REVOLTIJO DEL PADRE SOTO[1]

 

Padre Soto:[2] ¿ya es tiempo de revoltijo?...[3] Este guisado que con varias legumbres, y especies se condimenta y es tan grato al paladar, se usa de él en las vigilias, con especialidad en la de Navidad, que no hay casa alguna donde deje de servirse en la comida o cena, por ser así costumbre.

Usted, padre Soto, es sin duda muy afecto a este guisado, y se habrá tomado en tantas Nochesbuenas como ha vivido (desde que tiene uso de razón) muy buenos platos, y como son anexas a tal guisado las papas, se ha excedido en comer de éstas, sin acordarse que las batatas[4] comidas con vicio entorpecen las potencias.

Sí, padre Soto, no pudo contenerse el apetito y refinado gusto de usted, pues el día 20 ha ofertado a este público un platillo de revoltijo, que, aunque está cargadito de PAPAS, sería disimulable si no se revolviera de la boca por las especies picantes de que está cargado, que sin duda, por la violencia de usted en brindárnoslo, no lo probó, y dijo: “Ahí va ese agasajo en cuerpo y alma”.[5]

Tal concepto ha merecido en este culto público el libelo infamatorio y grosero que le dedicó usted el día 20, lleno de personalidades,[6] palabras soeces y dicterios contra DON Joaquín Fernández de Lizardi, envolviendo en tal folleto las autoridades más respetables de las sagradas letras, los vínculos más estrechos de la sociedad, los sentimientos más nobles de la urbanidad y moderación. Digo que brindó usted a este público tal papel porque, aunque directamente usted hiere a DON Joaquín, más el público se interesa en todo papel por la ilustración. ¿Y éste es modo de ilustrar a un pueblo que confiesa usted en su papel yace en el siglo tenebroso?[7] El carácter y estado de usted, tan recomendable, que debía ser todo mansedumbre, su ministerio y dedicación que le impide mezclarse en los asuntos comunes y políticos, ¿así trata usted [de] degradarlos? Sí, padre mío, el abuso que en esta vez, ha hecho usted de la libertad de la prensa,[8] sería menor cuando un secular la hubiera vulnerado; el daño al impresor no le sería tan sensible inferido por un su igual, y la infracción del artículo 371 de la Constitución[9] con referencia al Reglamento de Libertad de Imprenta,[10] no sería tan ruidosa, si la hubiera cometido otro que no fuera usted, que por su ministerio se halla en obligación de celar en la parte que le toca el puntual cumplimiento.

Ya las Cortes tenían a la vista en el año de 1813 algunas dificultades que no podrían en algún tiempo suscitarse, y por esto, dejando en su fuerza el Reglamento de Libertad de Imprenta, dictado por ellas en el de 1810, sancionaron 38 adiciones más.[11]

En las 31 y 32[12] leerá usted que nunca se propusieron que los señores eclesiásticos se mezclaran en causas públicas y políticas, y mucho menos abusaran de la libertad de imprenta, y por esto se contraen estas dos adiciones a sólo los prelados eclesiásticos, así seculares como regulares, que por necesidad de pastores deban expedir pastorales, edictos u otros papeles, y es de advertir que, llegado el caso de la infracción, serán vistos como escritores particulares y juzgados como ciudadanos. Pues ¿a qué fin escudarse con la dignidad de su estado para injuriar a su hermano en Jesu-Cristo? ¿Esto nos enseña el Evangelio? ¿Aprueba esto la Constitución? Vea usted como no.

El artículo 4o. del Reglamento de 1810 dice que “los libelos infamatorios, los escritos calumniosos, contrarios a la decencia pública y buenas costumbres, serán castigados con la pena de la ley”.[13] Y como comprendido el papel de usted en dicho artículo, por el 13 de las adic[i]ones,[14] está el señor fiscal de la Junta Censora[15] en la obligación de denunciar el papel de usted para que sea juzgado conforme a la ley.

Hay más: en la adición 30 dice: “que el impresor es responsable de los impresos que salen de su oficina mientras no haga constar el autor”[16] ¡Ahora sí escampa!... y llovían cántaros de agua. Si la Proclama[17] de usted se hubiera calificado por “subversiva”, no teniendo (como en efecto) escrita la oficina e impresor donde se trabajó, requisito prevenido en el artículo 8 del año de [18]10,[18] y bajo las penas a que los apercibe el artículo 9, 10 y 11,[19] ¿a qué oficina? ¿a qué impresor se cometería la diligencia? Claro es que a usted, cuya circunstancia lo pone en precisión de “que los pasos que decía dar para demandar a DON Joaquín los anticipe a vindicarse de infracción en la Proclama”, para que después “no andemos con fugas”.

Y ¡qué lástima! ¡que una Proclama, aún más hermosa en su impresión que una Carátula de Coro, de quien puede decirse con propiedad “que hasta los ciegos la ven y leen” haya sacado tal defecto! Pero si usted se lo subsana, he aquí que “finis coronat opus[20] y no sea que “el diablo lleve la carga de miel”.[21]

Cuando yo comencé a leer el papel de usted, creí que [el] “señor José Joaquín”[22] era algún cargador, y me dice un amigo: te engañas, ¿sabes quién es? Don Joaquín de Lizardi, hombre que aunque careciera de toda prenda ESTÁ BIEN RECIBIDO.

A la verdad, si este hombre tiene algunos defectos personales (como todo hombre), el hombre no puede calificarlos cuando éste necesita de calificación.

Más favor ha debido usted a este hombre que al público, porque Lizardi prometió de usted algunas esperanzas, mas el público dijo que Lisardi [sic] se había engañado.

Esos desafíos literarios que usted anuncia[23] son invenciones, so cuyo pretexto ha vertido usted dicterios, infamias y personalidades, pues la “Teología ha sido y será sagrada, y vista con más veneración en el pueblo cristiano”. La sana filosofía se da la mano con la buena política, y la pura moral nunca apoyará un sistema contrario.

El octavo precepto del Decálogo y el quinto[24] se dan por ofendidos, y el Evangelio nos manda no tratemos a nuestro hermano de “atontado o fatuo”.[25]

El estado eclesiástico no puede congratularse con que sus Ministros se expongan a la pública crítica: “Escrito está que su juicio será privado, y que sus defectos no serán sabidos por el común de los hombres; escrito está también, que quien toca a los Ministros del Señor le toca a las niñas de sus ojos”.[26]

Últimamente, déjesenos a los seculares seguir nuestra marcha regular y no se nos violente al descomedimiento, y a dar por lecciones al pueblo ignorante las máximas más erróneas. De nada servirá que la ilustración del pueblo se emprenda con relación a las leyes, si éstas a cada paso se ven violadas, pues de este modo en vez de sembrar buenas máximas, esparcimos errores, “en algo nos hemos de distinguir de la gente idiota” “y será una vergüenza que aun ésta sea censora de nuestros escritos”. “A la paz, a la igualdad, al buen orden aspiramos”; mas éstos no son los medios con que hemos de lograrlas, sonlo sí la prudencia, la moderación, el propio conocimiento con referencia a las leyes que nos gobiernan. Esto dice a usted un pseudo... usted le agregará lo que quiera. Yo sólo añado que, habiendo usted infamado públicamente a nuestro benemérito conciudadano, El PENSADOR, sepa usted que la honra es de quien la da; ya usted me entiende...

 

 


[1] México: Oficina de don Manuel Salas, calle 3 de San Francisco [Primer tramo de Plateros, actualmente avenida Francisco I. Madero.], 1820, 4 pp. Manuel Salas fue propietario también de una fábrica de letra: “Las impresiones hechas con la letra fundida por Salas son muy imperfectas. [...] No fué Salas el primero que fabricó letra en México. El Conde de Gálvez concedió licencia, en 1786, a don José Francisco Dimas Rangel para abrir punzones y matrices de letra de imprenta” Cf. Justo Sierra, Antología del Centenario, t. II, p. 590.

[2] Fray Mariano Soto. Cf. nota 13 a Verdadera prisión y trabajos de padre Lequerica, en este volumen.

[3] revoltijo. Cf. nota 6 a Contestación interesante al español preocupado, en este volumen.

[4] batatas. Tubérculos de la patata. Patata (voz americana). Planta herbácea anual, de la familia de las solanáceas, originaria de América. Cada uno de los tubérculos de esta planta.

[5] Se refiere a Descubierto el carácter de la pluma impía... en este volumen.

[6] lleno de personalidades. Dicho o escrito que se contrae a determinadas personas, en ofensa o perjuicio de las mismas.

[7] Cf. Descubierto el carácter de la pluma impía..., en este volumen.

[8] libertad de imprenta. Cf. nota 7 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[9] El artículo 371, capítulo único del título IX registra la libertad de imprenta: “Todos los españoles tienen libertad de escribir, imprimir y publicar sus ideas políticas, sin necesidad de licencia, revisión o aprobación alguna anterior a la publicación, bajo las restricciones y responsabilidad que establezcan las leyes”. Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., pp. 102-103.

[10] Reglamento de libertad de imprenta. Cf. nota 31 a Respuesta del padre Soto..., en este volumen.

[11] Son 35 adiciones.

[12] Artículo 31: “Las obras que los Prelados Eclesiásticos, así seculares como regulares, publicaren bajo el concepto de escritores particulares, seguirán los trámites que las de los demás ciudadanos.”; artículo 32: “Si alguna vez ocurriere que las Pastorales, Instrucciones o Edictos que los M. RR. Arzobispos, RR. Obispos y demás Prelados y Jueces Eclesiásticos impriman y dirijan a sus Diocesanos en el ejercicio de su sagrado ministerio, contengan cosas contrarias a la Constitución a las Leyes, el Rey y en su caso la Regencia, oyendo al Consejo de Estado en el modo y forma que previene la Constitución respecto de los Decretos Conciliares y Bulas Pontificias, suspenderá su curso, y mandará recoger los impresos. Si además hallare méritos para formación de causa que induzca desafuero contra el Autor o Autores, pasará a este fin el impreso al Tribunal Supremo de Justicia siempre que éste sea de Arzobispo y Obispo y a la Audiencia territorial si fuere de alguno de los demás Prelados y Jueces Eclesiásticos”. Cf. Hernández y Dávalos, Colección de documentos..., t. V, p. 72.

[13] Artículo 4 del Reglamento de 1810. Cf. nota 5 a Caso original sucedido en esta capital..., en este volumen.

[14] Artículo 13 del Decreto adicional del 10 de junio de 1813. Cf. nota 29 a Dar que van dando, en este volumen.

[15] Junta Censora por Junta de Censura. Cf. nota 7 a El Teólogo Imparcial, número 3, en este volumen.

[16] Adición 30 del Reglamento de libertad de imprenta de junio de 1813: “El impresor será responsable de los impresos de su Oficina mientras no haga constar que otra persona le dio el manuscrito con el fin de que lo publicase. Hecha esta justificación, el impresor quedará libre de todo cargo en esta, y la responsabilidad recaerá únicamente sobre el editor.” Cf. Hernández y Dávalos, Colección de documentos..., t. V, p. 72.

[17] Proclama en honor de los militares. Cf. nota 5 a Artículos comunicados, en este volumen.

[18] Artículo 8 del Reglamento de libertad de imprenta de 1810: “Los Impresores están obligados a poner sus nombres y apellidos, y el lugar y año de la impresión en todo impreso, cualquiera que sea su volumen; teniendo entendido, que la falsedad en algunos de estos requisitos se castigará como la omisión de ellos.” Cf. Hernández y Dávalos, Colección de documentos..., t. V, p. 66.

[19] Artículo 9 del Reglamento de libertad de imprenta de 1810: “Los Autores y Editores que abusando de la libertad de la Imprenta contravinieren a los dispuesto, no solo sufrirán la pena señalada por las leyes según la gravedad del delito, sino que este y el castigo que se les imponga se publicarán con sus nombres en la Gaceta del Gobierno.”; artículo 10: “Los Impresores de obras o escritos que se declaren inocentes o no perjudiciales, serán castigados con cincuenta ducados de multa en caso de omitir en ellas sus nombres o algún otro de los requisitos indicados en el artículo VIII.”; artículo 11: “Los impresores de los escritos prohibidos en el artículo IV que hubiesen omitido su nombre u otra de las circunstancias ya expresadas, sufrirán además de la multa que se estima correspondiente, la misma pena que los Autores de ellos.” Idem.

[20] finis coronat opus. El fin corona la obra. Se emplea en buen y mal sentido para indicar que el fin de una cosa está en relación con su principio.

[21] el diablo lleve la carga de miel. “Llevarse el diablo la bota de miel. Hacernos que el diablo cargue con este milagro cuando algo termina muy mal”. Cf. Darío Rubio, Refranes, proverbios..., p. 272.

[22] Véase El carácter de El Pensador Mexicano, descubierto y desafiado, núm. 2, en este volumen.

[23] Cf. nota 23 a El carácter de El Pensador Mexicano..., en este volumen.

[24] Precepto 8° del Decálogo: “No robarás”. Dt. 5, 19; 5° precepto “Honra a tu padre y a tu madre, como Yavé, tu Dios, te lo ha mandado, para que vivas largos años y seas feliz en la tierra que Yavé, tu Dios, te da”. Dt. 5, 16.

[25] Cf. nota 10 a Artículos comunicados, en este volumen.

[26] “Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos: Después de la gloria me enviará él á las gentes que os despojaron: porque el que os toca, toca á la niña de su ojo.” Zac. 2, 8. En El Pensador Mexicano, t. I, núm. 9, Fernández de Lizardi escribe: “Los sacerdotes son las niñas de los ojos de Dios, los medianeros entre su majestad y nosotros, los depositarios de sus altas misericordias”. Cf. Obras III-Periódicos, p. 89.