LA MUJER CONSTITUCIONAL

A EL PENSADOR[1]

 

La ley se ha de cumplir,

y antes que ceder, morir.

 

 

Señor Pensador: hermanito de mi alma, ¡qué mal me ha ido con ser constitucional! De los perros. Estoy que ni yo me entiendo. Ni sé en la que me he metido. Considere usted que ya soy filósofa, bachillera y entremetida que doy voto en todo; pero no como quiera, sino decisivo como hacen los que ustedes, los ilustradores, llaman charlatanes, que están en su punto. Todo me punza, todo me duele, todo me hace cosquillas. Estamos con la Constitución[2] como el mus,[3] peor que antes. Dirá usted que soy una embustera, ¿no?; que ya somos libres, que ya somos felices. Yo no lo veo, ni usted tampoco. ¿A que no me desmiente usted? Lo que sí tenemos en abundancia (los verdaderos liberales) son calenturas de cabeza, dolores de muelas, delirios, derrames de bilis, histéricos,[4] melancolías,[5] etcétera. Ésta es la Constitución. Ya me va haciendo fuerza lo que una vieja servil me dijo de los otros días que quién diablos traería aquí la Constitución.a Ella se confiesa con fraile (ya usted me comprende);b pero ¿creerá usted que se fue sin su asperjes?[6] No, señor, la puse como nueva, sólo santa no le dije, ya usted conoce el pico de las mujeres. Vamos a nuestro cuento.

Cuando yo era chiquitilla, la buena de mi mamá se divertía conmigo, pero grandemente. Me enseñaba una hermosa manzana; yo que tal veía, se la pedía, le suplicaba, le hacía mil caricias, nada; le hacía pucheros, la besaba, la hacía[7] graciosos gestecitos, pues que también hay gestos bonitos, nada. Mi madre era, don Antonio siempre el mismo;[8] y, o ya porque sus negocios le ocupaban toda su atención, o ya por conviene que no me empachara, todos mis esfuerzos eran inútiles: me quedaba al fin sin la manzana. Y con besitos, caricias y promesas, estaba yo como una Pascua (inocente al cabo). Señor Pensador, ¿si sería aquella manzana imagen de la Constitución? Por ésta (si usted me viera) estoy inconocible. Me he desentendido de mis criaturas, y cuando me lloran les digo: cállate mi alma, ya breve (si se cumple con la Constitución) comerás grandes tortas de pan (si se dan), buenos trozos de carnero, porque ahora sólo nos dan cuando más diez y seis onzas, dos partes de huesos, una de zalea[9] y otra de carne; pero ¿sabes por qué?, porque los difuntos insurgentes[10] estaban muy gordos; ellos se comieron todos los borregos del mundo, sólo han quedado ovejas,c y a nosotros no nos dejaron sino los cuernos. ¡Como si solos los insurgentes tuvieran buenos dientes! Cuantos hay más gordos que ellos, por ellos, que comen más y que nos han robado, y nos roban con sus monopolios[11] y trampas. Te alumbrarás con buenas velas, no como las de ahora, que desde la carestía del algodón les pusieron un pabilo del grueso de un cabello, y aunque ya está bien barato, don Antonio siempre el mismo.

Con mi esposo ya no tengo vida. Disputamos por la Constitución como si supiéramos; de suerte que le daré a usted un consejo para que le publique y es que no vivan juntos dos liberales, porque San Hipólito[12] se llena; ya por un servil irá cualquier hijo de Adán al Hospital de San Andrés[13] a que le hagan salir las cóleras por aquel camino que no a todos se enseña, y que ya no se enseñará, porque se ha quitado la barbarísima costumbre de los azotes.[14]

Mas no hay que despecharse, señor Pensador, pero nuestro Ayuntamiento constitucional,[15] nuestra Junta Provincial: todos, todos trabajan; bien que sobre esto mi tío, que es un vejete machucho[16] de birrete, antiparras y polvos,[17] me dijo el otro día hablando sobre el manifiesto del Ayuntamiento:[18] ¿tú crees eso?, anda Margarita: no hay nada. Eso es prevenirse a los reclamos, prepararse al combate; y eso es, si mal no entiendo, hallarse entre la espada y la pared, porque a la verdad sus deseos de hacernos felices son muy buenos, muy santos; pero quieren abrazar las cosas muy en grande: quieren formar Estados, ordenanzas municipales. Éstas sí son obra del tiempo y la observación. Todo se los hemos perdonado, aun los Cabildos Extraordinarios:[19] lo que nos importa son los efectos. Por éstos conoceremos su constante aplicación, su patriotismo y sus esfuerzos para vencer esos obstáculos con que nos dicen tienen que luchar. ¿Tú has oído algo de la Junta Provincial, que expiró el día diez y siete?[20] Nada más, sino que expiró. Margarita: Lazarus dormit...[21] Tío, le repliqué, no me ande usted con latines, que yo sólo la letanía entiendo, y eso a medias... Hija, Lázaro duerme, ¿no me comprendes?, quiere decir que poco o nada se hace, que de constitucionales sólo gozamos el nombre... Pues, tío, si Lázaro duerme, despértemosle... No, eso no: sufre, calla, espera, veremos si despierta. Si así no fuere, entonces sí, jam foetit...[22] Y vuelta con latines... Quiere decir, hija, que entonces ya hiede, que se murió, que pierdas la esperanza.

Un coloquio tan interesante para mí le interrumpió mi esposo, este mi Tonchito[23] que fue entrando, pero ¿sabe usted cómo, señor Pensador?, con su cara de macho sin cenar, y yo que ya le conozco dije a mi corazón: malo, ¿a que ha habido quebrantadura de Constitución?, porque ése es su títere (dice bien). Menos malo no es jurar la ley, que no cumplirla. Después de tanto regocijo, tanta solemnidad, tanta adhesión a la Carta liberal (míreme usted el ojo), tantos repiques con que se divierte nuestro pueblo, tantos cañonazos, se nos ha ido la pólvora en salvas (bien que ya estamos acostumbrados a oír tronar, y no ver llover), ¿que todo sea moratorias, trangresiones? No puede ser, pero sucede.

Me resolví de nuevo a despreocupar a mi esposo y le dije: hijo, consuélate, ¿no ves que los mandamientos tú, yo y todos los quebrantamos con el mayor descaro?, conque la Constitución nada importa que se quebrante. Yo soy tan constitucional como tú, pero... Es verdad, me replica, mas los ministros de la ley evangélica predican, declaman contra la falta de cumplimiento, contra las infracciones; así, pues, nosotros los liberales hemos de predicar, de clamar contra las detenciones, porque, al paso que vamos, dentro de un siglo veremos Constitución; y si de esta vez no somos constitucionales, Margarita, ¿quién adivinará lo que seremos? Porfiemos, Margarita, no quitemos el dedo del renglón, que se cumpla, que no se quebrante. Quien porfía mata venado.[24] Oye.

 

Que se cumpla la ley, no en parte, en todo,

Si queremos la paz no hay otro modo.[25]

 

Luego le entendí, pero me acordé de un pasaje que sucedió en el pueblo de mi tía cuando la revolución estaba en auge, y le dije: ¿quién adivinará lo que seremos? Escucha.

Entraron nuestras tropas al pueblo de tía Pachita, y un soldado encontró en casa de una india un guajolote[26] bien o mal parado; se enfureció, metió mano al sable, le desjarretó, y cargaba con él. La india, que no tenía otra hacienda que cuidar, poseída del dolor le grita: señor, no te la lleves ése, no lo matas, ése no es chaqueta,[27] ésa no es insurgente, es guajolote. Así nosotros, hijito, no somos serviles (Dios nos libre), no somos constitucionales, somos guajolotes. ¡Ah, señor Pensador, aquí fue Troya![28] Salieron de aquella boca tantos improperios, tantas picardías, que ni yo lo sé; y por remate de cuentas, me dice (mire usted a quien) ¿serás tú constitucional? ¡El Día del Juicio! Tú hablas como todas ustedes, porque tienen pico. Entonces sí me olvidé de la debilidad de mi sexo, sólo traté de la venganza. Nada me ocurrió más pronto sino decirle: y tú, majadero, constitucional en papel, guajolote, ¿producirá tu tierra algún Quiroga?[29] Ni en diez mil días del juicio, eso se quedó para la Hesperia.[30] No, no serán ustedes los que saquen el buey de la barranca.[31] Sobre que son tan desunidotes. Anda ignorante, guajolote. Señor Pensador, usted que platica con los hombres, déles algún consejo: dígales que no se opongan a su felicidad, que la ocasión es ésta. No todo el tiempo es aceptable. Constitución o muerte. Dígales usted

 

La ley se ha de cumplir,

y antes que ceder, morir.

 

Por lo que a nos toca (como decían los difuntos inquisidores), no tengo otra esperanza de ver Constitución cumplida, si no es que tengan también efecto los sabios decretos de las Cortes. Éstas han tenido el mayor interés en que seamos felices. Nadie puede dudarlo, porque han tratado con preferencia los asuntos relativos a faltas de cumplimiento y quebrantos de la Constitución para aplicar las penas; sólo aquí se pasa todo, todo se nos olvida. Además, lo manifiesta claro, clarito el Bando publicado el día diez y ocho de septiembre,[32] en que se impone destierro a cuantos no sean adictos a la Constitución. Pero, señor Pensador, si yo no veo desterrar de mi tierra a ojo, digo que en ella no se dan guajes, y que ya usted ve que ahora es su tiempo: las plazas están llenas, las esquinas, los cafés,[33] los portales[34] y... en todas partes. Pues hay más en favor de la Constitución. Un precioso decreto de las Cortes sobre la responsabilidad de las autoridades en el cumplimiento de las órdenes superiores, allá va en cuerpo y alma, léale usted con atención.

 

Decreto 76 de 14 de julio de 1811, sobre responsabilidad de las autoridades en el cumplimiento de las órdenes superiores.


“Debiéndose establecer en todas las clases de la monarquía la absoluta subordinación al gobierno, como el único medio de dar un movimiento y dirección uniforme a la máquina del Estado, y de dirigir a un fin los esfuerzos de todos, las Cortes Generales y Extraordinaria[35] decretan:

“Primero. Todo general, junta, audiencia, o cualquier otro superior a quien incumba el dar cumplimiento a las órdenes superiores, será responsable de la ejecución de ellas, y privados de sus respectivos empleos, si por culpable omisión, negligencia o tolerancia, por no aplicar inmediatamente las penas a los desobedientes, dejaren de cumplimentarse.

“Segundo. Las justicias y autoridades inferiores a quienes toque el inmediato cumplimiento de la ley u orden, incurrirán en la misma pena que los desobedientes, si no se la aplicaren al instante según permita la ley.

“Tercero. Celará el Consejo de Regencia[36] que se cumplan las leyes, ordenanzas y decretos, exigiendo una estrecha responsabilidad de las autoridades encargadas del cumplimiento, castigándolas irremisiblemente en los casos dichos; y quieren las Cortes que por ningún motivo reitere el Consejo de Regencia órdenes una vez dadas, sin imponer antes la merecida pena a cuantos hubiesen de cualquier modo culpable, retardado su cumplimiento. Lo tendrá entendido el Consejo de Regencia, y dispondrá lo necesario a su cumplimiento, haciéndolo imprimir, publicar y circular. Dado en Cádiz a 14 de julio de 1811. Jaime Creus,[37] presidente. Ramón Feliú,[38] diputado secretario. Manuel García Herreros,[39] diputado secretario. Al Consejo de Regencia.

            “Registrado fol[io] 120.”

Tres artículos contiene este decreto. El primero dice: Todo general (aquí entra nuestro excelentísimo señor capitán general),[40] Junta (aquí están comprendidas nuestra Junta Provincial, y la de Censura,[41] con otras que suenen lo mismo, para que en sus providencias respecto de los papeles subversivos, etcétera, no nos deje en duda de si se ha quebrantado o no la ley), audiencias (aquí se comprenden las territoriales,[42] para que en lo respectivo a la jurisdicción que tienen en sus subordinados, no se aparten un punto de la ley constitucional, procediendo en su caso respectivos a manifestar su absoluta subordinación al gobierno, castigando, formando causa a los que infringieren la Constitución, con particularidad en los casos judiciales, de que no nos faltan ejemplos; y que los decretos de sus inferiores no sean concebidos ni paridos con las fórmulas del yugo de hierro o cualquier otro superior (de nuevo comprende a nuestro primer jefe, como jefe político. Pidamos a Dios que no esté rodeado de tantas chanfainas;[43] entonces sabrá México si es adicto o no a la Constitución). En esta palabra superior también son comprendidos los comandantes generales de fuera, con quienes es menester mucho cuidado, y muchos consejos, para que sean constitucionales. Todos los dichos son responsables, y han de ser privados de sus empleos, no sólo por no cumplir, sino aun por no aplicar las penas inmediatamente a los desobedientes.

El segundo dice: Las justicias y autoridades inferiores, etcétera (en él están comprendidos los Jueces de Letras.[44] ¡Cuidado!, subdelegados y jueces letrados, comandantes de los pueblos que no quieren salir de la rutina antigua, olvidados de que un artículo de la Constitución concede a todo ciudadano la facultad de clamar al rey y a las Cortes por las infracciones, por la falta de cumplimiento.[45]

El tercero aún está más determinante, pues que exige estrecha responsabilidad de las autoridades dichas en el cumplimiento, queriendo que irremisiblemente sean castigadas en los casos dichos, esto es, de no cumplir, de no hacer cumplir, y de no castigar a los que no cumplieren.

Y para que no nos quede duda de la liberalidad de las Cortes, y que no nos quieren esclavos, ordenan que el Consejo de Regencia por ningún motivo reitere órdenes una vez dadas, sin imponer antes las penas a los contraventores o retardadores de su cumplimiento.

¿Qué dice usted, señor Pensador, de cosa tan linda? ¿Le cuadra a usted?, pues a mí también. Y ¿a pesar de tanta liberalidad de las Cortes, de tanto interés por nuestra felicidad, dejaremos de gozar la Constitución? ¡Cruel destino! ¡Desdicha sin segunda!, ¡suerte miserable!, ¡oh, americanos!, ¡oh, América! Mi sangre que yerta un día ha de ser depositada en tu seno, está dispuesta a regarte para que fecundes... ¿Seré yo insensible a tu desgracia? No. Jamás... Mi pulso trémulo no halla qué escribir... Señor Pensador, estoy ebria... (de amor a mi patria). Hasta otra vez.

 

México, octubre 8 de 1820.


La ley se ha cumplir,

y antes que ceder, morir.

 

 


[1] México: En la Oficina de don Alejandro Valdés, 1820, 8 pp. Véase también La Mujer Constitucional o quejas de ésta a El Pensador Mexicano, en este volumen.

[2] Constitución. Cf. nota 4 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[3] estar como el mus. “Ponerse como el mus”. Equivalente a “estar como el naipe”, frase que se usa para referirse a una persona flaca y seca. Cf. José Luis González, Dichos y proverbios populares.

[4] histéricos. Perteneciente al histerismo: Enfermedad nerviosa, crónica más frecuente en la mujer que en el hombre, caracterizada por gran variedad de síntomas. Estado pasajero de excitación nerviosa. Histérico, perteneciente al útero o matriz. En el Semanario económico de noticias curiosas y eruditas, sobre Agricultura y demás artes, oficios, & [Inició el jueves 1° dic. 1808; la Biblioteca Nacional de México conserva 56 números, el último del jueves 21 dic. 1809, que corresponden al t. I, publicados en la Imprenta de Doña María Fernández de Jáuregui y luego en la Oficina de Doña María Fernández de Jáuregui, calle de Santo Domingo. En la Imprenta de Arizpe se publicaron los números 12-16, 19-23 y 25-29] se publicó un “Tratado del afecto histérico” en que se consigna: “Ella es una enfermedad que recopila quantos síntomas traén consigo todas las demás que atormentan al cuerpo humano, y que solamente se conoce baxo el nombre de afecto histèrico en las mugeres, y de afecto hipocondríaco en los hombres” en las primeras “tienen su causa en la matriz, y los segundos en los hipocóndrios, que son las partes laterales puestas debaxo de las costillas sobre el hígado y bazo”, t. I, núm. 1, p. 4.

[5] melancolías. Tristeza baja, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre el que la padece gusto ni diversión en ninguna cosa. Monomanía en que dominan las afecciones morales tristes.

a Es pasaje original.

b No es nuestro ánimo zaherir a los frailes: otros le han zaherido quizá con razón. Las reverencias viejas, luego que oyeron hablar de frailes, de reforma de religiones, creyeron, que ya no encontrarían un fraile ni para un remedio. Por eso lloraron, por eso han suspirado, y por eso reniegan de la Constitución. No dejamos, sin embargo, de exorcizar a muchos frailes, para que desnudados del viejo egoísmo, se vistan la preciosa púrpura constitucional, y dejen a su patria ser libre.

[6] asperjes. Voz latina con que empieza la antífona que dice el sacerdote al rociar con agua bendita el altar para celebrar el santo sacrificio de la misa. De aspergere, rociar. Familiarmente rozadura o aspersión. Usada en estilo jocoso como sustantivo masculino. Dic. autoridades.

[7] la hacía. Laísmo. Cf. nota 33 a Segunda parte de El Campanero..., en este volumen.

[8] Don Antonio siempre el mismo. Cf. nota 9 a El Ignorante a El Pensador Mexicano, en este volumen.

[9] una parte de zalea. Cuero de cerdo que se usa para hacer chicharrón. Chicharrón. Residuo de los pellejos del cerdo, después de derretida la manteca. Carne u otra vianda requemada.

[10] Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama y José Mariano Jiménez murieron fusilados en Chihuahua en 1811, posteriormente sus cabezas fueron colgadas en los ángulos de la Alhóndiga de Granaditas, Guanajuato. José María Morelos fue fusilado el 22 de diciembre de 1813.

c El planeta reinante en las Américas.

[11] Fernández de Lizardi trató el tema del monopolio del pan, el maíz y el carbón en El Pensador Mexicano, t. I, núms. 8, 12 y 13. Cf. Obras III- Periódicos, pp. 77 y 114, 118; y en La voz del pueblo, Erre que erre, Suplementos al t. I, Ibidem, pp. 127-131; en el t. II, núm. 6 y en el Suplemento Juanillo y el tío Toribio al t. II del lunes 8 nov. 1813, Ibidem, p. 336, propone que no sean los hacendatarios los que vendan el carbón sino que se expenda públicamente en las plazas donde la gente podía enterarse del precio: “He aquí una tranca que no pod[r]ía saltar el más ligero monopolista, una providencia por la que no pod[r]ía alegar el más mínimo perjuicio”. También propone dispersar los carboneros en diferentes plazas; que no se prefijara “precio alguno a los indios vendedores de carbón, sino dejarlos vender a como quisieran, pues a los introductores infelices no es política tasarles sus efectos (esto se debe quedar para los lobos gordos) La libertad en el vender aumenta la introducción del efecto, y ésta, mientras es mayor, minora la escasez y baja los precios” También lo abordó en su folleto Prevención de El Pensador. El virrey Calleja tomó en cuenta las demandas lizardianas de permitir que los productores enviaran directamente el pan y el maíz a los consumidores. Cf. Obras X- Folletos, pp. 59-62. Véase también Carbón en abundancia en el tomo 1 de esta Antología.

[12] Hospital de San Hipólito. Cf. nota 2 a La casa de la demencia..., en este volumen.

[13] Hospital general de San Andrés. El edificio, convertido en hospital en 1779, por una peste de viruelas, fue el Colegio de San Andrés de los jesuitas, clausurado por la expulsión de éstos en 1777. Estuvo situado frente al Colegio de Minería, en el sitio ocupado hoy por el Museo Nacional de Arte, antes Palacio de Comunicaciones. Eran enviados aquí algunos sentenciados a cumplir prisión para auxilio de los enfermos, por lo que se montaba una guardia especial para que los presos no escaparan. Ver Lozano Armendárez, La criminalidad en la ciudad de México, 1800-1821. El panteón del hospital, de nombre Santa Paula, tenía una capilla consagrada al Salvador y 35 sepulcros para personas adineradas. No era un cementerio público y por muchos años sólo fueron sepultados los pacientes del hospital. Cf. Ángeles González Gamio, “Santa Paula ¡vive!”, en La Jornada, núm. 6546, 17 nov. 2002.

[14] Por decretos de 17 de agosto y 8 de septiembre de 1813 y 4 de junio de 1820, se abolieron los azotes, ya como pena, ya como medida correccional en escuelas, colegios y otros establecimientos. Cf. nota 11 a Preguntillas sueltas, en el tomo 1 de esta Antología. La Constitución se ocupa de la instrucción pública en el título IX, en su capítulo único con los artículos 366 a 371; en lo relativo a escuelas de primeras letras, dos artículos se ocupan de ellas en los siguientes términos: “Artículo 366. En todos los pueblos de la Monarquía se establecerán escuelas de primeras letras, en las que se enseñará a los niños a leer, escribir y contar, y el catecismo de la religión católica, que comprenderá a también una breve exposición de las obligaciones civiles. Artículo 369. Habrá una dirección general de estudios, compuesta de personas de conocida instrucción, a cuyo cargo estará, bajo la autoridad del Gobierno, la inspección de la enseñanza pública.” Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., p. 102 y Alejandro Mayagoitia y Hagelstein, “De real a nacional: el ilustre Colegio de Abogados”, en La supervivencia del derecho español..., p. 415.

[15] En el título VI, capítulo I, artículos 309 a 323, de la Constitución, quedó establecido el gobierno interior de los pueblos por medio de ayuntamientos. “Los regidores y demás individuos de los antiguos ayuntamientos fieles de las Españas en toda la Monarquía, conservarán los honores, tratamiento y uso de uniforme de que respectivamente estuviesen en posesión al tiempo de cesar por la formación de los Ayuntamientos constitucionales.” Decreto de Cortes de 24 de marzo de 1813. Cf. La Constitución de 1812..., t. I, p. 257. En una Representación firmada el 9 de julio de 1820, el ayuntamiento de Puebla declaraba que ningún cuerpo de siete miembros, refiriéndose a la Diputación Provincial de la Nueva España con sede en la ciudad de México, podía atender en noventa reuniones anuales, los problemas de 3,485 municipios. Cf. Nettie Lee Benson, La diputación provincial..., pp. 64-65.

[16] machucho. Familiarmente, viejo socarrón y experimentado, astuto, avisado. Santamaría, Dic. mej. No tenemos registrado el uso del aumentativo de este adjetivo y sí su sustantivación: Machucho es el nombre de uno de los personajes de La tragedia de los gatos... Cf. Obras XIII-Folletos, pp. 3-30.

[17] polvos. Artículos que hacen de almidón u otras sustancias y se usan como afeites.

[18] El 21 de junio de 1810 entró en funciones un nuevo cabildo para la ciudad. El 23 de junio, “el cabildo dirigió una proclama al pueblo” aclarándole que el gobierno constitucional esa vez trabajaría arduamente. “Dijo que intentaba descubrir y eliminar todos los viejos abusos, las tiranas mezquitas, y los fracasos del cabildo hereditario. Prometía el cambio, pero pedía paciencia, señalando que cientos de años de abusos no podían corregirse de la noche a la mañana [...]. El cabildo de nuevo dividió sus actividades en una de comisiones, y prometió hacer una reunión especial una vez a la semana para formular los nuevos reglamentos que se requerían para una reforma completa del gobierno municipal. Le dio al pueblo esperanza de que haría una reforma total y que se aplicaría en forma completa la Constitución.” Véase Timothy Anna, La caída del gobierno español..., p. 215.

[19] Cabildos Extraordinarios. Cf. nota anterior.

[20] Junta Provincial. “La Diputación provincial de la Nueva España sostuvo 21 sesiones en el palacio de gobierno entre el 20 de julio y el 26 de septiembre de 1820”. A excepción de la sesión del 29 de agosto, presidida por el intendente Ramón Gutiérrez del Mazo, el resto fueron presididas por el jefe político Apodaca. Cf. Nettie Lee Benson, La diputación provincial.., p. 57.

[21] Lazarus dormit. Lázaro duerme.

[22] Jam foetit... Ya hiede

[23] Tonchito. Cf. nota 4 a La Mujer Constitucional..., en este volumen.

[24] quien porfía mata venado. El refrán completo dice: “El que porfía mata venado, o lo matan por porfiado”. Darío Rubio consigna: “El refrán que enseña que para el logro de las cosas difíciles se necesita constancia; en el Diccionario se anota así: Porfía mata la casa, o mata venado. Cejudo dice: Porfía mata venado, que no ballestero cansado. Rodríguez Marín: Quien porfía, casa mata. Nosotros decimos El que porfía mata venado; pero agregamos que la terquedad del porfiado puede ser de malos resultados.” Cf. Darío Rubio, Refranes, proverbios...,  p. 175.

[25] Fernández de Lizardi utiliza como epígrafe de su folleto Dar que vienen dando. O respuesta a lo que estampó El Observador en el Suplemento al Noticioso número 751 los siguientes versos: “Por varios rumbos, y distintos modos/ que se cumpla la ley queremos todos”. Cf. Obras X-Folletos, p. 337.

[26] guajolote. Del mexicano huey-xolote. Nombre que recibe el pavo mexicano, tanto doméstico como montés. Ambas especies son originarias del país. Se dice totol, cócoro, concho o conche; en Tabasco, mulito. La hembra se llama pípila o cihuatotolin, además de guajolota. Santamaría, Dic. mej. Xolotl es el personaje mitológico que, al escapar de la muerte se metamorfosea sucesivamente en maguey doble, o mexolotl, en renacuajo, axolotl o en guajolote, uexolotl. Cf. Rèmi Simèon, Diccionario de la lengua náhuatl..., y Fray Bernardino de Sahagún, Relación de las cosas de la Nueva España.

[27] chaqueta. Apodo con que eran conocidos, durante la Guerra de Independencia, y aún después, los partidarios de los españoles. En El Pensador Mexicano, t. II, núm. 18, (30 dic. 1813) en boca del Francés se lee lo siguiente: “[...] sabemos que todo hombre tiene sus vicios y virtudes y que no hay nación alguna cuyos habitantes sean todos malos ni todos buenos. En virtud de esto, ¿por qué ha de haber americanos tan sandios y emponzoñados que han de negar lo que la naturaleza grita y las historias acuerdan? [...] hay algunos miserables mortales tan preocupados en aquel reino, que no sólo cierran los ojos a la razón, sino que matriculan entre sus aborrecidos a aquel que la conoce. Si un americano hiciera estas reflexiones, al instante dirían: ya éste se degradó; es un adulador; está alucinado; es un chaqueta”. Cf. Obras III-Periódicos p. 273. Después, en “Mi Vindicación”, publicada el 22 de abril de 1814 en el mismo periódico escribirá que algunos leen sus escritos como el cuentecillo en el que un joven pretendió curar los ojos de su padre con abrojos, lo que resultó en que se los vació; cuando se averiguó la razón, el joven argumentó que había leído el remedio de un autor de la facultad médica que decía: “Abrojos para los ojos son buenos...”, tornando la página un prudente se leía “para cegar”, “de esta misma manera han leído algunos de los que me tienen por chaqueta, por insurgente o por neutro, y  yo trato de hacer ver cuánto se engañan [...]. Si por chaqueta hemos de entender (como se debe) el fiel patriota, yo no me desdeñaré de este título; pero si se toma esta voz en algún ridículo diccionario para denostar a un adulador vil, cuya sumisión no es efecto de los justos y santos sentimientos que deben inspirar al vasallo honrado, sino de su único interés y conveniencia, desde luego yo no he sido ni aun pienso ser chaqueta.” Ibidem, pp. 441-442. Fernández de Lizardi asegura en este mismo número que fue apellidado “chaqueta” después de haber publicado Reflexión patriótica sobre la próxima elección, fechado el 4 de diciembre de 1813, donde exhortaba a los americanos a no satanizar a los españoles europeos y admitirlos en los ayuntamientos y corporaciones. Cf. Obras X-Folletos, pp. 163-166. “Había en la Colonia batallones permanentes de voluntarios formados por los gremios, así los había de curtidores, panaderos, etcétera, el de comercio lo componían los dependientes de las tiendas, y estos fueron los que en el año de 1808 depusieron al virrey don José de Iturrigaray. El uniforme que usaron estos batallones desde 1792 eran unas vistosas chaquetas, lo que dio lugar a que el pueblo les llamara pastores de Nochebuena. El decir chaqueta era sinónimo de realista en contraposición de insurgente.” Cf. Artemio de Valle Arizpe, Historia de la ciudad de México..., p. 439. “Quieres Fabio saber quién es chaqueta/ Todo rival del pueblo americano/ El que contra su patria es inhumano/ Y sus mismos derechos no respeta./ Quien a la antigua España se sujeta/ Dominada de extraño soberano,/ Quien ama al extranjero y no al paisano/ Y el que a puño cerrado cree en Gaceta./ Lo es también el egoísta, el ignorante/ El que ve quebrantar sus justos fueros/ Y mantiene sereno su semblante./ Quien se ve sin sustento si anda en cueros/ Y al gobierno reputa por amante,/ Siendo causa de males tan severos”. Soneto del bachiller José Valdés, publicado en Guía de forasteros. Estanquillo Literario. Margo Glantz, editora responsable, p. 4.

[28] aquí fue Troya. Cf. nota 22 a También al verdugo azotan, en este volumen.

[29] Quiroga. Cf. nota 8 a El Colegial a El Pensador..., en este volumen.

[30] Hesperia. Una de las dos penínsulas. España e Italia. Región Occidental; Italia en relación a Grecia y España en relación a Italia. Llamábase Héspero o Véspero al planeta que aparece al O a la puesta del sol. Al parecer primero se llamó Hesperia a toda la Europa Occidental, desde el Adriático.

[31] sacar el buey de la barranca. Sacar el buey, o el toro, de la barranca, ejecutar una cosa muy difícil. Santamaría, Dic. mej. “Lograr un trabajo que se antoja tan arduo como los siete realizados por Hércules . Se comprende lo difícil que ha de ser izara un feliz buey que cayó en un hoyo” Cf. Miguel Velasco Valdés, Refranero popular mexicano.

[32] Decreto de 26 de marzo de 1820. “Ministerio de Guerra.—Excelentísimo Señor.— El Señor Secretario interino de la Gobernación de la Península me dice lo que sigue: Con fecha de hoy se ha servido el Rey dirigirme el decreto siguiente: —Siendo la Constitución de la Monarquía que he jurado la ley fundamental que arregla los derechos y deberes de todos los españoles con respecto al Trono, á la nación y entre sí mismos, y considerando que los que rehúsan reconocer la ley fundamental de un Estado, renuncian por el mismo hecho á la protección de dicha ley, á todas las ventajas de la asociación que la reconoce y aun a vivir en su territorio, he venido en declarar, en conformidad con el decreto de las Cortes Generales y Extraordinarias de 17 de agosto de 1812 y de acuerdo con la Junta Provisional, que todo español que se resista á jurar la Constitución política de la Monarquía, ó al hacerlo use de protestas, reservas ó indicaciones contrarias al espíritu de la misma, es indigno de la consideración de español, queda en el mismo hecho destituido de todos los honores, empleos, emolumentos y prerrogativas procedentes de la potestad civil y debe ser separado del territorio de la Monarquía y sufrir además la ocupación de las temporalidades si fuese eclesiástico. Y encargo bajo la más estrecha responsabilidad á los Jefes Políticos y demás autoridades constitucionales la ejecución del decreto y penas referidas. — De Real orden lo comunico a Vuestra Excelencia para que lo observe y ejecute puntualmente, publicándolo en la Provincia de su mando y circulándolo a quienes corresponda. Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años. Madrid 26 de marzo de 1820.” Este decreto se dio a conocer en la Nueva España por bando del virrey Apocada de fecha 18 de septiembre de 1820. Cf. La Constitución de 1812..., t. II, p. 188.

[33] González Obregón nos dice lo siguiente: “[...] lo más abundante entonces, pues los había lo mismo en los Portales, que en las calles más inmediatas á la Plaza ó en los barrios más apartados eran los cafés; centros de reunión de escritores, de militares, de clérigos, y en general de gente ociosa, que iba á ellos, para beber el negro líquido, tomar dulces ó natillas, los más pacíficos; jugar á la malilla ó al tresillo, los menos viciosos; y los políticos, á componer el mundo, leyendo y comentando diarios y gacetas, en voz alta, á veces en tono destemplado, cuando los criollos imprudentes defendían ideas nuevas, ideas de independencia que ya no se ocultaban; ó cuando exaltados chaquetas ó realistas hacían panegíricos hiperbólicos del rey Fernando.” Cf. Luis González Obregón, La vida en México en 1810, p. 21. Salvador Novo y Alfonso Sierra Partida afirman que el primer café que existió en México fue el de Manrique, ubicado en lo que es hoy la esquina de Tacuba y Monte de Piedad, “acudió a él Miguel Hidalgo y Costilla”; otro café de la época es el de Medina, mencionado en la Gaceta de México del 24 de septiembre de 1806. Entre los cafés de la ciudad de México en esta época se contaban: Apolo, en el Portal del Espíritu Santo [la calle de este nombre es hoy Motolinía, corría de norte a sur entre las calles de San Francisco (hoy Francisco I. Madero) y Coliseo Viejo (hoy 16 de septiembre)]; Patriótico, en la calle del Refugio o Tlapaleros [hoy 16 de septiembre]; Cruz de Malta, en la calle del Espíritu Santo; el de Bilbao; el del Águila del Oro, hotel y café de la alta sociedad, de buena construcción y esbeltos arcos, diferente al de la Fruta [el Portal de este nombre en la esquina de las actuales calles de Motolinía y 16 de septiembre]o al del Portal del Coliseo. Cf. Diario de México (17 abr. 1814) y Antonio García Cubas, El libro de mis recuerdos..., p. 202. En un “Aviso” del Noticioso General núm. 460, del 11 dic. 1818, p. 4, se anuncia el arrendamiento o traspaso del café de la calle de Palma. En su folleto Cedió El Pensador al fin la victoria al gachupín (1826), Fernández de Lizardi dice que fue consultado en el café de la Águila. Cf. Obras XIII- Folletos, p. 701.

[34] Portal. Cf. nota 6 a La Canoa, número 2, en este volumen.

[35] Cortes Generales y Extraordinarias. “Al expedirse la Constitución de marzo de 1812, las Cortes Generales y Extraordinarias cesaron en sus funciones y ese mismo año empezaron a trabajar las Cortes Ordinarias hasta 1814, aunque Fernando VII, al regresar del destierro en Francia, las disolvió y abolió todo el sistema constitucional, dando por terminado el periodo que ha sido conocido como Bienio liberal”. Cf. José Luis Soberanes, Los tribunales de la Nueva España, p. 35.

[36] Consejo de Regencia. Tras la declaración de Independencia en septiembre de 1821, se formaron dos organismos gubernativos provisionales: la Soberana Junta Provisional Gubernativa y el Consejo de Regencia. Este último representaba el poder ejecutivo y, por tanto, ejecutaba los mandatos de la Soberana Junta. En la primera sesión de la Soberana Junta se eligió “a las cinco personas que formarían el Consejo de Regencia, nombrando presidente a Agustín de Iturbide [...]. La Soberana Junta delineó los poderes del legislativo y del Ejecutivo. El 1 de octubre adoptó para sí ‘los Reglamentos que las Cortes hicieron para su gobierno interior en 24 de noviembre de 810’ y ‘para la Regencia el que le dieron las Cortes en 8 de abril de 813 en lo que no repugne a los tratados de Córdoba’. Esas regulaciones parlamentarias españolas daban el poder a la legislatura y a la vez limitaban al Ejecutivo a cumplir los mandatos de las Cortes”. Cf. Jaime E. Rodríguez O., “Las Cortes Mexicanas y el Congreso Constituyente” en La Independencia de México y el proceso autonomista novohispano 1808-1824, p. 286.

[37] Jaime Creus. Presidente de la Junta Provisional. Diputado en Cádiz el 14 de julio de 1814. En un inserto a la Gaceta Extraordinaria del Gobierno, núm. 519, 30 enero 1814, p. 125, se da la noticia al virrey de que para la diputación permanente en España (6 de septiembre de 1813) fueron elegidos 7 vocales, entre ellos Jaime Creux.

[38] Ramón Feliú. Firmante de la Representación de la Diputación Americana a las Cortes de España en 1° de agosto de 1811. Con notas del editor inglés. México: Reimpreso en la Oficina de Alejandro Valdés, 1820. Diputado americano que en 1826 abogó por la Independencia: “Nosotros tenemos derecho de tomar las armas. Nuestros derechos son la necesidad, una justa defensa de nuestras desgracias, las de nuestros hijos, los excesos cometidos contra nosotros: Nuestros derechos son el título augusto de la Nación. Separémonos y ya está formada”. Citado por V. G. Estado actual de cosas (México, Oficina de J. M. Benavente y Socios, 1821) Reproducido en Catálogo de la Colección Lafragua..., p. 367. En una comunicación sobre cambios en los nombramientos ministeriales de España que dio a conocer la Gaceta del Gobierno de Madrid el 6 de marzo de 1821 se consigna que fue nombrado Ministro de Gobernación de Ultramar.

[39] Manuel García Herreros. Nació en Asturias. Estudió en los Colegios de Tlatelolco y San Ildefonso. Se intituló de abogado. Regresó a España y se incorporó a la Universidad de Alcalá. En el Bando del virrey Ruiz de Apodaca da a conocer la real orden de 20 de octubre de 1820, sancionaba el decreto de Cortes (27 sept. 1820) que concedió un olvido general de las conmociones políticas. Asimismo hizo públicas una copia de la circular del 10 de octubre, expedida por el Ministerio de Gracia y Justicia, firmada por Manuel García Herreros, conteniendo el real decreto de 20 de octubre. Además del olvido general, se manda poner en libertad a todos los presos y los desterrados podían regresar.

[40]Capitanía General. El virrey tenía el nombramiento de Capitán General de la Nueva España; su jurisdicción se ejercía entre grupos de funcionarios militares: 1) tenientes de capitán general, 2) capitanes a guerra, 3) castellanos. Las funciones de la Capitanía General correspondían a la defensa interior y exterior del virreinato.

[41] Junta de Censura. Cf. nota 7 a El Teólogo Imparcial, número 3, en este volumen.

[42] Audiencia (de México). Se llamaron así los Tribunales colegiados de apelación y súplica del fuero común. Se instituyeron para corregir los abusos que pudieran cometer los virreyes. La de México fue creada por Carlos V a fines de 1527. Se componía de un regente y diez oidores que formaban dos Salas para los negocios civiles, y otra con cinco alcaldes de Corte para los criminales. Sólo los oidores formaban el Acuerdo ordinario, al que eran llamados en casos de mucha gravedad los Alcaldes de Corte, y éstos tenían a su cargo cinco de los ocho cuarteles mayores en que estaba dividida la ciudad; tenía tres fiscales: de lo civil, de lo criminal y de Real Hacienda. El distrito de la Audiencia de México lo formaban las siguientes provincias: Nueva España, Yucatán, Tabasco, Nuevo León y Tamaulipas, Internas de Oriente en el Mar del Norte, y en el sur desde donde acababan los términos de la Audiencia de Guatemala, hasta donde comenzaban los de la Nueva Galicia. Cf. Francisco de Paula de Arrangoiz, México desde 1808 hasta 1867, p. 23.

[43] chanfaina. Cf. nota 11 a La Mujer Constitucional... y nota 6 a El Abogado lego, ambos en este volumen.

[44] jueces de letras. Cf. nota 12 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[45] Artículo 373 de la Constitución: “Todo español tienen derecho de representar a las Cortes o al Rey para reclamar la observancia de la Constitución”. Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., p. 103.