Número 2.

 

LA CANOA[1]

 

El día 3 de se[p]tiembre volvió a esta capital La Preciosa. Su patrón Juan Ixtlihuica ha enviado a preguntar si se ocupa otra vez la canoa. Pandolfo Malaspulgas le ha contestado que se espere a conducir otro cargamento que le ha entregado, y salió ayer a las diez de la mañana, a saber:

Un cajón lleno de papeles de los muchos con que nos regalan diariamente los sabios mexicanos; entre ellos se distinguen varios de los que están amontonados en las imprentas, entre éstos los Cuartazos y más cuartazos al Ciudadano Censor;[2] Un caramelo en la mano para el lego ciudadano,[3] y otros de igual clase. Adviértase que El Dulcero, autor del Caramelo, va destinado a la repostería del señor don Chilibrán.

[...][4]

Un saco de petate[5] que encierra a una vieja importuna, que con cara risueña ataca pidiendo limosna a cuantos pasan por el Portal.[6] [...][7] Un cierto viejecito natural de todo el mundo (pues a todos llamaba paisanos), que vivía y moraba en el Portal de Mercaderes, atacando con su importunidad los bolsillos de los transeúntes. Pandolfo Malaspulgas avisa al público de orden del señor don Chilibrán, su señoría, hizo conducir al Cayo[8] al dicho viejecito, y le ha hecho colector de arbitrios, cuyo empleo está sirviendo con la mayor eficacia.[9]

 

 

CAYO-PUTO

 

El señor don Chilibrán de las Siete Alforjas, gobernador de esta isla, ha conferido al Fernandino Constitucional[10] la cruz de la Orden del Cangrejo.

 

Instrucción que da el señor don Chilibrán a Pandolfo Malaspulgas, su agente en México

Todos los majaderos, viciosos, extravagantes, serviles, etcétera, que pueda haber Pandolfo a las manos, envíelos al Cayo a la mayor brevedad.

Pandolfo velará sobre los papeles que salgan en México, para tomar providencia con los malos, teniendo presente que en el Cayo hay falta de papel viejo, y el señor don Chilibrán le agradecerá que la remedie.

Pandolfo procurará llevar buena armonía con El Pensador Mexicano; pero si éste se hallare comprendido en alguno de los artículos anteriores, la pagará como cualquier hijo de vecino.

En las cartas de embarco se expresarán los motivos de la conducción, en la inteligencia de que sin este requisito no se admitirá aquí partida alguna.

 

Cayo-Puto abril 20 de 1820.


Chilibrán

 

 

Ésta es la instrucción. Pandolfo procederá en adelante sin separarse de ella un punto. ¡Mexicanos, alerta! ¡Andar derechos; cuidado con ir a Cayo-Puto!

[...][11]

 

 



[1] México: En la Oficina de don Juan Bautista de Arizpe, 1820, 4 pp.

[2] Cuartazos y más cuartazos al Ciudadano Censor, publicamos este folleto anónimo en el volumen 1 de esta Antología.

[3] Un caramelo en la mano para el lego ciudadano, firmado por El Dulcero y publicado en el tomo 1 de esta Antología.

[4] Resumen de texto omitido: El autor remite al Cayo los versos del impugnador del Amante de la Constitución. Cf. nota 5 a El Teólogo Imparcial, número 2, en este volumen.

[5] petate. (Del azteca petatl, estera) Estera tejida de hojas de palma, en casi todo el continente americano. Por lo general se usa para acostarse, y sustituye al colchón entre la gente pobre. Se hacen de distintos tamaños y se aplican, además, a usos varios, principalmente entre indio campesino, que construyen con ellos cestillas, canastillas, petaquillas, sombreros, tenates, etcétera, por lo común de vivos colores. Santamaría, Dic. mej.

[6] Portal. Existía el Portal de los Mercaderes, el Portal de las Flores y el Portal de Agustinos. El primero formaba el lado occidental de la Plaza de Armas o Plaza Mayor, frente a lo que es ahora Palacio Nacional. El segundo, hoy desaparecido estaba en la Plaza Mayor en la zona donde hoy se encuentra el Departamento del Distrito Federal; Juan de Vieyra escribió Breve y compendiosa narración de la ciudad de México (1777- 1778); dice del Portal de las Flores que era una de las más hermosas vistas a la Plaza Mayor y que durante todo el año se vendían flores, muñecas, juguetes y en las tiendas las telas europeas. El último estuvo en la acera occidental de la calle de los Bajos de San Agustín (hoy 5 de Febrero); estaba formado por parte del extinto convento de San Agustín que ocupaba toda una manzana. Los padres de dicho convento arrendaban las piezas bajas que daban a esa calle, destinándolas para tiendas de comercio.

[7] Resumen de texto omitido: Se informa de la remisión al Cayo de muchas viejas “extravagantes que se casan o quieren casarse con jóvenes”. Se promete la próxima publicación de la descripción de la llegada y desembarco en el Cayo.

[8] Cayo Puto. Cf. nota 27 a El Irónico Hablador..., en este volumen

[9] Fernández de Lizardi en respuesta a este número de La Canoa dice en su folleto Justa defensa del excelentísimo señor virrey de Nueva España sobre los limosneros: “El Cargador de la Canoa es el mochiller en la tapada [mochiller entre galleros, es el primer gallo que juega en la pelea de tapados; el más importante o el mejor. Tapado es la riña de gallos en que éstos se pelean sin apreciar de ante mano las condiciones de su tamaño, peso, etcétera. Cf. Santamaría, Dic. mej.]. Luego que nos presentó sus miserables Canoas advertimos no sólo su poco caudal literario, sino su corazón envenenado. Parece que no se ha propuesto otro fin que el de zaherir, lastimar, e incomodar a todo el mundo con la fría facetada de decir que van al Cayo todos los individuos que aborrece, sin perdonar los infelices mendigos ni las pobres viejas que no le dan el más mínimo quehacer. Yo espero cuando le falta carga y despacha a Cayo Puto a su madre porque ni ésta la contemplo segura de su mordacidad.” Cf. Obras X-Folletos, p. 331.

[10] Fernandino Constitucional. Cf. nota 25 a La Canoa, número 1, en este volumen.

[11] Resumen de texto omitido: El autor recomienda de broma la lectura de la comedia Viva quien vence, que refiere se dio en el Cayo con mucho éxito, haciendo referencia a los furiosos ataques entre los autores.