PIÉNSALO BIEN[1]

 

Como sé que los dones

cuestan tan poco,

he puesto a mi caballo,

señor don Potro.

 

 

Amigo Pensador: ¡amigo, cuando ni a tuertas, ni a derechas, en su vida han visto a usted mis ojos!; pero pase por costumbre y cosa corriente, a la manera que está en uso subscribirse un hombre, seguro y apasionado servidor, mentidamente, por cumplimiento y urbanidad, y vamos, de cualquier modo que sea y bajo cualesquiera maneras, siempre que no sean desatentos los estilos, a tratar de un papelito que nos ha des[c]errajado usted sobre los dones,[2] no del Espíritu Santo, sino de los que, en opinión suya (al parecer), pertenecen a los farsantes de México,[3] cuyo concepto, harto infundado, y estoy por decir ridículo (protexto[4] la modestia) ha desgobernado todas mis potencias, sin que puedan mi memoria, mi entendimiento, mi voluntad, digerir en su asqueroso buche todo aquel hato de despropósitos (respetuosamente hablando) con que ocupa usted su medio pliego. A pesar de que conozco que la necesidad no es muy boba, y que así como el insigne Torres de Villarroel expedía o soltaba una jácara, digámoslo así, para comprar un manteo,[5] cuando le era forzoso renovar el raído, o roto, que estaba sirviéndole, según él mismo en sus obras confiesa, así usted cada día está inventando (Deum de Deo)[6] motivos de aflojar papelotes, o papalotes[7] que, a costa de curiosos, le produzcan cuatro pesetas,[8] no para manteos, pues a usted jamás han pertenecido, ni pertenecen, sino quizá para camisas y calzoncillos, de que naturalmente irá usted surtiéndose ahora con esta cosechilla, a merced de la libertad de imprenta,[9] harto mal entendida, por muchos; pero bien provechosa a los objetos de los maldicientes, y a los naturales deseos de los que padecen la devoradora enfermedad de una hambre infusa.

Mas procedamos a discurrir sobre los dones, apetecidos por nuestros héroes, los actores del teatro de México,[10] si hemos de dar crédito a la carta dirigida a usted (y estése la verdad en su lugar) con el título de: La Cómica Constitucional.[11] ¡Qué desacierto! ¿Es posible que llegue a tanto grado la pasión de usted, amigo de mi alma, por el farsante gremio, que no se haya embarazado en convenir con la adjudicación de este distintivo, a tales marchantes, intentando probar su dictamen, acaso fingido, con unas razones, y fundamentos (por mal nombre) que no deberían manifestarse sin exponer a la mayor burla tal opinión hasta de los niños de la escuela?

No, yo voy a hacer a usted justicia. Su papel se chancea y mofa, muy bonitamente, de los pobres cómicos, con toda la ironía de que es capaz de hacer uso un soberbio talento como el de usted, y una sal para producirse, que no po[s]een sus contemporáneos literatos. Ya se ve, ésta es gracia que no se aprende, Dios la concede a ciertas y raras criaturas para manifestar, en todos rangos, su poder; siendo usted uno de los mortales, en la especie humana, a quien su divina Majestad quiso distinguir con este don, no menos apreciable que el que solicitan aquellos parroquianos; bien es verdad que la ciencia de usted, adquirida en su dilatados estudios, y por medio de su aplicación (todo obra de la divina Providencia) es una circunstancia coadyuvante,[12] para que resplandezcan sus maravillosos talentos a manera que los rayos del sol, y los reflejos de una iluminación, hacen resaltar más el brillo de un rico y limpio diamante. A fe, a fe que ésta no es lisonja, y que para no ser graduada por tal mi presente narración, no tengo que hacer otra cosa que remitirme a esa obra maestra de Periquillo Sarmiento,[13] en donde no parece sino que la celestial inspiración se empeñó, en que usted desluciera cuantas producciones, morales y jocosas, nos dejaron escritas los antiguos padres de la elocuencia y de la erudición. Por el suelo fueron Cervantes con su Quijote, y el padre Isla con su Gil Blas.[14] Luego que apareció en nuestra esfera el maravilloso Periquillo Sarmiento, y aún añadiré la portentosa Quijotilla.[15] ¡Poder de Dios, qué par de empanadas!

Perdonad, vuelvo al discurso. Conque una vez que la Constitución Política de la Monarquía Española,[16] no excluye a los cómicos de la clase de ciudadanos,[17] en artículo alguno de los que ella contiene, cate usted a Periquillo hecho fraile. Ésta sí que es una nueva, y buena lógica.

Piénselo usted bien, señor Pensador de todo mi corazón, y después de haberse detenido, con la madurez y discreción, que usted acostumbra en un pensamiento que, en realidad, no merece la pena de desvelarse mucho, ni poco, para su resolución, a efecto de convencerme del acierto de su magistral dictamen, fórmeme usted el siguiente argumento:

Todo individuo español, que no se halle excluido en la Constitución de su Monarquía de la clase de ciudadano, demanda el distintivo de don; es así que los cómicos, por aquel motivo, están en el goce de ciudadanos: Ergo...[18]

Voto a bríos, querido Pensador, que la mayor del silogismo no puede haber quien la levante ni con todas las palancas suficientes a remover una de las torres de la Catedral.[19] Sí, señor, don y muy don debe ser todo ciudadano, pues con la igualdad que prescribe dicho soberano Código, volaberunt[20] las jerarquías. ¿Son los cargadores ciudadanos? Pues son dones; dones son los que cuidan los carros de limpieza desde las siete de la noche en adelante;[21] dones todos los que ejercen oficios serviles en la república; y dones, si usted quiere, las mulas y los caballos, porque al fin piensan, y no es justo que, siendo pensadores, estos animalitos carezcan de tan satisfactoria distinción. Ríase usted del equivoquillo, que me vino aquí a pedir de boca.

Dice usted que se queja la representante actriz de que a los cómicos se les quite el tratamiento de don;[22] y voto a Sanes[23] que en mi tiempo, a lo menos, bien puedo jurar que no se les ha quitado.[24] Si lo tenían es muy seguro que se les conserva; y no es menos cierto que, si no lo gozan, es porque nunca lo tuvieron: conque, ¿cómo dejó usted pasar a esa dama exponente la impostura de que a los farsantes se quitó el tratamiento de don?

Antes de impugnar a usted el capítulo tercero de su indicada respuesta, el cual no da poca materia para ello, conviene advertirle que está malísimamente pensado que el título de don sea tratamiento, pues no es sino un distintivo que gozan ciertos individuos, ya porque su clase, y ya porque, aun sin estar incluidos en ella, legítima y naturalmente, lo exigen así sus empleos,[25] su papel que hacen en el mundo, por su opulencia y por otros principios a que pudiera yo referirme legalmente, si estuviese seguro de que todavía rigen, sin embargo de cierta hermandad, que se halla felizmente erigida en nuestros últimos tiempos. Así que, amigo mío, sírvase usted corregir los desaciertos que se le dirijan con respecto a la significación de las voces de nuestro idioma, sin prestar sus tragaderas a los barbarismos, solecismos y toda clase de impurezas que suelen contener los escritos con letra redonda; y diga a esa señora actriz que por tratamientos se entienden el , el merced, el vuestra señoría, el excelencia, etcétera, y que una cosa es el tratamiento, y otra muy diversa el distintivo. ¡Por amor, el de Dios, que hablemos con propiedad y limpieza!

Pues, como digo, asienta usted en su indicado tercer capítulo, que a los cómicos se les ha considerado como infames, contra toda regla de justicia.[26] No dice usted que se les ha considerado infames, sino como infames, y ya se ve que no es todo uno: porque en una como ciudad, unos como caballeros, en unos como caballos, corrieron como ellos. ¿Explícome? Pero en fin, no andemos en delicadezas, y vamos a que usted, faltando a la verdad, con toda su boca, quiere persuadir a que a los farsantes se considera infames. ¿Y dónde está eso?, ¿y por qué emplea usted su incomparable erudición en definir la infamia, cuando hasta los muchachos de alcuza en mano,[27] saben perfectamente la significación de esta degradante voz? Nadie, nadie, sino que sea algún rudísimo ignorante, puede haber equivocado la infamia, con la vileza.[28] Que el ejercicio cómico es ejercicio vil, me parece que no admite la menor duda; y que ni menos podemos tenerla en que los que lo profesan se hallan establecidos en envilecimiento, mientras se conservan empleados en ta[l] ministerio; de modo que a los farsantes deberá no aplicarse el dictado de viles, y sí sólo que se ocuparan en un oficio vil;[29] de cuya inferior esfera, a ellos, ni a otros ciudadanos entretenidos en ejercicios bajos y viles, me parece (puedo engañarme) que no los exceptúa nuestra generosa sabia Constitución, por más que tampoco este soberano Código excluya a semejantes individuos de la calidad de ciudadanos.

Yo no sé cómo entender a usted, famoso Pensador, con respecto a las ideas de que vamos hablando. Tan presto considera usted a los cómicos en la clase de ciudadanos, una vez que de ella no los excluye el referido soberano Código, y tan presto pronostica que llegará el día en que se les declare este derecho, y entren en el goce suyo.[30] ¡Bendito seáis, Dios mío! Lleváoslo, que vuestro es.

¿Y qué tenemos con que el oficio de comediante no sea vil en Inglaterra? Yo concibo (además de no convenir aquellas leyes con las nuestras) que la razón de ser entre los ingleses más apreciados los cómicos, que entre los españoles, cabalitamente consiste en las distintas opiniones de unos y otros. En Inglaterra hará poca fuerza, porque a sus ciudadanos se antoje así, el ver a un farsante con varias ridículas e infames representaciones (aquí viene lo infame, como pedrada en ojo de boticario)[31] con la circunstancia de que se exponga a la faz del público, para ser mofado, chiflado y maldecido; y entre nosotros se miran con el mayor desprecio aquellos miserables cuando ejecutan, o desempeñan, desde el primero hasta el último galán, al par que las damas, los repugnantes papeles de traidores, asesinos,[32] terceros (vulgo alcahuetes), lacayos, cocheros, etcétera.[33] Dirame usted que se vaya lo uno por lo otro, pues también a la vez se ofrecen a la expectación pública adornados de virtud, con mantos imperiales, y reales coronas, con distintivos de duques, de generales, etcétera. Y yo respondo que ahí[34] está el mayor daño, porque entonces tanto más se ridiculizan sus personas con tales metamorfosis. Y si no, dígame usted, ¿qué fuerza puede hacernos, o qué atención hemos de dedicar en esos alquilones, o providentes, para escribir cartas y memoriales, que se hallan situados en la Plaza Mayor, y comúnmente llaman evangelistas?[35] Nada; como si la cosa pasara por Flandes. Pero si notásemos que un escritor famoso y público, mas que no fuese Pensador Mexicano,[36] sino de éstos de misa y olla,[37] unos días trabajaba hasta sin mesa, sobre sus propias rodillas, junto a la estatua ecuestre,[38] ensartando pretensiones, o amorosos coloquios, y ocupaba otras horas en el despacho o estudio de su casa, sobre un disforme bufetón, poblado de libros como albardas, ¿no nos haría una increíble fuerza, y querríamos escupirlo a la cara, por aquellas subidas y bajadas a carrera abierta? Pues cátelo usted ahí,[39] y cate también que, aunque me ocurren trescientas cosas más que decirle sobre la materia, no es justo, sin embargo, hacer más dilatado el presente papel, que voy a concluir con una


Fe de erratas contenidas en la Respuesta de El Pensador a la Cómica constitucional[40]

 

 

Dice                                                                                   Debió decir

Propuesto el consultarme                                     propuesto consultarme.[41]

que le debo                                                                que la debo[42]

qué le parece a vuestra merced                      que parece a vuestra merced[43]

que a los cómicos se les quite.                        que a los cómicos se quite.[44]

a ustedes se les ha considerado                          a ustedes se ha considerado

ascesinatos                                                                 asasinato.[45]

no cometiendo ningún delito.                        no cometiendo delito alguno,[46]

en no ser infame ninguno                                          en no ser infame alguno de ellos

Y mas que lo diga lo diga [sic] así

el señor Lardizábal, que lo dudo.

como le va a vuestra merced                            como va a nuestra merced[47]

los elogios que vuestra merced le hace                 que vuestra merced la hace

malo el que vuestra merced                                     malo que vuestra merced

en ninguna corporación                                             en corporación alguna.

basta decirle                                                              basta decirla

 

 

Ya usted ve, señor Pensador, como por un rasgo de generosidad, le excuso el trabajo de corregir las erratas de su papel, parecido en ellas a todos los demás que usted produce. ¡Maldita imprenta!, ¿no es verdad? Cante usted a Ontiveros[48] una buena copla sobre la materia, y concluya su reprensión[49] diciéndole con Horacio:


Scribendi recte, sapere est,

et principium, et fons.[50]

N.[51]

 
 


[1] México: En la Oficina de don Alejandro Valdés, año de 1820, 8 pp. Fernández de Lizardi responde a este folleto con otro titulado Quien llama al toro, sufra la cornada. O sea contestación al indecente papelucho titulado: Piénsalo bien. Cf. Obras X-Folletos, pp. 237-243. En su respuesta dice: “Venga acá, señor N., o señor Nadie. ¿Quién es usted que tan magistralmente corta, raja y dice sobre lo que no entiende? Ya usted me conoce, y todo México. Mis escritos, malos o buenos, jamás dejan de llevar al frente mi nombre o mi pronombre. ¿Por qué, pues, usted y otros miserables rivales míos se ocultan tras de una inicial, una anagrama [sic] o un nombrecillo supuesto? ¿No es esto tirar la piedra y esconder la mano? ¿No es esto una cobardía y una vileza conocida? ¿No es esto estar muy poco seguros de la victoria en la tela literaria? Sí, todo esto es y algo más.” Cf. Obras X-Folletos, pp. 237-238.

[2] Se refiere a la Respuesta de El Pensador a la Cómica..., folleto con que Fernández de Lizardi respondió al anterior a éste, en este volumen.

[3] Fernández de Lizardi responde en Quien llama al toro...: “actores es voz más propia y menos insultante.” Cf. Obras X-Folletos, p. 239.

[4] Así en el original.

[5] manteo. En Murcia de manto. Capa larga con cuello, que traen los eclesiásticos sobre la sotana y que en otro tiempo usaron los estudiantes.

[6] Deum de Deo. A Dios de Dios.

[7] papalote. Del azteca papalotl, mariposa. La cometa o volantín o papagayo. Para el filólogo Francisco Santamaría, la etimología de este sustantivo es papalota. (Puede ser también una contaminación de papelote) Lo mismo en Antillas. Santamaría, Dic. mej.

[8] peseta. Moneda que equivalía a 25 centavos.

[9] libertad de imprenta. Cf. nota 13 a Sermón político–moral, en este volumen.

[10] Teatro de México. Cf. nota 26 a La visita a la condesa de la Unión, en este volumen.

[11] Véase el folleto anterior, en este volumen.

[12] coadjuvante en el original.

[13] Periquillo Sarmiento, por Sarniento. Cf. nota 3 a Calendario, en este volumen. Fernández de Lizardi responde en Quien llama al toro...: “Usted, tatita, no sólo es capaz de hacer obra mejor que El Periquillo, en su clase; pero ni de entenderlo, pues no lo ha leído. Dos veces dice usted Periquillo Sarmiento, y no es el título, sino Periquillo Sarniento. Cuando usted ignora hasta el título ¿qué juicio podrá formarse de él? ¿Esto será criticar o morder? Estudie usted, señor N., o señor cualquiera: estudie usted, lea usted mucho, piense mucho y cuando estudie mucho, y piense mucho, entonces critique, y lo hará con más tino que ahora.” Cf. Obras X-Folletos, p. 243.

[14] Gil Blas. Cf. nota 27 a México, en este volumen.

[15] Quijotilla. Cf. nota 11 a Calendario, en este volumen.

[16] Constitución. Cf. nota 13 a Sermón político-moral, en este volumen.

[17] Fernández de Lizardi en Quien llama al toro..., responde: “Se burla usted altamente de que yo quiera deducir que merecen los cómicos su don fundado en que son ciudadanos. Así lo entiendo y me parece que con justicia.” Cf. Obras X-Folletos, p. 239.

[18] Fernández de Lizardi responde en el mimo folleto: “A ver qué pero le pone usted a este argumentillo, el que puede lo más, puede lo menos, es así que cualquier ciudadano en el ejercicio de sus derechos puede ser regidor y aún diputado en Cortes, que es lo más; luego cualquier ciudadano en el ejercicio de sus derechos puede tener un don, que es lo menos. Señale usted el defecto del silogismo...” Idem.

[19] Las torres permanecieron en su primer cuerpo hasta 1788, en que el Cabildo se decidió a terminarlas. Llamó al arquitecto mexicano Damián Ortiz de Castro, que continuó el primer cuerpo, pero creando en el segundo, en el interior, un cuerpo ochavado que le da novedad y ligereza, y como remate: dos enormes campanas de piedra, de planta oval. Las estatuas que coronan estas torres, de noble prestancia, fueron dibujadas por Manuel Tolsá. Cf. nota 30 a Consejos a El Pensador, en este volumen.

[20] volaberunt. Volarán.

[21] Fernández de Lizardi se queja de la impuntualidad en los horarios de servicio de los carros de basura. Cf. nota 62 a Diálogo sobre El Pensador Mexicano número 17..., en este volumen.

[22] Fernández de Lizardi había escrito en Respuesta de El Pensador a la Cómica...: “Se queja usted de que a los cómicos se les quita el tratamiento del don.” Cf. Obras X-Folletos, p. 229.

[23] voto a Sanes. “Votar vale también echar juramentos ù blasphemar.” Dic. autoridades.

[24] Fernández de Lizardi en Quien llama al toro..., responde: “Quitárselos, digo, porque en realidad así es, aunque usted no lo entienda, y aunque diga que ‘puede jurar que no se les ha quitado’ porque ‘si lo tenían (el don) es muy seguro que se les conserva’”. Cf. Obras X-Folletos, p. 239.

[25] Fernández de Lizardi contesta en el mismo texto a la corrección que le hace N.: “Aquí es menester encogerse de hombros y rendirle infinitas gracias al Padre de las Luces porque le dio a usted un talento gramático superior, sin duda, al de todos los miembros de la Academia Española. Está en su diccionario y en la palabra don dice: ‘Se practica aún en Cataluña no consentir a ninguno que tome este TRATAMIENTO.’ En la Ortografía de la lengua castellana que compuso, y cuya octava edición se hizo en Madrid el año de 1815 [La séptima edición se hizo en Madrid en 1794, hay otra en Barcelona en 1795, probablemente Lizardi se refiere a la octava compuesta por la Real Academia, notablemente reformada y corregida], dice con tamañas letras: ‘DON: tratamiento’. Conque ¿en qué quedamos?” Ibidem, pp. 239-240. El “don” es un título de cortesía y consideración. “En ningún género de palabras podría manifestarse más claramente que en las fórmulas de tratamiento la conmoción social de la colonia. Algo semejante a los que en el sistema verbal pasó con el y el vosotros, se observa en el destino del tratamiento de DON. El DON era disputado privilegio de hidalgos. ¡Las amargas burlas que debió soportar un gran ingenio del teatro español del siglo XVII el mejicano don Juan Ruiz de Alarcón, por haberse atrevido a anteponer a su nombre un DON que, según parece, le correspondía legítimamente! En América ese privilegio debió muy pronto, ser más accesible que en España. En 1818 aún se compraba el DON en Lima, por la democrática suma de mil cuatrocientos reales de vellón. La revolución hispanoamericana debió hacer gratuita la adquisición de tan importante título, lo que, por otra parte sucedió también en España. Pero la democratización del DON debió ser tan general y rápida en Hispanoamérica [...] el tratamiento, democratizado ya como en España, tiende a imponerse en nuestros países (ya lo consignaba CUERVO en su tiempo), por influencia de la lengua literaria, precisamente cuando quizá tiende a esfumarse del habla peninsular’ (ROSENBLAT en Investigaciones lingüísticas, Méjico, tomo I, pp. 35-36)”. Cf. Santamaría, Dic. mej. Hay un dicho: “Cuando tenía dinero, me llamaba don Tomás, y ahora que no tengo nada me llamo Tomás, no más.”

[26] Fernández de Lizardi había escrito en su Respuesta de El Pensador a la Cómica...: “A ustedes [los actores] se les ha considerado como infames contra toda regla de justicia, y entran en la clase de infames ipso jure como entienden los juristas”. Cf. Obras X-Folletos, p. 230.

[27] alcuza en mano. “Alcuza. La vasija en que se tiene el azéite para el gasto ordinario, que regularmente es de barro, latón, ú hoja de lata; pero puede ser de otros metales. Es estrecha de boca, y vá ensanchando hasta su suelo. Viene del Arabe Acuiz, que según el P. Alcalá vale lo mismo que vaso o medida de cosas líquidas.” Dic. autoridades.

[28] Fernández de Lizardi había escrito lo siguiente en Respuesta de El Pensador a la Cómica... sobre la infamia, citando a Manuel de Lardizábal y Uribe (1739-1820), jurisconsulto mexicano, académico de la lengua y secretario de la Real Academia Española: “‘Es la infamia, dice el señor Lardizábal en su Discurso sobre las penas capítulo 5 § 4 [En el Noticioso General, núm. 602, 8 nov. 1819, en una nota sin firma, se lee: “Discurso sobre las penas, contraído a las leyes criminales de España, para facilitar su reforma, escrita por un ministro sabio, benéfico y experimentado, muy conocido en este reino por su cuna y su mérito: sólo el mentarlo será su mayor elogio: el Ilmo. Sr. D. Manuel de Lardizábal y Uribe”, p. 3.], una pérdida del buen nombre y reputación que un hombre tiene entre los demás hombres con quienes vive; es una especie de excomunión civil, que priva al que ha incurrido en ella de toda consideración, y rompe todos los vínculos civiles que le unían a sus conciudadanos, dejándole como aislado en medio de la misma sociedad [...]’ [...] Pero advierte, oportunamente, que para que la pena de infamia cause los efectos correspondientes, es necesario que la infamia impuesta por ley a algún delito (nótese esto) sea conforme a las relaciones de las cosas” Cf. Obras X-Folletos, pp. 230-231. Para el caso de la vileza había citado en el mismo folleto a Manuel García Parra, que en su Origen, épocas y progresos del teatro español, dice: “El oficio de comediante no es vil en Inglaterra, al contrario, goza de todas las prerrogativas del ciudadano; los que se distinguen por sus talentos tienen acceso a todos los personajes más distinguidos que hacen vanidad de proteger y honrar a los hombres de genio.” Ibidem, p. 233.

[29] Fernández de Lizardi en Quien llama al toro... apunta: “Esto es una sandez y perdone usted la palabrada [por palabreada: palabras ofensivas]. Al que tercia en mis amores no le deberé decir que es alcahuete, sino que se ocupa en el oficio de la alcahuetería. ¡Qué distinción tan bella!” Ibidem, p. 239.

[30] Fernández de Lizardi había escrito en su Respuesta de El Pensador a la Cómica...: “Algún día llegará en que todos tengan don, y a su muerte los sepultarán en el Caballete [“Llámase así a un amplio terreno erizado que sirve hoy de muladar y antes sirvió de camposanto. Está situado al lado de acá de la acequia que se conserva al lado Sur de la ciudad en lo más lejano del barrio de San Salvador el Verde (Plazuela que aún conserva su nombre y tiene acceso por 5 de Febrero y por Fray Servando Teresa de Mier) Cf. José María Marroqui, La ciudad de México, t.II, p. 5], en San Lázaro [cementerio y hospital para leprosos de igual nombre, fundados en el siglo XVI. Estaban en el extremo oriental de la ciudad, en el actual barrio de San Lázaro. El hospital fue clausurado en 1862] o en el panteón de San Pablo [anexo a la iglesia homónima edificada donde estuvo el templo de Huiznahuac. Un nieto de Moctezuma II, don Inés de Tapia edificó una ermita que sirvió de ayuda a la parroquia franciscana de San Juan. Pasó a los agustinos por real cédula de 23 de diciembre de 1574. La iglesia se edificó de 1793 a 1799. Fue reedificada parcialmente en el siglo XIX. Alude a San Pablo el Nuevo, iglesia totalmente neoclásica junto a San Pablo el Viejo.], tirando de los cabos del cajón cuatro viejecitos colorados como unos jitomates.” Ibidem, p. 233.

[31] pedrada en ojo de boticario. Cf. nota 20 a [Contestación a Quien llama al toro...], en este volumen.

[32] asasinos en el original, posteriormente se repite de la misma forma.

[33] Fernández de Lizardi responde en Quien llama al toro...: “Todos los cómicos, hombres y mujeres, al menos los que desempeñan los papeles principales como galanes primeros y segundos, damas idem, barba [comediante que hace el papel de viejo o anciano] y otros supernumerarios que tenemos, es constante que son de unos decentes principios, y que no nacieron representando. De consiguiente, antes de que se empleasen en el teatro, todos les daban el don generalmente. Es así que ahora no se les da, al menos en el cartel ni en las tablas; luego, es claro que lo tenían y que se los han quitado.” Cf. Obras X-Folletos, p. 239

[34] hay en el original.

[35] evangelistas. Evangelistas eran quienes escribían a cambio de una cantidad.

[36] Fernández de Lizardi ejerció como amanuense público de 1798 a 1808.

[37] escritor de misa y olla. “Fraile de misa y olla”. El que está destinado para asistir al coro y servicio del altar, y no sigue la carrera de cátedras o púlpito ni tiene los grados que son consiguientes a ella.

[38] estatua ecuestre.Cf. nota 74 a Auto de Inquisición contra el Suplemento..., en este volumen. A los pies de esta estatua se encontraban los evangelistas y escribanos. Recordemos que Fernández de Lizardi ejerció como escribano.

[39] hay en el original.

[40] Fernández de Lizardi responde en Quien llama al toro...: “Agradezco mucho la fe de erratas que pone a mi papel. Pero yo soy muy cabezudo y no crea usted que tengo tantitas ganas de enmendarme, porque estoy pegado a lo que me enseña la Academia, los buenos autores y el uso constante. Y así no hice sino echarme a reír cuando veo corregido mi dialecto un hato de desatinos, que por tales tengo todas sus correcciones.” Cf. Obras X-Folletos, p. 240.

[41] Cf. primer párrafo de Respuesta de El Pensador a la Cómica..., en Obras X-Folletos, p. 229.

[42] Fernández de Lizardi respondió en Quien llama al toro...: “Nota [usted] que hablando con la Cómica (nombre perteneciente al género femenino) diga que le debo; lo que usted corrige, que la debo. Tatita, este rigorismo es propio en la poesía, no en la prosa, donde es indiferente el artículo le o la para el género femenino.” Ibidem, pp. 240-241. Nuestro autor cita además en su defensa el capítulo II, de la parte II de la Gramática de la lengua castellana correspondiente al pronombre y a la concordancia; además cita a Cervantes en su Quijote, parte I, capítulo XVIII con respecto al uso del le.

[43] En Respuesta de El Pensador a la Cómica..., nuestro autor no usa esta expresión sino “¿Qué le parece a usted chatita?” Ibidem, p. 229. En su respuesta a N, Fernández de Lizardi dice: “El añadir al dativo el le o les, lo tiene usted por un crimen gramatical. Pues estudie la Gramática castellana, y verá que dice [...]: ‘Muchas veces es necesario repetir el pronombre en dos distintas terminaciones antes o después del verbo para dar mayor claridad a la expresión, y así se dice: a mí me consta la verdad; cónstate a ti lo cierto; a sí se hace el daño; hácese a sí el perjuicio; a él le parece bien. Y aun algunas veces se juntan tres terminaciones de un pronombre con el verbo, cuando se dice: yo me culpo a ; tú te alabas a ti; él se desprecia a [...]. Oiga usted al mismo Cervantes como modelo. (Quijote, parte I, capítulo 12): ‘Eran, dice, en aquella santa edad todas las cosas comunes: a nadie le era necesario para alcanzar su ordinario sustento tomar otro trabajo que alzar la mano y alcanzarle de las robustas encinas.’ Ya ve cómo a nadie le era necesario, no a nadie era necesario como usted. ¿Con que cómo se notará, sino por un crítico y gramático como usted, que se diga cómo le va a usted, estilo común con que habla todo el mundo, y no cómo va a usted según usted quiere?” Ibidem, p. 241.

[44] “que a los cómicos se les quite”, y “a ustedes se les ha considerado”, en el segundo y tercer párrafo respectivamente de la Respuesta de El Pensador a la Cómica..., ibidem, pp. 229-230.

[45] Cf. el tercer párrafo del mismo folleto, ibidem, p. 230. Fernández de Lizardi responde en Quien llama al toro...: “‘Acsesinatos’, corrige usted ‘asasinato’. Señor mío, ‘acsesinato’ es errata de imprenta. Lo mismo que la que se lee en su papelón de usted donde dice (página 5): ‘por amor el de Dios’, debiendo decir: por el amor de Dios. Seamos justos y críticos, no rabilosos y mordedones. Asasinato es palabra anticuada, y así lo quiere usted. Asesinato, dice el diccionario castellano, la acción de asesinar. Luego está muy bien dicho como lo escribí, y no asasinato, como usted muy malamente corrige. ¡Qué maldito corrector de imprenta hiciera usted!” Ibidem, p. 241-242.

[46] “no cometiendo ningún delito” y “en no ser infame ninguno” se encuentran en el cuarto y séptimo párrafos respectivamente de la Respuesta de El Pensador a la Cómica..., ibidem, pp. 230 y 231. En Quien llama al toro... Fernández de Lizardi responde: “pretende su merced desterrar la palabra ninguno del dialecto castellano y dispara alegremente acerca de esto. Es necesario remitirlo a que estudie gramática; si no yo no tengo la culpa de que delire tan alegremente delante del público de México. Esta palabra ninguno y ésta no hay alguno son perfectamente iguales y así, que diga el lector más gramático si no son iguales en el sentido puro del idioma estas proposiciones: Ningún hombre que muera en pecado mortal se salva. No hay alguno que muera en pecado mortal que se salve.” Ibidem, p. 242.

[47] Nuestro autor usa “cómo le va a usted señora”, “los elogios que vuestra merced le hace” nuestro autor usa “los elogios que usted le hace”. “Malo el que vuestra merced”, Lizardi usa “malo el que usted”, “en ninguna corporación” y “basta decirle”, se encuentran la primera en el séptimo párrafo y las siguientes en el último de la Respuesta de El Pensador a la Cómica..., ibidem, pp. 231 y 235.

[48] Imprenta de Mariano de Zúñiga y Ontiveros. Estuvo en la calle del Espíritu Santo. La establecieron los hermanos Cristóbal y Felipe de Zúñiga y Ontiveros, en la calle de la Palma. Se ignora el año preciso en que comenzó a funcionar. En 1763 Felipe era único propietario; él la trasladó a la calle del Espíritu Santo, hoy Motolinía, donde estuvo hasta que desapareció en 1832. Estuvo a nombre de Felipe y luego de su hijo Mariano, por último se llamó de la Testamentaría de Ontiveros. Mariano de Zúñiga y Ontiveros murió el 28 de mayo de 1825. Cf. Agustín Agüeros de la Portilla, El periodismo en México..., p. 424.

[49] reprehender en el original.

[50] Scribendi recte, sapere est, et principium et fons. Saber es el principio y la fuente de escribir correctamente. Horacio, Arte poética, vv. 309.

[51] N. Firmado con esta inicial conocemos también los folletos Sal y pimienta a la chanfaina y Apuntes para la historia, ambos en este volumen.