GRITOS DE LA HUMANIDAD AFLIGIDA[1]

 

 

 

Señor Pensador: a usted, como órgano puro del patriotismo, dirijo la siguiente instrucción, para que tenga la bondad de insertarla en su periódico, pues[2] ya no me resta otro consuelo que apelar a la recta censura de este ilustrado público, para ver si logro la ejecutiva reforma de los abusos que tanto afligen a los pueblos con el despotismo de algunos comandantes de patriotas que, olvidados de Dios y de todo humano sentimiento, fomentan una guerra desoladora para amontonar riquezas y exaltarse con grados y distinciones que no merecen.

El mayor de todos los males que causan es el de las contribuciones arbitrarias que con las bayonetas imponen, cebando su furia en los más infelices y miserables. Colectan cuantiosas sumas; las distribuyen a su antojo; proyectan expediciones impracticables, tal vez sin los precisos conocimientos topográficos; figuran multitud de enemigos, que sólo existen en su acalorada fantasía; y con éstas y otras innumerables supercherías han conseguido no sólo el renombre de invencibles guerreros, sino, lo que es más, echar raíces tan profundas en los puntos de su demarcación, que ya sería necesario para desalojarlos otro ejército como el de Pánfilo de Narváez cuando atacó a Cortés.[3]

Como la destrucción de los insurgentes[4] ha sido desde los principios el asunto más importante para el gobierno, no han omitido medio para pintar hazañas heroicas, y victorias milagrosas, sin otro comprobante que sus partes oficiales, autorizados algunos con el testimonio de los patriotas que respectivamente interesan en sus promociones y premios, sin que haya ninguna persona imparcial que pueda evacuar las citas, porque en el campo de Marte no hay más pruebas que el plomo y el acero; y así es preciso librar la verdad de los hechos en las relaciones de las Gacetas,[5] que son los únicos documentos de esta trágica historia.

Pero corramos un velo bastante para cubrir tan horrible cuadro; dejemos a los muertos en sus sepulcros, a las fincas rústicas en su abandono, y a muchas villas, ciudades y lugares en su luctuosa despoblación, y tratemos de cuidar los restos con que ahora cuenta la nación española en este hemisferio, proponiendo con la más sincera y recta intención los medios inocentes y llanos para evitar en lo posible que sigan los perjuicios, ya que del todo no pueden repararse las anteriores pérdidas.

Teusitlán[6] es uno de los pueblos que más ha padecido con este transtorno. Por desgracia le ha tocado un comandante de patriotasa quien, procediendo de acuerdo con un amigo suyo,b ha puesto en la mayor consternación a todos aquellos vecinos, valiéndose del embargo, de la cárcel, de los grillos, del cepo, y de toda especie de apremios, para exigirles contribuciones, sin que hasta ahora sepamos la necesidad de ellas, y menos su distribución; resultando de aquí la fuga de varias familias, la deserción de muchos alistados, y todos los desórdenes consiguientes a un manejo despótico, dirigido por la ambición y por la codicia.

No sólo ha parado en esto el daño, sino que ha trascendido a la administración de justicia y gobierno político de dicho pueblo. El Ayuntamiento Constitucional[7] se ha erigido a contemplación del comandante y su amigo. Los electores, unos por miedo de la opresión, y otros con la esperanza de congratularse con aquéllos, no tienen la libertad necesaria para desempeñar estos delicados cargos con la eficacia y rectitud que requiere nuestro sabio Código;[8] y, por tanto, la Constitución en Teusitlán es un nuevo apoyo de la arbitrariedad y de la injusticia.

Han sido repetidas las quejas de algunos vecinos honrados y juiciosos, tanto europeos como americanos, ya en la Intendencia de Puebla,[9] ya en este superior gobierno; pero los trámites y fórmulas forenses embarazan el pronto remedio de una enfermedad política que se propaga como la gangrena[10] en el cuerpo humano, obstruyendo la circulación de la agricultura, industria y comercio, y amortiguando insensiblemente a los demás pueblos y lugares comarcanos, como son Zacapuaxtla,[11] Atlauca,[12] Xalacingo,[13] Altotonga[14] y Azala,[15] dignos de mejor suerte por su fidelidad y patriotismo, a quienes se ha comunicado el contagio de las contribuciones, verdadero principio de esta mortal epidemia.

Es notorio el infatigable celo que tiene acreditado el excelentísimo señor virrey[16] en todas sus providencia públicas; pero sí diré, sin faltar al debido respeto a su excelencia, que no siempre suelen corresponder los medios a la rectitud de los fines. El proveído de 26 de agosto último, a la representación que dirigieron a su superioridad seis vecinos de Teusitlán, exponiendo dichas quejas, está concebido en estos términos: “Pase al excelentísimo señor comandante general de la provincia de Puebla,[17] para que administre justicia a los suplicantes en lo que la tuvieren, oyendo al comandante de quien se quejan. Del Venadito.”

Con este superior decreto no se consigue otra cosa que abrir un juicio contencioso en que iban a perder muchos los representantes, y tal vez a poner su causa de peor condición; porque, enardecidos sus contrarios, y teniendo a su disposición la fuerza armada y el influjo moral, ya podrá usted considerar el resultado de las pruebas, de los informes y de la sentencia que precisamente había de arreglarse a lo escrito en el expediente, y entonces sería peor la curación que el mismo mal.

Su majestad católica, con las más tiernas expresiones de su benigno real ánimo, se ha servido prevenir a este superior gobierno en real orden de 15 de abril último: “Que por todos los medios posibles haga saber y entender en la provincia que le está confiada los faustos sucesos ocurridos en la Península; convenza a todos de los beneficios del nuevo sistema constitucional; les persuada la unión con la Madre Patria; les convide a la paz y al orden; y, anunciándoles el porvenir majestuoso y feliz que ofrece el sagrado Código, les haga ver demostrativamente los vínculos respetables que les unen con los demás españoles, por las relaciones íntimas del parentesco, la amistad y los sentimientos; pues, siendo común en ambos hemisferios la religión, el idioma y las leyes, no deben existir en adelante ni divergencia en las opiniones, ni otros fines que los que tiendan a la dicha común, afianzada por el amor a la nación, a las mismas leyes y al rey. De orden de su majestad lo comunico a vuestra excelencia para su inteligencia, puntual cumplimiento y satisfacción”,[18] etcétera.

Ya tiene usted aquí, señor Pensador, bien conocida la causa de nuestros daños, y demarcados por la discreta previsión del rey los remedios específicos para disiparlos. No quiere su majestad que, con el rigor de las armas y cruel exacción de las contribuciones, se apliquen estas saludables medicinas, sino con la suavidad de las paternales y oportunas insinuaciones propias del pacífico y dulce carácter de nuestro excelentísimo señor virrey. Y aunque está desempeñada perfectamente dicha real orden por lo respectivo a los lugares pacíficos del reino, aun todavía no sabemos las medidas que se habrán tomado contra los disidentes, que son muy pocos.

En Teusitlán no hay motivo urgente para mantener esa guarnición patriótica, que más bien introduce turbaciones que sosiego en los vecinos. Los enemigos del Cuyusquive[19] están bien distantes, y sobradamente contenidos con el destacamento veterano que obra en aquel punto. ¿Pues por qué causa han de subsistir todavía esas contribuciones que tanto alarman a los contribuyentes? Se puede asegurar que más extorsión reciben aquellos pueblos con su cobranza a estilo militar, que con las irrupciones de los rebeldes, porque contra éstos hay el recurso de la fuga, de la ocultación de bienes y de una defensa impune; pero contra los jefes no hay otro arbitrio que una ciega obediencia, o las resultas de la prisión y de un embargo.

La cesación de hostilidades por dos o tres meses, según instruyen los papeles públicos, que se ha practicado en Caracas, produciría excelentes efectos para el puntual cumplimiento de dicha real orden, y haría patente de una manera demostrativa, cual quiere su majestad, los benéficos objetos de su real clemencia, para cuya comisión hay jefes veteranos de todas graduaciones y circunstancias, que sabría escoger con acierto su excelencia, valiéndose igualmente de los párrocos y de otras personas de influjo, que se interesasen con imparcialidad religiosa en el buen éxito de la empresa.

Para esto se debe prescindir de toda formalidad judicial, y tomarse las medidas precautorias y económicas de separar provisionalmente de Teusitlán al mencionado comandante y su amigo consejero, pues basta la odiosidad con que son vistos para justificar esta interina providencia, exigiéndolo así la más sana política, como lo hemos visto aun respecto de varios jefes que han logrado indemnizarse de los capítulos de sus émulos, porque nunca es cordura ponerles en la ocasión de una venganza segura, aunque sean muy superiores a esta pasión.

La libertad que me concede nuestra Constitución para escribir, imprimir y publicar[20] mis ideas políticas y mis ingentes deseos de ver terminadas estas disensiones civiles, sin el estrépito de las armas, me conducen a proponer estos medios que se presentan a mis cortos talentos, y usted sabrá esclarecer con su fina elocuencia; en el concepto de que si se adoptan, tendré la mayor complacencia de haber servido de instrumento débil para tan grande obra; y si se desprecian, quedaré corregido y desengañado de mis errores, y sin responsabilidad para con Dios y la patria.

Entre tanto, mande usted lo que guste a su afectísimo servidor que su mano besa. México, septiembre 3 de 1820

 

El Verdadero Patriota[21]

 
 


[1] México: En la Oficina de don Alejandro Valdés, 1820, 8 pp.

[2] Se refiere a El Conductor Eléctrico. Cf. nota 3 a Respuesta de el padre Soto..., en este volumen.

[3] Pánfilo de Narváez (1480?- 1528). Militar que participó en la conquista de Cuba de 1511 a 1514. Fue enviado por Diego de Velázquez a someter a Cortés, pero fue derrotado en Zempoala. Exploró Florida y el Mississipi. Murió en un naufragio. Fernández de Lizardi escribió “Cortés, como uno de tantos conquistadores, no fue sino un ladrón por mayor; testigo, el Adelantado de Cuba y su comisionado Pánfilo Narváez, que vino con orden de llevarlo preso” (Nota d a Chamorro y Dominiquín. Diálogo jocoserio sobre la Independencia. Cf. Obras XI-Folletos, p. 113) El Adelantado “Diego Velázquez [...] a la partida de Cortés de Cuba había quedado poco satisfecho de su fidelidad [...]. Velásquez, que había costeado los principales costos de la expedición y se hallaba con valimiento de la Corte [...] se resolvió a hacer el último esfuerzo para destruir a su enemigo y despojarlo [...] de su gloria y conquistas [...]. Dieciocho naves con ochocientos infantes, ochenta caballos y doce piezas de cañón se entregaron a Pánfilo de Narváez con orden expresa de apoderarse de Cortés y de sus principales amigos, remitirlos presos a Cuba y concluir la Conquista a nombre de Velázquez”. Cf. José María Luis Mora, México y sus revoluciones, t. II, pp. 51-52.

[4] insurgentes. Así fueron llamados los sublevados que participaron en 1810 con Hidalgo.

[5] La Gaceta del Gobierno de México fue editada de 1810 al 29 de septiembre de 1821. El origen de todas las Gacetas de México es una primera hoja, no periódica, que apareció en 1671, contenía noticias del exterior y relaciones de prodigios. De enero a julio de 1722 se publicó la Gaceta de México y noticias de España. Reapareció en 1728 como publicación mensual, y duró hasta 1739. La Gaceta de México apareció en enero de 1784. La dirigía Manuel Antonio Valdés “ésta —dice García Icazbalceta— ‘vino a ser como el origen de los periódicos oficiales, que con varias denominaciones y sin interrupción notable se han conservado, hasta el día de hoy.’ La Gaceta de Valdés terminó a fines de 1809 (por entonces ya la redactaba López Cancelada) pero le siguió inmediatamente la Gaceta del Gobierno de México cuyo primer número apareció el 2 de enero de 1810. Adquirió gran importancia el periódico con motivo de la Guerra de Independencia, comenzado un poco después, y vino a ser en manos del gobierno español un arma poderosa contra sus adversarios. Duró hasta el 29 de septiembre de 1821, tomando desde el siguiente número el nombre de Gaceta Imperial [...]. Al convertirse en gubernativa, no trae sino política y noticias.” Cf. Justo Sierra, Antología del Centenario, II, pp. 1050-1051. En mayo de 1823 cambió de nombre, se llamó entonces Gaceta del Gobierno Supremo de México. En 1824 apareció como Gaceta del Supremo Gobierno de la Federación Mexicana hasta el 31 de mayo de 1825.

[6] Teusitlán. Tezuitlán, Puebla, casi en los límites con Veracruz. Zona montañosa. Entre sus edificios se encuentra el actual Palacio Municipal.

a Don Juan de Ateaga.

b Don Juan Valls, administrador de Correos [Cf. nota 8 a Apuntes para la historia, en este volumen] de aquel partido.

[7] Ayuntamiento Constitucional. Cf. nota 25 a Apuntes para la historia, en este volumen.

[8] Constitución. Cf. nota 4 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[9] Puebla. Cf. nota 7 a Va de cuento, en este volumen. En esta época la Nueva España se constituía de doce intendencias: México, Puebla, Oaxaca (aproximadamente el actual estado del mismo nombre), Mérida (los actuales estados de Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo), Veracruz (aproximadamente el actual estado del mismo nombre), San Luis Potosí, Guanajuato, Valladolid de Michoacán, Guadalajara, Zacatecas, Durango y Arizpe.

[10] cangrena en el original.

[11] Zacapoaxtla. Distrito del estado de Puebla, donde se habla nahuatl y totonaco.

[12] Atlauca. Atlautla, significa “a orillas de la barranca”, municipalidad del distrito de Chalco, en el actual Estado de México. En la vertiente oeste del Popocatépetl. El pueblo fue fundado en 1552 por Cuaucapotecatl. Era un enclave nahuatlaco y otomí. También existe la población Atlatlahuca, pueblo de Tenango del Valle, situado en la vertiente sureste del Nevado de Toluca.

[13] Xalacingo. Véase nota siguiente.

[14] Altotonga. Significa “en aguas calientes”. Municipio del Cantón de Xalancingo, en el actual estado de Veracruz. Nombre del río que pasa por la villa y desemboca en el río Nautla.

[15] Azala. Atzala, Puebla. Cabecera municipal, limitada por Tilapa, Izúcar y Cítela. Situada al sur-suroeste de la capital del estado y cerca de los límites con el estado de Morelos.

[16] Juan Ruiz de Apodaca. Cf. nota 5 a Verdadera prisión y trabajos del padre Lequerica, en este volumen.

[17] Ciriaco de Llano. Jefe político y comandante general de Puebla. Brigadier y comandante general del Ejército del Norte. Combatió a los insurgentes en Morelia. Fue condecorado con las “letras de servicio” por el virrey Calleja, debido a las victorias que logró en Puruarán y Valladolid el 23 de diciembre de 1813 y el 5 de enero de 1814.

[18] Real orden de 15 de abril de 1820. Cf. La Constitución de 1812..., t. II, pp.184-185. Fue dada a conocer por circular del virrey Apodaca el 31 de julio de 1820.

[19] Cuyusquive. Por Cuyusquihuí. En la zona de tierra caliente se concentraron las últimas partidas insurgentes. En 1820, en el mes de noviembre “el coronel José Barradas por resultado de su penosa expedición sobre el Cuyusquihuí [obtuvo] la presentación de todos los rebeldes que se conservaban todavía por aquel fragoso territorio, la entrega de 200 fusiles, y la promesa de rendir también sus armas los que guarnecían el punto de Palo Gordo, como se verificó a los pocos días, quedando así sometido del todo aquel país que había sido constantemente el abrigo de los malvados.” Cf. Mariano Torrente, Historia de la Independencia de México, p. 391.

[20] libertad de imprenta. Cf. nota 7 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[21] El Verdadero Patriota. Referentes a esta firma tenemos noticia de dos impresos titulados: Verdadero patriotismo. México, reimpreso en Casa de Arizpe, 1809. Sacado del Suplemento al Correo político y literario de Sevilla del 18 de mayo de 1809; de El verdadero patriota español. “Discurso digno de aprecio para todo buen español, en el que resplandecen las virtudes patrióticas, y las ingenuas miras de la libertad y de justicia, que deben servir de norte á todo miembro del supremo congreso nacional, llamado por el destino á restablecer el órden, la paz y la felicidad entre los pueblos de la monarquía española. Se hallará en la imprenta de Arizpe, y en los puestos acostumbrados, á tres reales” Diario de México, t. XIV, núm. 2015, 9 de abril de 1811; y de “El Verdadero Patriota”, Suplemento al Editor Constitucional. Núme [sic] 70. Puebla: Oficina del Gobierno, 1820.