[RESPUESTA DEL VIRREY VENEGAS

A JOSÉ JOAQUÍN FERNÁNDEZ DE LIZARDI][1]

 

Por el oficio de vuestra merced de 11 del corriente me he impuesto de que, habiendo quedado vuestra merced encargado de esa jurisdicción[2] por ausencia del subdelegado[3] dictó todas las providencias que le parecieron oportunas para el caso, que imaginaba próximo, de que invadieran ese pueblo los insurgentes;[4] y en el supuesto de que habrá vuestra mereced recibido ya mi contestación a su oficio del día 14,[5] aprobando la Junta de Vigilancia y Seguridad Pública[6] que se ha establecido ahí, como también en el [dicho][7] que tengo dadas eficaces providencias para la persecución de los rebeldes que han tomado ese rumbo, prevengo a vuestra merced que en cualquier evento de ataque, que no es de esperarse, proceda con acuerdo de la Junta a lo que se gradúe más conforme a la defensa de ese vecindario y a que se mantenga inalterable en todos esos habitantes los respetos debidos a nuestra sagrada Religión, al Rey y a la Patria, en el concepto de que nunca prevalecerán los inicuos[8] y desbaratados planes de los facciosos y sus secuaces.

 

Día noviembre 16 [de 1]810.

 

[Francisco Javier Venegas][9]

[Rúbrica]

 

Señor don José Fernández de Lizardi.

 

 

 



[1] “Respuesta de Venegas a Lizardi”. Reproducida por Jefferson Rea Spell en “Lizardi and Taxco”, pp. 3-25. Es la respuesta a la carta del 11 de noviembre de 1810 de Fernández de Lizardi a Francisco Javier Venegas publicada en José Joaquín Fernández de Lizardi, Obras XIV-Miscelánea, pp. 329-332.

[2] Fernández de Lizardi fungía como encargado interino del Real de Taxco debido a que el subdelegado se había ausentado por la cercanía de las tropas insurgentes.

[3] El capitán Manuel Villegas de Bustamante era el subdelegado; tiempo después fue padrino de la boda de Fernández de Lizardi y María Dolores Orendáin.

[4] Fernández de Lizardi aclara en carta al virrey Venegas de fecha 14 de noviembre de 1810: “sabemos cómo el cura Hidalgo trata de reunirse en Zitácuaro, y que ayer en Zacualpan, distante diez leguas de este Real, donde [se] hallan los enemigos, dijeron éstos no venir a Taxco [municipalidad del distrito de Alarcón, en el actual estado de Guerrero y ciudad cabecera del mismo nombre; su principal riqueza es la minería; produce plata, zinc, cobre, plomo y fluorita], por no juzgarse con fuerzas suficientes.” Más adelante agrega que su mensajero había estado el día anterior entre los enemigos en Zacualpan, cuyo comandante era Blas Antonio Magaña. Cf. Obras XIV-Miscelánea, p. 334.

[5] La carta de Fernández de Lizardi, del 14 de noviembre de 1810, dice que había remitido otro oficio, y que el mensajero no pudo pasar de Temixco, un pueblo cercano a Cuernavaca, y llegar a la ciudad de México porque en la zona se libraban batallas entre los realistas y los insurgentes. Éstos “no perdonaban la vida ni aun a los caminantes”. Luego, se “devolvió el expreso con documentos que acreditan su embarazo”. Ibidem, p. 333.

[6] Fernández de Lizardi comunicó a Venegas: “en la última junta general que celebré se estableció una particular [junta] llamada de Vigilancia y Seguridad Pública compuesta de seis individuos provectos, y su escribano real y público. En ella se trata de todo lo conducente al bien y sosiego del público. Han determinado las rondas nocturnas con el mejor orden, la vigilancia sobre los emisarios y la más prolija observación del enemigo [en] los puntos que nos amenazan, lo que participo a vuestra excelencia para que, si es servido, se digne autorizarla con su superior aprobación.

“La Junta tiene un diputado (que lo es de Minería) para que con el mayor secreto indaguese [sic] y proporcione las noticias más ciertas y oportunas”. Ibidem, pp. 333-334.

[7] Hemos puesto entre corchetes esta palabra, ilegible en el original.

[8] iniquos en el original.

[9] Francisco Javier Venegas, marqués de la Reunión de la Nueva España (1760-1838), 59° virrey de la Nueva España (1810-1813). Luchó contra los franceses durante la invasión de España. Fue teniente general y gobernador de Cádiz. Formó un ejército para combatir a los insurgentes. A su regreso a la Península, se le nombró capitán general de Galicia. Fernández de Lizardi y muchos de sus contemporáneos juzgaron déspota a este virrey.