NOTICIOSO GENERAL

del miércoles 10 de febrero de 1819[1]

 

Remitido

 

Señor editor:[2] mis ocupaciones no me habían permitido hasta ahora dirigirle a usted el siguiente regalo para que se lo remita, dispensando la molestia, al señor Uno de Tantos,[3] o Januario,[4] o Pensador de Chachapalcingo,[5] que todo lo creo uno, hecho por un desapasionado.

Señor Uno de Tantos: por un lado rapa Miguel, y por el otro le rapan a él.[6] Ya que usted no ha dejado hueso sano al pobre Periquillo,[7] quiero yo hacer con usted otro tanto, manifestándole los descuidos de que abundan sus escritos: y casi me lisonjeo de salir con la empresa, pues suple suficientemente mi ineptitud, lo vasto del campo en que me he propuesto correr.

Y para que usted entienda que no obro por pasión, ni le soy desafecto en el orden social, comienzo confesándole que me agradó mucho la fábula que usted cita,[8] y me pareció traída muy a propósito, y tanto que, al tiempo de leerla, me estaba compadeciendo del pobre Pensador, y decía acá para mí: si a los [tira]nos corresponde la lluvia, puede que de la mojada le dé una fiebre que no la cuente. Tal fue la idea que por entonces se me presentó; pero cesaron mis temores, luego que seguí y acabé de leer todo el papel.

Díganos usted, ¿a qué fin aquella sátira insulsa y picante de que sus ocupaciones literarias no le permitían entretenerse en asuntos de poca importancia? ¿De cuál de sus palabras se infiere que dichas ocupaciones fuesen literarias? Fuera de que ¿no lo era también el responder a los cargos que usted justamente le hacía? Pero vamos adelante: usted nota las palabras de poca importancia, lo que parece da a entender que son de El Pensador; ¿pero cuándo éste, ni tácita ni expresamente, dijo tal cosa? Lo que dijo fue que necesitaba el tiempo para cosas que le importaban más (Noticioso, número 457, página 3),[9] que es una cosa muy distinta. Pero pasemos adelante y hallaremos cosas de más gusto.

¿No nos hará usted favor de decirnos como se enristraban antiguamente los caballeros? Yo sólo sabía que enristraban sus lanzas, o que las ponían en el ristre; pero jamás oí que ellos se enristrasen. ¿Por qué siendo usted tan escrupuloso en buscar las acepciones del verbo inculcar, no se detuvo un poquito más para saber las del verbo enristrar? Pero, siguiendo el asunto, díganos usted también ¿cuándo en el párrafo tercero ni en ninguno de los que escribió dijo El Pensador que no respondía porque usted no era un autor conocido por tal? Exigió y justamente el que usted se descubriese;[10] y las razones que para ello dio tienen sin duda más fuerza que las que usted alega para ocultarse; pues aunque para Chachapalcingo sea anónimo el nombre de Pensador Mexicano, no lo es para México, en donde está expuesto a la nota si queda mal.

Dice usted después, tan irónica como infundadamente, que las producciones literarias no valdrían tanto por sí mismas, cuanto por el nombre, casta y ralea del que las escribe, y que este bello principio ha sufrido una infracción (válgate Dios por la manía de no entender las cosas y hablar de ellas como si se entendieran), ¿es lo mismo descubrir al autor de una obra que al que promueve o solicita su composición? Éstas sí que son sandeces.[11]

El modo con que usted se expresa, junto con la confesión de que no es muy afecto a El Pensador Mexicano, hacen sospechar justamente que le aborrece, aunque no sea en el orden social. El suponer lo que no ha dicho, el traer tan malas reglas de caballería y tan fuera de propósito, el satirizar las estampas,[12] cuando no venía al caso, todo nos confirma en la sospecha dicha: si se trata del demérito de la obra por su invención y su estilo, ¿quid ad rem[13] con que las estampas estuviesen bien o mal grabadas? Vaya que, siendo cierto que los descuidos no pueden faltar cuando la pluma se mueve por pasión y no por un motivo justo, parece que de la abundancia de aquéllos podemos inferir ésta.

Vaya otro descuido. En la página 2 del Noticioso número 482 nos dice usted qué es lo que se llama interés en el arte,[14] lo que supone no sólo haberlo visto, sino estudiado. En la página 3 nos dice también: “no produzco esto por haber visto regla alguna, sino por mi propio sentimiento”, y poco más adelante “me fatigo en vano en examinar las obras del señor Pensador a la luz de las reglas y principios”.[15] Yo no comprendo cómo el que sabe lo que se llama interés en el arte, no haya visto regla alguna, ni menos entiendo cómo, sin haber visto regla alguna, se puedan examinar las obras a la luz de las reglas y principios. Si éstas no son sandeces, no sé a quienes deba dárseles con propiedad el nombre de tales. ¿Con cuánta más razón debemos nosotros decirle a usted quousque tandem abutere patientia nostra?[16]

De cuanto usted ha dicho, nada me ha agradado más que aquello de que sus escritos abundan de descuidos y defectos; pues, además de que en esto ha dicho la verdad más innegable, es una ingenua confesión que por tanto es digna de alabanza.

Esto es cuanto de pronto me ha ocurrido decirle al señor Uno de Tantos, dejando el examinar si sus reparos contra el Periquillo son justos o injustos para quien lo entiende.

Dios nos dé paciencia, señor editor, y mande a su afectísimo, que su mano besa

 

El Amolador

 
 


[1] Núm. 486, pp. 3-4. El autor de éste cita párrafos de Calendario y México, ambos en este volumen. Remitimos al lector a estos documentos.

[2] Señor editor. Cf. nota 1 a Calendario, en este volumen.

[3] Uno de Tantos. Cf. nota 54 a México, en este volumen.

[4] Januario. Cf. nota 30 a Calendario, en este volumen.

[5] Pensador de Chachapalcingo. Véase la nota a de Calendario, en este volumen.

[6] Por un lado rapa a Miguel, y por el otro le rapan a él. El significado “metaphórico” de “rapar” o “pelar” es “quitar con engaño, arte o violencia los bienes de otro”. Dic. autoridades, por lo que el sentido de la frase es que quien engaña, recibe de otro individuo el mismo trato que dio a su víctima.

[7] Se refiere a las críticas hechas a El Periquillo Sarniento. Cf. México, este volumen.

[8] Se refiere a la fábula “El sapo y el mochuelo”. Cf. México, en este volumen.

[9] Cf. nota 1 a Calendario, en este volumen.

[10] A partir del Renacimiento la firma operó como valor agregado. La población de México, mayoritariamente hispanohablante aún no aceptaba este refrendo narcisista contra su sentido de comunidad. Cf. nota 1 a Calendario, en este volumen.

[11] Cf. nota 1 a Calendario, en este volumen.

[12] Cf. nota b a México, en este volumen.

[13] quid ad rem. “Qué importa” o bien “Qué importa para este asunto”.

[14] Véase México, en este volumen.

[15] Véase México, en este volumen. La obra de Fernández de Lizardi fue siempre confrontada con los preceptos de Nicolás de Boileau e Ignacio de Luzán. Al respecto véase [Críticas a las poesías...], en este volumen.

[16] quosque tandem abutere patientia nostra. Cf. nota 45 a México, en este volumen.