LA MUJER CONSTITUCIONAL

O QUEJAS DE ÉSTA A EL PENSADOR MEXICANO[1]

 

 

 

Señor Pensador: tatita,[2] usted ha de ser mi paño de lágrimas, como lo es del padre Lequerica[3] y otros que, sin confianza o con ella, le incomodan: téngame usted tantita paciencia y escuche dos palabritas.

Ha de saber usted que soy una mujer de aquellas pocas bien casadas (ya, las más tienen la culpa) y que por lo mismo he sido las delicias de mi marido, que me tenía, como dicen, muy mal impuesta: pero he aquí señor de mi alma que desde el día 31 de mayo es tan otro mi Tonchito,[4] que si no conociera yo la causa de sus desvíos habría pedido divorcio, porque su padre es la Constitución,[5] su madre la Constitución, su mujer la Constitución, sus hijos la Constitución, su..., hasta la sueña. ¿Lo creerá usted, señor Pensador?, y yo pasando malos días, peores noches y esperando el día que echa [sic] a correr, y tras esto que en su furia constitucional me medio mate, y buenas noches, porque yo barrunto que estos locos constitucionales han de ser pesados: ¿qué le parece a usted, podían darles gusto, no? Tienen razón.

Si usted le hubiera visto ese día 31 o se mea de risa, o corre de miedo. Por mí no podré decir que me sucedió lo primero, aunque temo fue por lo segundo. Entró su merced a las cuatro de la tarde como una uva,[6] ya usted me entiende, y cuando yo me disponía a unos muy buenos celillos, porque soy algo cosquillosa,[7] lo veo tirar la capa, arquear las cejas, arrancarse la furia,[8] dar unas miradas entre furibundas y tiernas, no sé cómo me explique, y prorrumpir en desaforados gritos: viva la patria, viva el rey, viva la Constitución, triunfó la libertad... Vaya... Sí... Se juró... como quien va a un funeral... Ya..., quizá la premura del tiempo...Bien..., veremos adelante..., y no sé qué otra sarta de desatinos, porque yo me quedé como tonto en vísperas. Considere usted cuál sería mi sorpresa con tantos disparates; apenas pude gritar: Ramona, trae un padre, llama al médico que Tonchito se muere... ¿Mujer, me dice, estás loca?, qué se muere ni que calabaza; tú no sabes cómo anda el mundo: ya se juró la Constitución, que contra toda justicia nos quitaron hace seis años; ya somos libres. Viva el rey, vivan los valientes patriotas Arcoagüero,[9] Castrillo[10] y otros; pero me temo que aquí hay gato encerrado, porque no se ha hecho como debía hacerse. No, es necesario que todos seamos constitucionales; la Constitución se ha de observar en todas sus partes; no hemos de balancear. El rey la ha jurado; pues contra el rey, nadie.

Yo que entendía tanto de Constitución como usted de boticario, pues éstos solos se entienden, le pregunté con aquella curiosidad que usted sabe. Me impuso de cuanto pasaba, y quedamos en paz; pero desde entonces (¡ah, señor Pensador!) crecen nuestros atrasos, porque mi buen Tonchito por pan trae papeles, por carne Chanfaina sequita,[11] por frijoles, no más Chanfaina; por túnicos,[12] tápalos,[13] pantaloncitos y zapatos, albardas al pueblo; por buenos consejos a sus hijos El Conductor Eléctrico;[14] por caricias a su mujer, decretos del rey y de las Cortes; y por enmienda de su locura, don Antonio siempre el mismo.[15] Señor Pensador ¿qué haré con Tonchito?

No hace quince días que en uno de sus arrebatos constitucionales me toma de la mano, me lleva a su protocolo de papeles y me dice: mira lo que habla éste, oye éste otro, escucha lo que dice el rey, atiende a lo que dice El Pensador, lee el Semanario Político;[16] todos, todos aspiran, todos quieren que se ponga en práctica la Constitución, ¿pues por qué no se ha de cumplir si así lo manda el rey?, ¿no han dicho algunos al jurarla, que porque así lo quiere su majestad? Pues si así lo quiere, hágase; si así lo quiere la nación, hágase, y si así conviene para la verdadera tranquilidad de este reino, hágase, pues de lo contrario salimos de las llamas y entramos en las brazas. Pero yo, señor Pensador, acostumbraba a oír y no ver, me resolvía a todo trance quitarle de la cabeza eso de la Constitución, y le dije con cachaza: Tonchito, mi alma, vaya Tonchito, hijito, baste ya de Constitución, cuida de tu familia, mira por tu salud: para nosotros lo mismo es que nos muerda perro que perra, ¿ves tú que porque se ha jurado la Constitución dejemos de ser los mismos?, ¿se han quitado algunas de aquellas albardas[17] que tanto agobian al pueblo?, ¿esas pensiones de fincas que al fin salen de los pobres inquilinos, y las demás que todos sabemos? Nuestra policía o aseo de la ciudad va volviendo a su antiguo esplendor, pero con pasos gigantes. El cementerio de Catedral[18] es un muladar, la Plaza de Armas[19] lo mismo, y quién sabe qué día van a hacer sus necesidades al salón de Palacio;[20] finalmente, ¿ves tú algo que huela a Constitución?

La libertad de imprenta[21] es lo único que disfrutamos, y ya sabes que un señor Juez de Letras (don Juan José Flores Alatorre)[22] notificó en las imprentas, por medio de escribano, que no se reimprimiese un papel sobre o contra fray Rafael: esto es quebrantar la Constitución, y su majestad manda que para los ascensos se den pruebas de ser adictos a la Constitución. Vaya, Tonchito, te cansas, no seas loco, pero toma un consejo de tu mujer: habla, si no te oyen, grita; si no te escuchan, aturde, y si no, vamos... Aquí me interrumpió, ¿a dónde vamos?, al solio a pedir liberalismo; aunque tengo a la verdad un sentimiento que me escuece, yo me quejaré a tiempo (pues los hijos podemos quejarnos, con nuestra madre) y es que en el día feliz que revivió la Constitución en la Península, se mudó, como correspondía por conviene, todo el gobierno, aun los embajadores, a las potencias extranjeras. Sólo las Américas, estos brazos de la monarquía, no se tuvieron presentes: ésta es mi desdichada patria, a quien sin vanos temores se puede hacer verdaderamente dichosa, de ésta no se acordaron. ¿Si estábamos contentos con cebollas, no lo estaríamos con pan? Margarita preciosa, déjame quejar... Aquí se le anuda la garganta, le interrumpen los suspiros, le brota el dolor a los ojos, echa sus brazos a mi cuello, le acompaño en su amargura; y de resultas de esta escena, digna sólo de verse por almas sensibles y amantes a su patria, yo que me gloriaba triunfar de la Constitución, fui vencida por la razón; y me tiene usted tan constitucional como mi esposo, y algo más, con otras cosas que no se me olvidan.

Señor Pensador, usted que sabe decir, hable, grite, aturda: diga que aun las mujeres somos constitucionales. Constitución quiere el bello sexo; ni se haga ya por nosotras, aunque bien somos acreedoras a que se nos dé gusto, sí, por los extravíos y locuras de nuestros maridos, que a todas nos alcanzan... Pero mis hijitos lloran (¿a que es por la Constitución?), voy a entretenerlos con leer que ya somos felices, porque ellos no se han de dormir; luego que me desocupe, si me da la vena, concluiré con usted. Perdone y entre tanto, diviértase con esa

 

Saliste de insurreccióna

patria amada de mi vida,

entraste a Constitución:

si ésta no se ve cumplida,

no habrá pacificación.

 

 
 


[1] México: Imprenta de Ontiveros, 1820, 4 pp.

[2] tatita. Cf. nota 11 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[3] Ignacio de Lequerica. Cf. nota 25 a El Teólogo Imparcial, número 1, en este volumen.

[4] Tonchito. Toncho, cha. Diminutivo familiar de Antonio. Santamaría, Dic. mej.

[5] Constitución. Cf. nota 4 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[6] entrar como una uva. Por la materia prima con que se hace el vino, uva. Por alusión llaman al borracho. [...] Quev. Orland. Cant. I.: “Ferraguto, agarrando de una cuba,/ Que tiene una vendimia en la barriga,/ Mirando á Galalón hecho una uva,/ Le hizo un brindis, dándole una higa.” Dic. autoridades.

[7] cosquillosa. “El que tiene cosquillas. Lat. Titillationis impatiens, tis. Covarr. En la palabra cosquillas. Y por ser cosquillosas algúnas bestias, vienen á ser maliciosas y perjudiciales. [...] Por traslación el que es poco ó nada sufrido, y que con facilidad se altera y resiente de cualquiera cosa...” Dic. autoridades

[8]arrancarse la furia. Copete. Cabello revuelto y levantado sobre la frente. Santamaría da los siguientes ejemplos: “‘Con el excesivo gozo se acerca demasiado a la vela, y ... la destructora llama prende las furias: El cebo de las pomadas da mayor pábulo a la llama que se eleva en forma piramidal como pudiera en un acesillo de heno.’ — ‘Y vosotros los de furia erizada, guardaos... de llegar a donde pueda sucederos tamaña desventura.’ (Diario de México, t. VI [1807], pp. 146,147 [246, 247]) —‘Grande furia, patilla atranchetada, levita corta de bayetón barbado’ (Ibid, t. VIII [1808], p. 75). ‘El [Venegas] adapta la furia/ Desterrando la coleta (Guillermo Prieto, Romancero Nacional, p. 32)’ ‘Cuello erguido, ancha la espalda,/ suelto y poderoso el brazo,/ crespa, alborotada furia/ andar resulto y con garbo. (Ibid, p. 37).’” Santamaría, Dic. mej.

[9] Felipe de Arco y Agüero. Cf. nota 9 a El Colegial a El Pensador..., en este volumen.

[10] Miguel Castrillo. Fernández de Lizardi menciona a Miguel Castrillo en Alerta que hay enemigos y no debemos dormir (cf. Obras XIII-Folletos, p. 748), como reo por participar en una revuelta contra la Independencia de Costa Rica, comandada por el español José Zamora, desterrado de Colombia por anti-independiente.

[11] chanfaina. Chanfaina. Especie de picadillo de menudo con arroz, cocido y hecho en caldo. Santamaría, Dic. mej. Fernández de Lizardi en su folleto No rebuznó con más tino el pobre alcalde señala una nota a que dice: “chanfainas. «Serviles». Es frase del autor de La Mujer Constitucional a quien no he respuesto porque no necesita respuesta las verdades que estampa”. Cf. Obras X-Folletos, p. 359.

[12] túnicos. Las definiciones que figuran en los diccionarios de la Real Academia, Santamaría, Malaret y otros no son aplicables al túnico de los tiempos de Fernández de Lizardi. A juzgar por las sátiras que se leen en el Diario de México, e incluso por lo que nuestro autor escribe en diversas composiciones, el túnico era el vestido femenino a la moda francesa, de los primeros tiempos del Directorio a los primeros años del Imperio, tardíamente llegada a la Nueva España. Por extensión, durante algunas décadas siguió aplicándose ese nombre a los vestidos femeninos en general, aunque ya no fuesen en forma de túnica, sino compuestos en corpiño y falda muy ancha.

[13] tápalos. Rebozo o manto con que se tapan las mujeres.

[14] El Conductor Eléctrico. Cf. nota 3 a Respuesta del padre Soto..., en este volumen.

[15] Don Antonio siempre el mismo. Cf. nota 9 a El Ignorante a El Pensador Mexicano, en este volumen.

[16] Semanario Político y Literario. México: Imprenta de don Alejandro Valdés. Sabemos que los números 19 a 28 se imprimieron en 1820.

[17] albarda. En sentido figurado, molestar en exceso. Santamaría, Dic. mej.

[18] cementerio de la Catedral. El arzobispo Juan de Mañozca colocó una hermosa cruz el 14 de septiembre de 1648, en la orilla del cementerio antiguo de Catedral, frente a la puerta del centro de la fachada principal; la cruz fue llamada de Mañozca en su honor. El virrey Revillagigedo mandó arreglar el piso del cementerio y sustituir el muro que circundaba por una reja de hierro que permitiera la vista de la fachada de la Catedral. Entonces se quitó la cruz de Mañozca, que en marzo de 1803 nuevamente fue colocada frente al Sagrario, y otra cruz similar en la esquina del Empedradillo. Cf. Marroqui, La ciudad de México, t. III, pp. 234, 276-277.

[19] Plaza de Armas. Fue el centro de la antigua Tenochtitlán. Una vez demolidas las construcciones aztecas, fue escogido el terreno por los primeros pobladores para Plaza Mayor de la ciudad de México. En 1812 fue jurada la Constitución de Cádiz de 19 de marzo, y por bando del virrey Calleja de 22 de mayo de 1813 se le dio al sitio el nombre de Plaza de la Constitución, que actualmente ostenta.

[20] Salón de Palacio. Cf. nota 12 a El Ignorante a El Pensador Mexicano, en este volumen.

[21] libertad de imprenta. Cf. nota 7 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[22] Juan José Flores Alatorre (1766-1851). Abogado. Fue ministro de la Suprema Corte de Justicia. Era hermano del provisor Félix Flores Alatorre quien en 1822 fulminó contra Fernández de Lizardi la excomunión. En ese entonces Juan José trabajaba en la Audiencia. Cuando Fernández de Lizardi pidió que el Congreso interviniera en el asunto, fue remitido a ésta. En Satisfacción de El Pensador al Soberano Congreso Fernández de Lizardi escribió “Temo a la Audiencia[...] por el influjo que en ella puede tener el señor Flores Alatorre, hermano del señor provisor, pues [...] es hombre, es interesado en el feliz éxito de su hermano, y tiene pasiones [...]; y así el despacharme a la Audiencia es lo mismo que enviarme a que me defienda el hermano de mi enemigo”. Cf. Obras XII-Folletos, pp. 139-140.

a Este es un modo lato de hablar, aludiendo a la languidez de la revolución, no porque se ha acabado.