[Número 2]

 

EL CARÁCTER DE EL PENSADOR MEXICANO,

DESCUBIERTO Y DESAFIADO[1]

 

Hasta que rompimos el nombre[2] abiertamente y sin embozo, señor José Joaquín, censor de arrabales, calificador y criticón de cocheras. Y, pues, que vuestra indómita y obstinada insolencia da ocasión a que se os trate con palabras duras. Y, pues, que vuestra emponzoñada pluma osa ultrajar a toda calidad de sujetos, sin poner límites a su desvergonzado atrevimiento, escuchad atento, bufón, soez, autor necio, descocado, corrompido. Enderezad la vista hacia el autor de la Proclama en honor de los militares.[3] Miradlo con la vista limpia de la malignante envidia, y de vuestra dementada[4] soberbia.[5] ¿Ya me habéis mirado? ¿Y en qué sois superior a mí, hombre plebeyo?[6] Medíos conmigo, Pensador Mexicano, medíos en la dignidad del estado, en el buen nombre de personal conducta, y lo que es del caso, en la inteligencia y buen uso de la doctrina sana.[7] Desempedraos esos oídos, que sean capaces de percibir el trueno con que un orador cristiano del primer orden confundió el espíritu anti-militar de estos tiempos. “En este siglo tenebroso, que llaman iluminado por antífrasis, se han entremetido a maestros unos filósofos desalmados que, socolor de proteger la humanidad y libertad de los pueblos, pretenden derribar a los reyes de sus tronos, y no han encontrado camino más pronto para salir con su intento, que estar haciendo odiosa a la milicia, y envileciendo a los MILITARES... Pero por más que lluevan maldiciones sobre la TROPA, todas ellas vuelven de punta sobre las cabezas de los maldicientes, porque como dijo Balaam, puesto delante del ejército de Israel, ¿quien ha de maldecir lo que Dios no maldice?[8] Antes bien, el arte militar es bendito de Dios, santo de suyo, y santificado de sus profesores.” Y ¿no es esto así, filosofastro Fernández? Y si no, ¿qué espíritu puso la pluma en vuestro errante puño, para que, con sofísticos embrollos, con diabólicas bufonadas, con crítica infernal so capa de celosa, con intruso magisterio, ostentador de la divina ciencia, calificaseis de herética y llena de errores[9] mi Proclama en honor de los militares?[10] ¡Necio teologastro! ¿Dónde, en qué escuela habéis aprendido la sagrada sabiduría de la religión cristiana? Pseudo-doctor “por los frutos se conoce el árbol”.[11] Muchos de vuestros sacrilegios folletos están manifestando o que ignoráis, o que habéis abjurado los primeros rudimentos del catolicismo de vuestros libelos, ¿cuántos de ellos os están acusando del discipulazgo de Voltaire,[12] de Diderot, de Federico de Prusia y de la escuela de los impíos irreligionarios ateístas? Ellos deberían estar quemados por mano de verdugo, y arrojadas sus cenizas al lugar donde braman esos filósofos réprobos y malditos. Y ¿que vos, aprendicillo de los enciclopedistas anti-cristianos, tengáis osadía para ostentaros maestro en las Sagradas Letras, y para fallar sentencia de herejía contra un discurso que todo está apoyado y deducido de los libros revelados? Scrutamini Scripturas.[13] Hombre iliterato y malévolo: abrid las Escrituras Santas, abrid las páginas del Génesis, de Daniel, de Tobías, de los Psalmos, de San Lucas, de San Mateo, del Apocalipsis y de otros volúmenes canónicos, y allí veréis las fuentes limpias de la doctrina de mi Proclama.[14] Hombre malignante y falsario, ¿cuándo y de qué modo he afirmado impecabilidad en los militares?[15] Yo ensalzo (y mal pese a vuestra excecrable política) y ensalzaré la nobleza y distinción del respetable estado militar; mas ¿en dónde niego o excuso los defectos morales de algunos de sus profesores? Hombre impostor, del modo que vos raciocináis, ningún estado de la república cristiana podrá ser loado dignamente, pues en todos hay miembros defectuosos. Hombre orgulloso: escupid al sol, a ese vaso de luz, obra del Excelso, pues también vuestra nublada vista distingue allí obscuridades.

Fernández de Lizardi quae te dementia coepit?,[16] ¿qué casta de demencia os ha infatuado para que tan vil y soezmente vibréis la lengua contra todo escritor sabio y respetable?[17] ¿Quién os ha fascinado para que os portéis con tanto escándalo, presunción e insolencia? ¿Será el prurito de la excomulgada novelería en materias de religión? ¿Será el espíritu de aquella prostituida ignorancia, de la que afirma el mismo Dios que ultraja a toda majestad y blasfema de las más autorizadas verdades? ¿Será alguna inquietud ambiciosa para sentarse sobre la pestilencial cátedra de aquel filosofismo que conspira contra el trono y el altar? ¿Será la sed del oro y de la plata? Hombres sabios, sensatos y piadosos, decidid imparciales: cotejad los papeluchos de Fernández, de mi calificador, con las doctrinas y planes de rebelión antisocial, y de irreligión de los filósofos impíos, y veréis de qué hediondas cloacas toma Lizardi la tinta para ilustrar a la sociedad cristiana. Mas ¿qué hombre de seso y de prudencia se hallará que no califique a El Pensador Mexicano de un estólido, venal y ruin[18] Aristarco de la impiedad?[19] Léanse sus libelos insulsos desde [1]812 a esta época, y se verá un Proteo literario, figuroso, desfigurado, inconsecuente, taimado, bufón, virtuoso, delincuente, humilde, altanero, terrible, piadoso, orgulloso y propugnador de las más horrendas herejías. ¡Oh, Goliat, enemigo de la ciencia de Dios![20] Salgamos al campo de Minerva, cuerpo a cuerpo, frente a frente, brazo a brazo; midamos nuestras fuerzas literarias, y luchemos cada cual por nuestro partido. Venid, si queréis, acompañado de los maestros insulsos e ilusores que os insuflan perversas máximas, y doctrinas réprobas; citad lugar, tiempo, hora. Yo defiendo contra mi calificador anti-militar (bien que todo él es antis, como sea cosa buena)[21] mi Proclama en honor de los militares; yo defiendo contra mi censor cuanto aquí se lea escrito, y protesto a fe de mi carácter que propugno este acerto: El Pensador Mexicano, José Joaquín Fernández de Lizardi, es un escritor seductor, revolucionario, blasfemo, herético, anti-católico.[22] ¿Cuadra, o no cuadra mi proposición? ¿Aceptáis, o no aceptáis el literario desafío, señor Joaquinito?[23] Responded pronto, y al caso, y manos a la obra. Éste es el modo de lidiar con honor y con pública satisfacción y aprovechamiento. Si no respondéis, tened entendido que voy a demandar contra vos ante el juicio eclesiástico ordinario, para que o probéis que mi Proclama contiene herejías, o seáis estrechado a reponerme mi honor, confesando en público vuestra sacrílega necedad y altanería. Fernández, cite usted lugar, tiempo y hora,[24] y entremos en batalla teológica, filosófica y de cuanto usted precia saber, relativo a nuestro asunto, mas no a blasfemar.

 

Noviembre 20 de [1]820


Fray Mariano Soto[25]

 

Nota

Nadie extrañará la dureza de este discurso, si leyere el papel de El Pensador titulado La Palinodia (del mismo) en respuesta al padre Soto,[26] etcétera.

 

 



[1] México: Oficina de don J. M. Benavente y Socios, 1820, 4 pp. Fernández de Lizardi responde a este folleto con Razones contra insolencias. O respuesta de El Pensador al padre Soto. Cf. Obras X-Folletos, pp. 379-388; en éste, Fernández de Lizardi escribe: “Desde el título de su papel la comienza a errar de medio a medio...[...] ¿Conque se propuso vuestra paternidad descubrir mi carácter y desafiarlo? Esto es claro, y yo no sé cómo se desafían los caracteres.

Los hombres sabios a quienes vuestra paternidad llama en su favor y el público a quien ha insultado procazmente presentándole un papelón desvergonzado, sandio, ridículo y grosero, ya ha hecho la apología de los principios de usted, de su talento y su cacareada literatura.

‘Maldito sea el día en que nació’, decía el santo Job. Y vuestra reverencia debe decir: maldita sea la hora en que escribí tan infando mamarracho, y dirá bien, porque con él se ha desconceptuado vuestra reverencia generalmente en el público. Si vuestra reverencia oyera sus honras, se taparía las orejas. El que juzga de vuestra reverencia con más piedad, asegura que está vuestra reverencia loco, y con un ¡qué lástima! ¡Pobre fraile! Dan media vuelta y tiran el papel. Cachaza, mi frailecito, que le falta que escuchar.”, pp. 379, 380.

[2] romper el nombre. “Phrase Militar, que vale cessar el que se habia dado para reconocerse en el tiempo de la noche, al llegar la Aurora, para lo que se haa señal con las caxas”. Dic. autoridades.

[3] Proclama en honor de los militares. Cf. nota 5 a Artículos Comunicados, en este volumen.

[4] dementada. Mencionada, recordada.

[5] Fernández de Lizardi escribe en Razones contra insolencias...: “A ninguno de los argumentos que le hago en mi Palinodia responde usted. Se pasa por todo, como pudiera por el Puente de la Viga. Mis argumentos quedan vigentes, y su herejía sin defensa: ya se ve cómo se han de defender las herejías sino con desvergüenzas, como han hecho los herejes, y como hace usted, de quien no aseguro que sea hereje, como vuestra reverencia asegura de mí, pero sí digo y repito, que es mucha ignorancia y soberbia no retractarse de una herejía que escribió y que la quiere sostener sólo por haberla escrito, como Pilatos que no revocó el lema de su inicua sentencia por haberla escrito: quod scrpsi scripsi. [Jn. 19, 21-22]”. Cf. Obras X-Folletos, p. 380.

[6] Fernández de Lizardi responde ahí mismo: “¿Quién es usted, padre Soto, por amor de Dios, para hablar con tamaño gaznate? ¿Será usted un cardenal de [E]scala en la cuna? ¿Un santo Domingo en la conducta irreprensible, y un santo Tomás en teología? Nada de eso. ¿Pues de dónde le viene tan arrogante quijotería hasta insultarme llamándome ‘hombre plebeyo?’ Ni sabe usted qué significa hombre plebeyo.” Ibidem, p. 381.

[7] A esto, Fernández de Lizardi responde en dicho texto: “¡Válgame Dios...! Arrogante moro estáis. ¡Qué delirar! ¿Cuándo le he contado que tengo facultades para absolver, para confesar o predicar, aunque fueran centones de Bossuet o Massillon? Sólo en este caso podía usted hacerme ver que no puedo medirme con usted en cuanto a la dignidad de su ministerio. En esto sólo no puedo medirme. Entendámonos. En lo demás, esto es, en nacimiento, en conducta y en inteligencia y buen uso de la doctrina sana, puedo no sólo medirme, sino excederle en medida”. Idem.

[8] Cf. nota 40 a También al verdugo azotan, en este volumen.

[9] Cf. nota 7 a Artículos comunicados, en este volumen.

[10] Fernández de Lizardi responde en Razones contra insolencias...: “Lo cierto es que usted ha dicho e impreso esta proposición: que ‘el Evangelio de Jesucristo mira, busca y se acoge para su defensa y subsistencia a los soldados españoles’, y ésta, repito, es una proposición herética, herética, herética y endiablada como el alma de Judas. Mientras usted no nos pruebe que sin soldados no puede subsistir el Evangelio de Jesucristo, su herejía está terminante, y mi impugnación muy bien hecha, aunque vomite desvergüenzas a miles por cada dedo. Cachaza, mi frailecito, que le falta qué escuchar.” Cf. Obras X-Folletos, pp. 380-381.

[11] por los frutos se conoce el árbol. Equivalente a “Por la muestra se conoce el paño: dícese de las personas que se les juzga únicamente por alguno de sus actos” Cf. José Luis González, Dichos y proverbios populares.

[12] Fernández de Lizardi en Razones contra insolencias... responde: “Yo no soy preocupado; sé que la verdadera nobleza consiste en la virtud, aun ante Dios, ¿quién es ante Dios el mayor y más santo? El que tiene más caridad. Éstas son mis herejías, padre Soto; ésta es la doctrina que sigo de Volter”. Cf. Obras X-Folletos, p. 381-382.

[13] Scrutamini Scripturas. Examinad las Escrituras.

[14] Fernández de Lizardi responde en Razones contra insolencias...: “¡Pobre juicio! Aunque registre la Biblia de capite at calcem ni una sola letra veo que indique la herejía que usted estampó, a saber, que ‘el Evangelio de Jesucristo subsiste a merced de los soldados’. Éste es el punto de vista de la disputa: no hay que torcer la boquita ni hacernos disimulados. Sepa usted que el Evangelio de Jesucristo no subsiste a merced de los soldados ni de nadie, ni el Legislador divino lo cimentó a favor de las armas: lo contrario, a sus discípulos, cuando los envió a anunciar el Evangelio a todo el mundo, les previno que no fuesen con armas. La Iglesia santa está escudada por el brazo terrible de todo un Dios omnipotente, y aunque todos los soldados del mundo se conjuraran contra ella...¿qué digo los soldados?, ni todas las legiones infernales prevalecerían contra ella.”. Cf. Obras X-Folletos, pp. 384-385.

[15] Fernández de Lizardi había escrito en La Palinodia de El Pensador...: “Añade usted: ‘Un soldado cristiano es un soldado en la tierra’ [...]. Pero no hay tal, amigos míos, no hay tal. Un soldado cristiano es un hombre lleno de pasiones como todos, y a más de esto es un hombre expuesto a coinquinarse [manchar, ensuciar] con todos los vicios [...] ¿Es esto cierto, soldados? [...]. Pues ya veis como no hay tal angelidad, sino muchísima humanidad”. Cf. Obras X-Folletos, pp. 374, 375.

[16] quae te dementia coepit. “¿Qué demencia se apoderó de ti?”, verso procedente de la égloga II de Virgilio.

[17] Fernández de Lizardi responde en Razones contra insolencias...: “Si todos los sabios son como usted, mamola [gesto de burla, como hacer cucas o cucar]: esgrimiré la pluma hasta hacerlos callar, como haré callar a vuestra reverencia, mal que le pese, porque no solamente no es usted sabio, sino que presume de serlo y jamás consulta sus delirios con los sabios que lo pudieran enfrentar y aconsejar.

A menos ¿cómo había de haber dado a luz ese papasal deshonrándose y deshonrando de paso a sus sabios y beneméritos hermanos?” Cf. Obras X-Folletos, p. 385.

[18] Fernández de Lizardi responde en Razones contra insolencias...: “¿Qué dirán los preocupados contra los frailes cuando vean que uno de Santo Domingo de México, no teniendo razones para contestar mis argumentos, apela al dialecto soez y grosero de los borrachos y tomateras de la plaza?” Idem.

[19] Fernández de Lizardi ahí mismo responde: “Dice usted que soy ‘Aristarco de la impiedad’ y no sabe lo que dice, porque no sabe que quiere decir Aristarco. Pues oiga y aprenda: Aristarco fue un famoso crítico de la antigüedad, y por alusión se dice de todo crítico o murmurador de los escritos ajenos. Vea usted como me hizo un elogio deseando hacerme un agravio, porque llamarme murmurador de la impiedad, es decir que no soy impío. ¡Válgame Dios, fray Mariano!/ Válgate el diablo por Soto!/ ¡que pretenda tan ufano/ persuadirnos a que es docto/ sin saber ni el castellano!

¡Qúe vergüenza frailecito, éstas se llaman erradas con bola en mano!” Ibidem, p. 386.

[20] Fernández de Lizardi responde: “¡Oh padre Soto!, exclamo yo. Sí, digo bien, es usted bendito. ¡Qué fácil es hablar pero probar qué difícil! Cuántas obras he dado a luz desde el año de 1812 hasta junio del presente han sido leídas, calificadas y aprobadas por juristas y teólogos sabios, como los señores oidores don Felipe Martínez y don José Isidoro Yánez, censores por el superior gobierno, el señor Beristáin, el ilustrísimo señor Fonte, los muy reverendos padres ex provinciales Fray José Alonso Dorrego (franciscano), doctor Fray Manuel Mercadillo (mercedario) y bachiller don José Manuel Sartorio por el ordinario. Estos sujetos son conocidos por su acreditada literatura, y a quienes se lleva usted de encuentro en su libelo, pues si escribí herejías, ellos las aprobaron. Como que no escribí con libertad de imprenta como ahora”. Ibidem, p. 387.

[21] Fernández de Lizardi en Razones contra insolencias... responde: “Para solapar sus herejías y desatinos quiere comprometerme con la tropa, diciendo que soy antimilitar. No hay tal, soldados: el padre Soto tiene mal pleito y quiere meterlo a voces, y prevenirse defensores. Yo no soy sino vuestro mayor amigo. [...] En la ronda de capa he vivido algunos días, y digan sus soldados, que me conocieron, si no me hice querer de todos ellos”. Ibidem, p. 383

[22] Fernández de Lizardi ahí mismo: “Amárrese bien las bragas y prepárese a defender su proposición y a probar que ‘El Pensador Mexicano, José Joaquín Fernández de Lizardi, es un escritor seductor, revolucionario, blasfemo, herético y anticatólico’ como ha dicho, porque ahora sí va de veras padre Soto”. Ibidem, p. 387.

[23] Fernández de Lizardi contesta en el mismo folleto: “Por lo que hace al público, está admitido el desafío literario. ¿No hubiera sido más propio llamarle certamen? Porque desafío suena a pleitos, y yo no los quiero con nadie y menos con los señores eclesiásticos sino es que me insulten pues entonces: vim vi repel[l]ere licet [“Es lícito repelar la fuerza con la fuerza”. Máxima legal de Ulpiano. Cf. Vicente Vega, Diccionario ilustrado de frases célebres y citas literarias] Idem.

[24] Fernández de Lizardi responde: “El campo de batalla serán los portales, calles y plazas de México donde ha comenzado la disputa. El tiempo el que baste para imprimir, la hora la que acomode a los muchachos para expender los papeles, y el juez el público sabio e imparcial”. Idem.

[25] Fray Mariano Soto. Cf. nota 13 a Verdadera prisión y trabajos del padre Lequerica, en este volumen.

[26] La Palinodia de El Pensador. En respuesta al desafío y amenaza del padre Soto, cf. Obras X-Folletos, pp. 371-378.