EL IRÓNICO HABLADOR. CONVERSACIÓN DE UN FUEREÑO

CON EL PENSADOR MEXICANO[1]

 

 

Digo, señor Pensador, ¿con quién habló yo? ¿Parece que no me hace usted muy formal? ¡Hola!, pues bueno soy yo para dengues, ¿qué, porque no le hacen a usted aprecio a tanto que ha dicho en sus papeles no me lo ha de hacer a mí?[2] Pues sepa usted que soy de montera y la tengo hasta los ojos:[3] no estoy muy de buenas, me entiende usted. Sírvase usted escucharme dos palabras, es buena que ha de venir un hombre desde su tierra, tan sólo por contestar con usted, y que no le hagan aprecio, es lo que se puede apetecer, ¡caramba!, escuche usted si gusta, y si no media vuelta a la izquierda.

   Pues, señor mío de mi alma, ha de estar usted que yo soy hombre que de todo entiendo nada más de porque de todo hablo (que creo que no soy el único), ¿me entiende usted? En mi pueblo tenemos por costumbre juntarnos los vecinos más bien vestidos, aunque no sean los más decentes, ¿me entiende usted?, en la tienda de un compadre que tengo, a leer los impresos que le remite al señor cura su corresponsal, pero, señor mío de mi alma, qué disputas se arman allí, porque como unos son judíos y otros son cristianos, ¿me entiende usted?, ésta es la causa de que en aquella concurrencia algunas veces salgan de mal talante unos con otros. Le confieso a usted que yo he sido causa de muchas acaloradas disputas, porque cada uno defendemos allí nuestras opiniones a toda costa, cada uno dispara por su lado, hablando todos a un tiempo, nadie se entiende, y se arma tal alharaca que todo el fruto que sacamos es un aturdimiento de cabeza y una sequedad de boca que hasta los estómagos se nos han descompuesto. A mí más que a ellos, porque todos disputan en mi contra. Me dicen enfurecidos que para estar lo mismo, o peor que antes, mejor estábamos sin la Constitución,[4] porque no se ha hecho más que revolver el estofado. A esto el señor cura, que es el que habla menos, desde su butaque[5] nos dice, con mucha cachaza: “señores no hay que amuinarse porque nada aprovecha, don Antonio siempre el mismo”. No habla otra cosa este santo hombre, que a cada paso nos está con don Antonio y más don Antonio, y vuelve don Antonio, que ya nos tiene acosquillados[6] con su maldito refrán de siempre el mismo, ¿me entiende usted? Si es el señor comandante, el diablo se lo lleva con la Constitución, porque dice que antes de ella no le costaba trabajo cobrar la contribución, porque ya sabía el encargado que el que de contado no pagaba, lo encajaba en un calabozo, y no era necesario más requisito que éste para calificar de insurgente al que no tenía o no quería pagar, ¿me entiende usted? Y que ahora hay muchos en el pueblo que cuando se la cobran se ponen a disputas que no le son muy agradables, ¿me entiende usted? Pero que, sin embargo, cuando da con alguno de orejas bajas, ¿me entiende usted?, también hace con él lo mismo que antes, y que más contento estaba sin tener estas camorras, ¿me entiende usted? Yo, señor mío, por más que me empeño en persuadir a mis contertulianos de lo contrario del refrán del señor cura, no los puedo hacer entrar por el cántaro. Les digo, y tal vez a gritos: señores, ustedes hablan por lo que leen y no por lo que ven, yo voy a México a menudo, palpo la variación que hay, no es el mismo don Antonio como ustedes dicen, si ustedes fueran, vieran cómo se protege la libertad de imprenta[7] y se premian las producciones políticas, principalmente, si los escritores se expresan con ingenuidad. Me replican que no hay igualdad en la aplicación de las leyes, porque en Guadalajara[8] no se permite la libertad de imprenta,[9] y me preguntan que ¿por qué aquellos ciudadanos carecen de esta preciosa joya que nuestra sabia Carta nos concede sin exclusión de países? A lo que yo no sé qué responder, ¿me entiende usted?, aunque por no quedarme callado doy mi parecer diciendo que ésa es prueba de un gobierno económico, porque aquel señor gobernador[10] no permitirá la libertad de imprenta porque aquellos ciudadanos no gasten sus medios sin fruto alguno, ¿me entiende usted? Me dicen a esto que soy un bárbaro, y yo me callo. Después, salta otro disputante diciéndome con una sonrisa que el demonio me lleva; oiga usted, tatita:[11] “usted que va a México, ya habrá usted admirado la administración de justicia que hay allí, con un número de jueces de letras[12] que apenas pueden atender a una feligresía y no a una tan populosa ciudad, antes había cuarenta jueces entre señores ministros del crimen[13] y alcaldes de cuartel,[14] y siempre estaban ocupados en asuntos de justicia, y ahora con seis jueces de letras se considera suficiente número para un México: una de dos, o sus habitantes son ya tan pacíficos que no necesitan de más, o el gobierno ignora el número de habitantes que encierra.” Yo, que no necesito mucho tiempo para responder, ¿me entiende usted?, replico con orgullo, pues que, ¿no saben ustedes que los alcaldes de cuartel aún existen? ¿Pues que no son jueces? ¿Y no sabe usted, me responde otro, que aunque existan los alcaldes de cuartel, son como los reyes en la baraja? Porque no debemos reconocer otros jueces que los autorizados por la ley, ¿no sabe usted que los que no lo están, no lo son? Que si usted se pusiera una sotana, por vestir este ropaje, ¿sería usted un clérigo? No, tatita, es verdad que cuatro bobos se engañarían, pero diez que no lo son no se engañarían, y si no, cuando vaya usted a la ciudad, conteste usted con alguno de ellos y sabrá los desaires que sufren, porque sólo los que ignoran que carecen de autoridad, contestan con ellos, pero los otros muy bien saben cuáles son sus jueces legítimos y autorizados, y hasta ahora no hemos visto un decreto de las Cortes[15] que autorice a los tales semijueces; y también verá usted que muchos de ellos no se quieren meter en nada, porque están convencidos de esto mismo, por lo que no se quieren exponer a desaires y bochornos que los ridiculizan. En fin, señor Pensador, tanto me gritan que me aturden y no hallo qué responder, ¿me entiende usted? Pero, no crea usted que todo el tiempo lo desperdiciamos en cuestiones vanas, también discurrimos sobre esto de desfacer agravios y enderezar entuertos.[16] Días pasados, de resultas de haber leído en la tertulia un suplemento al Noticioso General,[17] ¿me entiende usted?, proyectamos proponer a nuestro pueblo un donativo para pagar a la madre patria los trescientos millones que ha tenido que lastar[18] por el compadrazgo, que creemos que no habrá americano que no desee suscribirse en él, ¿me entiende usted? Porque, amigo, ¿quién ha de negar que tienen razón, y las amistades son buenas mientras no sean gravosas y lleguen a los bolsillos? Y así es preciso pagar y a más de esto agradecer, ¿me entiende usted? A más de esto me habían comisionado para que cuando viniese a México viera a alguno de los señores leídos y que fuera buen versero, para que hiciera una loa en elogio del autor del dicho suplemento, dándole las gracias, tanto por los favores recibidos como por habernos desengañado de semejante deuda, ¿me entiende usted? También le contaré a usted las extravagancias del tío Julián, el herrero del pueblo: ¿pues no querría este buen hombre hacer muchas gruesas de guantes de fierro e irlos a vender a Tulancingo,[19] y venderlos allí a buen precio a todo el que quisiera librarse de que le machacara los dedos la benignidad de aquel señor comandante?,a ¿me entiende usted? Pues, señor mío de mi alma, trabajo les costó a su mujer e hija quitarle de la cabeza a este hombre semejante proyecto. Porque, le decían, y decían muy bien que, ¿cuántos herreros lo habrían pensado y aun estarían trabajando en ello?, con lo que han conseguido aquietarlo. Otro majadero también murmuró en la tertulia el poco entusiasmo que se observa en la tropa, de cuya frialdad hacen culpables a los jefes de los cuerpos, quienes, a pesar de haberles comunicado una real orden el día 3 de agosto,[20] encargándoles convenciesen a sus súbditos de las felicidades que promete el nuevo sistema, tan lejos están los súbditos de recibir estas lecciones de sus superiores, que en el día llegan los soldados al extremo error de apetecer más el ser simples ciudadanos que militares, porque consideran más arbitrio en aquéllos para defender sus derechos que en los militares, en quienes la voz imperiosa producida del capricho de un jefe (como se observa en los batallones de Urbanos distinguidos)[21] que, sin consideración a que estos beneméritos individuos abandonan sin interés alguno sus casas, intereses y familias, y tal vez hay hombre que por temor de ocho o quince días de encierro en un calabozo, se resuelve a que su desnuda consorte e infelices hijos se pasen día y medio sin el alimento necesario por dar cumplimiento a una generosidad de que se abusa, porque pueda o no pueda, irremediablemente ha de hacer su guardia, séale o no gravoso el servicio a que voluntariamente se prestó. Pero, señores, les replico yo, si los militares aprecian ser simples ciudadanos, ¿será porque el fuero militar[22] es inconveniente para ser ciudadano? Pero, ¡ay!, señor Pensador de mi alma, nunca tal hubiera yo dicho, que parece que a un individuo de la tertulia le pegué una garrocha con semejantes expresiones, yo creí perecer a sus manos según se le exaltó la bilis, ¿me entiende usted?, y con desaforados gritos me decía: hombre bruto, es usted un bárbaro, o mejor decir, un asno, ¿quién le ha metido a usted en la cabeza semejante disparate? ¿No sabe usted, so animal, que los militares son los primeros ciudadanos de la nación? ¿Que cree usted que ésta había de poner sus armas en las manos de una porción de hombres que se hallasen fuera de su seno maternal, para que con su misma fuerza la oprimieran? Pues no señorito, están sus papeles de usted muy mojados, sepa usted que el ejército es la muralla en quien la Nación[23] tiene puesta toda su confianza, y que a sus electos hijos, los militares, les han ceñido la espada no para que abusen de ella ni para que la tiranicen con la fuerza, sino para que con ella defiendan sus sagrados derechos, y la liberten de malhechores, y que la tropa abuse de esta confianza que la Nación ha depositado en ellos es porque sigue el ejemplo de sus superiores.[24]

   En fin, señor Pensador, tanto me dicen que me aburren ya estas malditas disputas; me he venido a esta capital por prescindir algo de ellas, que se griten allá muy enhorabuena, porque la verdad crea usted que temo no salir muy bien en alguna, y me será sensible que por lo que nada me interesa, ¿me entiende usted?, me vayan a romper la estampa.[25] Yo le aconsejo a usted prescinda también de conversaciones,[26] no le vaya a suceder otro tanto, bien es que antes que le dé yo a usted el consejo, creo que ya lo ha tomado, porque su silencio me ha tenido tan cuidadoso que hasta llegué a sospechar que lo habrían mandado a la isla del Cayo con alguna comisión,[27] pero Dios ha querido que no. Hace usted muy bien, amigo, de hacer su retirada cuando es tiempo, porque dice el refrán que cuando veas la barba de tu vecino pelar, eches la tuya en un pozo;[28] y otro dice también que el gato escaldado de la agua fría huye,[29] ¿me entiende usted? Hace usted muy bien señor mío. Y yo, como pecador, le confieso a usted que haré lo mismo. Ya estará usted cansado de oírme, pero vine con el propósito de contarle a usted lo que pasa, como muchos lo han hecho, bajo este supuesto: usted me ha de dispensar si le he sido molesto.

   Por último, traigo varios encargos que suplico a usted se encargue de ellos: quiero llevar a mi pueblo máscaras de la Constitución,[30] porque muchos las necesitan.

   También necesitamos unos sombreros de la libertad, y unas ligas de la unión. Me dijeron en mi tierra que aquí las había, pero yo no encuentro ni uno ni otro. Amigo, hasta otra vista, que pronto nos veremos.

 

F. V.[31]

 

 


[1] México: Oficina de don J. M. Benavente y Socios, 1820, 7 pp.

[2] No tenemos noticia de que Fernández de Lizardi responda a este folleto.

[3] soy de montera y la tengo hasta los ojos. Montera, “cobertura de la cabeza, con un casquete redondo, cortado en quatro cascos, para poderlos unir y coser mas facilmente, con una vuelta ò caida al rededor, para cubrir la frente y las orejas. Covarr. dice se llamó assi por usarla los Monteros”. Dic. autoridades.

[4] Constitución. “La Constitución que expidieron las Cortes de Cádiz, jurada en España el 19 de marzo de 1812, lo fue en Nueva España el 30 de septiembre del mismo año. Suspendida por el virrey Venegas poco después, fue restablecida por Calleja al año siguiente en algunas de sus partes: elecciones de ayuntamientos, de diputados para las Cortes de España y de representantes para las juntas Provinciales, así como en lo referente a la organización de los tribunales, encargados de sustituir a las audiencias. El decreto de Fernando VII de 4 de mayo de 1814, que restauraba el sistema absolutista al desconocer lo hecho por las Cortes, fue publicado en Nueva España el 17 de septiembre del propio año, con lo que concluyó por lo pronto la precaria y limitada vigencia de aquella Constitución. En el mes de marzo de 1820, como consecuencia del levantamiento de Riego, Fernando VII se vio obligado a restablecer la Constitución de Cádiz. En México se adelantaron a prestarle adhesión Campeche y después Veracruz, por lo que el virrey Apodaca hubo de jurarla el 31 de mayo. De acuerdo con la Constitución se reinstalaron los ayuntamientos, así como las seis Diputaciones Provinciales que en 1812 se habían autorizado para el territorio de Nueva España”. Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., p. 59.

[5] butaque. Butaca especial de patas de tijera, de asiento bajo y ahondado en curva, con el respaldo largo y echado hacia atrás. Toda la armazón cubierta por piel de una sola pieza restirada. Es la silla común para las mujeres y ancianas, entre la gente pobre. Santamaría, Dic. mej. También de la lengua caribe cumanagoto, silla de brazos con el respaldo inclinado hacia atrás.

[6] acosquillados. “Cosquillas. Metaphoricamente vale movimiento interior, con deseo y apetencia de algúna cosa. En este sentido se usa regularmente con el verbo Hacer: y asi se dice Me hizo cosquillas tal cosa. Esto es, me movio ò incitó à tenerla y apetecerla [...] Metaphoricamente vale tambien desavenencia, rencilla, inquietúd. En esta acepción tiene poco uso [...].” Dic. autoridades. Se consignan también las voces cosquillar, hace cosquillas; cosquillaza y cosquillón, aumentativos de cosquilla¸ cosquilloso, “el que tiene cosquillas”, o bien “el que es poco o nada sufrido...” probablemente se refiera al carácter festivo del personaje o bien a su genio beligerante.

[7] libertad de imprenta. El primer decreto sobre libertad de imprenta es de 10 de noviembre de 1813, que modifica y amplía el primero debido a los “varios recursos y consultas” hechas a las Cortes generales y extraordinarias sobre la materia. En la Constitución de 1812, el artículo 371, capítulo único del título IX se registra la libertad de imprenta. El 5 de diciembre de 1812 el virrey Venegas suspendió esta libertad, misma que fue restablecida el 19 de junio de 1820 por el virrey Ruiz de Apodaca.

[8] Guadalajara. Ciudad capital del estado de Jalisco. Fundado en abril de 1530 por Cristóbal de Oñate, compañero de Nuño de Guzmán. La llamó Espíritu Santo, nombre que se le cambió en 1542 por el de Guadalajara, en recuerdo de la ciudad española de donde era originario Guzmán. Esta ciudad fue escenario de sucesos muy importantes en la guerra de Independencia. Allí hizo su entrada triunfal Hidalgo el 26 de noviembre de 1810, se dedicó a organizar el gobierno y el ejército. A los tres días publicó el famoso bando en el que abolía la esclavitud. Guadalajara fue la capital de la provincia de Nueva Galicia.

[9] El poder político y religioso se unieron en la región para defenderse de la puesta en práctica de la Constitución.

[10] José de la Cruz fue designado por Félix María Calleja en febrero de 1811 para ocupar los cargos de intendente, comandante militar y presidente de la Audiencia. Su mayor mérito fue rescatar el puerto de San Blas de manos insurgentes, lo que significó el restablecimiento del comercio con el Oriente por esta ruta hasta 1815. De 1811 a 1817 de la Cruz logró reducir a pequeñas partidas de guerrilleros a los rebeldes que combatieron en tres focos principales: al sur de la Intendencia, el Lago de Chapala y la zona vecina del bajío. De la Cruz defendió los intereses de los comerciantes. Casó con Juana Ortiz de Rosas, viuda del comerciante Silvestre Rubín de Celis. A la proclamación de la Independencia De la Cruz se mantuvo a la expectativa; los militares, encabezados por Pedro Celestino Negrete y Antonio Gutiérrez y Ulloa precipitaron los acontecimientos y se sumaron a la proclamación de la Independencia el 13 de junio de 1821, dando inmediata cuenta a la Diputación Provincial y al Ayuntamiento de Guadalajara. De la Cruz huyó entonces. Ver Celia del Palacio Montiel, La disputa por las conciencias..., pp. 90-110.

[11] tatita. Tata. Del náhuatl tatli, padre. “Entre la gente vulgar sustituye al nombre del padre como el de nana al de madre; así como entre la gente decente se dice: papá, mamá.” Cf. nota d al cap. I, t. III de El Periquillo Sarniento, en Obras IX-Novelas, p. 14. En algunas partes se usa como tratamiento aplicado a los hombres de avanzada edad, entre la gente del pueblo. Santamaría, Dic. mej.

[12] jueces de letras. Antes de la Constitución había doce jueces principales y treinta y dos subalternos o pedáneos, para atender a una población de “170 mil almas que componen el vecindario de esta capital”. Al virrey Calleja le pareció insuficiente el nombramiento de un solo juez de letras y dos alcaldes constitucionales conforme lo dispuso el decreto de Cortes de 9 de octubre de 1812 para el arreglo de Tribunales y Juzgados, y determinó el nombramiento de seis jueces letrados interinos, que lo fueron: José Ignacio Berazueta, ministro electo de la Audiencia de Guatemala; Andrés Rivas Caballero, fiscal electo de la Audiencia de Guatemala; Francisco Urrutia; Fernando Fernández de San Salvador y Juan Martín de Juanmartiñena, ministros honorarios de la Audiencia de México, y Juan Flores Alatorre, ministro honorario de la de Guadalajara; nombrados el 4 de mayo de 1813. Cf. La Constitución de 1812..., t. I, pp. 323-324.

[13] ministros del crimen. “En la Audiencia había cuatro o cinco ministros menores (alcaldes del crimen); fallaban los casos penales de la ciudad de México y atendían los casos penales de apelación de las muchas ciudades y poblados del reino de la Nueva España”. Cf. Linda Arnold, Burocracia y burócratas..., p. 97.

[14] alcaldes de cuartel o de barrio. En 1820 había 32 alcaldes de barrio en la ciudad de México. Realizaban funciones de patrullaje. Ministros menores (alcaldes del crimen) y abogados de la Audiencia (fiscales) tenían entre sus deberes hacer una ronda de vigilancia por las noches, como altos oficiales policiacos. Las milicias, los militares y la guardia virreinal completaban el patrullaje de la ciudad. Ibidem, p. 127.

[15] Decreto sobre Arreglo de Tribunales. Se trata del “Decreto de las Cortes sobre arreglo de Tribunales y sus atribuciones reimpreso en México por orden del virrey de 19 de marzo de 1813 y á consecuencia de la regencia de 4 de noviembre del año anterior.” Consta de 4 capítulos, a saber: 1° De las Audiencias; 2° De los jueces letrados de partido; 3° De los alcaldes constitucionales de los pueblos y 4° De la administración de justicia en primera instancia, hasta que se formen los partidos. Cf. La Constitución de 1812 ..., t. I, pp. 304-323.

[16] desfacer agravios y enderezar entuertos. En el capítulo II “Que trata de la primera salida que desa tierra hizo el ingenioso don Quijote”, dice: “no quiso aguardar más tiempo a poner en efeto su pensamiento, apretándole a ello la falta que él pensaba que hacía en el mundo su tardanza, según eran los agravios que pensaba deshacer, tuertos que enderezar, sinrazones que enmendar y abusos que mejorar, y deudas que satisfacer.” Don Quijote de la Mancha.

[17] Noticioso General. Este periódico se fundó el 24 de julio de 1815 y duró hasta 1824. En el Diario de México (26 jul. 1815) se atribuye su fundación a J. G. (Joaquín Conde). Salió primero dos veces por semana, y luego los lunes, miércoles y viernes en tamaño mayor. Constaba de 4 páginas. Se imprimió en las oficinas de José María de Benavente; en la redacción intervino Wenceslao de la Barquera. Cf. Justo Sierra, Antología del Centenario, II, p. 1072.

[18] lastar. Suplir lo que otro debe pagar, con el derecho de reintegrarse. Fig. Padecer en pago de una culpa.

[19] Tulancingo. Distrito del actual Estado de Hidalgo.

a Léase el papel titulado Tormentos ejecutados por el señor coronel don Manuel de la Concha, testimonio irrefragable de la benignidad de su corazón [ tenemos noticia de la obra firmada por Vicente Enciso Tormentos executados por el señor coronel don Manuel de la Concha. Méjico: Oficina de José María Betancourt, 1820. En el que el autor denuncia los tormentos a que fue sometido por orden del coronel, acusándolo de haber participado en el levantamiento de Apan contra el gobierno. Todos los cargos son negados por el autor y declarados calumnias. Cf. Catálogo de la Colección Lafragua..., p. 194.].

[20] Con fecha 31 de julio de 1820 el virrey Apodaca emitió una circular a los jefes del Ejército con la real orden de fecha 15 de abril del mismo año, para que se jurase por este cuerpo la Constitución, dicha orden dice en una de sus partes: “[...] ha resuelto S. M. exhorte al celo, patriotismo y amor a la orden que distinguen à V. E. à fin de que por todos los medios posibles haga saber y extender en la provincia militar que le está confiada los faustos sucesos ocurridos en la Península [la jura de la Constitución por el rey con fecha 9 de marzo de 1820]; convenza à todos de los beneficios del nuevo sistema constitucional, les persuada a la Unión con la madre patria, les convide á la paz y al orden, y anunciándoles el porvenir majestuoso y feliz que ofrece el sagrado Código, les haga ver demostrativamente los vínculos respetables que les unen con los demás españoles por las relaciones íntimas del parentesco, la amistad y los sentimientos...” Cf. La Constitución de 1812..., t. II, p. 185.

[21] batallones de urbanos distinguidos. “Días después de la insurrección de Hidalgo, el virrey Venegas convocó a los miembros del consulado y a varios funcionarios en octubre para proponer la formación de fuerzas de voluntarios para contribuir a la seguridad de la capital y tener listas para otros servicios las tropas del ejército. Se formaron entonces los cuerpos de patriotas distinguidos de Fernando VII. En éstos podían entrar los españoles o mexicanos de más de diez y seis años que pudiesen sostenerse sin sueldo en los días de servicio y costear un uniforme. En la ciudad de México se formaron tres batallones de infantería con quinientas plazas cada uno, un escuadrón de caballería y una compañía de artillería, cuyos jefes oficiales se nombraron de las personas que formaban la aristocracia de aquella época siendo coronel el virrey.” Cf. México a través de los siglos, t. III, p. 131.

[22] fuero militar. Título V, capítulo I, artículo 250: “Los militares gozarán también de fuero particular, en los términos que previene la ordenanza o en adelante previniere”. Cf. Tena Ramírez, Leyes fundamentales..., p. 89.

[23] nación. Siempre con mayúscula.

[24] En La palinodia de El Pensador Fernández de Lizardi escribe: “Un soldado cristiano es un hombre lleno de pasiones [...] expuesto a coinquinarse con todos los vicios del libertinaje de la tropa. [...] ¡Cuántos de vosotros [soldados] en vuestras casas no erais ocho años libertinos, y ni siquiera hablais una palabra deshonesta, y ahora no temeis ni blasfemar! [...] Mas no entendais que los soldados malos son malos por ser soldados. No. La milicia no es profesión de pícaros sino de héroes; pero por una necesidad moral, si puedo explicarme así, es preciso que entre los soldados haya muchos perversos. ¿Cuál es ésta necesidad? El ejemplo de las malas costumbres. [...] La vida del soldado es muy penosa, sus ordenanzas, bien observadas son muy justas, sus leyes penales muy duras, sus obligaciones muy estrechas, sus sacrificios terribles, sus riesgos gravísimos y muchos, sus premios pocos y muy bien merecidos. He aquí la clase de religión que profesa un soldado: religión áspera, comprometida y pocas veces bien premiada [...]. He aquí [...] la causa de los antiguos quintos [aquel a quien toca la suerte de ser soldado mientras recibe la instrucción militar] y levas [reclutamiento o enganche de gente para el servicio militar] y he aquí la razón para sentenciar a los incorregibles a las armas, como quien dice al presidio. [...] No os engañen, soldados, [...] sois unos pobres hombres llenos de miseria y capaces de errar hasta lo sumo [...]; capaces de haceros el objeto de la execración de todo ciudadano si sois perversos, de cargar con el peso de la ley y de ser tizones del infierno si no os corregís [...]. El soldado que cumple con los deberes de soldado y con los de ciudadano, el que jamás maltrata sino que ama al paisano honrado, el que sólo saca la espada en defensa de la patria, el que huye de los ejemplos del vicioso y se acerca a imitar los de Jesucristo, éste es un buen soldado, un buen amigo, un buen ciudadano, un héroe. El que roba, mata, perjudica o escandaliza a sus semejantes, es un bribón, es un pícaro abominable en toda buena sociedad.” Cf. Obras X-Folletos, pp. 374-376. Fernández de Lizardi ilustra la vida de los oficiales en su novela Vida y hechos del famoso caballero Don Catrín de la Fachenda, en ésta Tremendo dice: “El ser militar, aun en la clase de soldado raso, es más que ser empleado, togado ni sacerdote. El oficial del rey es más que todo el mundo: Todos lo deben respetar y él a ninguna; las leyes civiles no se hicieron para los militares [...]; todos los bienes y aun las mujeres son comunes en el tiempo de guerra, y en el de paz se hacen de guerra, echando mano al sable por cualquier cosa [...], teniendo la habilidad de engañar a los jefes, tú [Catrín] pasarás por un militar sabio, valeroso y prudente.” Cf. Obras VII-Novelas, cap. III, pp. 553-554.

[25] romper la estampa. Equivale a “romper la cabeza, ó los cascos”. “Phrase que vale descalabrar à alguno, ù herirle en la cabeza”. Dic. autoridades.

[26]Se refiere a las polémicas que sobre la jura de la Constitución y sus efectos en estos territorios, sostuvo Fernández de Lizardi a lo largo de 1820, ya fuera mediante El Conductor Eléctrico (Obras IV-Periódicos) o bien en folletos sueltos como Respuesta de El Pensador a La Cómica Constitucional, Los diálogos de los muertos, El indio y la india del pueblo de Actopan, Respuestillas sueltas de El Pensador Mexicano y Los cuartazos al Fernandino. Cf. Obras X-Folletos.

[27]Isla del Cayo. Cayo, islote situado a dos millas de la extremidad de la isla de san José, en Baja California. Completamente estéril con lechos de concha- perla. “Islita inhabitada de la bahía de La Habana”, al decir del autor de La Canoa [cf. en este volumen], en nota al pie de página del número 1 de este periódico, Cayo-Puto es la isla imaginaria a donde van a parar los que lo merecen: “Todos los majaderos, viciosos, extravagantes, serviles, etc.” [cf. La Canoa, núm. 2, en este volumen]. En realidad, Cayo es la isla rasa, arenosa, pequeña, frecuentemente anegadiza y cubierta de mangle, muy común en el mar de las Antillas y en el Golfo de México. Santamaría, Dic. mej.

[28] cuando veas las barbas de tu vecino pelar, eches la tuya en un pozo. El Diccionario de Autoridades consigna este refrán de la siguiente manera: Quando la barba de tu vecino vieres pelar, echa la tuya a remojar. Frase que avisa que tomémos exemplo en lo que sucede à otro, para vivir con recato, cuidado y prevención.

[29] el gato escaldado del agua fría huye. El Diccionario de Autoridades da cuenta de este refrán como “gato escaldado, del agua fria há miedo”. Refrán “que dá à entender que el que ha experimentado algunos daños, en ocasiones y lances peligrosos, con dificultad entra aun en los de menor riesgo”.

[30] máscaras de la Constitución. En el Diario de México del 10 de enero de 1814, p. 4, se publicó el siguiente “Aviso. En el caxón de los señores Heras llamado de Mieres en el Parián se venden mascadas de la Constitución, muy particulares”.

[31] F. V. Autor de La espada de la justicia, México: Oficina de Juan Bautista de Arizpe, 1820, donde censura a entre otros a los folletos La verdad amarga pero es preciso decirla y Las zorras de Sansón, pues, afirma sólo provocaban la subversión del orden, difundiendo la desunión. Se publican dos fábulas firmadas por El Hablador: El Charlatán y El grillo y la mariposa, la primera en El Amigo de la Patria, núm. 7, 18 dic. 1812, p. 112, y la segunda en Museo Mexicano, núm. 1, 1 jul. 1812, pp. 1-3.