LA PALINODIA DE [JOSÉ] J[OAQUÍN] F[ERNÁNDEZ] [DE] L[IZARDI].

PENSADOR MEXICANO. PERIODISTA ELÉCTRICO.[1]

 

 

Securi jam poterunt viri improbi non medo ad aurem admovere sermonem, qui ut cancer serpat, sed patentius venenum spargere, atque emovere virus pestilentissimi erroris sui... Nunc id solum agitur: propositionum sapores magis sentiendi, et gustandi viribus discernendos, quam speculandi. Itque non praeceptis, et regulis, sed prudentia,[2] et sagacitate dijudicantur.[3]

 

Ya podrán, asegurados los hombres ímprobos, no sólo hablar al oído un discurso, que cunda como el cáncer; sino derramar el veneno más descaradamente y vomitar las pestilentísima ponzoña de su error... Ahora solamente se trata de discernir los sabores de las proposiciones, más bien con las facultades del sentido y del gusto, que con las de especular, y así van a ser censurados, no por preceptos y reglas, sino por la prudencia y sagacidad. Melch. Can. libro 12. capítulo 1o. de Locis Tehologicis.[4]

 

¡Sús!,[5] señorito, ¿qué pensaba usted, que no había gente en casa? Cantará usted y muy cantará, y muy que sí la palinodia,[6] o se lo tiene de llevar la trampa. No hay que echarse para atrás, seó guapo,[7] teologón de baratillo.[8] ¿Conque su altisonante y sapientísima pluma desafía a... a todo sabio, a todo católico, a todo el orbe cristiano, a que le manifieste una proposición herética en el papelote sacrílego de Pan y toros?[9] Yo admito: vamos al campo. Ya desenvaino el florete, y no hay que huir el bulto. ¿Usted entiende lo que es proposición heretical? Digo que no, pues escuche usted: proposición herética es "la que (se habla de un autor que profesó el cristianismo) contiene un error pertinaz, que manifiestamente contradice a una verdad, que con toda certeza consta que es católica" y esto antes del juicio o sentencia de la Iglesia.

De esta calidad, de este moldecito, de esta oposición a las verdades dogmáticas de nuestra santa fe tiene proposicioncillas o proposiciones su ahijado de usted Pan y toros. No mude usted postura: firme, firme sobre el punto. Míreme usted a los ojos. “Todas las naciones del mundo, siguiendo los pasos de la naturaleza han sido en su niñez débiles..., en su decrepitud supersticiosas y tiránicas... y ninguna ha conseguido evitar la superstición... Y España me ha hecho ver el espectáculo más asombroso del universo”[10] ¿Y cuál es, cuánta es esa decrepitud de inevitable superstición en que vuestros ojos han visto a la España, señor Jovellanos? Decid: ¿cuál es ese vicio opuesto diametralmente a la religión, a la fe y a la moral de Jesucristo, que os ha consternado como si vieseis un espectáculo de horror? Ya lo dice en su Pan y toros: “La metrópoli tiene más templos que casas, más sacerdotes que seglares, y más aras que cocinas... No se da paso, que no se encuentre una cofradía, una procesión o rosario cansado”,[11] etcétera, etcétera. Vamos andando. ¿A qué otra cosa llama vuestra excelencia, señor don Gaspar, superstición y tiranía en nuestra católica nación? Ya lo expresa en su Pan y toros: “Las decisiones de la curia romana y las opiniones particulares han corrido parejas con las verdades dogmáticas e incontrovertibles. En cuanto toca a la Iglesia (nótese bien) se ha tenido por incompetente el tribunal de la razón, se ha tratado de herético (nótese bien) todo aquello que no se acomoda con las máximas romanas. El culpadísimo desprecio con que han tratado los protectores la disciplina dogmática de la Iglesia, nos ha determinado a venerar (nótese bien) los más despreciables abusos de los siglos bárbaros... Las Santas Escrituras, pan cuotidiano de las almas fieles, se han negado al pueblo como veneno mortífero, sustituyendo en su lugar meditaciones pueriles, e historias fabulosas... La moral cristiana se ha presentado bajo mil aspectos, y siendo uno el camino del cielo, ya nos lo han pintado llano, ya difícil, ya inaccesible... Aquello que el Señor dijo para que todos lo entendiesen, se ha creído que apenas uno u otro doctor lo pueden comprender...

“Millones de santurrones apócrifos han llenado el mundo de patrañas ridículas, verbigracia, de la conversión de cubas de agua en vino, para que bebiese una comunidad... La Iglesia (nótese bien) ha trabajado de continuo en desterrar de los fieles la preocupación de virtud particular de las imágenes, y los eclesiásticos no han cesado de establecerla. Una imagen de Cristo se ve en un rincón, etcétera, al paso que otras se ostentan en costosos retablos, no se muestran, si no es con muchas ceremonias y gran suntuosidad...”[12]

¿Qué parece a usted todo este parlotaje señor F[ernández] [de] L[izardi]? Usted dirá lo que dice su descomunal Eléctrico número 24;[13] pero ya verá usted lo que dice la Iglesia y la ciencia de la religión. Tampoco hacía buen paladar al señor Jovellanos que las imágenes de Atocha,[14] de Almodena[15] y de la Soledad en la corte de Madrid tuviesen un especial culto y adoradores, y que entre éstos hubiese una santa emulación sobre la preeminencia de milagros que Dios ha obrado y obra por medio de aquellas imágenes de su Madre Santísima. Y a esto llama el señor don Gaspar partido de idolatría sin un dedo de diferencia. ¿No es verdad, señorito, patrón y defensor de Pan y toros? Y concluye, señor Jovellanos que “por tales motivos la religión en España estaba reducida a exterioridades”.[16]

Aquí empiezo con mis tajos. Cuerpo recto, señor Pensador Eléctrico; ¡sús!, señor Jovellanos, autor del herético papel Pan y toros, afirma que la nación española había llegado al estado de obscura y asombrosa superstición (relativamente a la profesión del cristianismo) en puntos de dogma, de disciplina, de predicación, de falsa creencia, de milagros, de multitud de templos, aras, sacerdotes, etcétera... y sobre las verdades de más grave momento, que son las que contiene la Escritura Santa, en vez de los cuales se le daban al pueblo de los creyente[s] puerilidades y fabulosas historias.

¡Sús! Es así que este aserto, en el sentido mismo en que [el] señor Jovellanos lo expresa y lo defiende, y como lo defienden sus apasionados, es herético; luego, Pan y toros contiene proposiciones heréticas. Cuenta con perderme de vista, señor de Lizardi. Oiga vuestro inconsiderado y altanero desafío.

“La proposición que dice que en estos últimos tiempos se ha esparcido un general obscurecimiento sobre las verdades de más grave momento, que pertenecen a la religión, es herética.”[17]

Señor mío, tome usted aliento. No soy yo el que calificó y juzgó y el que fulminó tan terrible fallo, es la sabiduría, el poder y la palabra del Espíritu de Dios, que asiste a su Iglesia, y que hace infalible la sentencia del Sumo Sacerdote, sentado sobre la silla de Pedro, y con toda la autoridad de Jesucristo. Éste fue el señor Pío VI en su bula Auctorem fidei,[18] condenando el excecrable conventículo de Pistoya,[19] reunión de toda raza de heresiarcas, principalmente jansenistas. Esa proposición es la primera entre todas las condenadas, y esa mismísima es la de Pan y toros, con la diferencia de que este condenable y seductivo discurso la asienta capciosa y políticamente, y por caminos tortuosos, intrincados y floridos, y con infernal artificio lo hace persuasible a los míseros incautos, y con la miel del estilo aturdidor la hace tragar a los que ansían novedades, y no saben precaverse de la hoya de su perdición.

¿Y es ancianidad delirante, es un despreciable y ridículo catolicismo la abundancia de aras, de templos y de ministros del verdadero Mesías, dedicado todo al culto del Dios de los cristianos? ¿Y será pluma ortodoxa la que satiriza como chochez supersticiosa al espíritu de devoción, que en públicas procesiones de cofradías y rosarios tributa honor a Jesucristo, a su Madre inmaculada y a los santos, nuestros abogados ante el altísimo? ¡Ah, filósofos reformadores! ¡Ah, hipócritas! ¡Ah, lobos disfrazados con pieles de ovejas, de amigos de la humanidad y del culto debido al supremo Numen! ¡Ah, enemigos del Evangelio! ¿A quién hemos de oír, a vosotros o a la Iglesia, maestra de la verdad? ¡Ah, plumas heréticas!, distinguid, sí, distinguid: que no es lo mismo cierto abuso, efecto de la humana fragilidad, que aquel culto que los fieles dan a su Dios, a su Redentor y a los ciudadanos del empíreo.

La Iglesia sabe infinitamente más que vuestra nublada soberbia. La Iglesia no abona los extravíos de los que abusan del exterior culto; pero la Iglesia canoniza lo que vosotros condenáis. Y si os oponéis a las decisiones de la Iglesia, si sois pertinaces en resistir a la Iglesia, sois herejes.

Mucho me dilato: abreviaré, Pensador Mexicano, hombre temerario, escritor incipiente y seductor de las almas sencillas. Oír y callar.

Afirmar que las opiniones particulares de la curia romana corren parejas, que es decir, que están confundidas con los dogmas incontrovertibles, afirmar que la Iglesia romana condena como herético todo lo que no acomoda a sus privadas máximas, y que en su tribunal de jurisdicción contra los herejes no tiene cabida la razón, y que de aquí la disciplina dogmática de la Iglesia romana nos ha determinado a venerar los más despreciables abusos de los siglos bárbaros, todo esto es negar la infalibilidad de la Iglesia romana en puntos de decisiones, determinaciones, juicios y sentencias tocantes a los dogmas de la religión cristiana. El negar tal infalibilidad a la cátedra y tribunal de Pedro, a la Iglesia, que habla por inspiración al Espíritu de verdad, esto es herejía, y de las máximas, de las más horribles; y esto es lo que afirmó con todo ahínco Pan y toros. Diga señor Jovellanos, o diga usted, señor Pensador, ¿cuál es el abuso de los siglos bárbaros, o de las naciones supersticiosas, que nos lo haya enseñado como dogma de nuestra santa fe la Iglesia romana? ¿Cuál es la opinión particular de los curiales de Roma, o de los protectores de la disciplina dogmática, que la Iglesia de Jesucristo nos haya propuesto como verdad revelada, para que le demos ascenso con la fe sobrenatural? Yo desafío a Jovellanos, a El Pensador Mexicano, a todo hombre, y hasta al mismo infierno, a que me señale y me pruebe un solo yerro de la Iglesia romana en materia de nuestra santa creencia.

Mire usted que reflexión tan obvia, pero demostrativa e insoluble. Si la Iglesia romana no da audiencia a la razón, y condena como herético todo lo que no acomoda a sus máximas, se infiere que hay algunas verdades dictadas por la razón, que la Iglesia de Roma ha anatemizado como heréticas. Si es así, digo: luego la Iglesia romana ha canonizado como dogmáticas las proposiciones falsas contrariadas a las verdades de razón, que ha sentenciado como heréticas; luego, Roma es maestra de dogmas erróneos; luego, Roma enseña dogmas que tiranizan la razón; luego, los dogmas que la Iglesia romana define no son creíbles; luego, no hay otro recurso que negarse a Roma en la creencia y en la obediencia. Aquí tiene usted a Pan y toros bien entendido: a todo eso nos seduce tan apreciable discurso. ¿Y cuántas herejías no están ahí contenidas, envueltas, sembradas y almibaradas? ¡Ah, Iglesia de Roma, cuántos enemigos te combaten! Pero tu fe no faltará jamás sobre la Tierra.

Item. Si la religión de Jesucristo que profesa nuestra nación católica, la vio Jovellanos en sus días, y El Pensador la ve en los suyos, como discípulo de Pan y toros, reducida a puras exterioridades luego la religión de España fue y es un exánime esqueleto, una pantomima, un embrollo, un... abismo de falsedades, de supersticiones, de idolatría, etcétera; luego, en la religión católica que profesa España no hay tal catolicismo, no hay santidad, no hay sacrificio, no hay sacramentos, no hay Dios ni vida eterna; luego, no es la religión verdadera la romana, la apostólica, porque esta religión es la que profesa España. Diga, pues, El Pensador (porque los muertos no hablan) ¿en dónde ven sus ojos a la verdadera religión de Jesucristo? Según Pan y toros la religión romana, de quien es discípula la nación española, está reducida a puras exterioridades, de modo que en su espíritu de devoción y de piedad no dista un dedo de idolatría. ¿En dónde, pues, señor Pensador, está la religión católica? ¿Qué más dijeran, dijeron y dirán los herejes contra la Iglesia, que fundó el Mesías con su sangre? ¡Miserables españoles que idolatramos, creídos en que damos culto a Dios, y a su Cristo! Roma, bien puedes callarte, ya España no quiere su magisterio; el Vaticano nos engaña; el espíritu de mentira y superstición caracteriza la cátedra de San Pedro; Jovellanos y otros de su ralea, sus defensores, y los discípulos de Pan y toros son los enviados que debemos oír; su pluma y su boca tienen el sello de la infalibilidad, ellos son nuestros maestros en el importante asunto de religión.

Nación chocha, multiplica tus cocinas y tus marmitones, porque tu vientre es tu Dios; minora ese gran número de aras y de sacerdotes, porque el divino culto te roba, se traga tus intereses; la grandeza, la opulencia, la solemnidad de los templos y días festivos, dedicados al Dios Eterno, te acreditan de decrépita, de fantástica, de supersticiosa, etcétera; y vendrás por último a fallecer en el estado más vil de miseria y de irrisión a la faz de las naciones cultas. ¿No es verdad esto, señor Pensador? ¿No es éste el lenguaje del verdadero catolicismo, del verdadero amor patrio, del entusiasmo más fino y más político?

Señor F[ernández] [de] L[izardi], ¿no sería “muy conveniente a el orden de los divinos oficios y a la antigua costumbre el que no hubiese, sino una sola ara o altar en cada templo?”[20] Según el espíritu de reforma de Pan y toros, no sólo sería conveniente, sino necesario en la Corte de Madrid, y en todos los dominios españoles. Pues, señorito, tal proyecto religioso y litúrgico es la proposición 31 del Concilio de Pistoya, condenada , y muy bien condenada, por la infalible Iglesia romana, en la citada Auctorem fidei, del señor Pío VI.

Si no estamos picados de la araña o ponzoña, para calumniar a la Esposa inmaculada del Cordero, hemos de decir que esta Madre celosa[21] y prudente, siempre ha querido y mandado que sus hijos se alimenten con la palabra de las Escrituras santas, y que tal pasto se divida en conformidad del estado y condición de los fieles: a los párvulos, como a párvulos; a los varones, como a varones; y a los jóvenes como a jóvenes. Este método de enseñanza y tradición[22] de las divinas páginas no ha gustado a los heresiarcas. Pero San Pablo arguye en contra de tal queja, diciendo que en la Iglesia, unos son pastores, otros doctores, otros profetas, otros apóstoles, etcétera,[23] por lo cual los simples fieles, no son acreedores a que se les confíe cuanto contiene el volumen de los misterios. Sólo de una suerte: que todo bautizado tenga el espíritu de inteligencia, y de interpretación de las Sagradas Letras, cual lo han finigido y fungido algunos herejes. Sobre todo el legítimo discípulo de la Iglesia somete su curiosidad y su hinchado antojo antojo, a los mandamientos de su Madre; y si no, es sospechoso en su fe.

Ahora, aquellito[24] que dice Pan y toros de que la moral cristiana ha mudado mil aspectos, y que (como supone por los escolásticos) ya no se sabe cuál es el camino para el cielo,[25] señor Panadero y Torero, eso es doctrina condenada en la misma bula del mismo Pontífice en la proposición 76, que comienza: “El desprecio”, etcétera.[26] No deje usted de leerla, pues yo no tengo gana de dárselo todo mascadito.

También allí mismo en la bula idem del Papa idem, usted leerá condenada doctrina idem que la de Pan y toros, y la he de trasuntar aquí. Proposición 70, atención: “También la doctrina y mandamiento que reprueba todo culto especial, que acostumbran a dar los fieles con particularidad a alguna imagen, y recurrir a ella más que a otra.”[27]

¿Oyó usted? ¿Entendió usted? Pues ¡sús!, allá va la censura del Vaticano: “Temeraria, perniciosa, injuriosa a la piadosa costumbre frecuentada en la Iglesia, como también a aquel orden de la Providencia, por el cual Dios, que reparte según su voluntad los dones que le quiere dar a cada uno, no quiso se obrasen estos prodigios en todos los lugares consagrados a la veneración de los santos”.[28] ¡Qué contingencia!, en el año idem que la Iglesia condenó la doctrina de los heresiarcas pistoyenses, escribió Jovellanos su Pan y toros, salpicado o empapado de la maldita doctrina del Concilio de Pistoya.

De aquí se evidencia que Jovellanos es un falsario, un impostor sacrílego cuando dice: “La Iglesia ha trabajado de continuo en desterrar de los fieles la preocupación de virtud particular en las imágenes, y los eclesiásticos no han cesado de establecerla”.[29] Miente la jansenista pluma de Jovellanos.

La sinagoga excomulgada de protervos hipócritas pistoyenses, no es la Iglesia, es congregación de herejes, de miembros separados de la Iglesia romana. Ellos dijeron lo que dice Pan y toros contra el culto particular a las imágenes, y la cátedra del Espíritu Santo definió lo contrario.

También en la bula idem en la proposición 72[30] está condenada la doctrina que quiere se destierre como abuso la costumbre de guardar con velos ciertas imágenes. Procure usted leer tal condenación, y dígame dócilmente si será buena doctrina la de Pan y toros, que llama superstición y decrepitud, etcétera, el que España venere imágenes en retablos costosos, y que los muestre con ceremonias,[31] ¿que presumo será de encender velas y correr velos? Dígame usted, ¿tan peregrino fue Jovellanos en su patria, y usted, en México, y en todo este hemisferio, que no llegaron a su noticia los extraordinarios e innumerables portentos que Dios ha obrado por medio de imágenes de Atocha, de Almodena, etcétera, y en nuestro suelo de la Guadalupana,[32] la de los Remedios,[33] de los Ángeles,[34] etcétera? Pues, señores reformadores, o negamos esos particulares milagros, o no condenemos la particular devoción [h]acia nuestras particulares imágenes. Elija usted, señor Pensador, si usted elije lo segundo, elija también condenar a Pan y toros, que contiene proposiciones condenadas; mas la astucia de su autor es muy hipócrita, pues para asentar esta excecrable enseñanza, se vale de que una imagen de Jesucristo se suele ver arrinconada, sucia,[35] etcétera. Señor ilusor, ni esto es piedad, ni devoción, si acaso usted u otro lo ha visto, ni su inferencia de usted es ni devota, ni piadosa, ni conforme a la Iglesia de Roma.

Últimamente: si la pluma del excelentísimo Jovellanos no hubiese sido dirigida por el espíritu de aversión a la actual disciplina de la Iglesia, no hubiera hecho artificiosamente una masa confusa de santurrones, y verdaderos siervos de Dios; de milagros supuestos, y verdaderísimos y autenticados milagros. De lo primero, nada se infiere contra la religión santa; de lo segundo, se demuestra su santidad. Y el hacer revoltijo de uno y otro, sin distinción, con el fin de llamar casi idólatra, supersticiosa y caduca a la religión de Jesucristo entre los fieles españoles, para baldonarla con el apodo de vieja regañona,[36] que ya no tiene sino exterioridades, ¿qué será herejía o sapiens haeresim?[37]

El primer milagro que Jesucristo obró en este mundo, a presencia de los hombres, fue convertir seis tinajas de agua en vino muy especial, para que lo gustasen los convidados a las bodas de Caná.[38] Este caso no es apócrifo, señor Pensador, es historia evangélica. Está bien: Cristo dijo (y lo ha cumplido) a sus discípulos que entre los creyentes habría quien obrase mayores milagros que los que su divina Majestad obró en vida mortal.[39] ¿Qué implica, pues, el que un varón santo haya convertido en vino cubas de agua, para que beba una comunidad? Pero tales conversiones llama patrañas el incrédulo Pan y toros. Si nuestra crítica sólo sabe negar todos los milagros y mucho más, si Dios los ha hecho por medio de santos relgiosos, o fraizuelos, entonces ya no hay caso. Mas esa exquisita crítica es, y ha sido y será, de los sabios anticristianos.

Señor d[on] J[osé Jaquín] F[ernández] [de] L[izardi], ¿he probado que hay una (no quiero más) proposición herética en su favorito Pan y toros? Si usted dice que no merece que lo destierren del mundo racional, y si concede ¿qué hace? Manos a la obra: tome usted la pluma, y cantar, cantar la palinodia,[40] que no le vayan a decir a usted por ahí más desahogos de los que le han dicho. Y yo digo que usted en su fanfarronada de desafío no supo lo que dijo, ni lo que Jovellanos dice en el maldito Pan y toros.

Ésta no es calificación teológica, sino descalabradura al anti[r]religioso desafío de usted y manifestación del espíritu jansenista, y algo más, de Pan y toros. Y para precaución de los que leyeren tal papel, y también algunos de usted como el número 24 de su condenado Eléctrico, y otros semi (o sin semi) heresiarcas, vaya esa pucha[41] a modo de

 

 

SONETO

Cualquiera que tú seas, lector cristiano,

ándate con gran tiento y advertencia,

no corrompa tu fe la pestilencia

de tanto papelucho anti-cristiano:

De El Pensador llamado Mexicano,

no recibas doctrina de insolencia

contra la fe de España y la obediencia,

que se debe al Pontífice Romano.

Ese autor recomienda a Pan y toros,

y este papel enseña el jansenismo,

por la Iglesia de Roma condenado:

Y un libelo que exhala por los poros

el cisma, herejía y filosofismo,

¿podrá ser entre fieles alabado?

 

Fray Mariano Soto[42]

 


[1] México: Oficina de los ciudadanos militares don Joaquín y don Bernardo de Miramón [Cf. nota 1 a La horca para Amán, en este volumen], calle de Jesús número 16 [Cf. nota 1 a La horca para Amán, en este volumen], 1820, 18 pp. Fray Mariano Soto escribe este folleto para responder a los juicios de Fernández de Lizardi sobre el folleto Pan y toros de León de Arroyal, atribuido a Gaspar de Jovellanos, publicados en el número 24 de El Conductor Eléctrico, como respuesta a una consulta de M. S. E., fechada en Oaxaca el 12 de agosto de 1820. Cf. Obras IV-Periódicos, pp. 423-428.

[2] prudentis en el original.

[3] dijudicantur en el original.

[4] Traducción de José Quiñones Melgoza: “Ya podrán, seguros, los hombres perversos no sólo decir al oído un sermón que cunda como el cáncer, sino esparcir el veneno más abiertamente y vomitar la ponzoña de su muy contagioso error... Hoy sólo se trata de éste: de discernir los sabores de las proposiciones con las facultades más bien de los sentidos y del gusto que de la especulación. Y así los dioses son juzgados no por sus preceptos, sino por su prudencia y sagacidad.”

[5] ¡Sús! apócope de Jesús.

[6] palinodia. Cf. nota 5 a Caústico a dos escritores alcaldes rebuznadores..., en este volumen. En el número 24 de El Conductor Eléctrico Fernández de Lizardi había escrito: “Últimamente, yo desafío al que quiera a que me señale una proposición herética en el Pan y toros, en cuyo caso, y si lo prueban, protesto con la mayor docilidad cantar la palinodia”. Cf. Obras IV-Periódicos, p. 425.

[7] seó. Cf. nota 7 a La horca para Amán..., en este volumen.

[8] baratillo. Cf. nota 12 a Bofetón sin mano..., en este volumen.

[9] Pan y Toros. Cf. nota 6 a El Teólogo Imparcial, número 2, en este volumen. El folleto inicia con un epígrafe de la conocida sátira X de Juvenal: “Nunc se continent atque duas tantum res angius optat/ pane et circenses”, que De Arroyal parafrasea como sigue: “El pueblo que ayer con lloros/ por su libertad gemía/ se satisface en el dia/ con que le den pan y toros”.

[10] La cita completa es como sigue: “Todas las naciones del mundo siguiendo los pasos de la naturaleza han sido en su niñez débiles, en su pubertad ignorantes, en su juventud guerreras, en su virilidad filósofas, en su vejez legistas, y en su decrepitud supersticiosas y tiránicas. Ninguna en sus principios ha evitado el ser presa de otra más fuerte: ninguna ha dejado de aprender de los mismos bárbaros que la han invadido: ninguna se ha descuidado en tomar las armas en defensa de su libertad cuando ha llegado á poderla conocer: ninguna ha omitido el cultivo de las ciencias luego que se ha visto libre: ninguna se ha escapado de la manía de legisladora universal si se ha considerado científica; ninguna ha conseguido evitar la supersticion y servidumbre luego que ha tenido muchas leyes. Estas verdades comprobadas por la historia de todos los siglos y algunos libros que habían llegado á mis manos (escritos sin duda por los enemigos de nuestras glorias) me habían hecho creer que nuestra España estaba ya muy próxima á los horrores del sepulcro; pero mi venida a Madrid sacándome de la equivocacion en que vivía me ha hecho ver el espectáculo más asombroso que se ha presentado en el Universo”. Cf. Pan yToros, México: Imprenta de Ontiveros, 1820, p. 3.

[11] La cita completa es : “La Metrópoli tiene mas templos que casas, mas sacerdotes que seglares, y mas aras que cocinas, hasta en los sucios portales, hasta en las infames tabernas se ven retablillos de papel, pepitorias de cera, pilitas de agua bendita y lámparas religiosas. No se da paso que no se encuentre una cofradía, una procesión ó rosario cansado”. Ibidem, p. 4.

[12] La cita completa dice: “Las decisiones de la Cúria Romana y las opiniones particulares han corrido parejas con las verdades docmáticas é incontrovertibles. En cuanto toca á la Iglesia se ha tenido por incompetente el tribunal de la razon, y se ha tratado de herético todo aquello que no se acomoda con las máximas romanas. La demasiada libertad de escribir en los estrangeros ha hecho que nosotros hayamos sido esclavos en leer. El culpadísimo desprecio con que han tratado los protectores la disciplina docmática de la Iglesia, nos ha determinado á venerar los más despreciables abusos de los siglos bárbaros. El rebaño de los fieles ha sido apacentado por muchos siglos, por Rabadanes, intrusos sin autoridad de los pastores que el Espíritu Santo puso para regirles, y la sal de la doctrina y de la caridad se ha repartido al pueblo católico por coadjutores de los párrocos á quienes toca saber lo que se ha de dar á cada uno. Millares de obispos ha visto España que muy cargados de decretos y fórmulas forenses, jamas han cumplido el objeto de su misión, que no fue otro que el de predicar el evangelio á todo el mundo dirijiendo á los hombres por la via de la paz y no por la de los pleitos. La santas escrituras pan cuotidiano de las almas fieles, se han negado al pueblo como veneno mortífero, substituyendo en su lugar meditaciones pueriles o historias fabulosas. El influjo frailesco ha hecho pasar por verdades reveladas los sueños y delirios de algunas mujeres insensatas y simples mentecatas, desfigurando el eterno edificio del evangelio con arrimadizos y templos incorruptibles. La moral cristiana se ha presentado bajo mil aspectos; y siendo uno el camino del cielo ya nos lo han pintado llano, ya difícil, ya inaccesible. La sencillez de la palabra divina se ha oscurecido; aquello que el Señor dijo para que todos lo entendiesen, se ha creído que apenas uno ú otro Doctor lo puede comprender; y dando tormento á las expresiones mas claras se ha hecho erigir sobre ellas el ídolo de la tiranía.

  “Millones de santurrones apócrifos han llenado al mundo de patrañas ridículas y de visiones que contradicen á la terrible majestad de nuestro Dios. En ellas vemos a Cristo alumbrando con un candil á una para que eche el pan en el horno: tirando narangitas á otra desde el Sagrario: probando las ollas de una comunidad y jugando con un fraile hasta serle importuno. En ellas vemos á un Leguito uniendo milagrosamente los cascos de una botella quebrada para recoger un cuartillo de vino derramado, sin mas que consolar á un muchacho á quien se le cayó al salir de una taberna: á otros convirtiendo unas cubas de agua en vino para que bebiera la Comunidad; y á otros resucitando á un pollinejo que había nacido muerto, para que no lo sintiera un hermano de la Orden. En ellas vemos un hombre muerto de muchos años conservar la lengua viva hasta confesar su culpas: á otro tirarse de una balcón y caer sin comodidad en la calle para ir al Rosario, y un voraz incendio apagarse de repente sin mas que arrojar en él un escapulario de estameña. En ellas vemos á la Virgen María sacar su pecho virginal para darle leche á un monge: los Angeles cantar maitines porque en el convento dormian; y los Santos mas humildes degollando á los que no eran afectos á su Religión. Los pintores imbuidos en estas especies han representado en sus tablas estos títeres espirituales, y el pueblo idólatra les ha tributado una supersticiosa adoracion. La Iglesia ha trabajado de continuo en desterrar de los fieles la preocupacion de virtud particular de las imágenes, y los eclesiásticos no han cesado de establecerlas. Una imagen de Cristo se ve en un rincon descuidada, sucia y sin culto, al paso que otras se ostentan en costosos retablos y no se muestran sino es con muchas ceremonias y gran suntuosidad.” Ibidem, p. 10-11.

[13] En El Conductor Eléctrico número 24, Fernández de Lizardi escribe: “Nada extraño es que o la ignorancia, o la malicia llame impío y herético al papel Pan y toros. Su autor no hizo más que ridiculizar con fina y picante sátira los abusos que notó en España en su tiempo, con el santo fin de que se remediase [...] usted y todos los que oigan gritar contra el Pan y toros pueden tranquilizarse, asegurados en estas verdades y en que los que se quejan por semejantes escritos no es porque son tan piadosos como aparentan, sino porque se sienten adoloridos, se ven retratados fielmente, su figura ridícula les incomodo y exclaman ingratos contra la medicina que les puede facilitar la sanidad”. Cf. Obras IV-Periódicos, p. 425.

[14] virgen de Atocha. Según la tradición, se dice que un apóstol de Antioquia llevó á Madrid una imagen de la Virgen, a la que erigió una modesta ermita en los arrabales de la parte baja de la población, en unos campos sembrados de esparto (atochales), tomando de aquí el nombre de Nuestra Señora de los Atochales o de Atocha. Los milagros de la santa imagen hicieron que fuera creciendo su culto, se celebraran en su honor concurridísimas romerías y que los devotos le regalaran gran número de exvotos y valiosas alhajas. En 1162 fue agregada la ermita a la iglesia regular de Santa Leocadia de Toledo y, por orden de Carlos I, en 1523 se fundó en el solar de la ermita una iglesia y un convento que ocuparon las hermanas de la Orden de predicadores, con licencia papal de Adriano VI. En este templo se guardaban las banderas de los ejércitos castellanos que combatieron contra los turcos, las que fueron a la conquista de América, las de las guerras de Independencia y de África.

[15] virgen de Almodena. “Nombre con que se venera a la Virgen María en Madrid. Su templo fue el primero que existió en esta capital, en el lugar donde se levantaba una mezquita. La imagen de la Virgen fue encontrada el 9 de noviembre de 1085 al desplomarse unas piedras de la Alhóndiga ó Almudith, establecida por los moros. Se supone que al conquistar éstos a Madrid, los cristianos enterraron la santa imagen para preservarla de la profanación, cumpliendo así el decreto del arzobispo de Toledo, don Raimundo. El rey, después de la conquista de Toledo, mandó que se colocara [la imagen] en el mismo templo que existía. En 1868 fue trasladada a la iglesia del Sacramento por demolición del suyo. [...] Se supone que el nombre de Almudena deriva de que todos los labradores que iban a vender granos a Madrid dejaban un almud para la Virgen.

[16] El texto de De Arroyal dice: “La Virgen de Atocha, la de Almudena y la de la Soledad en esta córte se compiten la preminencia de milagrosas, y cada una tiene su partido de devotos que si no son idólatras, no les falta un dedo para hacerlo. La Religión la vemos reducida á exterioridades”. Cf. Pan y Toros, p. 11.

[17] Seguramente, se refiere al pasaje siguiente: “Me ha mostrado [su visita a Madrid] una España decrépita y supersticiosa que pretende encadenar hasta las almas y entendimientos.

  “La ignorancia ha engendrado siempre la supersticion, asi como la soberbia la incredulidad. Entre nosotros ha estado por muchos siglos en un miserable abandono el estudio de las sagradas escrituras que son la fuente y el cimiento de nuestra creencia. Las antiguedades eclesiásticas han yacido bajo la lápida de los decretos y de los abusos furtivamente introducidos.” Ibidem, p. 9. De las proposiciones del Concilio de Pistoya consideradas heréticas, la primera se refiere justamente a que se creía que: “en estos últimos siglos se ha difundido un oscurecimiento general sobre las verdades más importantes de la religión y que son la base de la fe, de la moral y de la doctrina de Jesucristo.”. Cf. Pío VI, Bula Auctorem fidei.

[18] El 28 de agosto de 1794, Pío VI proclamó la Bula Auctorem fidei, que condenaba las acciones y tendencias galicanas y jansenistas del Sínodo de Pistoya (1786). La importancia de esta Bula deriva de los acontecimientos políticos entorno a la figura de Leopoldo II, el archiduque de Toscana (1765-1790), quien procuraba arrogarse para su propia persona la autoridad suprema sobre todo asunto eclesiástico dentro de sus dominios. En 1785, envió 57 artículos a cada obispo dentro del ducado, para que fueran consideradas en de un sínodo diocesano, como paso preliminar hacia la conformación de un concilio nacional en el que finalmente los artículos o proposiciones serían discutidos. Scipio de Ricci, obispo de Pistoya, estuvo al frente del sínodo diocesano, y no sólo aprobó las 57 proposiciones enviadas por Leopoldo II, sino que además añadió algunas más de similar importancia. Entre ellas se encontraban las siguientes: La autoridad eclesiástica dimana completamente de los miembros totales de la Iglesia, cuyos ministros comisionados son los clérigos; el papa es sólo de manera ministerial la cabeza de la Iglesia; los obispos no dependen del papa para ningún asunto relacionado con el gobierno de su diócesis; en concilios diocesanos los curas de parroquia tienen el mismo derecho de votar y decidir que el obispo; los casos reservados deben ser abolidos; la excomunión sólo tiene un efecto externo; es superstición tener más devoción por una imagen sagrada que por otra; los representantes de las leyes civiles tienen derecho de exponer impedimentos o de dispensarlos para la consumación de un matrimonio; los obispos no están atados al voto de obediencia al papa antes de su consagración; todas las órdenes religiosas deben vivir bajo una sola regla y vestir el mismo hábito; cada iglesia debe poseer sólo un altar, la liturgia debe administrarse en la lengua vernácula, y sólo debe celebrarse una misa en domingo. Leopoldo II promovió un concilio nacional, que se llevaría a cabo en Florencia en 1787, pero no encontró los ánimos de los demás obispos tan complacientes como el de De Ricci. A pesar de lo cual, Leopoldo II continúo asumiendo toda la autoridad eclesiástica, prohibió las apelaciones al papa, e incluso designó obispos, a quienes, por supuesto, el papa negó toda institucionalidad canónica. La Bula Auctorem fidei fue publicada, contienen 85 proposiciones tomadas del concilio Pistoya que fueron condenadas. Tras la publicación de la Bula, Scipio de Ricci renunció. En 1805, De Ricci aprovechó la visita de Pío VII en Florencia después de su exilio en Francia, para pedir perdón. Murió repentinamente en 1810, en el convento dominico de San Marcos en Florencia.

[19] Concilio de Pistoya. En la historia eclesiástica se le conoce como Seudosínodo de Pistoya, reunido en esta ciudad en 1786 por su obispo Scipio de Ricci, y que hubo de ser condenado solemnemente por Pío VI en 1794 en la Bula Auctorem fidei. Este concilio formó parte de la reforma de la Iglesia que intentó el archiduque de Toscana, Leopoldo II, llevar a cabo en sus estados. Antes de la celebración del Concilio el gobierno de Toscana suprimió en 1782 el tribunal de la Inquisición y se promulgaron decretos acerca del empleo de los eclesiásticos, de la reforma de  los monasterios, etc., por medio de la ayuda del obispo De Ricci, ganado desde su juventud por los jansenistas, que se impusieron en este Concilio. Proponían la secularización de la Iglesia y limitar su ejercicio social. La obra Atti e decreti del Concilio Diocesano de Pistoja dell anno 1786 fue prohibida. En 1815 en la ciudad de México don Matías Josef de Náxera firmó el edicto de prohibición, que además obligaba a cualquiera que la tuviera o supiera de que alguno la poseyera a denunciarlo al Tribunal.

[20] La proposición 31 consideraba necesario restablecer al antiguo uso de mantener un solo altar. En Auctorem fidei esta proposición se tiene por temeraria e injuriosa a las costumbres más antiguas. Cf. Pío VI, Bula Auctorem fidei.

[21] zelosa en el original.

[22] tradicción en el original.

[23] En la Carta a los Efesios 4, 11, de san Pablo se lee: “Y así, él mismo [Jesús] a unos ha constituido apóstoles, a otros profetas, y a otros evangelistas, y a otros pastores y doctores, a fin de que trabajen en la perfección de los santos, en las funciones de su ministerio, en la edificación del cuerpo de Cristo”. En su primera carta a los Corintios 12, 28 se lee: “ha puesto Dios varios miembros en la Iglesia, unos en primer lugar apóstoles, en segundo lugar profetas, en tercero doctores, luego a los que tienen el don de hacer milagros, después a los que tienen gracia de curar, de socorrer al prójimo, don de gobierno, de hablar todo género de lenguas, de interpretar las palabras.”

[24] aquellito. Aquello, pronombre demostrativo que se usa para, eufemísticamente, referirse a una cosa o asunto que no se desea mencionar. Se tiene como mexicanismo la tendencia de hacer diminutivos muchas palabras que no tendrían que usarse así.

[25] Cf. nota 12 a este folleto.

[26] En esta proposición se consideraba a la escolástica como un nuevo sistema discordante con la verdad del Evangelio, además de que conducía al probabilismo. Cf. Pío VI, Bula Auctorem fidei.

[27] “La doctrina o prescripción que reprueba generalmente el culto especial, que los fieles han tributado particularmente a alguna imagen recurriendo a una más que cualquier otra.” Ibidem.

[28] El papa censuró la proposición como “temeraria, perniciosa, injuriosa a la pía costumbre practicada por la Iglesia, y a cualquier orden de la Providencia, con los cuales ‘Dios no ha querido que cosas tales ocurrieran la memoria de todos los santos, distribuyendo a estos los dones propios a cada uno como quiso la voluntad de Dios’ (San Agustín, Ep. 78, Clero, Senoribus, et universae Plebi Ecclesiae Hipponen)”. Ibidem.

[29] Cf. nota 12 de este folleto.

[30] La proposición 72 propone extirpar la costumbre de cubrir con velos ciertas imágenes, por considerarlo un abuso. La Bula de Pío VI la tuvo por temeraria y contraria a la costumbre practicada en la Iglesia que favorece la piedad de los fieles. Cf. Pío VI, Bula Auctorem fidei.

[31] Cf. nota 12 de este folleto.

[32] Guadalupana. Después de varios templos edificados para culto de la virgen de Guadalupe, se erigió un templo mayor. Se puso la primera piedra el 12 de marzo de 1695 y se concluyó en 1790. Está ubicada en la Villa de Guadalupe. Éste es el que Fernández de Lizardi conoció como templo de la virgen. La capilla llamada del Cerrito, donde primeramente se apareció la virgen, fue erigida en el siglo XVIII. Por su parte, la imagen estuvo en el palacio episcopal, en la calle del Arzobispado, hoy de la Moneda, y después en la Catedral. Cuando se comenzó a construir una ermita de adobe en el Tepeyac fue llevada, según la leyenda, en 1533, donde estuvo durante noventa años. Véase también nota 9 a Cáustico a dos escritores alcaldes rebuznadores..., en este volumen.

[33] virgen de los Remedios. El templo y santuario de nuestra señora de los Remedios se dedicó el año de 1575. Se reedificó en 1626. Según la leyenda, la virgen se mostró a un hombre llamado Juan en el Cerro de Los Pájaros. La imagen era tenida por muy milagrosa; cada año o en caso de alguna calamidad pública, se llevaba en solemne procesión a la Catedral, y restituida en igual forma a su santuario. La imagen fue puesta en el estandarte de las tropas realistas, para contrarrestar el efecto causado por Hidalgo al portar la imagen de la virgen de Guadalupe. Cf. Leduc, Lara y Pardo, Roumagnac, Diccionario de geografía e historia..., p. 814.

[34] Santa María de los Ángeles. (2 de agosto), a la que va unida la indulgencia plenaria toties quoties, llamada de la Porciúncula, de los padres franciscanos. Fiesta mariana propia de esta orden. En la inundación de la ciudad de México en 1580, Izayoque, cacique de barrio, encontró una imagen pintada en un lienzo. Hizo sacar de ella una copia en la pared de su adoratorio hecho de adobes. En 1595 se construyó allí una capilla. En 1722 ésta se reconstruyó; pero en 1755 estaba nuevamente en ruinas. Pedro Vizcaíno inició la edificación de la iglesia. En 1776 José de Haro hizo una capilla nueva. Poco después se inició el templo, que se terminó en 1808. Después tuvo a su lado un cementerio y una casa de ejercicios espirituales que mandó hacer José María de Santiago. Desde fines del siglo XIX está a cargo de los jesuitas.

[35] Cf. nota 12 de este folleto.

[36] El texto de De Arroyal dice: “Me ha mostrado una España vieja regañona brotando leyes por todas las coyunturas del cuerpo”. Cf. Pan y Toros, p. 6.

[37] sapiens haeresim. Sabe a herejía.

[38] “Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, donde se hallaba la madre de Jesús. Fue también convidado a las bodas Jesús con sus disípulos. Y como viniese a faltar el vino, dijo a Jesús su madre: No tienen vino. Respondióle Jesús: Mujer, ¿qué nos va a ti y a mí?, aún no es llegada mi hora. Dijo entonces su madre a los sirvientes: Haced lo que él os dirá. Estaban allí seis tinajas de piedra, destinadas para las purificaciones de los judíos; en cada una de las cuales cabían dos o tres metretas [la metreta equivalía a 40 litros. Díjoles Jesús: Llenad de agua aquellas tinajas. Y llenáronlas hasta arriba. Díceles jesús: Sacad ahora en algún vaso, y llevadlo al maestre sala. Hiciéronlo así. Apenas probó el maestre sala el agua convertida en vino, como él sabía de dónde era, bien que lo sabían los sirvientes que la habían sacado, llamó al esposo, y le dijo: Todos sirven al principio el vino mejor; y cuando los convidados han bebido ya a satisfacción, sacan el más flojo: tú, al contrario, has reservado el buen vino para el último. Así, en Caná de Galilea hizo Jesús el primero de sus milagros.” Jn 2, 1-11.

[39] “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago también él los hará; y mayores que éstas hará; porque yo voy al Padre”. Jn 14, 12.

[40] cantar la palinodia. Cf. nota 5 a Cáustico a dos escritores alcaldes rebuznadores..., en este volumen.

[41] pucha. Interjección familiar para denotar asombro o sorpresa, o asco y repugnancia. En su segunda acepción, Santamaría consigna: Pieza de pan en forma de rosquilla poco conocido ya hoy. Santamaría Dic. mej.

[42] Fray Mariano Soto. Cf. nota 14 a Verdadera prisión y trabajos del padre Lequerica, en este volumen.