PREGUNTILLAS SUELTAS[1]

 

Amigo Pensador: me gusta mucho ir en convoy, y supuesto que a usted se dirigen los que tienen qué preguntar, ellos sabrán sus motivos, pues yo, sin quererlos indagar, y sin decir agua va, allá le echo esa andanada de preguntas,[2] que me están haciendo muchas cosquillas, y al público no dejarán de picarle la curiosidad.

Sea la primera: ¿qué hacen los alcaldes de cuartel, o de barrio,[3] a quienes, según se dice, se les ha encargado que obren, y se dirijan por la prudencia, sujetos a los Jueces de Letras?[4] Un amigo mío decía el otro día que eran unos feos lobanillos[5] que desfiguraban la Constitución,[6] y que parecen destinados a quebrantarla en cosas muy esenciales, y a mi fe, salvo el mejor parecer de usted, y de quien lo entienda, que tenía razón el bellaco.

Vea usted mis razones: la Constitución quiere que nadie sea juzgado por comisión, ni por otro juez, que el que destina la ley; y estos alcaldes, a pretexto de conciliar y avenir, están juzgando sin autoridad, ¿y a quién? A la masa del pueblo, que es puntualmente a la que debía hacerse palpar de un modo sensible el benéfico influjo de la ley constitucional, y que no está ya bajo el yugo de la arbitrariedad y despotismo. Vamos adelante: la Constitución quiere que nadie sea preso sin mandamiento por escrito del juez,[7] haciendo responsable al que de otro modo recibiere algún preso; y esos señores míos mandan, como siempre, con el pretexto de depósito a las mujeres a las atolerías,[8] y a los hombres a las panaderías. La Constitución quiere que el gobierno interior esté en los ayuntamientos,[9] y a éstos toque velar sobre el orden público, y los alcaldes de barrio están usurpando con las rondas y otras cosas de semejante jaez esas delicadas facultades, que no son, ni deben ser, para tales sujetos. Finalmente, la Constitución quiere que los jueces no tengan más oficio que juzgar, y por medio de los alcaldes de cuartel, como que les están sujetos extienden sus facultades, a más que juzgar, y ejecutar lo juzgado, y esto de un modo artero y poco decoroso.

Yo decía que estábamos mejor antes que ahora en este particular; lo primero, porque, no habiendo Constitución, no había tampoco el dolor y desconsuelo de que se quebrantara a ojos vistas, en una parte tan interesante que mira a la libertad civil del ciudadano, en cuyo número entran todos los infelices que viven vejados por estos entes. Y lo segundo porque, supuesto el sistema antiguo, los alcaldes vivían sujetos a reglas que dictó el gobierno y dispuso la sabiduría de un recomendable magistrado, cual fue el señor Guevara;[10] pero sin más regla ni norma que la prudencia de unos hombres sin principios, ¿cuáles pueden ser las consecuencias? Esa prudencia aun en los magistrados y jueces ilustrados es detestable en todo gobierno liberal, porque es la senda segura del despotismo, y ya se deja entender lo que será en el tendero, en el vinatero, y en otros que no son siquiera tenderos ni vinateros. Ya se ve, si es cierto lo que se dice del que tuvo el atrevimiento de emplazar a un letrado y echar noramala la Constitución, ¿para qué sería referir otros ejemplares?

Vamos a mi segunda pregunta, ¿por qué los pedantes están azotando a los muchachos en algunas casas de educación contra el sabidísimo decreto de las Cortes?[11] ¿Así se obedecen las leyes? ¿Creen que estamos jugando a Constitución? Ya vimos el furor con que este castigo tan inmoral e infamante se prodigó en esa picota de la plaza después del decreto de 4 de mayo:[12] pero también vimos que apenas sonó el nombre de Constitución, cuando se abstuvieron los magistrados de imponerlo, y lo que no se atrevió a ejecutar una Real Sala del Crimen[13] ¿lo hace con toda impunidad y descaro un domine en su aula el día que baja de mal humor a la clase? Aun si esto hubiera sucedido en una escuela de barrio, pudiera pasar con una reprehensión, pero que se ejecute en un colegio con personas decentes, destinadas en la mayor parte para el estado eclesiástico, no puede sufrirse a la verdad.

Dirá usted que me excedo de mi oficio de preguntón, y lo confieso con santa ingenuidad; pero protesto la enmienda, como lo verá al punto en esta tercera pregunta. Ahí anda la Gaceta,[14] cuyo número no tengo presente, en que se nos dijo que al contestar la Inquisición[15] el obedecimiento del decreto del rey, acompañó certificación de que no existía un solo reo en sus cárceles;[16] pero usted, yo y todo México que sabemos el que no existía [sic], porque de antemano los destinaron, mandando a unos a la Cárcel de Corte,[17] donde existen, y otros a conventos y colegios apostólicos, ¿qué juicios deberemos formarnos de esta ocurrencia?[18] Algunos dicen que ésta ha sido una superchería, y aunque yo ni lo digo, ni lo contradigo, pero sí quisiera saber la opinión de usted.

Anda también por ahí el rum rum de que a la fachada de la Inquisición se le van a quitar las armas tremenbundas;[19] pero que se deja la santa Cruz, y quisiera saber ¿qué objeto tiene dejar allí esa Cruz de las armas? Con motivo de lo que vimos y supimos la vez pasada, cuando resucitó este establecimiento, se hacen discursos poco gratos con motivo de la Cruz, que no quiero decir a usted porque el asunto es que usted me diga.

Vaya otra pregunta: ¿por qué se andan encogiendo ahí los escritores, y procediendo con un temor servil, como si hubieran de pasar la noche en la cárcel por las opiniones que han desembuchado en el día? Vaya otra, ¿por qué permitimos en algunas conversaciones la voz de que un Bando igual al de marras nos dejará sin libertad de imprenta?[20] Vaya otra, ¿por qué dejamos correr que se pongan inconvenientes a las leyes, y especialmente a las fundamentales?[21] Cuando cada día se disparaba una ley sin consideración alguna a las diversas circunstancias de los lugares, y a la diferencia que ponía en ellos la misma ley, estaba bien que en algunas partes se pudiese suspender su cumplimiento, o que se obedeciese y no se cumpliese —usando del precioso lenguaje y de la frase contradictoria con que nos explicábamos en la materia—, pero cuando la ley ha sido la expresión de la voluntad general, por medio de los representantes de toda la nación, no está en arbitrio de ninguna autoridad ni persona dejar de cumplir la ley, que es sobre todas las autoridades, y sobre todos los individuos.

Vaya otra pregunta: ¿por qué...? Pero a dónde vamos a parar. Es necesario que por ahora descansemos de preguntar, para no apurar el sufrimiento de usted, concluyendo con manifestarle mis deseos de que tuviéramos dos periódicos, uno que se intitulase: Centinela de la Constitución, para que los que nos gobiernan constitucionalmente se instruyeran de las infracciones; y otro que llamaría Linterna Constitucional, para que sirviese de alumbrar: ya a la vieja miserable y a la muchacha aturdida que han vuelto este asunto cosa de religión, por las sugestiones subversivas de los egoístas; ya al insolente que juzga deber quedar impunes sus delitos, cuando debe entender que serán bien y prontamente castigados, ya al ignorante plebeyo, que quiere entender mal la igualdad por el influjo maligno de los que no quieren Constitución, y de los que quisieran aparentar perjuicios y malas resultas para acabar con ella, como acabaría con usted si siguiera charlando éste su servidor


Juan Lanas[22]

 


[1] México: Oficina de don Alejandro Valdés, calle de Santo Domingo y esquina de Tacuba, 1820, 4 pp. Fernández de Lizardi responde a este folleto con Respuestillas sueltas de El Pensador Mexicano, firma excepcionalmente con el pseudónimo de Juan de Buena Alma. Cf. Obras X-Folletos, pp. 271-275.

[2] Fernández de Lizardi escribe en Respuestillas sueltas...: “¿Conque a usted le gusta ir en convoy como a cierto abad y preguntarle a El Pensador, porque todos le preguntan?, y dígame usted y cuánto preguntón hay en el mundo, ¿tengo yo cara de vieja para que se quejen conmigo de los abusos que nota? No, señor Juan Lanas, yo no soy gobierno, ni ayuntamiento, ni cosa que lo parezca; menos soy un sabihondo de primer orden, ni oráculo a quien todos consulten.” Cf. Obras X-Folletos, p. 271.

[3] En 1820 había 32 alcaldes de barrio en la ciudad de México. Realizaban funciones de patrullaje. Ministros menores (alcaldes del crimen) y abogados de la Audiencia (fiscales) tenían entre sus deberes hacer una ronda de vigilancia por las noches, como altos oficiales policiacos. Las milicias, los militares y la guardia virreinal completaban el patrullaje de la ciudad. Cf. Linda Arnold, Burocracia y burócratas..., p. 127.

[4] Antes de la Constitución había doce jueces principales y treinta y dos subalternos o pedáneos, para atender a una población de “170 mil almas que componen el vecindario de esta capital”. Al virrey Calleja le pareció insuficiente el nombramiento de un solo juez de letras y dos alcaldes constitucionales conforme lo dispuso el decreto de Cortes de 9 de octubre de 1812 para el arreglo de Tribunales y Juzgados, y determinó el nombramiento de seis jueces letrados interinos, que lo fueron: José Ignacio Berazueta, ministro electo de la Audiencia de Guatemala; Andrés Rivas Caballero, fiscal electo de la Audiencia de Guatemala; Francisco Urrutia; Fernando Fernández de San Salvador y Juan Martín de Juanmartiñena, ministros honorarios de la Audiencia de México, y Juan Flores Alatorre, ministro honorario de la de Guadalajara; nombrados el 4 de mayo de 1813. Cf. La Constitución de 1812..., t. I, pp. 323-324.

[5] lobanillo. Tumor superficial; por lo común no doloroso que se forma en algunas partes del cuerpo.

[6] Constitución. Cf. nota 13 a  Sermón político-moral, en este volumen.

[7] En la Constitución, título V, capítulo III, artículo 287 dice: “Ningún español podrá ser preso sin que preceda información sumaria del hecho, por el que merezca según la ley ser castigado con pena corporal, y asimismo un mandamiento del juez por escrito, que se le notificará en el acto mismo de la prisión”; y el artículo 290 establece: “El arrestado, antes de ser puesto en prisión, será presentado al juez, siempre que no haya cosa que le estorbe, para que le reciba declaración; mas si esto no pudiere verificarse, se le conducirá a la cárcel en calidad de detenido, y el juez le recibirá la declaración dentro de las veinticuatro horas”. Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., p. 94. En la primera noche de Noches tristes y Día alegre el protagonista, Teófilo, es arrestado sin sumaria. Cf. Obras IX-Novelas, pp. 426-427. Fernández de Lizardi publicó esta novela en 1818.

[8] atolerías. Lugar donde se hace o se vende atole. Atole (del mex. atolli) Bebida, a manera de gachas, hecha de harina de maíz disuelta en agua hervida. Hácese también con otras harinas y con leche en vez de agua: éste se llama atole de leche y el otro atole blanco. Es alimento muy usado en México. Santamaría, Dic. mej.

[9] En la Constitución, título VI, capítulo I, artículos 309 a 323, quedó establecido el gobierno por medio de ayuntamientos. El artículo 309 estableció: “Para el gobierno interior de los pueblos habrá Ayuntamientos compuestos del alcalde o alcaldes, los regidores y el procurador síndico, y presididos por el jefe político donde lo hubiere, y en su defecto por el alcalde o el primer nombrado entre éstos, si hubiere dos.” Cf. Hernández y Dávalos, Colección de documentos..., t. IV, p. 109. Las Cortes emitieron un decreto con fecha 24 de marzo de 1813, que dice: “Los regidores y demás individuos de los antiguos Ayuntamientos fieles de las Españas, en toda la Monarquía, conservarán los honores, tratamiento y uso de uniforme de que respectivamente estuviesen en posición al tiempo de cesar por la formación de los Ayuntamientos constitucionales”. Cf. La Constitución de 1812..., , t. I, p. 257.

[10] Guevara. Hubo un canónigo Guevara que defendió a las monjas de Jesús María porque sólo recibían diariamente 2½ reales, y que se negó a que se empadronara su familia en el Censo que ordenó el Ayuntamiento en 1824. Este incidente fue tomado por Fernández de Lizardi en su folleto Mañas viejas y gobiernos nuevos como un ejemplo del ilegal ejercicio de privilegios otorgados por el antiguo régimen. Cf. Obras XIII-Folletos, pp. 73-78.

[11] Se trata del decreto de fecha 17 de agosto de 1813, que dice a la letra: “Las Cortes Generales y Extraordinarias, queriendo desterrar de entre los españoles de ambos mundos el castigo ó corrección de azotes, como contrario al pudor, á la decencia y á la dignidad de los que lo son ó nacen y se educan para ser hombres libres y ciudadanos de la noble y heróica nación española, han tenido á bien decretar lo siguiente: Se prohibe desde el día de hoy la corrección de azotes en todas las enseñanzas, colegios, casas de corrección y reclusión y demás establecimientos de la Monarquía, bajo la más estrecha responsabilidad.” Cf. La Constitución de 1812..., t. II, p. 129.

[12] Se trata del real decreto de 4 de mayo de 1814 referente a la abolición de la Constitución y el restablecimiento del absolutismo. Una parte de éste dice: “...quedó todo á la disposición de las Cortes, las cuales en el mismo día de su instalación, y por principio de sus actos, me despojaron de la soberanía, poco antes reconocida por los mismos diputados, atribuyéndola nominalmente á la nación para apropiársela á sí ellos mismos, y dar á ésta después, sobre tal usurpación, las leyes que quisieron, imponiéndole el yugo de que forzosamente las recibiese en una nueva Constitución, que sin poder de provincia, pueblo ni Junta, y sin noticia de las que se decían representadas por los suplentes de España é Indias, establecieron los diputados y ellos mismos sancionaron y publicaron en 1812.” Más adelante, Fernando VII señala sus “reales intenciones en el Gobierno de que me voy á encargar, y harán conocer á todos, no un déspota ni un tirano, sino un Rey y un Padre de sus vasallos.” Cf. La Constitución de 1812..., t. II, p. 153, 155.

[13] Real Sala del Crimen. Cf. nota 6 a Carta de los Guadalupes a don José María Morelos. Marzo 3, 5 y 6 de marzo de 1813, en este volumen.

[14] Gaceta del Gobierno de México. Cf. nota 32 a [Contestación a Quien llama al toro...], en este volumen.

[15] Inquisición. Cf. nota 14 a Auto de Inquisición contra el Suplemento..., en este volumen.

[16] Fernández de Lizardi escribe en Respuestillas sueltas...,: “Respondo que certificó con verdad, porque cuando firmó su certificación, ya había trasladado a la de Corte, conventos, etcétera a 33 o 35 que tenían.” Cf. Obras X-Folletos, p. 272.

[17] Cárcel de Corte. Cf. nota 3 a Carta de los Guadalupes a don José María Morelos. Marzo 3, 5 y 6 marzo de 1813, en este volumen.

[18] Fernández de Lizardi dice al respecto en Respuestillas sueltas...: “Pues, amigo se comportan así porque sus superiores los consienten, porque los tontos se dejan, y porque ellos nacieron con despotismo; mamaron despotismo, se destetaron con despotismo, comen despotismo, beben despotismo, viven con despotismo, y morirán con despotismo, moliéndonos al derecho y al revés con despotismo, si nos dejamos.” Cf. Obras X-Folletos, p. 271.

[19] Fernández de Lizardi responde en el mismo texto: “Le hace a usted fuerza de que a la Inquisición le hayan quitado las armas y le dejen la santa Cruz. Advierta usted, amigo que lo que se le quitó fue la oliva y la espada, símbolos de la misericordia y de la justicia, pero ¿cuándo hubo en tal tribunal misericordia ni justicia, sino sólo pintadas en las paredes y fachadas? [...] Consuélese usted [...] teniendo mucha fortuna que dejen la cruz sobre las puertas, porque la Cruz tiene virtud de librarnos de ellos.” Ibidem, pp. 272-273.

[20] En el mismo lugar Fernández de Lizardi responde: “¡Qué bien se conoce que o no sabe usted, o no se acuerda, que el año de [18]13, después de haber jurado y rejurado la mismísima Constitución que ahora, y con más gusto y solemnidad, así que le pareció el Real Acuerdo y al señor Venegas, se prohibió por Bando la libertad de imprenta. Y por haberle dado los días El Pensador al virrey, suplicándole muy respetuosamente la revocación del sacrílego Bando de 25 de junio del mismo año, le anduvieron a los alcances, allanaron su casa, emplearon todos los medios del espionaje y, al fin, sin más formalidades ni requisitos, lo asaltaron y lo redujeron a una prisión de siete meses, de donde salió absuelto de culpa y pena, aunque sin un maravedí, y con la salud bastante quebrantada.” Ibidem, pp. 273-274.

[21] Ahí mismo Lizardi escribe: “Y respondo que porque lo consentimos. Hagamos uso de los derechos que se nos conceden en el artículo 363, ya citado, y verá usted como todo anda bien.” Ibidem, p. 275.

[22] Juan Lanas. Nombre proverbial (Juanvainas). El personaje más comúnmente conocido por Juan Lanas. Santamaría, Dic. mej. Al final del folleto que responde al presente, Fernández de Lizardi firma como Juan de Buena Alma.