RESPUESTA DEL PADRE SOTO A EL PENSADOR MEXICANO

SOBRE LA VERDADERA PRISIÓN Y TRABAJOS

DEL PADRE LEQUERICA[1]

 

 

Epigrama entre claro y obscuro que mi salvadera aconsejó a mi tintero que pusiese aquí a modo de antepecho o mamposte

 

Tocaba un tal don Rodrigo

Con golpes en una puerta

Porque buscaba una cierta

De quien él era enemigo.

De adentro se le decía:

Señor mío, no vive aquí,

¿Y acaso se fue de allí?

Golpeaba con más porfía.

 

Señor mío: no pensé haberle dado a usted tanto en qué pensar, cuando satisfice al público sobre las falsedades que escribió a usted el padre susodicho, acerca de su prisión, etcétera, en este convento,[2] y que usted se sirvió de estampar y hacer circular fogosa o eléctricamente en su periódico.[3] Lo que siento es que el impreso de usted número 17 me ha sobrecogido y frotado en circunstancias de hallarme bastante y molestamente enfermo,a ¿me creerá usted esta enfermedad? Sin embargo por el afecto que profeso a la verdad y no a profesión de pasión, y porque no se presuma el público que lleve mi tapaboca y por... otros motivos de honor y de justicia, tomo mi tibia pluma para contestar a usted.

Señor mío: vaya otra introduccioncita: ¿conque usted me conoce? No lo niego; pero lo dudo, porque si me conoce usted, ¿cómo me ha comprado..., digo, mi papelucho? Y si usted me conoce, ¿me conoce usted por un chilindrón mentiroso,[4] por un turuleque[5] falaz, por un chismoso engañador y engañador de un público respetable? ¿Ve usted cómo fundadamente dudo el que usted me conozca? Eso que dice usted en mi recomendación de que soy religioso de no vulgares talentos,[6] está fuera de toda negación, porque no soy tonto ni atontado, y aunque dijo un sabio que era sabiduría hacerse necio en ciertas ocasiones, y ahora quisiera yo aborricarme un poquito, no me conviene. También confieso a usted que muchas cosas no las entiendo como verbigracia muchas de la noche y muchas del día. Lo otro que soy: sujeto de muchas esperanzas; la que se apoya en los hombres la maldigo por no ser maldito del Espíritu Santo; la que se afirma en Dios para llegar a gozarle, su Majestad me la conserve, me la aumente y me la satisfaga. Aquello que soy varón de media carrera en mi vida (natural) digo que el curso de mis días va de cuesta abajo, 44 años, amigo, son otros tantos achaques mortales en un individuo de mi complexión, y otros tantos enviones de muerte para que mi prendada persona realice aquel memento quia pulvis es[t];[7] mas si usted tiene por ahí alguna infalible noticia de que he de vivir en este triste mundo 88 años, agradeceré a usted me la comunique en letras de molde y doradas, aunque la tal noticia me vendrá demandando laborem et dolorem, trabajo y dolor. Pero yo presumo que esa media vida que usted me asigna para lo de adelante es puro pensamiento de usted, y no obstante le quedo agradecido a su buen deseo.

Vea usted cuanta parola para ratificarme en lo que dije al público tocante a la verdadera prisión y trabajos del padre Lequerica.[8] Yo no haría tal si usted no me desmintiera públicamente, y así atrincherado en que más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena,[9] como lo dicen los galopines de este convento, comienzo, señor Pensador. En primer lugar (aunque después no haya segundo, tercero, ni otro ordinal), usted afirmó en su periódico, donde trasladó la carta del padre Lequerica[10] (vamos lequeriqueando otro poquito) que no conocía a dicho presbítero, y en el número 17 de su Conductor Eléctrico afirma usted que conoce al padre Soto, y que es religioso de conducta, ergo...?, ¿quién debió usted y debe pensar que es un embustero, aquel a quien usted conoce por hombre de conducta (la cual es ninguna sin la veracidad), o aquel a quien usted no conoce ni había conocido de antemano, y de quien se supone no ser de muy conocida conducta, supuesto que dos señores mitrados, el de Guadalajara[11] y el de esta Metrópoli[12] (prescindo del extinguido Tribunal)[13] lo persiguen y mandan recluir como a reo? Si en el pensamiento o concepto de usted soy de conducta, no debe usted dudar de mi verdad, y si ésta la persigue usted, ya falsea su pluma cuando me publica varón de conducta, ¿me explico?[14]

Usted en su periódico número 15 dice hablando de las letras del padre Lequerica “ni un momento dudo de la legitimidad de su queja contra la Inquisición”.[15] ¿Y por qué no duda usted de la veracidad del presbítero recluso...? Porque... fue usted nimio creyente en dar ascenso a quien no conocía. ¿Y por qué duda usted de mis renglones satisfactorios hasta infamarme de mentiroso en la opinión pública, siendo así que usted me conoce por religioso veraz, como lo incluye esencialmente una buena conducta? Porque... ¿Porque desafié a usted? Pues todavía lo desafío y le toco a las puertas y ventanas de la razón, y digo que el padre Lequerica miente, y es un ingrato a los religiosos de esta casa. Mi desafío a usted y a quien hubiere ganas fue y es: que vengan con un juez competente; que le tomen juramento de cómo lo tratan los dominicos; y que, por último, se cercioren jurídicamente si lo que puse en mi impreso acerca de la prisión del padre Lequerica es verdad como lo es, o mentira como usted lo piensa con falsos pensamientos.

Yo no he negado que el padre Lequerica está en separo e incomunicable, y que se le ha privado oír misa;[16] lo que dije fue que esa separación e incomunicación y privación no dependía de los padres dominicos, sino del ilustrísimo arzobispo. ¿Qué, no me expliqué? Pero el padre Lequerica dice mil verdades.[17] ¿No dice usted? Y el público analiza su carta y la confirma de verídica con mi papel. Esto llamo yo embrollar. Cosas dice nuestro personaje reo que son verdades, y ya dije cuáles y sus causales, y cosas escribió a usted, y usted creyó altamente que son más falsas que la hipocresía ayunando. Conque si el público sabe analizar, no debe inferir que yo miento.

Ahora, si el autor electrizado contra los padres dominicos no quiere creer mi sencilla narración del buen trato que disfruta aquí su infalible (aunque incógnito) presbítero, y eso aunque yo le jure mis proposiciones, de ahí se colige que es libre o preocupado en creer o no creer. Yo al público, a los des[un]dos del fuego de las pasiones, a los que no sea yo sospechoso por dominico o por mis muchas faltas personales o inherentes a mi estado (aquí hay necesidad, verdad y justicia que defender), les juro por el Dios eterno y por el carácter de unción sacerdotal que está impreso en mi espíritu que mi papel satisfactorio no contiene una sola mentira ni en lo más leve. Quédese usted, señor Pensador con sus orejas[18] que quitadas del sitio donde el Omnipotente se las pegó a usted, ni a usted ni a otro sujeto le servirán. Ya vaya de paso y al caso. Una sopa, un puchero, un guisado mal o bien condimentado, ahí tiene usted la mesa meridiana de este convento. Vaya la nocturna: un asado, un clemole,[19] unos frijoles. Ainda mais, tres tortas de pan cada veinte y cuatro horas. Esto se le da al padre provincial en calidad y cantidad idem per idem[20] que a su donado a latere.[21] Esto mismo se administra a padres graduados y no graduados y al resto de la comunidad. Y lo mismo sin variación substancial o accidental se le da al presbítero Lequerica, y, aunque usted no lo crea, él se lo come, y si le sobra o no le sobra, religioso ninguno tiene esa curiosidad, porque en esta materia no han pensado como usted, que profundiza tanto las cocinas de los regulares, que llega hasta el punto elevado de no sé qué dobleces y desperdicios. El chocolate se le da al padre Lequerica ora lo tome por regalo, por costumbre o por necesidad. A los criados de las casas les darán chocolate porque así se ajustaron en su servidumbre o servilidad. Los frailes no entramos bajo ese pacto de siervos o serviles; pero siempre es innegable que al padre Lequerica se le dan más asistencias por esta comunidad que a los individuos de ella.

Y un religioso de conducta ¿había de decir en público y al público en letra de imprenta que el ilustrísimo prelado dijo al padre prior de este convento que se presentase el reo, solicitando el desahogo de pasearse, etcétera, dentro los claustros de la casa de su reclusión, y que el reo no quiso hacer tal ocurso?, ¿diría esto tal religioso si no fuera verdad? ¿Me expondría a que el ilustrísimo arzobispo me desmintiera y me abochornara? ¡Aquí de una prudente y no electrizada crítica! ¿Qué es más creíble: que el padre Soto suponga hechos y dichos en las personas dignas de toda veneración y respeto, o que el padre Lequerica rehúse humillarse a la superior y venerable potestad que lo tiene en reclusión e incomunicación?

Si usted quiere que se ponga al padre su infeliz y oprimido en pública libertad,[22] y que en tal estado responda si miento o no miento en lo que escribí de su verdadera prisión y trabajos aquí en casa, yo protesto a usted un poder del reo para que se agite y electrice sus negocios ante su legítimo juez, que no lo es el Orden de Santo Domingo.[23] ¿Gusta usted ser su apoderado?, ya sé que su abogado no puede usted serlo, bien que abogue usted por su libertad; pero esta acción se ejerce o debe practicarse ante la mitra de Guadalajara, de la que es el reo domiciliario, o ante el mitrado de México, a cuya autoridad ordinaria está sujeto, y no ante el público, de quien supongo no tiene jurisdicción, ni soñada, sobre el clero oprimido justa o injustamente por los diocesanos.

Así, pues, que o como apoderado del mil veces nombrado sacerdote (si usted admite), o si usted gusta, como escritor periodista, puede dar en rostro con la infracción de los artículos 300, 302 y 304[24] a los dichos señores mitrados, o al menos al de esta santa iglesia. Su señoría ilustrísima responderá a usted si lo hallare por conveniente; y dirá si el reo sabe o no la causa de su prisión, etcétera. Si su proceso es público o deberá publicarse, etcétera. Si el reo fue confiscado o no lo fue, si fue atrapado, o encapotado, o achalado,[25] etcétera, pues le aseguro a usted que los padres de Santo Domingo no han sido, ni son ni quieren ser, parte en las cosi-causas[26] del padre Lequerica, sino en haber sido su convento el depósito del reo, sin que a éste se le haya estorbado de suerte alguna sus recursos. Y he aquí una falsedad del padre Lequerica, y he aquí que como usted no sólo la creyó, sino que la publicó y aun protestó estar de vigilancia contra él..., quién sabe qué de los dominicos, de ahí y por eso dije y digo que usted estampó falsedades contra nos, esta comunidad sagrada, llevado de... nimia credulidad.

Vamos con un grado más de formalidad, y Dios nos dé usar bien de nuestro talento. Señor mío, dice usted que no creyó al padre Lequerica; pues ¿y esta expresión de usted en el número 15 de su Eléctrico qué significa? “Pero ni un momento dudo de la legitimidad de su queja”,[27] etcétera, etcétera. ¿Quién dice que no cree puede a un mismo tiempo afirmar que no duda aquello que le es increíble? Si esto no es contradecirse, ya no hay con[tra]dicciones.[28] Dice usted que no hizo más que cumplir con el encargo del que le escribió en dar su carta al público,[29] ¿pues y estos renglones y su contenido, etcétera, cuyo son? “No creemos que suceda; pero estaremos con el mayor cuidado para saber si se aumentan las mortificaciones o espionaje al infeliz sacerdote Lequerica. Si así fuere, o no se le diere público curso a su causa, como manda la ley, avisaremos con energía para que sepan los mexicanos que la Inquisición se abolió por la ley; pero el Santo Oficio se pasó a Santo Domingo, con todas sus preeminencias y privilegios de incomunicación perpetua, infracción de las leyes civiles, espionaje, crueldad, etcétera, etcétera”.[30]

Pregunto a usted, señor de Fernández, ¿estos periodos los insertó el impresor de su autoridad y antojo, o son pensamientos de usted? No hay duda que lo son, y que lo son de quien no dio crédito a la carta del padre Lequerica, y de quien nada añadió a la simple traslación de dicha carta.

¿Conque, por fin, no son de usted estas adiciones, señor Pensador? Pues permítame usted que diga al público que esas adiciones son insultantes, calumniantes, y más que odiosas, y, sobre todo, infractoras de la Constitución. Porque si ésta, en su reglamento de imprenta libre, prohíbe sabia y justamente toda invectiva, impostura, injuria, etcétera, personal,[31] cuánto más deberá entenderse esta prohibición, no sólo contra un individuo inocente y recomendable, sino contra una corporación sagrada que indudablemente es mayor y mejor que un individuo?

¿Qué espíritu sería el que influyó al autor de esos calumniantes renglones que los padres dominicos profesen el espionaje, despotismo, opresión, etcétera, y que entre ellos se ha pasado y se ejerce el juicio inquisitorio? ¿Cómo probará dicho autor semejantes deposiciones,[32] que sólo se hallan en su... desafecto a los padres dominicos, y en dos números de El Conductor Eléctrico, cuyo autor es El Pensador Mexicano? Amigo, le importa a usted mucho o el acordarse de lo que dijo en público para no negarlo después, o el repasar su impreso antes que salga a luz pública, no sea que se lo vicien algunas plumas calumniantes.

Que al padre Lequerica, pidiendo el sacramento de la penitencia, se le haya negado en esta comunidad, sólo será creíble al que pensare de los dominicos no sólo con vileza, sino con... una negra aversión. La privación de oír misa, que sufre dicho reo, vuelvo a decir, que allá con el ilustrísimo señor arzobispo. En esto de censuras, si acaso era o es reo de fe el presbítero recluso (en lo cual no nos metemos por acá), cierto es que por tales delitos se incurre en excomunión mayor ipso facto.[33] Ciertísimo es que los censurados con dicha excomunión no pueden absolutamente asistir a los divinos oficios, y más que cierto es que el juez eclesiástico no absuelve de tal censura al excomulgado, sino es después de concluida su causa en el fuero externo, o in articulo mortis por la piedad de la Iglesia. Ahora, ¿por qué no se ha finalizado la causa del padre Lequerica?, ¿por qué no se le da giro?, ¿por qué no se le hace saber al público, etcétera? Esto le pregunto yo a El Pensador,[34] porque tanto sabe él en este asunto como los padres dominicos, con la sola diferencia de que El Pensador quiere saberlo, y los dominicos no tienen tal tentación; y así vuelta con mi machaca: taje su pluma[35] El Pensador Mexicano y frente a frente pregúnteselo al ilustrísimo prelado.

El que vive en la cárcel que está dentro del Palacio Nacional[36] no es lo mismo que el que vive en una de las habitaciones del mismo Palacio, donde habitan los familiares, etcétera. Celda y cárcel no son sinónimos; tampoco lo son pájaro y reo; tampoco deben equivocarse o asemejarse mesa de estado de un señor virrey y un refectorio de frailes, donde todos comen de una misma olla y de unas mismas viandas. La exposición, que dijo el señor Mendívil[37] al padre Lequerica, no debe interpretarse consolatoria ni chancera, sino comparativa o a las cárceles donde salió, o a las donde debería estar el reo.

¿Qué no leyó usted en mi papel que el señor virrey[38] tenía en poder suyo pliegos que en la celda de su reclusión había escrito, y de allí enviádole a su excelencia el padre Lequerica? Pues ésas no fueron tiritas de papel, ni fueron por estafeta, ni se las impidió el espionaje dominicano.[39] Si gusta usted cerciorarse de esta verdad, puede apersonarse con su excelencia, preguntarle sobre ello como interesado en los buenos sucesos del infeliz clérigo, y si el público no piensa que en esto miento, critique mi verdad con su buen juicio. Critique también si con el consejo que usted me da, reducido a dos rengloncitos, hubiera satisfecho al público sin que usted hubiera salido a desmentirme, porque si con medio pliego de una narración sencilla, breve y moderada, no quiso usted, y según dice ni el público, satisfacerse del buen trato e inocente conducta con que los dominicos miran al padre Lequerica, ¿cuánto menos con los dos rengloncitos del consejo de usted?[40] Si no puede la mayor fuerza, ¿podrá acaso la menor?

En fin, señor mío, consejos y bigotes ya no se usan, y sobre todo tanto para escribir el papel que usted me impugna, como éste con que yo impugno a usted. Juraré a usted, aunque no de asenso a mi juramento, que el móvil de mi puño y el fuego de mis pensamientos no ha sido, ni es, una desordenada pasión, ni un vil interés, o un protervo capricho, sino la honradez de mi conducta conocida, que está obligada por mil títulos, principalmente el de la sociedad religiosa, a defenderla de las falsedades con que se quiere obscurecer los brillos, y desconceptuarla en un público, a quien de ninguna manera es lícito a un ciudadano el engañarlo en lo más mínimo.

Va por último: días pasados me dio N un peso[41] de limosna para que le aplicase una misa; échemelo en la bolsa, sin morderlo ni tirarlo contra el suelo para calificar su legalidad monetaria. Voy a comprar puros con dicha moneda, y en aquella nacional tienda me dice muy formal el estanquillero:[42] “Padre, no me de usted moneda falsa”. Pedí las tijeras y entre el vendedor y yo hicimos pedazos aquel duro.[43] Entonces dije yo: esta moneda me la [dio] N.

Dígame usted ahora si yo o N hubiéramos defendido después de su calificación que aquella moneda era legal y verdadera, ¿no seríamos cómplices con el monedero falso?[44] Pues, señor mío, aunque usted no escribió la carta que remitió a usted el padre Lequerica, debió meterle el diente para ver si era o no falsa en sus quejas contra los dominicos; pero supuesto que usted la dio a luz pública sin la previa debida averiguación, y que aun después de que una pluma doméstica, honrada y verídica ha manifestado al público que es falsa, defiende usted a pies juntillas que el padre Lequerica dice mil verdades, infiera usted la consecuencia. Y suplico al público que decida imparcial en esta frívola contienda.

Convento de nuestro padre Santo Domingo. México, 17 de agosto de 1820.


Fray Mariano Soto[45]

 


[1] México: Imprenta de Ontiveros [Fue establecida por los hermanos Cristóbal y Felipe de Zúñiga y Ontiveros en la calle de la Palma, aunque se ignora la fecha precisa en que comenzó a funcionar. En 1763 aparece ya como único propietario Felipe, quien la trasladó de la calle de la Palma a la del Espíritu Santo —hoy Motolinía— donde estuvo hasta su desaparición en 1832; primero con el nombre de Felipe, después con el de su hijo Mariano, y por último con el de ‘Testamentaria de Ontiveros’.” Cf. Agustín Agüeros de la Portilla, El periodismo en México..., p. 434], 1820, 12 pp. Véase en este volumen Verdadera prisión y trabajos del padre Lequerica.

[2] Convento de Santo Domingo. Cf. nota 5 a El Teólogo Imparcial, número 4, en este volumen.

[3] El Conductor Eléctrico lo forman 24 números sin día ni mes de publicación. En la Imprenta de don Mariano de Zúñiga y Ontiveros, calle del Espíritu Santo. El número 24 incluye un remitido de 2 de septiembre, o sea que presumiblemente terminó ese mes. Consta de 208 páginas de numeración corrida, más un prospecto de 8 páginas en 4° común. El primer número titulado “Sobre la dignidad del rey y la soberanía de la nación” salió con 12 páginas, los números posteriores tuvieron por lo regular 8 páginas.

a De una eripsela [“erisipela”, inflamación de la piel, acompañada de fiebre] ulcerada en pecho y pulmón.

[4] chilindrón mentiroso. Juego de naipes entre dos o cuatro personas, especie de pechigonga, sin envites, y también parecido al juego de la cometa. La sota, el caballo y el rey forman chilindrón.

[5] turuleque falaz. “Mal se aviene el don con el Turuleque”. Expresión familiar con que se indica no decir bien en gente baja las dignidades y títulos honoríficos.

[6] Fernández de Lizardi escribió en El Conductor Eléctrico, núm. 17: “El reverendo padre fray Mariano Soto, a quien conozco y he tratado años hace, es un religioso de muy buena conducta, de no vulgares talentos, de acreditada instrucción, de muchas esperanzas (porque aún anda en la media carrera de su vida) y, por lo mismo, me da lástima que llevado de... de su amor a su religión (aunque laudable), se haya empeñado en una defensa que no le hace ningún honor.” Cf. Obras IV-Periódicos, p. 373.

[7] momento quia pulvis est. “Momento, homo, quia pulvis es et in pulneram revertis. Acuérdate hombre, que polvo eres y en polvo te convertirás”. Palabras dichas por el sacerdote al aplicar la ceniza en la frente de los fieles el miércoles de Ceniza, en recuerdo de las palabras del Génesis (3, 19) dichas por Dios a Adán después del pecado original.

[8] Véase en este volumen Verdadera prisión y trabajos del padre Lequerica, y cf. nota 25 a El Teólogo Imparcial, número 1, en este volumen.

[9] más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena. “Mas sabe el necio en su casa, que el cuerdo en la ajena. Refrán que enseña que en los negocios propios más sabe aquel à quien le pertenecen, por poco que entienda, que el que mirándolas desde lejos se introduce à juzgarlos sin conocimiento. [...] Cerv. Quix. Tom. 2 cap. 43. y vuestra merced sabe bien que mas sabe el necio en su casa que el cuerdo en la ajena.” Dic. autoridades.

[10] carta del padre Lequerica. Cf. nota 1 a Verdadera prisión y trabajos del padre Lequerica, en este volumen.

[11] obispo de Guadalajara. Cf. nota 10 a El Teólogo Imparcial, número 4, en este volumen.

[12] Pedro José de Fonte Hernández y Miravete. Cf. nota 4 a El Teólogo Imparcial, número 4, en este volumen.

[13] Tribunal de la Inquisición. Cf. nota 4 a El Teólogo Imparcial, número 3, en este volumen.

[14] Cf. nota 8 de este folleto.

[15] En el núm. 15 de El Conductor Eléctrico Fernández de Lizardi escribe sobre el padre Lequerica: “Yo ni lo conozco, ni lo defiendo, ni tengo más noticias de sus negocios que los que él me da en su carta; pero en ningún momento dudo en la legitimidad de su queja contra la Inquisición.” Cf. Obras IV-Periódicos, p. 361.

[16] Fernández de Lizardi en El Conductor Eléctrico núm. 17 escribe: “Si no ha pedido que se le dé el sacramento de la penitencia, ni lo sé ni lo disculpo; pero lo que no tiene duda es que él lo dice por su carta... [‘el presbítero don Ignacio de Lequerica... a vuestra señoría ilustrísima llega y suplica encarecidamente se le concedan los alivios y recursos espirituales por lo menos, con oportunidad de oír misa los días de preceptos y el uso de los santos sacramentos, confesión y comunión’. Ibidem, pp. 359-360]”. Ibidem, p. 375.

[17] Fernández de Lizardi en su respuesta al padre Soto del núm. 17 de El Conductor Eléctrico escribe: “Él, él [Ignacio de Lequerica], así como digo, ha de satisfacer al público del trato que se le ha dado mientras no, todo cuanto diga el padre Soto, ni el mismo provincial nos sirve de satisfacción pública; porque el público ni es tonto ni es injusto, y en todas partes han hecho el análisis de la carta del padre Lequerica y del papel del padre Soto, y sacan que aquél dice mil verdades que éste confirma, como es que estaba separado, sin comunicación, que no o dejaban oír misa, que no está sentenciada su causa, etcétera.” Ibidem, p. 373.

[18] Sobre la afirmación del padre Soto de que el padre Lequerica comía los mismos alimentos que el provincial, Fernández de Lizardi responde: “Quiero que me corten las orejas si esto es cierto. ¿Quién de los americanos creerá que a un reo de la cárcel se le dé de comer lo mismo que al virrey?”. Idem.

[19] clemole. (Del azt. tetl, fuego y molli, guisado) Guiso o caldo con carne o con pollo, que lleva chile por lo general; y también la salsa de chile con tomate que caracteriza la comida típica del país. Más usado en diminutivo clemolito. Santamaría, Dic. mej.

[20] idem per idem. Igual por igual.

[21] a latere. De junto.

[22] Fernández de Lizardi escribe en El Conductor Eléctrico núm. 17: “es, pues, necesario, repito, que al padre Lequerica se le juzgue públicamente, dejándolo en plena libertad de sus derechos y, a consecuencia, en plena comunicación pública [...]”. Cf. Obras IV-Periódicos, p. 376.

[23] Orden de Santo Domingo. Una de las primeras órdenes que se establecieron en Nueva España. La misión fue enviada por fray García de Loaiza, confesor de Carlos IV. Estuvo compuesta por doce religiosos de los cuales murieron tres y al llegar a la isla La Española (hoy Santo Domingo) los nueve restantes se negaron a seguir. Finalmente, fueron convencidos de continuar y al llegar se alojaron en el convento de San Francisco. Debido a intrigas de la cabeza de la misión, fray Tomás Ortiz, tuvieron que volver a España, quedándose fray Domingo de Betanzos, que recibió novicios y misioneros españoles. Vinieron 25 de éstos con una real cédula para obtener los solares junto al monasterio que estaban construyendo (después ahí se alojó la Inquisición) Su prelado fue fray Vicente de Santa María. La orden quedó constituida en México. En 1530 contaba con más de 50 frailes. Entre los más ilustres miembros se cuentan Bartolomé de las casas, Antonio Montesinos Pedro de Córdova y Domingo de Betanzos.

[24] En tales artículos se prescribe: “300. Dentro de las veinticuatro horas se manifestará al tratado como reo la causa de su prisión y el nombre del acusador, si lo hubiere. 302. El proceso de allí en adelante será público en el modo y forma que determinen las leyes. 304. Tampoco se impondrá la pena de confiscación de bienes.” Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., p. 95.

[25] encapotado o achalado. Cubierto con el capote. También, poner el rostro ceñudo y con sobrecejo.

[26] cosi-causas. Por cosi-cosas. Quisicosa. Enigma u objeto de pregunta muy dudosa y difícil de averiguar.

[27] Cf. nota 16 de este folleto.

[28] Fernández de Lizardi contesta a Mariano Soto en Rociada de El Pensador a sus débiles rivales...: “Su respuesta de usted no me parece que satisface la queja del padre Lequerica, ni menos prueba falsedades; antes usted mismo la comprueba y me libra de la nota de cito credente. [...] a más de que el padre preso no se queja del maltrato del convento, ni de los religiosos, sino del trato ilegal con respecto a su causa y al estado de las cosas [...]. Se empeñará usted en acusarme una contradicción, y no la hay, ni se puede hallar en todo mi número 17. Usted ha dicho que yo ‘estampé falsedades’, y yo digo: que se me pruebe que suplanté su firma o añadí una palabra a la carta que me envió, y entonces tírenseme las pedradas que yo estampé falsedades, como dice el padre Soto; o siquiera que las creí. Antes había yo dicho en mi número 15: ‘ni un momento dudo de la legitimidad de su queja contra la Inquisición’. Este contra la Inquisición, usted maliciosamente lo suprimió y copió solamente lo que le importaba para sacar su decantada contradicción. Por eso, lleno de satisfacción, pregunta:‘Quien dice que no cree, puede al mismo tiempo afirmar, que no duda aquello que le es increíble’. Sin dudad que no, padre mío: Tal afirmación no sólo sería una absurda contradicción sino un desatino manifiesto; pero yo no dudo ni creo dos cosas distintas. No dudo de la legitimidad de la queja del presbítero contra la Inquisición. No estampé falsedades, ni he creído tales las quejas que él escribió; y esto es decir una misma cosa con diferentes expresiones. Tanto vale decir: no dudo de la verdad del padre Lequerica. Como decir: no creo que el padre Lequerica diga falsedades. Padre Soto, al que no conoce un sofisma se puede aturdir con él; al que lo conoce, no se aturde. Dios nos dé usar bien de nuestro talento.” Cf. Obras X-Folletos, pp. 321-322.

[29] Cf. nota 12 a Verdadera prisión y trabajos del padre Lequerica, en este volumen.

[30] Párrafo íntegro del núm. 15 de El Conductor Eléctrico. Cf. Obras IV-Periódicos, p. 361.

[31] El 22 de octubre de 1820 se decretó el Reglamento de libertad de imprenta, por el que se derogan los anteriores decretos (de 1810 y de 1813); “Título II. De los abusos de la libertad de imprenta”, artículo 6° se explicitan los modos de abuso: “Primero: Publicando máximas o doctrinas que conspiren de un modo directo a destruir o trastornar la religión del estado, ó la actual Constitución de la monarquía. Segundo: Cuando se publican máximas o doctrinas dirigidas á exitar la rebelión o la perturbación de la tranquilidad pública. Tercero: Incitando directamente á desobedecer alguna ley ó autoridad legítima, ó provocando á este desobediencia con sátiras ó con invectivas. Cuarto: Publicando escritos obscenos, ó contrarios a las buenas costumbres. Quinto: Injuriando á una ó más personas con libelos infamatorios que tachan su conducta privada, y mancillan su honor ó reputación”. Cf. La Constitución de 1812..., t. I, p. 135.

[32] deposiciones. Deposición eclesiástica: privación de oficio y beneficio para siempre, con retención del canon y fuero, castigo medio entre la suspensión y la degradación.

[33] excomunión mayor. “Privación activa y pasiva de los sacramentos y sufragios comunes de los fieles, es decir, poder recibir y administrar los sacramentos, y privación de todo derecho a las funciones y ejercicios eclesiásticos; la excomunión menor solamente priva del derecho de recibir los sacramentos, las órdenes, y los beneficios eclesiásticos, mas no de las demás notas de comunión, como son el oír misa, y asistir al oficio divino Los canonistas han distinguido dos géneros de excomuniones; una que se encurre cometiendo la acción prohibida que llaman ellos excomunión ipso facto o latae sententiae; y la otra, que debe proferir el juez en consecuencia de la ley, que llaman comminatoria o ferendae sententiae: a ésta deben preceder advertencias canónicas.” Cf. Moreri, El gran diccionario histórico..., t. III (Seg. Parte ), p. 1142.

[34] Fernández de Lizardi responde en su Rociada de El Pensador a sus débiles rivales...: “Todo esto, padre mío, no es otra cosa que confirmar la queja del padre Lequerica y substraerlo de toda nota de falsaria. Lo que él dice, usted lo niega; lo más que hace es dar libranza contra su prelado para que responda acerca de ello; y ¿así escribió tanto y dijo tanto?, ¿para qué?, para meter en la colada [“Todo saldrá en la colada.” Quijote I, 20 y II, 36] las cebollas y los ajos, el chocolate y el pulque, cosa que no nombró en su carta el pobre clérigo.” Cf. Obras X-Folletos, p. 322.

[35] taje su pluma. “Vale también disponer las plumas, para que se pueda escribir con ellas, cortandolas, y abriendolas los puntos à proporcion de la letra, que se quiere formar.” Dic. autoridades.

[36] cárcel pública. En Palacio Nacional, en el patio del lado Norte. En 1779 unos inspectores la describieron así: “Bajando de la [Real Sala del Crimen] a la cárcel, en los entresuelos hay dos piezas con ventanas a la calle del Arzobispado, la capilla a la que sigue una pieza, cárcel de mujeres, enfermería de ésta, y por una escalera que baja a un sótano y a un patiecito en que está la pila, por la misma cárcel de mujeres se formó otra vez para la de los hombres, y en una pieza alta sobre el portal, hay un tabique que la hace dos y llaman ‘enfermería vieja’ y abajo los calabozos que llaman ‘jamaica’, al chico y al grande ‘romita’ y en lo más interior, tres galeras con nueve bartolinas que cae bajo de un callejón oscuro que está por la contaduría de tributos y sala de caballeros, maicero, cocina, enfermería, a lado del entresuelo, con un cuarto pequeño que sirve de ropero, y pasando al patio en que está la pila un boquete con un cuarto oscuro y en el de fuera otro para el portero, quedando en el zaguán la guardia.” Cf. Javier Piña y Palacio, La cárcel..., p. 29.

[37] Mendívil. Cf. nota 11 a Verdadera prisión y trabajos del padre Lequerica, en este volumen.

[38] Juan Ruiz de Apodaca. Cf. nota 5 a Verdadera prisión y trabajos del padre Lequerica, en este volumen.

[39] En el núm. 17 de El Conductor Eléctrico Fernández de Lizardi  escribió: “el mismo modo con que me escribió [el padre Lequerica] prueba hasta la evidencia la opresión y espionaje con que estaba. Me escribió en una tira de papel sucio, la carta vino a mis manos con el sello de la estafeta, la que me entregó el cartero como ya he dicho [en la nota c del número 15 del mismo periódico, donde reprodujo la carta, nuestro autor había asentado: “El cartero me trajo a mi casa esta carta.” Cf. Obras IV-Periódicos, p. 361.]”. Ibidem, p. 376.

[40] Fernández de Lizardi había escrito en el mismo texto: “Concluyo, pues, diciendo que el padre Soto no tenía necesidad de comprometerse en estas dificultades para cubrir el buen nombre de su religión. Con decir: los dominicos no han hecho más que cumplir con las órdenes del prelado ilustrísimo y no son responsables a otra cosa, estaba todo compuesto.” Idem.

[41] peso. Cf. nota 13 a Todos pensamos..., en este volumen.

[42] Estanco de Tabaco. El visitador José de Gálvez supervisó la introducción del monopolio del tabaco, de la lotería y de la oficina de contabilidad de los impuestos sobre los fondos y recursos municipales. Cf. Linda Arnold, Burocracia y burócratas..., pp. 133-134.

[43] duro. Peso duro o peso fuerte. Moneda de plata de peso de una onza y que valía ocho reales fuertes o 20 de vellón. También, moneda de 5 pesetas.

[44] monedero falso. Monedero. El que fabrica y acuña la moneda. Dic. autoridades. Entiéndase el fabricante de moneda falsa.

[45] Fray Mariano Soto. Cf. nota 13 a Verdadera prisión y trabajos del padre Lequerica, en este volumen.