden de su observancia sin interpretaciones y variedades; é igualmente á los M. R. Arzobispos, RR. Obispos, sus Provisores y Vicarios generales concurran á su cumplimiento por lo respectivo á las Congregaciones, Hermandades, y demas establecimientos de seglares, en lo que les corresponda [Por Real órden de 4 de Septiembre de 1803, inserta en circular del Consejo de 10 de enero de 804, con motivo de haber el autor del Febrero reformado (en la parte 1. tom. 2 cap. 30. §. 1. núm. 3. pag. 456.) sentado la doctrina errónea, y perjudicial al honor de las Ordenes Militares y Nobleza Española, de que por haberse declarado en esta cédula de 18 de Marzo de 83 honrados todos los oficios mecánicos, no sirve ya de impedimento su exercicio para condecorarse con qualquiera Hábito Militar; se previno, que la verdadera inteligencia de dicha cédula es, que solo la ociosidad, la vagancia y el delito causan la vileza; y que ningun oficio dexa de ser bueno, como que no ofende á las costumbres ni al Estado, ántes bien fomenta uno y otro; sin que por esto se les hubiese querido elevar al último grado de honor, ó igualarlos á las ocupaciones ó empleos superiores, ni constituir, aun entre los mismos oficios mecánicos, una igualdad que seria quimérica por la diversidad de objetos y utilidades: y que mucho ménos se debian entender derogadas por dicha cédula las constituciones y definiciones de las Ordenes Militares tan justamente establecidas, y fundadas en los principios sólidos de la necesidad de conservar el lustre de la Nobleza: por lo que resolvió S. M., que el Consejo dispusiera se deshiciese este error recogiendo el citado tomo, y circulando la órden correspondiente.]” Cf. Novísima Recopilación de las Leyes de España, mandada formar por el señor Don Cárlos IV. Edición publicada por don Vicente Salvá en la que van agregadas al fin, las ordenanzas de Bilbao, se han intercalado en cada uno de los 12 libros las leyes de 1805 y 1806 del Suplemento, y se las ha incluido en el índice cronológico y el de los sumarios de los títulos. T. III, París, Librería de Garnier Hermanos, Sucesores de D. V. Salvá, Calle de Saints-Pères, n° 6, 1854. Imprenta de H. Fourniery Cª, calle de San Benito N° 7, pp. 649-650.

[31] Libro IV De la Real Jurisdicción Ordinaria; y de su exercicio en el supremo Consejo de Castilla., título 10 De las comisiones del Consejo; y modo de proceder en ellas sus Jueces y Oficiales, ley 4. “D. Felipe II. Á cons. del Cons. de 5 de abril de 1591. Extensión de la fianza prevenida en la ley precedente [ley III. Fianza y obligación que han de otorgar los Jueces de comisión del Consejo, para asegurarlo perteneciente á las penas de Cámara y gastos de justicia.] á todos los Jueces de comisión provistos por el Consejo. El capítulo 24 de las Córtes que se tuvieron en Madrid el año de 1586, y se publicaron el de 590, en que salieren proveidos para mestas y cañadas, sacas, y cosas vedadas, para visitar Escribanos, y tomar cuentas de Propios, sisas y repartimientos, den fianzas legas, llanas, y abonadas [Por auto acordado del Consejo de 28 de Noviembre de 1634 se previno, que no se admitan ni reciban por fiadores de los Jueces de comision, que se despachasen por el Consejo, á ninguno de los Escribanos de Cámara del, ni á sus oficiales, ni á los Procuradores del Consejo, ni á los Relatores, ni otros oficiales que llevaren consigo los dichos Jueces á las comisiones; pena al Escribano de Cámara, que recibiere por fiador á qualquiera de los suso dichos ú despachare comision en virtud de fianza que alguno de ellos hubiere hecho, de quinientos ducados para la Cámara de S. M. y gastos de Justicia por mitad.] en cantidad de mil ducados, ántes que salgan de esta Corte ni entiendan en las dichas comisiones, de estar á Derecho con los que dentro de cincuenta días, despues de acabadas las comisiones, les quisieren pedir algun agravio que de ellos hayan recibido en ellas, y den cuenta con pago de las tales comisiones como mas largo en dicho capítulo se contiene; se entienda con todos y qualesquier Jueces de comisiones, que salieren proveidos por el Consejo; y no lo sean, hasta tanto que hayan hecho relacion en él del negocio á que hubieren ido.”

Libro IV De la Real Jurisdicción Ordinaria; y de su exercicio en el Supremo Consejo de Castilla, título 10 De las comisiones del Consejo; y modo de proceder en ellas sus Jueces y Oficiales, ley 9. “D. Felipe III. en el Pardo por céd. de 30 de Enero de 1608. Extinción de los treinta Jueces nombrados para cumplir las comisiones del Consejo, y otros Tribunales. Tengo acordado y es mi voluntad que á los treinta Jueces Letrados que estan ahora nombrados para cumplir las comisiones del Consejo, y de los otros Tribunales, les cese este exercicio, acabado que sea el tiempo y término por que le tienen; y que teniéndose con ellos la cuenta que fuere razon segun sus servicios y partes, no haya de aquí adelante Letrados señalados para entender en estas comisiones, sino que, quedando á cargo y arbitrio del Presidente excusar lo mas que pudiere los Jueces de comision, por los inconvenientes que se siguen de freqüentarlas, provea en los casos forzosos las comisiones que lo fueren á los Corregidores de los partidos ó Jueces comarcanos, ó otros Jueces de comision, según por la calidad y circunstancias de los mismos negocios juzgare convenir para la buena administración de justicia.” Ibidem, t. II, pp. 65-66 y 67-68.