MOTIVOS PARA QUE MUERAN LOS PASAPORTES

Y LICENCIAS DE CABALLOS[1]

 

Reniego de usted, señor Preguntón,[2] que me ha hecho trabajar doble, pues tenía forjado otro papel sobre la materia de pasaportes y licencias de caballos, de que trata en su papel, cuando oigo gritar éste, bajo el lema de Primera pregunta a El Pensador Mexicano;[3] mas, amigo, a la sazón estaba yo leyendo el número 2 de El Conductor Eléctrico,[4] y estaba pensando hablar algo de subdelegados realistas,[5] realistas, porque les ha de alcanzar el ramalazo[6] de no serlo, que es lo que me llamó la atención, respecto a que si no se quitan breve y en su lugar se ponen letrados, los pobres pueblos no lograrán cuanto antes instruirse de lo benéfico de nuestra amada Constitución,[7] pues torcidos con ella los subdelegados o curas, ¿quiénes los han de instruir, y mucho más en el pueblo de Tontonapeque, cuyo subdelegado, dice, que pocos días antes de que se jurase la Constitución tenía conseguida prórroga?

No quiera Dios que ésta subsista porque, a más de las especies que sordamente sugiera a los vecinos contra la Constitución, es preciso que los consuma con el excesivo cobro de derechos para ir engrosando sus bolsas y lograr quedarse con bola en mano a fin de comerciar cuando acabe en la subdelegación, resultaría gran beneficio a los pueblos con la pronta separación de los jueces legos, quienes lo gravan con consultas indebidas a asesor, con no hacer las que deben con el aumento de pago de derechos a éste y de estafeta, gastos de viaje en conducir los autos, y estado en el lugar del letrado mientras consulta y con...

Amigo, sé que esas prórrogas son contra antiguas superiores resoluciones y de nuestra justificada Constitución, y así creo que si la consiguió el subdelegado, fue sin perjuicio de cualquiera ulterior providencia que debe observarse inmediatamente, tanto más cuanto mejor ceda en beneficio público, y observancia de la Constitución, y aunque el subdelegado quede pereciendo; pues no es de superior condición que los que quedaron sin destino en la extinción de los juzgados de interesados y naturales, que los que han resultado con menos emolumentos en los oficios de gobierno,[8] y que de Cámara del Crimen[9] por la limitación de negocios, ni que los señores ministros que carecen ya de los sueldos que les producían las comisiones.

Los jueces legos traen los gravámenes que quedan indicados, y no siéndolo redunda al público el bien de no caminar los litigantes muchas leguas hasta la capital para lograr abogado que los patrocine, sino que lo tendrán cerca en el inmediato juez de otro partido, con lo que economizarán gastos, la dilación en sus negocios, el abandono de sus familias, comercio o agricultura, y que con facilidad se les torciera su justicia por la ineptitud insanable del juez.

Los predichos males entre otros quiere remediar la justificada Constitución, y proporcionar mayores bienes con que los jueces sean letrados, y por lo que en cada uno de sus artículos debemos loarla, y loar a los insignes Quiroga,[10] Ballesteros y Ágar;[11] pero amigo, dejemos esto, pues el asunto que no[s] debe ahora preocupar es el de pasaportes y licencias de caballos, sobre el cual he tenido que variar mi mamarracho, para que cuando El Pensador conteste a su pregunta, descanse algo en lo poco que diré, o si a un tiempo sale éste al público, sirva de algún apoyo a su respuesta, o de lo que usted quiera.

Sentado que los pasaportes ninguna utilidad han traído, pues no se ha evitado la entrada de los insurgentes a las ciudades,[12] que a virtud de ellos no se ha descubierto a los que han entrado a ellas, que los vecinos de ésta han salido cuando la gana les ha dado, ya con pasaporte o sin él, que se han transmitido a los enemigos en el evento que lo han intentado, y que muchos sin ese documento han caminado: tengamos presentes los daños que han originado, porque varios de los que están en obligación de darlos han tenido la omisión de pedirlos a quien los provee, para dar lugar a entender una certificación por la cual al caminante le arrancan derechos. En otras parte[s] el que los exige y revisa, mirando esa certificación, a fuerza o no, le ha quitado la multa a ese inocente que no tuvo culpa; en otras, aún los verderos pasaportes han sido tachados, y se los han querido romper al conductor, quien por último ha sacrificado alguna gratificación para que se los devuelvan; en algunas jurisdicciones no se da pasaporte menos de que no tribute dos reales[13] el que lo pide, y hasta un peso[14] (las que demarcare caso necesario). Muchas veces por natural olvido u otra casualidad lo ha dejado el caminante en la bolsa de su chaqueta nueva o vieja, o en el camino se le ha perdido, y ha sido una injusticia que se hayan despreciado sus clamores, quitándosele a fuerza la multa, trayendo estos acontecimientos, y otros muchos semejantes, trabas al comercio, a la agricultura y a la felicidad de los ciudadanos, las que al parecer son pocas, pero que haciendo el debido conjunto son de gravedad e importancia.

No puedo menos que referir el siguiente pasaje: un pobrete consiguió habilitación para comprar seis cargas de maíz en Chalco[15] y ganar en México un peso en cada una, olvídasele refrendar el pasaporte, y este pobre hombre de bien, a más de que tuvo el dolor de ver que a otros que no lo eran no se lo pidieron, ha quedado arruinado porque, lejos de ganar aquellos seis pesos, pagando diez de multa, perdió cuatro, fuera de los gastos que erogó en los varios días que se dilató en conseguir reales para pagarla y desembargar sus carguitas, que fueron presas mientras él pagaba. Quedó por consiguiente sentado este pobre, endrogado en la habilitación, sin poder ya comerciar ni tener una tortilla[16] para sí y sus hijitos, con lo que tiene usted que en el infeliz hombre de bien refluye el gravamen de los pasaportes, y el de carecer de la libertad, contra la Constitución, de poder salir o entrar en el momento que lo necesite.

Si es en cuanto a caballos, por doce pesos pueden andar en él hasta los que por la luz estaban prohibidos de montarlo[s]; mas de [sic] esto es de prescindirse, supuesta la igualdad de derechos de los ciudadanos; pero no que subsista la contribución contra la mente del artículo constitucional que previene que las contribuciones se repartirán entre todos los españoles con proporción a sus facultades,[17] y ésta no se guarda en los que andan a caballo por gusto, a los que deben tenerlo por necesidad, a que se agrega que se hace insoportable la pensión, por pagarse de cosa que lo rinde productos, sino un diario gasto. Que el comerciante page alcabala de los linos, paños y sedas,[18] tal cual porque después en la venta de sus efectos saca con ventaja, y aún perjuicio del ultimo consumidor, el lasto[19] que tuvo en el pago de aquel derecho; mas el que mantiene caballo, lejos de lucrar en él, tiene aquel desembolso en mantenerlo diariamente, y tal vez al venderlo pierde la mayor parte del precio, o por necesidad, por viejo, o por otra causa.

Sobre todo, agregue usted que ni el gobierno percibe el fruto total de esa pensión, porque he visto que algunos comandantes no sólo conceden licencia para andar a caballo, sino el fuero, y el uso de armas, y todo por un pesito cada mes con una cuartilla de papel en que ponen: “Concedo licencia al realista D.N. por 30 días para que pase a la ciudad de...” Tal individuo no es realista ni ha pensado serlo, ni es sino un tuno que, por un peso al mes o doce al año, consigue más barata la licencia de andar a caballo por aquellas prerrogativas que le concede el comandante, a cuyas bolsas engruesa con la contribución, y así no puede llegar a noticia de usted en qué se invierte el fondo de las multas de la falta de licencia de andar a caballo y de pasaportes; por lo que, amigo, es una necedad querer alcanzar imposibles, que a buen seguro que rindan la cuenta aquellos comandantes que dan estos documentos sin llevar cuenta ni razón.

En conclusión, las cantidades que se han colectado de multas por falta de pasaportes y licencias de andar a caballo, no han sido suficientes para pagar los dependientes destinados en estos ramos; de que resulta que la imposición de esas penas, ni al Estado o erario, le han traído utilidad alguna, por lo que no sin fundamento público debe usted confirmarse en sus esperanzas de que quede abolida cuanto antes, especialmente si la superioridad a quien corresponde su abolición llega a saber que éste es el común deseo.


J. M. A. B.[20]


 



[1] México: Imprenta de Don Mariano Ontiveros, año de 1820, 4 pp.

[2] Señor Preguntón. Cf. nota 33 a Primera pregunta a El Pensador..., en este volumen.

[3] Ver folleto anterior, en este volumen.

[4] El Conductor Eléctrico. El número 2 se titula En el que se destruyen las más comunes preocupaciones que sordamente minan nuestra sabia Constitución, al menos entre los ignorantes, tiene inserta la carta de un payo al editor firmada por Marcos Martín Moreno. Tontonatepeque, junio 15 de 1820. Trata sobre la jura de la Constitución y cómo ésta afectaría las temporalidades de los eclesiásticos, pues se proponía asalariar a los curas y dar los sacramentos sin costo, además de suspender el tribunal de la Inquisición y quitar los jueces legos para poner jueces letrados; así mismo, se decía que con la reforma disminuirían las alcabalas en el interior del reino, lo que afectaría directamente a los subdelegados y alcabaleros. En este número se publica la contestación de Lizardi, quien exhorta a Moreno a ser devoto de la Constitución y enseñar a su familia que es benéfica para todos. Cf. Obras IV-Periódicos, pp. 273-278.

[5] subdelegados realistas. Las alcaldías mayores y los corregimientos no urbanos se convirtieron en subdelegaciones con la publicación de la Ordenanza de Intendentes de 1786. Los gobernadores y otros oficiales fueron sustituidos por intendentes. Alcaldes mayores y corregidores fueron auxiliados siempre por asesores letrados; para dictar sentencias finales se pasaban todos los documentos a un letrado para su inspección y su opinión. La escasez de hombres de leyes en la Nueva España fue una constante que obligó a la asesoría legal desde la ciudad de México o la de Guadalajara, las dos sedes de Audiencia y localidades donde se concentraban hombres de leyes. Véase Woodrow Borah, El gobierno provincial..., pp. 51-64. Se llamaba realistas a los funcionarios y partidiarios del gobierno español.

[6] ramalazo. Principalmente, en el suroeste (Tabasco, Veracruz, etc.), efectos o consecuencias que de un mal suceso a uno le alcanzan; coletazo. Santamaría, Dic. mej.

[7] Constitución. Cf. nota 13 a Sermón político-moral, en este volumen..

[8] jueces de letras. Cf. nota 4 a Preguntillas sueltas, en este volumen.

[9] Cámara del Crimen. Cf. nota 6 a Carta de los Guadalupes a don José María Morelos. Marzo 3, 5 y 6 de 1813, en este volumen.

[10] Antonio Quiroga, militar español (Betanzos 1784-Madrid 1841). En 1804 ingresó en la armada como guardiamarina, pero en 1808 pasó al ejército de tierra, para combatir contra los franceses, y al término de la guerra de Independencia era ya comandante. En 1818 formaba parte del ejército expedicionario que se reunía para pasar a Ultramar; se le escogió para llevar a Madrid la noticia de que el conde de La Bisbal había sofocado un intento revolucionario liberal, y ello le valió el ascenso a coronel. Poco después participó él mismo en los preparativos revolucionarios, se sublevó conjuntamente con Riego (1820), y ocupó con sus tropa la Isla de León y el arsenal de La Carraca, pero fracasó en su intento de apoderarse de Cádiz. El triunfo de la revolución le valió el ascenso a mariscal de campo y el ser nombrado ayudante de campo del rey. Emigró en 1823, y residió especialmente en Londres. No volvió a España hasta 1834; fue entonces ascendido a teniente general de Castilla la Nueva.

[11] Pedro Ágar. Marino y político español (Bogotá 1763-Madrid 1822). Intervino en las Cortes de Cádiz como diputado por Ultramar; en 1810 fue elegido miembro de regencia, cargo para el que fue reelegido en 1813. Fue presidente de la Junta Suprema de Galicia. Al producirse la reacción absolutista de 1814 fue encarcelado por orden de Fernando VII, y estuvo confinado en Galicia, hasta la revolución de 1820.

[12] Cf. nota 28 a Primera pregunta a El Pensador..., en este volumen.

[13] real. Cf. nota 4 a Carbón en abundancia, en este volumen.

[14] peso. Cf. nota 13 a Carta de los Guadalupes a don José María Morelos. Diciembre 7 de 1812, en este volumen.

[15] Chalco. Una de las ciudades que poseían los mexicas tendidas por el Valle de México: Coyohuacan, Chalco, Ixtapalocan, Tizayocan, Tzompango, Tutitlan, Cuahtitlan, Tetepanco, Tequisquiac, Echatepec y Xaltocan. En la actualidad Chalco es un distrito del Estado de México con varios pueblos, barrios, haciendas y ranchos. En este distrito están los volcanes Popocatépetl e Ixtaccíhuatl. Esta municipalidad se encuentra en la ribera este del lago que llevó su nombre. Éste fue desecado para aprovechar los terrenos para fines agrícolas. La población fue fundada en el siglo XVI y su nombre primitivo fue Chalca, palabra que significa “poseedora de bocas”. El 14 de noviembre de 1861 se dispuso llamar esta villa Chalco de Díaz Covarrubias.

[16] tortilla. Cf. nota 37 a El Pastor del Olivar..., en este volumen

[17] En el título I, capítulo II, artículo 8 de la Constitución se dice: “También está obligado todo español, sin distinción alguna a contribuir en proporción de sus haberes para los gastos del Estado.” Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., p. 61.

[18] alcabala. Cf. nota 28 a El Pastor del Olivar..., en este volumen.

[19] lasto. De lastar. Recibo o carta de pago que se da al que lasta o paga por otro para que pueda cobrarse de él.

[20] J. M. A. B. Sabemos que también fue autor de Sobre la elección de compromisarios, México: Imprenta de Ontiveros, 1820, impreso que trata sobre elegir sujetos capaces para desempeñar estos cargos.