EL TEÓLOGO IMPARCIAL

 

 

Respuesta del autor del Duelo de la Inquisición a El Pensador Mexicano,

 

en su papel de El Conductor Eléctrico número 15 [1]

 

Nada, señor Pensador, es tan violento a la naturalidad y llaneza de mi genio como la ficción, el artificio y el disimulo, en términos que puedo asegurar a usted, sin el temor de engañarme, que aun cuando por alguna circunstancia quiero mostrarme indulgente en alguna de estas cosas, me veo luego a pocos pasos precisado a abandonarlas. Y vea usted aquí la razón porque no debe extrañar que, habiendo dado a luz mi primer papel con ocultación del nombre, lo haga ahora descubriéndome a las claras, y poniéndome algún título, por no ser menos que usted.

            Bien veo no son estos papeles, y contestaciones de personalidades, los fines intentados por nuestra sabia Constitución[2] en la importante concesión de la libertad de imprenta; pero ése es un mal de que usted y su cliéntulo, el Antiservilio,[3] deben dar cuenta a ella, esté amolando al prójimo contra su reglamento, según que por confesión de usted lo tiene de oficio,a y usted, mejorando su objeto e intención con ventaja de tercio y quinto.[4] A mí me basta saber, para satisfacer al público, que en el particular he sido provocado, y aun buscado, y de consiguiente puesto en el estrecho caso de usar de la natural defensa. También veo me hace usted ventajas para sostener este género de lides marciales. ¡Ah! Usted es un mozo robusto y bien acondicionado, en quien la sangre está hirviendo para obrar con rapidez; las potencias vivaces y expeditas para comprender; los apetitos fuertes para emprender con energía. Yo, pobre de mí, viejo, cansado y enfermo, sólo puedo obrar a ratos ligeros e interrumpidos, teniendo que pasar los días enteros en una perfecta inacción, y las noches en continuos pervigilios,[5] por la carencia de sueño. Usted es un escritor abundante de recursos y auxilios que, estando siempre cincunvalado de tropas guerreras, unas veces usará de ellas para su servicio, y otras como de acompañados que le faciliten el trabajo y, tal vez, de directores, como quizá sucede en el caso presente, en que al tiempo que usted habla desde el tablado, otro lo esté haciendo detrás del bastidor. Yo, tan escaso y destituido que, habiendo de hacerlo todo por mí mismo, hasta el escribir, tengo con frecuencia que abandonar las más de las empresas por falta de los medios convenientes para realizarlas. Esto lo colegirá usted fácilmente de la diversa suerte con que caminamos los dos en los logros de la imprenta, habiéndome perdido yo en la que hice, según que usted se explica,b al paso que usted vive de ella. Finalmente, usted está autorizado para pensar a diestro y a siniestro, por mayor y por menor, pues de algo le ha de servir el altisonante título de Pensador público, político y patriótico de México, [6] que hizo estampar en su papel para gobierno e inteligencia, sin duda, de todo el mundo. ¡Ah!, ¡y qué epíteto tan honorífico! Sólo le falta el reconocimiento de propiedad y posesión para ser algo. Sepa usted, para su satisfacción, que no ha faltado quien diga que vale tanto como juez universal de letras, si bien añadió que no era en juicio, sino fuera de él: yo, por el contrario, me hallo tan abatido y humillado de la suerte que, huyendo de las gentes, ando siempre por los rincones y campos más solitarios con el fin de ser así menos infeliz. Baste de preámbulo, y vamos a la contestación por el orden de los párrafos.

            “No nos hemos propuesto analizar los papeles que salgan a la luz pública; pero hemos jurado estar alerta sobre cuantos se escriban y publiquen con ánimo de subvertir la opinión y sorprender a los incautos. El atacar estos enemigos disfrazados del orden, lo consideramos muy útil, y como una sagrada obligación del escritor que quiera desempeñar su digno título.”[7]

            “Muchas y buenas cosas se han impreso en nuestra época feliz; pero entre ellas han corrido algunas producciones nada sanas, que si circularan sin ninguna oposición, confundirían las conciencias timoratas y preocupadas, malquistarían nuestra preciosa Carta, dividirían la opinión, minarían el sistema sordamente, y acaso bastarían para trastornar las cabezas, alarmar las manos, y sumergirnos en un piélago incalculable de desgracias.”[8]

            Estos papeles que el autor anuncia como subversivos del orden, sorprendedores de los incautos e inductivos de fatales consecuencias contra la Constitución, son sin duda los que salen por parte de los autores que él y los suyos llaman serviles; pero se le advierte que, aun bajo de este restringido concepto, son actualmente más perniciosos y delincuentes los papeles de los liberales que los de aquéllos. A la verdad, una cosa es la Constitución en cuanto objeto de una juiciosa crítica, y otra en cuanto lo es de la obediencia. Del primer modo, no sólo fue lícito discurrir de sus conveniencias o desconveniencias, daños o perjuicios, males o bienes, e igualmente de su recta o torcida inteligencia en la época anterior, sino que lo es aún en la presente, en que se halla universalmente recibida, admitida y jurada por toda la nación entera: la razón es porque, dirigiéndose todos sus estatutos al gobierno práctico de la monarquía, que por su concepto es compuesta de innumerables circunstancias encontradas, y difíciles de acomodar a todos los tiempos y lugares, naturalmente pide la instrucción de cuantos obstáculos e inconvenientes pueden ocurrir a los inteligentes para su mayor perfección y radicación. Aun el mismo señor Ágar,[9] diputado de las Cortes,[10] dice en uno de sus papeles que la Constitución no se juzga obra tan perfecta que no pueda necesitar de algunos capítulos de mortificaciones, o correcciones, según que las ocasiones y reflexiones futuras lo vayan exigiendo.[11] Y lo que es más que todo, las mismas Cortes extraordinarias, en su decreto de arreglo de la libertad de imprenta,[12] suponen y autorizan esta discusión crítica juiciosa, por cuanto al mismo tiempo que el gobierno se instruye de la pública opinión, se instruye también de lo que conviene para dirigir sus operaciones: “La facultad individual (dice) de los ciudadanos de publicar sus pensamientos e ideas políticas es no sólo un freno de la arbitrariedad de los que gobiernan, sino un medio de ilustrar a la nación en general, y el único camino para llegar al conocimiento de la verdadera opinión pública.”[13] Ya se entiende que esta facultad de que hablamos ha de ser sólo para algunos ramos en particular de la Constitución, no para toda ella en común y en globo, porque, además de que sus más acérrimos enemigos han concedido siempre que tenía, y tiene, cosas muy buenas, es necesario darle tiempo para discurrir de ella bajo ese aspecto por los efectos.

            Del segundo modo debe obedecerse ciegamente, no sólo en el fuero externo, sino también en el interno, porque siendo sus artículos rigurosas leyes civiles, procedidas de legítima autoridad, se verifica de ellas que liguen en ambos fueros, conforme a la terminante doctrina de san Pablo, que nos enseña debemos obedecer a la potestad secular, no sólo por la ira, sí también por la conciencia:[14] doctrina que del mismo modo debe propalarse por los ministros del altar, para conservar la unión tanto temporal como espiritual. Por tanto, habiendo mucha diferencia entre desobedecer y criticar (sin censurar, como quien discurre y arguye), está claro y manifiesto lo avenible que son ambas cosas dichas, pues hasta a la misma Iglesia hemos visto permitir esas discusiones en las cosas que por otra parte tiene mandadas.

            En esta atención, ningún embarazo tenemos para ratificar que son actualmente más enemigos de la Constitución los llamados liberales que los serviles.[15] Éstos llenan por su parte ambos objetos ya referidos, prestando a la Constitución la debida obediencia, al mismo tiempo que exponen sumisamente los inconvenientes que pueden presentarse en algunos de sus artículos, y los excesos que se cometen o pueden cometerse por su mala inteligencia. Por el contrario, los liberales, adorándola ciegamente como la adoran, y fascinándose furiosamente contra los otros, a pretexto de ella misma, en nada paran el discurso en orden a exponer y digerir las dificultades e inconvenientes que siempre acompañan a las providencias nuevas; ni menos se contienen en maltratar e infamar a sus contrarios extremosamente, faltando de los dos modos a la Constitución, según que queda notado. No negamos que siendo ambos sistemas de liberalismo y servilismo, capaces de virtud y vicio, de error y de verdad, y variables según la disciplina de los tiempos, en ambos puede pecarse contra la razón, apartándose de aquel camino por donde se llegó a lo justo y verdadero. Tenemos por fundada la distinción de liberales libertinos y moderados, del mismo modo que la de serviles preocupados e ilustrados, entendiéndose por los primeros los que, no estribando en el medio de él, andan por extremos viciosos; y por los segundos, lo contrario. Pero al mismo tiempo es preciso confesar que, diciendo [sic] por su naturaleza más tendencia al mal el liberalismo que el servilismo, es por consiguiente mayor el número de sus transgresores, tanto en lo intensivo como en lo extensivo. A la verdad, el servil se pega a la ley que recibió de sus mayores con entusiasmo, y es de creer haga lo mismo con la que se le impone de nuevo, en el punto que la ve tan autorizada como la otra. El liberal afecta siempre la posesión de su libertad a pretexto de mejoría; de que se sigue, que con la facilidad que se desprende de la primera ley, trate de desprender de la que le sucedió, pues es notorio que el hombre siempre está haciendo empuje a desembarazarse de lo que estorba el logro de sus apetitos: rupisti vincula mea, et dixisti, non serviam.[16]

            “En el número de estos papeles miserables cabe muy bien el Duelo de la Inquisición vindicado, que acaba de salir en nuestros días.”[17]

            “Desde luego protestamos nuestra buena fe al autor, a quien no conocemos: nos persuadimos a que será muy cristiano, muy piadoso y muy amigo de la paz; pero sería lisonjearlo con descaro si creyéramos que es muy sabio ni despreocupado, que es cuanto favor podemos hacerle para que parezca su papel menos odioso.”[18]

            Estos dos párrafos se destruyen y contradicen manifiestamente entre sí, porque una de dos, o El Pensador se persuade ciertamente a que el autor del papel es muy cristiano, muy piadoso y amigo de la paz, o no. Si lo primero, ¿con qué consecuencias me numera en el otro párrafo entre los subversores del orden, sorprendedores de incautos y causa de fatales consecuencias, poniendo mi papel en especialidad entre los de esta clase, y eso con el agravante aditamento de obrar con el ánimo de semejantes atrocidades, que es lo mismo que decir se obra así no por ignorancia o flaqueza, sino de cierta ciencia, ignorancia y malicia? Si lo segundo, mintió delante de Dios y de los hombres, mostrándose persuadido de lo que estaba muy distante su corazón. ¡Verdaderamente que es de admirar una contradicción tan manifiesta en tan abreviados renglones, y mucho más en un Pensador Mexicano que todo se vuelve ojos y perspicacia! Yo entiendo que, no pudiendo caber en su mente absurdo semejante, no habló las dos cosas en el sentido que suenan, sino la una de dientes para dentro, y la otra de dientes para fuera, con el fin de ser más fácilmente creído de todo el mundo en su mordaz censura.

            “Comienza con la pueril reconvención de que el Amolador[19] sólo llama al primer doliente fray fulano de tal, suprimiéndole los honoríficos títulos de reverendo y padre, siendo lo más gracioso que el mismo reclamante sólo le dice el padre San Bartolomé.”[20]

            “Desde aquí se conoce cuál sería el nervio de la Vindicación. Toda ella está tan fría, y abunda de tales candideces, que sería perder el tiempo el refutarlas. hay escritos que ellos solos se hacen sus apologías, o sus desprecios, y el Duelo defendido con la Vindicación es uno de ellos.”[21]

            ¡Buen estómago y frescura! Yo hice al Antiservilio el cargo de tres falsedades, y la llaneza con que me trata; y El Pensador, su defensor, juzga satisfacer a todo con responder sólo al último, diciendo es una puerilidad, deduciendo de ella la frialdad, candidez, y ningún mérito del Duelo y su vindicación. Pongamos que lo sea, siempre será cierto que El Pensador, a trueque de tres imposturas que me achacó su cliéntulo, él no tuvo otra cosa que oponerme que la tal puerilidad, quedando ambos con aquéllas en el cuerpo, y con la nota ignominiosa que se deja entender...

            La deducción que se hace de esta pretendida puerilidad es de lo más arbitrario y antojadizo que se habrá oído hasta ahora. Pero sea de ella lo que fuere, ¿qué conexión necesaria puede tener con las demás especies, para graduar por su mérito el de todas? ¿Ignora acaso El Pensador Mexicano, patriótico, político y público, que en un pliego caben muchas de aquéllas, y mucho más en un tomo de a cuarto, cual es el Duelo de la Inquisición, y que, de consiguiente, calificarlas todas por una sola es discurrir al aire, hablar de memoria, y sólo porque se tiene boca y apetito?

            El ilustrísimo Feijoo se queja en sus escritos de sus contrarios, porque le quitaron el tratamiento de reverendísima; y es claro sería un necio el que por esta sola especie juzgase de todas las demás de sus obras.

            He hablado de la puerilidad como si lo fuera; pero en realidad de verdad debe repetírsele a usted que es una cosa más grave de lo que a usted le parece. Lo uno, por la razón que alegué en mi primer papel,[22] de exigirlo así la buena crianza política y religiosa, sin embargo de que de ella se desentiende usted sin contestar nada. Los serviles, esos mismos que usted y otros citan con desprecio e indecencia, dividiendo la dicción para ponernos en ridículos, acostumbraron imprimir en sus hijos, desde sus más tiernos años, el respeto a los sacerdotes, enseñándoles quiénes debían quitarles el sombrero al encontrarlos, y nunca tratarlos con llaneza y voces impersonales, sino con veneración. Lo otro, porque siendo religioso que pertenezco a corporación y comunidad, debo mirar como trascendental a ella el aprecio o desprecio con que se me trata. No es del caso el que en el mismo papel en que me quejé aparezca nombrado con la sola expresión del padre San Bartolomé, porque además de que en cierto sentido pude disponer de ella como me pareciese, se añade el que mi queja fue disyuntiva, no copulativa; esto es, no de que no se me diesen juntos los títulos de padre y reverendo, sino de que no se me diese ni uno ni otro. De todo infiero que aunque usted desprecia la vindicación del Duelo por fría y llena de sandeces, es sólo en la apariencia, y contra lo que conoce, por solo el hábito que tiene de despreciar lo que no es suyo. A no ser así, no debió usted en buena consecuencia tomarse el trabajo de responderla, ni menos encargarse de una respuesta que, no hablando con usted, en nada le iba ni le venía.

            “Barre el Vindicador con todos los papeles y los autores del día cuando dice: ‘esa runfla de papeles que, a manera de diluvio, llueven sobre nuestras cabezas sin otro fruto que denigrar la fama ajena, propagar la impiedad, excitar la detracción, habituarse sus autores a derramar impunemente las calumnias y las imposturas, pecando de varios modos y maneras contra la misma Constitución con que se abrigan’. ¿No es este un bello modo de criticar?, al menos cuesta poco trabajo.”[23]

            “Después hace cargo de conciencia a los autores e impresores, y les afirma que pecan de mil modos; pero ya sabemos bien lo que es pecado, cuando se infringe la ley de libertad de imprenta; cuando no, y cuando nos estrecha la responsabilidad que nos acusa, sin que creamos otra cosa por más que se apure y desgañite el Doliente en persuadirnos lo contrario.”[24]

            No se puede negar el tino de El Pensador en volverlo todo boruca y confusión. En pocos renglones echa por tierra cuanto yo dije de útil en muchos. Con eso necesariamente sucederá que, embarazado el lector con los dos papeles, ni uno ni otro crea, volviéndosele todo confusión, y quedándose suspenso con el entendimiento, sin tomar la instrucción y edificación, que debe ser el objeto de la lectura. ¡Ése es el fruto de estos papeles juzgadores de todo, inspectores de la humana naturaleza, e interventores de cuantas acciones y sucesos se presentan a sus ojos! ¡Basta que un papel no haya pasado por su aduana, o desdiga un punto de su modo de pensar, para que al punto se echen sobre él como leones, envolviendo lo más en lo menos, y disparando rayos contra un mosquito, al tiempo mismo que se están tragando por otra parte los camellos enteros!

            Esto supuesto, se responde a El Pensador, hay una diferencia muy notable entre estas dos proposiciones que él identifica para acriminarme: todos los autores y papeles del día; y esa runfla (esto es multitud) de papeles, etcétera. La primera es universal, que a ninguno excluye; la segunda no lo es, porque habla en determinado género, no absolutamente. Esto es, de aquellos solos papeles que tengan esas nulidades, y no de los que no las tengan, los cuales aunque quizá son los más, pero no todos. Y que esta censura peque por ligera e injusta, no puede tener otro apoyo que el que, aunque se señalan los defectos, no se señalan los autores, ni menos los lugares de su existencia, quedando de consiguiente la censura infundada y al aire. Pero a esto se satisface diciendo: lo primero que, siendo esos defectos pecados públicos, es prudencia corregirlos sin designar sus autores, en significación de que sólo se intenta la enmienda de aquéllos, y no la infamación de éstos; al contrario de la conducta de El Pensador, que nombrando con especificación los pecadores, no lo hace así con los pecados, o porque no existen, o porque no los prueba, como se verifica en este mismo papel con los padres dominicos, con los jueces del padre Lequerica,[25] y conmigo mismo, calificándome de anti-constitucional.[26] Lo segundo, habiendo manifestado en mi papel anterior algunas imposturas de las varias que trae el Antiservilio, impugnado por mí, parece que El Pensador debió registrar en ellas, como ejemplo, la verdad de la enunciación general que en él hacía de los demás papeles; pero para eso era necesario obrara de buena fe, y que puramente buscara la verdad. Lo tercero, que sea de eso lo que sea, debe El Pensador distinguir en toda acusación el tiempo de hacer los cargos, y el de recibirlos a prueba, que siempre se distinguen entre sí. Si hasta ahora no ha visto más que lo uno, entienda que no es tarde para que vea lo otro; en la inteligencia que sus papeles son los que mejor pueden ayudar a desempeñar la empresa.

            Igualmente, nada nos importa que El Pensador se muestre tan sabihondo de lo que es pecado,[27] cuando se abusa de la libertad de la imprenta, y estrecha su responsabilidad, para que por esa causa desprecie mi instrucción como extemporánea e importuna o, lo que sería peor, la gradúe por una intrusión manifiesta de lo que no me toca. Fuera de que yo no escribí para El Pensador sólo, sino para todo el mundo, se le pregunta: ¿que de qué le sirve esa su presuntuosa ciencia, si no se arregla a ella? No de otra cosa que de mayor reato: y por más que nos diga, sus papeles están en contradicción con esos conocimientos de que se gloria.

            ¡Fuerte rigor por cierto el de El Pensador Mexicano, patriótico, público, político! ¡Por todos los rincones se mete su vara censoria, en todos los teatros se dejan ver sus obyurgaciones![28] ¡Para él lo mismo son los superiores que los inferiores, los ausentes que los presentes, los muertos que los vivos, los eclesiásticos que los seculares! Y con todo, ¡una sola vez que llegó la misión a tocar la campanilla hacia la puerta de su casa, la echa de ella con cajas destempladas, desprecia su instrucción como por demás, y protesta en lo sucesivo no hacerle caso, por más que se apure y desgañite! Pues, señor Pensador, si aun cuando hablé de pecados con tanta generalidad y moderación, parezco a los ojos de vuestra merced cantar fuera del coro, le suplico se sirva señalarme ¿cuál es mi propia materia y oficio? Esto es querer quitar al sacerdote hasta el oficio de doctrinar que le da san Pablo: argue obscera, increpa,[29] etcétera.

 

Se continuará.

 
 


[1] México: En la Oficina de don Alejandro Valdés, 1820, 11 pp. El título completo del Duelo de la Inquisición es El Duelo de la Inquisición o pésame que un filosofo rancio de la América Septentrional, dá á sus amados compatriotas, los verdaderos españoles, por la extinción de tan santo y útil tribunal. Dalo á la luz uno de los referidos... Contiene tres discursos. El primero califica de justo el sentimiento de los dolientes. El segundo responde á las razones con que se les quiere alucinar. El tercero los consuela con la esperanza de que resucitará. Madrid: F. M. Dávila, 1814. x, 231 pp. La edición mexicana —que es la primera— tiene el siguiente título: El Duelo de la Inquisición, ó, Pésame que un filosofo rancio dá á sus amados compatriotas los verdaderos españoles: por la extinción de tan santo y utilísimo tribunal, por el R. P. Fr. José de S. Bartolomé. [México]: M. Fernández de Jáuregui, 1814, 245 pp. + 44 pp. Últimamente, van añadidas varias notas crítico-morales, relativas al tiempo: y una disertación histórico-clerical sobre la memorable historia del illmô. Sr. Fr. Bartolomé Carranza, Arzobispo de Toledo. Firmado por Un Doliente de la Inquisición y afecto de la obra del Duelo, se publicó el folleto El Duelo de la Inquisición vindicado: O reflexiones contra el papel intitulado: “Aviso Amistoso”, con la supuesta firma de Anti-servilio, en que anunciándose satíricamente varias obras de venta, a cualquiera precio, y aún de balde, se numera entre ellas la del Duelo de la Inquisición, por estas palabras: Duelo o exequias, por Fr. José de S. Bartolomé, en un tomo en cuarto, obra muerta en el día, escrita cuando se creyó muerta la Niña que dormía. México: Oficina de Alejandro Valdés, 1820, 8 pp. Fechado en México el 28 de julio de 1820. Fernández de Lizardi ataca este último folleto en El Conductor Eléctrico núm. 15, titulado “Paño de lágrimas. Para Un Doliente de la Inquisición y afecto de la obra del Duelo” Cf. Obras IV-Periódicos, pp. 357-362.

[2] Constitución. Cf. nota 4 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[3] Antiservilio. Autor de Aviso amistoso, México: Oficina de Alejandro Valdés, 1820, [4pp.]. Fernández de Lizardi lo llama Amolador. Ver nota a de este folleto.

a En la nota del indicado papel [La nota a del número 15 de El Conductor Eléctrico dice: “Un perverso y follón malandrín con el título del Aviso Amistoso escribió un papel que censuró el gran libro del Duelo de la Inquisición escrito por el muy reverendo padre Josef de San Bartolomé, religioso carmelita, y a más de esto, mofa altamente la Santa Inquisición; y a todos los amoló, como que es ‘Amolador’. Contra este papelucho miserable salió el 2 de agosto un papelote titulado el Duelo de la Inquisición vindicado. A éste se le cogen ahora las alforzas.” Cf. Obras IV-Periódicos, p. 357.].

[4] mejorando su objeto e intención con ventaja de tercio y quinto. “Mejora de tercio y quinto. La que hace el padre al hijo, fuera de su legítima. [...] Mejorado en tercio y quinto. Además del sentido recto: metaphoricamente significa aventajado, excesivo y que prefiere à otro. [...] Guev. Epist. à D. Fadrique Henriquez. Vuestro cuerpo es pequeño, y vuestro corazón mejorado sobre él en tercio y quinto.” “Quinto. Es también la quinta parte del caudal del testador, en que tiene libertad, aunque tenga hijos, de legarle à quien quisiere.” Dic. autoridades.

[5] pervigilios. Falta o privación de sueño; vela o vigilia continua.

b §14 [“No queremos, ni Dios lo permita, que al vindicador se castigue como se me hubiera castigado; pero si queremos que se desfacine y despreocupe; que entienda que la obra del Duelo es una obra de fanatismo, que abunda en despropósitos y equivocaciones, que fue generalmente despreciada y lo será siempre que se lea, que sabemos bien que no se costeó la impresión y que se quedaron sin vender (no sin regalar) los más ejemplares, y que siempre que el vindicador nos incite, sacaremos a la palestra algunos despilfarros del Duelo bien criticados, para que no diga que no lo conocemos ni por el forro”. Cf. Obras IV-Periódicos, p. 359.]

[6] Pensador público, político y patriótico de México. Así inicia la carta del padre Ignacio Lequerica dirigida a Fernández de Lizardi, publicada en el número 15 de El Conductor Eléctrico. Cf. Obras IV-Periódicos, p. 359. La publicación de esta misiva desató, posteriormente, una polémica con fray Mariano Soto. Véase también nota 1 a Verdadera prisión... y a Respuesta de El Padre Soto a El Pensador Mexicano sobre la Verdadera ..., en este volumen.

[7] Cf. Obras IV-Periódicos, p. 357.

[8] Idem.

[9] Pedro Ágar. Marino y político español (Bogotá 1763-Madrid 1822). Intervino en las Cortes de Cádiz como diputado por Ultramar; en 1810 fue elegido miembro de la Regencia, en 1813 fue reelegido. Fue presidente de la Junta Suprema de Galicia. Al producirse la reacción absolutista de 1814 fue encarcelado por orden de Fernando VII, y estuvo confinado en Galicia, hasta la revolución de 1820.

[10] Cortes. Cf. nota 8 a Advertencias a varias equivocaciones..., en este volumen.

[11] Pedro de Ágar publicó un folleto titulado Manifiesto del presidente Agar a los valientes gallegos, México: Imprenta de Ontiveros, 1820, 8 pp., en el que se lee lo siguiente: “¿Estaría el delito [de un pueblo cuyo monarca ha sido tomado por una fuerza enemiga, que ha quedado en libertad de adoptar el gobierno que les acomode] en haber formado una Constitución, que si bien no podrá llamarse la obra más perfecta del humano ingenio; es al menos una mejora visible del caos confuso que cubría las de varios de los antiguos Reinos que forman hoy la España?”, p. 3; el Manifiesto está fechado en Coruña el 3 de marzo de 1820. En el ejemplar consultado se añade una nota alabando el folleto que “debe sin duda colocarse entre las mejores producciones de su tiempo, y por lo mismo y porque el público no carezca de este manifiesto, mucho más se ha hecho ya mención de él en distintos papeles que se han dado a las prensas, se publica hasta ahora”, p. 8. En un folleto titulado Don Toribio y el cafetero Damián. México: Oficina de Mariano Ontiveros, 1820, [4 pp.], se critica este Manifiesto, en respuesta a este ataque Juan Nepomuceno Troncoso escribe Apología del Manifiesto del señor Agar. Carta de un gallego a don Toribio. México, 1820, s. p.

[12] libertad de imprenta. Cf. nota 7 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[13] En la introducción del Decreto sobre la libertad de imprenta publicado en Cádiz el 10 de noviembre de 1810, se dice. “Atendiendo las Cortes Generales extraordinarias á que la facultad individual de los ciudadanos de publicar sus pensamientos é ideas políticas es no sólo un freno de la arbitrariedad de los que gobiernan, sino también un medio de ilustrar a la Nación en general, y el único camino para llevar al conocimiento de la verdadera opinión pública, han venido en decretar lo siguiente”. Cf. Hernández y Dávalos, Colección de documentos..., t. V, p. 65.

[14] San Pablo enseña a obedecer la potestad secular. “Toda alma se someta a las potestades superiores, porque no ha potestad sino de Dios; y las que son, de Dios son ordenadas. Así que, el que se opone a la potestad, a la ordenación de Dios resiste; y los que resisten, ellos mismos ganan condenación para sí. Porque los magistrados no son para temor al que bien hace, sino al malo. ¿Quiénes pues no temen la potestad?, haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es ministro de Dios para tu bien. Mas si hicieres lo malo, teme: porque en vano lleva el cuchillo; porque es ministro de Dios, vengador para castigo al que hace lo malo. Por lo cual es necesario que le estéis sujetos, no solamente por la ira, más aun por la conciencia.” Ro. 13, 1-5.

[15] En el año de 1820 se publican numerosos folletos a favor y en contra de la Constitución en cuyos títulos se usa de las palabras liberales y serviles. Los autores igualmente hacen uso de estos nombres para polemizar en sus escritos; en este volumen se encontrarán varios ejemplos de esto.

[16] rupisti vincula mea, et dixisti, non serviam. Rompiste mis lazos, y dijiste: no (te) serviré.

[17] Fernández de Lizardi escribe: “Muchas y muy buenas cosas se han impreso en nuestra época feliz; pero entre ellas han corrido algunas producciones nada sanas, que si circularan sin ninguna oposición, confundirían las conciencias timoratas y preocupadas malquistarían nuestra preciosa carta, dividirían la opinión, minarían el sistema sordamente, y acaso bastarían para trastornar las cabezas, alarmar las manos y sumergirnos en un piélago incalculable de desgracias. En el número de estos papeles miserables cabe muy bien el Duelo de la Inquisición vindicado, que acaba de salir en nuestros días.” Cf. Obras IV-Periódicos, p. 357.

[18] Idem.

[19] El Amolador publicó un “Remitido” en el Noticioso General del 10 de febrero de 1819, que incluimos en el tomo 1 de esta Antología.

[20] José de San Bartolomé. Sacerdote católico, fraile de la orden de los carmelitas. Teólogo y filósofo español. En el acervo de la Biblioteca Nacional de México se encuentra el Manuscrito Sermón XXX que en la función de Nuestra Señora del Carmen celebrada en el Convento de Valladolid el día 16 de julio de 1812 dixo su prelado el reverendo padre Fray José de San Bartolomé. Usó como seudónimo El Teólogo Imparcial. Cf. nota 1 de este folleto.

[21] Cf. Obras IV-Periódicos, pp. 357-358.

[22] “Primer papel”, alusión al folleto El Duelo de la Inquisición vindicado..., cf. nota 1 a este folleto.

[23] Cf. Obras IV-Periódicos, p. 358.

[24] Idem.

[25] Ignacio de Lequerica. Fernández de Lizardi en el número 15 de El Conductor Eléctrico, titulado “Paño de lágrimas. Para un Doliente de la Inquisición y afecto de la obra del Duelo”, publicó una carta dirigida a él por el padre Lequerica, fechada en la cárcel del convento de Santo Domingo el 19 de julio de 1820, en la que expone que ha estado dos años y medio bajo la autoridad de la Inquisición sin merecer ninguna “providencia” legal, pidiendo que al menos se le suministren los auxilios espirituales: escuchar misa los días de precepto; los sacramentos de la confesión y comunión. Alega que su causa no es de fe porque hay reconciliación con la Iglesia. La publicación de esta carta del padre Lequerica motiva la publicación del folleto Verdadera prisión y trabajos del padre Lequerica por fray Mariano Soto, véase en este volumen. Ignacio. Lequerica es autor de Consejo al público que pide el desgraciado P. Lequerica. Señor Pensador, público político y patriótico de México. México: Oficina de J. M. Benavente y Socios, 1821, fechado en México el 5 de febrero de 1821. Denuncia que su caso continuaba sin resolución, después de 16 años de prisiones y padecimientos. Solicita a El Pensador y al público que aboguen por él y ayuden a superar la miseria en que se encontraba. Publicó también “Despedida del padre Ignacio Lequerica que, según su decir, había residido en Puebla durante 22 días sin encontrar medios para subsistir. A pesar de las recomendaciones y esfuerzos ‘diligentes y piadosos’ de Iturbide, quien lo recomendó con el obispo Antonio Joaquín Pérez, éste no lo amparó. Agradece a sus bienhechores Juan Crespo y al guardián de San Antonio, que lo hubieran socorrido con ropa y alimento. Agradece también a Carlos García todas sus atenciones”, La Abeja Poblana. Puebla, t. I, núm. 43, 20 de septiembre 1821. Cf. Meza Oliver y Oliver López, Catálogo de la Colección Lafragua..., p. 314.

[26] Fernández de Lizardi escribe: “El Doliente adora en este lóbrego tribunal; acaso habrá subsistido a sus expensas, acaso habrá adornado su pecho con la placa de la paz y de la justicia, y por eso es su acérrimo defensor y su panegirista eterno. Mas debería advertir dos cosas: la una que se engaña demasiado en el concepto que ha formado de tan odioso establecimiento, y la otra, que se hace sospechoso del más negro servilismo con su impolítica vindicación, poniéndose de camino en riesgo de que alguna mano más pesada que la del Amolador lo mortifique por enemigo declarado de la sabia Constitución [...] ¿Conque el tribunal de la Inquisición es justo, santo y rectísimo? Luego las leyes que lo han demolido son injustas, perversas, inicuas. Usted es, señor vindicador un doliente de la Inquisición; luego es un enemigo declarado de nuestra sabia Constitución”. Cf. Obras IV-Periódicos, pp. 358-359.

[27] Fernández de Lizardi escribe: “Después hace cargo de conciencia a los autores e impresores y les afirma que pecan de mil modos; pero ya sabemos bien lo que es pecado, cuando se infringe la ley de libertad de imprenta, cuando no y cuando nos estrecha la responsabilidad que nos acusa, sin que creamos otra cosa por más que se apure y desgañite el Doliente en persuadirnos lo contrario.” Ibidem, p. 358

[28] opyecto. Guión a. Interpuesto: puesto delante, estorbando. Objeción o réplica. María Moliner, Diccionario de uso...

[29] praedica verbum, insta opportune, importune: argue obscera, increpa in omni patientia, et doctrina. “Que prediques la palabra; que instes á tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” 2 Ti. 4, 2.