EL PÚBLICO NO ES JUGUETE

SEÑOR PENSADOR MEXICANO[1]

 

 

Muy señor mío: hace algunos días que un amigo hostigado con justa causa de la falta de exactitud en la salida del periódico Conductor Eléctrico,[2] que usted ofreció tres días a la semana, me vio a efecto de que yo (porque él no se hallaba en el caso de poder hacerlo) le hiciese a usted una justa y seria reconvención por su falta de formalidad; pero yo que, por un lado, por tener a usted en buen concepto no quería, como dicen, agriarle la conserva,[3] publicando su defecto, y, por otro, que no he tenido un momento de ocioso, en razón de que mis cuitas han sido grandes, y esto de estar precisado al pan nuestro de cada día o buscar la amanezca[4] es cosa terrible; y si hay un acredorcillo imprudente, inaguantable: me he estado en el sose.

Ya iba colando así la cosa, porque el dicho amigo nada ha vuelto a decirme; pero entrando yo en mí, y considerando que me lo encargó, que no todos pueden estar en todo, y por eso no ha habido quien reclame, y que usted continúa en su falta, me creo ya en obligación de cumplir mi encargo, pues de lo contrario faltaría a mi amigo, faltaría a mis conciudadanos y me faltaría a mí mismo.

Dígame usted, señor Pensador, y perdone ¿qué el público es juguete?, ¿pretende usted burlarse de todos los que se subscribieron a su periódico?, o ¿cómo nos entendemos? No ha faltado ya quien le haya dado a usted en cara con no haber estampado las bellezas que ofreció en su prospecto; pero yo no me contraigo a esto, sino a la impresión de sus papeles, buenos o malos, en los días que los ofreció.

Ya me parece que veo saltar a usted de la silla (si es que está sentado) exclamando en estos o tales términos: malditos sean los impresores. Ahí tiene usted, por estos pícaros se ve un hombre de bien en estos compromisos. Poco a poco, amigo, aunque usted exclame así, a nosotros no nos satisface, y es preciso que escuche lo que sigue.

Usted ha dicho públicamente en su número 22 que el administrador de la Imprenta de don Mariano Ontiveros[5] no quiere continuar imprimiendo su Conductor, sin más razón que porque NO QUIERE, o porque NO QUIERE SU AMO. Dice usted también en el principio del párrafo “estamos en el caso de que si los jueces constitucionales no saben o no quieren hacer justicia, se suspenda este periódico”, y luego “conmigo han dado ustedes con la horma de su zapato, pues en uso de mis derechos hoy mismo me presentaré judicialmente a donde corresponde, y el público”,[6] etcétera.

Ahora bien, yo revuelvo en mi cabeza esta ensalada y no le hallo combinación. Es preciso que usted nos lo explique. Va de preguntas. ¿Conque a usted lo primero que se le vino a las mientes fue que los jueces constitucionales son o pueden ser tontos, son o pueden ser pícaros, por no querer hacer justicia? Muy buen concepto le merecen a usted, y le deben estar muy agradecidos. Y si usted los considera tales, ¿cómo dice luego me presentaré judicialmente y luego le pronostico a Paredes la pérdida del pleito con costas;[7] pues qué, ¿los jueces tontos o perversos, siéndolo, le harán a usted el favor de sentenciarle como dice? Y si así lo hacen, porque sea justicia, no creo que haya razón para denigrarlos. Mas si usted no se había presentado contra Paredes (ni aun creo que lo ha hecho) ¿cómo ya se figuraba que los jueces obraran mal?

Baste de jueces. ¿Conque Paredes no quiere imprimir sus papeles porque no quiere o por que no quiere su amo? ¡Ah!, como me recelo que aquí hay gato encerrado. Sí, amigo, soy ingenuo. Tengo noticia de que Paredes es compadre de usted y, por lo mismo, se me dificulta creer lo que usted dice, pues siempre a los compadres se dispensa favor, y de ahí es nacido el vulgar término de andar con compadrazgos.[8] ¿Qué le habrá usted hecho a Paredes? O usted no le ha pagado con puntualidad, o se ha peleado con él, o lo ha incomodado demasiado, o qué sé yo. Lo cierto del caso es que a usted no lo hemos de creer sobre su palabra, cuando está la presunción en su contra. “Los impresores son personas públicas de oficio, destinadas a servir al público que los engrosa”,[9] por su trabajo, especialmente en México, como en todas partes donde por ser tres, todo el que quiera y tenga con qué puede serlo: “son todos ricos, y así están constituidos, repito, a servir a este público sin deferencia ni excepción, sino al primero que llegue, lo mismo que el panadero en todos tiempos debe vender la torta al primero que la compre.[10] Es mucha verdad que así debe ser; pero falta que usted nos pruebe que le han usado esta sacualtipana[11] que nos dice del no quiere porque usted dijo que se presentaba, y no hemos visto que lo haya hecho.

Yo por mí y por el público, a quien usted debe respetar, lo conjuro y amonesto a que nos aclare esta parada, manifestándonos en quién está el verdadero defecto, y a que considere que EL PÚBLICO NO ES JUGUETE.

Beso la mano de usted no ahora, sino hasta que se vindique y quede este asunto como un pelo.


El Observador J. V.[12]

 


[1] [México:] Se vende en la Librería de Recio. En el actual Zócalo se ubicaban las alacenas donde se expendían los diarios y folletos publicados en México y España. La librería pertenecía a Manuel Recio y estaba en el Portal de Mercaderes en el lado occidental de la Plaza Mayor, frente al Palacio Nacional, interpuesto en medio del Parián]. Portal de los Agustinos [Cf. nota 6 a La Canoa, número 2, en este volumen] letra B, Imprenta de Ontiveros.

[2] Prospecto de El Conductor Eléctrico. Cf. nota 3 a Sátiras a El Pensador..., en este volumen.

[3] agriarle la conserva. Equivalente a “echarle a perder un buen momento”, al impedir disfrutar, al final de la comida o en la sobremesa.

[4] buscar la amanezca. Cf. nota 14 a Un bofetón sin mano..., en este volumen.

[5] El Conductor Eléctrico, número 22. Cf. nota 3 a La prensa libre, en este volumen.

[6] El Conductor Eléctrico, número 22. Las citas corresponden al primer párrafo del “Aviso” que abre este número del periódico y al penúltimo. Cf. Obras IV-Periódicos, pp. 405-406.

[7] Al final del “Aviso al público...” dice nuestro autor: “Sépase... pero tiene mucho que saber y lo irá sabiendo poco a poco, aunque debe saber, por último, [que] en uso de mis derechos hoy mismo me presentaré judicialmente a donde corresponde [...]. Desde luego le pronostico la pérdida del pleito con costas; porque ya no es tiempo, amigo, de hacer lo que se nos antoje a título de dinero, sino que arreglarnos a la ley. México, 7 de septiembre de 1820”. Ibidem, p. 406.

[8] andar en compadrazgo. “Compadrazgo”: concierto entre dos o más personas para favorecerse mutuamente, y por lo común con daño de otra. Santamaría, Dic. mej.

[9] Cf. El Conductor Eléctrico, número 22, en Obras IV-Periódicos, p. 406.

[10] Idem.

[11] saculatipana por zacualtipana. Acción alevosa o desleal: deslealtad, felonía; cuatro, celada o emboscada. “Hacer una zacualtipana”. Cometer una villanía, una traición. Se ignora el origen de tal significado. Santamaría, Dic. mej.

[12] El Observador J. V. Las iniciales en nuestro caso corresponden a José Valdés, cura simpatizante de los insurgentes que hizo publicar varios pasquines contra la dominación. En el Diario de México t. XII, núm., 1068, 11 mayo 1810, pp. 523-524 apareció una “Proclama o qué se yo a los campaneros de México y sus habitantes”, por Perico el de los Palotes, J. V. Otro escritor o quizá el mismo J. V., firmó Espíritu constitucional: viva nuestro rey, (Puebla: Imprenta Liberal, 23 de octubre de 1820), en que dice: “donde nos hallemos, contad con nuestros hermanos [...] defenderemos constantes y resueltos nuestros sagrados derechos y la augusta y respetable Constitución”, p. 1; también firmó La Inquisición se quitó pero sus usos quedaron. México: Imprenta de Valdés, 1820. Escribió también obra poética, su nombre de pila era José Manuel, en el Diario de México de 2 feb. 1806, se imprimió un poema firmado por el Br. J. V. o J. V., luego aparece también el 23 y 29 de junio y el 17 de julio de 1808, y posteriormente el 11 de mayo y 6 de junio de 1810. También colaboraba en la Gaceta de México. Consumada la Independencia publicó Delirios y corderos bélicos del Br. José Valdés, México, 1823. Cf. María del Carmen Ruiz Castañeda, Diccionario de seudónimos..., p. 837.