EL IGNORANTE A EL PENSADOR MEXICANO[1]

 

O el mundo es un loco,

o yo no lo entiendo,

o aquestas son cosas

que no las comprendo.

 

 

Muy señor mío: aunque desde nueve de junio del presente año de mil ochocientos veinte, en que se publicó solemnemente en esta capital ese precioso código de la Constitución,[2] porque tanto [lo] anhelamos, no sólo he leído en los periódicos públicos las rápidas providencias tomadas para su plantificación por el superior gobierno, sino que he visto verificar, como creo habrá sucedido a todos, las elecciones de parroquia, de partido y provincia,[3] establecerse los ayuntamientos constitucionales,[4] juntas de censura provinciales,[5] juzgados de letras,[6] y dar las subdelegaciones a letrados,[7] etcétera, etcétera, etcétera. Sin embargo, no he dejado de leer uno o dos papeluchos diariamente, cuyos contenidos no se dirigen a otra cosa que a cacarear [que] no se cumple la Constitución,[8] se infringen las leyes, continúa el despotismo, la arbitrariedad, la opresión, la tiranía, la esclavitud en que se supone hemos vivido sumergidos por espacio de tres siglos y de la que no hemos de salir, porque don Antonio siempre el mismo,[9] y esto no como quiera sino amenazando a las autoridades, y faltándoles al respeto debido, contra lo expresamente prevenido en el artículo 7, cuyo tenor es como sigue: “Todo español está obligado a ser fiel a la Constitución, obedecer las leyes, y respetar las autoridades establecidas”.[10]

Yo, que tengo la desgracia de ser de aquellos hombres topos e ignorantes, me hallo hace tiempo como tonto en vísperas,[11] porque ni me atrevo a creer lo contrario de todo lo que he presenciado, ni a dudar lo que con tanta generalidad se dice por estos señores escritores, y aunque con la mira de desasnarme, he ocurrido a Palacio[12] a preguntar en las oficinas a varios conocidos, que no dejo de tener, y lo he también ejecutado con algunos otros sujetos que me han parecido de probidad e instruidos. Sólo he logrado pasar mi vergüenza, y quedarme en la misma duda; pero habiendo últimamente, por mera chiripa,[13] ocurrido a cierta tertulia en la que se hallaba una de estas relamiditas, de no malos bigotes, y nada despreciable, ésta, al momento que me oyó, por haberse ofrecido conversación acerca de la materia indicada, soltó una gran carcajada de risa, y después de haberme tratado de simplón, dijo estas formales expresiones:[14] caballerito, es usted muy cerrado de mollera, qué tiene usted que preguntar a sus amigos en Palacio, ni en las oficinas, ni a estos sujetos de probidad e instrucción. Ninguno de ellos sabe palabra de Constitución, leyes, ni de cómo se debe gobernar, pregunte usted al oráculo de nuestra época, a ese insigne Pensador Mexicano, a quien por haber tenido la bondad de constituirse destierro de ignorancias, todos preguntan, y verá que pronto queda satisfecho. No hube menester más para pararme, coger mi sombrero, despedirme, venir a mi casa, apretarme bien las narices con los espejuelos de vidrios verdes y tomar la pluma para poner a usted la presente, a efecto de suplicarle se digne decirme en qué no se cumple con la Constitución, cuál es ese despotismo, esa arbitrariedad, esa opresión, esa tiranía, y esa esclavitud de que no podemos salir, cuál la infracción de las leyes, y si hay alguna que a los que por negociación, o por otras miras particulares, se meten a escribir, los autorice tan sólo por escritores a que no cumplan con el artículo 7 citado, siendo los primeros, según se explican, que exigen el total cumplimiento de dicha Constitución y a que roean[15] con tanta impiedad a sus prójimos, sin advertir, según juzgo, que con el punto hecho de dar a luz esos papeles denigrativos, se acreditan no sólo de burros, sino de no tener ningún seso ni honor, porque no cabe en lo posible que el que siquiera sepa, o tenga noticia de lo que es éste, se atreva a poner (como vulgarmente se dice) la mesa, para que aquellos mismos a quienes denigran u otros (porque no se hace cosa que se pague, como me decía mi madre) les saquen a la cara hasta sus más ocultos defectos; favor que espera recibir este su invariable servidor


El Ignorante[16]

 


[1] México: Imprenta de don Mariano de Zúñiga y Ontiveros, 1820, [4 pp.]

[2] Constitución. Cf. nota 4 a El Irónico Hablador..., en este volumen.

[3] elecciones de parroquia, de partido y provincia. Cf. nota 3 a El Colegial a El Pensador..., en este volumen.

[4] Ayuntamientos. El título VI, capítulo I, artículo 309 a la letra dice: “para el gobierno interior de los pueblos habrá Ayuntamientos compuestos del alcalde o alcaldes, los regidores y el procurador síndico, y presididos por el gefe político donde lo hubiere, y en su defecto por el alcalde ó el primer nombrado entre éstos, si hubiere dos.” Cf. Hernández y Dávalos, Colección de documentos..., t. IV, p. 109.

[5] Juntas de censura. Cf. nota 7 a El Teólogo Imparcial, número 3, en este volumen.

[6] Juzgados de letras. Al regreso de Fernando VII al trono, en Nueva España el virrey Calleja publicó un bando el 15 de diciembre de 1814, por el que se restablecieron las antiguas prácticas en la administración de justicia, se disolvieron los Ayuntamientos y se volvió al orden y estado en que se encontraba en 1808. En el punto 4 el bando señala que los jueces de letras cesan “en sus respectivas funciones, reemplazándolos en esta capital y fuera de ella los magistrados y personas a quienes corresponde con arreglo á las leyes que gobernaban en la citada fecha”. Cf. La Constitución de 1812..., t. II, p. 160.

[7] subdelegaciones. Las alcaldías mayores y los corregimientos no urbanos se convirtieron en subdelegaciones con la publicación de la Ordenanza de intendentes de 1786. Los gobernadores y otros oficiales fueron substituidos por intendentes. Alcaldes mayores y corregidores fueron auxiliados siempre por asesores letrados; para dictar sentencias finales se pasaban todos los documentos a un letrado para su inspección y su opinión. La escasez de hombres de leyes en la Nueva España fue una constante que obligó a la asesoría legal desde la ciudad de México o la de Guadalajara, las dos sedes de audiencia y localidades donde se concentraban hombres de leyes. Cf. Woodrow Borah, El gobierno provincial…, pp. 51-64.

[8] Tenemos noticia de la publicación en 1820 de los siguientes folletos sobre incumplimientos de la Constitución: A., Los infractores de la ley deben ser castigados. México, Oficina de don J. M. Benavente y Socios, 1820 [8 pp.]; Alerta a los mejicanos [México], Oficina de Alejandro Valdés, 1820. 4 pp.; La Americana Constitucional, Respuesta de la Americana Constitucional al Amigo de la Verdad. [México] Imprenta de Mariano Ontiveros, 1820 [4 pp.]; El Hijo de la Constitución, Clamores del hijo de la Constitución a sus conciudadanos, México, Imprenta de Ontiveros, 1820. 4 pp. (de este autor publicamos en el volumen 1 de esta Antología dos folletos: Primera pregunta a El Pensador Mexicano sobre pasaportes y caballos y Segunda pregunta del Hijo de la Constitución a El Pensador Mexicano. Sobre el impuesto del peaje o pillaje, como lo llama el pueblo); La Mujer Constitucional a El Pensador, en este volumen; Q. E. D., Don Antonio siempre el mismo, México, Oficina de Alejandro Valdés, 1820 [4 pp.] y la segunda parte titulada Capítulo II. De cómo don Antonio es siempre el mismo a pesar de una reumas que le cayeron en las piernas, y de otra enfermedad de estómago [México], Oficina de Valdés, 1820. 8 pp. Sobre las arbitrariedades cometidas aun jurada se publicaron: N. de N., La misma geringa con distinto palo, México, Oficina de J. M. Benavente y Socios, 1820, 7 pp.; El Pastor del Olivar, El Pastor del Olivar junto con otros pastores, en el tomo 1 de esta Antología publicamos el número 2, y Sancho Panza, Al Quijote delator, México, Oficina de José María Betancourt, 1820, 4 pp.

[9] Don Antonio siempre el mismo. El padre Isla alabó la serenidad de Antonio Oscariz: “Que se alborote el abismo,/ que el cielo se caiga abajo,/ que el Ebro se pase al Tajo,/ don Antonio siempre el mismo”. José Francisco de Isla, “Día grande de Navarra”, en Obras escogidas, p. 12. Aparentemente la fuente de Fernández de Lizardi no es Isla sino el folleto Don Antonio siempre el mismo, México: Oficina de don Alejandro Valdés, 1820, firmado por Q. E. D.: “podemos con verdad cantarle/ a América/ lo mismo que ya ha tiempo entonaba el inmortal padre Isla en lo de don Antonio Oscariz [...]. Finalmente, la América es la misma siempre: sus habitantes siempre los mismos; la arbitrariedad la mismísima siempre, y/ aunque se alborote el abismo,/ que el cielo se venga abajo,/ y el Ebro se pase al Tajo,/ don Antonio siempre el mismo”. Fernández de Lizardi escribió en 1821 el folleto Consejos a don Antonio para que ya no sea el mismo, que es una alegoría sobre el despotismo. Cf. Obras XI-Folletos, pp. 289-291. Don Antonio era símbolo de los chaquetas o convenencieros.

[10] Título I, capítulo II, artículo 7: “Todo español está obligado a ser fiel a la Constitución, obedecer las leyes y respetar las autoridades establecidas.” Cf. Hernández y Dávalos, Colección de documentos..., t. IV, p. 87.

[11] como tonto en vísperas. “Phrase del estilo familiar, con quese moteja, ù apoda al que está suspenso fuera de propósito, ù callando enteramente en la conversación”. Dic. autoridades.

[12] Palacio Nacional. En la Plaza Mayor, “lo que en los tiempos de la Conquista se llamó la Casa Nueva de Moctezuma, ocupaba todo el espacio que hoy comprende el Palacio Nacional, la Antigua Universidad [...] y la Plaza del Volador. Todo ese terreno fue cedido por Carlos V a Cortés por Cédula fechada en Barcelona a 27 de julio de 1529, en la que se dice lindaba al frente con la Plaza Mayor y calle de Iztapalapa [luego Flamencos y actualmente uno de los tramos de José María Pino Suárez]; al Sur con la de Pedro González Trujillo y Martín López [después Rejas de Balbanera y hoy uno de los tramos de Venustiano Carranza]; al Norte con la de Juan Rodríguez Álvarez [hoy de Moneda] y al Este con la calle pública. Al llegar las primeras autoridades a la colonia, no tuvieron casa en que vivir y se aposentaron en la de Cortés, donde hoy está el Monte de Piedad. El virrey don Luis de Velasco pidió a la corte un edificio para residencia de él y de sus sucesores, y entonces se compró a don Martín Cortés en 35 000 pesos el terreno de que acabamos de hablar, exceptuando el de la ex Universidad y Plaza del Volador, por escritura fechada en Madrid el 19 de enero de 1562”. Cf. Leduc, Luis Lara y Pardo y Carlos Roumagnac, Diccionario de geografía, historia..., p. 731.

[13] chiripa. Lance que se gana por casualidad.

[14] expresiones en el original.

[15] roean por roan.

[16] El Ignorante. Entre los autores mencionados en el folleto La imprenta enferma y convaleciente se menciona éste. Véase el tomo 1 de esta Antología.