NOTICIOSO GENERAL[1]

del 13 de octubre de 1820

 

 

Artículos comunicados

 

 

Señor editor.[2] Suplico a usted un lugarcito en su Noticioso General para que allí me inserte este parrafito a El Pensador Mexicano.

Señor de Lizardi: cada cual da de lo que tiene, ¿para qué es más? En su impreso La Rociada,[3] etcétera, supone usted soy autor de no sé qué papeles que chirrionaron[4] a usted; mas está usted muy engañado. De chocarrerías no hago aprecio, pero sí lo hago de aquello que allí expresa usted contra mi Proclama en honor de los militares,[5] diciendo que contiene proposiciones sapientes haeresim,[6] heréticas y blasfemas. Eso si no se puede aguantar. La pluma teologastra de usted me conmina a que si hablo sobre ello una palabra, me denunciará.[7] ¡Hola! Mil palabras tengo de hablar con usted sobre esta materia. Me ratifico en cuanto dije en mi mencionada Proclama; pero ha de ser en juicio ante usted y contra la calificación de usted y por denuncia formal de usted. No sé si la Junta de Censura[8] tiene jurisdicción para conocer de las proposiciones heréticas, blasfemas, etcétera, que se oponen a las verdades de nuestra creencia y piedad. ¿Qué, se ha pasado a la Junta de Censura la comisión del Tribunal extinguido llamado de la Fe?[9] Pruébeme usted ésa; si no, confiese que habla a tientas. Sobre todo, usted denúncieme al competente Tribunal. Deseo ese buen rato. No se tarde usted tres días después que lea usted estos renglones; no se rebaje usted, ¿me entiende usted? Cuidado con no denunciar mi Proclama, yo tomé la palabra y usted debe cumplirla. Y no sea usted atont...[10] Si tal Proclama tiene tales errores, ya debería usted haberla denunciado sin avisarlo a su autor.

 

Fray Mariano Soto[11]

 


[1] Núm. 748, p. 2. Cf. nota 1 a Pregunta a El Pensador Mexicano sobre el Montepío, en este volumen.

[2] Joaquín Conde (1772-?). Poeta veracruzano firmó como J. C en el Diario de México los días 22 y 23 nov. 1805, 25 y 29 ene., así como 9, 13 y 15 feb. 1807. También fue editor de El siglo diecinueve.

[3] Rociada de El Pensador... Cf. nota 1 a También al verdugo azotan, en este volumen.

[4] chirrionaron. Chirrión. Látigo tosco, largo y grueso, hecho de correas trenzadas o retorcidas, y sujeto a un mango de madera corto. Úsanle especialmente los carreteros. Santamaría, Dic. mej. Fernández de Lizardi en Rociada de El Pensador... escribe: “[...] que llegue el padre Soto [...] ¡qué tontera!, digo el Chirrión”. Lizardi se equivoca al suponer que El Chirrión era Mariano Soto. Cf. nota 41 a También al verdugo azotan, en este volumen.

[5] Proclama en honor de los militares. En el oficio del virrey Venegas, al presidente de la Junta de Censura, una vez suspendida la libertad de imprenta, se lee: “me ha parecido muy oportuno y propio del instituto de la Junta de que es V. S. Presidente, encargarle la censura, tanto de los papeles que se presenten  en solicitud de permiso para su impresión como de la Gaceta y Diario de esta capital: [...] acompañándole para el propio efecto, la adjunta proclama que me ha presentado el religioso dominico Fr. Mariano Soto Guerrero. Dios guarde etc. México, diciembre 5 de 1812 –Venegas– Sr. Dr. D. José Mariano Beristáin”. Cf. La Constitución de 1812..., pp. 115-116. En el folleto anónimo Conversación segunda del barbero y su marchante se lee lo siguiente: “M. Hombre ¿y qué letras tan gordas usa su autor? ¿y quién es? B. Yo no sé: él tiene las iniciales S. M. F. que para mí son lo mismo que estas otras F. M. S. Sino que el señor es muy astuto y gracioso para disfrazarse. M. A ver, y no se sabe donde imprimió: Si habrá sido en Cayo Puto; pues aquí por esta falta, incurren los impresores y autores, en las penas dispuestas en los artículos 8 y otros, del reglamento de 10 de noviembre de 1810, y bien ¿a qué se reduce ese papelote? B. No lo entiendo por mas vueltas que le he dado: él exorta a los militares a que desprecien a los que los deshonran; no ha habido hasta ahora quien cometa semejante injusticia; pero oiga usted siquiera el primer párrafo: es muy bonito, y me hará usted el favor de explicarme lo que quiere decir M. Vaya, diga usted maestro, que creo que hoy no acaba usted de afeitarme. B. Pues señor, ya comienzo: Anarquía, desorden, confusión, robo, rapiña, asesinato, violencia, fuego, sangre, muerte, desolación, ¿qué tal?, ¿no parece que habla un diablo de Coloquio? Pues en los intermedios de las palabras, hay unos puntitos que hacen mucha gracia. M. Concluya usted por Dios. B. Ya prosigo: ‘¿quién quiere expirar entre las garras de estos horrendos monstruos? Busque la sociedad donde todos ellos tienen su guarida, donde dominan, donde triunfan: busque un Reyno, una Ciudad desguarnecida de aquel brazo poderoso que doma y fuga la ferocidad de estos enemigos del humano linaje.’ M. Jesús, Jesús, qué ensarta de desatinos ¡no entiende ni traduce eso el mismo demonio: cierto que antes se veían cosas que no estaban escritas, y ahora se escriben las que jamás se han visto; pues muy buen elogiador se han encontrado los militares; se podia decir de él, lo que se dijo de otro. A las once mil vírgenes discreto compusiste a cada una su soneto, y por relaciones se ha sabido, que es el mayor martirio que han tenido. [...] B. No se enfade usted señor: este autor [autor de Carta del Cayo para el cargador de las Canoas] y el otro [Mariano Soto], irán sin falta en una jaula bien asegurada para el Cayo, con sus marcas y la prevención de que no los dejen libres, porque son capaces de incendiar y acabar también con la Isla”. México: En la Oficina de don Alejandro Valdés, 1820, pp. 5-7, fechado el 16 de septiembre de [1]820.

[6] sapientes haeresim. Y saben a herejía.

[7] En Rociada de El Pensador... Fernández de Lizardi escribe: “Prevengo a usted que por ahí se dice que la Proclama de los militares está aduloncísima y sapihaeresim. Sabe y huele a herejía aquello de que ‘el Evangelio de Jesucristo subsiste a merced de los soldados’, y de que éstos son ángeles y los ángeles ‘son soldados cristianos’. Padre mío: Para elegir no es menester blasfemar. Si se me habla una palabra sobre esto, denuncio el papel”. Cf. Obras X-Folletos, p. 323.

[8] Junta de Censura. Cf. nota 7 a El Teólogo Imparcial, número 3, en este volumen.

[9] Tribunal de la Inquisición. Cf. nota 4 a El Teólogo Imparcial, número 3, en este volumen.

[10] Fernández de Lizardi contesta en La Palinodia de El Pensador. En respuesta al desafío y amenaza del padre Soto: “P. D. Le doy a usted muchas gracias por el honor que me hace llamándome atontado; pero le advierto que la honra es de quien la da.” Cf. Obras X-Folletos, p. 377.

[11] Fray Mariano Soto. Cf. nota 13 a Verdadera prisión y trabajos del padre Lequerica, en este volumen.