PREDICAR EN DESIERTO,

SERMÓN PERDIDO[1]

 

 

¿Qué provecho habéis sacado con vuestros discursos, escritores cándidos? ¿Se os ha olvidado que habitáis un país donde sólo debe fecundar la ignorancia, porque la libertad ha de ser siempre a medias? ¿Creísteis que en efecto estabais en el año de [18]20? Sin duda, vosotros habéis perdido, si no todo, la mayor parte de vuestro juicio, porque a no ser así, ¿cómo os habíais de precipitar, teniendo el riesgo a la vista? Desengañaos y no fatiguéis vuestras plumas y discursos, porque el daño está en la masa de la sangre, y no hay otro remedio que el de sufrir con paciencia las gorduras de nuestros prójimos: todo lo demás en cansaros sin fruto, porque predicar en desierto es sermón perdido. ¿Qué podéis conseguir donde es delito ver, oír y hablar? ¿Qué os podéis prometer donde los árboles de la preponderancia, del egoísmo y la adulación han echado tan profundas raíces que apenas hay uno de quien no reciban suco[2] para su prosperidad? Cre[e]dme, y no os precipitéis: lo único que podréis conseguir es vuestra proscripción, y la ruina de vuestras familias, porque precisamente os ha de suceder lo que al cántaro, que, ya toque la piedra en él, o él tropiece con la piedra, de todos modos queda roto.

Contentaos con los trabajos a que ya estáis acostumbrados, y no por querer desfacer entuertos os los busquéis mayores. Ya veis la facilidad con que el poderoso persigue, y la conque los ultrajan esos viles aduladores que, predicando la caridad y moderación, son los primeros que, para impugnar el modo de escribir, se desnudan de la religión[3] y humanidad, si es que alguna vez tuvieron tales adornos. En todos países se saca algún provecho de lo que se escribe; pero en éste, aunque viniera Cicerón y cuantos oradores ha tenido el Orbe, nada se adelantaría, porque predicar en desierto es sermón perdido.

[...][4]

Ya hemos visto Plumas y Espadas,[5] consultas constitucionales,[6] Eléctricos,[7] Avisos importantes[8] y otros muchos papeles, pero ¿de qué han servido? De nada, porque acabamos de ver que un señor coronel arresta a un hombre sin saber con certeza el delito para proceder a quitarle su libertad; se pasan muchas horas y no se hace lo que previene la Constitución,[9] sin otro motivo seguramente que el de no parecer oportuno. Si esto es justo y legal, no lo entiendo; si ha lugar a la queja, no lo sé; y si se puede obrar de distintos modos, según acomodare, ya lo sabrán los que lo hacen; pero yo sí podré asegurar que los impresos son buenos para los tenderos y boticarios únicamente, porque predicar en desierto es sermón perdido.

No os canséis, escritores: si tenéis prurito de afilar vuestras plumas, ejercitarlas en buena hora; pero si no queréis comprometer vuestra tranquilidad, variad el rumbo. ¿Pretendéis remediar los abusos? Pues trasuntad el Catecismo del padre Ripalda[10] con letras más grandes y en medios pliegos. ¿Queréis que se cumplan las leyes conforme el espíritu de la Constitución? Buscad el Temporal y eterno[11] para que saquéis algunos pasajillos que nos hagan ver que somos mortales. ¿Os interesáis en el arreglo de la sociedad en que vivís, reprimid la Escuela de costumbres;[12] si queréis, por último, que se engrandezca la nación y prospere, trabajad para dar a luz la cuadratura del círculo, la piedra filosofal, o el modo de hallar tesoros sin que os hablen primero los muertos. Todo lo demás es tirar piedras al aire, patadas contra el aguijón, y exponer vuestro coleto[13] sin adelantar nada, porque predicar en desierto es sermón perdido.

Si el escribir lo hacéis por tener algún lucro, o por adelantar en otros ramos, dad a la prensa el catálogo de beatos o venerables, de los padres de cierta orden, que os pagarán bien; haced una disertación sobre la desigualdad de los colores y sobre el imprescriptible derecho de los reyes; componed alguna obrilla en que demostréis lo infundado de las quejas, y lo monstruoso de la ingratitud; y dad, por último, un manifiesto en que hagáis ver el grado, u orden, que deben tener los ropajes en la sociedad. Entonces seréis patriotas agradecidos, moderados y cristianos, y lo que es más, lograréis alguna cosilla con que pasarlo bien. Dejad a cada uno que haga lo que le venga en gana; procurad encerraros en vuestro rincón y no tratéis con nadie, aunque todo se lo lleve el diablo, pues con vuestros deseos, papeluchos y trabajo no habéis de enmendar lo que otros quieran torcer cada vez que se les antoje, porque tienen facultad para ello. Acordaos siempre que os veáis en tentación: que predicar en desierto es sermón perdido. No sea lo mismo el que os ha dicho.


J. N.

 

Se vende en la librería de Recio, Portal de los Agustinos letra B. [14]

 
 


[1] México: Impreso en la Oficina de don J. M. Benavente y Socios [Impresor con librería. En el periodo que abarca este volumen, Fernández de Lizardi publicó con este impresor Razones contra insolencias. O respuesta de El Pensador al padre Soto; Aún ha quedado a las zorras el rabo por desollar; y Defensa de El Pensador y epístola al padre Soto, cf. Obras X-Folletos, pp. 379-388, 409-415, y 417-424, respectivamente]. Año de 1820, 4 pp.

[2] suco. En Tabasco, planta amarantácea que produce un tubérculo comestible, agradabilísimo como legumbre. Santamaría, Dic. mej. Humor de que se alimentan los cuerpos así de los animales como de las plantas, comúnmente se dice xugo. Dic. autoridades.

[3] religión con mayúscula en el original.

[4] Resumen de texto omitido: El autor continúa su afirmación de que en otros lugares es posible que el pueblo opine sin ser perseguido, mientras que “las quejas se quedan para los impolíticos, las verdades claras para los sediciosos, los reclamos para los díscolos, y el escribir para los necios”, y agrega que cada quien debe guardarse en casa sus reflexiones “porque al cabo de nada han de servir aunque las deis a la prensa”. Ejemplifica la falta de legalidad para con los escritores y sus escritos con el caso del papel La verdad amarga, cuya impresión fue detenida por el juez, quien pasó por encima del Reglamento de Imprenta, alterando el proceso jurídico. Nada vale la pena sazonar la Chanfaina [Cf. Chanfaina sequita o carta a el Pensador, en el tomo 1 de esta Antología], perder el tiempo con el Barbero [Cf. Conversación del Barbero y su marchante, en este volumen] y querer que se quite el empacho [Cf. Friegas y friegas y el empacho pegado, en este volumen].

[5] Plumas y Espadas. Cf. nota 6 a Friegas y friegas y el empacho pegado, en este volumen.

[6] Consultas constitucionales. Tenemos noticia de Consulta constitucional sobre la libertad de imprenta. México: Imprenta de Ontiveros, 1820, [4 pp.] Respuesta a un “Artículo comunicado”, publicado en el Noticioso General sobre una reclamación que hizo el apoderado de Bodega y Mollinedo por habérsele permitido la impresión de su informe al rey en 1814.

[7] Eléctricos. Se refiere a El Conductor Eléctrico, cf. nota 3 a Respuesta del padre Soto..., en este volumen.

[8] Avisos importantes. Se refiere a Aviso importante a los españoles en el estado presente de las cosas.. México: Reimpreso con licencia en la casa de Arizpe, 1820, firmado por Un Zeloso Patricio. Informa que las tropas napoleónicas ocupaban la capital y desquiciaban su gobierno (como sucedía en Austria, Prusia y España). Como medida la resistencia española constituyó la Junta Central y más tarde el Consejo de Regencia. También el invasor divulgaba noticias falsas sobre sus victorias y derrotas. El autor reclama la reorganización de los ejércitos españoles.

[9] Se refiere al artículo 287: “Ningún español podrá ser preso sin que preceda información sumaria del hecho, por el que merezca según la ley ser castigado con pena corporal, y asimismo un mandamiento del juez por escrito, que se le notificará en el acto mismo de la prisión”. Artículo 290: “El arrestado, antes de ser puesto en prisión será presentado al juez, siempre que no halla cosa que lo estorbe, para que le reciba declaración; mas si esto no pudiera verificarse, se le conducirá a la cárcel en calidad de detenido, y el juez le recibirá la declaración dentro de las veinticuatro horas”. Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., p. 94.

[10] Catecismo del padre Ripalda. Cf. nota 23 a La horca para Amán, en este volumen.

[11] Temporal y eterno. La obra se titula: De la diferencia entre lo temporal y eterno: crisol de desengaños, con la memoria de la eternidad, postrimerías humanas y principales misterios divinos, por el padre Juan Eusebio Nieremberg (1595-1658). 3a impresión. Madrid, por Maria de Quiñónez, a costa de Francisco de Robles, 1646. Existen en el Fondo Reservado de la Biblioteca Nacional además las ediciones siguientes: 13ª impresión mejorada por su autor. Madrid, por Andrés García de la Iglesia, a costa de Gabriel de León, 1673; otra de Barcelona: [s. n.], 1722; otra de Sevilla, en la Imprenta de Diego López de Haro, a su costa, y de Joseph Antonio de Hermosilla , 1724; una más en Sevilla, en la Imprenta Castellana y Latina de la viuda de Francisco Lorenzo de Hermosilla, 1728; y otra de Pamplona, por los Herederos de Martínez, 1759, con ilustraciones.

[12] Escuela de costumbres. El título completo es Escuela de costumbres. O Reflexiones morales é históricas sobre las Máximas de la sabiduría. Obra útil a toda clase de personas, escrita en francés por Mr. Blanchard, traducida por d. Ignacio García Malo, Secretario de la Patriarcal de las Indias, y del Vicariato de los Reales Exércitos, corregida en esta segunda impresión. Madrid, Imprenta de Villalpando, 1797, 4 tomos.

[13] coleto. Descaro desvergüenza. También entendido como el interior de una persona: “Dije para mi coleto”.

[14] Librería de Recio. Cf. nota 1 a El Publico no es juguete... y nota 6 a La Canoa, número 2, ambos en este volumen. Se inserta después un “Aviso” en el que se anuncian obras que han llegado a México: Modo de dirigir los perfumes para que lleguen sin disiparse al objeto que se quiere; Lobo con piel de oveja, y ocasiones en que conviene tener una ropa y en las que se debe variar; Instrucción para comprender con prontitud lo bueno, o malo de una obra. Los interesados deben acudir a la librería de “No te descuides”.