NOTICIOSO GENERAL[1]

1 de diciembre de 1820


[Reflexiones sobre el diálogo de los morenos]

 

 

Oaxaca[2] y noviembre 4

 

Señor editor del Noticioso:[3] Ya que en esa capital deben haber circulado las reflexiones, impresas en esta ciudad de Oaxaca, sobre el diálogo de los morenos inserto en el Conductor Eléctrico, número 23 de El Pensador Mexicano,[4] es preciso que usted se sirva circular otras que hace un imparcial, que no es moreno más que en el color; pero sí es amigo de la verdad y justicia.

Bajo este concepto debo exponer a usted que de las muchas reflexiones que contiene el indicado papel, unas son vertidas por la ignorancia, otras por la adulación, otras por la apariencia, y otras por la falsa suposición de creer que las justas quejas de los morenos han sido supuestas por un incendiario, revolucionario o insurgente que, como se explica el papel, ha tratado de arrastrar a las castas al grado de exasperación para que, desprendiendo los diques de la obediencia, sumisión y respeto a las legítimas autoridades, constituidas por Dios y admitidas por el orden social y por el procomunal de una nación, atropellen con todo, y todo lo destruyan con el cimiento de nuestra felicidad común.[5]

Estas infundadas aserciones son verdaderamente de un preocupado insensato, que no conoce los principios de la equidad ni los de la ley natural; pero mucho menos los del derecho de gentes, porque por todos éstos, y con mucha más razón por el derecho divino, a cuyo premio somos llamados sólo por la circunstancia de nuestro mérito y virtudes morales en el catecismo de la doctrina cristiana[6] de ¿quién es ante Dios el mayor y más santo? El que tuviere mayor caridad y buenas obras: por aquellos derechos cívico, político, social, sabemos que todos los hombres constituidos en sociedad formamos un cuerpo; y como tales, según el principio legal, lo que a todos toca, por todos debe aprobarse; y de consiguiente, si una parte integrante de esta Nación Americana, y acaso la mayor, no por el cómputo que se ha formado, sino por la realidad, estaba excluido de los derechos comunes de los demás habitantes de ella, ¿por qué no había de poder justamente reclamarlos, no con las armas de la iniquidad y del despotismo, sino con las de la razón y de la justicia? Dirigiendo sus justos clamores a la fuente de la soberanía Hispano-Americana, a su padre el augusto Fernando y a sus diputados,[7] para que los igualasen en suerte a sus semejantes, los demás hombres (entre los que acaso muchos ni habrán sido tan beneméritos como ellos, aunque crean que por su sangre circula cerúleo el cinto de las gracias; o que aquélla es el néctar delicioso de los dioses,[8] según se la han resguardado), para sostener los derechos sagrados de la unión, de la fraternidad, de la paz, de la política, de la sociedad y del trono de FERNANDO 7º.

[¡]He aquí lo que han hecho los desgraciados morenos, o descendientes no originarios de África, en representar a su majestad y al augusto Congreso sus derechos, pidiéndole como a padres el remedio de sus males, no a fuerza de armas, que sólo sostienen para defensa del trono español americano, sino con súplicas enérgicas que están apoyadas en la ley natural, en la justicia, y en la equidad, no menos que en el derecho de gentes!

Inequívoca prueba del cimiento en que descansan ha sido (según noticias tengo) la providencia, que tomó el prudente virrey que nos gobierna,[9] en recomendar al augusto Congreso aquella solicitud; por lo que no cesaré de aplaudir su beneficencia, sus virtudes morales y políticas, sus conocimientos en el reino, en el corto tiempo que nos gobierna, su adhesión a la unión y fraternidad, y el decidido interés que toma por la felicidad de ambos mundos.


Alazure[10]

 


[1] Núm. 769, pp.1-2. Cf. nota 1 a Pregunta a El Pensador Mexicano sobre el Montepío, en este volumen.

[2] Oaxaca. Cf. nota 17 a Dar que van dando..., en este volumen.

[3] editor del Noticioso General. Cf. nota 2 a Artículos comunicados, en este volumen.

[4] Se refiere al comunicado inserto en El Conductor Eléctrico, núm. 23, titulado Justas quejas, en diálogo, de dos morenos compadres llamados Cristóbal y Lorencillo, y manifiesto que el primero hace a su majestad a su nombre y el de todos los morenos, incluyéndose las demás castas, por medio de los señores diputados que deben ir a las próximas Cortes de los años 1821 y 22 [morenos. Generalización que abarca a negros y mulatos, es decir, a descendientes de africanos que conservan acentuadamente ciertos rasgos: labios abultados, cabello crespo o piel oscura, por ejemplo] El comunicado fue firmado por Ángel Francisco Álvarez, fechado en Oaxaca a 26 de agosto de 1820; sólo se tiene noticia de José Francisco Álvarez, cura de Matehuala. Cf. Obras IV-Periódicos, pp. 411-421.

[5] En el diálogo mencionado se afirma lo siguiente: “Inmortal Fernando [...]. Si, rey amado, los más de tus súbditos han logrado por la Constitución el colmo de sus grandezas; pero los desventurados morenos o descendientes de africanos; los que componen una parte tan considerable entre los habitantes de América que, según el cálculo, aprobado por la junta mexicana, son doscientos catorce mil seiscientos y seis en sólo esta nueva provincia; los que con sus fuerzas personales han movido y sostienen los ingenios de la caña y otros; los que pueblan las costas beneficiando los algodones y tintes [...] éstos, éstos son los abatidos [...]. Que diga la ciudad de México quién la sostuvo y libró de ochenta mil insurgentes acaudillados por Hidalgo, si no los denodados negros de las haciendas de yermo [...]. Numere el reino todas las victorias que han ganado los fieles del Potosí y los demás regimientos del reino, que no se componen de indios débiles, si no de las castas robustas. [...] Y si aun los méritos tan gloriosos se da la retribución del oprobio, deberá temer todo el reino las funestidades que los negros causaron en la isla de Santo Domingo contra los españoles y toda clase de blancos. Ya dieron pruebas de disgusto por el gobierno antiguo  y opresión con que se les ha tratado, manifestándose su valor en los costeños que se reunieron al insurgente Morelos [...]. Tampoco se ignora que las dos divisiones de los insurgentes Galeana y Sesma, compuestas de costeños, tomaron la ciudad de Antequera [...]. Quítense, pues, señor, los motivos de tan fundados disgustos; extermínese el cautiverio en los que sostienen la libertad a costa de sus propias vidas y trabajos; háganse iguales en la participación del honor a los que lo defienden con las armas, pues no es justo que mientras unos, en el abandono de una vida perezosa, y más que de egoísta envidiosa, se glorian en el goce de comodidad y honor [...] los infelices que se lo han adquirido conservan, aumentan y defienden su existencia con detrimento de la propia, sean el objeto del oprobio y tiranía.” Ibidem, pp. 414-419.

[6] catecismo. Cf. nota 23 a La horca para Amán..., en este volumen.

[7] La Constitución de Cádiz estableció que las “Cortes son la reunión de todos los diputados que representan la Nación, nombrados por los ciudadanos” (artículo 27). Por cada 70 mil habitantes habría un diputado en Cortes (artículo 31). En los artículos 91 a 102 se establecen los requisitos para ser diputado y las facultades que adquieren.

[8] dioses con mayúscula en el original.

[9] Juan Ruiz de Apodaca. Cf. nota 5 a Verdadera prisión y trabajos del padre Lequerica, en este volumen.

[10] Alazure. José María Álvarez (¿-1854). Abogado y poeta. Primer poeta oaxaqueño del México independiente. Autor del soneto “Al cigarro”; colaboró en El día (Oaxaca) Alazure o L. J. M. A. anagrama de Álvarez; la L es abreviatura de licenciado. Suscribió Justas quejas, Imprenta de la Nación, 1820. Según Alazure, las justas quejas de los “morenos” no son supuestas por un incendiario revolucionario o insurgente, el que ha tratado de arrastrar a las casta a la exasperación y desobediencia de las legitimas autoridades.