Número 3.

 

LA CANOA[1]

 

Hemos oído decir que nuestro número 2 no ha correspondido al 1. A la verdad, él debió de estar un poco frío,[2] porque no teníamos noticias de Cayo-Puto,[3] ni se pudo enviar un buen cargamento, a causa de que el patrón de la canoa instaba porque le despachasen; pero ahora, ¡oh!, ahora han de quedar contentos los señores críticos: empecemos, pues, y caiga el que caiga. He aquí el cargamento que lleva hoy La Preciosa:

[...][4]

Cuatro decoraciones del teatro de México, que piden ya retiro por su respetable ancianidad. Como los asentistas no parecen dispuestos a dárselo se remiten al Cayo, Son tres de sala y una de jardín. Van destinadas a remendar las velas del esquife arranchador.

[...][5]

Seiscientos Cortadillos de imprenta de coco y almendra[6] para que los cayo-putanos se saboreen con su dulzura si es que pueden tragarlos. Va también el licenciado Cachaza a proveer de coplas a los ciegos del Cayo.

En un saco a El Pensador Mexicano, porque no cumple en su Conductor Eléctrico lo que ofreció.[7]

¡Gracias a Dios! Al cabo de diez y ocho días mortales de navegación llegó al Cayo el esquife arranchador con el cargamento que anunció nuestro número 1. El interés que el público toma en la suerte de los arranchados, nos obliga a darle noticia de los principales sucesos que ocurrieron en la travesía. A los dos días de navegación suplicaron los arranchados a Moderato que les permitiese salir a respirar el aire libre; se les concedió, porque estando ya el esquife en alta mar no había riesgo de que se escapasen. ¡Oh, cuadro digno de presentarse a la vista del mundo por una pluma menos tosca! Allí, Losada trabó amistad con El Hablador,[8] y entre los dos aturdieron al asombrado equipaje; allí el estúpido Campanero[9] traía por los cabellos una cáfila de textos de la Sagrada Escritura, que él aplicaba a su situación; allí F. R.[10] repasaba su sistema planetario para asombrar a los astrónomos cayo-putanos; allí el Fernandino[11] maldecía gimiendo la hora malhadada en que enristró con el exdiputado; allí el Doliente[12] se preparaba a extender por todo el Cayo los elogios del santo y rectísimo tribunal de la Inquisición,[13] y decía con lágrimas abrazando los cajones de espanta-judíos que llevaba Moderato.

 

¡Oh, dulces prendas por mí mal halladas,

dulces y alegres cuando Dios quería![14]

 

Allí... ¿pero quién será capaz de referir cuanto hacían y decían aquellos beneméritos señores, sentados en la cubierta del esquife?[15]

Al día siguiente, trabó conversación Losada[16] con Moderato, y le exageró los prejuicios que traía a México la cochera de Baz.[17] Empezó por aquello de que las madres no podían enviar sus hijos al Portal, sin temor de que los atropellase un coche, pero Moderato le contestó que esos niños estarían mejor en la escuela que no paseando.

Baz armó una gran quimera sobre la cama y comida que se le daba, pero Moderato le contestó impaciente que callase la boca, o le haría pasar por debajo de la quilla. Baz protestó contra tal violencia, y amenazó a Moderato con que le podría un pleito ante el señor Chilibrán.

A los doce días de viaje sufrieron una horrible tormenta, por lo que se arranchó de nuevo a todos los pasajeros, y empeorando el tiempo cada vez más, se alijó el esquife echando al mar los espanta-judíos, al Doliente y a F. R., por ser lo más pesado que venía. Por fortuna aflojó algo el temporal a los seis días, y fondeó el esquife en el Cayo.

 

CAYO-PUTO

 

Escriben de México que van a elegir diputado en Cortes a El Pensador. Sea enhorabuena.

También escriben que nadie quiere imprimir las producciones pensatorias.[18] ¡Qué desgracia para México! ¡Qué desgracia para los tenderos del Cayo![19]

 

 



[1] México: En la Oficina de don Juan Bautista de Arizpe, 1820, [4 pp.]

[2] Fernández de Lizardi en Rociada de El Pensador a sus débiles rivales publicó el siguiente comentario: “El segundo número de La Canoa está tan frío e insulso que usted mismo [autor de La Canoa] lo conoce y lo confiesa en el tercero, que no le va en zaga a sus antecedentes”. Cf. Obras X-Folletos, p. 328.

[3] Cayo Puto. Cf. nota 27 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[4] Resumen de texto omitido: El autor condena al Cayo al autor de las Reflexiones sobre la Confederación Patriótica de Málaga, que se firma Médico de la Patria. Véase la nota 19 a Todos pensamos..., en este volumen.

[5] Resumen de texto omitido: Remite al Cayo la producción de quinientos tercios de puros y 1 000 de cigarros de la fábrica de México, porque aquí no se venden.

[6] Cortadillos de imprenta de coco y almendra, firmado por el Licenciado Cachaza, en este volumen.

[7] Fernández de Lizardi responde a esta acusación en Rociada de El Pensador...: “Por fin de fiesta, venga usted acá señor de La Canoa. ¿Conque me ha confinado usted al Cayo?, ¿y por qué?, porque oyó decir o leyó que no había cumplido mi palabra en lo que ofrecí en el prólogo de mi Conductor; pero tatita ¿cómo quiere usted ni quieren otros que en veinte y cuatro pliegos se explique toda la Constitución, todo el derecho público, se declame contra los abusos más comunes, se trate de las bellas letras, se pongan poesías selectas y se escriba al gusto de todos? Esto es una sencillez, para no darle otro nombre. Fuera de esto ya dije: el periódico no está concluido ene esos pocos números; y así aún hay tiempo para darle a usted gusto y cumplir del todo lo que ofrecí. Como haya imprentas que impriman el periódico, materias sobran, y seguramente se trataran asuntos más dignos que lo que usted ha elegido para surtir sus Canoas, como ya lo son las de los veinte y cuatro números del Conductor.” Cf. Obras X-Folletos, p. 324.

[8] El Hablador. Cf. nota 25 a La Canoa, número 1, en este volumen.

[9] El Campanero. Véanse los folletos firmados por Fernando Demetrio González El Campanero a su compadre El Pensador Mexicano y Segunda parte de el Campanero a su compadre El Pensador Mexicano, en este volumen.

[10] F. R. Cf. nota 7 a La Canoa, número 1, en este volumen.

[11] El Fernandino Constitucional. Cf. nota 25 a La Canoa, número 1, en este volumen.

[12] Doliente. Cf. nota 1 a El Teólogo Imparcial, número 1, en este volumen.

[13] tribunal de la Inquisición. Cf. nota 4 a El Teólogo Imparcial, número 3, en este volumen.

[14] Versos de Garcilaso de la Vega en su obra Sonetos, X, imitando a Virgilio en ‘Dulces exuviae, dum fata deusque sinebant’. Cervantes pone estos versos en boca de don Quijote cuando llega a la casa de don Diego de Miranda, ‘El Caballero del Verde Gabán, cuyas armas, la bodega, la cueva, etcétera, ‘le renovaron las memorias de su encantada y transformada Dulcinea’. Segunda parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, capítulo XVIII. Cf. Vicente Vega, Diccionario ilustrado de frases célebres y citas literarias, Quinta tirada, Barcelona: Editorial Gustavo Gili [1973], p. 536.

[15] esquife . Cf. nota 3 a La Canoa, número 1, en este volumen.

[16] Losada. Cf. nota 6 a La Canoa, número 1, en este volumen.

[17] Idem.

[18] Se refiere al folleto de Fernández de Lizardi Rociada de El Pensador a sus débiles rivales, en que nuestro autor asienta: “He tenido que enviar a Puebla este papel para que se me imprima, porque en las tres imprentas de México ya no me imprimen nada. En casa de don Juan de Arizpe no, porque tiene dos periódicos y falta lugar. De esta imprenta no tengo ninguna sospecha porque su dueño es mi amigo, no tenemos ninguno de los dos queja recíproca, y son públicos sus compromisos.

  “En la imprenta del señor regidor Valdés no quiere imprimirse su administrador, porque puse en mi periódico que querían que les pagase un autor los costos de la imprenta, y luego que les dejase la mitad de las utilidades. Lo peor es que no ha sido uno solo a quien se ha hecho esta ilegal propuesta, sino a varios, y que el mismo Valdés ha querido de letra de molde probar que esto es un trato justo, lo que no probará en su vida. Él es un trato violento; y aun cuando haya consentimiento, es mediante una fuerza virtual, y por lo mismo es un trato usurario, ilegal, desvergonzado y nada digno de hacerse en la casa de un regidor de México. Si me hubiera impreso el papel que ahora se me imprime en Puebla, y si me desechó el 18 de se[p]tiembre, yo callaría; pero pues noto un espíritu de venganza, diré por qué es, acusaré esta felonía a la faz del mundo, y probaré hasta la evidencia que tal pacto es injusto y usurario, aun cuando se admita por el autor, pues éste lo admite en virtud de la necesidad y no por mera voluntad suya. Así hay quien se comprometa a pagar dos reales de logro en cada peso por razón de empréstito, y este convenio, aunque sea mutuo, no deja de ser usurario.

  “En la Oficina de Ontiveros no se me quiere imprimir porque reconvengo sobre que no e me haga falta, sobre que me entregue completa mi impresión, y acaso porque sello mis papeles para evitar fraudes y robos, lo que no me ha valido, pues, del número 14 del Conductor; sin embargo de la diligencia del sellito, se vendieron sin él una porción de pliegos en una tienda, y tantos que el tendero los vendió a los muchachos para papelotes a seis por medio, y a mí mismo me los vendió a cuatro./ Sobre estos descuidillos son mis reconvenciones, que apellidó atajo de desvergüenzas el señor Chirrión.

  “Si por esto no me quieren imprimir en México, nada importa: los poblanos que [son] más generosos que mis compatricios, lejos de entretenerse en sindicarme sin justicia como mis criticastros, me han honrado en sus papeles públicos, muy más sin duda que lo que yo merezco, continuarán dispensándome su favor con imprimir mis friolerillas la vez que puedan.

  “Así lo espero de su generosidad, pues, a falta de mérito, tengo la recomendación de ser su paisano y protestarme como me protesto... Poblanos, con la mayor gratitud y afecto, vuestro primer amigo e inútil servidor. El Pensador Mexicano”. Cf. Obras X-Folletos, pp. 329-330.

[19] Fernández de Lizardi en Rociada de El Pensador a sus débiles rivales escribe: “Lo que no ignoro es que cotejados los míos con los de usted [escritos], se ve de a leguas la diferencia que hay, y que si los míos merecen emplearse en envolver azafrán, los de usted no tienen otro destino que para servilletas.

  “En fin, amigo: su papel de usted es insulso, inútil, perjudicial al público, porque le saca los medios sin provecho, mordaz, desvergonzado y sólo propio para zaherir a todo el mundo y acarrearle una porción de enemigos; por todo lo cual, el señor don Chilibrán, el de las Siete Alforjas, apercibe a usted seriamente a que se abstenga de regalarnos semejantes sandeces, su pena de que si da el cuarto número de La Canoa, queda prevenida una chalupa para el desembarcadero del Pipis, para que lo conduzca enfardelado en un tercio de tule y chichicaxtle, llevando su provisión de ranas y juiles para que no extrañe la galleta ni el trabajo de la mar.

  “Ha llegado un corsario en pos de usted y nos ha dirigido la siguiente décima, que le copiamos para que vea el concepto que se ha granjeado en el Cayo: triste y mísero patrón/ de esa moderna canoa,/ sin quilla, popa, ni proa/ y lo que es más sin timón:/ emprende otra profesión,/ pues se cree que a tu pesar,/ por querer tanto cargar/ tu barquilla miserable,/ tengas el fin lamentable/ de verte pronto encallar. Monsieur Gardaimaa o Madariaga.

  “Conque usted sabrá lo que hará en el particular”. Ibidem, pp. 328-329.