Número 2

 

AL QUE LE VENGA EL SACO QUE SE LO PONGA[1]

 

 

 

 Por varios rumbos y distinto modos 

que se cumpla la ley, queremos todos.[2]

 

 

Mis queridos conciudadanos: hoy desde los recintos de esta Cárcel Nacional,[3] tengo el honor de cosagraros segunda vez mis desaliñados discursos, animado del favor que benignos habéis dispensado a mi primer papel,[4] y deseoso de daros una convincente prueba de mi gratitud.

Ignoraréis acaso el origen de mi prisión, y no sabréis a qué atribuirla; pero no os empeñéis en investigar la causa que la motivó. Sabed que sólo ha procedido de haberos manifestado mis pensamientos con sinceridad, de haber reclamado la justicia, y exigido la observancia de la ley (juzgándome autorizado como miembro de la nación para publicar mis ideas, y atendiendo a que el objeto de la libertad de imprenta[5] es no sólo un freno de la arbitrariedad de los que gobiernan,a sino también un medio de ilustrar a la nación y el único camino para llevar al conocimiento de la verdadera opinión pública).b Ésta, y no otra, ha sido la culpa mía, por este motivo se denuncia mi impreso, se censura, se acrimina, se me solicita con tesón, y finalmente se me reduce a esta prisión contra todo el torrente de la ley,c y para con[t]estar este atentado se dice, en el auto motivado de mi prisión, que por temerse mi fuga.

Pudiera manifestaros otras infracciones que en mi prisión se han cometido; pero lo reservo para ocasión más oportuna, y por ahora sólo trato de demostraros la censura de mi papel, y la contestación mía que en clase de defensa presenté a la Junta Censoria,[6] por mando del señor Flores Alatorre,[7] mi juez.

 

 

CENSURA DE LA JUNTA

 

“La Junta Provisional de Censura de esta capital, habiendo examinado detenidamente el impreso intitulado Al que le venga el saco que se lo ponga, que la remitió para su calificación el señor juez de letras don Juan José Flores Alatorre, y la denuncia que de él hizo en su juzgado el señor fiscal de la libertad de imprenta,[8] califica el citado impreso de calumnioso al Superior Gobierno, y a las autoridades en las dos proposiciones que se hallan en las páginas segunda y cuarta, en las cuales se dice: ‘que el tiempo en que fue preso El Pensador Mexicano es en todo igual al presente’,[9] y que ‘el Superior Gobierno ve con indiferencia los reclamos que los americanos han hecho acerca del castigo del autor del comunicado inserto en el Suplemento al Noticioso General número 741’.[10] El señor González,[11] conviniendo en la calificación de calumnioso, fue de opinión que se añadiese la de sedicioso, por las varias proposiciones del impreso que conspiran directamente a concitar al pueblo a la sedición. Por lo cual la Junta califica el referido impreso de calumnioso al Superior Gobierno y a las autoridades, y estando lleno de expresiones cuyo efecto no puede menos que ser muy perjudicial juzga que deben recogerse inmediatamente todos los impresos.

Así lo acordaron los señores presidente y vocales, y lo firmaron de que doy fe.

México, 6 de noviembre de 1820

 

González         Tagle[12]               Fagoaga[13]                  Villanueva[14]


Lic. Blas Osés.[15]

Secretario

 

 

DEFENSA

 

Señor Juez de Letras.

 

Don José Gregorio Torres Palacios, detenido en esta Cárcel Nacional de orden de vuestra señoría, y teniendo a la vista las proposiciones que la Junta de Censura de esta capital ha tenido a bien calificar de calumniosas al Superior Gobierno y a las autoridades en mi papel intitulado Al que le venga el saco que se lo ponga, digo: que me es imposible conformarme con dicha calificación, pues me acusa de delitos en que no he incurrido ni se me pueden probar.

Se dice que estas proposiciones son calumniosas, a saber: que El Pensador fue preso en igual tiempo en todo que el presente, y que el Superior Gobierno ve con indiferencia los reclamos que han hecho los americanos acerca del castigo del autor del comunicado al Noticioso General número 741.

Es menester olvidarse de lo que quiere decir esta voz calumnia, para calificar de calumniosas dichas proposiciones. Calumnia según el diccionario de la lengua castellana[16] es la acusación falsa hecha maliciosamente para causar daño.

¿Y qué falsedad, qué malicia ni intención dañada puede argüirse de mis proposiciones citadas? Ninguna ciertamente.

No son falsas sino más verdaderas que la luz, como lo probaré brevemente. ¿No es cierto que El Pensador fue preso en tiempo de Constitución[17] igual en todo al presente? ¿No es constante que su prisión fue por haber escrito un papel como Dávila?[18] No es claro que se atropelló con él la Constitución, lo mismo que con Dávila, conmigo y otros se ha atropellado ahora, pues el Reglamento de Libertad de Imprenta[19] en ningún artículo dice que inmediatamente que un papel se denuncie, se proceda a la prisión del autor, pues esto fuera engañar a la nación y contrariar la misma Constitución que permite y protege la libertad de imprenta,[20] lo mismo que la individual del ciudadano.[21]

Ningún español —dice el artículo 287— podrá ser preso sin que preceda sumaria información del hecho por el que merezca, según la ley, pena corporal”.[22] Esto no admite interpretación, ni la más mínima duda en que se infringe la ley, poniendo preso a un autor sin averiguarle delito, entorpeciéndole de paso los recursos legales de su defensa, porque la ley quiere que los escritores se defiendan en su libertad, y mal podrá ningún escritor defenderse en una prisión, donde se le dificultan libros, letrados y otros medios oportunos para el caso, y donde, no sin fundamento, tema hablar con energía en su favor, pues cualquier cosa que diga contra el procedimiento del juez, o de la junta censoria, aunque sea más clara que la luz, puede refluir contra él y reagravar su causa, de que se puede seguir que el escritor, intimidándose con estas consideraciones, deje de exponer lo que hace a su legítima defensa.

Pues estas infracciones se cometieron el año de doce con El Pensador, y se han repetido el año de veinte con Dávila, conmigo y otros. Y en vista de esto ¿aún se calificará de calumniosa mi proposición? ¿Cuál es, pregunto, la calumnia, ni cuál la falsedad? ¿Es falso que nos han preso? ¿Es mentira que nuestra prisión es ilegal? ¿Es imputación maliciosa la acusación  de una infracción aún más clara que el sol? Si esto es falso, si se infiere malicia de que reclamemos nuestros derechos y el cumplimiento de la ley, desmiéntasenos y hágasenos saber el modo como debemos entender la Constitución y el reglamento de imprenta libre.

Yo en mi papel reclamé la ley que me pareció violada con Dávila, y nunca se me probará la nota de sedicioso que añadió el señor González, pues el que reclama la ley, y el que dice que si Dávila ha delinquido que se castigue según ellad no puede inspirar sedición.

Por lo que toca a mi segunda proposición de que se ha visto con indiferencia el delito de Muñoz,[23] me parece que nada tiene de calumnioso a las autoridades, porque cuando una acusación es cierta, no es calumniosa, si nos atenemos al legítimo significado de la voz. México vio prender a Dávila y a otros, y no ha visto que se dé un paso contra el escritor de Oaxaca. ¿Se argüirá calumnia de decir una verdad tan clara?

Ni se me diga que el Superior Gobierno ha tomado sus providencias, porque además de que yo lo ignoraba cuando escribí mi papel, y lo ignoro todavía, no es (hablando debidamente) la satisfacción que el público exige en la materia.

Es lo que por ahora tengo que decir en mi defensa, sin conformarme desde luego con la calificación de la Junta de Censura,e suplicando que se encargue de todo en segunda instancia, y caso de que no mude de opinión, se me devuelva su calificación para responder con más extensión, como previene el artículo 22 del referido reglamento de imprenta.[24]

 

México, 27 de noviembre de 1820.

 

José Gregorio Torres Palacios[25]

 

Ya habréis advertido la claridad y sencillez de mis proposiciones, y el espíritu con que traté de la prisión de Dávila, sin proponerme jamás salir garante de su causa, y sólo aspirando a que se le guardasen sus derechos y se le juzgara según la ley, quise defender en sus derechos los míos y los de todo ciudadano, acordándome del adagio español que dice cuando veas la barba de tu vecino pelar, echa la tuya a remojar. Manifesté algunas infracciones de la ley y asenté unas verdades tan notorias y claras que no han tenido contradicción.

Nunca juzgué delito el escribir con claridad, y por lo mismo lo hice solícito del bien de mis conciudadanos, mis intenciones siempre fueron rectas y dirigidas a refomar los abusos tan nocivos a la sociedad, que diariamente se cometen a despecho de la religión santa y de las leyes; yo veo impunemente quebrantar el solemne juramento hecho por Dios y los santos Evangelios de guardar y hacer guardar la Constitución, y, como estoy obligado por los vínculos del mismo juramento, no puedo ver con indiferencia que voto tan solemne se quebrante sin reclamar el cumplimiento de la ley.

Recibid, amados conciudadanos, lo sincero de mi afecto, los ardientes deseos que tengo de vuestra felicidad, y creedme ciertamente que en vuestro obsequio sufriré gustoso todos los males que la adversa suerte me franquée siempre que os resulte de ellos algún bien.

Amad tiernamente a ese precioso Código de nuestra libertad, estrechadlo en vuestro pechos, considerándolo como un don sagrado que el Ser Eterno nos ha concedido, asidlo a dos manos y no permitáis osen atrevidamente profanarlo por malicia ni infringirlo por ignorancia.

Ahora es tiempo (escritores sabios de México) de que ocupéis vuestras luces en la ilustración del pueblo bajo e ignorante, de esa porción recomendable de la república, de esos ciudadanos pobres de la última clase, cuyos escasos conocimientos no les permiten formar la cabal idea de los bienes que pródiga dispensa la Constitución,... ni de las ventajas que de ellas nos resultan, si la observamos fielmente. Ocupaos en instruir a esos infelices en los derechos que les pertenecen, y en los deberes que los estrechan, que yo, a pesar de mi ineptitud, procuraré explicarles con la posible claridad cuando juzgue conducente a su aprovechamiento.

Ya sabéis que nunca he aspirado a manifestar erudición, y que sería en mí un error craso pretender ocupar un lugar entre los sabios de nuestros días, cuando conozco mi debilidad y recuerdo la sentencia de Horacio que dice Scribende recte sapere et principiunt es fons.[26] Por lo que os suplico dispenséis mis yerros, convencidos de que animan mi pluma a escribir la confianza en vuestro favor y la gratitud que os profesa vuestro inútil servidor y afectísimo conciudadano.


José Gregorio de Torres Palacios


Cárcel Nacional y diciembre 20 de 1820

 
 


[1] México: Oficina de don José María Benavente y Socios, 1820, 7 pp.

[2] Fernández de Lizardi utiliza estos versos como epígrafe de su folleto Dar que vienen dando. O respuesta a lo que estampó El Observador en el Suplemento al Noticioso número 751. Cf. Obras X-Folletos, p. 337.

[3] Cárcel Nacional. Cf. nota 36 a Respuesta del padre Soto..., en este volumen.

[4] Se trata de Al que le venga el saco que se lo ponga, número 1, véase en este volumen.

[5] libertad de imprenta. Cf. nota 7 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

a En este número se comprenden las autoridades establecidas: jefes políticos, magistrados, jueces de letras, ayuntamientos, etcétera.

b Reglamento de libertad de imprenta.

c Se infringió el artículo 287 de la Constitución [Cf. nota 9 a Predicar en desierto, sermón perdido, en este volumen]

[6] Junta Censoria. Cf. nota 7 a El Teólogo Imparcial, número 3, en este volumen.

[7] Juan José Flores Alatorre. Cf. nota 22 a La mujer constitucional..., en este volumen.

[8] fiscal de la libertad de imprenta. Cf. nota 29 a Dar que van dando, en este volumen.

[9] Cf. nota 10 a Al que le venga el saco..., en este volumen.

[10] Cf. nota 12 a Al que le venga el saco..., en este volumen.

[11] Probablemente se refiera al señor Pedro González, quien pertenecía a la Junta de Censura desde el 21 de junio de 1820. Véase la nota 7 a El Teólogo Imparcial, número 3, en este volumen.

[12] Francisco Javier Sánchez de Tagle Varela. Cf. nota 21 a Dar que van dando, en este volumen.

[13] Francisco Fagoaga y Arozqueta. Cf. nota 20 a Dar que van dando, en este volumen.

[14] José Villanueva y Gómez Eguianeta. Cf. nota 22 a Dar que van dando, en este volumen.

[15] Blas Osés. Cf. nota 23 a Dar que van dando, en este volumen.

[16] Diccionario de la lengua castellana. Cf. nota 7 a Segunda parte de El Campanero..., en este volumen.

[17] Constitución. Cf. nota 7 a El Irónico Hablador..., en este volumen

[18] Rafael Dávila. Cf. nota 4 a Al que le venga el saco..., en este volumen.

[19] Reglamento de libertad de imprenta. Cf. nota 31 a Respuesta del padre Soto..., en este volumen.

[20] En el título III, capítulo VII, artículo 131 refiere como la vigésima cuarta facultad de las Cortes “proteger la libertad política de la imprenta.” Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., p. 76. Véase también la nota 13 a El Teólogo Imparcial, número 1, en este volumen.

[21] Cf. nota 15 a El Teólogo Imparcial, número 3, en este volumen.

[22] Artículo 287 de la Constitución. “Ningún español podrá ser preso sin que preceda sumaria información del hecho, por el que merezca, según la ley ser castigado con pena corporal, y asimismo un mandamiento del juez en el acto mismo de la prisión.” Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., p. 94.

d Véase mi papel en la página 3, línea 19 y se hallarán estas palabras, si lo es en efecto que se castigue, pero con arreglo a nuestra Constitución.

[23] Juan Bautista Muñoz. Lo atacan por poner en duda las apariciones de la virgen de Guadalupe: el presbítero de San Felipe Neri, Manuel Gómez Marín en Defensa guadalupana. México, Imprenta de Valdés, 1819; Pedro Narciso Blanco en su Ensayo de una nueva apología de la aparición de nuestra señora de Guadalupe contra la disertación de don Juan Bautista Muñoz, Puebla, 1820; se suma el cura del sagrario de la ciudad de México, José Miguel Guridi y Alcocer, con su obra Apología de la aparición de nuestra señora de Guadalupe de México, en respuesta a la disertación que la impugna. Oficina de Alejandro Valdés; y también es atacado por Francisco Iturri en Críticas sobre la historia de América del señor don Juan Bautista Muñoz, Puebla, reimpreso en la Oficina del Gobierno, 1820.

e Por no estar fundado su dictamen como previene el artículo 15 del reglamento de imprenta [Cf. nota 24 a Dar que van dando, en este volumen] y el artículo 16 del decreto adicional [“Remitido el impreso á la Junta Censoria, así Suprema como de Provincia, por el Juez o Magistrado á quien corresponda, y verificada la censura, se devolverá por la Junta con su calificación, expresando los fundamentos de ella.” Cf. Hernández y Dávalos, Colección de documentos..., t. V, p. 70] del mismo reglamento.

[24] Artículo 22 del reglamento de libertad de imprenta de 1813. “Esta segunda censura la hará saber el Juez al interesado por si no se conformase con ella, y quisiere usar del recurso a la Suprema.” Cf. Hernández y Dávalos, Colección de documentos..., t. V, p.70.

[25] José Gregorio Torres Palacios. Sólo sabemos que es autor de este folleto y de Al que le venga el saco..., también en este volumen, donde firmó J. G. T. P.

[26] Scribende recte sapere est et principiunt es fons, por Scribendi recte, sapere est, et principium et fons. Saber es el principio y la fuente de escribir correctamente. Horacio, Arte poética, vv. 309.