NOTICIOSO GENERAL

del lunes 30 de noviembre de 1818[1]

 

Calendario

 

 

Chachapalcingo,a noviembre 1 de 1818.

Señor editor. Con sólo decir que me llamo Januario o Juan Largo sabrá usted de mí más de lo que yo quisiera; pero lo que va a sorprenderlo de un modo muy extraño es que el compañero, o sea pervertidor del célebre Periquillo Sarniento[2] (cuyo paradero no he podido saber a pesar de las más eficaces diligencias),[3] se dirija a usted hablando de calendarios; y como mi deseo es complacerlo, comenzaré dándole parte de mi reforma y de los motivos que tuve para ocuparme en ella.

Avergonzado de aquella pesada burla que por pedantes y necios merecimos yo y mi colega Perico en la hacienda en que el vicario de T[l]aneplantla[4] nos dio una lección de astronomía,b me hice el ánimo de no exponerme a ser el objeto del mal humor de algún otro padre, que regañándome más de lo que fuera razón, tuviese la bondad de quererme instruir en un banquete de lo que son cometas, planetas y eclipses. Con esta resolución adopté el consejo que allí me dio el señor vicario de ocurrir al padre Almeida,[5] al Brison,[6] y a otros autores traducidos al castellano, que tratan de la materia pro famosiori, esto es, con extensión.c El fruto de la infatigable aplicación con que he estudiado a estos autores ha sido medio entender el uso de los calendarios, y auxiliado de las noticias que éstos me ministraban de las estaciones del sol y conjunciones de los demás planetas, me dediqué a conocer las constelaciones celestes y aun a distinguir los planetas entre sí.

En efecto, por lo que el señor Ontiveros[7] ponía al principio de cada mes: tal día Luna con Mercurio, tal con Venus, etcétera, el día tantos entra el Sol en tal signo. Mediante mi observación he podido distinguir a Venus, que tan hermoso se nos ha presentado en este tiempo; he advertido su movimiento directo que casi ha sido de un signo, desde el tiempo que yo lo observo. He notado a Júpiter en la constelación del Sagitario, y que de la flecha de éste, donde se hallaba un poco más de un mes, ha caminado hacia el occidente hasta las estrellas que están en su hombro. Me he cerciorado de que una estrella pálida y sin brillo, que se divisa entre la estrella más oriental de la ala del caballo Pegaso y la pierna de Acuario, es el planeta Saturno. Marte, que el mes de diciembre del año pasado se hallaba en la constelación del Toro, se anda ahora con el Sol, y por esta causa no lo puedo notar. En una palabra, señor editor, con el calendario en la mano y sin más telescopio que mi simple vista persigo a los planetas como si fuesen mis inquilinos y no me hubieran pagado la renta de la casa. Por lo que, y para proseguir en su alcance, luego que oí decir que había calendario nuevo, y que era dispuesto por el señor Pensador Mexicano,[8] envié a Puebla[9] un peso[10] para que me trajeran uno.

Me figuré que un autor como el citado, que tiene dedicadas sus tareas a la ilustración del público, a cuyo efecto se ha empeñado en dar a luz tres obras famosas,[11] me ministraría más noticias, y aun más preciosas para continuar en mi empeño de observar los movimientos de los astros. Me prometía nada menos que darle cara a Herschel,[12] aun cuando me fuese preciso valerme de algún medio extraordinario, como ir a la capital de la provincia a molestar al que tuviese un buen telescopio para dirigirlo al punto que el nuevo astrónomo me indicase. Había formado la esperanza de que, si Dios me daba vida, en todo el año venidero me hacía un perfecto profesor con los abundantes recursos que se ponían a mi disposición; pero ¿cómo explicar a usted el sentimiento que tuve al ir por la noche a casa del señor Pensador de este pueblo, quien me facilitó uno de sus mozos para mi interesantísimo encargo,  y,  viendo que en lugar de unas efemérides completitas que esperaba, me va trayendo un calendario diminuto y menguado respecto de los antecedentes? Y como que este señor no es muy afecto a su tocayo y con-profesor el Mexicano, luego que me puse en su presencia me dijo con tono grave y magistral: amigo, lo dicho dicho. Las protestas de este señor Pensador quiere que le valgan más de lo que nosotros podíamos consentir: con haber anticipado que sus obras no las dirigía a los sabios, aunque las dedica a todo el público; con prevenir la crítica que se podía hacer de ellas haciéndolas preceder de prólogos, dedicatorias, advertencias generales y particulares;[13] confesando en ellas defectos que son irremisibles, como el de que el método y estilo que observa es el que menos trabajo le ha costado, que escribe currente cálamo, esto es, con ligereza, y olvidándose de la obligación esencial que le impone el brillante título de Pensador de una ciudad culta, en donde los pensadores no son tan raros que lo pueda ser por excelencia el que primero tenga esa pretensión; apartándose de aquella nota que debe haber visto, porque su defecto no es la falta de erudición, de que la manera de escribir desaliñada y descuidada demuestra siempre poca atención y mucha falta de respeto,d sin que pueda servir de disculpa la sanidad de las sentencias y utilidad de las ideas, porque aun éstas se deben exponer en el mejor y más pulido estilo, de otro modo lo hacen hasta los idiotas, según Quintiliano,e y serían inútiles las reglas de la oratoria, con aquellas razones, digo, y otras semejantes, se cree enteramente libre para darnos unas producciones en que al instante se echa de ver la idea que el autor nos da de ellas, esto es, que escribe con desaliño y sin aplicación, cuidándose poco del gusto, o de aquella calidad sin la cual las obras más instructivas vendrán a ser inútiles, porque o no serán leídas, o si lo fueren, causarán desagrado y cansancio.

Pero, contrayéndonos al punto del Calendario, a mí me parece que en un país donde se carece de otros almanaques más científicos, los que se dedican a formar aquél jamás andarán demasiado extensos en indicar los movimientos celestes. Por otra parte, de lo que poco cuesta, buen recaudo: es tan fácil desempeñar este asunto al que maneja con destreza sus tablas astronómicas (como es necesario que lo haga el que se mete a hacer calendarios), que da muy poco concepto de su instrucción con semejantes omisiones.

Han llegado las ciencias a tal grado de perfección que el público tendrá  razón en exigir de los sabios, que se destinan a servirlo, no sólo la satisfacción de sus primeras necesidades, sino aun lo que pueda ser útil para su curiosidad y recreación. Mirando a este género de obras, bajo el aspecto de que sirven también para que se juzgue de la civilización y literatura de un país, no creo que habrá quien diga que se puede publicarlas con desatención, y que el mejor modo sea el que cueste menos trabajo a su autor.

El conocimiento de los Signos del Zodiaco, aunque se haya hecho menos necesario para todas las gentes, porque los astrónomos nos ahorran el trabajo de observaciones personales para el cálculo preciso del tiempo y las estaciones, con todo, pueden darse casos en que sea para un hombre un recurso apreciable poder determinar el signo en que se halla el Sol, y esta ventaja, aunque no sea más que para una simple instrucción, la facilita en gran manera el calendario con sólo el ligero trabajo de apuntar la constelación en que suceden los diferentes aspectos de la Luna, y las conjunciones de este satélite, el más propio para la observación con los demás planetas.

Con la publicación del Calendario nuevo de que vamos tratando, se nos ha puesto de manifiesto una cosa, que seguramente el vulgo no sospechaba, y es la inexactitud de la astronomía, o sea de los astrónomos en hacer sus cálculos, ¿cómo es que dos profesores de un mismo lugar, supuestos unos mismos datos, no pueden ajustar el resultado de sus operaciones dirigidas por reglas exactas? Casi todas las horas de los aspectos lunares difieren considerablemente entre los tres calendarios que se nos han dado para el año venidero, pero la mayor diferencia que se advierte es en el cuarto creciente del 26 de septiembre, que El Pensador anuncia a las 2 horas y 4 minutos de la mañana, y el señor Ontiveros  para las 7 y 14 minutos de la noche, haciendo la corrección en el primero de los 4 minutos que probablemente es la correspondiente a la longitud de Puebla, y supuesto que el último haya hecho la que conviene por estar dispuesto su Calendario para esta ciudad, vienen a discrepar en 17 horas y 14 minutos, los [sic] que da una diferencia de meridianos de 238 grados y medio. De suerte que, si un navegante observase el instante preciso de la dicotomía, o de este cuarto creciente, para deducir la longitud a que se halla respecto de Puebla o México, suponiendo que se valiese del calendario que esté errado, podía muy bien creerse engolfado en el mar del sur, cuando realmente estuviese bajo el meridiano de La Habana. Lo que más sorprende es que en el Calendario de El Pensador este error tan grave no se propague a las lunaciones sucesivas, porque en el cuarto creciente del siguiente mes de octubre lo pone a las 11 y 17 minutos, a que, agregando los 4 de diferencia de meridianos entre México y Puebla, salen las 11 horas y 21 minutos que el señor Ontiveros pone para la última ciudad. Lo mismo se advierte haciendo el cotejo entre los calendarios de El Pensador y de don Francisco Rangel,[14] que, difiriendo en muchas lunaciones en cantidad considerable de minutos, se acuerdan y vuelven a discrepar.

En cuanto a los avisos meteorológicos, la materia no es susceptible de cálculo riguroso. Con todo, si en vez de servirnos de las tablas de Toaldo,[15] formadas no sólo en climas, sino aun en zona diferente, tuviéramos otras deducidas de observaciones diligentes, practicadas en el reino, creo que vendríamos a fijar con una aproximación útil los términos de algunas causas generales; por ejemplo, el principio de los vientos de oriente, que son los que riegan nuestros campos, trayendo las nubes copiosas que se forman por la evaporación del océano. Por unas tablas como las propuestas, se determinaría con la misma precisión que los egipcios anunciaban las inundaciones y bajas del Nilo, o tal vez encontraríamos más regularidad de la que ahora podemos figurarnos, bien que jamás se llegaría a determinar el día en que hubiese tempestad, ni aun en cierto lugar, ni cuál sería el mejor o peor de cada mes, pues esto, a menos de que no se sepa por revelación, parece alucinamiento o algo de aquello que censuró el vicario en usted y Perico en la hacienda de don Martín.[16] Reconocidos pues los límites de tiempos en que suceden los meteoros comunes o generales a todo el reino, se dejaría a la particular observación de sujetos instruidos la modificación que los efectos de aquéllos deben padecer por la diferente localidad. En Nueva España parece que más que otra causa contribuye a la temperatura la distinta elevación del suelo sobre el nivel del mar. Si ella es corta, como sucede en todos los lugares calientes y si éstos no están en las costas, se les puede predecir pocas lluvias durante el día, y que sus fuertes aguaceros los tendrán por las noches; lo mismo, a los terrenos que son blanquecinos por mucha extensión, pues se experimenta que, tal vez por la reflexión que se hace en los rayos solares, las nubes se mantienen muy altas y sin condensarse. Todo lugar que tenga una sierra elevada al oriente debe ser falto de lluvia, porque, soplando el viento de esta parte, las nubes que acarree tropiezan con ese obstáculo, y sólo pueden superarlo elevándose y enrareciéndose, de suerte que pasan por encima del tal lugar a una altura mayor de la que conviene para que la nube se resuelva. En Puebla, por el contrario, las montañas elevadas están al poniente; contra ellas se reúnen las nubes que transportan los vientos, se acumulan y condensan, y tanto éstos como aquéllas vuelven de rechazo a encontrarse con la corriente general del aire y vapores que continúan en venir del oriente: se forman terribles choques, y de aquí, en mi juicio, la causa de las tempestades y fuertes aguaceros que suceden en esta ciudad. Y así, aunque un conjunto de causas no permitan anticipar avisos exactos sobre los meteoros, si se observase con aplicación, se nos haría menos incierta la materia, y por supuesto ni se pretendería alucinar al vulgo, ni cubrir la falta de investigación con la sandez de que sucederá lo que Dios quiera.

La corrección del tiempo que se prescribe en el otro Calendario es mayor de la que se saca de las longitudes que más merecen nuestra confianza, y para que se vea, apunto aquí las que en aquél se proponen transferidas del meridiano de París al de Madrid, y anotando los nombres de los observadores, en la inteligencia de que la última no es posible asignarla por apuntarse en el Calendario todo el Nuevo Reino de León.[17]



Longitud al Occidente de Madrid

                           

En grados              En tiempo

México                95o 23’ 30”            6 horas 21’ 31”           Humboldt en el convento de
                                                             San Agustín.[18]

Puebla                  94o 20’ 45”            6 horas 17’ 19”           El mismo.

Perote[19]                93 o 31’ 45”            6 horas 14’3”              El mismo.

Xalapa[20]               93 o 13’0”               6 horas 12’48”                        El mismo.

Veracruz[21]            92 o 24’40”             6 horas 9’44”              Humboldt y Ferrer.[22]

Querétaro[23]          96 o 28’30”             6 horas 25’ 50”           El mismo.

Guanajuato[24]        97 o 13’0”               6 horas 28’ 48”           El mismo en casa de don
                                                             Diego Rul.[25]

Valladolid[26]         97o 10’ 15”            6 horas 28’ 37”           El mismo en el Obispado.[27]

Durango[28]            99o 53’0.                6 horas 39’ 27”           Don Juan José de Oteyza.

Guadalajara[29]       99o 20’ 30”            6 horas 37’ 18”           Mascaró y Rivera.

 

De aquí se deduce que respecto del meridiano de México se han de hacer las siguientes correcciones.



Quitando

 

Puebla                                                     4’ 12”

Perote                                                      7’ 28”

Xalapa                                                      8’ 43”

Veracruz                                                   11’ 57”

 


Añadiendo


Querétaro                                                   4’ 19”

Guanajuato                                                 7’ 17”

Valladolid                                                    7’ 6”

Durango                                                     17’ 56”

Guadalajara                                                  15’ 47”

 

 

Tiene usted aquí, señor editor, el compendio de todo lo que me dijo El Pensador de Chachapalcingo, pero nada me satisface sino el decirlo a usted, porque a la verdad estas diferencias de horas y minutos son mayores que las debe haber entre México y la gran China, y no sabemos a cuál atenernos de los tres calendarios. Usted me dispense y mande a su atento servidor que besa su mano.

 

Januario por el vulgo Juan Largo[30]

 
 


[1] Noticioso General, t. V, núm. 455. pp. 1-4. México: Imprenta de Arizpe (con licencia). Este periódico se fundó el 24 de julio de 1815 y duró hasta 1824. En el Diario de México (26 jul. 1815) se atribuye su fundación a J. C. (Joaquín Conde). Salió primero dos veces por semana, y luego los lunes, miércoles y viernes en tamaño mayor. Constaba de 4 páginas. Se imprimió en las oficinas de José María de Benavente; en la redacción intervino Wenceslao Sánchez de la Barquera. Cf. Antología del Centenario, II, p. 1072.

Fernández de Lizardi responde a este artículo en el Noticioso General, núm. 457, 4 dic. 1818, p. 3; en él escribe lo siguiente: “por dos razones omito contestar el artículo Calendario que remitió a usted Uno de Tantos [...]. La primera, porque necesito el tiempo para cosas que me importan más; y la segunda, porque confesando el autor, sea el que fuere, que no es muy afecto a El Pensador Mexicano [...] me ahorra el trabajo de hacerle ver los descuidos de que abunda su papel, pues no pueden éstos faltar cuando se mueve la pluma por pasión y no por un motivo justo.

“No obstante, porque no parezca que éste es un efugio para no entrar en disputa, puede tener entendido que responderé a cuanto ha dicho, siempre que nos diga quién es, firmándose con su nombre y apellido, y sin esconderse detrás de Juan Largo o Juan Chaparro [...].

“Por ahora sírvase usted sólo de decirle por vía de advertencia que la crítica no es el arte de insultar a los autores, sino el de inculcar la verdad, y que esto se puede hacer muy bien sin afectar erudición, sin desviarse del asunto principal, sin manifestar odio, sin valerse de la sátira, de la ironía, del sarcasmo, ni de la facetada, y sin poner siquiera una sandez en lo que escribe.

“Con que sepa por ahora, señor Januario, esta reglita, tendrá bastante para enmendarse en lo sucesivo”. Cf. Obras XIV-Miscelánea, pp. 193-195.

a Pueblecito muy pequeño [a] una legua de Puebla.

[2] El título completo es Vida y hechos de Periquillo Sarniento, escrita por él para sus hijos. La primera edición se publicó con las licencias necesarias. México: Oficina de don Alejandro Valdés (Calle de Zuleta), 1816. Tres volúmenes, en 4°, sólo se publicaron éstos, pues el gobierno español negó el permiso para la impresión del cuarto volumen. Dichos volúmenes contienen 36 grabados firmados por Mendoza. Hubo una segunda edición parcial impresa en Casa de Daniel Barquera, otra en la Oficina de don Mariano Ontiveros, 1825, “corregida y aumentada por su autor”, dedicada a Guadalupe Victoria; la tercera edición también corregida y aumentada en la Imprenta de Galván, con cinco volúmenes en 8° y 55 grabados. De Januario se dice en El Periquillo: “Este Januario era un joven de diez y ocho a diez y nueve años [...] era demasiado burlón y gran bellaco, y no le perdí pisada ni dejé de aprovecharme de sus lecciones [...]. Era de cuerpo gallardo, alto y bien formado; pero como [...] era constitución que nadie se quedara sin su mal nombre [...] le pusimos a don Januario Juan Largo [...]; él fue mi maestro y mi más constante amigo.” Cf. Obras VIII-Novelas, pp. 109-110. El autor de este texto se refiere al tomo II, capítulos cuarto titulado “Solo, pobre y desamparado Periquillo de sus parientes, encuentra con Juan Largo, y por su persuasión abraza la carrera de los pillos en clase de cócora de los juegos”, y sexto “Vuelve Perico en sí en el hospital. Critica los abusos de muchos de ellos. Visítalo Januario. Convalece. Sale a la calle. Refieres sus trabajos. Indúcelo su maestro a ladrón, él se resiste y discuten los dos sobre el robo.” Ibidem, pp. 282-299 y 316-331, respectivamente.

[3] Conformada la novela íntegra de cinco tomos, la primera edición de El Periquillo Sarniento (Oficina de don Alejandro Valdés, calle de Zuleta, año de 1816) consta sólo de tres; no apareció el siguiente tomo debido a una prohibición expresa del virrey don Juan Ruiz de Apodaca, de ahí que el autor de este artículo diga que no conoce el paradero del personaje. Cf. Obras IX-Novelas, pp. 207-208.

[4] Tlanepantla. Distrito del actual Estado de México. Donde se erigía la villa de Tlanepantla fundada por otomíes en el siglo XV y posteriormente dominada por los aztecas.

b El Periquillo [Sarniento], tomo I, capítulo seis [titulado “En el que nuestro bachiller da razón de lo que le pasó en la hacienda, es algo curioso y entretenido”. Cf. Obras VIII-Novelas, pp. 108-120].

[5] Theodoro Almeida (1722-1803). Sacerdote y naturalista portugués. Fundó La Academia Real de Ciencias de Lisboa. Fernández de Lizardi citó sus Recreaciones filosóficas o Diálogo sobre la filosofía natural y Al hombre feliz independiente del mundo y de la fortuna, Armonía de la razón y de la religión. En el Periquillo Sarniento, t. I, caps. 6, 7; t. II, cap. 3 y en La Quijotita y su prima, t. IV, cap. 9.

[6] Maturine-Jaques Brissón (1723-1806) autor de Diccionario Universal de Física (1796-1802) 10 vols., y de Tratado elemental o principios de física (1789), Le regne animal (1756), Ornithologia (1760), entre otras. El texto aludido de El Periquillo es: “nada tenemos que esperar favorable del color blanco de las colas de los cometas, ni que temer adverso por su color rojo. Esto es lo más fundado y probable por los físicos en esta materia, lo demás son vulgaridades que ya todo el mundo desprecia. Si usted quisiere imponerse a fondo de estas cosas, lea al padre Almeida, al Brisson y otros autores traducidos al castellano que tratan de la materia Pro famosiori”. Cf. Obras VIII-Novelas, p. 117.

c [El] Periquillo [Sarniento]. Idem, página 77. [Cf. t. I, cap. 6, en Obras VIII-Novelas, p. 117]

[7] José Mariano de Zúñiga y Ontiveros, trabajó en la formación de efemérides, pronósticos, calendarios y guías de forasteros. Su calendario manual se siguió editando por lo menos hasta 1853. Ontiveros tenía privilegio exclusivo para imprimir calendarios de bolsa. Él y su hijo Felipe desde 1795 “arreglaron a los meridianos de México y al de Puebla tres clases de calendarios, aunque no todos aparecieron en la misma fecha ni dejaron de salir en la propia a saber: Calendario manual pequeño, propio para ser llevado en el bolsillo; Epheméris, dedicadas a los agricultores y a los enfermos, y el Calendario manual y Guía de forasteros, donde figuraba todo el personal eclesiástico, militar y político del virreinato, con mención individual de la categoría de los personajes y domicilios en que vivían”. Cf. Luis González Obregón, Croniquillas de la Nueva España, pp. 72-73.

[8] No hemos localizado hasta la fecha este calendario, ni tenemos mayores referencias de su publicación. De Fernández de Lizardi hemos publicado tres calendarios: Calendario histórico y Pronóstico político. Por El Pensador Mexicano para el año bisiesto (1823). Cf. Obras XII-Folletos, pp. 547-611; Calendario histórico y Pronóstico político por El Pensador Mexicano para el año del Señor de 1825. Cf. Obras XIII-Folletos, pp. 161-250; y el Calendario para el año de 1825 dedicado a las señoritas americanas, especialmente a las patriotas por El Pensador Mexicano. Ibidem, pp. 251-317. En 1816 Fernández de Lizardi publicó el Pronóstico curioso en el que se miente alegremente a costa de las nubes y de la atmósfera; pero se habla la verdad en otras cosas como verá el que lo comprare. Dispuesto por D. J. F. L. Para el año bisexto del Señor de 1816. Cf. Obras X-Folletos, pp. 175-203, que no es un calendario estrictamente como se lee en su título. Una de las críticas de Fernández de Lizardi sobre el anacronismo de los privilegios reales fue expresada en 1821, en su folleto Cincuenta preguntas de El Pensador Mexicano a quien quiera responderlas, en el que leemos: “Acabamos de ver el Calendario manual, dispuesto por don Mariano Ontiveros para el año de [1]822, segundo de nuestra Independencia, en el que se leen estas palabras: con privilegio para todo el reino. Sabemos que el autor tenía privilegio exclusivo por los reyes de que los tales privilegios se compraban contra toda justicia con perjuicio del resto de los ciudadanos [...] en esta inteligencia, el privilegio que tenía el señor Ontiveros ha prescrito en el momento que el imperio se separó de la dominación española, porque ningún rey puede conceder privilegios semejantes en reino ajeno, y más unos privilegios opuestos directamente al sistema liberal que hemos adoptado.” Cf. Obras XI-Folletos, pp. 339-349.

[9] Puebla. Cabecera de la municipalidad del mismo nombre. Fue fundada del 27 de septiembre de 1531 y se dividió en treinta y tres sitios. En 1532 fray Toribio de Benavente trazó la ciudad y comenzó a construirse. En el actual estado de ese nombre sobreviven comunidades que hablaban náhuatl, otomí, totonaco, mixteco-zapoteco y populoco.

[10] peso. Cf. nota 13 a Carta de los Guadalupes a don José María Morelos. Diciembre 7 de 1812, en este volumen.

[11] Se refiere a El Periquillo Sarniento, La educación de las mujeres o la Quijotita y su prima. Historia muy cierta con apariencias de novela, y Noches tristes. La segunda, con las licencias necesarias. México: Oficina de don Mariano Ontiveros (calle del Espíritu Santo), tomo I, 1818 y Alejandro Valdés (calle de Santo Domingo), t. II, 1819. El t. I consta de una hoja de preliminar, cuatro de prólogo, sin numerar, 322 páginas de texto y 1 hoja de índice; el t. II consta de 268 páginas y una hoja de índice, la obra viene ilustrada con láminas en cobre del grabador Torre Blanca. Esta primera edición quedó trunca, pues a su autor le faltaron recursos económicos para terminarla. La edición completa en cuatro volúmenes es de 1831-1832. La tercera, Noches tristes. Con superior permiso. Primera edición. México: En la Oficina de don Mariano de Zúñiga y Ontiveros (calle del Espíritu Santo) 1818. 118 pp. Noches Tristes y Día Alegre. Segunda edición corregida y añadida por su autor. Con superior permiso. México: Reimpreso en la Oficina de don Alejandro Valdés (calle de Santo Domingo y esquina de Tacuba) 1819. 265 pp. Ilustraciones. Cf. Obras VII-Novelas.

[12] Herschel. Nombre que se daba al planeta Urano. Se hablaba de siete planetas: Luna, Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno y Herschel. Éste, llamado así por Federico Guillermo Herschel, su descubridor en 1781.

[13] Fernández de Lizardi escribe en el Prospecto de El Periquillo Sarniento: “Considerando mi poco caudal para dar a luz una obra completa en ningún género, y tratando desde luego de evitar la nota de orgulloso (que sobre lo ignorante cae malísimamente), no quise ponerle a la obrita que estoy trabajando ningún título de muchos que se me pusieron en la cabeza.” Cf. Obras VIII-Novelas, p. 4. En las “Advertencias preliminares” a La Quijotita y su prima se lee: “Si alguna persona se subscribiere o comprare esta obrita, creyendo hallar en ella invención singular, erudición escogida, método exacto, estilo brillante y todas aquellas bellezas que encantan y sorprenden en muchas obras del día, se llevará un buen chasco sin duda alguna, pues sólo encontrará una invención común, una erudición no rara, un método en partes incorrecto, y un estilo sencillo y familiar. Tal es el todo de la presente obrita, y esta ingenua confesión, si no basta a defenderla [...] bastará a lo menos para probar que su autor no aspira a pasar la plaza de sabio sorprendiendo a los incautos.” Cf. Obras VII- Novelas, p. 9. En las Noches tristes, “Argumento o idea” escribió Lizardi: “No me lisonjeo de haber logrado mi intención [de imitar a Cadalso], antes conozco que así como es imposible que la ruda iguale a la palma [...], así es imposible que mi pobre pluma iguale los sublimes rasgos de erudición y elocuencia que a cada línea se admiran en las obras de este [...] escritor. Con esta salva, me parece que deben acallarse los críticos cuando noten la enorme diferencia que hay entre mis Noches y las de Cadalso, pues yo no digo que he imitado su estilo, sino que quise imitarlo.” Cf. Obras X-Folletos, p. 422.

d Blair. [Hugo Blair, cf. nota 56 a Auto de Inquisición..., en este volumen. En su primera Lección Blair afirma: “The first care of all such as wish either to write with reputation, or to speak in public so as to command attention, must be, to extend their knowledge; to lay in a rich store of ideas related to those subjects of which occassions of life may call them to discourse or to write.” Cf. Blair, Lectures on Rethoric and Belles Lettres, p. 3.]

e Magna tamen sententias et res bonas (itas enim gloriari solent) elidunt: non et barbari, et sirvi: et sic hoc sat [sic] est nulla est ratio dicendi. Instit. Lib. 2. [Sin embargo tanto los bárbaros como los siervos dicen pues grandes pensamientos; y si eso no basta no hay oratoria. Cf. Quintiliano, Institución Oratoria].

[14] José Francisco Dimas Rangel. Relojero mexicano. Dedicó su ingenio a la física y matemáticas. Fue el realizador del reloj de la Catedral Metropolitana y de las dos campanas de la misma. Escribió la Advertencia para el buen uso de los relojes de faltriquera y para hacer juicio de su bondad y Discurso físico sobre la formación de las auroras boreales.

[15] Tablas de Toaldo. Tenemos noticia de Giuseppe Toaldo (1719-1798), autor de La meteorologia aplicada á la agricultura: memoria premiada por la sociedad Real de las ciencias de Montpellier, por el Abate D. Josef Toaldo; tr. e il. con varias notas por Don Vicente Alcalá-Galiano, s.l: En la imprenta de Don Antonio Espinosa, 1786, que se encuentra en el Fondo Reservado de la Biblioteca Nacional de México.

[16] Se refiere a lo narrado en el capítulo seis del primer tomo de El Periquillo Sarniento, en el que el vicario hace evidente la ignorancia de Periquillo sobre la naturaleza de los cometas; en el siguiente capítulo se trata sobre los eclipses. Esto ocurre mientras el protagonista pasa sus vacaciones en la hacienda de don Martín. Cf. Obras VIII-Novelas, pp. 96-122.

[17] Nuevo Reino de León. Nombre original del actual estado de Nuevo León. A orillas del Río Salado “habitaban los tobosos”; los “malincheños; los hualahuises, y los aguaceros, los comepescados; los borrados ocupaban el centro de este territorio y los pames y los xanambre dominaban en el sur” Cf. Leduc, Lara y Pardo y Roumagnac, Diccionario de geografía, historia..., p. 696. Los españoles fundaron una misión cerca del Cerro de la Silla, donde ahora se asienta Monterrey, nombrado así por  el conde de Monterrey, Gaspar de Zúñiga y Acevedo que a finales del siglo XVI gobernaba la Nueva España, quien ordenó que esas tierras y las demás que fueran descubiertas se llamaran Reino de León por ser el nombre del franciscano Diego de León, primer español que entró en tales territorios.

[18] Convento de San Agustín (México). “El convento e iglesia real de San Agustín de esta ciudad, [...] se comenzó con la solemne colocación de su primera piedra en 1541, para cuyo hermoso edificio dio el señor emperador 162,400 pesos [...]. La real audiencia que entonces gobernaba les señaló [a los primeros siete agustinos que llegaron en 1533 a Nueva España] para que fundasen un sitio al S. de la ciudad que los indios llamaban Zoquipan, que quiere decir lodoso o cenagoso, porque el sitio lo era a causa de un manantial de agua que de él había, y allí labraron su primera iglesia y convento” Cf. José María Lafragua y Manuel Orozco y Berra, La ciudad de México, pp. 145, 171-172. En el centenario del natalicio de Alejandro von Humboldt, la Sociedad de Geografía y Estadística colocó una placa conmemorativa en la casa de la calle de San Agustín, donde vivió durante su estancia en México. Cf. Leduc, Lara y Pardo y Roumagnac, Diccionario de geografía, historia..., pp. 456-457. Recibía el nombre de San Agustín la calle en donde se encontraba el convento de esa orden: la 3a. calle de la actual República de Uruguay, entre Espíritu Santo (hoy Isabel la Católica) y Monterilla (hoy 5 de Febrero).

[19] Perote. En el actual estado de Veracruz, municipio del Cantón de Xalacingo. Contaba con la fortaleza de San Carlos o Castillo de Perote, almacén de armamentos para proteger el puerto.

[20] Xalapa. Cantón del actual estado de Veracruz y ciudad cabecera del Cantón y municipalidad del mismo nombre.

[21] Veracruz. Cf. nota 116 a Inquisición de México..., en este volumen.

[22] Antonio Ferrer. Abogado mexicano. Formó parte de la conspiración de 1811 con el fin de secuestrar al virrey Venegas y proclamar la Independencia. Hubo delación. Ferrer fue fusilado en la plaza de Mixcalco el 29 de agosto de 1811. Dicha plaza la rodeaban: al norte, la calle de Mixcalco; al sur, Avenida República de Guatemala; al este, Vidal Alcocer; y al oeste, la prolongación del callejón de Mixcalco. Antonio Ferrer, Ignacio Cataño y Antonio Rodríguez Dongo, y otros planearon “apoderarse del virrey el 3 de agosto (de 1811) entre cuatro y cinco de la tarde, en el Paseo de la Viga, a donde salía diariamente”, liberar a los presos de la Acordada y diferentes cárceles, y levantar a los barrios “con el estímulo del saqueo que había de verificarse en toda la ciudad”. Cf. Niceto de Zamacois, Historia de México. t. VII, p. 546. Al denunciarse la conspiración se aprehendieron a los conjurados. Los seis cabecillas fueron ejecutados en la plazuela de Mixcalco, los detenidos fueron condenados a presidio y otras penas menores. En Conversaciones del Payo y el Sacristán, núm. 8, t. II, Fernández de Lizardi escribe que generales, oficiales, eclesiásticos y togados cooperaron a sofocar la libertad nacional: valiéndose con los insurgentes, o abusando en el púlpito y confesionario de la Biblia “para santificar la servidumbre” o sentenciando al patíbulo a víctimas como Hidalgo, Allende, Morelos, Matamoros, Dongo, Cataño, Ferrer, y tantos otros”. Estos héroes, aún viven, dice, entre nosotros. Cf. Obras V-Periódicos, p. 350. En Remedios contra la Liga que ya tenemos encima, Lizardi recuerda el asesinato de Mixcalco y aclara que Cataño era su pariente. Cf. Obras XII- Folletos, p. 652.

[23] Querétaro. Actual estado de la República Mexicana anteriormente incluido en la intendencia de Guanajuato, su capital, del mismo nombre, fue declarada ciudad por Felipe IV en 1665.

[24] Guanajuato. Estado de la República Mexicana desde que fue reconocido como tal por la Constitución de 1824. Su territorio es casi el mismo que ocupó durante el virreinato la intendencia de su nombre. Escenario de muchos acontecimientos de la guerra de Independencia. En uno de sus pueblos, Dolores Hidalgo, se inició dicha rebelión. Territorio muy rico por su minería (oro, plata, cobre y zinc) Otros centros mineros en este actual estado son: La Luz, Monte de san Nicolás, Santa Rosa, San José de Itubirde, San Luis de La Paz, y Xixú. Su capital del mismo nombre tuvo una Casa de Moneda de 1812 a 1822 y de 1824 a 1900, ahí se troqueló la primera moneda insurgente, emitida por Hidalgo en 1810.

[25] Diego Rul. Conde de Casa Rul (título creado en 1804), rico minero y terrateniente de Guanajuato, originario de Málaga. Era propietario de tres grandes haciendas en la intendencia de Zacatecas: San Jacinto de Ciénega Grande, Cieneguilla y Santa Rita de Tetillas. Antiguas propiedades jesuitas, en 1803 se valuaron en 275 452; 240 035 y 784 560 pesos respectivamente. La gran hacienda de Tetillas tenía una superficie de 169 leguas cuadradas. Diego Rul invirtió la mayor parte de su capital en tierras, y además financió, junto con los condes de Valenciana y de Pérez Galvez, la rehabilitación de la mina de Mellado Fraustro en Guanajuato, hacia 1804. Rul llegó a comprar 12 de las 32 acciones de esta mina. También era dueño de dos plantas de beneficio, la de Salgado, que valía 151 389 pesos y la de Sacromonte, con un valor de 57 581 pesos. Rul ordenó la construcción de una magnífica mansión neoclásica en Guanajuato, de la que Humboldt escribió que “podría servir de adorno en las mejores calles de París y Nápoles”; su construcción costó 112 410 pesos y el arquitecto que la construyó (quizá el reconocido artista neoclásico Eduardo Tresguerras) recibió honorarios de 6800 pesos. Fue amigo del talentoso matemático José Antonio de Rojas, profesor del Colegio de Guanajuato. “Cuando el joven profesor tuvo que huir a los Estados Unidos al ser acusado de herejía y de ser libre pensador, se detuvo durante algún tiempo en la hacienda que Rul poseía en Aguascalientes. Rul mismo fue acusado ante la Inquisición por un abogado criollo de nombre Vicente Figueroa, quien declaró que Rul poseía libros prohibidos y que en una conversación había afirmado ‘que Jesús Cristo había sido un hombre de bien y justo, privándole de la divinidad’. No obstante, no fue aceptada la acusación. Cualquiera que haya sido la razón, el hecho innegable es que Rul claramente pertenecía a un pequeño grupo de españoles ilustrados, tales como el intendente Riaño, que por entonces vivían en Guanajuato”. Cf. David A. Brading, Mineros y comerciantes en el México borbónico (1763-1810), pp. 410-411, 394-395.

[26] Valladolid. Hoy Morelia en el estado de Michoacán, ciudad capital del mismo. Limita con Tarímbaro, Chucándiro, Huaniqueo, Charo, Madero, Acuitzio, Lagunillas, Quiroga y Coeneo. Situada en el valle de Morelia, llamado antiguamente Guayangareo. Fue fundada en 1541 por el virrey Antonio de Mendoza, quien le dio el nombre de Valladolid, que le fue cambiado en memoria de José María Morelos y Pavón, por el de Morelia, el 12 de septiembre de 1828. Es famoso el acueducto de 253 arcos que llega hasta el centro de la ciudad. Entre sus instituciones culturales se encuentran la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (antiguo Colegio de San Nicolás), el Museo Michoacano, la Escuela de Música Sacra y el Coro de Niños Cantores, reconocido en el país y el extranjero.

[27] Obispado de Valladolid. Fue erigido por bula Illius fulciti praesidiu del Papa Paulo III, del 8 de agosto de 1536, ejecutada por Vasco de Quiroga en la iglesia de san Francisco Tzintzuntzan el 6 de agosto de 1538. Su titular fue san Francisco hasta 1550 y después san Salvador. Su sede ha sido: Tzintzuntzan, hasta 1540; Pátzcuaro de 1540 a 1580; y Valladolid (Morelia) desde el 16 de septiembre de 1828 en virtud del decreto del 9 de noviembre de 1579, que ejecutó la bula de Pío V del 24 de octubre de 1571. El traslado se hizo en junio de 1580. Se llamó de Michoacán hasta el 22 de noviembre de 1924, y es arquidiócesis metropolitana desde el 19 de marzo de 1863.

[28] Durango. Estado de la República  Mexicana. Sus límites son: al noreste Chihuahua, al noroeste, Coahuila; al este Sinaloa; al oeste Zacatecas, al sureste, Nayarit y al suroeste, Jalisco. La capital del actual estado del mismo nombre.

[29] Guadalajara. Ciudad capital del estado de Jalisco. Fundado en abril de 1530 por Cristóbal de Oñate, compañero de Nuño de Guzmán. La llamó Espíritu Santo, nombre que se le cambió en 1542 por el de Guadalajara, en recuerdo de la ciudad española de donde era originario Guzmán. Esta ciudad fue escenario de sucesos muy importantes en la guerra de Independencia. Allí hizo su entrada triunfal Miguel Hidalgo el 26 de noviembre de 1810, se dedicó a organizar el gobierno y el ejército. A los tres días publicó el famoso bando en el que abolía la esclavitud. Guadalajara fue la capital de la provincia de Nueva Galicia.

[30] Januario por el vulgo Juan Largo. Se trata de un seudónimo usado por Manuel Terán según se aclara en la polémica que entabla con Fernández de Lizardi en el Noticioso General durante febrero de 1819.Cf. Obras XIV-Miscelánea, pp.199-123.