SÁTIRAS A EL PENSADOR

POR SU OBRA DEL CONDUCTOR[1]

 

 

Cuando veo yo algunos que de otros escritores

A la sombra se arriman, y piensan ser autores

Con poner cuatro notas, o hacer un prologuillo,

estoy por aplicarles lo que dijo el tomillo.

 

En la Fábula X de Iriarte.[2]

 

 

Señor Pensador: cuando leí por primera ocasión el prólogo del periódico que con el altisonante título de [El] Conductor Eléctrico ofreció al público, creí de buena fe sería una obra digna de su pluma.[3] Esta idea, la imprenta libre, y algunos agradables recuerdos de sus primeras producciones, hicieron que para ésta me alistara entre los primeros subscriptores. Un amigo mío cristiano rancio, y filósofo a la peripatética, impugnó mi determinación,. advirtiéndome no fuera ligero en creer las promesas de usted, que rara vez han llegado al colmo, y que por lo común han quedado incompletas, y en prueba citó al Catrín,[4] la Quijotita,[5] Periquillo,[6] etcétera.[7] Yo, sin atender a sus razones, y tratándolo de mezquino o antiliberal, moda con que en el día se critica al que no lee o compra los papeles públicos, le desprecié. Pasó algún tiempo sin vernos, hasta el día de hoy, que vino a visitarme cuando acababan de traerme el número 22.[8] ¡Aquí es el cuento, señor de mi alma! Sacó al momento sus anteojos y leyó atentamente los números anteriores y el presente. En algunos se reía, en otros se estaba serio, en uno u otro pasaje fijaba más su atención, hasta que, cansado yo por sus dilaciones, movido de curiosidad le pregunté qué le parecía este periódico. Lo que he dicho otras ocasiones (me respondió) repito ahora, y es que este autor no debe escribir periódicamente.[9] ¡Santa María!, exclamé ¿No sabe usted que el señor Pensador es el primer escritor de México, y a quien con letras de molde se ha llamado el Privado de la Nación?[10] ¿Quién si no él ha combatido con tanto tesón contra los abusos, hasta conseguir aniquilar algunos? ¿Quién ha procurado con más eficacia ilustrar a su patria? ¿Quién...? Calla cándido (me interrumpió), registra con imparcialidad su obras, y después di lo que quieras. Por ahora responde a esta breve reflexión: merece la más severa crítica aquel autor que convida subscri[p]tores prometiendo lo que no ha de cumplir. Pero tu amigo en su Conductor es uno de éstos. Se demuestra. Él, en su prólogo, dice así: “Todo lo que pertenezca al orden público y al beneficio de la sociedad será digno objeto de nuestra atención y nuestra pluma.”[11] Adelante: “Instruiremos a los lectores en algunos elementos de derecho público.”[12] En la página cuarta: “Haremos por explicar algunos artículos de la Constitución.”[13] En la quinta: “No se quedarán sin lugar las bellas letras, y se lo haremos muy distinguido a las poesías sobresalientes.”[14] Ahora pregunto, ¿cumplió estas promesas o no? Pero antes dime, ¿por qué en el primer párrafo del prólogo habla en singular de principio a fin, y en los restantes en singular y plural? Sería por elegancia o por hallarse electrizado con el fuego ígneo de la patria?[15] Mas dejando esto a un lado, demos unas cuantas ojeadas a la obra. Diólas en efecto, y luego dijo: contrayéndome a la primera promesa me ocurre una duda, ¿acaso la prisión del padre Lequerica,[16] y la notica plausible, página 133, pertenecen a uno, o a otro, o a los dos? La primera, dirás, puede haber tenido razón de insertarla bajo alguno de los dos respetos, aunque remotamente; pero la segunda creo no pertenece ni a uno ni a otro, y aquello de “¡honor eterno a estos verdaderos amantes de la ley, del rey, de la nación y de su patria!”,[17] dando por verdadero el suceso, me parece un improbable... disparate, y una contradicción con el número 7 de su Pensador.[18] Por lo que mira a las instrucciones elementales de derecho público, ¿dónde están? Se olvidaron. ¿Y la explicación de algunos artículos de la Constitución?[19] ¡Ah! Ésta, que parecía ser la esencia de la obra, fue la menos atendida. Solamente vemos el artículo tercero explicado por él, y el de la dignidad y no responsabilidad del rey, que se dirige al Payo de Tontonatepeque, no a nosotros, que aunque escasos de luces no somos hijos de ese pueblo. Mas si el señor Pensador asegurare hablar con todos sus lectores, dale muchas... gracias por tanto favor. No se quedarán sin lugar las bellas letras. Ya lo hemos visto. Las hay preciosísimas. Ambas carátulas, la alegoría, los huecos, las planas blancas las tienen bellísimas.[20] Se lo haremos muy distinguido a las poesías sobresalientes. Aquí es necesario no tener ganas para dejar de reírnos. Míralas... cuatro sonetos,[21] dos propios, y dos ajenos regulares, una cuarteta[22] y una décima,[23] nada particulares, y un trovo de don José María Madariaga[24] bastante malo son las sobresalientes poesías, siendo de advertir que a este último lo alaba de poeta: ¿qué no se acordaría de las fábulas quince y treinta y tres de su apasionado Iriarte?[25] Resulta por consiguiente que merece la más severa crítica, porque a sus subscriptores, a sus paniaguados y a ti los engañó miserablemente, emprendiendo una obra superior a sus fuerzas, olvidándose de la fábula veinte y nueve,[26] y habiendo sucedido otras ocasiones lo mismo, queda en su vigor la proposición que te escandalizó, a saber: que no debe escribir periódicamente. Tiene más fuerzas que Sansón (le interrumpí), y puede escribir más obras que el Tostado.[27] De la potencia al acto no vale la consecuencia (me respondió). Lo cierto es que el Conductor, que constará de doscientas o más páginas,[28] pocas de éstas son de él; la mayor parte son comunicados, inconexos quizá con el objeto principal. Cincuenta y cuatro ocupa solamente el Ruiz Padrón,[29] y si analizáramos todo el periódico, puede ser que sólo halláramos ideas o principios bastante comunes y repetidos,[30] que no llenan el altisonante título de Conductor Eléctrico, y que apenas dan algunas chispas errantes y escasas de electricidad, por lo mal dispuesto de la máquina. ¿A que va usted en la Canoa,[31] señor mío? (grité encolerizado). Enhorabuena (respondió con flema), iré con el Conductor, si el trajinero nos da algún lugar. Lo bueno es que faltan (le dije) dos números[32] y en ello verá usted cumplidos sus deseos, y reprendida su imprudencia. Vanas esperanzas (contestó), ya ves en el número de hoy cómo, disculpándose con el despotismo de la imprenta,[33] está para despedirse. Si así sucediere, lo sentiré; mas si continuare, aconséjale que para volver a escribir lea las fábulas de Iriarte,a que con esto le dirás cuánto hay que decir, y si no te hace caso paciencia, y que se subscriban los de Tontonatepeque.

Con esto se despidió, y yo determiné participar a usted este extraño coloquio, rogándole no se incomode con ese viejo majadero, que será algún servil, supuesto que se opone a lo que usted escribe, y aunque asegura que estima a usted cordialmente, yo juzgo es hipocresía, porque si fuese cierto lo alabaría necesariamente.[34] Y así no hay que responder, señor Pensador, acuérdese usted de la fábula de las lagartijas,[35] no hay que enmendarse, por más que digan, hasta la Cuaresma. Por ahora saltar, brincar y divertirse, señor mío, que aunque la vida se acabe, quedará la fama póstuma, la cual junto con la presente, completa salud y algunos reales,[36] desea inalterable su afectísimo amigo

 

El Fabulista[37]

 


[1] México: En la Oficina de don Alejandro Valdés, 1820, [4 pp.]

[2] Corresponde a la fábula CLXIV “La parietaria y el tomillo”: “Yo leí, no sé dónde, que en la lengua herbolaria/ Saludando al Tomillo la yerba Parietaria/ Con socarronería le dijo de esta suerte:/ Dios te guarde, Tomillo: lástima me da verte;/ Que aunque más oloroso que todas estas plantas,/ Apenas medio palmo del suelo te levantas./ Él responde: Querida, chico soy; pero crezco/ Sin ayuda de nadie./ Yo sí te compadezco;/ Pues, por más que presumas, ni medio palmo puedes/ Medrar si no te arrimas á una de esas paredes./ Cuando veo yo algunos que de otros escritores/ Á la sombra se arriman, y piensan ser autores/ Con poner cuatro notas, ó hacer un prologuillo,/ Estoy por aplicarles lo que dijo el Tomillo.” Cf. Fábulas completas de Samaniego e Iriarte..., p. 302.

[3] En el “Prospecto” a El Conductor Eléctrico, Fernández de Lizardi había escrito: “Advertencias. Este periódico saldrá los martes, jueves y sábados de cada semana. Los subscriptores se recibirán en la librería de don Mariano Ontiveros, siendo su precio tres pesos [cf. nota 13 a Todos pensamos..., en este volumen] para México y tres y medio para afuera, por cuya cantidad se les darían veinte y cuatro pliegos o más, si salieren.

  “A los subscriptores de esta capital se les llevarán los pliegos a su casa, y los de otros lugares, se les remitirán semanariamente los que salgan francos de porte.

  “Las personas que gusten favorecernos con sus producciones pueden dejárnoslas bajo cubierta en la primera alacena del Portal de Mercaderes [En el lado occidental de la Plaza de Armas o Plaza Mayor, frente a lo que ahora es Palacio Nacional. Tenía alacenas de juguetes y de libros, en éstas también se vendían publicaciones periódicas y folletos.], o en la imprenta, y las que nos quieran remitir de fuera de México, pueden dirigirlas con este sobre: A El Pensador, franca.” Cf. Obras IV-Periódicos, p. 260.

[4] Catrín. Cf. nota 19 a El gran hospital de Cayo-Puto..., en este volumen.

[5] Quijotita. Cf. nota 20 a El gran hospital de Cayo-Puto..., en este volumen.

[6] Periquillo. Cf. nota 18 a El gran hospital de Cayo-Puto..., en este volumen.

[7] En Rociada de El Pensador... Fernández de Lizardi escribe: “Conque amigo: ¿mis ‘promesas rara vez han llegado al colmo, y por lo común han quedado incompletas’? Está muy bien, y lo prueba usted con el Catrín, La Quijotita, El Periquillo y un etcétera. ¡Qué prueba tan de bulto! El Catrín no ha salido a luz, y así no puede llamarse incompleto lo que no se ha comenzado. El Periquillo quedó trunco porque el superior gobierno prohibió la publicación del cuarto tomo, como lo saben todos; y así de esta falta no tuve yo la culpa. Ninguna otra obra mía a quedado incompleta, a excepción de La Quijotita, y por ahora, pues se concluirá, así que logre hacerme de una imprentita. Conque vea usted, ¡qué crítica tan fina y tan justa es la que hace!” Cf. Obras X-Folletos, p. 315.

[8] El primer comunicado del número 22 de El Conductor Eléctrico se titula “Aviso al público. Sobre despotismo de imprentas”. Cf. Obras IV-Periódicos, pp. 405-406.

[9] En Rociada de El Pensador... Fernández de Lizardi escribe: “Sin duda que ese pobre viejo, que tan magistralmente decide ‘que no debo escribir periódicamente’, es criollito de Tontonatepeque, porque los fundamentos en que se apoya no son sólo triviales sino necios”. Cf. Obras X-Folletos, p. 8.

[10] Privado de la Nación. El autor de Carta del Charlatán a El Pensador Mexicano así llamó a Fernández de Lizardi. Véase el folleto en el tomo 1 de esta Antología.

[11] Prospecto a El Conductor Eléctrico. Cf. Obras IV-Periódicos, p. 257. En Rociada de El Pensador... Fernández de Lizardi responde lo siguiente: “Quiere probar que no he cumplido lo que ofrecí en el prólogo de El Conductor. ¡Qué tonto es el señor! En primer lugar, que todo cuanto se lee en los números que han salido hasta ahora es útil y pertenece al orden público de la sociedad, y aquí está cumplida mi palabra”. Cf. Obras X-Folletos, p. 315.

[12] Prospecto a El Conductor Eléctrico. Cf. Obras IV-Periódicos, p. 257.

[13] Prospecto a El Conductor Eléctrico. Ibidem, p. 260. En Rociada de El Pensador... Fernández de Lizardi contesta: “[...] yo no ofrecí explicar toda la Constitución sino algunos capítulos, y habiendo explicando la autoridad del rey la soberanía de la Nación aunque no explicara otros, ya expliqué algunos, que fue lo que ofrecí”. Cf. Obras X-Folletos, p. 315.

[14] Prospecto a El Conductor Eléctrico. Cf. Obras IV-Periódicos, p. 260. En Rociada de El Pensador... Fernández de Lizardi contesta: “[...] dejemos al viejo tonto, porque esperan su afeitada otros marchantes. Dígale usted solo que si sabe que se acabo el periódico; pues si no lo sabe, como es así, y éste debe continuar, todas sus reconvenciones son sandeces, pues se explicará algo de derecho público se tratará de bellas letras, se pondrán buenas poesías, y se cumplirá en el discurso de él con lo que falta y no se ha podido, porque no somos escopetas”. Cf. Obras X-Folletos, p. 316.

[15] En el primer párrafo de El Conductor Eléctrico se lee: “He puesto ...”, mientras que en el segundo “procuraremos que las materias...” En el primer párrafo se asienta la idea siguiente: “He puesto al presente periódico el altisonante título de Conductor Eléctrico, porque así como este instrumento sirve para recibir el fluido ígneo y conducirlo a donde se quiere, así yo deseo que este periódico sea un conductor por donde se comuniquen muchas verdades...” Cf. Obras IV-Periódicos, p. 257.

[16] Lequerica. Cf. nota 25 a El Teólogo Imparcial, número 1, en este volumen. En Rociada de El Pensador... Fernández de Lizardi contesta: “Dígale que no sea tan sandio que nos acuse lo del ‘Padre Lequerica’, ni lo de ‘Honor eterno’; etcétera; que yo no tengo la culpa de que sea tonto y no sepa leer”. Cf. Obras X-Folletos, p. 316.

[17] Cf. Obras IV-Periódicos, p. 366 y nota anterior de este folleto.

[18] En El Pensador Mexicano, núm. 7, t. I., Fernández de Lizardi escribe un artículo titulado Puertas cerradas en el que expone la exclusión injusta que sufrían los criollos en la distribución de empleos públicos frente a los españoles peninsulares. Señala que este abuso era causa de las discordias entre criollos y europeos, y aclara que con el tiempo se habría demostrado la situación de privilegio para unos cuantos, porque “muchos malos españoles han dado lugar a nuestras justísimas declamaciones; pero saco también que muchos no son todos, muchos no son el rey, muchos no son la nación; por tanto, el sistema con que comenzó la insurrección es injusto, inicuo e impolítico”. Cf. Obras III-Periódicos, p. 72. Más adelante critica a los que han escrito contra los excesos de la insurrección sin haber averiguado las causas y que de saberlas las habían callado y disfrazado, provocando más odio. El autor reclama que los escritores no buscaron entablar un armisticio entre los insurgentes y la Metrópoli, por este medio se hubieran estudiado las causas, hecho negociaciones, “extinguido mil rencores; se hubieran hecho mil reconciliaciones, y así a ese tiempo llega (como en efecto llegó) la nueva Constitución: he aquí la paz, el júbilo, la unión y el general regocijo”. Ibidem, p. 76. De tal manera que no hay contradicción entre lo que Fernández de Lizardi afirma en su Pensador núm. 7 de 1812 y la “noticia plausible” de El Conductor Eléctrico núm. 16 de 1820, pues en ambos casos expresa su rechazo a las armas y su apego a la legalidad.

[19] En El Conductor Eléctrico número 1, “Sobre la dignidad del rey la soberanía de la nación”. Cf. Obras IV-Periódicos, pp. 263-271. En el número 2, “En el que se destruyen las más comunes preocupaciones que solamente minan nuestra sabia concepción, al menos entre los ignorantes”, que contiene la carta de un Payo al editor y su respuesta. Ibidem, pp. 273-278. En el número 3 continúa la materia del número 2 sobre la Constitución y el rey. Ibidem, pp. 279-284. En el número 11 trata sobre la igualdad. Ibidem, pp. 329-334. En el número 12 sobre la libertad dada por la Constitución. Ibidem, pp. 335-340. En el número 21 retoma los artículos de la Constitución, aborda el sexto que trata sobre “amor de la patria”. Ibidem, pp. 399-404.

[20] La carátula de El Conductor Eléctrico dice lo siguiente: “El Conductor Eléctrico, por El Pensador Mexicano D. J. J. F. L. Salus populi suprema lex est. Cicerón. El principal objeto de la ley debe ser el bien público. México: Año de 1820. Primero de la restauración de la Constitución, y por lo mismo el más feliz para la monarquía Española. Imprenta de don Mariano Zúñiga y Ontiveros, calle del Espíritu Santo.” Cf. Obras IV-Periódicos, p. 251.

[21] Los sonetos de Fernández de Lizardi se encuentran en el Prospecto, titulado “Viva la Unión” (cf. Obras IV-Periódicos, p. 255); otro en el número 15 (Ibidem, p. 362). Los sonetos “ajenos” se publicaron en El Conductor Eléctrico número 14 (Ibidem, p. 356); otro, firmado por J. M. L. de la S, se publicó en el número 20 (Ibidem, p. 398) también contra el Santo Oficio.

[22] Se publicó una cuarteta en el número 16 (Ibidem, p. 368) y otra más en el número 18 firmada por I. G. T. P. (Ibidem, p. 385)

[23] En el número 15 de El Conductor Eléctrico se publicó una décima contra la Inquisición (Ibidem, p. 362)

[24] José María Madariaga. Cf. nota 12 a La Canoa, número 1, en este volumen. A la crítica que hace El Fabulista Fernández de Lizardi responde en Rociada de El Pensador...: “Dígale que quién es para calificar las poesías que he estampado, llamando a unas ‘regulares’, a otras ‘nada particulares’, y calificando de ‘bastante malas’ las décimas de don José Madariaga, sin más que porque se lo oyó decir al frío Canoero [se refiere al autor del periódico La Canoa. Cf. La Canoa, número 1, en este volumen] pero ¿quién es el viejo bobo, repito, para que dé un voto tan decisivo en materia que no entiende? ¿Qué así se juzga de las obras?, ¿así se critica? Cierto que éste es un oficio muy fácil en haciéndolo como él hace: porque para decir esto está malo, esto no sirve, sin decir por qué, ni por qué no, no se necesita instrucción chica ni grande, y puede meterse a criticar las obras de los santos padres un zapatero de viejo, aunque no sepa ni leer.

  “Dígale usted en caridad, a ese viejo majadero, que la crítica ‘es el arte de juzgar rectamente’, y no se puede hacer esto sin tener instrucción en la materia que se critica. Dígale que el mejor modo de criticar es hacer otra cosa mejor en su género, y así dígale que señale los defectos de las décimas de Madariaga y que trove la misma cuarteta, y cuando haga lo primero y mejore lo segundo, entonces puede hablar con razón; pero mientras no haga sino charlar como ahora, Madariaga, yo y todo el público lo tendremos por un charlatán de Tontonatepeque, envidioso, mordaz y nada más.

  “En prueba de lo dicho, dígale que pregunte y sabrá que Marcial dijo a un criticastro como él: Carpere vel noli nostra, vel edetua. Supongo que no sabe latín el que habla tan mal castellano, y así se lo traduciremos para que lo entienda: O no royas mis escritos,/ viejo hablador e ignorante,/ o muéstranos con los tuyos/ a do tu talento alcance.” Cf. Obras X-Folletos, p. 317.

[25] Fábula XV de Iriarte: “El guacamayo y el topo: Mirándose al soslayo/ Las alas y la cola un Guacamayo,/ Presumido exclamó: ¡por vida mía/ Que aun el Topo con todo que es un ciego,/ Negar que soy hermoso no podría...!/ Oyóla el Topo y dijo: no lo niego;/ Pero otros Guacamayos por ventura/ No te concederá esa hermosura./ El favorable juicio/ Se ha de esperar más bien de un hombre lego/ que de un hombre capaz, si es del oficio.” Cf. Fábulas completas de Samaniego e Iriarte..., p. 26. La fábula XXXIII es de Samaniego: “Las hormigas: Lo que hoy las hormigas son,/ Eran los hombres antaño:/ De lo propio y de lo extraño/ Hacían su provisión./ Júpiter, que tal pasión/ Notó de siglos atrás,/ No pudiendo aguantar más,/ En Hormigas los transforma./ Ellos mudaron de forma/ Y de costumbres? Jamas.” Ibidem, p. 52.

[26] La fábula XXIX es de Samaniego: “El calvo y la mosca: Picaba impertinente/ En la espaciosa calva de un anciano/ Una Mosca insolente./ Quiso matarla; levantó la mano,/ Tiró un cachete; pero fuese salva,/ Hiriendo el golpe la redonda calva./ Con risa desmedida/ La mosca prorrumpió: Calvo maldito,/ Si quitarme la vida/ Intentaste por un leve delito,/ ¿Á qué pena condenas á tu brazo,/ Bárbaro ejecutor de tal porrazo?/ Al que obra con malicia,/ Le respondió el varón prudentemente,/ Rigurosa justicia/ Debe dar el castigo conveniente;/ Y es bien ejercitarse la clemencia/ En el que peca por inadvertencia./ Sabe, Mosca villana,/ Que coteja el agravio recibido/ La condición humana/ Según la mano de donde ha venido:/ Que el grado de la ofensa á tanto asciende,/ Cuanto sea más vil aquel que ofende.” Ibidem, pp. 47-48.

[27] El Tostado o Alonso. Fernández de Lizardi citaba este dicho de “escribir más que el Tostado: ‘He de insistir [...] más que escriba, más que el Tostado’” Cf. Defensa de El Pensador y epístola al Padre Soto, en Obras X-Folletos, p. 418. En Colombia se dice “hablar como un Tostado” con el sentido de hablar mucho. Alude a Alonso Tostado. Alonso de Madrigal por haber nacido en esta provincia de Ávila. Escribió en tiempo de Juan II de Castilla. Fue catedrático de la universidad de Salamanca. Obtuvo el obispado de Ávila. Murió en 1554. Sus obras en latín constan de 24 tomos en folio y dejó otras muchas en Castellano. Sus obras más notables son: Comentarios sobre los libros históricos de la Biblia, Historia sagrada y Mitología pagana. Rodríguez Marín en Quinientas comparaciones andaluzas dice que escribió 53 880 pliegos. Según Cejador y Frauca, 70 225. Se le atribuye saber todas las ciencias que se enseñaban en la Universidad de Salamanca y que, debido a su portentosa memoria, recitaba pasajes completos de la Biblia y toda la Summa theológica de Santo Tomás. Su epitafio en verso reza: “Aquí yace sepultado/ quien virgen vivió y murió,/ en ciencias más esmerado,/ el nuestro obispo Tostado,/ que nuestra nación honró./ Es muy cierto que escribió/ en cada día tres pliegos/ de los días que vivió;/ su doctrina así alumbró/ que hace ver a los ciegos”. Cf. José María Iribarren, El porqué de los dichos. Sentido, origen, y anécdota de los dichos, modismos y frases proverbiales de España con otras muchas curiosidades. 4ª ed. Edición. Madrid: Aguilar, 1974 (Col. Obras de Consulta), pp. 338-339.

[28] El Conductor Eléctrico. Cf. nota 3 a Respuesta del padre Soto..., en este volumen.

[29] Antonio José Ruiz de Padrón y Villanueva. (1757-1832). Eclesiástico, político, diputado por las Islas Canarias y escritor español. Ministro calificado del Santo Oficio, abad de Villamartín de Valdehorres. A partir del número 4 de El Conductor Eléctrico hasta el número 10, Fernández de Lizardi reprodujo su “Dictamen sobre la Inquisición”.

[30] Fernández de Lizardi contesta en Rociada de El Pensador...: “Dígale que nos enseñe alguna obra que contenga ideas nuevas y nunca dichas, ya que nos echa en cara que las mías son ‘comunes’ y ‘repetidas’. Dígale que sepa que años hace se dijo que nihil sub sole novum: nada se dice ni se dirá que no se haya dicho [Ecli. I, 10, y el pensamiento de Terencio en el prólogo del Eunuco, verso 41]; pero siempre importa que se repita lo bueno, que se diga a unos así y a otros del otro modo, según enseña el gran padre de la Iglesia, san Agustín: ad alius sic, ad alius autem sic.” Cf. Obras X-Folletos, p. 316.

[31] La Canoa. Cf. nota 1 a La Canoa, número 1, en este volumen.

[32] En las Advertencias de El Conductor Eléctrico Fernández de Lizardi anunció que daría “veinte y cuatro pliegos o más, sin más salieren” Cf. Obras IV-Periódicos, p. 260.

[33] Despotismo de las imprentas. Cf. nota 3 a Prensa libre, en este volumen.

a Aunque todas le serán inútiles, las once, doce, diez y siete y veinte y ocho, juzgo más adecuadas para nuestro objeto, mereciendo el primer lugar las sesenta y sesenta y uno.

[34] Fernández de Lizardi responde en Rociada de El Pensador...: “Dígale por último, que estamos persuadidos a que lo que dirigió su tosca pluma es la envidia que le han causado los elogios que (aunque sin mérito) me han prodigado algunas plumas sabias, los que agradezco y estimo por ser de tales, que si él, usted, el Canoero y otros de esta calaña me elogiaron, lo sentiría, porque si el sabio no aprueba, malo, y si el necio aplaude, peor.

  “Que sepa merecer mayores elogios que yo, y se los darán mayores. Todo esto le dice usted a su viejo (pues, a su viejo modo de pensar), y a usted dígase que no se vuelva a subscribir a mis obras; pues ni su dinero ni su voto necesito cuando cuento con la común estimación del reino.” Cf. Obras X-Folletos, pp. 317-318.

[35] Fábula de las lagartijas. El estribillo de esta fábula dice que cuando hay cosas “escritas” que son acremente atacadas “No hay que abatirse,/ noble cuadrilla:/ valemos mucho,/ por más que digan”. Cf. Fábulas completas de Samaniego e Iriarte..., p. 171.

[36] real. Cf. nota 23 a El Pensador Tapatío a sus Censores, en este volumen.

[37] El Fabulista. Tenemos noticia de que Luis de Mendizábal (1776?–1834) firmaba como El Fabulista Latomonte. Nació en San Luis Potosí y murió en Puebla; sacerdote jesuita, dejó de serlo en 1821. También firmó como Manuel de Blasídiz, E. L. M. M. B., Lucas Siriol de Lato-Monte, Ludorico Latomonte, M. B. o El Poblano.