Número 1

 

DESCUBIERTO EL CARÁCTER DE LA PLUMA IMPÍA, BLASFEMA Y

ANTI-MILITAR DE EL PENSADOR MEXICANO EN SU PAPEL TITULADO

LA PALINODIA EN RESPUESTA AL PADRE SOTO Y

DEFENDIDA TEOLÓGICAMENTE LA PROCLAMA MILITAR

DE ESTE AUTOR.[1]

 

 

Advertencia muy necesaria sobre los motivos de esta disputa, para que el público pueda formar juicio imparcial sobre ella.

 

A más de lo que por sí es estimable la noble y gloriosa profesión militar, yo la aprecio con particularidad, acaso por haber tenido cuatro hermanos militares, de los que dos de ellos han sido víctimas de honor, por defender la religión y la patria en estos tiempos aciagos de anárquica revolución. Ellos derramaron su sangre, los destrozó la violencia, mas no quebrantaron el juramento de su fidelidad. Esa afición mía a dicho estado, propio de almas heroicas, me movió a proclamar en honor de los militares, atendiendo a su dignidad, no a la relajación de algunos de sus profesores, a la que fijando otros la vista, declaman contra tal estado. ¿Y qué ciudadano honrado, digno de tal nombre, debería ofenderse al leer mi Proclama?[2] Tomóse El Pensador Mexicano el título y oficio de mi severo y taimado censor contra tal Proclama, y en un libelo infamatorio escrito con pluma altanera, y con corrosivo de personalidades injuriosas a varios sujetos, al cual libelo tituló Rociadas a sus débiles rivales,[3] allí me arrebata su autor con caninos dientes, y me trata denominadamente (mi Proclama no declara su autor, apenas lleva al fin mis iniciales, y eso traspuestas) cual un juez no trataría al escritor más criminal. Véase. Primeramente, engañado Fernández en que yo era el autor de un impreso que se subscribe con la palabra alegórica El Chirrión,[4] me rocía con todas estas palabrotas de injuria: “sinvergüenza, mentiroso, injusto, sandio, ignorante, grosero, soez, calumniante, adulador general, simple, fanfarrón”,[5] y más abajo me llama: “autor de jacal y de banqueta de la plaza, etcétera”.[6] En segundo lugar, me llama a juicio al fin de la página 5, y al principio de la página 8, revestido de magistral superioridad y con tono hinchado me impropera diciéndome: “adulador, blasfemo y escritor herético, o con sabor y tufos de hereje”,[7] y, por fin, me intima: “si se me habla una palabra sobre esto, denuncio el papel”.[8] El tal papel es mi Proclama.

Decida la imparcialidad: ¿qué debería haber respondido a El Pensador en defensa de mi honor personal? Pues de todo me desentendí, y sólo le reclamé por el conducto del Noticioso General número 748,[9] sobre aquello de herejía y blasfemias que atribuye a la doctrina de mi Proclama, y le di tres días de término para que me denunciara. Pasaron más de veinte días, y ya para incitarlo a la denuncia, con que me había conminado, hube de fregarle un poco el adormecimiento malicioso de su silencio y de su omisión de denunciarme. Véase el Noticioso General número 761.[10] Salió luego mi calificador, juez y maestro, y, doblando su furia en su Palinodia[11] de infernal ironía, no sólo ultraja en ella mi persona, carácter y buen nombre, sino que hace allí irrisión más que sacrílega de los sagrados textos,[12] que es decir, del Dios mismo su autor. He aquí brevemente el motivo de nuestra disputa: quien sepa que Jesucristo, la mansedumbre por esencia, llamó a los que impugnaban su doctrina, “hijos del diablo, raza de serpientes, hipócritas ambiciosos, sepulcros blanqueados”,[13] etcétera, etcétera; no se escandalizará de mi pluma cuando defiende la sanidad de las verdades evangélicas contra la pertinaz ignorancia de El Pensador, trate a éste con palabras duras. Voy a mi propósito.

Si las injurias, blasfemias y los sacrílegos y hereticales ultrajes de Fernández sólo atropellasen mi persona, sé que, conformándome a la protección cristiana de mi estado, debería sufrirlas con paciencia. “No somos perfectos, si no podemos tolerar los ajenos descomedimientos” dice el padre san Gregorio. Mas como la inferna sátira y deslenguada altanería de la Palinodia de El Pensador Mexicano en respuesta al padre Soto, etcétera burle y vilipendie directamente las verdades de la sacrosanta y adorable revelación, “sería una impiedad sin tamaño disimular las injurias que se hacen a Dios”, es sentencia de san Juan Crisóstomo.a No tengo pues de disimular, y sólo me desazona un sentimiento, y es que peleo con evidente ventaja, bien que no lucho por mi honor, sino por el que es debido a aquel espíritu “que habló a los hombres por la boca de sus santos”. No perdamos tiempo.

El profeta Daniel, en el capítulo 7, dice así a la letra, manifestándonos la revelación que tuvo del imperio, señorío y eterno trono del Omnipotente, y de su grandeza: “Millia millium ministabant ei et decies millies centena millium assistebant ei”,[14] mil miles le ministraban y diez centenares de miles le asistían. ¿Oíste[15] Fernández? ¿A quién, pues, habéis escarnecido en vuestra execrable Palinodia, haciéndole burlescas y diabólicas cuentas? ¿Cre[é]is o no cre[é]is la canonicidad de este divino texto? Si no cre[é]is, sois un hereje, y si cre[é]is ¿cómo habéis burladoos de su autor? ¿Por qué decís que es invención mía para satirizarlo?[16] Sólo el espíritu de blasfemia heretical hace irrisión de las verdades que cree revelada, y no os excusa que aleguéis ignorancia: oíd al apóstol san Judas en el capítulo 1o. de su carta canónica: “Quaecumque ignorant blasphemant”,[17] el espíritu de impiedad blasfema de todo lo que ignora. Y es de notar mucho en este asunto que san Judas habla de los maestros intrusos contra la gracia del verbo encarnado, que es la doctrina evangélica; que el santo los compara con los demonios o ángeles que cayeron (a los que vos llamáis bichos);[18] que de tales maestros afirma dicho apóstol que “errore Balaam mercede effussi sunt”.[19] Es decir, que comprados o venales como Balaam, se despechan a maldecir las tropas que pelean por el Dios de Israel; contradiciéndolo el Dios mismo expresa y portentosamente. Oíd el portento, Lizardi: Balac,[20] rey de Moab, intentó destruir con maldiciones al ejército de Israel, que tenía en su contra acampado al frente; llamó para el efecto al profeta malévolo Balaam, prometióle muchas mercedes por tal que maldijiese a los ejércitos de Israel; lo intentó repetidas veces el venal profeta, y Dios insistió en impedírselo. Sale por último Balaam montado sobre una burra, y acompañado de dos jóvenes moabitas, a persistir en ejecutar sus mercenarias execraciones. “Iratusque est Deus”,[21] irrítase Dios, y manda visiblemente a un ángel, con visible y vibrante espada en la mano, a que contenga la sacrílega osadía de aquel vil maldiciente a las tropas del pueblo del Señor. Vio la burra al ángel y sepárase del camino, azótala Balaam para encaminarla, y estréchalo aquel ángel, soldado de guerrilla, entre dos viñas; mira de nuevo la burra al ángel, échase contra la pared, y astilla un pie al jinete; torna éste a castigar al animal, y el ángel lo pone en tal aprieto, que no pudo más arrendar ni a derecha ni a siniestra; volvió la burra a ver al ángel, y tírase al suelo cayendo sobre ambos pies del amo, quien de nuevo le castiga. “Aperuitque dominus os asinae”,[22] suelta Dios la lengua de aquel bruto, quien dice al obstinado maldiciente: “¿qué te hago?, ¿por qué me azotas?” “ Ya van tres veces --responde Balaam--, tú lo mereces, tú juegas conmigo; si tuviese aquí un cuchillo te hab[r]ía de herir”; entonces la burra: “yo soy animal tuyo, siempre me has montado hasta la presente, ¿alguna vez me he portado como el día de hoy? Dímelo”. Dícele Balaam: “jamás”. Al momento abrió Dios los ojos a Balaam, y vio al ángel que estaba al camino con la ESPADA DESENVAINADA, y se postró y tierra y lo adoró. Y ¿por qué, le dijo el ángel, has castigado tres veces a la burra? Yo he venido a hacerte[23] resistencia (notad Pensador) porque tu camino es perverso, y es contrario al mío, y a no ser que la burra se desviaba de tu senda, y daba lugar a éste, que te contradice, yo te hubiera matado,[24] dejando viva a la burra.

Fernández, calificador mío, ¿credis hoc?[25] ¿Qué le parece esta historia?, ¿será verdadera o uno de los cuentos tártaros o de los chistes de nuestro Feijoo? Léala en el sagrado libro de los Números capítulo 22. Mas deduzcamos de ella doctrinas católicas contra la maldita Palinodia, aborto de vuestra mollera. Vaya usted respondiendo, señor Pensador. Aquel ejército del pueblo de Dios, ¿incluía algunos soldados inmorales, ladrones, lascivos, etcétera, o no? ¿Eran todos, todos santos, o habían también perversos? [26]Había de todo. ¿Pues cómo no fue lícito maldecir a aquellas tropas? ¡Ah, y de qué medios tan extraordinarios se dignó valerse el Todopoderoso, quien de nadie necesita para impedir que maldijiese una boca sacrílega a los soldados que lidiaban por su honor! ¿Sabéis quién era el capitán o jefe general de aquellos escuadrones? Más que parezca a usted mentira o fábula, yo juro que lo era el mismo Dios. “Dux eorum fuisit” dijo David.[27] No en balde andaban allí armados y aliados defendiendo una misma causa, ángeles y hombres, ángeles militares con sable desenvainado en mano, en acción de guerrilla, amenazando de muerte a la protervia que vomita maldición contra los soldados que juran en el nombre de Dios defender la santa religión. ¿Y no estará muy bien dicho, y conforme a la Escritura santa, que “un ángel en el cielo es un soldado cristiano, y que un soldado cristiano es un ángel en la Tierra?”[28] ¿Ya no[s] lo ha hecho Dios visible, en la historia referida, de un espíritu ministro suyo, bajo la forma, cargo y acción militar?

Ahora digo más que en mi Proclama, a pesar de los anti-militares, y es que, de aquellos mil millones de ángeles destinados al ministerio del Dios de los ejércitos, este Rey de poder infinito, destina algunos invisiblemente a la custodia y a la defensa y protección de los hombres militares, que con sus armas, su valor, etcétera, defienden la subsistencia y la propagación de la religión verdadera. ¿Ya no se vio tal defensa y protección angélica militar en un caso práctico innegable, referido por un autor infalible? Que los diga la burra de Balaam a los que embrutecidos y desenfrenados sicut equus et mulus,[29] como el caballo y el mulo irracionales, no dan ascenso a las historias santas. Otros muchos casos citaré de las mismas historias. Voy ahora a explicaros, hombre material y de toscas potencias, cómo se entiende eso de mil miles que nos numera la divina revelación en esto de ministros asistentes del Altísimo.

Atención por ahora y después será la confusión. Revistiéndome de vuestro espíritu bufón contra Dios (para hacer más odiosa su osadía), voy a usar de la misma luciferina aritmética,[30] que vos usáis en vuestra diabólica Palinodia, para deducir del Millia millium, etcétera, el número cierto de demonios, y yo para deducir el número cierto de hijos de Israel predestinados a la gloria. Dice San Juan en el capítulo 7 del Apocalipsis,[31] que vio subir un ángel (¡válgannos Dios por ángeles ministros, que en todo lo de Dios se han de meter sin necesitar Dios de ayudantes!) de la parte del oriente solar y que traía el sello del Dios viviente (el de la predestinación eterna), etcétera. De cada tribu de los hijos de Israel fue signando doce mil electos, signó doce tribus, conque hagamos la multiplicación: 12 000 por 12 resultan 144 000 israelitas, destinados a la vida eterna. ¿Sale la cuenta, o no? ¡Vea usted que lelo soy...! ¡Pues no la había sacado antes el mismo San Juan! “Centum quadraginta quatuor millia”.[32] Pues evangelista santo, esta cuenta salió, pero otra no sale. Vuestra pluma nos engaña en esto de doce mil, y doce mil, determinando numeración de electos; porque es dogma católica [sic], que a sólo Dios es conocido el número determinado de los que se han de salvar, ahora háblese del pueblo de Israel, ahora del de los gentiles, ahora en suma de ambos rediles. ¡Aquí sí que se me atoró el macho! Aquí es preciso, o negar un dogma, o hacerle burletas a San Juan. Mi cuenta y (San Juan la hizo primero) sale chillando: es demostración matemática; ergo, yo no encuentro la salida. ¡A que se me tira aquí el burro al suelo y me quiebra no los pies como a Balaam, sino la maldita testa! ¡Ah, Pensador Mexicano, iluminadme[33] para acertar en esta tan arr[i]esgada resolución! Sáqueme usted de este laberinto...[34] a que usted me saca, y eso, sin quererlo. Vedlo.

¿No dijo usted allá en un papelucho contra no sé qué caballero músico de Argel,[35] que había sentidos figurados o tropológicos en los escritos de usted?[36] ¿Pues que ignora vuestra ciencia de teologizar, que en la Escritura santa hay también bajo el sentido literal sentido figurado?[37] ¿No sabe usted que las palabras santas se han escrito para utilidad de los hombres creyentes, y que por eso su autor se conforma o acomoda a nuestros modos humanos de hablar? ¿No sabe usted (lo saben los niños principiantes de latinidad) que una de las figuras de palabras, aun en el estilo llano y familiar, es poner número determinado por el número no determinado, o a la inversa? ¡Un infierno de bichos cargue con la Palinodia de usted que escribió tan llena de infinitas blasfemias! Ya sabe usted lo que son bichos, y ¿ya ve usted aquí mismo en el ejemplito un número indeterminado por un sólo bichos que sobra para el caso, y un número indeterminado e infinito por número cierto y determinado de blasfemias? Pues aprovecharse Fernández de esta doctrina, y no blasfemar haciendo irrisión de las adorables numeraciones del sagrado texto. ¡Cuenta, no sea que por esos modales heréticos de hacerle a Dios cuentas, se las ajuste Dios a usted, y vaya a ser excluido de la grande e innumerable turba de los gentiles, entresacados del mundo incrédulo a la visión de Dios! Confundíos con tiempo por haberos burlado del Millia millium de ángeles, pues Dios lo dijo y a Dios la cuenta.

Me pregunta el omniscio Fernández, mi gigantesco y robusto rival, el Argos de la libertad de imprenta, el académico decano, y maestre-escuelas de los palanquines[38] escritores, me pregunta en su pompática, y fermosa Palinodia “si la salud, la hermosura y el talento son también debidos a la heroicidad de los militares”.[39] A interrogación tan hita y tan ahíta de malicia contra la milicia, Fustibus erat arguendum,[40] debería respondérsele con dos carreras de baquetas.b Mas perdónesele, y sólo estréchesele a que diga en qué filósofo materialista leyó que el talento es bien temporal.[41] Acá entendemos por temporal lo que comienza, dura y acaba con el tiempo y en el tiempo. Entendemos que lo que no está sujeto al tiempo no es temporal, y entendemos que los entendimientos humanos no están sujetos a la duración de los tiempos, pues son una potencia espiritual, de espíritus inmortales. ¿Si entenderá esto El Pensador, o saldrá conque son metafísicas del fanatismo escolástico? Ahora: el estado militar, por derecho de gentes y por derecho positivo[42] es para la guerra; por los mismos derechos la guerra tiene por único y santificado objeto la paz. ¿Y quién duda que la paz es el mayor bien y la fuente de todos los bienes temporales (no excluyo otros superiores) que pueden disfrutar las sociedades civiles sobre el globo de la Tierra? Pero “¡válgame Dios, y cuántos delirios escribimos cuando escribimos sin reflexión, y cuando imprimimos sin leer!”[43] Así me critica vuestra bastarda ciencia en vuestra Palinodia. Pues vamos a ver si escribo delirante e irreflexivo, y también si usted sabe leer latín.

 

Pace vigent Arte, ARAS pax thure reparat,

   Pax Cererem, et [sic] Bacchum promovet, atque fovet,

Filia Pax Jovis est et Divum munera nobis

    Dispensat, placida Pace beatus homo est.[44]

 

En obsequio del público traduciré a nuestro idioma, en metro algo libre, estos versos que son del político Boisado. Emblema 26.

 

A la paz su vigor deben las ARTES,

Las ARAS por la paz son incensadas,

Por la paz son los CAMPOS y las VIÑAS

en todo su adelanto fomentadas:

Hija de Jove es la Paz, y de los Dioses

Todo don nos dispensa con mano alma,

Y por plácida paz disfruta el hombre

SOCIAL vida, bienaventurada.

 

Vayan otros versos latinos del célebre Ravisio, al mismo propósito; y los traduciré de la manera que los otros:

 

Pax vehit auratas peregrina per aequora merces

  Et steriles Ponti non sinit esse vias.

Pax hilares mensas facit, et convivia passim

  Et recreat molli tristia corda mero.

Pax aperit thalamos, Hymenaeaque carmina cantat,

  Excitat, et residet non sinit esse lyras.[45]

 

La paz lleva por mares peregrinos

preciosas mercancías de valor de oro,

Y del océano estéril los caminos

Surca la paz con plácido decoro.

La paz a cada paso mesas pone

De convites y brindis de alegría

Y recrea el corazón, y lo repone

Con vino puro de melancolía.

La paz convida al tálamo amoroso,

Y a cantar de himeneo dulces acentos,

Sin sufrir que en la boda estén ociosos

De la armonía[46] los gratos instrumentos.

 

 

Acaso hará El Pensador de Arquíloco,c y satirizará mi tradu[c]ción. Mas al caso. Omito mil autoridades que confirman la verdad de que la paz es la que hace a las naciones, a los reinos y a toda sociedad rica, opulenta, sabia, respetable, etcétera. Ni la burra de Balaam puede negarlo. Mas tantos bienes ¿cómo se podrán sostener, defender y perpetuar? Oiga, Lizardi, y no se le olvide lo que amonesta un autor grave (Vegecio)[47] en un aforismo político: “Ergo qui desiderat pacem, praeparet BELLUM”.[48] El que desea la paz y todos los bienes que trae consigo, esté bien preparado para la GUERRA. Fomente, proteja y atienda al noble arte militar. Porque como enseña otro sabio (Thucidas) “La mayor firmeza de la paz, es el arte bélico: el descuido y la inacción acerca de este arte, siempre lleva a su lado el miedo al enemigo belicoso, y un gran peligro” de perder los bienes de la paz. Y Manlio Capitolino[49] dijo: “ostendite mihi bellum, pacem habebitis. Videant vos paratos ad vim, jus ipsi remittent”.[50] Se continuará.

 

Fr. Mariano Soto[51]

 
 


[1] México: Oficina de don José María Benavente y Socios, 1820, 8 pp. Ver La Palinodia de El Pensador. En respuesta al desafío y amenaza del padre Soto, cf. Obras X-Folletos, pp. 371-378. Fernández de Lizardi responde a este folleto en Defensa de El Pensador y epístola al padre Soto, ibidem, pp. 417-424. La Gaceta del Gobierno prohibió la circulación de este folleto el 30 de diciembre de 1820.

[2] Proclama Militar. Cf. nota 5 a Artículos comunicados, en este volumen.

[3] Rociada de El Pensador a sus débiles rivales. Cf. nota 1 a También al verdugo azotan, en este volumen.

[4] El Chirrión. Cf. nota 4 a Artículos comunicados, en este volumen.

[5] Fernández de Lizardi en su Rociada de El Pensador..., escribe: “Usted es el sandio hasta más no poder”; “así se dispara, amigo mío: sin vergüenza, sin verdad y sin justicia. Usted sin duda será algún adulón pagado por la imprenta de Ontiveros [...] Usted no pasa de un calumniante adulador [...]. En su penúltimo párrafo [de También al verdugo azotan], con una comparación muy indecente, muy grosera y muy soez para representársela a un respetable público, trae con la mayor importunidad el ejemplo que ponga de mi niña [..] es necesario decir algo, para que Chirrión fanfarrón vea que yo no soy hombre que me deje meter el resuello de ninguno”. Cf. Obras X-Folletos, pp. 318, 319, 320 y 321.

[6] En Rociada de El Pensador..., Fernández de Lizardi escribe: “Hay quien diga que usted es el autor de tan desatinado papel [También al verdugo azotan] y de la defensa de la partida de capa [folleto fechado en México el 7 de septiembre de 1820, titulado Un apasionado de la partida de capa defiende su honor, y de toda corporación de militares y contra el Barbero. [México], Imprenta de Alejandro Valdés, 1820, 4 pp.]. Yo no lo creo porque ambos papeluchos parecen forjados a sombra de jacal y escritos en las banquetas de la plaza; y aunque usted no me agradeció mucho el elogio que hice a sus talentos, los confieso”. Ibidem, p. 321.

[7] Cf. nota 7 a Artículos comunicados, en este volumen. Esta aseveración no corresponde a Rociada de El Pensador..., sino a La palinodia de El Pensador..., donde se lee: “En la Proclama  de usted a los militares que, en mi concepto sabe y huele a herejía”. Ibidem, p. 372.

[8] Cf. nota 7 a Artículos comunicados, en este volumen.

[9] Se refiere a Artículos comunicados, en este volumen.

[10] Se refiere a Artículo comunicado, en este volumen.

[11] La palinodia de El Pensador. En respuesta al desafío y amenaza del padre Soto. Fernández de Lizardi inicia su Defensa de El Pensador y epístola al padre Soto: “¡Válgame Dios, mi padre fray Mariano, y que enojada se ha dado vuestra paternidad con la maldita Palinodia! No pensaba yo que hubiera hecho tanto efecto en el espíritu de usted. Lo peor es que usted insiste, y yo no desistiré de responderle ni de urgirle el argumento hasta que no se dé por vencido, porque soy muy tenaz y tengo sangre de vizcaíno”. Cf. Obras X-Folletos, p. 417.

[12] Fernández de Lizardi en La palinodia de El Pensador... cita los siguientes pasajes bíblicos: Ap. 12, 7-10; Is. 6, 2-3; Job 7, 1 y Mt. 16,18, para mostrar las proposiciones blasfemas y heréticas del texto del dominico. Ibidem, pp. 371-377.

[13] San Mateo en 23, 23 llama a los fariseos: ‘insensatos y ciegos”, “guías ciegos”; en 23, 27: “sois semejantes á sepulcros blanqueados, que de fuera á la verdad, se muestran hermosos, mas de dentro están llenos de huesos de muertos y de toda suciedad”; y en 23, 33: “¡serpientes, generación de víboras! ¿cómo evitaréis el juicio del infierno?”

a Léase al angélico doctor santo Tomás. Quodlibeto 5. question 13, art. 23. Allí pregunta y resuelve si los religiosos deben sufrir las injurias o no. El que no sepa tal do[c]trina, está muy expuesto a caer en escándalo. [En la Suma Teológica, Tomás de Aquino trata sobre “El Derecho al honor y las injurias de palabras” en la question 72, y en específico el artículo 3 titulado “Si debe el hombre sufrir los ultrajes que le sean inferidos” en que se lee: “La audacia del hombre que insulta con ultrajes debe reprimirse con moderación, esto es, por deber de caridad y no para satisfacción del propio honor, por lo que advierte la Sagrada Escritura. ‘No respondas al necio según su necedad, a fin de que no te hagas semejante a él’, y agrega ‘El que soporta la contumelia que se le infiere, alienta la audacia del que le ultraja. Mas esto no debe hacerse. Luego el hombre no debe soportar la contumelia contra él lanzada, sino más bien responder al que le afrenta.” Cf. Summa Theologica. Notas, explicaciones y comentarios por Leonardo Castellani, S. J. T. I. Buenos Aires: Club de Lectores, 1944, pp. 600-602.]

[14]Flurius igneus rapidusque egrediebatur a facie eius; ‘millia millium ministabant ei, et decies millies centena millia assistebant ei”. Millia millium [sic]. Milia milium. Mil de miles. Dn. 7: 10.

[15] oístes en el original.

[16] Fernández de Lizardi en La Palinodia de El Pensador..., había escrito lo siguiente: “Diez centenares de millones de soldados están a su presencia, dice usted, y digo yo que ¿cuándo los contó usted, o si no los contó, dónde lo leyó?, porque ésta es una noticia asombrosa”. Cf. Obras X-Folletos, p. 373. Después en Defensa de El Pensador... responde a Soto sobre esta cita de Daniel: “Vuestra reverencia dijo que diez centenares de millones de ángeles estaban a la presencia de Dios, y Daniel dijo que mil miles le servían y diez centenares de miles le asistían. Ni aun así sale la cuenta, porque diez centenares de millones, no son lo mismo que diez centenares de miles. Conque vuestra reverencia como anduvo más liberal Daniel, aunque no lo vio. Vuestra reverencia dice una cosa y el profeta otra, pero otros han sido más liberales que vuestra reverencia y que Daniel, pues el padre Vázquez, citado por Berni en su Filosofía metafísica, tomo II, libro III, capítulo III [Juan Bautista Berni, fue presbítero colegial mayor de Santo Tomás de Villanueva, la obra citada se titula: Filosofía racional, natura, metafísica i moral, Valencia: Antonio Bordazar de Artàzu, 1736, 4 t. En el tomo III, Filosofía metafísica transnatural, libro III “De los ángeles”, capítulo III “Del número y orden de los ángeles” escribe: “5. El Angélico Doctor Santo Tomás enseña que à, proporción de la perfección de las sustancias ha criado Dios su número; i el P. Vázquez I p. q. 5 art. 3 dize, que le fue revelado à Santa Brígida libro IV, capítulo II que para cada racional se pudiera señalar diez Ángeles de Custodia”, p. 137], hacen inferir por sus cuentas que son III. III. III. 0000. 000. 000. Esto es mil ciento y once tricuentos, ciento y once mil, ciento y un bicuentos [trillones, billones]. Pero todas estas cuentas son erradas, y valen tanto como decirnos con San Dionisio, San Cirilo y Santo Tomás que son innumerables [En el libro de Berní, mismos tomo y capítulo, se lee: “4. No podemos determinar el numero de los Angeles, pues San Dionisio, ó quien quiera que sea el Autor del libro de la Jerarquía Celestial, San Cirilo, i Santo Tomás juzgan, que es innumerable; i es mui conforme porque si no podemos numerar las Estrellas que están a nuestra vista, como numeraremos los Angeles que se le ocultan à todos nuestros sentidos”] Ibidem, p. 422

[17] Quaecumque ignorant blasphemant. De cuanto ignoran, blasfeman.

[18] Fernández de Lizardi había escrito en La Palinodia de El Pensador...: “Sale aclarada de paso otra cuenta curiosa, y es la de los diablos. No sabíamos cuántos son estos bichos”. Cf. Obras X-Folletos, p. 374.

[19] errore Balaam crecede [sic] effussi sunt. Errore Balaam mercede effussi sunt. Fueron reducidos por el error de Balam, por la recompensa. La Vulgata, Beati. Epist. Judae I, 11.

[20] Cf. nota 40 a También al verdugo azotan, en este volumen.

[21] Iratusque est Deus. En los libros de Números 22, 21, 22 y 23; Judith 11, 16, 17, 18; y Eclesiastés 5, 4-6: “Et iratus est Deus”. Y el furor de Dios se encendió.

[22] Apervitque dominus os asinae. Y abrió el señor el hocico de la burra.

[23] Fernández de Lizardi en Defensa de El Pensador...: “Sólo una cosa no he podido disimular en este último papel de vuestra paternidad que tituló Descubierto el carácter de la pluma impía, blasfema y anti-militar del Pensador Mexicano, y es ese modo tan orgulloso o majestuoso con que usted me trata de tú y vos, según le place [hasta este momento Mariano Soto se había dirigido a Fernández de Lizardi como vos, aquí inicia el tuteo] [...] pero dejémonos de chanzas, y dígame vuestra paternidad ¿qué derecho o autoridad tiene para tratarme de tú y vos como si fuera su pilgüanejo [del vocablo azteca pilhuan Históricamente el criado que estaba al servicio de los clérigos. También tiene la acepción de persona insignificante, despreciable. Santamaría, Dic. mej.] ni para ultrajarme tan indecorosamente en un público?” Cf. Obras X-Folletos, p. 419.

[24] Fernández de Lizardi en el mismo texto contesta: “Ya sabe usted qué porfiados son estos caballeros [los vizcaínos] y sabrá que uno de ellos no queriendo su borrico (hermano de la burra de Balam) pasar un puente de madera, por más palos que le daba, se enfadó mi vizcaíno, cargó con el asno y lo pasó mal de su grado, diciéndole: alma de cántaro, a entendimiento me ganarás, pero a fuerzas no [...] por lo que hace a la burra de Balam, digo, con licencia de vuestra reverencia, que no viene al caso, porque el mal profeta iba a maldecir el ejército de Dios, y esto fue lo que impidió el ángel, y yo jamás he maldecido ni a pie ni en coche, ni en burro ni a caballo a ninguna tropa ni a ningún soldado en particular, que era lo que vuestra reverencia debía probar para que la erudición viniera al caso.” Ibidem, pp. 418, 423-424.

[25] ¿credis hoc?. ¿Crees esto? Fernández de Lizardi en Defensa de El Pensador..., dice: “Tampoco debe vuestra reverencia arrastrar este negocio a la difunta Inquisición. Esto es: no debe vuestra reverencia tratar de volverme hereje entre las manos, asegurando que no creo las verdades reveladas; esto se llama meterse en la Iglesia”. Ibidem, p. 423.

[26] Fernández de Lizardi en La Palinodia de El Pensador... había escrito: “Un soldado cristiano es un hombre lleno de pasiones como todos, y a más de esto, es un hombre expuesto a coinquinarse [manchar, ensuciar] con todos los vicios de libertinaje de la tropa. [...]. Mas no entendáis que los soldados malos son malos por ser soldados. No. La milicia no es profesión de pícaros sino de héroes; pero por una necesidad moral, si puedo explicarme así, es preciso que entre los soldados halla muchos perversos. ¿Cuál es la necesidad? El ejemplo de las malas costumbres”. Ibidem, pp. 374-375.

[27] Dux eorum fuisti. “Viri fratres, oportet impleri Scripturam, quam praedixit Spiritus sanctus per os David de Iuda, qui fuit dux eorum, qui comprehenderunt Iesum” Act. 1, 16. “Hermanos míos, es preciso que se cumpla lo que tiene profetizado el Espíritu Santo por boca de David, acerca de Judas, que se hizo adalid de los que prendieron a Jesús” Hch. 1, 16.

[28] En La Palinodia de El Pensador..., Fernández de Lizardi había señalado: “Añade usted: ‘un solado cristiano es un ángel en la tierra’. ¡Cuándo esperaban los militares un elogio tan desmesurado! Todos los soldados españoles son cristianos y así, todos los soldados españoles son ángeles en la tierra. Albricias señores militares por tan alta categoría a que os veis elevados en la pluma del erudito padre Soto [...]. Pero no hay tal, amigos míos, no hay tal. Un soldado cristiano es un hombre lleno de pasiones como todos [...]. La segunda parte de la proposición de vuestra reverencia está más lastimosa dice que ‘un ángel es un soldado cristiano en las alturas’. Esto sí que está gracioso, padre Soto. Ya no pelearemos sobre si los ángeles son soldados, porque usted ha dado en eso y es prudencia concederle algo, aunque sea gratis; pero que los ángeles sean cristianos no lo he oído ni en cabildo de guajolotes. Padre Soto, por amor de dios, dígame usted: ¿Qué quiere decir cristiano? Se calla usted, pues oiga el catecismo conciliar, que lo saben los niños de escuela: ‘hombre que tiene la fe de Cristo que profesó en su santo Bautismo; ya lo ve usted, hermanito, cómo los ángeles no pueden ser soldados cristianos porque no son hombres ni profesaron la fe de Cristo en el Bautismo. Cada vez que leo sus cosas de usted, lo quiero más, porque me confirma en el concepto de que tiene un bellísimo corazón y lo quisiera por amigo”. Cf. Obras X-Folletos, pp. 374, 376.

[29] sicut equus et mulus. Como el caballo y el mulo.

[30] arithmetica en el original.

[31] “Vi otro ángel que subía del naciente del sol, y tenía el sello de Dios vivo, y gritó con voz fuerte a los cuatro ángeles, a quienes había sido encomendado dañar a la tierra y al mal, diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hallamos sellado a los siervos de nuestro Dios en sus frentes. Oí que el número de los sellados era de ciento cuarenta y cuatro mil, sellados de todas las tribus de Israel. De la tribu de Judá 12 mil sellados; de la tribu de Rubén, 12 mil; de la tribu de Gad, 12 mil; de la tribu de Aser, 12 mil; de la tribu de Neftalí, 12 mil; de la tribu de Manases, 12 mil; de la tribu de Simeón, 12 mil; de la tribu de Leví, 12 mil; de la tribu de Isacar, 12 mil; de la tribu de Zabulón, 12 mil; de la tribu de José, 12 mil; de la tribu de Menjamín, 12 mil”. Ap. 7, 2-8.

[32] Centum quadraginta quatuor millia. “Et audivi numerum signatorum, centum quadraginta quator millia signati ex omni tribu filiorum Israel”. Ap. 7, 4.

[33] iluminandme en el original.

[34] labirinto en el original.

[35] músico de Argel. Cf. nota 141 a No rebuznaron en balde..., en este volumen. El folleto mencionado es No rebuznó con más tino el pobre alcalde argelino. Cf. Obras X-Folletos, pp. 353-370.

[36] Cf. nota 30 a Cáustico a dos escritores alcaldes rebuznadores..., en este volumen.

[37] Fernández de Lizardi en No rebuznó con más tino... había escrito: “Desengañémonos: en truncando las proposiciones y desquiciándolas de su genuino y literal sentido, la mejor se puede convertir en herejía. En las Sagradas Letras se lee: ‘Dijo el necio en su corazón no hay Dios’. Esto así como está, es verdad infalible; pero si omitimos aquellas palabras ‘dijo el necio en su corazón’, resultara una herejía. Seamos justos y criticaremos con más juicio”. Cf. Obras X-Folletos, p. 361.

[38] palanquines. Escritores que elogian a los personajes del momento. Palanquear: “ayudar en un negocio o a alguien interesado en él”. También, “incitar a una persona para que haga algo; estimularla”. Santamaría, Dic. mej.

[39] Fernández de Lizardi dice en La Palinodia de El Pensador...: “En la Proclama  de usted [fray Mariano Soto] a los militares [...] se leen estos periodos: ‘[...] Letras, artes, comercio, industria, agricultura, leyes, cetros, toda felicidad, todos los bienes temporales os deben [a los militares] su esplendor y permanencia...’ (hasta la salud, la hermosura y el talento, ¿no padre Soto?) [...] Todos éstos son bienes temporales.” Cf. Obras X-Folletos, p. 372.

[40] Fustibus erat arguendum. Debía responderse con látigos.

b Al pedante se debe responder con su pedantería. “Responde stulto juxta stultitiam suam”. Es proverbio divino.

[41] Fernández de Lizardi responde a la acusación del padre Soto en su folleto Defensa de El Pensador... como sigue: “Se me olvidaba decir a vuestra reverencia que el talento es don temporal, aunque sea de los que corresponden al espíritu. A lo menos, así lo entiendo, porque no hallo medio entre lo temporal y eterno; y así, si el relato del hombre no es eterno, a fuerza ha de ser temporal.” Cf. Obras X-Folletos, p. 424.

[42]Ius Gentium. Frente al ius civile, es el derecho que la razón natural establece entre todos los hombres, o lo que es igual, el derecho que usan todas las naciones. Con un sentido más preciso, llega a ser estimado como el derecho o conjunto de normas aplicables a todos los habitantes libres del estado romano, tanto ciudadanos como extranjeros o peregrinos, constituido por instituciones comunes a todos los pueblos, abstracción hecha de las eminentemente romanas.” Cf. Diccionario de Derecho Romano. 3ª, Madrid: Reus, 1982, p. 334. Derecho positivo. “El establecido por leyes, bien sean divinas, bien humanas”. “Cuando se hace referencia al derecho positivo, [...] se alude, [...] al derecho natural. Éste es según el pensamiento jurídico tradicional, el ‘derecho que debe ser’, el positivo es, simplemente, el ‘derecho que es’. Pero, el derecho positivo, para nosotros, [...], es el derecho que en un momento histórico determinado y en relación con un pueblo determinado, según el criterio del legislador, no sólo es, sino que también es el que debe ser”. Cf. Diccionario de Derecho. 18ª, México: Porrúa, 1992, pp. 238-239.

[43] Cf. La Palinodia de El Pensador..., Obras X-Folletos, p. 373.

[44] Traducción rítmica verso a verso de José Quiñones Melgoza: “La paz vigor da a las artes y altares a lista al incienso;/ la paz activa y fomenta trigales y vides./ La paz es hija de Dios y nos concede regalos divinos,/ pues en plácida paz dichosos es el hombre.”

[45] Traducción rítmica verso a verso, de José Quiñones Melgoza: “Lleva la paz mercancías preciosas por mares viajeros/ y no deja que estériles sean del mar las rutas./ La paz dondequiera banquetes y festines alegra/ y con suave vino anima los corazones tristes/ La paz permite las bodas y versos canta a Himneo/ y aviva y acalla las liras que están presentes.”

[46] harmonía en el original.

c Arquíloco fue un poeta antiguo, quien sabe si más presuntuoso, que necio e iliterato.

[47] Vegecio. Escritor latino del siglo IV. Autor de Tratado de arte militar.

[48] Ergo qui desiderat pacem, praeparet BELLUM. Por tanto quien desea la paz que prepare la guerra.

[49] Manlio Capitolino. Cónsul Romano que salvó el capitolio sitiado por los galos en 390 a. C. Fue despeñado desde la roca Taepeya.

[50] Ostendite mihi bellum, pacem habebitis. Videant vos paratos ad vim, jus ipsi remittent. Declaradme la guerra y tendréis paz. Que os vean preparados para la violencia y ellos mismos os regresarán la justicia.

[51] Fray Mariano Soto. Cf. nota 13 a Verdadera prisión y trabajos del padre Lequerica, en este volumen.