EL PENSADOR TAPATÍO A SUS CENSORES [1]

 

 

 

Señores míos: ¿conque el estilo de mi primera carta es arrastrado y bronco?.... pues no tengo otro, éste es el de los días de fiesta, y éste es el que he de usar siempre que escriba, porque no trato de agradar a los sabios que son pocos, sino de que me entiendan los que son muchos. Si no tienen otra cosa de importancia que decirme, será ésta mi última contestación a vuestras mercedes y señorías. Si en lo que escribí hay alguna injuria personal, si hay alguna mentira, si alguno otro defecto sustancial díganmelo en mis barbas, que soy[2] tan de buena pasta que, en donde me concluyan, lo confesarè a boca llena y tendré en ello la mayor satisfacción; pero cuidado con los paralogismos, cuidado con palabrones que nada significan y que no son más que ruido y voces dentro, como se usa en muchos papeles, y mucho más cuidado con los dicterios,a porque usando de esas armas conmigo sois todos en batalla: enristraré la lanza del disimulo y no os haré caso en cien años.

La imprenta está franca para todo el mundo; todos tienen la misma libertad que yo para decir lo que quieran, los afectos al Amante de la Constitución[3] a quien impugné, por fuerza algo han de tener que decir; pero mientras no escriban, por modo de receta general, les encargo que repasen esos versitos:


Si tibi displiceat, crimenve putetur iniquum,

  Nollisque ut nostris sint bona mixta malis;

Fac bona, fac meliora bonis, fac optima et ecce

  Perfectum ex omni parte legemus opus.[4]

 

Que en substancia es lo mismo que en prosa dicen que escribió el abate Galiani:[5] “No debo decir que una ley es defectuosa, si no lo pruebo; ni vituperarla, en tanto que no señale y manifieste otra mejor. Todo el que no sabe mas que maldecir y criticar es un necio y acreedor al desprecio de los hombres”...

Conque señores impugnadores, arreglándose a estos principios, procedan ustedes como gusten; y cuenten con la buena disposición de su afectísimo que no es más largo porque es día de correo,[6] las elecciones se acercan y va a decir dos palabras sobre diputados al señor Pensador Mexicano. Besa la mano de ustedes, El P[ensador] Tapatío.

 

 

SEÑOR PENSADOR MEXICANO

 

Muy señor mío: he dicho a usted que es una injusticia excluir a los clérigos del nombramiento para diputados en Cortes,[7] ahora digo que los electores del partido[8] deben en cuanto sea posible el nombrarlos, y después diré que en América es casi de necesidad nombrar eclesiásticos.

Digo que se debe evitar cuanto sea posible el nombrar principalmente a los curas, porque según consta de mi carta anterior estamos escasísimos de eclesiásticos, y nos hace más falta un solo cura que veinte comerciantes o hacendados. Un cura no solo hace falta a su casa y familia como otro particular, sino también a los diez o doce mil feligreses que pertenecen a su parroquia; por lo que habiendo seculares igualmente instruidos, patriotas y hombres de bien, deben ser éstos nombrados con preferencia, no porque éstos sean negocios que los clérigos no entienden ni les competen como erradamente[9] se dice en El Duende de los Cafés (número 249),[10] sino al contrario porque no hay quien sustituya su lugar. Tanta falta me parece que hace un cura en su curato que no quisiera yo que los nombraran ni para electores parroquiales; pero ya que esto no puede evitarse porque no puede persuadirse de ello a la multitud, quien por lo regular tiene mejor idea y más confianza de su cura que de nadie, a lo menos los electores parroquiales, que se deben suponer lo más ilustrado de los pueblos, es muy de esperar se persuadan que es mejor nombrar para electores de partido a los seculares u otros eclesiásticos que no sean curas. Yo por lo menos no nombraría a un cura por elector de partido y mucho menos para las Cortes, sino en caso de que absolutamente no hubiera de quién echar mano entre los seculares, y cotejando un cura hábil como 5 con un secular hábil como 2, mi voto estaría por el segundo. Es en mi juicio otra razón poderosísima para no nombrar clérigos el odio y encono con que los miran en la Península, según se advierte en los papeles públicosb y aunque serán admitidos al Congreso, porque así está ordenado por la Constitución,[11] sus propuestas se recibirán con desagrado, y ellos mismos entendidos de la preocupación que obra en su contra, no tendrán valor para esforzar sus pensamientos, temiendo que (a pesar de la inviolabilidad que les promete el artículo 128)[12] se repita en sus personas la escena del San Valiente, o que a la vuelta de una esquina, alevosamente les quite la vida un asesino.

La dificultad está en hallar muchos seculares que sean a propósito para diputados, principalmente en las provincias que no son México, Puebla[13] y Guadalajara,[14] y por eso dije que en América es casi de necesidad nombrar eclesiásticos. Soy de opinión que sin hacer agravio al estado secular se puede asegurar que, por cada secular instruido y capaz de ser diputado, habrá a lo menos otro eclesiástico igualmente capaz, de modo que de todos los que en el reino son aptos para diputados la mitad son eclesiásticos y la mitad seculares, y por consiguiente que siempre que se nombren con esta proporción se habrá obrado sin dar motivo de queja.

Por un cálculo prudente, la tercia parte de los hombres de esta provincia son menores de 25 años y por los mismo no pueden ser diputados.[15] Otra sexta parte será de viejos, enfermos e inutilizados. De modo que los diputados se han de sacar precisamente de la mitad restante. De esta mitad todavía no pueden ser diputados los cómicos, gañanes, sirvientes domésticos, arrieros, molineros, mulatos, vaqueros y todo género de artesanos,[16] porque entre ellos casi ninguno hay capaz de este encargo. Los militares y empleados,[17] entre quienes hay muchos verdaderamente aptos, están excluidos por la Constitución. Con que es menester para elegir diputados seculares, buscarlos entre los comerciantes, hacendados, médicos y abogados. Si de entre estos señores se pueden escoger ciento proporcionados para la diputación de Cortes, me parece evidente que igual número podré yo dar de entre los eclesiásticos.

Hay más: ningún secular tiene un sueldo corriente que poder dejar a sus hijos y mujer, mientras va a España: todos subsisten de su bufete o de sus negociaciones en que sin duda perderían mucho durante la ausencia de dos años. La provincia no puede darles más que la subsistencia para ellos y no para sus familias; al contrario, el eclesiástico aunque tenga madre, tías, hermanas, ellas podrán vivir con los productos de capellanías, curato o canonía del señor diputado quien va expensado[18] por la provincia para los gastos de ida, estada y vuelta.

De que resulta que, debiendo todos esforzarse a conciliar el bien general de la Nación[19] con el particular de los ciudadanos, parece más racional en igualdad de aptitud nombrar al eclesiástico (que no sea cura) con preferencia al secular.

Si los electores de partido de Zacatecas[20] hubieran conocido esta verdad, no hubieran dejado su provincia sin la representación correspondiente por llevar adelante la idea de que todos fueran seculares, que, aunque muy capaces de desempeñar su cargo, si las Cortes fueran en México, están imposibilitados para viajar hasta Madrid.

Las excesivas quejas de algunos seculares sobre este punto son infundadas. Creen que los clérigos sólo entienden de decir misa y los abogados sólo de pleitos; quisieran que el Congreso se compusiera no tanto de hombres instruídos en las ciencias, cuanto prácticos en todo género de industria, comercio, agricultura y minas, como si en las Cortes Constituyentes que formaron el sapientísimo Código, hubieran hecho falta los barreteros, gañanes y tejedores. Los que así se quejan, despreciando a toda clase estudiantina, como ellos dicen, podrían ya habernos dado, ahora que hay libertad de imprenta,[21] alguna muestrecilla de su habilidad y aptitud, publicando algunos discursos sobre artes, comercio, agricultura, etcétera. Contrayéndose a sus provincias y haciendo aplicación de las doctrinas generales a lo particular de su país, para no dar ocasión a que se les repita el parrafito del abate Galiani.

Señor Pensador, yo he confesado ya que soy lírico; pero créame usted que lo poco que he leído de estas materias nada ha sido escrito por esos señores que se quejan. Luego que he visto algún libro del asunto, he registrado la carátula y siempre me he encontrado con que el autor es fray F. o el cura H. o el abogado R. En el número 3 del Semanario Político[22] hay un discurso sobre minería que me gusta muchísimo; pero yo apostara doble a sencillo a que su autor (a quien creo conocer) no ha sido barretero, sino jurista de profesión, y que tal vez nunca ha bajado a una mina. Me acuerdo ahora de un pasaje que le voy a contar a usted En un real de minas estaban varios señores lamentándose de que ninguno de los diputados, nombrados aquel día, era hombre práctico como era necesario para conseguir el azogue a cuatro reales[23] y otros beneficios de este tamaño para aquel real. Después de haber desahogado sus sentimientos, un socarrón que también estaba en el corro dijo: Señores para lo que importa más que vaya de diputado un buen minero es para reformar las ordenanzas de minería,[24] que están llenas de disparates de la cruz a la fecha.[25] Eso no, exclamaron todos a una voz, bien se echa de ver que usted no lo entiende y que no es minero: las ordenanzas están excelentes y no necesitan reforma alguna. Aquí era puntualmente donde los espera el tunante. Pues señores, les replicó, si ustedes están tan pagados de sus ordenanzas, y las tienen por octava maravilla, sépanse que su autor nunca supo cómo se da un barreno, ni de paseo estuvo en real de minas, y si para dar leyes, si para adelantar en este ramo, basta sólo el talento con conocimientos, aunque sean adquiridos por informes de los prácticos, escriban ustedes sus instrucciones y denlas a sus diputados.

No sé si usted será del mismo parecer del estudiante del cuento, yo por lo menos voy con él, y si me hubiera[n] echo memorias de los adelantamientos importantísimos que el Apartado de México[26] debe al gran talento de uno que jamás fue minero, sino teólogo de profesión y de afición médico: el célebre doctor Bartolache.[27]

Concluyamos, pues, que por las razones dichas no será bueno nombrar diputados clérigos, hasta que no hayan ido sucesivamente todos los seculares hábiles, que gracias a Dios en Guadalajara abundan más que en otras partes, y que cuando ya sea necesario echar mano de los clérigos sean los últimos los curas.

Si el costo todo de las Cortes y diputados saliera de la Tesorería General de la Nación,[28] y no de las provincias en particular, la carga se repartiría igualmente entre todos los españoles, en vez que ahora los americanos salimos notablemente más gravados que los de ultramar; pero esto no puede ser, porque se opone al articulo 102 de la Constitución.[29]

Que las Cortes se celebren alternativamente en Madrid, México y Lima, como piensan algunos,[30] es contra el artículo 104;[31] que las diputaciones duren mas de dos años, y el número de diputados, tanto de aquí como de la Península, se reduzcan a la mitad o menos, tendría muchas conveniencias, a más de 1 ahorro del gasto; pero tiene también varios inconvenientes, y sobre todo no se puede proponer, hasta pasados los ocho años, que por la Constitución deben correr, sin que se proponga reforma ni alteración en ninguno de sus artículos.

Pedir que se lleve á efecto el artículo 92 que dice: “Se requiere además para ser elegido diputado de Cortes tener una renta anual proporcionada, procedente de bienes propios”[32] tiene el grave inconveniente de que, si sólo los que tienen renta anual hubieran de ir a las Cortes, como muchas veces la ciencia y la aptitud están separadas del dinero, según aquello de Sapientium non est panis,[33] en este caso tendríamos necesidad de ser representados por personas ineptas, lo que no es justo.

Entre tantas dificultades me ocurre este arbitrio: podría tomarse el medio de mandar que, si entre los diputados hay alguno de caudal conocido, o que disfrute de cuantiosa renta, ese vaya a sus expensas en todo o en parte, y que la provincia sólo haga el gasto de los diputados pobres. Por ejemplo, si entre los diputados hubiera un canónigo cuya renta anual fueran seis mil pesos, podría dejar la mitad para man[u]tención de la madre, hermanas, etcétera. Y ayudar con la otra mitad a la provincia, quien daría lo demás necesario para cubrir el costo total. Si hay un cura (que no debe haberlo sino en necesidad extrema) cuyo beneficio le produzca libres, después de bien pagado un digno sustituto, los mismo seis mil pesos, que deje tres mil a su familia, y con tres mil ayude a su provincia.[34] Si es diputado un comerciante o hacendado cuyo capital conocido, a juicio de la Diputación Provincial,[35] pase de cien mil pesos, que vaya a sus expensas en el todo, sin exigir alguno de la provincia.

De este modo creo se conseguirá el ahorro de gasto que se intentó en el artículo 92, sin incurrir en el inconveniente que quiso evitar, en mi concepto, el artículo 93;[36] y si así lo determinarán las actuales Cortes, como pueden, ya los electores tendrían cuidado de preferir en igualdad de circunstancias a los pudientes.

Dígame usted su parecer, y mande a su siempre afectísimo que su mano besa

 

El Pensador Tapatío[37]

 


[1] Guadalajara: Imprenta de doña Petra Manjarrés [cf. nota 1 a Todos pensamos..., en este volumen], 1820, [8 pp].

[2] soi en el original.

a Algún sujeto ha dicho en público que la carta de El Pensador Tapatío es un farragón indecente, que manifiesta bien que su autor es lisiado. Estas críticas puntualmente se las dan a El Pensador en el Palo y si él fuera sabio podría aplicar a su impugnador la fabulita del pavo y el cuervo en que dice Iriarte: cuando en las obras del sabio/ No encuentra defectos/ Contra la persona cargos/ Suele hacer el necio [En el Suplemento al tomo III de El Pensador Mexicano (12 de abril de 1814) se lee: “lea a lo menos las fábulas de Iriarte que son comunes y a 12 reales; me parece que se venden en la librería de Benavente, y encontrará la horma de su zapato en la foja 34, que le encargué leyera, y dice en la fabulación que: cuando en las obras del sabio/ no encuentra defectos/ contra la persona, cargos/ suele hacer el necio.” Cf. Obras III-Periódicos, pp. 511-512. Se refiere a la fábula CXXV “El cuervo y el pavo”. Cf. Fábulas completas de Samaniego e Iriarte, pp. 221-222].

[3] El Amante de la Constitución. Cf. nota 5 a El Teólogo Imparcial, número 2.

[4] Si tibi displiceat, crimenve putetur iniquum,/ Nollisque ut nostris sint bona mixta malis;/Fac bona, fac meliora bonis, fac optima et ecce/ Perfectum ex omni parte legemus opus. Si no te agrada o lo tienes por crimen injusto, y no quieres que se mezclen a malos nuestros, hazlos buenos; mejor que los buenos, y supremos, y entonces leeremos una obra perfecta por completo.

[5] Fernando Galiani, abate, literato y economista italiano (1728-1787); adversario de los fisiócratas. Entres sus obras se encuentran: De’doveri de’ principi neutrali verso i principi guerreggianti: e diquesti verso i neutrali; Carteggio (1753-1786) de las correspondencia con Lorenzo Mehus, con introducción de Giuseppe Nicoletti; se publicó su Correspondance inédite de l’Abbé Ferdinand Galiani, censeiller du rui, pendant les annés 1765 a 1783, avec Mme. D’Epinay, le baron d’ Holbach, le baron de Grimm, Diderot,et autres personnages célèbres de ce temps: augmentée de plusieurs lettres à Monseigneur Sanseverino, archêveque de Palerme, à M. le marquis de Carraccioli, ambassadeur de Naples près la cour de France, à Volataire, d’Alembert, Raynal, Marmontel, Thomas, le Batteaux, Mme. Du Bocage/ précédés d’ une notice historique sur l’ Abbé Galiani, par B. Mercier de Saint Léger; à laquelle il a été ajouté diverses particularités inédites concernant la vie privée, les bon mots, le caractère original de l’auteur. Par M. C de St. M, en París por Dentu en 1818 en 2 volúmenes; autor de un libreto para una “opera bufa” titulada Socrate imaginario, musicalizada por Giovanni Paisiello; escribió una parodia titulada La bagarre en la que se tratan de forma paralela los textos L’intérêt general l’état ou la liberté du comerse des blés, de P. P. Le Mercier de La Rivière y L’intérêt general de l’état ou la liberté des bagarres del mismo Galiani; en forma de diálogo publicó Dialogues sur le comerse des bleds, que se publicaron en alemán en 1770; otra de sus obras sobre asuntos de economía es Della moneta; autor también de Del dialetto napoletano (1789), Spaventosissima descriziones dello spaventoso spavento. Che sispaventó tutti coll’eruzione del Vesuvio la sera delli otto d’agosto del corrente anno... (1779). Y de Della perfetta conservazione del grano (1754).

[6] El visitador José de Gálvez introdujo en la Nueva España la administración real del servicio postal (1765). Durante la Guerra de Independencia, el gobierno instituyó un sistema de convoyes mensuales en todo el Virreinato, para recibir y transferir los correos en los puntos intermedios entre los principales centros de información. En noviembre de 1815, el convoy que venía de Veracruz tuvo una escolta de 1 100 hombres, a su regreso una de 600. En noviembre de 1816 el virrey Apodaca informó que entre México y Puebla se había reanudado el correo semanario; en la mayoría de las provincias continuó siendo mensual.

[7] diputados de cortes. Cf. nota 27 a Todos pensamos..., en este volumen.

[8] electores de partido. El artículo 34 de la Constitución estableció que para la elección de diputados de Cortes se celebraran juntas electorales de parroquia, de partido y de provincia. Los capítulos III, IV y V del título III (De las Cortes) se ocupan de las elecciones respectivas en cada instancia. Las elecciones parroquiales debían celebrarse “el primer domingo del mes de diciembre, quince meses antes de la celebración de las Cortes” (artículo 37). Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., p. 64. Fernández de Lizardi trata el tema de las elecciones de parroquia en su periódico El Pensador Mexicano; en el número 8 del tomo primero publica una “Prevención” en la que señala que: “El primer domingo de diciembre se ha de proceder a las juntas electorales por parroquias, según el artículo 37 del capítulo III de la Constitución.” En esta breve nota el autor informa sobre la naturaleza y conformación de tales juntas. Cf. Obras III-Periódicos, pp. 77-82. Dedicó además dos folletos al tema: Aviso importante sobre las juntas parroquiales citadas para el próximo domingo 29 del corriente, y Reflexión patriótica sobre la primera elección. Cf. Obras X-Folletos, pp. 75-80 y 163-166, respectivamente.

[9] herradamente en el original.

[10] El Duende de los Cafés. Periódico político que se publicó originalmente en Cádiz, en la imprenta de Hércules a cargo de A. Celis. El número 249 contiene un “Artículo comunicado”, firmado por Miguel Cabrera, y “Otro”, firmado por El Buen Español. Cf. Meza Oliver y Olivera López, Catálogo de la Colección Lafragua..., p. 193. El Buen Español opina en su artículo que los obispos, canónigos y curas párrocos están encargados de distribuir la prédica y el Evangelio entre los fieles, pues ya que de ellos viven, así, apunta: “No sucedería esto tan frecuentemente [que los clérigos no cumplan con sus obligaciones], ni los obispos, canonigos y curas párrocos abandonarían sus iglesias, ni el pasto de sus ovejas, por querer manejar en el soberano Congreso de la nacion negocios que no les competen ni entienden, si el espíritu del Evangelio dominase en el santuario y reglase los pasos del sacerdocio [...] esta pequeña idea [servirá] para que los pueblos jamás les nombren en las elecciones futuras por diputados de Cortes; pues deben ya conocer su utilidad, y el descarado abuso que hacen de su ministerio”. p. 1156. B. Y. R. G. publicó una crítica a este número titulada Preguntas al Duende de los Cafés: O más bien Reflecciones al Buen Español, autor del segundo artículo comunicado que se contienen en el número 242 [sic] de dicho periodico, o al que lo reimprimio en esta capital. [México]: Imprenta de Alejandro Valdés, 1820, 4 pp. Después del decreto de la libertad de imprenta de noviembre de 1810 en Cádiz hubo un periodo de auge de las publicaciones periódicas, entre ellas se contaron además de El Duende de los Cafés, las siguientes: El Conciso, la Tertulia Patriótica, El Semanario, El Patriota en las Cortes, El Observador, El Microscopio, El Anteojo de Larga Vista.

b El Amante de la Constitución, La Confederación de Málaga, El Duende de los Cafés y otros.

[11] Constitución. Cf. nota 4 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[12] Artículo 128 de la Constitución: “Los diputados serán inviolables por sus opiniones, y en ningún tiempo ni caso, ni por ninguna autoridad, podrán ser reconvenidos por ellas. En las causas criminales, que contra ellos se intentaren, no podrán ser juzgados sino por el tribunal de Cortes, en el modo y forma que se prescriba en el reglamento del gobierno interior de las mismas. Durante las sesiones de las Cortes, y un mes después, los diputados no podrán ser demandados civilmente, ni ejecutados por deudas.” Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., p.74.

[13] Puebla. Cabecera de la municipalidad del mismo nombre. Fue fundada del 27 de septiembre de 1531 y se dividió en treinta y tres sitios. En 1532 fray Toribio de Benavente trazó la ciudad y comenzó a construirse. En el actual estado de ese nombre sobreviven comunidades que hablaban náhuatl, otomí, totonaco, mixteco-zapoteco y populoco.

[14] Guadalajara. Cf. nota 8 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[15] El artículo 91 de la Constitución establecía que los diputados tenían que ser mayores de 25 años.

[16] El artículo 92 de la Constitución establecía: “Se requiere además, para ser elegido diputado de Cortes tener una renta anual proporcionada procedente de bienes propios”. El artículo 93 estableció: “Suspéndese la disposición del artículo precedente hasta que las Cortes que en adelanta han de celebrarse, declaren haber llegado ya el tiempo de que pueda tener efecto, señalando la cuota de la renta y la calidad de los bienes de que haya de provenir; y lo que entonces resolviérese tendrá por constitucional, como si aquí se hallara expresado”. Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., pp. 70-71.

[17] El artículo 97 de la Constitución establece: “Ningún empleado público nombrado por el Gobierno podrá ser elegido diputado de Cortes por la provincia en que ejerce su cargo”. Ibidem, p. 71.

[18] espensado en el original.

[19] nación con mayúscula en el original.

[20] Zacatecas. Actual Estado de la República Mexicana. Antes fue Intendencia del mismo nombre. Ciudad cabecera de la municipalidad de su nombre y actual capital del Estado.

[21] libertad de imprenta. Cf. nota 7 a El Irónico Hablador...,en este volumen.

[22] Semanario Político y Literario. México: Imprenta de don Alejandro Valdés. Sabemos que de los números 19 a 28 se imprimieron en 1820.

[23] real. Doce centavos y medio.

[24] ordenanzas de minería. El Tribunal de Minería se creó en 1777, con residencia en la ciudad de México y diputaciones en las principales zonas mineras. El visitador José de Gálvez influyó decisivamente para la organización del gremio minero en esta institución con privilegios y derechos especiales. Las nuevas Ordenanzas de Minería de 1783 fueron el primer resultado del Tribunal. “Su autor fue Joaquín Velásquez de León, quien apoyándose en los Comentarios de Gamboa, explicó con gran claridad todos los procesos técnicos y administrativos que tenían que observar los mineros para impulsar el ramo y mejorar la resolución de sus asuntos.” Para su financiamiento, el Tribunal obtuvo de la Corona la concesión de recibir un real de cada marco de plata introducido en la Casa de Moneda de México. Con estos ingresos fue posible fundar el Banco de Avío para los mineros y el Real Seminario de Minería (1792). El Banco funcionó con problemas y terminó beneficiando más a la Corona con préstamos que a los propios mineros. La fundación del Seminario de Minería  contribuyó a la difusión del conocimiento técnico y científico; fue la principal institución educativa de su tiempo. En 1811 el Seminario se trasladó de la vieja casona de Guatemala al espléndido edificio neoclásico construido por Manuel Tolsá en la actual calle de Tacuba, conocido hasta hoy día como Palacio de Minería. Cf. Enrique Florescano e Isabel Gil Sánchez. “La época de las reformas borbónicas y el crecimiento económico 1750-1808” en Historia General de México, t. II, p. 227.

[25] de la cruz a la fecha. Lo mismo que desde el principio al fin: “dixose así por la costumbre propia de los cristianos de poner la Santa Cruz al principio de lo que se escribe, y ser la fecha con lo que regularmente se concluye. Lat. A primo al ultimum.” Dic. autoridades.

[26] Casa del Apartado de México. La familia Fagoaga alquilaba de la Corona la oficina del Apartado, donde se separaba (“apartaba”) el oro que contenía la plata en barras. En 1778 la Corona dio por terminado el contrato pagando a los hermanos Fagoaga una indemnización de poco menos de 100 mil pesos por el equipo local y planta industrial. Por esos años la deuda de la familia ascendía a unos 716 mil pesos. “Hasta hoy se desconoce la fecha exacta en que don Francisco [Cayetano de] Fagoaga [y Arozqueta], marqués del Apartado, encargo a Tolsá la edificación de su casa. Pinoncelly señala que pudo haberla construido entre 1795 y 1805.” Dirigía la oficina del Apartado un alto empleado cuyo cargo era el de Apartador General de Oro y Plata de la Nueva España. Debido a las sequías que hubo en el barrio, el funcionario mando construir una fuente en 1811, proveyéndola con el excedente de agua que disfrutaba la oficina. “En este edificio —Casa del Marqués del Apartado— estuvo establecida por muchos años la Lotería Nacional y, después de sufrir algunas reformas que en el interior del edificio le menguaron suntuosidad, fue ocupado por diversas Secretarías de Estado y [...] la de Industria y Comercio.” Actualmente es ocupado por oficinas de la Secretaría de Educación Pública. Cf. Eloísa Uribe, Tolsá hombre de la Ilustración, México: CNCA: INBA: MUNAL, 1990, p. 155; y Alfredo Esconfria, Breve estudio de la obra y personalidad del escultor y arquitecto Don Manuel Tolsá, México: Empresa Editorial de Ingeniería y Arquitectura, 1929, p. 73.

[27] José Ignacio Bartolache y Díaz de Posada, (1739-1790). Médico y químico. Nació en Guanajuato, de familia humilde tuvo un protector que le ayudó a costear parte de sus estudios. En 1764 ingresó en la Facultad de Medicina, cursó sus estudios hasta 1766 cuando obtuvo el grado de bachiller y en 1772 el de licenciado y doctor con una tesis sobre el primer aforismo de Hipócrates: Vita brevis, Ars longa, impresa por Felipe de Zúñiga ese mismo año. Fue bibliotecario y profesor en la familia de Joaquín Velásquez de León. Fue catedrático sustituto de Prima de Medicina y de Matemáticas en la Universidad. Publicó el Mercurio Volante (1772), primera revista médica en América, donde intentó una renovación completa de la medicina en la Nueva España. Escribió además Lecciones Matemáticas (1769), Instrucción que puede servir para que se cure a los enfermos de las viruelas epidémicas que ahora se padecen en México... (1779) y Observaciones astronómicas del paso de Venus por el disco de Sol, las cuales hizo con Antonio Alzate y que después de ser publicadas en México, fueron reimpresas en París por disposición de la Academia de Ciencias francesa.

[28] Tesorería General de la Nación, por Tesorería u Oficina de Hacienda General. La caja Real de México era la caja general de Real Hacienda de todo el reino, tenía un contador y un tesorero general con título de oficiales reales. La ordenanza de intendentes de 1786 ratificó la dotación de cuatro mil pesos anuales a cada uno de ellos. Había además contadores y tesoreros principales de provincia en cada una de las intendencias, así como tesorerías foráneas y menores o sufragáneas. La Constitución de Cádiz, en su artículo 345 estableció: “Habrá una tesorería general para toda la Nación, a la que tocará disponer de todos los productos de cualquiera renta destinada al servicio del Estado”. Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., p. 100.

[29] Artículo 102 de la Constitución, título III, capítulo V: “Para la indemnización de los diputados se les asistirá por sus respectivas provincias con las dietas que las Cortes, en el segundo año de cada diputación general, señalaren para la diputación que le ha de suceder; y a los diputados de Ultramar se les abonará, además, lo que parezca necesario, a juicio de sus respectivas provincias, para los gastos de viaje de ida y vuelta”. Ibidem, p. 72.

[30] Cortes. Entre 1820 y 1821 los diputados mexicanos —principalmente—, además de promover que las provincias gozaran de mayor autonomía, trabajaron en un plan que proponía una forma de reino autónomo en el Nuevo Mundo. Este plan tuvo su origen en las reuniones que los diputados americanos suplentes sostuvieron en casa del diputado José María Fagoaga. El diputado a las Cortes, Mariano Michelena “se refirió al plan en su alocución a las Cortes el 4 de junio de 1821, cuando se leyó el informe de Apodaca sobre la revuelta de Iturbide. Michelena dijo que las ideas que expresaba habían sido redactadas por Ramos Arizpe y entregadas al conde de Toreno como resultado de algunas propuestas del diputado Felipe Fermín de Paúl y declaró que él mismo las había enviado a la Diputación Provincial de Valladolid el 11 de abril de 1821, que habían sido aprobadas por los diputados recién llegados el 23 de mayo y que esperaba que las Cortes las aprobarían pronto. La idea o plan de Michelena, revisado por Lucas Alamán y fechado el 21 de junio de 1821, fue presentado a las Cortes el día 25 de ese mes. En él se pedía el establecimiento de tres Cortes en América, una en la ciudad de México, la capital de la Nueva España, para toda la América española septentrional; otra en Santa Fe, la capital de la Nueva Granada, para toda Nueva Granada y Tierra Firme, y otra más en Lima, la capital de Perú, para todo el Perú, Buenos Aires y Chile. Las Cortes deberían reunirse en el mismo momento que las de España, establecido por la Constitución de 1812, y tendrían la facultad de aprobar leyes para el gobierno interno de las provincias bajo la jurisdicción de cada una, salvo ciertas leyes relativas a la totalidad del imperio. Debería haber cuatro ministerios de gobierno —el de gobierno, el de hacienda, el de gracia y justicia, y el de guerra y marina— en cada una. Asimismo, cada una debería tener su propia Corte Suprema compuesta de un presidente, ocho jueces, y un fiscal. La autoridad ejecutiva, que podría recaer en un miembro de la familia real o en una regencia de tres individuos, debería ser nombrada por Fernando VII y sería responsable ante él del gobierno conforme a la Constitución. [...] Unos 50 diputados, la mayoría de México, firmaron la proposición, entre ellos Ramos Arizpe, quien lo hizo con la condición de que se le permitiera presentar un plan ligeramente diferente al día siguiente. Al otro día, Ramos Arizpe presentó su plan, fechado el 24 de junio y firmado únicamente por él y por José María Couto. La diferencia con el plan anterior era que proponía que sólo hubiera Cortes en México.” Cf. Linda Arnold, La diputación provincial..., pp. 79-81.

[31] Artículo 104, título III, capítulo VI: “Se juntarán las Cortes todos los años en la capital del reino, en edificio destinado a este solo objeto.” Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., p. 72.

[32] Artículo 92, título III, capítulo V. Cf. nota 16 de este folleto.

[33] Sapientium non est panes. El pan (alimento) no es propio de los sabios. De acuerdo con el doctor José Quiñones Melgoza esta frase debe entenderse como “no se paga lo que no se debe”.

[34] En la oficina de Real Aduana en 1793 y 1802 el superintendente recibió un salario anual de 6 000 pesos, el tesorero 3 500 y el contador principal de 3 000. En 1794, el superintendente de la Casa de Moneda tenía un salario de 6 000 pesos. En 1790, el administrador principal de Correos y Postas recibía un salario anual de 4 000 mil, la misma cantidad se registro para el año de 1825. En 1809, el contador mayor de la Contaduría General de Tributos ganaba 3 600 pesos, cuatrocientos menos que en 1804. peso. Cf. nota 68 a Todos pensamos..., en este volumen.

[35] Diputacion Provincial. Corresponde al título VI Del gobierno interior de las provincias y de los pueblos, capítulo II Del gobierno político de las provincias, y de las diputaciones provinciales, artículo 325: “En cada provincia habrá una diputación llamada provincial, para promover su prosperidad, presidida por el jefe superior”; artículo 335: “Tocará a estas diputaciones: [...] Quinto: Promover la educación de la juventud conforme a los planes probados; y fomentar la agricultura, la industria y el comercio, protegiendo a los inventores de nuevos descubrimientos en cualquiera de estos ramos”. Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., pp. 98-99.

[36] Artículo 93, título III, capítulo V: “Suspéndase la disposición del artículo precedente hasta que las Cortes que en adelante han de celebrarse, declaren haber llegado ya el tiempo de que pueda tener en efecto, señalando la cuota de la renta y la calidad de los bienes de que haya de provenir; y lo que entonces resolvieren se tendrá por constitucional, como si aquí se hallara expresado.” Ibidem, pp. 70-71.

[37] El Pensador Tapatío. Cf. nota 73 a Todos pensamos...