LAS ZORRAS DE SANSÓN DESOLLADAS[1]

 

Señor Pensador: desde que es usted isleño[2] no hay quien le dirija la palabra, sino es para censurarlo;[3] yo que soy su apasionado (porque también suelo echar mis mentirillas, aunque no del calibre de las que usted nos estampó en su difunto eléctrico,[4] queriéndonos hacer creer y varios bobos lo creerían que se habían reunido tres mil insurgentes en Zitácuaro[5] a jurar la Constitución, y a estar en observación de su cumplimiento) quiero dirigirle la palabra con una preguntita, asegurándole que ésta es la primer zorra que desuello.[6]

¿Quiere usted decirme si el nuevo sistema constitucional[7] ha convertido en virtudes eminentes los que antes teníamos por atroces crímenes?[8] Dígolo porque las zorras[9] panegirizan por aquellas los de Hidalgo, Allende, y todos cuantos héroes siguieron sus virtuosas huellas.[10] ¿Y cuál sería la más heroica de sus virtudes? ¿Los asesinatos[11] de Valladolid[12] o los de Guadalajara?[13] Si el robo, la perfidia, el engaño y la disolución son virtudes, ciertamente que cuando sea tiempo de erigir estatuas[14] a los que siguieron tan virtuosas huellas no cabrán en las espaciosas plazas de este hermoso Septentrión.

¿Dónde estuvo el templo de la unión que se desplomó a impulsos del infatigable celo de la señora de la vela verde?,[15] ¿quién hacía caso de censuras[16] en aquella desgraciada época?

Aun quiera el autor de las Zorras de Sansón ver renacer la revolución, y revolcarse en su sangre a millares de sus semejantes, divirtiéndose como otro Nerón con las ruinas de su patria. No se dirigen a otro fin estas quijotescas expresiones no estéis entendidos en que sólo hemos de ladrar como hasta aquí, sino que morderemos... y os sensibilizarán el acero y el plomo.[17] Y este bello rasgo de elocuencia azórrica ¿no tendrá el mismo objeto? ¡Ciudadanos, ciudadanos!, qué tengo que cansaros... y sólo reclamar vuestra indolencia...[18] soltad vuestras zorras con teas abrasantes y devoradoras que circulen y talen los campos de este gran Septentrión.[19]

Este pedante revolucionario, y otros de su jaez, creen hacer un grande honor a la América, haciendo alarde de la revolución más desastrosa e impolítica de cuantas cuenta la historia, suponiéndola general. ¡Necios! La mayor y mejor parte de los americanos no fuimos insurgentes, y antes combatimos contra ellos, venciéndolos siempre; díganlo las memorables batallas de las Cruces; Aculco, Calderón,[20] etcétera, etcétera. Luego no hubo el templo de la unión que supone. ¿Y cómo había de haberla si los buenos eligieron del mal el menos? Era malo nuestro antiguo gobierno, es cierto, gemíamos bajo la arbitrariedad de magistrados, curas, subdelegados, etcétera; mas ¿cuál habría sido el de después, si hubiera vencido el partido revolucionario? ¿Y cuál la suerte del hermoso Septentrión? Díganlo las provincias del Río de la Plata y Buenos Aires,[21] y aun más lastimosa habría sido la suerte de nuestro precioso Septentrión, si atendemos a la clase de sujetos que adoptaron el partido revolucionario, ¿y quiénes fueron éstos?, los pobres rancheros por su indigencia, falta de arbitrios y deseo de mejorar de suerte. ¿Y los caudillos? Algunos malos eclesiásticos, algunos frailes peores, y los demás de escasa fortuna y poca o ninguna educación: sus principios, sus medios y sus fines ya lo han dicho.

Sí, sus fines, porque, gracias a Dios, al grande Apodaca[22] y a nuestros esfuerzos acabó en este gran Septentrión la revolución, pues algunas cuadrillas pequeñas que han quedado son de bandoleros sin plan,[23] sin gobierno, sin recursos ni otros objeto que robar para vivir.

Así es, compatriotas, no existe ya la insurrección en América, sino es en la acalorada imaginación de algunos mal intencionados o mal aconsejados. Os lo asegura un paisano vuestro que, combatiendo contra ella, la vio nacer y expirar; no creáis las sugestiones de los díscolos que desean el trastorno para procurarse su fortuna sobre las ruinas de su patria; ni a los que mal informados propagan noticias falsas, haciendo creer a los incautos, por no decir a los bobos, mentiras, necedades y locuras. La unión sola sea la que nos anime para nuestra común felicidad, la que hallaremos en la paz y en nuestro sabio y nuevo Código, usando de la libertad de la imprenta[24] dignamente; reclamando, sí, pero con el decoro que corresponde el cumplimiento de la ley. Ilústrenos los sabios con discursos y proyectos de utilidad común, combatiendo las rancias preocupaciones, y callen los charlatanes que embarazan con sus producciones inútiles el progreso de la ilustración con papeles incendiarios, como lo es el de las Zorras, porque papeluchos de esta clase siembran la semilla de la discordia, la desunión y la desconfianza, precursoras de una revolución, ¿y quién no habrá escarmentado de la pasada?

Gocemos tranquilos en el seno de nuestras familias de las felicidades que nos proporciona nuestra sabia Constitución, cuyo cumplimiento, en un todo, no es obra de un día. Los temores de perder la felicidad que ya destella son vanos, porque no es ésta la época del año de catorce. En aquélla nos hallábamos embarazados con la insurrección; hoy estamos del todo libres y no consentiremos ya nuestra esclavitud. Pues soseguémo[no]s, echando un velo a todo lo pasado, y caminemos tranquilos por la senda constitucional, imitando al inmortal Fernando, cuyo nombre será eterno.

Esto es, señor Pensador, lo que dicen y piensan los payos, y consuélese usted con que hay quien le ayude a pensar mal o bien; y en cuanto a pensar sobre noticias, es menester más exactitud... ¿eh?, y no hay nada de lo de Zitácuaro.

 

Noviembre 14 de 1820.

 

J. A. S. B.[25]

 


[1] México: Imprenta de don Mariano de Zúñiga y Ontiveros, 1820, [4 pp.] El origen de esta polémica es la publicación del folleto anónimo Las zorras de Sansón. México: En la Imprenta de don Alejandro Valdés, año de 1820, 12 pp., al que sigue éste que publicamos y La cola de las zorras de Sansón, o Defensa de su autor firmado por F. B. E. María del Carmen Ruiz Castañeda dice que estas iniciales son una errata, pues en realidad es obra de Francisco Granados cuyas iniciales aparecen en El Observador Americano, 22 mar. 1824. Cf. María del Carmen Ruiz Castañeda y Sergio Márquez Acevedo, Diccionario de seudónimos, p. 361. Fernández de Lizardi contesta a este folleto que publicamos con Aún ha quedado a las zorras el rabo por desollar. Cf. Obras X-Folletos, pp. 409-415.

[2] Fernández de Lizardi responde a esto: “¿Con que yo soy isleño, eh? Sea por amor de Dios. Es menester explicar su frasecilla [...]. El Canoero, requiescat in pace, me confinó a la Isla del Cayo motu proprio, sin merecimiento ni súplica de parte, sino porque tenía gusto en despachar allá a todo el mundo [...]; pero le han dado tal sacudida al pobre, que lo sumieron en la acequia de su Preciosa, y no ha vuelto a resollar [...].” Ibidem, p. 409.

[3] Lizardi escribe: “¿Con que todos me censuran? ¡Bravísimo! ¿Y me convencen? ¿Me atacan, me concluyen? Eso no. Hablan, censuran, ladran, pero no muerden. ¿A cuántos rivales míos ha visto usted triunfar con sus críticas? [...] ¿No es claro que dóciles o convencidos no han osado sostenerse, después de mis respuestas, a excepción del muy reverendo padre Soto, a quien amo y venero a pesar de nuestras disputas literarias? Pues entonces ¿qué con que me censuren, si cada censura presta un nuevo triunfo a mi soberbia y loca vanidad...?” Ibidem, p. 410.

[4] Se refiere al periódico El Conductor Eléctrico. Cf. nota 3 a Respuesta del padre Soto..., en este volumen.

[5] Fernández de Lizardi responde a esto en Aún ha quedado a las zorras...: “En primer lugar, señor mío, no lo quise hacer creer. Di una noticia que dieron, y la di con esa advertencia, y así no se me puede argüir de falsario [...] no podía informarme de la verdad [...], me sobraba el saber que los que dieron la noticia eran hombres de bien y no escondían sus nombres en caso necesario.” Cf. Obras X-Folletos, pp. 410-411. Cf. nota 17 a Sátiras a El Pensador..., en este volumen.

[6] Fernández de Lizardi contesta en Aún ha quedado a las zorras...: “Bien se conoce, señor Desollador, sin que usted lo diga, que el papel que escribió [...] es la primera zorra que desuella, pues le ha quedado el rabo por desollar.” Ibidem, p. 407.

[7] Constitución. Cf. nota 4 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[8] Fernández de Lizardi responde en el mismo folleto: “No y sí. Prueba del no [...] [ni] la Constitución ni ningún género de gobierno es capaz de convertir los vicios en virtudes [...] Prueba del sí [...] alguno puede desembozar el vicio y manifestárnoslo como es. En tal caso, conoceremos el vicio sin el disfraz de la virtud”. Cf. Obras X-Folletos, p. 412.

[9] Se refiere al folleto Las zorras de Sansón. El autor de éste explica: “me valdré del ardid con que adquirió el triunfo y venganza de los filisteos el formidable Sansón, quien reservó para el último estremo valerse de sus incontrastables fuerzas por no ver correr la sangre de sus semejantes (aunque enemigos) y se contento con atar á las colas de trescientas zorras teas ardiendo para que talasen y destruyesen los campos sembrados, cuyo estratagema tubo tan buen resultado”, p. 1.

[10] En Las zorras de Sansón se dice: “Sí, Monarca invicto la lealtad de la América está lesa, y conserva su primitivo esplendor. Hidalgo, Allende, y todos cuantos héroes sus virtuosas huellas no hicieron otras cosas que sacudir el yugo ominoso de la esclavitud, y romper unas criminales cadenas con que el despotismo los tenía sofocados; pero aunque este grito fue inpolítico por sus trascendencias y resultados en los estandartes que tremolaron estaban gravados vuestros respetables bustos: sus aclamaciones incesantes no eran otras que: viva el Rey, viva la Religión, y viva la Nación”, p. 4.

[11] Fernández de Lizardi escribió en su folleto de respuesta: “Condena usted los hechos crueles de Hidalgo: yo también los condeno, lo mismo que los de muchos jefes del gobierno que no le han sido en saga, sino que le dieron ventaja en la crueldad [...] ¿Y esto qué prueba? Que los insurgentes robaron, mataron y cometieron todo género de exceso, lo mismo que las tropas del rey.” Cf. Obras X-Folletos, p. 412.

[12] Valladolid. Hoy Morelia en el estado de Michoacán, ciudad capital del mismo. Limita con Tarímbaro, Chucándiro, Huaniqueo, Charo, Madero, Acuitzio, Lagunillas, Quiroga y Coeneo. Situada en el valle de Morelia, llamado antiguamente Guayangareo. Fue fundada en 1541 por el virrey Antonio de Mendoza, quien le dio el nombre de Valladolid, que le fue cambiado en memoria de José María Morelos y Pavón, por el de Morelia, el 12 de septiembre de 1828. Es famoso el acueducto de 253 arcos que llega hasta el centro de la ciudad. Entre sus instituciones culturales se encuentran la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (antiguo Colegio de San Nicolás), el Museo Michoacano, la Escuela de Música Sacra y el Coro de Niños Cantores, reconocido en el país y el extranjero.

[13] Guadalajara. Cf. nota 8 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[14] Fernández de Lizardi responde en Aún ha quedado a las zorras...: “a la faramalla de usted [...] debo decirle que se espanta de muy poco [...] El amor de la patria siempre se ha tenido por una de las virtudes más recomendables. Sobraba con que los pueblos hubieran concebido que Hidalgo los amaba, para que lo hubieran seguido y ayudado [...si] se hubiera salido con la idea, ¿no es evidente que le hubieran cantado mil himnos, representando mil comedias, repicando mil campanas y erigídole mil campanas? [...] Las grandes empresas necesitan grandes hombres: si logran, vivan, son héroes; y si no las logran, mueran, son traidores.” Cf. Obras X-Folletos, p. 141.

[15] Fernández de Lizardi escribe al respecto lo siguiente: “¡Gracias sean dadas a tan feliz venida, pues mediante ella tendremos vela nueva, o masque no tengamos ninguna, si ha de ser tan indecente como la difunta, que en lo andrajosa sólo podía compararse con las banderitas que los canónigos suelen poner en Catedral el día de gala! Ello es que la vela murió... ¡Milagro patente! Para su sepulcro dedicamos el siguiente epitafio: EPITAFIO Aquí yace una altanera/ vela que en México había,/ y que si no es por María,/ ella por siempre existiera./ Mira, lector, considera/ en qué la vela paró./ Murió por fin, sí, murió:/ quedó a nada reducida,/ pues las cosas de esta vida/ hoy son y mañana no. México, junio 14 de 1825. El Pensador”. Véase Conversaciones del Payo y el Sacristán, t. II, núm. 20, en Obras V-Periódicos, p. 473. Cf. también nota 4 a El Teólogo Imparcial, número 3, en este volumen.

[16] Fernández de Lizardi responde: “Una palabra que se profiera contra la Inquisición antiguamente era un delito horrendo, digno del quemador, y ahora no se tiene por liberal o por verdadero desasnado el que no conoce y declama contra aquél nefando tribunal. Con que ve usted cómo nuestro Código NO convierte en virtudes los vicios, pero SÍ desnuda al vicio de la capa de la virtud”. Cf. Obras X-Folletos, pp. 412-413.

[17] En Las zorras de Sansón se lee lo siguiente: “Sí, hombres malvados [se refiere a los serviles que juraron la Constitución pero no la cumplen], con vos hablo; y no estéis persuadidos que sólo hemos de ladrar como hasta aquí, sino que morderémos [(1) Manos besan hombres que quisieran ver quemadas. Cf. nota 4 a Al que le venga el saco que se lo ponga...] pues una nación libre es la que os amenaza: y si las teas, ó rayos luminosos de la verdad que atamos á las colas de las trescientas zorras no bastaren para haceros adherir a la razon, justicia, y equidad, os sensibilizaran el acero y el plomo”, p. 2

[18] En el mismo lugar se lee: “¡Ciudadanos! ¡Ciudadanos! Que tengo que cansaros en referir los sucesivos acaecimientos [insurrección, injusticia del virrey Venegas y de las víctimas de Las Cruces, Guanajuato, Calderón, Cuautla, ya que debió capitular para evitar las muertes], para acordaros pasajes tan lúgubres y tenebrosos, y solo si reclamar vuestra indolencia!”, p. 6.

[19] En el texto citado se lee: “Los ciudadanos envueltos en el abatimiento y silencio profundo que evitaban el encuentro sus humedecidos ojos para respetar y obedecer á los déspotas, ya podrán burlarse de sus amenazas; pero para disfrutar de este cúmulo de delicias ¿cuál es, os pregunto el sacrificio que resta haceros? ¿cuál? Yo os lo diré. Soltad vuestras zorras con teas abrasantes y devoradoras, que circulen y talen los campos de este gran Septentrión: y exterminen las mieses corrompidas del infame servilismo”, p. 9.

[20] Las Cruces, Aculco y Calderón. Fernando VII agració a Félix María Calleja del Rey con título de conde de Calderón por haber triunfado en esta batalla. Se efectuó el 7 de enero de 1811 en el puente de Calderón, sobre el río Verde, Jalisco, cerca de Guadalajara. Al frente de los realistas iba Calleja y de los insurgentes, Hidalgo y Allende. El 30 de octubre de 1810, con un ejército de 100 000 hombres, Hidalgo venció al brigadier Torcuato Trujillo en el Monte de Las Cruces. Pero después de esta victoria, y cuando tenía a la capital indefensa, emprendió la retirada. Las tropas realistas al mando de Calleja sorprendieron a las fuerzas insurgentes en Aculco (noviembre de 1810), cuando parte de éstas se hallaban dispersas en busca de alimento en las inmediaciones de Arroyozarco. Con poco más de 5 000 hombres Calleja venció a los insurgentes; recuperó los dos cañones y un carro de parque que había perdido el general Trujillo en la batalla de Las Cruces, así como gran cantidad de pertrechos.

[21]  Desde el siglo XVII Buenos Aires era el principal centro de la actividad comercial en la cuenca hidrográfica del litoral argentino, formado por los estados provinciales de Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y Buenos Aires. Durante la Colonia fue el centro comercial de un vasto conjunto de productos regionales americanos, que llegaban a distintos mercados rioplatenses y altoperuanos. “Después de la Independencia de 1810, se perdió la vinculación con el Alto Perú; Buenos Aires mantuvo su hegemonía mercantil sobre el litoral al no permitir la libre navegación de los ríos interiores, reservándose el papel intermediario entre las provincias y los mercados domésticos y ultramarino, manteniendo sobre este espacio una posición económica y geopolítica privilegiada.” Véase Roberto Schmit, “Comercio y mercado en el litoral argentino durante la primera mitad del siglo XIX”, en Jorge Silva Riquer, Juan Carlos Grosso y Carmen Yuste (comp.), Circuitos mercantiles..., pp. 291-292.

[22] Juan Ruiz de Apodaca. Cf. nota 5 a Verdadera prisión y trabajos del padre Lequerica, en este volumen.

[23] El 30 de julio de 1811 Hidalgo fue fusilado; el mando del movimiento insurgente quedó a cargo de Morelos. Después de varias victorias en el Sur, el largo sitio de Acapulco dio oportunidad a Calleja de fortalecer al ejército realista, y a fines de 1813 las fuerzas de Morelos sufrieron una grave derrota en Valladolid. En 1815 Morelos fue capturado y fusilado en diciembre de ese año. En 1816 la rebelión estaba prácticamente terminada. En los dos años siguientes los pocos jefes rebeldes que quedaban se plegaron a la amnistía que ofreció el virrey Apodaca. Después de la expedición de Mina en 1817 sólo se mantuvieron dos jefes insurgentes con escaso poder: Vicente Guerrero en la Sierra Madre del Sur, y Guadalupe Victoria entre Puebla y Veracruz. Cf. Timothy Anna, La caída del gobierno español..., p. 202.

[24] libertad de imprenta. Cf. nota 7 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[25] J. A. S. B. Fernández de Lizardi confirma a este autor como Francisco Granados, en Sólo un ruin perro acomete a otro perro ya rendido: “apenas le echó el guante [a Rafael Dávila] la Junta de Censura, salieron sus antagonistas, poniéndolo como un suelo; lo mismo le sucedió a Granados con sus Zorras de Sansón [desolladas]”. Cf. Obras XII-Folletos, p. 212.