JUDÍA Y CONTRA JUDÍA. EL PENSADOR MEXICANO 

ES TODO CONTRADICCIÓN[1]

 

 

Entremos sin exordios: marcialmente a la francesa.[2] Paisa, ¿no escribió usted en su Eléctrico (creo número 17) “que el padre Soto era de extraordinarios talentos y literatura, de muchas esperanzas, y de conocida conducta”?[3] Sí. Pues ¿quién se ha transformado, usted elogiador de dicho religioso, o el padre Soto? Ahora en sus papeles de usted lo leemos: necio, ignorante, sandio, grosero, iliterato, autor de jacal, de banqueta de la plaza, de tepachería,[4] irracional, irreflexivo, descortés, corruptor de las Escrituras, vocal en cabildo de guajolotes,[5] vil frailezuelo, escritor infando y pilatuno, loco, arrogante, desatinado, sin juicio, mitotero,[6] atrevido, infamador de las sagradas religiones, idiota y, sobre todo, blasfemo y hereje pertinaz.[7]

Paisano, o usted se contradice, o al padre Soto se le metieron todos los diablos: de esto segundo nadie ha tenido noticia, ni la ha dado en privado ni en público, sino es El Pensador Mexicano. Paisano, usted en el citado número 17 se lastima amigable y particularmente de que el padre Soto, hombre tan prendado, se comprometiese por defender a su religión, y ahora se conduele usted de la religión dominicana,[8] a quien deshonra y compromete con sus hereticales blasfemos escritos dicho religioso. En el número (creo que es 15) de su Eléctrico, envilece usted, sobaja, desacredita, conmina y algo más al convento de los padres dominicos,[9] porque allí se había trasladado, según usted, la Inquisición[10] con sus tiranías, inhumanidades, espionaje, etcétera, etcétera; y ahora, en su último papel de usted llama al convento y provincia de Santo Domingo ilustre y madre de hombres sabios y extraordinariamente beneméritos (eso sí es verdad), cuyo esplendor y gloriosa fama obscurece y mancha ese frailecito Soto, tan dado a los diablos, con todos los tanes[11] del pincel con que usted lo presenta al público.

Paisanito: o usted se contradice, o la máquina del mundo se disuelve; paisanito, usted es hombre fidedigno, ¿quién lo duda?, mas exprese usted ¿a qué papeles suyos le hemos de dar crédito, los que le escuchamos como un oráculo de integridad y de verdad? Esta verdad ¿la escribió usted en sus anteriores papeles, o en estos últimos? El padre Soto, a quien usted llamó en sus Rociadas[12] débil rival suyo, ¿sabe o no teología? Si no la sabe, ¿con qué alma, con qué descaro, con qué conciencia le hizo usted allá tantos elogios?, y si el padre Soto es teólogo, ¿con qué alma, con qué descaro, con qué conciencia le ha tratado usted en estos días con tanto ultraje, con tanta befa, con tanto deshonor, etcétera? Si esto no es contradecirse, ya no ponen huevos las gallinas, las estrellas se cayeron a la Tierra y los guzarapos[13] lucen en el Cielo. Paisanito: del padre Soto, es cosa muy sabida, que desde los 14 años de su edad, hasta los 45 en que ha entrado, su religión, obrando con justicia, le ha reconocido por un talento nada común, por hombre aplicado a las letras, y que ha desempeñado desde joven las lecciones, las cátedras y las funciones literarias de mayor lustre y compromiso, en esto de cuestiones teológicas las más intrincadas. Al padre Soto su religión le ha confiado las regencias de sus estudio[s] escolares, a cuyo cargo están todos los sínodos de la religión, toda la dirección de la enseñanza de las clases, etcétera, etcétera. Diga usted consiguiente al concepto que nos ha hecho usted formar del padre Soto, ¿podrá ser ilustre una religión que conociendo al padre Soto, cual usted lo pinta y califica, le haya honrado con sus elogios, y le haya distinguido con cátedras y regencias, etcétera, confiándole la literatura y la enseñanza de sus domésticas e ilustres escuelas? Paisanito, ¿y así se atreve usted a llamar ilustre la religión de Santo Domingo?[14] O usted se contradice, o ya los asnos no rebuznan. Ésta me parece que es más garrafal inconsecuencia que las que usted estampó en su defensa del excelentísimo señor vi[r]rey,[15] donde usted más acusa que excusa al personaje su cliente. Paisano: del padre Soto es cosa sabida y auténtica que muchísimos señores ilustrísimos se han dignado concederle licencias generales para el ejercicio santo de confesar y predicar la divina palabra, con dispensa del previo sínodo, o examen, y en virtud sólo (como sus señorías ilustrísimas lo han expresado y firmado) de su conocida y acreditada literatura. Paisano: ¿en qué han pensado estos reverendos e ilustres prelados que le han entregado la Iglesia a Lutero?, ¡qué descuidados!, ¡qué omisos, qué candidotes, y, en realidad, qué pastores tan simoníacos, que a un hombre tan inepto sobre todos los ineptos le han confiado los pastores de la Iglesia a su grey, para que el padre Soto les dé el pasto de las Divinas Escrituras, y de la moral de Jesucristo! Paisano: decerraje usted por ahí un papelito de cosas chocantes contra los señores mitrados de México,[16] Guadalajara,[17] de la Sonora:[18] intímeles usted con nervio y con el celo cristiano, digno de su pluma, que recojan las licencias a ese frailezuelo blasfemo, hereje, escandaloso, etcétera, porque si no es capaz de impedirle a usted el desempeño de la misión y del magisterio divino de Pensador Mexicano, oráculo de todas las ciencias en este reino. Si al padre Soto no lo hacen callar, en dos partes nos corrompe toda la ciencia de la religión, ¿no es verdad esto paisano, ojo derecho de la América, y emporio de todas las ciencias? Paisano, usted confesó días pasados con palabras castizas, castellanas, que el padre Soto debería saber mejor teología que usted, que él es estudiante, y usted a esa señora ni la ha conocido (en la Palinodia de usted contra el padre Soto, página 4),[19] pues componga usted estos bolos, ¿pues como dice usted ahora en la página 5 de su último papel sobra la iliterata pluma de Fernández para confundir la teología del padre Soto[20] y que esgrimirá la pluma (página 6) hasta hacerlo callar, porque no solamente el padre Soto no es sabio, sino que es un presumido delirante, desenfrenado, inconsulto?[21] Conciérteme usted eso, paisano de mi alma, digo, de mi cuerpo, porque nací en México, donde mi madre me parió, ¿cómo podrá ser que el que usted, confesando que no conoce la señora Teología, confunda y acribille al que usted confiesa que la ha estudiado, y a quien el mundo conoce que [h]a sido catedrático muchos años de tan sagradas ciencias? ¡Ah!, paisano, ya me va usted haciendo dudar de su verdad: creo no es usted quien escribió, sino sus pasiones perturbadas. Paisano, si eso no es contradecirse, anteayer fue día del juicio final, y ya los cangrejos vuelan, y las águilas se transformaron en escarabajos. Paisano, por Dios, por los huesos y facultad médica del señor su padre[22] que nos ponga usted estos bolos, porque México anda en bolas y pelotones, queriendo interpretar y concordar la infalible veracidad de todos los papeles de nuestro antiguo, nuevo y futuro ilustrador Pensador sobre todos los que piensan, y contra todos los que no piensan como el hidalgo señor don José Joaquín Fernández de Lizardi.

No crea usted paisano que estos incultos y toscos renglones, que le dirige la sobajada pluma de don A-la-mi-re, son efectos de algún espíritu humano, rival, débil de usted. Son unas groseras razones de un amigo de saber la verdad en esos piti-puntos,[23] y cosi-cosas,[24] que no son tan despreciables porque tocan a puntos graves de religión cristiana. Y ahora que me acuerdo, paisano, ahí anda un papel de dos pliegos y medio, demostrando que su favorito de usted, su maestro, y su más apreciable libro, Pan y toros,[25] es libelo herético de capite ad calcem:[26] que no es más su doctrina que la que enseñaron los herejes del conventículo de Satanás, o Concilio de Pistoya,[27] y la que condenó la Iglesia romana, infalible maestra de la verdad, en el año de [1]794. ¡Caramba, paisano!, si esto es verdad, ya probó el padre Soto, y muy pronto “que usted es propugnador de las más ho[r]rendas herejías”,[28] y, por consiguiente, que alguno de los escritos de usted son blasfemos, anti-católicos, seductores contra la fe de Jesucristo, que enseña la Iglesia romana. ¡Caramba, paisano!, acuérdese usted de lo que escribió en el número 24 de su Eléctrico.[29] Quizá por eso dicen que usted es Proteo[30] en sus escritos: Ya usted piadoso y ya fautor impío de los herejes, que es decir que juega ya judía, ya contra judía,[31] etcétera, según que le conviene. Eso no lo digo yo, sus obras de usted lo están diciendo, y ahora usted dirá lo que quisiere en respuesta a este su paisano [32]y afectísimo punto desabrido, o si usted quiere brusco de


A-la-mi-re

 


[1] México: Oficina de los ciudadanos militares don Joaquín y don Bernardo de Miramón, calle de Jesús [Cf. nota 1 a La horca para Amán..., en este volumen], núm. 16, 1820, 4 pp.

[2] marcialmente a la francesa. La marcialidad “es hablar con desenfado, tratar a todos con libertad y desechar los melindres de lo honesto [...] (la marcialidad, baza fundamental de la majeza) es hacer [...] lo que le acomoda a cada uno”. Cf. Manuel Antonio Ramírez y Góngora, Óptica del cortejo, espejo claro en que con demostraciones prácticas del entendimiento se manifiesta lo insustancial de semejante empleo (1774), citado por Rusell P. Sebold en el prólogo a su edición de Tomás de Iriarte, El señorito mimado y La señorita malcriada, Madrid: Castalia, 1998, la cita de óptica del cortejo corresponde a las páginas 6 y 7 de la edición de Córdoba de 1774. La marcialidad denominaba a aquellos que vestían de acuerdo a la moda francesa que en el caso de los varones incluía el colorete en las mejillas, los zapatos con hebillas grandes, el uso de reloj con leontina, la coleta de cabellos largos, la levita corta y el uso de varita y guantes; en el caso de la mujeres, los escotes tanto en el frente como en la espalda, el calzado de seda, los peinados ya cortos o bien con abundantes rizos y adornos entre los cabellos (listones, moños), en las mujeres la marcialidad incluía el trato común con los varones de su edad, así como la participación activa en las conversaciones de hombres, esto iba en contra el recato femenino español. La gente marcial hablaba con galicismos, gustaba del teatro y literatura franceses y concertaba tertulias sobre asuntos de moda y actualidad. El cortejo era parte de la marcialidad misma y consistía en que algunas damas casadas o no tenían un acompañante joven afrancesado que acudía con ellas a los bailes y al teatro, este acompañante se llamaba “cortejo”, y debía instruir a su dama en el vals, los afeites, la moda y la literatura. Véase Carmen Martín Gaite, Usos amorosos del dieciocho en España, 3ª. ed., Barcelona: Anagrama, 1988. El tema de la marcialidad comprende el cortejo, ambos conocidos en Nueva España a fines del siglo XVIII, como demuestran los textos recogidos por José Miranda y Pablo González Casanova: Cartilla a la moderna para vivir a la moda, en uno de sus consejos se lee que ser marcial “es tener poca vergüenza”; el otro texto se titula Elementos del cortejo, escrito a manera de diálogo didáctico, en que se enumeran las circunstancias del cortejo: “petrimería, aturdimiento, resolución, descaro, inconstancia, ligereza, frivolidad y capricho”. Cf José Miranda y Pablo González Casanova (eds.), Sátira anónima del siglo XVIII, México: Fondo de Cultura Económica, 1953 (Lecturas mexicanas, 9), pp. 105-116, 222-227.

[3] Conductor Eléctrico, núm. 17. Cf. nota 6 a Respuesta del padre Soto..., en este volumen.

[4] tepachería. Lugar donde se prepara y vende el tepache (tepiatl, en náhuatl), que es la bebida fermentada que se prepara con el jugo de diversas plantas, especialmente de caña y de piña. Se usa como refresco o como embriagante, según el grado de fermentación. Originalmente preparada con maíz. Santamaría, Dic. mej.

[5] guajolotes. Cf. nota 26 a La mujer constitucional a El Pensador Mexicano, en este volumen

[6] mitotero. Que hace o participa en mitotes. “mitote. Especie de baile o danza que celebran los aztecas en la que gran número de ellos, adornados ostentosamente y tomados de la mano, bailan en torno de una bandera, junto a la que había una vasija, y bebían de rato en rato hasta embriagarse.” También: bullanguero, amigo de diversiones y pendenciero, amigo de andar armando desórdenes. Santamaría, Dic. mej.

[7] Fernández de Lizardi se refiere a Mariano Soto en estos términos en Rociada de El Pensador a sus débiles rivales  y en Razones contra insolencias... Cf. notas 5 y 6 a Descubierto el carácter de la pluma impía... y nota 5 a El carácter de El Pensador Mexicano..., en este volumen.

[8] Cf. nota 23 a Respuesta del padre Soto..., en este volumen.

[9] Convento de Santo Domingo. Cf. nota 5 a El Teólogo Imparcial, número 4, en este volumen.

[10] Cf. nota 30 a Respuesta del padre Soto..., en este volumen.

[11] tanes por tonos

[12] Rociada de El Pensador a sus débiles rivales. Cf. Obras X-Folletos, pp. 313-330. Véase también la nota 28 a Respuesta del padre Soto..., en este volumen.

[13] guzarapos. Por gusarapo. Despectivo de gusano. Cualquiera de los diferentes animalitos de forma de gusanos, que se crían en los líquidos.

[14] En Razones contra insolencias... Fernández de Lizardi escribió: “¿qué borracho ordinario y soez se encargó de responder mi Palinodia? Porque yo no puedo creer que usted, un religioso de la muy ilustre orden de Santo Domingo, un reverendo padre, un ex–lector, un ex–prior, un capellán de regimiento y qué sé yo qué más haya escrito un papasal tal lleno de vaciedades y desvergüenzas”. Cf. Obras X-Folletos, pp. 379-380.

[15] Se refiere al folleto de Fernández de Lizardi Justa defensa del excelentísimo señor virrey de Nueva España. Cf. Obras X-Folletos, pp. 331-336. Véase en este volumen la polémica con Juan Nepomuceno Troncoso en Carta a El Pensador Mexicano.

[16] Cf. nota 4 a El Teólogo Imparcial, número 4, en este volumen

[17] Cf. nota 10 a El Teólogo Imparcial, número 4, en este volumen.

[18] Sonora. Actual estado de la República mexicana desde 1824. Limita al norte con los Estados Unidos de América, al este con el estado de Chihuahua, al sur con Sinaloa y al Occidente el Golfo de California y Baja California. El obispado se estableció en 1780 con jurisdicción sobre las provincias de Sonora, Sinaloa y Baja y Alta California. Su primer obispo fue Antonio de los Reyes Almada. La sede episcopal está dedicada a Nuestra Señora de Loreto. En 1820 el obispo era fray Bernardo del Espíritu Santo. El 2 de febrero de 1821 visitó la obra del primer templo, que en mayo de 1822 fue erigido por él en parroquia.

[19] Fernández de Lizardi en La Palinodia de El Pensador... había escrito: “Antes de los siglos, sin la existencia de una sola criatura, era el mismo Dios que hoy: su gloria era con él; su majestad y grandeza era independiente como lo es y será, y sólo crió a los ángeles y a los hombres por una de sus coeternas propensiones, cual es el ser comunicable por ser beneficente. Esto debe usted saberlo mejor que yo, porque estudió Teología y yo ni conozco a esa señora”. Cf. Obras X-Folletos, p. 374.

[20] Cf. nota 13 a Incitativa del padre Soto a El Pensador Mexicano, en este volumen.

[21] Cf. nota 17 a El carácter de El Pensador Mexicano..., en este volumen.

[22] El bachiller Gregorio Manuel Hernández Lizardi y Peña fue padre de nuestro autor. Era bachiller en Artes y en Medicina. El 26 de agosto de 1778 inició sus prácticas en el Hospital Real de Naturales. Dos años más tarde, en 1780, se le otorgó en la Universidad el título de Bachiller en Medicina. Fue médico en el Real Colegio de Tepotzotlán hasta su muerte, en 1798. Cf. Nicolás Rangel, “El Pensador Mexicano. Nuevos documentos y noticias biográficas” en El libro y el pueblo, t. IV, núms. 10-12, oct.-dic. 1925, pp. 42-43.

[23] pitipuntos. piti, del adjetivo petit, pequeño, y puntos. En el siglo XVIII y a inicios del XIX encontramos palabras con influencia francesa como pitipiezas, de petit y piece, breves interpretaciones teatrales en los entre actos de obras mayores. Pitiminí, insignificante. Pitipié. Escala de un mapa plano para calcular distancias o medidas reales.

[24] cosicosas. Cf. nota 26 a Respuesta del padre Soto..., en este volumen.

[25] Pan y toros. Cf. nota 6 a El Teólogo Imparcial, número 2, en este volumen.

[26] capite ad calcem. De la cabeza a los pies. De principio a fin.

[27] Concilio de Pistoya. Cf. nota 19 a La Palinodia de José Joaquín Fernández de Lizardi..., en este volumen.

[28] Véase El carácter de El Pensador Mexicano..., en este volumen.

[29] Conductor Eléctrico, número 24. Cf. notas 1, 6 y 13 de La Palinodia de José Joaquín Fernández de Lizardi..., en este volumen.

[30] Fray Mariano Soto llama así a Fernández de Lizardi en El carácter de El Pensador Mexicano descubierto y desafiado, véase en este volumen.

[31] Judía contra judía. Judía. En el juego del monte, cualquier naipe de figura. Fernández de Lizardi, en El Periquillo Sarniento, dice que “judía” quiere decir la más grande en las figuras y la más chica en las cartas blancas; “contra judía” viceversa: si una por ejemplo es 4 y la otra 3, la primera será grande y la segunda chica. Cf. Obras VIII-Novelas, pp. 289 y 326.

[32] Fernández de Lizardi, en Defensa de El Pensador..., escribe a Mariano Soto: “Ni su carácter sacerdotal, ni su instituto religioso lo autorizan para faltar a los deberes de ciudadano, de sacerdote, de religioso y de cristiano, y a todos ellos ha faltado desconceptuándose hasta donde no conoce con semejante bastardo procedimiento, a pesar de que lo adule alguno, que no merece le conteste, porque es tan ignorante, que ni castellano sabe hablar, [“Uno que tituló su papelucho Judía contra judía etcétera. Este autor, después de faltar a la verdad en mucho, me arguye que por serlo no puede errar teológicamente. ¡Qué gracia! Si esto fuera cierto, jamás hubieran errado los teólogos.”] y a esta clase se sujetos los honra mucho quien los critica”. Cf. Obras X-Folletos, pp. 419-420.