GACETA DE CAYO-PUTO

del 15 de agosto de 1820[1]

 

 

 

Al asomar este día por nuestro horizonte el lucero de la aurora, avisó el caracol desde lo alto de la torre del sufrimiento, ser llegada la hora del acto solemne que hará eterna la memoria de los Cayo-putanos. El caracol se oía resonar en la vasta extensión del Cayo,[2] cual la trompeta del juicio; y a la manera que ésta hará saltar los muertos de la tierra, así el segundo bramido de aquél hacía salir despavoridos de sus casas a todos estos habitantes que se apresuraban por llegar a la plaza.

 

[...][3]

 

Extracto de un decreto expedido por el señor gobernador el día 19 de agosto de 1820, relativo a los desterrados a este purgatorio nacional.

 

Habiendo examinado detenidamente el señor gobernador que en las causas de los que le remite a la ínsula la opinión pública no es ésta respecto a algunos la que pronuncia el fallo, y que el capricho de muchos genios cavilosos y no la imparcial justicia los condena, ha decretado su señoría, con consulta de asesores, que no se reciba ningún acusado en el Cayo, sin que le acompañe la sumaria substanciada y concluida en debida forma, y aunque aun así les sea permitida la apelación a este supremo tribunal, para llevar a debido efecto la sentencia, si no se defienden, o restituirles a su buen nombre y fama si se justifican.

En virtud de este decreto, está detenido a bordo del Esquife El Pensador Mexicano, hasta que vista su defensa se le absuelva o condene.[4]

 

[...][5]

 

 

Nota del redactor

 

Muchos reos deben resultar de esta causa, si reflexionamos sobre el parecer que pide en el número 9 del informe del señor don Chilibrán, al doctor don Buen Olfato, con el objeto sin duda de alistar la grande escuadra que deberá transportarles. Ya considero a los Cayo-putanos en la más vehemente ansiedad por verlos desembarcar en este puerto, y conocerlos. Sí, amados compatriotas, los conoceréis y se publicarán todos los pormenores de las causas, para que os enteréis bien a fondo de los secretos del gabinete cómico, en el que se maneja la intriga con la misma destreza que en el de San James.

 

[...][6]

 
 


[1] México: Imprenta de don Mariano Ontiveros, 1820, pp. 9-16.

[2] Cayo. Cf. nota 27 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[3] Resumen de texto omitido: Describe el Cayo y su plaza de la Amargura; critica a El Fernandino herido por los cuartazos que le dieron en México cuando se paseaba acompañado por el gobernador Chilibrán de las Siete Alforjas.

[4] El Pensador Mexicano enviado a Cayo Puto en La Canoa. Cf. nota 1 a La Canoa, número 1, en este volumen.

[5] Resumen de texto omitido: La emprende contra los asentistas del Teatro de México, costumbres de la compañía y malos cantantes y bailarines, así como del precio de las entradas. Este teatro también fue llamado Coliseo Viejo, como tal fue construido por los religiosos de San Hipólito junto al Hospital Real (en la actual cuarta calle de Bolívar). Su primera representación fue la noche del 19 de enero de 1722. Se incendió y los religiosos construyeron uno nuevo en 1725, en la calle que se bautizó como del Coliseo Viejo (hoy 16 de septiembre). Poco duró éste, pues se deterioró y fue demolido, levantándose otro en 1732. Por más de veinticinco años fue el principal teatro de Nueva España. El 6 de febrero de 1752 se inició la construcción del Coliseo Nuevo, estrenado el 25 de diciembre de 1753, situado en la calle del Colegio de Niñas, hoy Bolívar. Después fue llamado Teatro de México.

[6] Resumen de texto omitido: Habla sobre la comparación del Teatro de México. En “Noticias interesantes” critica a un autor que no se defendió de ataques. Sobre mujeres que asistían a la cazuela del teatro, y la acomodadora que les cobraba. Critica a una especie de administrador prefecto de los músicos, y a otros por su hipocresía.