Hilvanando la historia:

Breve esbozo sobre el Proyecto José Joaquín Fernández de Lizardi

 

El Centro de Estudios Literarios (CEL) del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM es un punto de referencia en cuanto a los rubros de investigación y difusión del conocimiento literario. Es un organismo multidisciplinario que ha albergado en sus muros no sólo el trabajo de investigadores, críticos, pensadores y docentes, sino que ha sido un centro de producción activo, editor y difusor de su propio material.

            Este recinto no sólo ha destacado a nivel nacional, su prestigio como colaborador directo en las áreas de la investigación y de la crítica literaria queda de manifiesto a nivel continental, y lo ubica como semillero de conocimiento a nivel mundial. Su contacto con otras instituciones universitarias de renombre, culturales y académicas nutre —me refiero a un beneficio mutuo— de conocimiento invaluable no sólo a la misma Universidad, sino a la nación. Los materiales de estudio e investigación que allí se generan son de calidad indiscutible, y son el resultado de una institución que ha colaborado con aportes enriquecedores a la cultura y al estudio de las letras por más de cincuenta años ininterrumpidos desde su creación en 1956.

            La incansable producción de este Centro literario y su papel como recuperador y difusor de la historia literaria lo colocan como uno de los principales exponentes de investigación a nivel mundial. Es necesario mencionar que el reflejo de su actividad y la razón de su existencia ha sido su preocupación por difundir el trabajo que ahí generan especialistas de renombre, tanto mexicanos como extranjeros. Infinidad de aportaciones de calidad han nutrido su producción tanto en el ámbito editor como en los de la investigación y el bibliográfico: la edición de revistas, publicaciones anotadas, obras completas, en algunos casos corregidas y respaldadas con serios aparatos críticos. Asimismo, ha elaborado ediciones tecnológicas en CD-ROM, portales en línea web, audiolibros y las obras de consulta, por mencionar una y de calidad colosal: el Diccionario de escritores mexicanos del siglo XX, proyecto que es dirigido desde hace casi cincuenta años por la Maestra Aurora Ocampo.

            Cabe destacar que es en el campo editorial donde destacan los grandes proyectos de investigación, y que a su vez son los más longevos: José Juan Tablada, Manuel Gutiérrez Nájera y José Joaquín Fernández de Lizardi. Sin embargo, los estudios y la temática del resto de los proyectos no son demeritados en ninguna medida, pues corresponden a un muy vasto campo de estudio y es tan diverso en autores como variante en épocas. Así pues, nos podemos encontrar ante estudiosos de literatura Colonial, Iberoamericana, escritores de primera línea, consagrados y de joven producción, tanto sudamericanos como mexicanos.

            Por su parte, el proyecto José Joaquín Fernández de Lizardi, coordinado desde hace casi cincuenta años por la Dra. María Rosa Palazón Mayoral responde a la exigencia de recuperar y difundir la producción literaria de uno de los escritores más prolíficos y multifacéticos de nuestro país. Asimismo, se ocupa del estudio y análisis de su escritura: sus posturas ideológicas, políticas y filosóficas. Como todos los proyectos de investigación, éste ha vivido diversas y marcadas etapas, pero siempre con una premisa muy determinante: conseguir una mayor difusión de la investigación, gracias a la cual se pueda contribuir a una mayor recepción de la obra lizardiana.

            Considero pertinente señalar que el proyecto no sólo procura dar a conocer una creación exclusivamente literaria, sino que busca esbozar un panorama más completo y multidisciplinario. Todo esto con la convicción de brindar un material de análisis más viable, de excelente calidad y de mejor acceso —reitero esta última intención — para el estudio no sólo de la obra de un escritor, sino de la situación cultural y social de un momento histórico de una nación: el siglo XIX, época en la cual se ha iniciado el proceso de consolidación de nuestro país como una nación independiente y libre en todos los aspectos. Este exhaustivo esfuerzo por recuperar la memoria plasmada en la vasta obra escrita de nuestro autor, es un compromiso de investigación que se ha hecho desde diversos puntos de vista y de análisis como el sociológico, histórico, pedagógico, etc.

            Así pues, el proyecto Fernández de Lizardi es un aporte de valor incalculable y es el resultado —como en el caso de los otros proyectos de investigación en el CEL— de la incansable actividad académica y universitaria, y responde a la necesidad de hacer una revaloración de ideas, un constante replanteamiento de situaciones y posibilidades, un intercambio enriquecedor de conocimiento y la renovación del material de estudio. El proyecto, desde sus inicios se ha preocupado por recuperar la obra, ayudar a una mejor recepción, analizarla y difundirla. Con esto último, la dinámica de investigación del equipo da fe a uno de los postulados base de la ideología lizardiana, respecto a la importancia de hacer colectivo el conocimiento: la de entender de manera cabal el verdadero potencial que genera la publicación de calidad.

            En el caso del CEL, respecto a las labores de edición y publicación de los materiales de estudio crítico y de análisis, existe una colección que ha logrado la aceptación del público especialista (académicos y estudiantes): la Nueva Biblioteca Mexicana, que es el sello editorial al que pertenece la obra lizardiana y que es editado por el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM. Dicha colección se ha convertido en todo un clásico debido a que sus ediciones son consideradas una excelente herramienta de investigación gracias a su sólida y bien cimentada línea de investigación, y a lo razonable y bien estructurado de sus criterios editoriales. Un detalle más y digno de loar respecto a esta colección es el formato de presentación de estos textos, ya que dependiendo de los juicios de antologación de cada escritor, se incluyen anotaciones, estudios introductorios, y aclaraciones de los especialistas en cada obra. Con todo esto se ve realizada una de las propuestas del CEL: la de recuperar y divulgar el conocimiento “generado en casa” y al mismo tiempo enriquecer la Historia literaria de nuestra nación.

 

¿Por qué rescatar la obra de El Pensador Mexicano?

Una de las razones primordiales por las que este proyecto trata de rescatar y divulgar la obra de Fernández de Lizardi es la de analizar y documentar la reconstrucción y conformación de una patria a partir de la obra editora y periodística de este escritor, sin dejar de lado el aspecto literario. Otra quizá sea la de darle a El Pensador Mexicano el lugar que merece, tanto en el aspecto literario como en el histórico. Con esto último, dar a conocer que el valor de su obra estriba en una necesidad de expresarse y no en una que le permite destacar de manera artística. La intención de Lizardi no es la de dejar testimonio de su pluma con letras de oro en una historia de la literatura mexicana. Él escribe más para difundir que para crear, intenta conscientizar, hacer de su escritura un verdadero acto de rebeldía, de oposición y de resistencia. Me atrevo a pensar que de existir una verdadera razón para difundir el conocimiento de Fernández de Lizardi, las líneas referidas a él, de parte de Agustín Yañez, argumentan de sobra el interés que motiva al equipo lizardiano a continuar con esta labor heurística:

 

            José Joaquín Fernánez de Lizardi es patriota y profeta en el Santoral de la Patria. Su ojo, heredero de las magias aborígenes , vio lo que nosotros —a precio de fracasos— empezamos a vislumbrar; su oreja de criollo tuberculoso percibió lo que apenas —con rescate de sudor y sangre— comenzamos a entender; su voz clamó urgencias que subsisten sobre el desierto de nuestra vida colectiva; su mano nerviosa de conquistador, agitó cuantos temas agitan ahora nuestras manos: el de la educación —tema central, hondo, reiterado, obsesionante en la obra de Fernández de Lizardi—, el problema del indio, el de las tierras, el de la superstición; los rencores que dividen a nuestros grupos sociales, el pauperismo, la injusta distribución de la riqueza y las reivindicaciones en todos los órdenes, la virtudes, los vicios, la desviación de las vocaciones individuales y colectivas, los cacicazgos, y la injusticia medular de nuestras instituciones…(Yáñez: p. 185).

 

            Resulta asombroso contemplar cómo el punto de origen de una investigación sigue un hilo conductivo, una extensión de vida productiva larga o corta. Es curioso pensar que sus resultados hablan por sí solos de su éxito o fracaso; sin embargo, todo proyecto de investigación experimenta un proceso que puede ser comparado con un andar lleno de obstáculos, dificultados, o de impedimentos y situaciones que puedan confundir y hacer que se arroje la toalla y se abdique en pleno combate, o todo lo contrario.

            En el caso del proyecto lizardiano, la presencia y la realidad de su vigencia solidifica sus logros en hacer de esta monumental tarea una auténtica dinámica de investigación, la misma que materializa sus esfuerzos en una labor más bien de compromiso social y personal. La intensión está presente y está enfocada a que sus líneas de investigación despierten el interés de otros campos de conocimiento, y de otras formas de difusión y de divulgación.

            Hace muchos años comenzaba esta aventura tomando como punto de partida la referencia bibliográfica y anecdótica que proporcionaba el Mtro. Luis González Obregón respecto a la figura literaria de José Joaquín Fernández de Lizardi. Me interesa rescatar un fragmento de sus “Apuntes Biográficos” [1], en el que, me parece, expone de manera concisa la presencia de El Pensador Mexicano no sólo en las letras nacionales, sino también en la historia de nuestro país:

 

                Don José Joaquín Fernández de Lizardi prestó, pues, sus servicios a la Independencia de la Patria, no sólo con su pluma, sino con las armas, aunque en menor escala en este último sentido, pues con sus escritos fue infatigable para hacer la guerra al Gobierno español, no despreciando nunca las oportunidades que se le presentaban para censurar los actos malos y vituperables de éste, ni tampoco las ocasiones propicias que se le ofrecían para defender la causa de la Independencia, de la cual fue partidario ardientísimo (Ibid: 29 y 30).

 

            Este intento por darle presencia a este autor decimonónico causó eco no sólo en nuestro país, el impacto fue tal que consiguió que esta necesidad se hiciera colectiva, junto a la posibilidad de ampliar una investigación que lograra una sensibilización mayor hacía un escritor, al que ni las letras ni la historia nacional habían hecho justicia. Compartiendo este pensamiento y persiguiendo el mismo afán, se integran las colaboraciones de estudios ya más elaborados de investigadores extranjeros como Jefferson Spell, Paul Radin y en años posteriores los descubrimientos de Nancy Vogeley, entre otros.

            Es así como se formalizó el proyecto que intentaría rescatar y difundir la producción de Fernández de Lizardi, la cual esparcida en museos, librerías y colecciones privadas, vagaba dispersa por el mundo. Esta búsqueda y recopilación del material de investigación sería la parte más laboriosa, pues en ella se invertiría gran parte del tiempo en visitas y consulta a catálogos de archivos de museos, bibliotecas y hemerotecas, tanto nacionales como extranjeros; sin contar el proceso de clasificación del material. Esto último responde a que mucho del material recopilado no venía firmado por Lizardi o simplemente se le adjudicaba de acuerdo a lo símil del estilo literario, y en algunos casos las siglas que abreviaban la firma de los escritos curiosamente coincidían. Y si a esta próspera inversión de tiempo y esfuerzos le adjudicamos el tiempo de espera que generó la solicitud de materiales extranjeros (impresiones en fotografías, microfilmes de los textos, copias fotostáticas, etc.) de fondos tanto públicos como reservados, tenemos que la labor de investigación se tornó un proyecto verdaderamente ambiciosos y de una seriedad y compromiso indiscutibles. Con todos estos materiales adquiridos —archivos, fichas y demás material respaldado en diversos formatos y procurado hasta nuestros días— y los estudios de los especialistas en mano, comenzarían la labor de investigación de los iniciadores del proyecto, profesores e investigadores universitarios de renombre como la Dra. María Rosa Palazón, la Mtra. Yolanda Bache, Luis Mario Schneider, Jacobo Chencinsky, Irma Isabel Arías y Luis Felipe Reyes Palacios, entre otros.

            El fruto de esta primera etapa del proyecto —reflejo neto de la dinámica de investigación— sería la publicación de doce volúmenes conformados en ediciones críticas, debidamente prologadas y organizadas genéricamente y en orden cronológico. Esta “primera Obra completa” de Fernández de Lizardi es un producto de calidad, un excelente material que garantiza su utilidad gracias a sus estudios introductorios, preliminares, los prólogos y las notas de parte de los especialistas universitarios antes mencionados.

La segunda etapa se tituló: Sociedad y Cultura en el México independiente (1809-1827) a través de obra de José Joaquín Fernández de Lizardi. La investigación del equipo contaba con una trayectoria de casi treinta y cinco años, y la integración de nuevos miembros, de igual forma el equipo fue coordinada y dirigida por la Doctora María Rosa Palazón. Los resultados que generó el esfuerzo de este equipo durante una primera fase fue la entrega de los catorce volúmenes. Los primeros doce ya mencionados, más un añadido de otros dos: los respectivos a Obras XIII, el cual contiene 77 folletos escritos por El Pensador Mexicano y publicados en los periódicos que editó, y el Obras XIV-Miscelánea, volumen bibliohemerográfico y prototipo de navegación de la Obra. Este último tomo destaca en primer lugar por el uso de índices de las obras de I a XIV: selectivo de nombres citados, selectivo de temas, selectivo de géneros y formas métricas, alfabético de títulos de Obras I a XIV y generales de las Obras de I a XIV; y en segundo, porque organizado en siete apartados (poesía, teatro, periódicos, folletos, obra en publicaciones periódicas, cartas y procesos jurídicos) recopila el material sobre Fernández de Lizardi localizado después de la publicación de Obras XIII. Para la segunda fase, la investigación se vio enriquecida con la inclusión de los estudios críticos sobre la producción lizardiana por parte de investigadores como las Mtras Columba Galván Gaytán y Mariana Ozuna Castañeda, y la recopilación, selección y organización cronológica de los textos literarios y periodísticos que darían forma a las antologías Amigos, enemigos y comentaristas de José Joaquín Fernández de Lizardi-I (1810-1820), volúmenes 1 y 2, y Amigos, enemigos y comentaristas de José Joaquín Fernández de Lizardi-II (1821-1827).

            Durante la tercera etapa del proyecto lizardiano, la tarea de analizar y difundir la obra de El Pensador Mexicano sufrió una suerte de evolución. La propuesta unidimensional que en sus inicios se propuso rescatar la obra y hacer una investigación plenamente literaria, se tornó un campo de estudio mucho más vasto. Gracias a este último acierto la dinámica de análisis se nutrió de una buena diversidad de temas y de un enfoque mucho más multidisciplinario sobre nuestro autor y la recepción de su obra, así como del impacto que generó su pensamiento crítico e ideas liberales y progresistas entre sus contemporáneos. El equipo entregó sus avances, los cuales vieron materializados sus trabajos de investigación en la entrega de Amigos, enemigos y comentaristas de José Joaquín Fernández de Lizardi-I (1810-1820), volúmenes 1 y 2 y el comienzo del cotejo, y la revisión de notas de Amigos, enemigos y comentaristas de José Joaquín Fernández de Lizardi-II (1821-1827). Asimismo, se inició la reedición de las Obras completas pero en una versión de tipo electrónica. Proceso que inició con la digitalización del material referido a imágenes de Obras I y a los textos de Obras II, III, IV, V y VI. Desde este punto de la investigación ya se observaba la intención de facilitar la consulta de la obra completa, con la premisa irrevocable de difundir a un sector más amplio de interesados la obra lizardiana: académicos, investigadores, alumnos, estudiosos o público en general. En este afán por hacer más accesible la información y el rescate de la Obra de Fernández de Lizardi, Sergio Olguín, miembro del Departamento de Publicaciones del Instituto de Investigaciones Filológicas, UNAM, comenzó con la construcción de la página electrónica “Proyecto José Joaquín Fernández de Lizardi, El Pensador Mexicano”, sitio que daría cabida no sólo a la Obra, sino también a la investigación y a la crítica especializada. Dicho portal tenía su link en la página del Instituto: WWW.filologicas.unam.mx y en cuyo contenido se podía advertir una reseña que versaba sobre el proyecto editorial: aspectos bibliográficos de Lizardi, una cronología sobre El Pensador Mexicano en la vida pública y un índice de los volúmenes de las Obras, de las versiones impresas en papel.



[1] Luis González Obregón. “Apuntes biográficos”. En Novelistas Mexicanos, Don José Joaquín Fernández de Lizardi (El Pensador Mexicano). México, Ediciones Botas, 1938.