NOTICIOSO GENERAL[1]

3 de noviembre de 1820

 

[Respuesta a la Carta a El Pensador Mexicano]

 

MÉXICO

 

 

‘A consecuencia de la denuncia que hizo el señor fiscal de la libertad de imprenta, del papel impreso en la ciudad de la Puebla de los Ángeles[2] titulado Carta a El Pensador Mexicano,[3] ante el señor juez de letras licenciado don Juan Gómez Navarrete,[4] se pasó a la Junta Provincial de Censura,[5] la que lo calificó calumnioso al excelentísimo señor virrey[6] de este reino, por ser notoriamente falsos los hechos con que se le infama, en cuya virtud se proveyó el auto de este tenor’.- México, octubre 31 de 1821.- Agréguese la calificación y copia de la acta que ha remitido la Junta Provincial de Censura, y para que se recojan los ejemplares que se hayan vendido en esta capital, dése el correspondiente aviso en los periódicos y por medio de rotulones para que todas las personas que tuvieren el papel de que se trata, lo entreguen en el oficio del escribano actuario[7] dentro del término de seis días, con apercibimiento al que no lo hiciere de que le parará el perjuicio que haya lugar: encargándose, a mayor abundamiento, a los ministros ejecutores procedan a recoger de las alacenas y tiendas[8] donde se expenden papeles, y de los que los venden a la mano por la calle,[9] todos los que pudieren por medios prudentes, y dando cuenta en caso que alguno se resista. Y practicado todo lo referido, se remitirá el expediente original al juez de letras de Puebla don José Ignacio Ansorena, para que proceda a lo demás que corresponde y previene la ley, por tocarle el conocimiento en virtud de haberse impreso allí el papel citado, haciéndose saber esta providencia al señor fiscal de imprenta para su inteligencia y fines consiguientes. Así lo proveyó, mandó y firmó el señor don Juan Gómez Navarrete, diputado en Cortes por la provincia de Valladolid y juez de letras de esta capital. Doy fe.- Juan Gómez de Navarrete.- Francisco Calapiz, escribano real y público. Y para que llegue a noticia de todos y no se alegue de ignorancia, se inserta en los periódicos de esta capital.- Francisco Calapiz”.

 

 



[1] Núm. 757, p. 4. Cf. nota 1 a Pregunta a El Pensador Mexicano sobre el Montepío, en este volumen.

[2] Puebla. Cf. nota 7 a Va de cuento, en este volumen.

[3] Carta a El Pensador Mexicano. Véase en este volumen.

[4] Juan Nepomuceno Gómez de Navarrete (1785-1849?). Nació en Pátzcuaro y falleció en la ciudad de México. Fue bachiller canonista de san Nicolás de Valladolid (1804); mayor en el Colegial de Santa María de Todos Santos y licenciado de la Facultad de Cánones de la Universidad de México. En 1810-1813 y 1815-1819 fue apoderado de las parcialidades en el Juzgado General de Indias. En 1813 fue electo a las Cortes de Cádiz en representación de la provincia de México. En 1820, siendo relator de la Audiencia de México, fue electo para representar a Michoacán en las Cortes. Firmó la Exposición presentada a las Cortes por los diputados de Ultramar en la sesión de 25 de junio de 1821, sobre el estado actual de las Provincias de que son representantes, y medios convenientes para su definitiva pacificación; con una noticia de los trámites que le presidieron y motivaron. Madrid: Imprenta de Diego García y Campoy, 1821. Los diputados americanos pedían que se cumplieran cabalmente de manera que los americanos pudieran ejercer la igualdad de derechos con relación a los peninsulares.

[5] Junta de Censura. Cf. nota 7 El Teólogo Imparcial, número 3, en este volumen.

[6] Juan Ruiz de Apodaca. Cf. nota 5 a Verdadera prisión y trabajos del padre Lequerica, en este volumen.

[7] escribano actuario. Escribano público, cuyas funciones eran de carácter judicial. Para cada juicio se designaba un escribano específico que se encargaba de la autorización de todos los aspectos de la causa; presentación de la demanda, examen de testigos, comparecencia de las partes, declaraciones, vistas de ojos y otras diligencias; emplazamientos, remates, embargos, notificaciones, nombramientos, autos y sentencias, apelaciones, libramientos, inventarios, pregones, etc. Es decir que e juicio se iniciaba ante él, y ante él debía finalizar. Cf. Jorge Luján Muñoz, Los escribanos en la Indias Orientales. 3 ª ed. México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Estudios y Documentos Históricos, 1982, pp. 71-72. (Serie Estudios, 6).

[8] alacenas y tiendas. En 1805 había doce puestos en México: el del Parián frente al sitio de coches de provincia y estanquillo, esquina de la Profesa; frente al Correo del Ángel; bajo de San Agustín; bajos de Porta Coeli; Puente del Correo; esquina de Santa Inés; tercera calle de El Reloj; segunda de Santo Domingo; primera de Tacuba y Cruz del Factor.

[9] Sobre el voceo de publicaciones, Fernández de Lizardi dice: “Mil papeluchos salen cada día,/ maldito lo que dicen y a fe mía,/ los pregonan a gritos,/ y algunos los celebran por bonitos.” Tercer diálogo crítico. El crítico y el poeta. Aunque apareció sin pie de imprenta, corresponde a 1811. En el ejemplar obtenido no tenemos los datos de imprenta, 8 pp. Reproducido por Paul Radin en Some newly discovered, pp. 34-39. Cf. Obras X-Folletos, p. 18. Sobre esta vieja costumbre, el 9 de marzo de 1821 apareció, por bando, la prohibición de Juan Ruiz de Apodaca de vender papeles impresos en las calles: “Por cuanto conviene que los papeles que se impriman de cualquier clase, se vendan en las oficinas de los impresores, ó en el puesto que elija el autor, pero que de ninguna manera se den á nadie para que los expenda por las calles, pues con los gritos y molestas importunaciones incomodan a este fiel y respetable vecindario: por tanto mando que así se ejecute, bajo multa de veinte y cinco á los contraventores, y las demás de la ley que los jueces á quienes corresponde juzguen de justicia; y a fin de que tenga exacto cumplimiento desde luego el presente decreto, se notificará por el Escribano de diligencias á todos los dueños, ó administradores de imprenta, y recogiendo las constancias respectivas á continuación lo devolverá á mi Secretario de Cámara. Del Venadito (rúbrica)” Cf. La Constitución de 1812..., t. I, pp. 122-123. En el decreto de 31 de mayo de 1823, Molinos del Campo prohibió los impresos con títulos “alarmantes”, “injuriosos” y “subversivos”, y declara que el impreso que sea contrario a lo que anuncie, sea considerado fraudulento. Además prohibió el voceo. Fernández de Lizardi protestó repetidamente al respecto, y se quejó ante el Congreso el 14 de noviembre de 1823, sin que se tomaran en cuenta sus palabras. Véanse sobre este tema: Ataque al Castillo de Veracruz y prevenciones políticas contra las Santas Ligas; Advertencias a las calaveras de los señores diputados para el futuro Congreso; La victoria del perico; Representación de El Pensador al Soberano Congreso y defensa de Urbina por El Pensador Mexicano, este último folleto de 1824, publicados en, pp. 435-446; 517-525; 509-511; 535-543 y 641-650 respectivamente. De este hecho también da cuenta El Sol, segunda época, año I, t. I, núm. 154 del sábado 15 nov. 1823, p. 613. Por su lado, Pablo de Villavicencio escribió en 1823: Tres palabritas al señor jefe político y otras tantas al señor Marín, a favor de la libertad de imprenta y de los vendedores de papeles; o gritan los papeleros o grita el señor Molinos, o grita El Payo del Rosario. Segunda parte de las tres palabritas al señor jefe político y otras nuevas  a su barbero el del Tejocote (El Payo del Tejocote escribió El Payo del Tejocote contra El Payo del Rosario, donde defendió la medida del jefe político Molinos). Asimismo El Amigo de la Ley escribió Ni la Inquisición prohibió el grito de los muchachos (1824).