SOLFEADA Y PALO DE CIEGO A TODO AUTORCILLO LEGO, O

MEMORIAS PARA SERVIR A LA HISTORIA DE LA LITERATURA

DE NUEVA ESPAÑA, O SEA EXAMEN CRÍTICO-APOLOGÉTICO

DE LOS ESCRITORES DEL DÍA[1]

 

Semper ego auditor tantum?, numquamne

reponam vexatus toties?...

 

¿Siempre he de oír sandeces, desvaríos

  Sin osar desplegar los labios míos?

¿Tendrán otros razón para vejarme,

 Sin que yo pueda nunca desquitarme?

 

Juvenal[2]

 

Sin embargo de la libertad que el nuevo Código[3] da a todo ciudadano para publicar sus pensamientos por medio de la imprenta,[4] y de que el amor propio nos suele persuadir a que somos capaces de ilustrar a nuestros conciudadanos, me había yo resuelto a estar con mi boca callada, ya porque mis ocupaciones no me dan el tiempo necesario para dedicarme al estudio en que incesantemente debe emplearse todo escritor público, como porque hasta ahora había estado en el error de que mi patria no necesitaba de que yo la honrase con mis producciones, conociendo muchas personas que pudieran hacerlo con ventajas, señalando a los demás el camino por donde debía conducirse a la prosperidad y gloria que le ofrecen las nuevas instituciones. Pero me han desengañado mis paisanos, gracias al Cielo, haciéndome ver, con las inmortales obras que cada día salen a luz, que basta que haya libertad de imprenta para que cualquiera pueda meterse a escritor, sin hacer caso de aquellas nimiedades que tan escrupulosamente guardaban nuestros rancios abuelos para aspirar a tan honroso título; y aunque a veces ha solido importunarme aquel preceptillo de Horacio en que nos dice que no se puede escribir bien sin estar antes enriquecido de un suficiente caudal de conocimientos, Scribendi recte sapere est et principium et fons,[5] como esto lo dijo cerca de dos mil años hace, y como por otro lado es una pura teoría del viejo, falsificada con hechos no sólo recientes, sino que pasan por nuestra vista, he procurado sacudir todo temor de salir desairado en mi empresa, y heme aquí ya de autor, y con los más vivos deseos de emular la gloria de mis contemporáneos.

[...][6]

Pero ¡Jesús y en qué zarzal me he metido! Veamos cuántos papeles me faltan que revisar. ¡Ay qué no es nada! El Hablador al Entremetido, o sea coscorrón[7] (como aquí han impreso): F. J. P.;[8] también Al Entremetido;[9] Primer cuartazo al Fernandino;[10] Don Toribio y el cafetero;[11] El Conductor Eléctrico;[12] etcétera. etcétera. ¿Quién podrá no digo encargarse del mérito de todos ellos en el corto tiempo que me resta, pero ni aun siquiera leerlos? ¿Qué haré, pues, en este conflicto? Dejar la cosa así es exponerme al justo resentimiento de mis lectores por haberlos pasado en blanco; y por otro lado, qué sé yo si en lo de adelante podré dedicar algunos ratos a un objeto que, aunque tan importante, no lo es tanto como el desempeño de mis peculiares obligaciones, las que acaso no me permitirán seguramente contestar (y acaso ni aun leer) las críticas con que precisamente deben corresponder a este mal formado papel los que descubran en él todos los defectos que el amor propio me habrá ocultado. Por despedida, pues, y como quien se va a morir, haré algunos encargos y daré algunos consejos a los que me han precedido en la ilustre carrera de escritor público.

Primeramente encargo a mis lectores, y especialmente a aquellos que sean amigos de El Pensador Mexicano, le den las debidas gracias a nombre de todos los amantes de la patria, porque continúa el loabilísimo y antiguo proyecto de enriquecer al mezquino idioma castellano con algunas voces que no se conocían ahora diez años, y que no han llegado a noticia de la Academia Española,[13] como verbigracia desherrajar[14] en el sentido que la usa; e igualmente por las importantes novedades gramaticales que ha empezado a introducir, haciéndonos saber que en la expresión del Fernandino libre y legítimamente congregadas la voz libre es adjetivo, y la otra legítimamente es adverbio.[15] Item, que escuche con desprecio la rivalidad de algunos genios malignos que, leyendo sus obras, suelen exclamar: “Es lástima que a este apreciable ciudadano que manifiesta en sus obras no sólo talento y viveza, no sólo facilidad para componer, no sólo gracia y fluidez en el estilo, sino lo que es más recomendable, un gran fondo de moralidad y honradez, le falte corrección y buen gusto, defecto que es fácil enmendar con una competente lectura en los libros clásicos, con desterrar para siempre a los Quevedos y Torres Villaroeles,[16] y con despojarse de la manía de escribir sobre todo género de asuntos y ocurrencias, sin perdonar las no muy felices del paseo de Todos Santos y el triste espectáculo de un ahorcado.”[17] Estos tales no saben lo que hablan, ni han profundizado las cosas, como lo habrá hecho sin duda un Pensador Mexicano. Y por último, que le supliquen que en su anunciado periódico El Conductor Eléctrico (del que si puede darnos no ya tres números cada semana, sino siquiera uno diario [con que] quedara muy satisfecho el público)[18] en ese periódico digo, no deje de insertarnos algunos sonetos como el que se lee en el Prospecto.[19] ¡Qué pensamientos tan nuevos! ¡Qué rasgos tan pindáricos!, ¡qué locución tan poética! Apostaría yo hacer otro soneto como el que nos copia el señor F. J. P. en su papel al Entremetidoa a que el señor Pensador se estuvo trabajando el suyo a lo menos tres días, a que consultó su obra con algún inteligente, y a que no contento con la aprobación que necesariamente merecería, borró, quitó y añadió hasta que le pareció digno de comparecer en público.

Al autor del Segundo cuartazo al Fernandino Constitucional o Anatomía de su cadáver[20] (que lo mismo es uno que otro) o sea de su papel (que todo sale allá) le ruego a nombre de todos los escolásticos del mundo que ha habido, hay y habrá que no sea tan parco en el uso de los términos con que enseñan en las escuelas a logistizar, verbi gracia, el quid, el dato et non concenso[21] y otros semejantes, que no sé por qué fatalidad se habían empezado a desterrar del estilo, sin dejar por eso de soltar al descuido tal cual equivoquillo, como el de que se vale cuando acusa al Fernandido[22] porque no usa de la regla crítica que asienta, diciéndole: “¿Por qué no usa usted de la regla? ¿Acaso porque dándola se quedó sin ella?”[23] ¿Se habrá visto modo de hablar más ingenioso? No parece sino que el mismo Góngora le dictaba.

[...][24]

Y vosotros, ciudadanos a quienes falsamente se ha dado el título de sabios e ilustrados, vosotros, a quienes se atribuye el conocimiento de los males de que adolece la patria, no os canséis en meditar sobre los remedios que puedan sanarla, haciendo alarde de vuestras luces que para nada necesitamos. ¡Cuánto se engañan los que se lamentan de que negáis vuestra ayuda al suelo que os ha dado el ser, o que os ha acogido benignamente! ¡Cuánto los que lloran, creyendo ver sus campos yermos, añadiendo que la naturaleza ha derramado en ellos a manos llenas las semillas de la fecundidad y la abundancia! ¡Cuánto los visionarios a quienes se les presentan los habitantes de Nueva España con las manos atadas, manos que según ellos han recibido del Cielo el beneficio de poderlas emplear en todo género de industria! ¡Y cuánto, en fin, los que en nuestro comercio, en nuestras fábricas, en nuestros establecimientos públicos y en nuestras artes y ciencias no descubren sino objetos de compasión y de dolor, que dan materia para profundas y útiles investigaciones! Vosotros, pues, obráis con bastante cordura, esperando que los escritores del día os avisen el momento en que podáis empezar a trabajar en obsequio de la nación, señalándoos aquellos objetos que con preferencias deben merecer vuestra atención. Sí, ellos os avisarán, ellos os enseñarán el camino. Entre tanto, dejadlos que nos ilustren; dejadlos que desvanezcan las falsas ideas de indolecia y de barbarie que algunos han pintado más allá de los mares como peculiares del suelo americano;[25] y dejad, por fin, que nos proporcionen de este modo el goce de tantos bienes como nos presenta la nueva Constitución de la Monarquía.

 

L. M.[26]

 


[1] México: Impreso en la Oficina de don Mariano Ontiveros, calle del Espíritu Santo, año de 1820, 12 pp. Se vendió en la Librería de Recio, Portal de Agustinos, letra B.

[2] Fernández de Lizardi traduce y completa: “¿Siempre he de ser oidor precisamente?/ ¿Nunca he de hacer las veces de abogado,/ por más que me acicale con su diente/ ya el hablador, ya el escritor menguado?”, en El Pensador Mexicano, núm. 10, t. III, cf. Obras III-Periódicos.

[3] Constitución. Cf. nota 13 a Sermón político-moral, en este volumen.

[4] libertad de imprenta. Cf. nota 19 a Sermón político-moral, en este volumen.

[5] Scribendi recte sapere est et principium et fons. Cf. nota 50 a Piénsalo bien, en este volumen.

[6] Resumen de texto omitido: El autor asienta que no escribirá ningún diálogo ni cuartazo, sólo tratará de rescatar a los autores que tal vez algún día podrán ser considerados en la historia literaria de América, y acaso su nombre llegué a la posteridad unido al de los ilustres autores tan criticados; no examinará cuantos papeles se han publicado sino los que tiene más a la mano. Comienza criticando a El Entremetido, con su papel impreso en Puebla que inicia: “Poblanos por racionalidad y religión”; enseguida se ocupa del “famoso” folleto El Tejedor y su compadre.

[7] El Hablador al Entremetido, o sea coscorrón. Suponemos que es el folleto anónimo titulado Coscorrón al Entremetido, México: Oficina de Mariano Ontiveros, 1820, 4 pp. Además F. J. P. escribió El juicio de los locos, Puebla: Oficina de Pedro de la Rosa, 1820, 4 pp., fechado el 22 de agosto. En La imprenta enferma y convaleciente se ataca entre otros a El Hablador por ser enemigo de la libertad de imprenta. Véase en este volumen. También circuló el papel Enfermedad y muerte desgraciada de El pobre Entremetido, México: Impreso en la [Oficina] de Alejandro Valdés [1820], 4 pp.

[8] F. J. P. Sólo sabemos que escribió con el pseudónimo de El Hablador.

[9] Al Entremetido. Pensamos que se trata del folleto El Hablador al Entremetido publicado en Puebla en la Imprenta de san Felipe Neri, (sin fecha), 4 pp, posterior y del mismo asunto es la Respuesta del Hablador al Entremetido, Puebla: Oficina del Gobierno, 1820, 4 pp.

[10] Primer cuartazo al Fernandino. Cf. nota 12 a Censura de un Ciudadano..., en este volumen.

[11] Don Toribio y el cafetero. Se trata del texto Don Toribio y el cafetero Damián. México: Oficina de Mariano Ontiveros, 1820, 4 pp.

[12] El Conductor Eléctrico. Cf. nota 6 a Cuartazo a El Pensador Mexicano, en este volumen.

[13] Academia Española de la Lengua. Llámase antonomásticamente Española por ser la más antigua entre las Academias Reales. Felipe V fundó esta Academia por Real Cédula de 3 de octubre de 1714. El marqués de Villena, don Juan Manuel Fernández Pacheco, virrey que fue de Nápoles, observó el pobre concepto que en Italia se tenía del idioma castellano por atribuirse a éste los defectos que eran propios de los malos escritores, y siendo mayordomo mayor del rey, le propuso la creación de una Academia Española bajo su real protección. El primer encargo que se hizo a la Academia fue la formación de un Diccionario de la Lengua, cuyo primer tomo se publicó en 1726.

[14] deserrejar en el original.

[15] Fernández de Lizardi, respondiendo a El Fernandino, cita la expresión: “¡[...] la utilidad de las Cortes LIBRE Y LEGÍTIMAMENTE congregadas por el rey!” y le pregunta “¿Qué significa eso de Cortes libre y legítimamente congregadas? ¿Qué, las próximas no son congregadas con libertad y con legitimidad por el rey? Y si lo son, ¿a qué vienen aquel adjetivo libre y aquel adverbio legítimamente?” Cf. Obras X-Folletos, p. 285.

[16] Emplea la sinécdoque para denominar así por extensión a los autores cuya obra se asemejaba.

[17] Fernández de Lizardi escribió sobre ahorcados: Las quejas de los ahorcados, cf. Obras I-Poesías y fábulas, pp. 183-187. Sobre Todos Santos nuestro autor publicó el primero de noviembre de 1813 el Suplemento titulado El pleito de las calaveras, cf. Obras III-Periódicos, pp. 321-329, donde alude a que en dicha festividad salía la gente a pasearse en el Portal. Cf. nota 53 a Diálogo sobre El Pensador Mexicano número 17..., en este volumen.

[18] periodicidad de El Conductor Eléctrico. Cf. nota 4 a Cuartazo a El Pensador Mexicano, en este volumen.

[19] El soneto está acompañado de una alegoría en la que se lee: “La sabia Constitución asegura nuestra unión”; el soneto se titula “Viva la unión”: “Si alguna vez la necia antipatía/ Con la malignidad más insolente/ Sembró el rencor entre una y otra gente/ De la vasta Española Monarquía:/ Si alguna vez la negra tiranía/ Con mano armada en este Continente/ Nuestra sangre virtió; ya felizmente/ Vimos el fin al azaroso día./ La América y España se están dando/ Las manos, en señal muy expresiva/ De su UNIÓN que están felicitando:/ Y ambas entonan ya con voz festiva:/ Viva la LIBERTAD, la UNIÓN, FERNANDO/ y la CONSTITUCIÓN por siempre viva.” Cf. Obras IV-Periódicos, p. 255.

a Aunque este soneto corre en el discurso titulado El bachiller Regañadientes impreso en esta capital en la Oficina de Jáuregui año de 1812, las exquisitas semillas del buen gusto que en él se advierten, y que por desgracia se van empezando a desterrar, me obligan a copiarlo aquí también. SONETO

Tomarás patriotismo verdadero,/ Y en religiosidad incomparado,/ Buen origen pondrás, espirituado/ A hervir de la lealtad en el caldero./ De orgullo y vanidad mezclale un cero:/ De ciencias, discreción honor y grado/ Cuanto puedas poner, que no es sobrado;/ Como tampoco un ánimo sincero./ De fina educación pon lo bastante:/ Échale trato dulce y compasivo/ Sin gota de interés, que es irritante./ En fin, echa prudencia y genio activo,/ Y un regidor tendrás en el instante/ Que de Arístides sea retrato vivo.

[20] Segundo cuartazo al Fernandino Constitucional o Anatomía de su cadáver. Cf. nota 12 a Censura de un Ciudadano..., en este volumen.

[21] dato et non concenso. Lo dado y no concedido. Fernández de Lizardi utiliza ambas expresiones en su Segundo cuartazo al Fernandino: “a pesar del juramento prestado por todos, se descubre alguno que por escrupuloso duda de los preceptos del monarca [...] ¡Ah, señor Fernandino!, ése es el caso: ahí está el quid como dicen los estudiantes.” Cf. Obras X-Folletos, p. 288. Más adelante: “amigo, no sé en qué pensaba usted cuando tomó la pluma, porque dato et non conce[s]so que el señor exdiputado hubiese herido a algunos a más de usted con sus decantados/ dardos”. Ibidem, pp. 289-290.

[22] Fernandino. Cf. nota 17 a Censura de un Ciudadano..., en este volumen.

[23] Fernández de Lizardi escribe: “Adelante dice usted [Fernandino]: ‘No es regla constante de la crítica la que dice: ¿Siempre debe usarse de modestia aun con aquellos de cuya circunstancia se aparta?’ Pues ¿por qué no usa usted de la regla? ¿Acaso porque dándola se quedó sin ella?” Cf. Obras X-Folletos, p. 288.

[24] El autor continúa dando advertencias y critica el folleto Censura de un Ciudadano..., publicado en este volumen; y da recomendaciones al autor de Don Toribio y el cafetero Damián para que continúe escribiendo diálogos sobre esos temas. Continúa ironizando acerca del estilo y cualidades poéticas de El Hablador y del autor de El Tejedor y su compadre.

[25] Fernández de Lizardi habló de los defectos de criollos alimentando los desprecios por América allende los mares. Cf. nota 9 a Palos a El Pensador Mexicano, en este volumen.

[26] L. M. José Luis Montaña (1755-1820) Políglota del griego, latín y náhuatl. Médico y poeta poblano que radicó en la ciudad de México. Fue profesor de retórica. Organizó tertulias literarias en su casa. Firmó como L. M en el Diario de México (1813) un artículo médico. Publicó el verso Oda a la instalación de la Diputación Provincial de México, 1820. Escribió el documento contra la Independencia “Reflexiones del doctor don Luis Montaña sobre los alborotos acaecidos en algunos pueblos de tierra adentro, impresas de orden de este Superior Gobierno a costa de los doctores de la Real y Pontificia Universidad”; también autor de “Crisis de la Insurrección consumada en Acatita de Baján a 25 de marzo de 1811. Oda que en 10 de abril escribió el doctor Don Luis Montaña, médico de México, 1811”.